CAPITULO 9: IMPULSOS
La vida siempre trae consigo cosas inesperadas que pueden causar miles de sensaciones. Uno como persona puede disfrutar de ella como si fuese el último día. Sin embargo las situaciones a veces no suelen ser las más hermosas y alentadoras. La vida en si tiene sus altos y sus bajos.
Serena por ejemplo había disfrutado siempre el mejor regalo que Dios le había podido otorgar. Una familia. Disfrutaba cada instante de esa vida tan prospera, tenía amigas incondicionales, un hermano que aunque un poco molesto y fastidioso era sobretodo un fiel amigo. Sus padres eran los mejores, siempre dando amor a todos los que les rodeaban, una prima un poco loca y aventurera que al fin de cuentas resultaba ser la mejor confidente y finalmente aquellos tres jóvenes, que aunque no eran sangre de su sangre les consideraba como hermanos.
Serena tenía todo, era feliz, sin embargo, siempre hubo algo que lograba perturbarla, a veces no podía entender por qué tenía aquellas abruptas sensaciones de soledad, miedo y dolor. Pero ahora que había escuchado a su mamá llorar de esa forma tan desolada y mencionar con dolor profundo lo de su "hermana gemela" su cabeza empezaba a atar cabos sueltos.
¿Es por eso que siempre tenía miedo? ¿Por eso se sentía perdida? ¿Por eso es que sentía tanto dolor y soledad en su corazón? ¿Acaso era por eso que sentía continuamente ese enorme vacío? Sí... ¡sí!.. ¡Eso era! Hasta ahora podía comprender todo pero… la misma pregunta que se hacían sus padres surgió de ella.
¿Dónde estaba su hermana? ¿Qué era de ella? ¿Por qué es que ni sus padres sabían siquiera de su existencia? ¿Acaso le habría pasado algo? ¿La habrían raptado o vendido? Tenía que saber cuánto antes que es lo que pasaba o no estaría en paz, tenía que averiguar lo más pronto posible todo. Era claro que fuera lo que estuviera viviendo su hermana no era nada bonito, algo en su corazón se negaba a creer lo contrario. Todos esos arranques depresivos, eran por causa de ella. Estaba más que segura. Después de todo había escuchado alguna vez que los gemelos tienen un vínculo muy especial. Pero si ella seguía con vida ¿Qué sería lo que estaba sucediendo para sufrir de aquella forma? Necesitaba respuestas. Quería preguntar pero sus instintos solo le habían impulsado a salir corriendo.
Se sentía confundida y dolida. Ahora solo la necesidad de un fuerte abrazo era lo que quería, pero al mismo tiempo quería escapar. Quería huir de aquel dolor que le estaba ahogando, solo huir podría ahuyentar la horrible sensación que su corazón cargaba, sin embargo, sabía que lo que estaba pensando era absurdo.
El viento golpeaba con furia su rostro, no sabía si era a causa de la carrera que llevaba o era en parte causa de aquella tormenta que empezaba a caer. Sus lágrimas ahora mismo eran imposibles de retener. Sus ojos estaban completamente rojos y empapados y por esta misma causa era que se le dificultaba ver por dónde venía, era como si su lado racional se hubiera perdido en algún remoto lugar de su mente y solo sus impulsos estuvieran tomando el control de su cuerpo.
De pronto un fuerte impacto provoco que aquella carrera fuera interrumpida estrepitosamente.
— ¡Fíjate por donde caminas idiota! — aquella voz que alcanzó a quejarse sonó realmente furiosa. El golpe que había recibido le había dolido demasiado.
— Yo…yo…— su voz no lograba entenderse para ninguna de las tres chicas con las que la rubia había tropezado, su mente seguía divagando.
— Si no tienes nada que decir será mejor que te quietes de encima, suficiente tenemos con la mojada que nos acabamos de dar por tu maldita culpa ¡Demonios! ¿Dónde tienes la cabeza? Primero tengo que soportar hacer el ridículo y ahora esto. — volvió a gruñir la joven furiosa mientras que sus otras dos amigas se quejaban adoloridas sin ser realmente consientes de quien las había tirado.
— Perdón…— fue lo que apenas pudo pronunciar entre el llanto que se intensificaba.
— Esa voz…— con dificultad una de las jovencitas trataba de incorporarse. Cuando finalmente pudieron quitarse de encima una de la otra voltearon a ver a la rubia llevándose una gran sorpresa al instante.
