Previamente
Trunks pasó por el lado de ella sonriéndole con picardía. "Será un viaje interesante" pensó el joven. Se sentó unos asientos más allá de donde se encontraba la pelinegra.
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Al cabo de una hora en carretera llegaron a la imponente y fría ciudad del Norte. Era un paisaje nevado, lleno de pinos, animales y casas construidas especialmente para sobrevivir en aquellas feroces tierras. La blancura se abría paso majestuosamente en esos parajes, rodeando todo a su paso. Se sentían en la tierra de la eterna navidad. Como niños admiraban la belleza de esa ciudad.
Todos se bajaron y dirigieron al hotel donde se hospedarían. Era un edificio con todo el lujo que se podría imaginar (típico de la familia Brief, siempre lo mejor para los trabajadores) Trunks tomó la delantera y registró a su personal con la recepcionista.
-Señor Trunks, hay un problema-dijo la mujer que lo estaba atendiendo.
-¿Si?-
-Lo que pasa es que la habitación de la señorita Mai, la cancelaron a último minuto-Trunks sonrió internamente. Claro que lo sabía, ya que él había maquinado todo ese plan.
-Pues se quedará conmigo, pongan una cama extra-ordenó. Pagó todo y se reunió con su gente para informar el orden de las habitaciones y todos los pormenores pertinentes en la ocasión.
-Lo siento señorita Mai, hubo un problema con las habitaciones. Tendrá que quedarse conmigo ¿Le molesta?-ella lo miró atónita. No podía creer su mala suerte. Todo el mundo la miraba esperando una respuesta, no le quedó de otra que disimular el desagrado que le producía tal situación.
-No, no me molesta presidente. Usted es muy amable por permitirme quedarme en su habitación-hizo una reverencia, siguiendo la regla protocolar y se fue hacia el ascensor junto a todo su grupo. Las habitaciones quedaban en la planta 5, todas de corrido excepto la del presidente que eligió la planta 6. Mai maldijo por lo bajo.
Al entrar vieron una estancia sencilla pero elegante. Tenía todo lo necesario para sobrevivir. Baño, ducha, productos de limpieza, una cama matrimonial. La pelinegra se sonrojó al solo ver una cama ¿Dormirían los dos ahí? No, no podía ser así.
-Tranquila, subirán una cama-sonrió al ver la cara de preocupación que había puesto la fémina. Le encantaba ver las reacciones que tenía ante cada situación y si, debía admitir que le encantaba molestarla. Es que se veía tan linda.
-Q…qué bien-respondió. Dejó su maleta en una esquina y saco sus cremas y productos de belleza para dejarlos en el baño. No era una mujer pretenciosa pero se cuidaba harto la piel.
-Vaya, no te creí del tipo de que se maquillaran ni nada-dijo detrás de ella. Observando como sacaba todas sus cosas.
-Disculpe presidente-dijo molesta por la intromisión- no es maquillaje, son cremas. Hay que cuidarse la piel cuando uno cumple cierta edad-siguió con lo suyo. Trunks la observó. ¿Qué edad dijo que tenía? ¿Más de diez año que él, no? Pues no lo parecía. Se ve jovial, no aparenta más de 25 años.
La verdad era que desde que la había visto en la fiesta había supuesto que era una chica recién egresada buscando experiencia laboral. Y al hablar con ella, se dio cuenta que si era muy madura. Tenía muchos conocimientos en su área y en general. Eso fue lo que más le atrajo de ella.
-No lo necesitas-
-¿He?-ese comentario había salido de la nada. Se giró para encararlo.
-Estás bien como estas-se encogió de hombros. Salió del baño y fue a desempacar sus propias cosas. Un leve sonrojo se podía distinguir en sus mejillas. Le había dado un poco de vergüenza decir tal comentario. Siempre había abordado la situación desde la sátira e ironía, intentado por todos los medios divertirse a costa de avergonzarla e incomodarla. No había sido sincero respecto a lo que pensaba de ella. Pues que lo hubieran rechazado, fue un golpe bajo a su orgullo masculino.
