Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin pertenecen a la Llama, digo a Hajime Isayama, yo solo los uso para divertirme xD.


CAPÍTULO 1

Meses después:

Por fin era viernes, Mikasa se arreglaba con más esmero del normal para ir al trabajo. Tanto trajín tenía sus motivos, asistiría a una importante junta en el trabajo y la segunda razón —tal vez la más interesante para ella— que Levi llegaba a la ciudad y cuando terminara su jornada laboral se encontrarían de nuevo en el hotel donde comenzó toda aquella locura.

Había pasado mes y medio desde la última vez que se vieron, solo de imaginar su ansiado reencuentro hacía que su corazón latiera frenético y su cuerpo vibrara de expectación.

Todavía no podía creer que aceptara esa loca propuesta, ¿En dónde tenía la cabeza? Siendo honesta no pensaba con la cabeza sino con su libido insaciable, Levi la hacía explorar un lado de ella que hasta ahora tenía reprimido, con él no debía ser la misma Mikasa de siempre, esa chica fría y distante que todos creían era un témpano de hielo, a la que muchos temían y que hasta entonces solo había vivido por y para conseguir el afecto de Eren.

La desilusión amorosa a pesar de continuar clavada en su pecho, la estaba sabiendo sobrellevar, comenzar a alejarse de Eren era el primer paso para sanar su corazón roto, ahora más que nunca necesitaba tener la mente clara para que los 'asuntos del corazón' dejaran de pasarle factura en sus estudios y trabajo.

Después de lo de Annie y a pesar de haberse liado con Levi, ella se vio hundida en la miseria, para Mikasa era una tortura diaria tener que verlo en su lugar de trabajo, sí, para su mala suerte, Eren trabaja con ella.

Por fortuna éste tuvo que irse poco después para culminar los detalles de su tesis, al igual que Mikasa, el joven Jaeger pronto terminaría sus estudios superiores en administración, razón por la cual volvieron a distanciarse y ayudó a que ella pudiese afrontar mucho mejor la situación.

Levi, su amante —aún se le hacía extraño pensarlo y decirlo en voz alta— había jugado un papel importante en su vida, cuando estaba con él no se torturaba pensando en la inminente felicidad de Eren y esa tipa… sí, aún le dolía, pero ella era más fuerte que eso.

—Mikasa apúrate, vamos a llegar tarde. Hoy tenemos que conocer al directivo que llevará la gerencia temporal de la empresa. El señor Jaeger nos va a matar si le hacemos ese desaire a tan importante ejecutivo. En especial tú qué eres parte de la directiva.

—Sólo dame unos minutos ¿Sí? —Dijo tratando de ganar tiempo maquillándose a una velocidad increíble.

Su teléfono celular sonó y en la pantalla se mostró una foto de Levi durmiendo en la tan conocida cama de hotel. ¿Qué pensaría si se enterara que le gustaba hacerle fotos mientras dormía? Bueno, no era como si ella no supiera que Levi guardaba muy bien una foto de ella desnuda en su teléfono.

—Hola tú. —Saludó al aceptar la llamada—. ¿Qué tal tu día?

—De la mierda, el avión va con retraso así que llegaré un poco más tarde. ¿Y tú?

—A ver, hoy tengo una reunión de la que no puedo huir por más que quiera, y mucho trabajo por hacer para complacer al jefe nuevo.

—No suena muy divertido.

—Y no lo es. Espero poder terminar pronto para irme hasta el hotel. Te he echado de menos. —Dijo en tono más bajo para que Sasha no escuchara, sabía que cuando su teléfono sonaba con el tono que le tenía a Levi, ésta se pegaba a la puerta con tal de oír su conversación.

—Yo también. Sabes, no esperaba este retraso de último momento, así que es probable que mi junta demore más de lo previsto. Quizás nos podamos ver sobre las diecinueve o veinte horas, no lo sé. Tú eliges.

—Bien, te esperaré en la suite, trataré de llegar antes. Te tengo una sorpresa. —Dijo sonriendo hacia el espejo.

—Estoy ansioso por saber qué es...

—Todo a su debido tiempo. Ya me tengo que ir, suerte en tu reunión y que tengas un buen viaje. —Lanzó un beso al aparato y colgó.

Él la hacía sentir tan bien. Terminó de arreglar su vestido blanco, tomó su bolso y salió del baño.

