Disclaimer: Los personajes de SnK le pertenecen a la llama, blablablá... ya todos lo saben ¿No?
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CAPÍTULO 2
Levi permanecía junto a la puerta llamándola y pidiendo que le abriera. Ya pasaron horas desde que se encerró y hace más de media que no escuchaba ningún ruido provenir de allí.
—Mikasa, por favor. —Suplicó, estaba exhausto, el licor en su sangre tampoco ayudaba.
—Vete, déjame sola. —La escuchó decir en un tono muy bajo. Supuso que estaba recostada en la puerta.
—No lo haré hasta que sepa que estás bien. Hasta después que hablemos.
—No me hagas esto más difícil.
—No nos lo hagas más difícil tú. —Apoyó la frente en la puerta—. Sal y enfrentemos esto de una vez.
Escuchó como quitaba el seguro del pestillo, se alejó unos pasos y la vio salir envuelta en un albornoz que era dos tallas más grande que ella. Lucía terrible, era obvio que estuvo llorando todo ese rato, el rastro de rímel negro fungía como prueba de ello.
—Bien, ¿Por dónde empezamos? —Dijo con la voz más fría que le ha escuchado hasta ahora.
Levi la recorrió con la mirada, ella al notarlo hizo más fuerte el amarre del cinturón, como que verla fuera motivo para sentir vergüenza. Estaba seguro que ningún otro hombre conocía los rincones de su cuerpo como él. Lo conocía tan bien que podría dibujar un mapa sobre él con sus besos.
¿Qué tenía Mikasa que lo hacía querer mandar al diablo todo?
Ahora lo trataba como si de un extraño se tratara, como si no fuera el hombre que tantas veces la estremeció de pasión. Ahora eran un par de desconocidos a los que unía un maldito lazo de sangre.
—¿Por qué no paraste si ya sabías la verdad? —Preguntó ella sacándolo de su ensimismamiento—. ¿Por qué seguiste cometiendo esta aberrante equivocación? —Soltó con veneno.
—Para mí no es ninguna aberración. —Respondió con su característica calma.
Caminó hacia ella haciendo que retrocediera varios pasos hasta tenerla acorralada contra la pared.
—¿Qué haces? —Preguntó con la voz temblorosa al verse atrapada entre la pared y los fuertes brazos de Levi.
—Demostrarte mi punto. El tiempo que estuviste encerrada me sirvió para pensar. —El aliento de Levi chocó contra el rostro de Mikasa.
—Aléjate, por favor. —Su voz salió como un susurro.
—No... No hasta que me escuches todo lo que tengo que decir. —Con la punta de su nariz acarició el cuello de Mikasa.
—Basta Levi, esto no es un juego.
—No Mikasa, claro que no lo es, nunca estuve más seguro de algo en mi vida como de esto.
—¿Y qué es?
—Lo hecho está hecho. No hay vuelta atrás para nosotros. ¿Por qué cambiar ahora?
—Porque somos familia, maldita sea. ¿Qué más razón suficiente que esa?
—Pero esa simple observación no fue suficiente para contenerme. Esa simple razón no evita que tu cuerpo reaccione a mi cercanía, porque sí Mikasa, tu mente dirá una cosa, pero estoy seguro que en este momento tu cuerpo grita otra muy distinta.
—¡Esto es enfermo! —Gritó al borde de las lágrimas—. Tú no sabes lo que pasa por mi mente en estos momentos. Tú no tienes la menor idea de lo que pienso porque simplemente somos un par de extraños. Unos que cometieron un error imperdonable.
Levi la abrazó al ver las primeras lágrimas caer por sus mejillas. La sintió temblar bajo su tacto.
—No me toques, por favor. —Susurró junto a su oído.
—¿Qué pretendes entonces? —Preguntó luego de soltarla.
—Acabar con esto. —Respondió casi de inmediato—. Que hagamos como si esto nunca pasó, y que... —Las lágrimas de Mikasa continuaron cayendo sin parar—. Mantengamos la relación fraternal que se espera de nosotros.
Levi abrió desmesuradamente los ojos, ¿Esa era la estupidez en la que había estado pensando?
—Estás de coña. —Resopló incrédulo.
—No... nunca hablé más en serio. —Dijo serena, soltándose del agarre de Levi y tomando asiento en el sofá. Él la acompañó y se sentó justo frente a ella.
—No podemos ser simples conocidos después de todo lo que hemos vivido.
—Sí podemos. Y es lo que haremos Levi Ackerman.
—Dime solo Levi.
—Eres un Ackerman después de todo...
—Lo soy, pero no me gusta la forma mordaz en que lo dices, me hace sentir...
—¿Sucio? —Sugirió con seriedad.
—No.