No podían seguir desempacando ya que debían bajar a comer algo e ir al trabajo. Al bajar al comedor se encontraron con un bufete lleno de exquisitos manjares. Desde el desayuno tradicional japonés, con arroz y acompañamientos hasta tostadas francesas, pasteles y café.
Mai se deicidio por un pastelillo de mermelada. Le encantaban las cosas dulces y siempre tomaba de desayuno algo así o una ensalada de frutas. También eligió el infaltable café matutino.
-¿Cosas dulces, no? Anotado-dijo Trunks a sus espaldas.
-¿Anotado?-frunció el ceño.
-Sí, para cuando te invite a desayunar o cuando vivamos juntos-le susurró al oído. Ella se estremeció al sentir el aliento fresco del joven, pero pronto su semblante denoto la incomodidad y el enojo por las palabras.
-Sueñe, señor Trunks-se fue hacia la mesa. Ese chiquillo sí que lograba sacarla de sus casillas.
Pronto todos conversaron amenamente, mayoritariamente de trabajo y del proyecto que realizarían en la sede. Al término se levantaron, dejaron sus bandejas y se dirigieron a la corporación. Allí pasaron toda la tarde en sus respectivas áreas, aprendiendo respecto al proyecto que estaban realizando y como podrían aportar en él.
Fue un día totalmente productivo y lleno gozo para los trabajadores. Era una experiencia sin igual, donde podrían desarrollarse aún más como profesionales en sus respectivas áreas. Todos cenaron en el hotel y cada uno se fue a su dormitorio. Por supuesto el presidente y la pelinegra se fueron a la habitación compartida. Al llegar Mai se dirigió al baño, necesitaba con urgencia una ducha.
-¿Puedo ir contigo?-pregunto lascivamente el chico.
-CLARO QUE NO-gritó cerrando con pestillo la puerta. Trunks soltó una carcajada. Le encantaba esa mujer, tan fácil de provocar. Al rato ella salió con su pijama. Era una camisa y pantalón de polar, ya que sabía que podría pasar frío.
-¿Así que eres friolenta?-tomo su toalla y su playera que se pondría para dormir.
-¿Algún problema?-Trunks sonrió ante la contra pregunta.
-Nada, solo me gusta aprender de ti- Mai miró la ropa que se pondría al salir de la ducha.
-Te dará frío-
-Nah, soy de sangre caliente ¿sabes?- "y soy mitad marciano, no me pasará nada" pensó el pelilila. La pelinegra suspiró, no podían tener una conversación seria.
-No me esperaba menos-se fue a secar el cabello. Trunks se fue a bañar.
Llegó la hora de dormir. No habían subido la cama aún, dijeron que se iban a tardar un día más (otro plan del presidente, claro) por lo que los dos se acostaron en la cama matrimonial.
-Si me llegar a tocar, te mato-le apuntó furiosa con el dedo.
-Hey, podré molestarte pero no soy un pervertido ¿sí? No haré nada que no quieras-levantó la mano enseñándoselas para que vea que no haría nada malo esa noche.
-Bien, es que por lo que hablas…-
-Es solo para jugar ¿vale? Yo no soy un tipo raro ni nada- Lo miró con desconfianza.
-No hablas nada serio-
-Si quieres podemos hablar seriamente-
-Aun así no estaría contigo-
-Es un comienzo-se conformó el joven. Primer paso de todo era conocerse y hablar-¿Y bien, tienes alguna pregunta?-
-Hummm. ¿Estudiarás algo?-era una pregunta sosa, pero no se le ocurrió nada más.
-Pues no lo sé. La verdad debo seguir con el legado de la empresa, por mi yo iría a pelear o algo así-
-¿Pelear?-
-Yo bueno…-no podía decirle que era un saiyayin. No le creería y le tildaría de loco. Eso lo guardaría para más tarde- no es nada-intentó desviar la atención de eso.