—Estás colorada como un tomate. Seguro estaban teniendo sexo telefónico.

—¡Sasha! —Gritó la muchacha abochornada, cada vez que él llamaba salía con eso. Bueno, no era como si ya no lo hubieran hecho, incluso el día después de conocerse, cuando la llamó por primera vez luego de su despedida por la tarde, terminó tocándose mientras él susurraba todo lo que quería hacerle.

La vez que su amiga los escuchó quería morir de vergüenza, casi le tumba la puerta del baño gritando que era una ninfómana por andar haciéndolo en el baño a plena luz del día.

—No hacía nada de eso. Además, eso solo ocurrió una vez. —O al menos las siguientes fue más cuidadosa de que Sasha no escuchara.

—Viene hoy ¿Cierto? —Mikasa asintió—. Eso significa que esta noche no vienes.

—Mmmju. —musitó señalando el pequeño bolso que llevaba para pasar lo que restaba de la semana con Levi.

—¿Sabes que siento que estoy perdiendo a mi mejor amiga? No lo sé, cada vez te siento más lejos, cuando ese sujeto viene no hay más nombre en tu boca que el del tal Levi.

—No es cierto, estás exagerando.

—No, no lo hago. Tengo miedo que te lastimen de nuevo, créeme que me ha sido difícil contenerme cada vez que veo al idiota de Eren.

—Lo mío con Levi es diferente Sasha, es solo sexo. Ni siquiera sabemos nada del otro más allá de cosas superficiales. Para sufrir por él tendría que amarlo como hago con Eren.

—¿Y si ya lo amas y no te has dado cuenta?

—Es imposible, para amar a una persona debes conocerla, y lo mío con Levi está lejos de ser algo serio.

—Son amantes... Exclusivos, no veo nada más serio que eso.

Mikasa se quedó pensando en las palabras de su amiga, luego rechazó la idea, por más que doliera admitirlo ella aún amaba a Eren, Levi solo era un bálsamo para aliviar sus penas. Nada más.

Llegaron a las nueve menos cuarto al edificio de Gesellschaft Reederei Ackerman mbH, la empresa naviera de la que era copropietaria y de la cuál según el testamento de su padre debía tomar las riendas al cumplir los veintiséis años, ni un año más ni uno menos.

Hasta ahora su presencia en la empresa nunca había sido relevante, Grisha Jaeger, su padre adoptivo y el otro propietario del consorcio supo administrar muy bien su parte.

Cuando sus padres murieron en el naufragio de una de sus embarcaciones, Mikasa tenía diez años y se encontraba pasando unos días en la casa de campo de los Jaeger.

Luego de todo lo que significó el funeral, protección de menores le dio la opción de elegir con quién ir a vivir. Su padre, Kevin Ackerman, provenía de una acaudalada familia, con un linaje que se extendía por distintas ciudades de Alemania.

Ellos se contactaron luego del lamentable suceso con los familiares más cercanos a su padre, entre ellos figuraba la famosa tía, Kuchel Ackerman.

Nunca la conoció, pero sabía que su padre le tenía un gran aprecio, nunca faltaba momento en que no la mencionara. Para Kevin, Kuchel era en gran parte la razón tras el éxito que tuvo al emprender el proyecto de la naviera, sino fuera por ella, y la confianza de Grisha para aportar algo de capital al loco proyecto de su amigo, esa empresa nunca hubiera existido.

Mikasa al momento de escuchar que sería enviada lejos de todo lo que conocía, se negó rotundamente. Ella no conocía a ninguna Kuchel Ackerman, no conocía a ningún otro Ackerman, se sintió perdida.

Por suerte Eren convenció a su padre de que no dejara que se la llevaran, ya había perdido a sus progenitores, no podía permitir que le quitaran lo único que le quedaba, y esa era la familia Jaeger.

Al arreglar todo el trámite legal se dio paso a la lectura del testamento de Kevin y sus condiciones para velar por el bienestar de Mikasa. Su padre era un hombre muy precavido, demasiado diría Mikasa, pero al parecer era un rasgo característico en esa familia a la que no llegó a conocer.

Ella como única hija de Kevin, era por ley la heredera universal de las propiedades a nombre de su padre, así como de un cuarenta y cinco por ciento de las acciones de la naviera, lo que la convertía en la accionista mayoritaria de la sociedad, seguida de Grisha Jaeger con un veinticinco y el resto de acciones se dividía entre pequeños socios.