— ¡Serena! — Rei, Michiru y Lita exaltadas exclamaron mientras veían el deplorable estado en el que venía su mejor amiga. Aun llevaba el uniforme de la escuela puesto, su largo cabello estaba desarreglado, su ropa desalineada y lo que más les preocupo a las tres fue verla con la cara llena de lágrimas, su mirada se veía triste y sus ojos rojos e hinchados le daban un toque desolador.
— Perdón no vi… no vi por donde iba, perdón… perdónenme chicas.
— ¿Serena? Cariño no pasa nada perdónanos tu a nosotras, pero dinos ¿Qué tienes? ¿Está todo bien? ¿Por qué vienes así? — Michiru intervino mientras trataba de acercarse cautelosa a su amiga.
— No…— apenas susurró mientras empezaba a negar— no…no… no. ¡No! ¡Nada está bien! — la acción de negar se volvió mas frenética y la voz apenas audible se hizo cada vez más fuerte sorprendiendo de sobremanera a sus amigas quienes seguían en el suelo.
— Serena dinos que pasa ¿Has tenido otra crisis? — Rei con tono maternal se incorporó mejor para abrazar a su amiga, pero aquella pregunta formulada hizo que la mencionada se estremeciera nuevamente.
— No saben cuánto desearía que fuera una simple crisis y no esto… — un susurro apenas audible fue lo último que pudo decir antes de volver a salir corriendo desesperada ante la mirada preocupada de sus mejores amigas.
— ¿Qué quiso decir con que desearía que hubiera sido una simple crisis? — angustiada Lita pregunto mientras Rei la ayudaba a ponerse de pie.
— No sé qué quiso decir con eso, pero debemos alcanzarla chicas me preocupa que algo grabe le suceda si sigue corriendo de esa forma tan desprevenida, si se tropezó con nosotras de esa forma por no venir prestando atención no me quiero imaginar cuando llegue a la avenida vehicular— Michiru dio por terminada la conversación mientras empezaba a emprender la carrera.
— ¡Esperen! — una voz ajetreada se escuchó detrás de ellas haciendo que frenaran de inmediato.
— ¡Sammy! — nuevamente las tres se sorprendieron al ver a Sammy en las mismas condiciones que su hermana.
— Chicas por… por favor ayúdenme, necesito encontrar a Serena cuanto antes… díganme si la han visto, por favor.
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No sabía cuánto había corrido, sus pies le dolían, sus piernas estaban casi acalambradas y su respiración apresurada y errática provocaba que sus pulmones dolieran de igual manera, como si estuviesen a punto de estallar. Finalmente, algo detuvo su andar. Una grieta en el camino había provocado que su cansado cuerpo terminara en el suelo, un agudo dolor proveniente de sus rodillas no se hizo esperar provocando al fin su reacción, sus cuatro sentidos empezaron a trabajar y la conciencia en ella regreso, los sonidos que antes no lograba escuchar ahora empezaban a hacerse más y más claros pudiendo percibir diversos gritos de sorpresa y un fuerte y alarmante ¡Cuidado!
Alzó la vista por instinto para ubicarse, pero para su desgracia lo único que pudo ver frente a ella justo a unos cuantos metros fue a un camión de mudanza que venía a alta velocidad.
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Angustiado el hermano menor de Serena no dejaba de ver suplicante a las tres chicas
— Precisamente hace unos cuantos minutos la vimos, venia en muy mal estado, de verdad que no entiendo que paso con ustedes, pero tenemos que encontrarla cuanto antes, venia corriendo como alma que lleva el diablo y ni siquiera se venía fijando en el camino, así que no perdamos tiempo, síganme alcance a ver hacia donde iba — fue lo último que dijo Michiru mientras nuevamente emprendía la carrera
— Espero que no le pase nada
— Esperemos que tus ruegos sean escuchados Sammy — Finalmente dijo Rei sin saber que más aportar.
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Todo paso muy rápido. El conductor por más que quiso frenar a tiempo no lo hizo, el derrapar de las llantas y los gritos desesperados de las personas alrededor era lo único que se escuchaba. Sus rostros reflejaban terror, unos permanecían con la vista fija mientras que otros al no poder soportar ver tal tragedia habían desviado la mirada o bien se habían tapado los ojos, frente aquellas presencias su frágil cuerpo yacía tirado sobre el asfalto a un par de metros de distancia, tenía los ojos cerrados y justo a su lado permanecía abrazándola de forma protectora quien menos hubiera imaginado.