-Entonces no te gusta ser presidente-
-Pues no lo sé, llevo tan poco en este cargo que todavía no me decido bien-
-Entiendo, es difícil elegir tu carrera para toda la vida-
-¿Tu como decidiste ser ingeniera?-
-Mi padre. Él lo era, por lo que siempre estuve metida en el mundo de las máquinas y los planos. No lo dudé al entrar a la universidad-
-Vaya, debe ser genial tener el camino tan decidido. Saber qué es lo que realmente quieres-
-Es difícil, porque hay veces en toda carrera que te da por desistir-Los dos se quedaron conversando un poco más antes de caer rendidos en los brazos de Morfeo. Por primera vez el chico se mostraba tal cual es, sin ese humor negro que le gustaba utilizar a la hora de entablar cualquier conversación con ella. Fue agradable, ese chico lo era.
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Ya habían pasado dos días desde que llegaron a la capital del norte. Todo marchaba excelente, cada uno haciendo su trabajo de la mejor manera. Mai estaba viendo unas máquinas en una de los laboratorios. Estaba colgando de un arnés para facilitar su trabajo. Pronto había terminado y debía bajar para volver a tierra firme, pero en un descuido pisó mal y terminó doblándose el tobillo.
-¿Estas bien?- les preguntaron sus compañeros.
-Sí, no es nada grave-se levantó de inmediato, pero sintió una punzada en su tobillo, en la cara externa de este. Le restó importancia y siguió realizando su trabajo. Ya en la noche el dolor era insoportable, fue hacia su habitación, se sacó la bota que portaba y pudo ver el gran edema que poseía su pie. Estaba morado, inflamado, acalorado y con mucho dolor.
-Esto no es normal-dijo. Justo en ese momento entro el pelilila a la habitación viendo la gran inflamación que poseía el pie de Mai. Se sorprendió.
-Mai ¿Qué ocurrió?-pregunto bastante preocupado, la verdad que el panorama se veía mal.
-No, es nada-pero ni ella se lo creía. El presidente la miró intensamente hasta que no tuvo remedio que contestar con la verdad-estaba trabajando y por un descuido mío me doblé el tobillo-
-¿Por qué no me avisaste?-se sentó en la cama al lado de ella.
-No era necesario-
-Claro que sí, soy tu supervisor y debo velar por el bienestar de mis trabajadores-estaba bastante serio.
-Yo...-bajó la mirada avergonzada por su actitud. Él tenía razón.
-Debemos ir a la clínica-se levantó e intentó tomar a la pelinegra en brazos.
-Q...ue...que haces-dijo muy incómoda, intentando alejar esas manos que querían tocarla.
-Llevarte, no puedes caminar así-
-No…no vas a poder yo peso mucho-el sonrojo en sus mejillas era evidente.
- Tranquila-le sonrió infundiéndole confianza- te a puesto que no será nada- Ya un poco más tranquila dejó que el pelilila hiciera su trabajo, cargándola al estilo princesa. Bajaron y pidieron un taxi hasta la clínica. Allí Trunks se manejó de maravilla. Mai había quedado admirada como el chico había tomado el liderazgo de la situación sin bacilar en ningún momento. Se veía tan maduro. Pronto la trasladaron a un box, le vendaron el tobillo, le dieron analgésico y la llevaron a tomar un examen para descartar un corte en un ligamento. Por suerte el esguince era grado dos, con terapia iba a estar bien.
-Muchas gracias-dijo al salir del lugar.
-No hay de que-
-Es como si ya te manejaras en las clínicas-debía admitir que ella no frecuentaba mucho esos lugares, no le gustaban nada. No desde que ocurrió cierto incidente.
-Suelo acudir a ellas con mi padre, se suele lesionar harto-dijo tranquilamente. Nadie dijo nada más, pero eso le llamo la atención a la pelinegra ¿Qué haría su padre? ¿Por qué se lesionaba tanto?
El viaje de regreso fue silencioso, era tarde y los dos tenían sueño. Fueron disfrutando del paisaje que les ofrecía esa ciudad. Árboles, bosques y animales por doquier, todo nevado y blanco inmaculado.
