Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin no me pertenecen, son de la Isayama la Llama asesina, yo solo los tomó prestados.
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Prólogo
Cuando Sasha le sugirió que se fuera de fiesta, conquistara un hombre y tuviera la noche más alocada y salvaje que nunca se había permitido, realmente no esperaba estar así, apoyada contra el escritorio de esa suite de hotel cinco estrellas, siendo embestida desde atrás por ese hombre que con cada envite la elevaba más allá de la estratósfera.
Escuchaba sus insesantes jadeos junto a su oído y una que otra maldición cuando su miembro era succionado con fuerza por su interior, claro indicativo que estaba cerca de alcanzar su más ansiado orgasmo, la encendía más todavía.
No sabía que le gustaba que le hablaran sucio al oído hasta ese momento, su voz era embriagante, áspera y autoritaria, la hacía desear querer cumplir todas sus fantasías.
Quizás era motivo del placer que hasta ahora Levi —sí así se llamaba— le había regalado. Sintió cómo rodeó su cintura para apegarse más a ella, y su mano libre se enredó con fuerza de su lacia cabellera. El dolor era excitante, la brusquedad de sus movimientos la llevaba a un nuevo nivel de placer, no se creyó nunca disfrutando el ser tratada de esa forma.
—Quiero que grites mi nombre mocosa, por favor. —Suplicó junto a su oído.
Los brazos de Mikasa rodearon a Levi y buscó unir sus bocas, Levi la complació, no sin antes morder con fuerza su labio inferior.
—Vamos , no te contengas. —La alentó, sabía que se sentía abrumada, desde el principio le dijo que era la primera vez que hacía eso y para su sorpresa él también.
Por absurdo que sonara lo suyo fue prácticamente por instinto, era como si sus cuerpos se reconocieran casi de inmediato en aquel club nocturno.
Mikasa se dio la vuelta sin separar la unión de sus sexos, clavó las uñas con fuerza en la ancha y fornida espalda de Levi, sintió como se incrustaban en la carne de su amante y éste gimió por el acto.
—Sí, así. —Murmuró junto a su boca.
—Ah... —Gritó Mikasa al sentir los dientes de él marcar uno de sus senos.
—Me encantan tus tetas, podría jugar con ellas eternamente, pero sabes qué es lo que más deseo, follártelas. —La muchacha se sintió ruborizar con la insinuación, él simplemente no tenía filtro para las cosas.
—Levi... —Susurró al verlo introducir su pezón derecho dentro de su boca, era una tortura deliciosa verlo hacer esas cosas, no era una inexperta, pero él hacía todo sin el más mínimo pudor.
Se sentía hermosa y deseada, hace mucho no se sentía de esa forma, Eren se encargó de que fuese así.
— Mikasa estoy cerca.
—Yo también. —Respondió ella casi de inmediato.
Lo apretó con sus piernas más fuerte si se podía, el sonido acuoso del choque de sus pelvis y los incontrolables gemidos de Mikasa inundaban la habitación, ni siquiera habían llegado a la cama cuando terminaron haciéndolo sobre el escritorio en la salita de estar.
Levi golpeó más profundamente, sus pechos ahora se pegaban entre sí, la dureza de los pectorales contrastando con la suavidad de sus senos. Ya casi se decía Mikasa.
Unos cuantos envites más y todo se fue a la mierda, el más devastador de los orgasmos la atravesó partiéndola en mil pedacitos. Vio estrellas de colores brillar al momento de cerrar sus párpados y gritar como una fiera el nombre de su amante.
Estaba exhausta, no supo a qué hora se quedó dormida, lo que sí sabía era lo mucho que deseaba seguir abrazada al cuerpo de Levi. Abrió los ojos y la abrumó la claridad que entraba por los ventanales, debían de pasar de las nueve, Sasha la iba a matar por aparecer a esas horas.
Observó al hombre bajo su cuerpo, estaba guapísimo cuando dormía, su rostro se relajaba y dejaba ese semblante duro que su lo supuso lo caracterizaba. La noche anterior no detalló del todo sus rasgos, ahora sí se deleitaba con la simetría de sus facciones.