Pero hasta ese momento Mikasa desconocía por completo que la empresa que su padre levantó con tanto esfuerzo estaba ligada al Ackerman Unternehmensgruppe, una corporación que se encargaba de gestionar pequeñas, medianas y grandes empresas pertenecientes al linaje Ackerman.

Mikasa nunca fue consciente del poder que su familia paterna poseía hasta que estos se inmiscuyeron con sus intereses, tomando el control dentro de la naviera, evitando que Grisha, como segundo accionista mayoritario, asumiera la presidencia.

Era una niña y obvio que no estaba informada de nada al respecto, pero, contando con lo meticuloso que era su padre, bien pudo decirle algo como: "Sabes hija, en caso de que me ocurra algo, los Ackerman podrán quitarte todo derecho que tengas sobre tu herencia hasta que tengas veintiséis años y hayas cumplido con la cláusula que dejé en mi testamento."

Por ese pequeño detalle que Kevin nunca mencionó a su socio o a su hija, Mikasa no figuraría dentro de la junta directiva de la empresa hasta los veintiséis. Por suerte no pudieron quitar todo el poder sobre sus acciones, porque al cumplir los dieciocho tuvo la oportunidad de elegir a quien delegar el poder para controlar su parte de la sociedad, obviamente terminó escogiendo al doctor Jaeger para ello, no confiaba en nadie más para que tomara las decisiones en su nombre, y Grisha, lejos de ser un experto como su padre en todo el negocio naviero, logró manejar bien el asunto, aunque claro, siempre bajo la atenta mirada del espía en turno enviado por los Ackerman.

Faltaban seis años para cumplir con el plazo de su padre, ¡Seis! Muchas veces estuvo tentada de mandar todo al traste, ella no se veía capaz de vivir bajo las órdenes de nadie, mucho menos de una bola de desconocidos que la excluyeron de su propio negocio. ¿Era justo ser casi la dueña y trabajar en el área de copiado? Porque era allí donde trabajaba.

Grisha le dio una noticia con la que no sabía si reír o llorar de lo absurdo que era. Según su padre adoptivo, tendría el honor de trabajar junto al hijo de Kuchel Ackerman, uno de los mejores elementos del grupo empresarial, un hombre brillante, con la astucia de un depredador, un lince para negocios, en pocas palabras, el tipo era un fuera de serie, del que debía aprender todo lo que pudiera para usarlo en un futuro a su favor.

"Si quieres ser la mejor, tienes que aprender del mejor." Le dijo antes de terminar aquella charla.

No conocía al tipo y ya le caía de la patada. Seguro era el típico sujeto que le encantaba que le hicieran la pelota. Se lo debía tener muy creído, pues el impresentable rechazó realizar el nombramiento después la jubilación del antiguo presidente de la naviera, también elegido por los Ackerman.

Lo que sabía de él era que, pertenecían a la misma familia, según Grisha era su primo segundo, hijo de la tan nombrada tía Kuchel, la misma que su padre idolatraba y con la que estuvo a punto de vivir luego de la muerte de éste.

El tipo rondaba los cuarenta años, era un hijo de puta con sus empleados, y se cargaba un genio de los mil demonios cuando alguien no hacía las cosas como él quería… o eso era lo que decían los chismes de pasillo sobre el misterioso espécimen, quien a pesar de tratar otros negocios en Hamburgo, nunca se le vio la cara por esos lares.

Seguramente se creía superior y veía el negocio que le heredó su padre como algo insignificante en comparación a los otros que manejaba en el grupo Ackerman, así que no era prioridad dentro de su ocupada agenda pero, ya la conocería y con ello, todo lo que significa esa empresa para ella y sus trabajadores. Pondría a ese tipo en su sitio, o dejaba de llamarse Mikasa Ackerman.


—Sí, ¿Diga? Ah señor Jaeger, pido disculpas por mi demora, el vuelo desde Múnich se retrasó, pero por suerte ya he llegado a Hamburgo. Justo estoy retirando mi equipaje. Saliendo del aeropuerto me dirijo hasta la naviera.

—Me alegra saber que ya está en Hamburgo, algo supimos de lo ocurrido con su vuelo y hemos corrido la hora de la junta para que no sufra contratiempos.

—Bien, espero que todo esté listo cuando llegue, sabe lo maniático que soy con el tiempo y esto ha descontrolado mi agenda por completo.

