Perdón la demora capitulo 5 esta listo muchas gracias a ustedes las lectoras que me han dejado sus lindos reviews espero que les guste la lectura sin mas que decir les dejo con el capitulo.
NOTA: Canciones recomendadas para este capitulo son dos la primera se recomienda ponerla al empezar la lectura RYAN ARCAND-THE BEGINNING y la segunda ponerla en la escena de Minako con su hermanito CHÉ ARAÑA - FRANCISCO GABILONDO SOLER (CRI-CRÍ)
CAPITULO 5: Doloroso pasado, la historia de los Kou
— No… no puede ser verdad… dime que me estás mintiendo Kengi, dime que es una broma de mal gusto— Ikuko exclamó en un hilo de voz apenas perceptible mientras lo tomaba fuertemente de su camisa con angustia; el nudo que tenía en la garganta pronto le impidió el habla y las lagrimas que antes eran amenazantes ahora ya no lo eran más por que corrían con total libertad, finalmente aquél fuerte agarre se fue suavizando y sin poder aguantar más se dejó envolver por esos cálidos brazos quienes la recibieron con consuelo, el dolor contenido pronto empezó a escapar en forma de fuertes sollozos pero estos fueron silenciados cuando se tapo la boca para evitar despertar a sus hijos, sus ojos abiertos por la impresión y llenos de lágrimas finalmente fueron cerrados con fuerza mientras su cabeza aun intentaba asimilar la mala noticia, podía sentir como su esposo la estrechaba entre sus brazos brindándole la fuerza que de un momento a otro la habían abandonado, los dos aun estaban sorprendidos, estaban completamente dolidos, un hijo les había sido arrancado de entre sus brazos y se sentían realmente terribles, por que tuvieron que pasar años para poder enterarse que habían sido padres de tres pequeños y no de dos.
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El resto de la noche para el joven detective había sido lo más difícil que había tenido que enfrentar, cuando terminó de hacer las llamadas a las familias a aquéllas víctimas de semejante ultraje, no había podido evitar llorar, no solo porque le había tocado vivir en carne propia el dolor de su familia y conocidos sino que haber escuchado al otro lado de la línea telefónica como las madres se derrumbaban entre llantos y gritos desesperados había sido el factor principal para que su poca fuerza de valentía se le escapara de entre las manos, después de la muerte de sus padres esto había sido lo más difícil que había tenido que enfrentar, hacía años que no había sentido ese dolor, esa angustia, esa impotencia y esa desesperación tan abrumadoras, Taiki Kou desde los diecinueve años de edad cuando sus padres perecieron en un fuerte accidente automovilístico a causa de la falta de responsabilidad de un conductor alcohólico había tenido que hacerse cargo de sus hermanos pequeños cuando apenas contaban con doce y cuatro años de edad, aún recordaba lo duro que había sido todo para él enfrentarse a la reciente muerte de sus padres sin ningún otro familiar con quien pudiera acudir, había tenido que pasar de ser un hermano mayor a ser un padre para Seiya y Yaten; aún recordaba aquélla vez en la que había recibido la carta de la academia para policías donde le notificaban que había sido aceptado para estudiar ahí, sin embargo, su sueño tuvo que ser truncado para poder sacar adelante a sus dos hermanos menores teniendo que meterse a trabajar. Cómo podría olvidar el enorme sacrificio que había hecho al tener que aguantar las lágrimas cuando tuvo que decirle a sus hermanitos que sus papás ya no regresarían con ellos nunca, como decirle a un pequeño de cuatro años que su mamá ya no estaría ahí con él para jugar a las escondidas, a las atrapadas, para ayudarle a vencer a los monstruos del closet; de qué manera podría explicarle que papá ya no estaría ahí para llevarlo a jugar al parque ni comprarle los helados que tanto amaba mientras planeaban la próxima acampada en el patio trasero de su casa, cómo explicarle a ese pequeño que sus papitos ya no estarían ahí para él, sin duda alguna esa etapa de sus vidas fue difícil y no solo para él como hermano mayor sino que también para Seiya quien siendo él aun muy joven tubo que madurar muy rápido porque cuando Taiki estaba aun en horario de trabajo tuvo que tomar el rol de adulto responsabilizándose del más chico , todos sufrieron a su manera y a pesar de que sus padres no estaban ahí para guiarles como cualquier niño hubiese deseado, Taiki nunca los abandonó, las discusiones no faltaron, las peleas, las inconformidades, los reproches con la vida, con el mundo, con Dios, con el causante de aquéllas muertes sin embargo poco a poco fueron saliendo adelante, Taiki jamás olvidaría las veces en las que tenía que levantar temprano a Seiya para que pudiese llegar a tiempo a la secundaría, aún recordaba los berrinches del pequeño Yaten al ser la primera vez que ingresaría al jardín de infantes, estaba muy asustado por qué pensaba que quizá ya no regresaría por él y no lo culpaba sus papás le habían prometido regresar a casa para la cena familiar y no lo habían hecho, decir que esa escena no le había dolido sería mentir, aún recordaba como él menor de los Kou se había quedado llorando detrás de la reja del colegio suplicándole mientras que las profesoras trataban de calmarlo deseaba regresar pero ya se le hacía tarde y lo que menos deseaba era que le retaran así que aguantándose el dolor por presenciar esa escena le dejó, afortunadamente para el mayor al regresar a casa Yaten no había dejado de decirle lo mucho que le había gustado ir a su nueva escuela.