Algo que le llamó la atención fueron las bolsas oscuras bajo sus ojos, si bien sabía era mucho mayor que ella aunque no lo aparentaba, esas marcas oscuras le daban ese aspecto intimidante cuando estaba despierto.
Se removió con cuidado no quería despertarlo, pero en ese momento sus cuerpos eran un amasijo de extremidades enredadas unas con otras.
—No pensarás largarte y dejarme asì tan temprano. —Dijo pegándola con fuerza a su recién despierto 'amiguito'.
¡Por Sina, Rose y María! ¿Es que ese hombre era insaciable?
—No podemos hacer lo que quieres, recuerda que se acabaron los preservativos. Y si no llego a mi casa mi padre me matará.
Ella hizo ademán de bajarse y terminó aprisionada bajo el cuerpo de Levi. Sus oscuros ojos de azules la observaban con atención. Esperando su próximo movimiento.
El hombre ya había notado que Mikasa no era del tipo de mujer que se dejaba dominar del todo, y aunque la noche anterior cedió ante cada uno de sus deseos, siempre hubo momentos en los que aquello parecía un rin de boxeo.
Nunca se había entendido tan bien en la cama con una mujer. El sexo siempre fue algo mecánico, pero ella, ¡Oh Dios! Mikasa se entregaba de una forma frenética y abrasadora.
—Si quieres te llevo a casa y evitas un problema con tu padre.
—Muy listo, ¿Y qué le dirás? "Hola soy Levi, y su hija no llegó a dormir porque la follé como un loco durante toda la noche".
—Oye, le tengo mucho aprecio a mis pelotas. Y creo que tú también. —Dijo besando superficialmente sus labios— No sería inteligente decir algo tan... directo.
Continuó besando su boca, esta vez con más ímpetu. Mikasa rodeó su cuello y enterró los dedos entre la espesura de su cabello.
Le encantaba la mocosa, ¿Cómo fue que terminó llevándola consigo la noche anterior? Su pene dio un respingo cuando lo sintió bañado de la extrema humedad que emanaba de ella. ¿Era así con todos? Diablos, necesitaba estar dentro de Mikasa, lástima que no tenía un maldito preservativo.
Los gastaron todos en una noche, cualquiera que los viera pensarían que estaban locos, pero fue algo que ninguno pudo evitar.
La mano de Mikasa se coló hasta su miembro, lo rodeó con su mano y comenzó a bombear arriba y abajo, lento y delicioso.
—Mikasa. —Gruñó al sentirla apretar más fuerte su virilidad.
Ella continuó besándolo, perdiéndose en el embriagante sabor de sus labios, con su mano lo guió hasta ese lugar que clamaba por sentirlo llenándola de nuevo.
—Mikasa, yo también quiero pero ya no tenemos condones.
—Yo tomo la píldora. No hay riesgo de un embarazo y si lo dices por alguna enfermedad, te informo que estoy limpia.
—¡Maldición! No me lo pones fácil mocosa.
—No... Solo hazlo Levi, desde anoche has deseado hacerlo.
Ella abrió aún más las piernas, jugó con él paseándolo por su caliente hendidura y su hinchado clítoris. Mikasa estaba lista, solo un simple movimiento y lo estaría bañando en sus jugos desde su interior, sin nada de por medio. Solo pensarlo podría hacer que acabara antes de tiempo.
Por Sina que lo estaba deseando.
La sensación del cuerpo de Mikasa abrirse para él al llenarla de toda su hombría le arrancó un ronco sonido gutural.
Toda la jodida noche se imaginó poseyéndola de esa manera, la pasión incontrolable e insaciable los llevó hasta allí y joder, era mucho mejor que antes.
La vio directamente a los ojos y entrelazó su mano con la de ella antes de besarla desesperado. Era como si una fuerza extraña se apoderase de su ser. Nunca había sido tan bueno.
Nunca antes disfrutó tanto de aquella danza milenaria en la que se entendían tan bien, sus cuerpos marcaban ellos mismos el ritmo, como si aquello no fuera nuevo para ellos, como si...
Mikasa terminó el beso y con su mano libre se cubrió la boca para acallar sus gemidos, comenzó a contraerse a su alrededor indicando que ya estaba cerca. Él no aguantaría mucho, aumentó considerablemente el ritmo de sus embestidas, mismo que ella no tardó en corresponder con una sincronía casi perfecta.