—Tranquilo, trataremos que todo se haga a la hora establecida, suficiente hemos tenido con el imprevisto en el aeropuerto. —Levi rodó los ojos ante tal mención.

—Ni que lo diga, debí tomar un vuelo privado, créame que lo tendré en cuenta la próxima vez.

—Me parece perfecto, pero la próxima vez que venga a Hamburgo será para quedarse a vivir durante los próximos seis años.

—Sí, lo sé. Solo espero que esta vez sí pueda conocer a mi escurridiza prima, ya sabe, la pequeña Ackerman tiene que ir poniéndose al día con sus deberes, no siempre tendrá que depender de nosotros.

—En efecto, ella estará presente. También está ansiosa por conocerlo. Sabe, le he dicho lo que me sugirió en su visita pasada y creo que lo ha tomado con la madurez que lo amerita. Miki estará feliz de aprender todo lo necesario de alguien como usted. No veo mejor maestro para ella.

—Lo que aun no entiendo es por qué no figura en el folleto que me enviaron con motivo de la junta, el único Ackerman que aparece en la lista de asistentes soy yo.

—Bueno Levi, verá, el testamento de Kevin es claro y conciso al respecto, Mikasa es la dueña legítima de todo, pero sin la aprobación del consejo del grupo Ackerman, ella no puede hacer uso de sus acciones hasta que tenga veintiséis, faltan seis años para eso y usted mejor que nadie sabe el porqué de esa cláusula.

—Sí, lo sé. —Dijo firmando el vale para retirar su coche de alquiler—. Espere un segundo, ¿Dijo Mikasa? ¿Qué clase de nombre es ese?

Grisha rió del otro lado de la línea, pero Levi estaba lejos de acompañarlo, en su lugar, el ceño sobre su frente se acentuó aún más. Su prima Mikasa no podía ser su Mikasa ¿Verdad? Mikasa era un nombre común en Alemania ¿Cierto?

—Sí, es que su madre era japonesa, por eso su nombre tan peculiar. Su prima no es alemana del todo, sí tiene rasgos característicos Ackerman, pero cuando se conozcan podrá también ver sus raíces orientales. Es una chica preciosa, aunque con un carácter de cuidado, pero todos sabemos que eso es de familia. A Kevin le habría gustado que se llevaran bien. —Finalizó en broma.

A Levi se le cayó el alma al piso. ¡Mierda! No podía ser una coincidencia que la descripción de su prima fuera exactamente igual a la de su amante.

Okey, necesitaba tiempo para pensar y un montón de cosas se galopaban en su mente, si sus sospechas eran ciertas no podía aparecer así de repente.

¿Qué pensaría Mikasa si lo ve llegar y presentarse como su primo? Si él mismo se hallaba anonadado ante tal situación no quería imaginar cómo lo tomaría ella. Su ensimismamiento fue tan evidente que Grisha Jaeger comenzó a llamarlo.

—Hey Levi ¿Sigue allí?

—Sí, señor Jaeger, es que, surgió un imprevisto. —Dijo dubitativo.

—¿Cómo?

—Otro de mis socios aquí en Hamburgo, es algo que requiere mi atención inmediata, por favor haga que cancelen la junta de hoy, pida disculpas en mi nombre a los demás accionistas. Reprogramen la cita para el lunes en la mañana. Lo siento, tengo que colgar.

¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¿Qué coño había hecho? Acababa de evitar la incómoda situación de encontrarse en la empresa, pero eso no quitaba que todos esos meses se había estado acostando con su prima. ¡Joder! Necesitaba hablar cuanto antes con ella.

Todo se había ido al demonio, este sería el escándalo del siglo si se llegaba a saber. Y su madre… No, Kenny. El maldito tendría las armas necesarias para aniquilarlo si se enteraba.

Debía cortar el problema de raíz, y cuanto antes lo hiciera mucho mejor. Tomó su teléfono celular y digitó el número que ya se sabía de memoria, al tercer tono escuchó esa voz familiar junto a su oído.

—¿Sucede algo? Estoy en el trabajo. —Contestó en tono bajo y neutro, parecía como si contuviera su ira. Seguramente él era motivo de la misma.

—Necesito verte, si es posible ya mismo. Acabo de llegar y voy camino al hotel. Es importante Mikasa. —Sintió un nudo al pronunciar las sílabas de su nombre.