— Serena — la joven recibió pequeños golpes en la mejilla tratando de hacerla reaccionar — Serena, Serena, reacciona por favor — aquella voz masculina sonaba desesperada.
— ¿Darién?—pregunto aturdida mientras abría sus ojos.
— Serena ¡Gracias al cielo! ¿Te encuentras bien?—aun con el corazón desbocado el pelinegro le pregunto mientras la incorporaba poco a poco.
— Si, solo me duele un poco el cuerpo, pero… ¿Cómo es que sigo viva? —confundida con una mano sobre su cabeza trato de hablar mientras veía como a su alrededor las personas se arremolinaban, murmurando cosas sobre lo acontecido.
— ¡Dios mío Serena! ¿En que estabas pensando? Me diste un susto de muerte — le respondió a la rubia con desesperación en su voz.
— ¿Pero qué paso?
— Eso mismo quisiera saber, hace un rato alcance a ver como corrías desesperada mientras llorabas, me preocupaste, no sé qué motivo sea el que te tenga así, pero deberías ver por dónde vas, yo solo te seguí y que bueno que lo hice porque si no, no sé qué es lo que te hubiera pasado. Pudiste morir Serena— el moreno ante tal pensamiento no pudo evitar sentir un escalofrió recorrerle a través del cuerpo para terminar atravesándole el corazón, provocando en él un dolor inimaginable ante tal idea, sus ojos no pudieron evitar aguarse. Imaginar aquello le había dolido demasiado, el miedo comenzaba a instalarse en el así que siguiendo sus impulsos la abrazó con mucho más fuerza depositándole un tierno beso en la cabeza sintiendo un enorme nudo en la garganta.
— Perdón, no… no fue mi intención. Ahora por mi culpa estas lastimado. He causado muchos problemas hoy — ante este acto la rubia no pudo evitar ver como la sangre del peli negro escurría de su cabeza.
— Eso no importa, lo que realmente importa es que tu estas bien, no sé qué haría sin ti…tuve mucho miedo, no quiero perderte, no a ti, ya tuve suficiente con la perdida de mis padres, tu eres muy valiosa en mi vida.
— Darien…
— Me importas Serena, eres más que una amiga para mí, no soportaría ver que algo malo te pase por que te amo.
— ¡¿Qué?!
— Lo que oíste, yo te amo y verte sufrir me lastima también, no vuelvas a hacer una locura así, me oyes
Y así sin más que decir, la tomo del rostro le limpio las lagrimas, sin importarle nadie a su alrededor le tomo las mejillas con ambas manos, y perdido en aquellas gemas azules que tenia frente suyo, hipnotizados ambos con aquellas miradas cómplices se fue acercando poco a poco haciendo que aquella corta distancia que los mantenía separados desapareciera por completo. Sus labios aun inexpertos fueron creando una danza armoniosa única y magnifica que les provoco una revolución en todo su cuerpo, para ambos aquel tierno beso de principiantes inexpertos fue tomando forma solida, sin titubeos, sin miedos. Darien por primera vez siguió los locos impulsos de su corazón y Serena por primera vez supo lo que era llorar de felicidad.
Pronto sus cuerpos exigieron en ellos la respiración que hasta ahora habían retenido provocando así que se separaran lentamente con los ojos aun cerrados.
Una vez separados, ambos se vieron nuevamente a los ojos brindándose una cálida sonrisa.
— Darien… Yo… yo tam…— aun recuperando el aire, estupefacta y completamente nerviosa la rubia trato de hablar pero alguien les interrumpió.
— ¡Serena! ¡Darien!
— ¡Sammy!…
— ¡Dios mío! ¡¿Qué les paso?!— preguntó bastante alarmado el menor mientras se agachaba y la abrazaba.
— Yo… no se… solo corrí y…
— No sabes lo preocupado que me tenías cuando saliste de casa de esa forma, casi se me va el alma al oír a la gente que un camión había atropellado a una chica— desesperado le reclamo a su hermana mientras se separaba de ella y la sacudía un poco, provocando en ella un sentimiento de culpabilidad tremendo.
— Lo siento, de verdad lo siento… yo…yo…
— Tranquila cariño, no te mortifiques más— Rei se acerco a ella separándola de su hermano a quien no puedo evitar darle una mirada reprobatoria por su actuar — lo bueno es que no ha pasado a mayores — dijo nuevamente tratando de calmar aquella ansiedad que volvía a instalarse en su amiga.