Ahí estaba de nuevo, ¿Cómo podía ser así?
Cambió el ángulo al penetrarla y con este golpeó un punto que la hizo clavarle las uñas en la espalda, el dolor de sentir sus uñas desgarrándole la carne era placentero.
Había tocado ese lugar que se había encargado de encontrar la primera vez que fueron uno.
—Maldita sea Mikasa, no resistiré tanto.
—No... lo... hagas... Vente conmigo... por favor. —Susurró antes de arquear su cuerpo y gritar el nombre de Levi por enésima vez dentro de aquella habitación.
Unas cuantas embestidas más y salió de ella para acabar sobre su vientre. Devoró sus labios por última vez antes de desplomarse sobre su cuerpo.
Sus respiraciones eran pausadas, eso había sido algo nuevo para él, y aunque no se lo dijera, también para ella.
Mikasa nunca las veces que estuvo con Eren o Jean fue tan irresponsable como para hacerlo sin una capa de látex de por medio. El primero siempre se quejaba, decía que era demasiado paranoica y que no pasaría nada, pero aún así nunca cedió.
¿Entoces por qué no le importó que un completo extraño al que solo la unen los momentos compartido la noche anterior la tomara sin protección?
Él se desplomó a su lado luego de normalizarse y la atrajo a su lado, la llenó de suaves caricias que derritieron a la joven. Quizás era eso, aunque no lo pareciera era demasiado cariñoso post coito. La hacía sentirse segura entre sus brazos.
Por más rudo que fuera durante el acto, las cinco veces que lo hicieron él terminaba arrullándola a su lado, incluso cuando creía que dormía lo descubría observándola y dibujando trazos sin sentido a lo largo de su espalda.
Después de un rato el teléfono de la habitación rompió el halo de intimidad que de había creado entre ellos.
Levi se levantó entre maldiciones porque estos de recepción eran tan molestos.
—Diga. —Respondió en tono gruñón, Mikasa no pudo evitar reír.
—Lo siento mucho señorita. —Dijo sin realmente sentirlo—. Es que mi novia y yo teníamos tiempo sin vernos y hemos aprovechado la noche. Trataremos de no ser tan ruidosos la próxima vez. .
Y colgó.
Mikasa estaba roja de la vergüenza, llamaban para quejarse de sus altos gemidos durante la noche y parte de la mañana.
—Vamos a bañarnos. —Le dijo tendiéndo una de sus manos para ayudarla a levantar.
—¿Le dijiste eso a la recepcionista? ¿Te has puesto a pensar en lo que dirá la mujer cuando me vea salir?
—¿Que eres una novia satisfecha? ¿Que hice un buen trabajo y serás la envidia de todas? —Dijo abrazándola posesivo por la cintura y enterrando su cara en su cuello.
—Maldito enano engreído. —Él rió dejando chocar su aliento en ese lugar tan sensible de su cuerpo.
—Mi estatura no ha sido un impedimento para tener tu aprobación. —Antes de separarse dejó un considerable chupete sobre su piel. Maldito fuera—. Basta de charlas y vamos al baño, no sabes la ganas que tengo de hacértelo en la ducha o en la bañera.
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Horas más tarde luego de estar desayunada, bañada y nuevamente vestida, ella supo que era momento de irse. No supo por qué la idea se le hacía ahora tan difícil. Un nudo se formó en su estómago.
Levi estaba concentrado en unos documentos que le habían llegado hace un rato de su trabajo y ella lo observaba desde el sofá. Se lo veía tan imponente, no imaginó que alguien mayor que ella llegara a interesarle. Y allí estaba él.
Era un deleite para los ojos verlo trabajar de forma tan meticulosa, sus movimientos fluían con naturalidad y era más que obvio el refinamiento detrás de ellos.
Lástima que aquello acababa allí. Antes de aceptar acompañarlo hasta su hotel solo puso una condición. Solo sus nombres, nada de apellidos, esa noche solo serían Levi y Mikasa.
