Segundo capítulo de las dos caras de la luna. Música de recomendación SAFE AND SOUND- TAYLOR SWIFT

Capítulo 2: Valor

Antes de que la rubia pudiera cortarse con más profundidad un pequeño golpe en la puerta la sacó de su trance, haciendo que parara por un instante, estaba decidida a ignorarlo, al fin y al cabo tenía seguro la puerta, nada en éste mundo la haría cambiar de opinión, estaba decidida, pero afortunadamente el sollozo de su hermanito pidiéndole que lo dejase entrar la hizo cambiar de opinión y tomar conciencia de lo que estaba haciendo, con rapidez ocultó la navaja nuevamente en el cajón y sin ser realmente consiente de la sangre que le estaba saliendo de la muñeca abrió la puerta sintiendo al instante unos pequeños bracitos sujetarse fuertemente de su cintura.

Cuanto tiempo permaneció aquél pequeño inocente aferrado a los brazos de su hermana mayor llorando desconsoladamente, no lo sabía, pero el ver como su hermana había sido tratada de esa forma nuevamente por su madre lo había asustado de tal manera que lo único que quería era ir a su lado para cerciorarse de que se encontraba en perfecto estado.

— ¡Hermana!— exclamó aun llorando el niño.

— Ya Tranquilo pequeño, todo está bien— La rubia trataba de calmarlo mientras aguantaba las ganas de llorar frente a él.

— Pero… pero mamá te ha hecho daño y eso está mal— Entre lágrimas protestaba el pequeño rubio.

— Sí, pero ahora me encuentro mejor ¿Ves?— Para tratar de calmarlo se separó un poco de él fingiendo una sonrisa para que la viera fijamente, pero el rostro del pequeño Jedite lejos de calmarse solo se horrorizó y mas lagrimas surcaron de sus pequeños ojitos.

— ¡¿Eso es sangre?!

— ¡¿Qué?!— La rubia exclamó alterada mientras se tapaba con la otra mano aquélla herida que se había hecho olvidado cubrírsela.

— ¡¿Te vas a morir?!— Horrorizado pregunto el pequeño rubio.

— ¡No! No bebé, tranquilo, no es nada, solo… solo fue un pequeño accidente que tuve eso es todo voy a estar bien.

— ¿De verdad?

— Sí, de verdad.

— ¿Me lo prometes?— El pequeño preguntó con esperanza mientras que sus ojitos brillaban a causa de las lágrimas aun retenidas.

— Claro, yo no te mentiría pequeño— Mina se acercó un poco a su hermanito para limpiar de su carita aquellas lagrimas que habían provocado en ella una culpa horrible por haberlo asustado— Mira ya no está sangrando ¿vez? Porque mejor no te voy a dejar a tu habitación antes de que mamá se entere que estás acá ¿eh?

— Está bien, pero antes de que me vaya déjame hacer algo para que sane más rápido tu herida ¿Sí? Conozco un truco muy bueno para hacerte sentir mejor, así me podre ir a mi cama más tranquilo.

— ¿A sí? A ver ¿Cuál es ese truco pequeño mago?— Curiosa y con una sonrisa en la cara Mina preguntó.

— No puedo decirte, un mago no debe revelar sus secretos— Con burla el pequeño le respondió.

— ¡¿Qué?! ¡¿No piensas decirme nada entonces?!— Mina por su parte solo atinó a abrir los ojos con sorpresa y preguntar sobreactuadamente haciendo que el pequeño se riera a carcajadas, olvidando por un instante lo que ambos habían pasado en ese día.

— No.

— ¿Ni porque soy tu hermana mayor?

— No diré nada, será mejor que cierres los ojos y no hagas trampas que te estoy mirando.

— Ay pero que exigente resultaste ser enano, ya que, está bien como lo ordene usted ¡oh! gran mago Jedite.