—Está bien, trataré de salir pronto. Nos vemos allá.

Levi colgó y lanzó una patada al cesto de la basura. Esa mierda no le podía estar pasando a él.

Abrió el coche, metió sus cosas a la carrera sin el menor de los cuidados y sin perder más tiempo emprendió la marcha hasta el hotel, el mismo donde se hospeda siempre que viaja a Hamburgo.


Le pareció extraño el comportamiento de Levi, él simplemente obvió que ella estaba en su área de trabajo y le ordenó que fuera con él inmediatamente. Había un cambio considerable entre el Levi al que estaba acostumbrada y este nuevo sujeto que casi le gritó por teléfono.

Sintió un nudo en la garganta, fuera lo que fuera tenía que ser muy serio para que él se comportara así.

Tomó su bolso, las llaves de su auto y sin avisar a nadie salió de prisa del lugar. De camino al ascensor Sasha la vio marchase.

—¿Qué ocurre Miki? —Preguntó la chica al ver el desconcierto dibujado en el rostro de su amiga y compañera de piso.

—Es Levi, dice que quiere verme con urgencia.

—¿No dijo nada más? Sabes perfectamente que no puedes abandonar tu puesto así como así.

—Pero esto sonó importante, Sasha yo…

—Ve, no sé por qué tengo un mal presentimiento de todo esto. Espero equivocarme.

—Gracias Sasha, prometo cubrirte la próxima vez.

Salió por el elevador privado que correspondía a los altos ejecutivos, aún no era la jefa oficial, pero Grisha le concedió ciertos privilegios.

Vio su teléfono celular, ¿Qué pasaba con Levi? ¿Por qué le hablaba como si estuviera enojado con ella? No supo porqué su pecho se oprimió al imaginar que ese sería el fin de todo. ¿Y si esa era la razón de su actitud cortante?

Bueno, si era así ¿A ella qué le importaba eso? No era como si sintiera algo más allá que atracción física hacia él.

Fue hasta su auto, colocó su bolsa en el asiento del copiloto y puso marcha en dirección al East. Durante el camino se mentalizó una cosa, no dejarse intimidar, lo poco que sabía de Levi era que a él le gustaba jugar rudo, pues con ella se equivocaba si creía que la podía pisotear.

Llegó a la habitación y le fue imposible no rememorar cada uno de los lugares donde estuvo con ella, siempre reservaba la misma habitación, allí estaban grabadas a fuego cada una de las veces en que la hizo suya.

Eran primos y aunque debería sentir asco y aberración por haberse acostado con alguien con quien compartía un lazo sanguíneo, la verdad era que su sangre ardía como lava líquida solo con pensar en ella, en su entrega, su pasión.

¿Qué diría su madre si llegaba a enterarse de su desliz?

Pensar en Kuchel era lo que más inquietaba a Levi. Ella antes de partir le hizo prometer que a cualquier precio tenía que cuidar de la hija de su querido Kevin. Su madre no conocía a Mikasa, la mocosa nunca tuvo un rostro o un nombre para su madre o cualquier Ackerman, para todos era como una presencia omnisciente de la que tenían que cuidarse las espaldas llegado el momento.

Que la más joven de los Ackerman le diera la espalda a la familia siendo apenas una niña, hablaba de los problemas que causaría en un futuro no muy lejano. Era una clara muestra de rebeldía muy mal vista por el clan, incluido él.

La única que parecía estar al pendiente de su bienestar era Kuchel, por eso al saber que Kenny lo escogió para hacerle de niñero, ésta no pudo estar más que feliz.

«Cuida de tu pequeña prima, hazlo por mí, por favor. Está sola, no tiene a nadie más que a nosotros. Esta es una deuda que tengo con tu primo Kevin, no me decepciones».

Y vaya que la había cuidado. Tratándola como a su puta, usándola para cumplir todas sus fantasías más bajas. Sí, si su madre se enteraba de su peculiar método para cuidar de su prima lo colgaría de las pelotas.

Fue hasta el mini bar por un trago, ahora más que nunca necesitaba uno para calmar esa ansiedad. ¿Cómo reaccionaría cuando la viera?

Tomó de un solo golpe el contenido ambarino de su vaso, el caliente líquido se extendió a lo largo de su garganta hasta dejar esa sensación de ardor en ella. Perdió la cuenta de las veces que repitió la acción, solo se sentía desolado.