Necesitaba sentirse diferente a como era, el dolor de saber sobre la inminente boda de Eren Jaeger —su eterno gran amor— la llevó a salir de su zona de confort y cometer la más grande de las locuras. Necesitaba olvidarlo maldita sea. Borrar de su piel el rastro de cada uno de sus traicioneros besos.
Y por sorprendente que pareciera, Levi la dejó hambrienta de más. Él apareció para efectivamente hacerla olvidar su estupidez con Jaeger.
Pero por más increíble que hubiese sido, la realidad la golpeaba de nuevo, ella no era esa muchacha salvaje y alocada que la noche anterior se habría ido con cualquiera. La verdadera Mikasa era una muchacha solitaria, taciturna que siempre estuvo enamorada sin ser correspondida, aunque su amado la utilizó a su antojo creando falsas esperanzas que se evaporaron cuando ayer en la tarde anunciaba su compromiso luego de un noviazgo de años con Annie Leonhart, su primer y único amor.
Su mejor amiga trató de consolarla, pero eso no sirvió de nada, huyó como una cobarde del lugar. Caminó sin rumbo hasta llegar al pequeño apartamento que compartía con Sasha. Ésta la esperaba con los brazos abiertos, listos para consolarla.
Pero Mikasa no lloró, ya no quedaban lágrimas que derramar. En vez de eso le pidió a Sasha que la acompañara a un club nocturno, necesitaba un trago y bailar hasta que el cuerpo no le diera más.
Sasha rió.
—Lo que necesitas es un hombre de verdad. Uno que te haga olvidar hasta tu propio nombre.
Mikasa sonrió incrédula, eso era imposible.
En la discoteca se dedicó a bailar como nunca antes lo había hecho, los mojitos que se había tomado tenían algo que ver en su desinhibición, esa noche fue Mikasa, una chica normal que le gustaba la fiesta y el baile. Fue la mujer que atrajo la atención de Levi cuando sus ojos conectaron por primera vez.
Él terminaba de llegar con un grupo de hombres trajeados como él. Se diferenciaba del resto no por ser el más pequeño de todos, sino porque era el único que no llevaba corbata y las mangas de su camisa remangada hasta la altura de los codos. También fue el único que quedó ensimismado en su baile improvisado en medio de la pista.
Uno de sus acompañantes, un rubio alto y fornido lo llamó, haciendo que volviera su atención a su grupo y rompiera la conexión de miradas que habían creado.
Cuando se cansó fue de nuevo hasta la barra por otro trago, no pudo evitar ponerse de espaldas a ésta y buscarlo con la mirada. Sasha le había dicho que buscara un hombre de verdad, se lo veía mucho mayor que ella, pero no importaba, tal vez y era eso lo que necesitaba.
Desvió su mirada para tomar el mojito que el barman le tendía y continuó su búsqueda. No tardó en encontrarlo, estaba en el área reservada, y sorpresa él también la miraba.
Le comentó a Sasha sobre el hombre que no dejaba de verla, la aludida sonrió ampliamente y enseguida lo buscó con la mirada.
—Está buenísimo Mikasa, perfecto para aliviar las penas. —Dijo en un tono sugerente.
—No es el rubio fortachón. Es el otro, el enano.
Sasha la miró con cara de ¿Estás de coña? Ella simplemente negó, no, no lo estaba. Desde el primer momento le pareció interesante. Ella tampoco era alguien tan común.
—Mikasa ¡Por Sina! Seguro eres más alta que él.
—¿Y eso qué?
—Pues que a lo mejor el tamaño es proporcional a su estatura. —Dijo ruborizándose en el acto. El alcohol no le hacía bien a ninguna.
—¡Tonterías! Pero a fin de cuentas lo que necesito es un hombre que me haga olvidar a Eren por un rato, no es como si importara si la tiene chiquita.
Sasha la miró incrédula ¿Qué había pasado con Mikasa ese día? Su amiga actuaba de forma diferente, como si ya no importara nada.
—No me mires así, me cansé de ser la estúpida de Eren. Hoy seré la Mikasa liberal que nunca he sido.
—Oye, lo del tipo lo dije a modo de broma, no creí que lo tomarías en serio. No cometas otra estupidez por querer castigar a Eren. Tú y yo sabemos que a pesar de todo siente algo por ti y saber que te metiste con otro lo afectará.