Taiki siempre batalló para poder llegar a tiempo a su trabajo, el haber sido regañado y despedido en más de una ocasión por pedir muchos permisos para poder asistir a las juntas o presentaciones en festivales de sus hermanos, había sido todo un reto y en más de una ocasión quiso darse por vencido, sin embargo nunca lo hizo, hasta la fecha no sabía cómo había sido posible que su último jefe el señor Takato le hubiera tenido tanta paciencia, quizá un golpe de suerte, quizá la ayuda de sus padres desde el cielo, no lo sabía, pero lo que si sabía es que estaría agradecido eternamente con aquél anciano por haber sido tan considerado con él, siendo realistas otros jefes ya lo habrían despedido como siempre solían hacerlo pero él había sido afortunado en haberse topado con un jefe tan accesible, claro que todo en la vida tiene un fin y ese fin llegó cuando el señor Takato falleció, por ese entonces Yaten ya contaba con ocho años de edad, Seiya con 16 y el con 23, Taiki había tenido que volver a conseguir un empleo y así lo hizo, ahí es donde su vida dio un giro de 180 grados cuando conoció al señor Kengi y a su esposa, podría decirse que después de un suceso algo raro y de haber relatado lo que había vivido desde que sus padres habían fallecido los Tsukino decididos y teniendo una buena estabilidad económica le ayudaron en todo lo que pudieron pasando a ser como sus segundos padres, al principio Taiki estaba reacio a aceptar la ayuda porque pensaba que a lo mejor lo hacían por lastima y lo que menos deseaba era hacer que la gente sintiera lastima por su situación, sin embargo los Tsukino después de dejarle claro que no lo hacían por eso y después tanto que le estuvieron insistiendo que no sería una carga para ellos como el joven pensaba terminó cediendo, dejo el trabajo de tiempo completo para trabajar solo los fines de semana y los demás días que ahora tenía libres se dedicaba a estudiar la carrera que había tenido que dejar trunca, fue así como finalmente su vida mejoró, parecía ser que sus padres le habían mandado unos ángeles terrenales porque desde que conoció a las Tsukino la vida de sus hermanos y él habían mejorado estaba muy agradecido con ellos, prácticamente eran como unos segundos padres para él y hoy al haberse enterado lo que les habían hecho a ellos y a su hermano le había afectado, ningún padre merecía recibir una noticia tan horrible y menos una de aquélla magnitud, recordar cómo su hermano rompió en llanto al igual que su cuñada mientras maldecía a la vida por ser tan injusta con él había roto por completo aquélla firmeza que con tanto trabajo había logrado mantener en pie, estaba seguro que había sido el golpe más duro que habían recibido en sus vidas, tuvo que esperar largo rato en el teléfono para que le atendieran, cada grito desgarrador que daba Seiya era como una daga clavada en su pecho, odiaba esta situación, quería escapar de ahí, quería mandar todo a la mierda e ir hasta la casa de su hermano y cuñada para abrazarlos, quería estar ahí para consolarle como cuando era pequeño, para apoyarlo como siempre lo había hecho, pero eso era imposible, no podía ir hasta allá, tenía un deber como detective de policía, ahora mismo estaban en medio de un gran caso y haría hasta lo imposible por encontrar a toda esa basura responsable de todas esas atrocidades, haría justicia a como diera lugar y no habría impedimento alguno para que pudieran detenerlo, si era necesario buscaría hasta por debajo de las piedras.