Vaya mierda estaba hecha la vida. Tenía tantos planes con Mikasa ahora que se mudaría a Hamburgo. Estaba dispuesto a pedirle más que unas simples horas de placer compartido, cada vez era más persistente ese deseo de tener todo de ella.

¿Acaso se estaba convirtiendo en un dependiente?

Escuchó la puerta de la habitación abrirse y luego de unos segundos de lo que creyó indecisión el sonido de ésta cerrándose. Enfocó la mirada y allí estaba ella, apoyada en la puerta dándose valor para algo.

Levi se acercó tambaleante, por lo visto atiborrarse de alcohol sin haber probado bocado le estaba pasando factura. Era un completo imbécil por ponerse a beber a esas horas, pero lo necesitaba, maldita sea.

Se detuvo cuando estuvo a más de un par de metros de distancia de ella, se la veía nerviosa, ¿Estaba así por su repentina llamada? ¿Qué pasaba por su cabeza? Hizo un repaso mental y notó que no había sido la persona más amable del mundo cuando la llamó. Era motivo suficiente para que estuviese así.

Pellizcó el puente de su nariz, últimamente no hacía más que cagarla en grande. Se dio valor y por primera vez la vio a los ojos, a pesar de su seriedad pudo notar las preguntas que en su mente aguardaban por ser dichas y sus respectivas respuestas.

¿Por dónde comenzar? Era la pregunta del millón.

Ella caminó cautelosamente hasta él, estaba ebrio pero aun así sus ojos no pudieron evitar recorrer cada una de las curvas de su cuerpo, el maldito vestido dejaba poco a la imaginación. Hacía mucho que no se ponía un vestido y estaba seguro lo había hecho para él.

A medida que se acercaba, el pulso en su cuello comenzó a latir más rápido, solo con su cercanía era capaz de lograr cosas que ninguna otra mujer hizo antes en su vida. Estando frente a frente no hallaba cómo explicarle que todo lo de ellos estaba mal, que por un maldito caso de azar ellos estaban cometiendo un pecado, y no porque fuera religioso, aquello era lo de menos, lo que le preocupaba era la reacción de su madre, la familia, ni qué decir de la sociedad, la gente de su podrido círculo social es muy mordaz a la hora de juzgar, y sin duda lastimarían a alguien tan joven como Mikasa.

La respiración de ella era pausada, su pecho subía y bajaba con cada bocanada de aire que tomaba, sus labios entreabiertos pedían a gritos ser besados y el dilema de Levi más se acentuaba.

¿Qué coño estaba pagando al recibir semejante tortura? ¿Ese era el precio que debía pagar por su prepotencia?

—Mikasa… —Susurró al nuevamente ser consciente de dónde estaban.

Su brazo rodeó la cintura de la muchacha y sus frentes chocaron en consecuencia, la joven no entendió su actitud, se sintió confundida, se preparó para confrontarlo en caso de que fuera a terminarla.

Los labios de ella apenas rozaron los suyos y ese familiar cosquilleo nuevamente se hizo presente en sus entrañas. Hacía unas horas estando sobrio se dijo a sí mismo que era lo mejor acabar con todo eso, tenía una reputación que mantener y no estaba para poner su nombre en entredicho, en especial con su tío Kenny.

Pero el alcohol ingerido hizo estragos en él, porque en vez de alejar a Mikasa, en ese momento devoraba su boca como si su vida se fuera en ello. Al sentir las suaves manos rodearlo del cuello la alzó en vilo y la obligó a rodearlo con las piernas.

¿Por qué se sentía tan bien hacer algo que debería estar prohibido?

—Levi… —Escuchar su nombre en sus labios era aún más embriagante, maldita fuera, ¿Por qué podía hacerle eso en cuestión de segundos?

Las manos de él se aferraron con fuerza a la carne de sus caderas, actuaba como un maldito enfermo, un desesperado infeliz que necesitaba con urgencia sentir el calor de su cuerpo recibirlo como las veces anteriores.

Una última vez, se decía y repetía para tratar de convencerse, una última vez entre sus brazos sería suficiente, ese mes y medio se le había hecho eterno y tenerla allí se lo confirmaba.

La cremallera del vestido bajó lentamente por su temblorosa mano, estaba nervioso porque a diferencia de ella sabía que lo que hacía no era correcto.