—No lo haré por él Sasha, lo haré por mí, quiero demostrarme a mí misma que hay vida después de Eren.
—Ojalá no te vuelvas a equivocar.
—Tranquila, no pienso hacerlo.
El resto fue historia. Se encontraron en el pasillo que conducía a los baños y terminó teniendo sexo con él allí mismo en el club.
Ninguno de los dos quedó satisfecho y él la invitó a su hotel. Follaron como conejos hasta la saciedad y habían cometido la estupidez de hacerlo sin condón no una, sino varias veces.
El sonido del teléfono la sacó de sus pensamientos, él la vio desde detrás del escritorio, parecía discutir con alguien, lo notó por sus gestos. Desde donde estaba no podía escuchar lo que decía, pero lo último, un contundente "Vete a la mierda", si logró oírlo perfectamente, luego el sonido del teléfono al ser lanzado sobre el escritorio.
No supo por qué pero algo la empujó hasta el sitio de trabajo de Levi, rodeó el mueble de madera que los separaba y comenzó a masajear la zona tensa de su espalda. Lo sintió relajarse bajo el tacto de sus manos.
Él tomó una de ellas y la atrajo hacia sí, obligándola a quedar sentada sobre su regazo. Mikasa rodeó su cuello con sus manos y le dio un beso lento y suave.
—Ya me tengo que ir.
—¿Y tu padre? —Mikasa sonrió.
—Mentí, no vivo con mi padre.
—¿Entonces con quién vives?
—Con una amiga. Debe estar preocupada luego de haberme ido sin avisar.
—Seguro también notó mi ausencia. —Dijo antes de volver a besar los carnosos labios—. ¿Entonces es el fin? —Murmuró junto a su boca.
—Eso creo...
—No sé si pueda aceptarlo.
—Tienes que hacerlo, somos adultos.
—No, esto tiene mucho más que simplemente ser adultos. Quiero volverte a ver.
—Sabes que eso conllevaría mezclarnos en la vida del otro. Y la condición fue...
—Solo nombres. Sin apellidos, sin pasado, solo el presente.
—Si lo tienes claro entonces por qué hacerlo más difícil.
—Porque no he tenido suficiente de ti.
La acomodó de tal forma que quedara a horcajadas encima de él. Bajó el cierre del vestido negro que usaba para exponer la redondez de sus pechos.
—Levi por favor... —Murmuró al sentir la calidez de su aliento sobre su erecto pezón.
Él lamió, mordió y succionó uno de sus senos y el otro lo torturó con su mano libre, la otra se dirigía un poco más al sur.
—Mikasa sé mi amante.
—Levi yo...
—No tenemos que mezclarnos con la vida del otro. Simplemente será cuando venga a esta ciudad, que es con mucha frecuencia. Siempre voy a estar aquí. —Susurraba por lo bajo junto a su oído, Mikasa se sentía vibrar con cada una de sus palabras.
Ella también quería más. Era bueno olvidarse de Eren y sucumbir a una pasión como la que Levi le ofrecía. Sexo sin compromiso y muy pero muy bueno.
Escuchó el sonido de la cremallera del pantalón cuando él liberó su necesitada erección.
Las manos de él subieron el vestido hasta enrollarlo en su cintura, dejándola totalmente expuesta.
—Lo siento, no debí romper tus bragas.
—A mí me gustó que lo hicieras.
No dejó que dijera nada más y la besó con pasión. En medio del beso la penetró de una sola estocada fuerte y certera que arrancó un ronco gemido en ambos.
—¿Siempre es así de bueno? —Murmuró él contra sus labios—. ¡Maldición Mikasa! Eres tan jodidamente estrecha.
Y volvieron a sucumbir a esa locura que los envolvía en la más pura lujuria.
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—Vuelve esta noche. —Le dijo al acercarla a él y robarle otro beso.
De todas las mujeres con las que había estado, era seguro que Mikasa era la que más había besado. Y todo eso en una noche.
—Levi...
—No deberías ni irte. Ya son las tres de la tarde, llama a tu amiga y dile que te regresas mañana.