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La noche para unos había pasado completamente desapercibida, apenas habían tocado la almohada de su cama y el sueño les había vencido fácilmente, lamentablemente para otros el conciliar el sueño había quedado en segundo plano, las veces que la rabia y el llanto les había dominado su ser había sido abrumadora y agobiante, para que dormir si su mente ahora estaba ocupada en aquel pequeño ser que se les había sido arrebatado hacia algunos años sin que se hubiesen dado cuenta, muchas madres lloraron desconsoladas y muchos padres habían sufrido junto a sus esposas, se sentían dolidos, vulnerables, ingenuos, tontos, rabiosos y tristes la impotencia de no haber podido hacer algo antes les torturaba pero lamentarse no serviría de nada, los pocos afectados habían quedado de verse ese mismo día para levantar el acta correspondiente para poder así movilizar las cosas, así que tendrían que guardar las lágrimas para después por que ahora la justicia caería sin piedad sobre aquélla alma responsable de tanto dolor.
Decir que para los Tsukino había sido fácil ver por la mañana ver a sus hijos aparentando normalidad como cualquier otro día sería como decir que es fácil reír en el funeral de algún ser querido, Ikuko se la había pasado llorando la mayor parte de la noche viendo aquéllos álbumes familiares donde se mostraba a una Ikuko y un Kengi más jóvenes disfrutando de sus embarazos y de los momentos felices de sus hijos mientras iban creciendo, los cumpleaños, las salidas los fines de semana, las acampadas, las idas a los balnearios, las convivencias familiares, los festivales escolares, las primeras travesuras de cada uno de sus hijos. Su esposo le había sugerido ir a descansar pero esta se había negado rotundamente, es decir, cómo podría dormir con semejante noticia que acababa de recibir, en toda la noche no pudo evitar pasear como alma en pena a través de los cuartos de Serena y Sammy, sus dos pequeños.
La preocupada madre no podía evitar sentir como el corazón se le estrujaba con tan solo imaginarse a otro de sus hijos igual a su Sammy o Serena, ¿Cómo habría sido él o ella? ¿Cuál sería su personalidad, gustos o disgustos? ¿De qué color serian sus ojos, su cabello, su piel? ¿Habría sido niño o niña? El solo ver ahí a sus hijos acostados en su cama cubiertos por las cobijas, dormidos, sin ser realmente consientes de lo que estaba pasando, le hacía sentir verdaderamente culpable primero por no haberse dado cuenta antes durante su embarazo siendo ella una mujer y principalmente la madre, el solo pensar en eso le hacía sentirse una completa tonta y segundo porque no sabía dónde podría estar su tercer hijo, el verles ahí dormidos, sin preocupación alguna le hacía pensar si su otro pequeño o pequeña estaría bien, si tendría un techo, si sería feliz o en el peor de los casos, si seguía con vida.
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Aunque Serena era por así decirlo una chica bastante inteligente tenía un pequeño defecto que siempre la caracterizaba y eso se refería a lo distraída que a veces solía ser, sin embargo a pesar de serlo, hoy por la mañana, había notado lo raros que se habían mostrado sus padres tanto con Sammy como con ella, se veían distraídos, tristes, preocupados y lo que más le inquietaba eran aquéllas intensas miradas que les dedicaban, como si hubiera sido la primera vez que les veían después de un largo tiempo alejados, era bastante extraña su actitud y por más que quisiera alejar esos pensamientos de su mente no podía hacerlo, ya que la habían dejado realmente preocupada ¿Qué les estaría pasando? ¿Por qué se habían comportado así de extraño? ¿A caso había pasado algo malo? Y si era así ¿Por qué simplemente no les habían dicho nada? ¿Sería algo grave? ¿Tendría algo que ver con ellos?
Las dudas no dejaban de llegarle una tras otra, confundiéndola aún más sin embargo un fuerte golpe seguido de una caída lograron sacarla de sus pensamientos abruptamente.
— ¡Auch!— La rubia apenas y se quejó mientras poco a poco abría los ojos y trataba de tomar el poco oxígeno que le habían logrado sacar.
— Perdóname venía distraído, no te vi Serena— Un joven apuesto, alto, de tez un poco bronceada y ojos azules se disculpaba con la rubia mientras levantaba un poco el rostro para verla a los ojos.
— No… no te preocupes yo igual venía distraída Darien
— ¿Te duele algo? ¿No te lastime?
— Pues decirte que no me dolió el golpe y que no me sacaste el aire sería mentirte.
— De verdad discúlpame, no fue mi intención, venía distraído leyendo.
— No hay problema Darien también fue mi culpa, creo que ya hasta me estoy acostumbrando a chocarte la mayor parte del tiempo, si sigo así estoy segura que podrían aceptarme en el equipo de futbol americano.