Mikasa se bajó de su cuerpo, sonrió de forma seductora y se alejó solo un poco para sacarse el vestido por completo.

¡Virgen del amor hermoso!

¿Es que acaso lo quería matar?

Si hubiera estado desnuda debajo del vestido, la impresión no habría sido tan grande. Sus pechos estaban atrapados en aquel casi transparente corpiño que los levantaba de tal forma que parecían pedir a gritos ser liberados de su prisión.

Levi tragó grueso, la visión de su niña envuelta en el más fino encaje le provocó una inminente erección dentro de los pantalones.

¡Joder era su primita!

La pequeña Ackerman.

No, no era pequeña le respondió su subconsciente, no era una niña y él mejor que nadie lo sabía. Si había un error allí, era su parentesco, nada más. Pero ni esa verdad le quitaba las ganas de arrancarle el corpiño y las bragas de un tirón...

—Sé lo que quieres hacer. —Dijo ella abrazada a su cuello—. Vamos, hazlo. —Lo alentó volviendo a unir sus bocas.

Hizo caso a sus instintos, tomó las bragas de cada lado y dio un fuerte tirón arrancándolas en un limpio y certero movimiento. Llevó el trozo de tela hasta su rostro e inhaló el embriagante olor de su cuerpo.

—Eres un pervertido. —Murmuró Mikasa junto a su oído, no sabía cuán cierto era ese calificativo. Ahora en vez de estar asqueado su deseo creció más que nunca. La sola idea de cogérsela sabiendo que por sus venas también corría su sangre, hicieron que su miembro diera un respingo en anticipación, la reacción de su cuerpo lo hizo sentir un enfermo.

Metió el trozo de encaje roto en uno de sus bolsillos y tiró de ella hasta la cama, la lanzó de espaldas al colchón y sin esperar se lanzó sobre sus pechos, bajó la tela que apenas los cubría y se deleitó en la forma como se desparramaban hacia afuera. Los ojos de Levi la miraban como un depredador, la intimidó tanto que la hizo querer cubrirse.

—No, quiero verte. —Ordenó con voz ronca—. Tócate para mí.

Mikasa lo miró sorprendida, era la primera vez que le pedía algo así, siempre prefirió ser él quien le diera placer, ahora quería verla en todo su esplendor.


No era una broma, Levi le estaba pidiendo que se masturbara para él, ¡Oh por Dios! Este era un nuevo nivel de intimidad, un poco dubitativa su mano vagó por su cuello siguiendo el camino en dirección a sus pechos, ¿Tendría algo que ver con su estado de embriaguez? Aun sentía en sus labios el sabor del licor.

Apretó uno de sus pechos y jugueteó un poco con el pezón, hacerlo ella misma no se sentía igual que cuando lo hacía él, pero tener esos fríos ojos azul cobalto clavados en ella la hicieron calentar y querer continuar, últimamente vivía para complacerlo de las formas en que fueran posibles, y esa no sería la excepción.

La otra mano bajó más hacia el sur, acarició con parsimonia su bajo vientre a medida que buscaba llegar a su monte venus, uno de sus dedos vagó por la hendidura donde comenzaba a abrirse, la humedad entre sus pliegues era más que notoria, lo vio relamerse los labios e imágenes de él besándola en ese lugar la encendieron más.

Extendió su humedad hasta su clítoris donde comenzó con un ritmo lento, él asentía al verla como incrementaba o disminuía la fuerza en la fricción, a la par jugaba con sus pezones, era increíble verlo disfrutando con el espectáculo.

Pequeños espasmos comenzaban a recorrerla, su mano ya iba prácticamente sola en busca de la ansiada liberación, quería regalarle su más íntima forma de satisfacción.

Mordió su labio para acallar un gemido que amenazaba con salir, volvió a clavar su vista en Levi y verlo acariciando su miembro por fuera de sus pantalones fue todo lo necesario para dejarse ir.

Sintió cuando él en medio de su culmen la volteó dejándola de cara a la cama y la penetró con fuerza desde atrás. Un sonoro gemido escapó de ella, era tan bueno cuando la tomaba así, apoyó las manos en la almohada y alzó aún más su trasero, sentir el choque de sus testículos contra sus muslos y la unión acuosa de sus sexos al entrar y salir de ella no tenía comparación.