—La idea es tentadora, pero no va a poder ser. Vas a dejarme sin caminar por un mes y para que sepas mañana comienzo a trabajar, así que quiero estar descansada. Quedarme contigo no es garantía de que pueda dormir en toda la noche.
—Entonces nos veremos en un mes. Mi avión a Múnich sale mañana a las doce.
—Me parece bien. Te esperaré con ansias. —Dijo antes de darle un último beso y la más deslumbrante de las sonrisas.
—No más que yo.
Mikasa salió de la habitación sonriente, hace mucho no se sentía así, parecía una colegiala.
Pero su felicidad no duró demasiado frente a ella estaba el motivo de sus problemas. La realidad chocó de bruces con ella.
—¿Mikasa? —La cara de Eren al verla salir de la habitación era de asombro—. La tomó con fuerza de la mano y la guió hacia el ascensor.
—¿Explícame qué mierda haces saliendo de esa suite?
—Suéltame. —Gritó zafándose del agarre del muchacho.
Levi escuchó los gritos, salió a ver lo que pasaba, pero el pasillo ya estaba completamente desierto.
—Me vas a decir qué coño hacías tú en esa habitación.
—No te debo ninguna explicación, lo que yo hiciera allí es mi problema y de nadie más.
—Crees que porque te fuiste de casa ya puedes comportarte como una ramera. Le diré a papá lo que andabas haciendo mientras él piensa que su niña está estudiando.
—Dile lo que quieras, ya soy una mujer independiente y por cruel que suene, Grisha no es mi padre y no le debo explicaciones.
—¿Así le pagas a la persona que te dio un techo y un hogar cuando tus padres murieron?
—Estoy agradecida con los Jaeger por su apoyo, y creo que Grisha sabrá comprender que ya no soy una niña, que tengo novio y por ende tengo una vida sexual activa. Nada que no sepas, Eren. —Terminó cruzándose de brazos y esperando a que el ascensor llegara al vestíbulo para perderlo de vista.
—Lo hiciste por lo de ayer ¿Cierto?
—¿Y a todas estas qué es lo que sabes tú?
—Porque estaba justo a su lado, porque escuché todo el alboroto que tú y quien quiera que fuera ese tipo armaron toda la noche. Nunca creí que fueras una...
La mano de Mikasa volteó la cara de Eren con el golpe en la mejilla que le dio. Era la primera vez que lo golpeaba, tan increíble fue su reacción que ambos quedaron shockeados ante el arrebato de la chica.
Las puertas se abrieron y ella salió casi a la carrera. No podía creer que acababa de golpear a Eren, su amor, la persona que siempre se prometió cuidar por encima de todo, ahora era quien lo lastimaba.
Pero al imaginar las palabras que saldrían de su boca, la inundó la rabia, él, precisamente él le reprochaba algo.
Eren solo la hizo creer que lo de ellos tenía un futuro cuando por otro lado hacía su vida con Annie. ¿Cómo no lo vio antes? Por ciega, creía que el motivo por el que Eren le pedía que mantener su relación en secreto eran los prejuicios de la sociedad.
Ellos eran vistos como hermanos, no de sangre, pero crecieron juntos. Era una aberración pensar en ellos en algo más allá del amor fraternal.
Él muchas veces insinuó que no quería que ella fuera señalada por todos, aunque muchas veces le respondió que no importaba contra qué o quiénes tuviera que luchar para defender su amor, amar no era un delito.
Todo calzó el día anterior. Él estudiaba en Berlín donde conoció y se relacionó con Annie Leonhart, la mujer que escogió como compañera de vida. Su novia nunca sospechó que la engañaba porque él iba a Hamburgo de visita familiar y por más que le pesara, ante los ojos de todos ellos eran hermanos.
Esa palabra lastimaba a Mikasa más que a nadie. ¿Por qué no aceptó irse con la tía Kuchel? Ahora no estaría atravesando esa incómoda situación. ¿Y todo por qué? Por no separarse de Eren, su salvador.
Caminó sin rumbo por horas, cuando por fin estuvo frente a su edificio sonrió de medio lado, Sasha la iba a matar.
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N/A: Resubiendo.
Los quiero.