Cuando Minako cerró sus ojos, sus sentidos empezaron a actuar, estaba expectante de lo que le haría su pequeño hermano, sintió como le tomaba la mano lacerada entre las suyas más pequeñas y la alzaba un poco, descubrió un poco la tela de su manga la limpió delicadamente y lo siguiente que pudo sentir fue un cálido beso proporcionado por su pequeño hermano, acto que la dejo perpleja, pronto las lagrimas no se hicieron esperar ¿Cómo había podido siquiera pensar en quitarse la vida? Ahora mismo la culpa estaba carcomiéndole la conciencia al darse cuenta de su error ¿Cómo pudo pensar que nadie la necesitaba? Si todo este tiempo había tratado de salir adelante y de soportar todo lo que sufría precisamente por él, por ese pequeñito que desde una niña de once años había tenido que cuidar como una madre, porque la suya propia no quería hacerse cargo de él.

Cuando su hermano termino de besarle la mano esta abrió los ojos conmovida y aun con las lágrimas inundando sus azulados ojos lo estrecho entre sus brazos.

— Gracias, gracias por ese hermoso gesto tuyo, eres un caballerito muy atento y amoroso ¿Qué sería de mi si no te tuviera?— La rubia exclamó tratando de contener las lagrimas para no alertar al más pequeño.

— Pues no se— El pequeño negó mientras levantaba los hombros al mismo tiempo— Pero si yo no te tuviera a ti no tendría con quien jugar, me sentiría muy solito, no tendría quien me leyera cuentos por las noches, ni quien me ayudara con la tarea, mucho menos tendría a quien darle mis vegetales, ni a nadie que me dijera cuanto me ama y me enseñara las cosas que están bien y las cosas que están mal.— Definitivamente la edad del pequeño Jedite no la aparentaba mucho ya que siempre lograba sorprenderla y con estas palabras a pesar de que le sacaron una que otra lagrima y dos que tres carcajadas le demostraron cuan tonta había sido al pensar que nadie la necesitaba.

— Eres todo un caso pequeño, pero no te preocupes yo siempre te diré cuanto te amo, aunque a veces me hagas enojar por tus travesuras, ahora vamos a tu habitación para acostarte antes de que nuestros padres se enteren que estas acá.

Después de haber acostado a su hermanito entre abrazos, cosquillas, cuentos, besos y sonrisas Minako se dirigió a su cuarto para finalmente poder conciliar el sueño su día había sido bastante complicado y el día de mañana sería peor, al menos eso se imaginaba.

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A la mañana siguiente cuando las aves apenas empezaban a trinar su melodioso canto, luego de haber podido conciliar el sueño a altas horas de la noche, la joven rubia de tan solo dieciséis años fue despertada abruptamente por su madre quien sin importarle como invadía la privacidad de su propia hija entró de forma agresiva, tomó las cobijas que abrigaban aquél mancillado cuerpo entre sus manos y tiró de ellas sin compasión arrojándolas al suelo para posteriormente tomar a la rubia del cabello tirando fuertemente de él, no importaba cuán adolorida esta se encontraba la madre siguió jaloneando hasta lograr hacerla caer de la cama.

— Levántate inútil, quiero que te alistes cuanto antes, bajes a desayunar y te largues la escuela, ¿Me oyes Minako? Pobre de ti si llegas a la casa con la ropa hecha un desastre nuevamente, porque si no, tendrás que atenerte a las consecuencias.