— Chicos creo que será mejor llevar a Serena y también a Darien con la doctora Setsuna —Lita interrumpió mientras se agachaba.
— No se preocupen por mí, estoy bien.
— No, no lo estas Darien, estas sangrando de los brazos y de la cabeza y estoy más que segura que Serena no se podrá ni levantar, así que vámonos antes de llamar más la atención. — sentenció Michiru ayudando a caminar a Darien junto con Rei mientras que Lita empezaba a cargar a su amiga.
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— Excelente, este será un día bastante productivo —
La voz de un hombre de 60 años aproximadamente y bastante fornido para su edad se escucho por toda aquella habitación mientras no dejaba de tallarse las manos entre sí con una mirada bastante perversa, las arrugas de su rostro se acentuaban conforme su sonrisa acrecentaba.
Su cabello ya canoso y bien acomodado le daba una elegancia innata, el tipo acababa de hacer crecer su billetera de gran manera así que la felicidad que traía se veía reflejada en su mirada y en su sonrisa, el tipo sin dejar de mirar su laptop y sabiendo el buen negocio que acababa de hacer hacia un par de minutos se acomodo mejor en su sillón, tomo entre sus dedos una copa de coñac, giro su asiento dando la espalda a su escritorio y sin dejar de ver aquel cuadro pintado a mano de su padre la alzo en son de victoria susurrando un "salud" mientras brindaba con aquel viejo retrato.
Después tomar su contenido de un solo trago, se puso de pie, fue con lentitud hacia aquel mini bar que tenía a su extremo derecho, dejo la copa a un lado, abrió un caja de madera que ahí se encontraba y saco uno de aquellos puros cubanos que tanto le gustaba fumar cuando la ocasión lo ameritaba.
Teniendo el puro entre sus manos lo saco delicadamente de su empaque le retiro la etiqueta, lo palpó sintiendo la suavidad y la robustez, con una sonrisa aun plasmada es aquel rostro lo paso por su nariz olfateando aquel peculiar aroma tan adictivo que tanto le gustaba, mientras sostenía el puro con una mano la otra tomo aquella navaja cortapuros de Victorinox e hizo un pequeño corte. Observo detenidamente su trabajo y satisfecho con el resultado sacó del bolsillo de su pantalón un viejo encendedor zippo, lo encendió, acerco su puro rotándolo de forma horizontal hasta que tomo un tono rojizo, dio la primera calada y al ver que el encendido en su puro era parejo, tomo otras tres bocanadas de este asegurándose de que la brasa quemara parejo el cuerpo del puro, una vez encendido, lo tomo entre sus labios y dio una bocanada permitiendo que aquel espeso humo blanco lo absorbieran sus pulmones soltándolo después con elegancia.
A paso lento se dirigió a su escritorio, tomo asiento, se reclinó en este mientras seguía disfrutando de su puro y cuando estaba a punto de subir los pies a su escritorio el sonido de su intercomunicador sonó.
— Lamento la interrupción señor Black pero ha llegado su hija Velatrix Black y su yerno Rubeus Aino.
— Hazlos pasar de inmediato Kaito — anuncio finalmente el mayor mientras dejaba de presionar el botón de comunicación y se acomodaba en su asiento.
Unos pasos se alcanzaron a escuchar a lo lejos acercándose a su despacho, escucho la puerta ser tocada un par de veces y mientras daba la indicación de pasar se puso de pie para recibir a su hija y a su yerno.
— ¡Hija mía! Hace tiempo que no venían a visitarme —el mayor dijo con entusiasmo mientras abrazaba a su hija.
— Papá perdónanos pero ha sido difícil para nosotros venir a verte.
— Sobre todo con el cambio que ha habido en las leyes jurídicas, últimamente se han vuelto un completo dolor de cabeza— continuo Rubeus.
— ¿Cambios?— curioso pregunto Sabio Black
— Si, ha habido ciertos cambios más estrictos y he estado trabando día y noche para arreglar unas cositas allá y por acá en los negocios.
— En parte por eso venimos papá.
— A ver, a ver por qué mejor no toman asiento y me van explicando — dijo mientras les señalaba unas sillas de frente a su escritorio.