— Ha, ha, ha. — Se escuchó la fuerte risa del moreno. — Bueno en eso tienes razón, si llegan a aceptarte, no olvides agradecerme por entrenarte, es más tendrás que llevarme a comer una pizza o una gran hamburguesa como agradecimiento y déjame decirte que además pediré el postre.
— Bueno es un trato entonces, solo dame tiempo para ahorrar mucho porque soy bastante glotona. — Concluyó la rubia riendo a la par del joven.
Sus risas lograban escucharse, eran contagiosas, estaban tan distraídos en las risas de cada uno de ellos que no se daban ni cuenta de lo que pasaba a su alrededor cuando ambos terminaron de reír no pudieron articular palabra, sus miradas hicieron contacto, estaban perdidos en la profundidad de sus ojos, los sonidos de los autos empezaron a escucharlos cada vez más lejanos, parecía que el tiempo se había detenido por un instante, cada uno viéndose fijamente queriendo grabar este momento para siempre en sus mentes, sus corazones latían desenfrenados y todo lo que pasaba a su alrededor había pasado a segundo plano, prácticamente no le prestaban atención a nada más, sin que ellos fueran realmente consientes y dejándose llevar por sus impulsos, sus rostros poco a poco se fueron acercando más, podían ser capaces sentir sus respiraciones, el beso se aproximaba, se veía venir, estaban ansiosos por aquél contacto, sin embargo, algo o más bien alguien los sacó de su trance abruptamente.
— ¡Pero cuanto amor ven mis ojos!— Rei exclamó con burla
— Chicos, no sabía que ya estaban saliendo. — Fue turno de Lita para molestarlos
— ¿Quién lo diría? Ya hasta se están comiendo la torta antes del recreo. — Concluyó Michiru burlista mientras les veía con los ojos entrecerrados.
— No… no es… no es lo que parece. — Entre tartamudeos y totalmente sonrojado Darien trato de explicarse, sin embargo era tanta la vergüenza que tenía que ya no supo que más decir.
— ¡No digan tonterías chicas!— La rubia gritó avergonzada con la cara y las orejas totalmente rojas por aquellos comentarios.
— Sí, claro tonterías. — Exclamó con los ojos entrecerrados Lita
— Si no son tonterías y no es lo que parece entonces quieres explicarnos ¿Por qué es que Darien y tú siguen tirados en el suelo tan juntitos? — Preguntó esta vez Michiru aguantando triunfalmente la risa.
— ¿Y porque es que él está encima de ti mientras tienes la falda del uniforme levantada?
Ante éste último comentario por parte de Rei ambos finalmente se dieron cuenta de la comprometedora posición en la que aun se encontraban, sus rostros tomaron un color carmín aún más fuerte y sin poder aguantar más las tres amigas estallaron a carcajadas, siempre disfrutaban verlos avergonzados. Por su parte Darien y Serena se pusieron de pie con rapidez ayudándose mutuamente mientras que con torpeza recogían sus cosas que aún permanecían en el suelo.
— Bueno yo… perdón… eh… me debo retirar, Serena discúlpame una vez más por haberte chocado.
— Si Darien, gracias por… por ayudarme a ponerme de pie, luego nos tacleamos… o que diga luego… luego nos vemos.
— Hasta luego chicas.
— Hasta luego Darien.
El moreno aun bastante avergonzado se despidió literalmente echando la carrera, parecía que se le hacía tarde, sin embargo no era así ya que iba con bastante tiempo de sobra más bien quería evitar ser la comidilla de aquellas tres chicas, mientras tanto Serena queriendo huir también de ellas para evitar ser cuestionada apresuro su paso, sin embargo no fue tan rápida ya que Rei la había tomado de su ropa por detrás.
— ¿A dónde crees que vas tú?
— ¿Eh? ¿Quién? ¿Yo Rei?
— ¡No hagas como que la virgen te habla! Sí te estamos hablando a ti ¿Qué fue lo que pasó antes de que llegáramos Serena?— Esta vez Lita preguntó mientras se paraba enfrente de la oji-azul para enfrentarla.
— No… no paso nada lo juro, es más no se dé que me hablan.
— No seas mentirosa Serena, te crecerá la nariz como pinocho.
— Ahora que estás hablando de pinocho Michiru se me antojó un biscocho ¿Por qué mejor no vámonos a desayunar antes de que llegue la hora de entrar a clases eh chicas?
— No nos cambies de tema ni creas que caeremos en otra de tus tantas distracciones— las tres amigas la rodearon
— ¡Miren ahí va Juan Gabriel!
— ¡¿Qué?! ¡¿Dónde?! — Todas voltearon a buscarlo desesperadas mientras la rubia se escabulló echándose a correr entre carcajadas por haberse salido con la suya.