Reteniendo las lagrimas y después de que su madre abandonara su habitación azotando la puerta detrás de ella, soltó un agónico suspiro, hubiese podido evitar aquélla forma de ser levantada de la cama si tan solo hubiera hecho caso al sonido de su alarma desde antes pero el cansancio y dolor que su cuerpo presentaba a causa de los fuertes golpes y patadas que en la escuela había recibido y luego de haber sido violada y golpeada por su padre y madre respectivamente le habían cobrado factura haciendo que se quedase dormida, estaba segura que ahora mismo su cuerpo maltrecho estaba afiebrado y pedía un solo día de descanso, pero si quería evitar otra sesión de golpes e insultos de parte de su madre debía darse prisa así que después de tomar una ducha rápida se dirigió a aquél espejo de cuerpo completo que tenía en su habitación y el cuál tanto odiaba, sin mirarse en el, cerró los ojos, tomó una profunda bocanada de oxigeno y despojándose de su bata de baño poco a poco fue abriendo los ojos solo para ver lo que ya suponía que vería, su respiración se acelero con miedo a causa de aquel reflejo que el espejo le estaba mostrando de su propio cuerpo.

Odiaba ese espejo, lo odiaba porque solo hacia ver los horribles hematomas de los cuales siempre era víctima, golpes, chupetones y mordidas ahora mismo estaban repartidos por sus costillas piernas, brazos, pechos y cara, estaba cansada de ver aquel reflejo de ella, aquél cuerpo esbelto, aquélla figura envidiable, estaba fatal, su piel antes blanca , tersa y nívea ahora estaba llena de colores verdes, rojos y morados, estaba cansada de ser siempre la víctima, estaba cansada de sufrir, añoraba en demasía un sincero abrazo de amor paterno o materno, pero eso solo eran sueños absurdos, desde muy chica tuvo que aprender a crecer, desde muy chica supo que el esconderse bajo las cobijas no era la solución para que los monstruos no lograran lastimarla, el pedir deseos a las estrellas fugaces eran una tontería, lo sabía, había rogado infinidad de veces porque todo acabara, pero no importaba cuanto se escondiera, no importaba cuantos deseos pidiera, no importaba cuanto suplicara o rogara a Dios, a las estrellas, a los pozos de los deseos sus suplicas parecían ser ignoradas por que hasta ahora lo que más quería en la vida era un sueño imposible, absurdo y la cruel realidad siempre la golpeaba cada que abría los ojos por las mañanas.

Decir que aquélla imagen de sí misma la aterraba era poco, más bien la sensación que la estaba embriagando era de asco por ser ultrajada de esa forma sin poder evitarlo, de repulsión hacia aquél ser que se supone que le dio la vida permitiendo que la tocase , odio y asco hacia así misma por no poder evitar que su cuerpo a veces reaccionara excitándose con aquellas intimas caricias que tanto odiaba y finalmente de impotencia por no poder hacer nada más para salir de aquel infierno del que era presa, se despreciaba así misma, la rabia que tenía contenida no solo iba dirigida a sus padres si no que iba dirigida a ella misma por permitir que el miedo y la resignación la dominaran, pero esto pronto tendría que terminar, solo tenía que soportar un poco más.

Sin querer seguir viéndose y sintiendo horribles ganas de vomitar se dejó de ver en el espejo terminando de arreglarse, ahora es cuando ella agradecía que existiera el maquillaje por que ayudaría a desaparecer aquéllas horribles marcas que su uniforme no lograba ocultar, se miró una última vez en el espejo, y al ver que no había rastro de maltrato bajó con su mochila en mano para comenzar su día, solo deseaba que hoy por primera vez en su vida le fuera bien.