— Bueno— continuó Rubeus la plática una vez sentados— a decir verdad, una de esas leyes ha declarado que a los orfanatos, interinatos, guarderías y demás escuelas serán supervisadas más seguido y todo por unos idiotas que no supieron como no ser descubiertos ante sus malas mañas. Así que ahora tendremos al gobierno y sus supervisores pisándonos los talones. Si antes venían a supervisar cada tres meses ahora será de dos a tres veces al mes
— ¡Con un demonio! ¡¿Qué piensan esos idiotas, que tengo todo el tiempo del mundo para estar fingiendo tener un orfanato normal?! ¡Arruinaran mi negocio!
— Tranquilo padre todo está ya solucionado— intervino la mujer con una sonrisa causándole intriga a su padre.
— Haber explícate mejor.
— Rubeus tiene un infiltrado muy confiable, es supervisor y resulta ser uno de tus mejores clientes solo pide que cuando venga a las supervisiones le demos a un pequeño a su elección para pasar el rato, ya sabes, sin cobrar— Velatrix explicó tranquilamente
— Eso sí, no dejara de hacer negocios contigo— intervino esta vez Rubeus.
— Y quien me dice que no ira de chiva loca a soltar la sopa —con el puro entre las manos cuestiono el mayor de los tres.
— Por eso no se preocupe suegro, lo citamos en un lugar apartado de todos y cuando llegó lo trasladamos a otro lugar lejano completamente sedado y tapado de la cara, cuando despertó, hablamos con el tranquilamente utilizando los distorsionadores de voces. Así que no hay problema. Además su trabajo, su vida, su familia está bajo amenaza.
— ¡Excelente! No terminan las buenas noticias para hoy— Sabio sonrió mientras le daba otra calada a su puro.
— Hiciste un buen negocio ¡eh!— Velatrix afirmo sin dejar de levantar una ceja y sonreír ladinamente.
— ¡Claro que sí! he ganado una buena cantidad de dinero por una chiquilla virgen de 8 años. Ya saben cómo son de valiosas las vírgenes hoy en día.
— Con razón esta tan de buenas
— Sí, pero dejemos eso de lado, díganme ¿Qué tal van con su otra vida llena de normalidad, amor, honestidad y demás basura? ¿Cómo están mis nietos Mina y Jedite?
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Minako y Amy acababan de oír la campana de la escuela anunciando la salida, así que poco a poco y tomándose su tiempo fueron guardando sus cosas mientras veían como sus compañeros salían como una horda de rinocerontes salvajes.
— Menos mal que siempre espero a que todos salgan, si no seguro que termino como tapete de bienvenida
— Bueno seriamos dos Amy — Minako dijo con una sonrisa en la cara terminando de cerrar su mochila y montársela en uno de sus hombros mientras que con la otra mano sujetaba su suéter con elegancia.
— Solo espero que aquellas tres no nos estén esperando afuera del salón o del colegio para golpearnos, se me hace raro que no hayan hecho nada aún — Amy comento algo seria mientras comenzaban a salir del aula en dirección a la salida principal.
— Pues con lo delicada y mamo… e…"especial" que es Neherenia con su apariencia, lo dudo mucho Amy— algo avergonzada declaro la rubia corrigiendo su vocabulario algo altisonante.
— Ibas a decir mamona verdad— Amy con los ojos entrecerrados y una sonrisa traviesa se detuvo de golpe mirando a la rubia quien no podía ocultar el rojo de su rostro.
— ¡Claro que por supuesto no!— rápidamente se trato justificar sin poder evitar soltar una risa por lo gracioso que le estaba pareciendo aquella conversación.
— Claro que por supuesto que sí, ¿Quién diría que una chica tan dulce como tú, que se la pasa bailando y cantando caminito de la escuela y che la araña con su hermanito por las calles diría aquellas palabrotas de marinero?— soltó sin más la peli azul bastante divertida por las expresiones en el rostro de su reciente amiga mientras no dejaba de verse las uñas como si fueran lo más interesante que había visto en su vida.
— Espera ¡¿Cómo sabes tú eso?!— con los ojos desorbitados volteo a verla
— Bueno ya que lo mencionas… puede que te haya visto en la mañana haciendo eso y por pura casualidad mi mano traviesa se hubiera colado a mi bolsillo, tomara mi teléfono y se pusiera a grabarte…— finalmente y con una sonrisa mucho más marcada la peli azul le confesó aquella travesura mientras le mostraba el teléfono en mano y se echaba a correr siendo seguida por la rubia.
— ¡¿Qué?! ¡BORRA ESO!
— ¡Claro que no! además te veías muy tierna y amorosa. Serás una excelente madre.
CONTINUARA…