— Oigan esperen ¡Juan Gabriel ya colgó los tenis!— Exclamó Rei
— ¿O sea qué?— Lita le cuestionó al no haber entendido su metáfora
— ¡Que Juan Gabriel ya falleció hace mucho! — Replicó la peli-negra
— ¡Se nos escapa chicas síganla!— Ésta vez exclamó la acua-marina mientras empezaba la carrera seguida por las demás.
— ¡Rayos nos la volvió a aplicar esa rubia de empaque!
— ¡No soy rubia de empaque Lita! ¡Mi cabello es rubio natural!— Al escuchar Serena aquello por parte de su amiga no pudo evitar responderle resentida por la insinuación.
— ¡Serena! ¡Ven acá jovencita! — Este último grito hizo espabilar a la rubia retomando su apresurada carrera.
— ¡No hemos terminado de hablar contigo!
— ¡Solo espera a que te alcancemos y ya verás!
Mientras tanto en otro lugar…
Al fondo del barril desvencijado,
que alumbra un rayo de sol,
la araña en sus hilos baila tango
con los acordes del bandoneón.
Don Gato imita el instrumento
estirando farolito de papel,
y su cola menea con sentimiento
llevando el ritmo del baile aquel.
— ¡Ya viene la mejor parte Jedite! Vamos toma mi mano y bailemos juntos al compas— Minako emocionada se dirigió con entusiasmo hacia su hermanito sin importarle que las demás personas que estaban en el parque a esas horas de la mañana les vieran divertidos.
¡Ché Araña!
Baila con maña,
hay que contar
tres pasitos
arrastraditos
pa' delante y para atrás.
Entre las astillas carcomidas
que quedan del viejo tonel
se asoma petulante la clientela,
y de puntillas penetra en él.
Brillantes cucarachas aburridas.
Pulgones fatigados de picar.
Más otras sabandijas relamidas
que se reúnen a trasnochar.
Ambos escuchaban la melodía a través del celular de la mayor sin poder evitar cantar en voz alta entre risas mientras que algunos curiosos no pudieron evitar detenerse para ver como bailaban, otros más al ver aquella tierna escena no pudieron evitar tomarles video sin que Mina o Jedite se dirán cuenta porque estaban realmente entretenidos en su baile tratando de imitar aquellos pasos de "Che" la araña, disfrutando de aquél magnifico momento antes de poder ingresar a sus respectivos colegios.
¡Ché Araña!
Baila con maña,
hay que contar
tres pasitos
arrastraditos
pa' delante y para atrás.
¡Ché Araña!
Baila con maña,
hay que contar
tres pasitos
arrastraditos
pa' delante y para atrás.
— ¡Otra vez, otra vez!— El pequeño Jedite gritaba emocionado mientras daba pequeños saltitos, provocando que a la mayor riera.
— Jed, pequeño me gustaría complacerte pero ya es hora de continuar con nuestro camino a la escuela o si no se nos hará tarde corazón. — La rubia divertida por la actitud enérgica de su hermano menor comenzó a tomar sus cosas y las del pequeño mientras que esté hacia tiernos pucheros.
— ¡Ah, no! Ni creas que caeré con esa miradita de borreguito a medio morir enano.
— Ándale mami porfis ¿sí?
El pequeño le veía con la mirada tierna juntando sus manitas haciendo pucheros y rogando mientras que la rubia al escuchar aquella palabra tan familiar terminó cediendo y es que desde que el pequeño había aprendido a hablar le llamaba de esa forma ya que ella había sido quien prácticamente lo crío, solo que ahora no utilizaba la palabra "mami" hacia su hermana como antes debido a que su mamá se los había prohibido, después de todo, la gente, los vecinos empezarían a divulgar chismes, eso no les convenía, tenían que mantener una imagen ante la sociedad y esa era la de una familia, amorosa y normal.
— Está bien peque, tú ganas pero solo la iremos cantando, porque de verdad se nos hará tarde.
— ¡Sí! — El pequeño rubio gritó emocionado por haberse salido con la suya mientras daba brinquitos tomado de las manos de su hermana quien solo atinaba a reír enternecida.
CONTINUARA…
graciuas una vez mas a SRITA. ROSY KOU y a SAILORWORLD por haber comentado, y gracias porsupuesto a ustede lectores que aunque no se animan a escribirme se que me leen ojala y se puedan animar. nos veremos la proxima :) los quiero mucho les mando muchos abrazos de oso apretados y de boa constrictor. cualquier duda que tengan sobre las actualizaciones no olviden buscarme como Magguie Aino en Facebook.