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Hacía cinco minutos que había salido de casa y su mamá no se había despedido de ella muchos dirían que ya debería estar acostumbrada a esto, pero no lo estaba, ella aun no lograba entender cómo era posible que una madre fuera así de frívola con su propia hija, cada que veía el afecto amoroso que las demás familias se demostraban a través de abrazos, besos y sonrisas le entraban celos, solo quería sentir el afecto de una verdadera madre y un verdadero padre, pero en lugar de eso solo recibía maltratos físicos e insultos, no era deseada, no era amada, no recibía sabios consejos, ni tenía al menos alguien con quien hablar, era ignorada por los demás y solo sus padres la amaban por la cantidad de dinero que recibían por sus videos, estaba cansada de todo, eso no era vivir, eso no era libertad, no sabía lo que era sentir la libertad sin embargo quería sentirla con desesperación, las lágrimas pronto se avecinaban, estaba a punto de llorar ahí en medio de la calle, quería gritar, insultar, liberarse por medio del llanto pero sabía que si lloraba la gente empezaría murmurar a sus espaldas llegando a oídos de sus padres y entonces sí que se vería en grabes aprietos, sin embargo no fue necesario retener las lagrimas ya que de la nada un cálido sentimiento empezó a recorrerla, llenándola de una paz inimaginable logrando calmarla, era como si de la nada todas las preocupaciones, miedos y tristezas se alejaran de ella, solía sentirlas a menudo y aún no sabía por qué, Mina siempre pensó que quizá Dios era el que le mandaba esa paz que tanto pedía para hacerle saber que no estaba sola y si era así esperaba con ansias que esa paz perdurara para siempre en ella.

Al llegar al colegio, con las energías renovadas y sabiendo que aun era temprano se dirigió con una sonrisa en el rostro al otro lado del colegio en donde había un pequeño jardín el cuál casi nadie visitaba debido a que el conserje del colegio siempre solía negar el paso a los alumnos claro que Mina era la excepción ya que solía ayudarle a regar y cuidar el jardín, le encantaba ir ahí era el único lugar en donde podía estar a solas sin ser molestada, ahí solía sentirse libre podría decirse que era su lugar preferido. Seguía caminando a aquélla dirección pero cuando estaba a punto de llegar escucho varias risas burlistas, las conocía, no era necesario ser un experto para saber que esas risas pertenecían a aquéllas que tanto la molestaban, al oírlas no pudo evitar que unos escalofríos horribles la invadieran por completo, pensaba que quizá estaban esperándola como siempre solían hacerlo pero al escuchar los quejidos de alguien más supo de inmediato lo que estaba sucediendo, pobre chica, pensó, realmente lamentaba la suerte de aquélla chica que se escuchaba quejarse, no quería estar en sus zapatos así que debía irse de ahí cuanto antes, si la pillaban sabía que su cuerpo no podría soportar más maltrato pero los gritos de auxilio le taladraron los oídos una y otra vez, torturándola, no podía soportar aquello, sabía lo que era pedir ayuda y ser completamente ignorada así que armándose de valor y lamentando lo que ya sabía que le pasaría por meter las manos para ayudar a la joven en peligro, regresó sus pasos hacia aquél jardín y finalmente se enfrentó a las atacantes.

— ¡De... déjala en paz Neherenia!— Tartamudeando y con las piernas temblándole como gelatina la rubia logró gritar llamando la atención de todas las presentes haciendo que pararan los golpes por unos instantes.

— ¡Pero miren nada más a quién tenemos aquí! A la cerebrito enamorada ¿A caso ahora serás la heroína de esta basura? Si ni siquiera puedes defenderte como pretendes ayudarla a ella—Neherenia dijo esto último riendo a carcajadas siendo seguida por las demás, mientras que Mina solo agachaba la cabeza con impotencia, se sentía frustrada y enojada después de todo ella tenía razón como pretendía defender a aquélla pobre chica si ni ella misma era capaz de meter las manos para defenderse a sí misma, era una cobarde, si, pero ahora mismo la cobarde estaba furiosa y no se quedaría callada.

— ¡Seré una cobarde como dices, pero al menos yo tengo un cerebro que sé ocupar, al menos yo no necesito andar abriendo las piernas como tú y tus amigas a los maestros para aprobar las materias!

— ¡¿Cómo te atreves maldita basura?!

— Dime lo que quieras Neherenia, cobarde, cerebrito, idiota, enamorada, basura como quieras, pero a ti lo puta no se te quitará jamás.

— ¡Ahora mismo te callaré esa boca maldita!

CONTUNUARA…