Los pequeños espasmos de antes se intensificaban con cada estocada formando en su vientre otro estallido de placer, Levi gruñía cada vez más alto, estaba cerca, éste sería rápido, pero ni ella misma era capaz de aguantar mucho tiempo más.

Como siempre que sucedía con él, alcanzó el orgasmo gritando su nombre sin reparo alguno, ya luego llegarían las quejas de los vecinos de habitación, pero mientras, ellos seguían inmersos en su burbuja de placer.

Comenzaba a preguntarse por qué era siempre tan bueno, no creía que algo así pudiera ser real.

Levi cayó exhausto en la cama, aún dentro de ella, de donde se chorreaba la prueba de su recién liberada pasión. Rodeó su cintura desde atrás y la pegó a él. Una de sus manos se entrelazó a la suya en uno de esos momentos post coito que ya tanto le conocía.

Eran cosas naturales de Levi, él simplemente lo hacía sin notarlo y eso a Mikasa es una de las cosas que más placenteras le resultan. Allí las palabras de Sasha hicieron eco en ella, ¿y si era cierto que sentía algo más intenso que la obvia atracción carnal que comparten?

Salió de ella y le arrancó un pequeño quejido, a Mikasa le gustaba estar más tiempo así, unidos como uno solo.

—¿Qué sucede? —Preguntó al verlo levantarse y acomodar su miembro nuevamente dentro de sus pantalones, él ni siquiera se tomó la molestia de desvestirse.

Lo vio desorientado, como si acabara de hacer algo que no debía. La vio con culpabilidad en los ojos, algo pasaba y no quería decirle, Mikasa sintió un frío cubrir su cuerpo, el momento de pasión había quedado atrás.

—Mikasa yo no debí…—Se llevó las manos a la cabeza, parecía un maníaco.

—¡No debiste qué Levi? Habla de una puta vez.

—Tú y yo, no debemos hacer esto.

—¿Por qué? ¿Es que me quieres dejar? Si es eso dilo de una buena vez, pero déjate de rodeos ¡Maldición!

—¡Joder! Tenía que cuidarte no tratarte como a una puta.

—¿Qué? ¿Me ves como eso? ¿Una puta? ¿Eso es lo que soy para ti?

—No, joder, no.

—¿Entonces qué soy para que te pongas así?

—Una Ackerman. —Gritó histérico y lanzando la puerta que conectaba el dormitorio con la sala de la suite.

Mikasa quedó fría al saber que él conocía su apellido pero, ¿Cómo?

Se acomodó el corpiño y tomó una sábana para cubrirse el cuerpo, ahora en ese estado se sentía vulnerable. Salió tras él y lo encontró sentado en el sofá en una pose pensativa.

—¿Cómo sabes que soy una Ackerman? Se supone que ninguno de los dos debe saber nada del otro. ¿Me investigaste? ¿Dime?

—No, maldita sea, no. Lo descubrí hoy.

—¿Y qué tiene que ver mi apellido para que te comportes como un loco?

—En que tu jodido apellido es el mismo mío. En que hoy cuando iba de camino a la naviera de mi primo Kevin descubrí que la mujer con la que me he estado acostando todos estos meses es la misma que mi madre me pidió proteger.

Mikasa quedó en shock al escuchar la retahíla de palabras soltadas por Levi, no podía ser cierto. Su cerebro comenzó a girar engranajes y a hacer clic con cada pieza que calzaba en su lugar.

Él hizo ademán de acercarse, pero ella fue más rápida al retroceder y corrió directo a encerrarse en el baño. Levi no era el tal prodigio Ackerman ¿Cierto? Era una broma, él no podía ser el hijo de la tía Kuchel.

Ella no pudo haberse acostado con su familiar, no cometió el mismo error que con su hermano. Levi mentía, tenía que estar mintiendo. Y aun así él…

Unas arcadas horribles se apoderaron de Mikasa que tuvo que correr directo al excusado. Unos golpes secos sonaron en la puerta cuando comenzó a vomitar sin parar. Se sentía asqueada, sucia. Ellos no habían sido capaces…

Sí, sí lo fueron, le dijo la imagen que le devolvió el espejo en la pared, también la huella del semen de Levi aún fresco mezclado con la de su orgasmo, escurriéndose como lava por sus piernas.

Las arcadas se intensificaron más y los gritos en la puerta desde el otro lado de la habitación cobraron fuerza, implorando entrar.


Lis :)