—Pues a mí sí. En estos momentos haces que me aborrezca solo pensar en todo lo que hicimos. ¿POR QUÉ NUNCA TE VI? ¡MALDITA SEA! Si solo no hubieras eludido tus responsabilidades con la naviera, tal vez nos hubiésemos conocido antes de todo este desastre y yo no me sentiría como lo hago.
—Porque yo no tenía que ver con nada de lo que implicara los negocios de Kevin Ackerman, tu padre, si tuve algún trato con él fue cuando apenas era un niño y él buscaba la forma de iniciar su propio negocio.
—¿Conociste a mi padre durante su juventud? —Preguntó ella desviando la atención del tema principal. Levi vio en un brillo diferente en sus ojos, de expectación por conocer más sobre el pasado de su progenitor.
—Sí, desde que nací. Él y mi madre siempre fueron muy unidos, era mi primo mayor y quién siempre debía tener como referencia al momento de comenzar a asumir mis responsabilidades.
—Mi padre era algo así como tu hermano. —Dijo incómoda.
—En efecto, Kevin encontró en Kuchel una familia, sus padres también murieron cuando él era un adolescente. Ella se volvió como una madre para él... Poco después con mi nacimiento yo fui lo que se puede decir su hermano menor.
Él vio como Mikasa se sumergía de nuevo en sus pensamientos, escuchándose a sí mismo, era más enferma toda esa situación.
—No sigas. Has dicho suficiente.
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Se puso en pie, recogió el vestido que aún descansaba en el suelo de la sala y se dirigió hasta la otra habitación donde horas antes le había pertenecido, mismo lugar donde se preguntó si sentía algo más profundo por él.
Qué estupidez más grande creyó, ahora más que nunca necesitaban mantener las distancias.
Se deshizo del albornoz, si no fuera por el corsé y el liguero estaría completamente desnuda, la ropa la dejó en el auto y sus bragas sufrieron el destino de todas sus antecesoras.
Levi y sus extrañas manías.
Sintió la fuerza de sus brazos rodearla desde atrás y su aliento a la altura de su nuca, sus traicioneros pezones se endurecieron con ese simple acto. Esto estaba mal.
Con el uso de todo su autocontrol lo apartó.
—No sigas tocándome. —Dijo con voz neutra, tratando de contener la ira que bullía en su interior.
—Mikasa.
—No, ya dejé claro mi punto. Tú y yo no podemos continuar con esto. Si no te parece ideal, entonces tendré que tomar medidas drásticas.
Levi la observó sorprendido, no era para menos, la mirada altiva y desafiante que ella le devolvía lo descolocó un poco. Mikasa nunca le mostró su frialdad, pero en vista de los acontecimientos tenía que comenzar a mostrarle el verdadero rostro de Mikasa Ackerman, la mujer que todos conocían.
Con toda la dignidad del mundo sin importar que él continuara allí observándola, pasó el vestido por encima de su cabeza y cubrió su cuerpo semidesnudo.
Pero todo ese teatral acto terminó cuando tuvo que pedirle ayuda para subir la cremallera del vestido. Se sintió una estúpida, pero no lo demostró.
La situación en sí era embarazosa, absurda, entendía el punto de Levi, pero lamentablemente no podía apoyarlo. Eran demasiadas cosas en contra para seguir así...
Una de las razones era Carla, ¿Qué pensaría de ella su madre? Ya había perdonado su estupidez con Eren y con él no la unía ningún lazo de sangre. No, Mikasa no podía darle otra decepción, no podía cometer los mismos errores del pasado y no estaba dispuesta a caer, no de nuevo, mucho menos por culpa de un hombre que ni siquiera amaba, porque estaba más que claro que lo que sentía por Levi no era amor.
—Me voy. —Dijo saliendo del baño sin rastro del maquillaje corrido.
Tomó su bolso, la llave de la habitación y salió por última vez de ese lugar que guardaba tantos recuerdos. Se dijo a sí misma que no lloraría, que no había razón para hacerlo, pero una cosa era tratar de engañarse y otra muy distinta la cruel realidad.
Llegó a la recepción, entregó la llave y fue directo a su auto, ya en la intimidad que éste le brindaba sus lágrimas no se hicieron esperar. Golpeó con fuerza el volante de su Chrysler 200, tanto que terminó con la mano dolorida, pero era mejor el dolor físico que el emocional.
Secó sus lágrimas y puso en marcha rumbo a casa, ya no había nada que hacer en ese lugar, tenía que olvidar todo. Lo que hicieron hasta ahora nunca pasó.
Se lo repitió una y otra vez mientras conducía pero, no entendía qué era ese dolor que se posaba en su pecho cada vez que se obligaba a repetir ese mantra.
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Llegó a casa a eso de las veinte horas, la verdad es que vagó sin rumbo hasta darse el valor para enfrentar la avalancha de preguntas que le haría Sasha. Si había alguien en quien confiaba era precisamente en esa loca amiga y no sería fácil explicarle la situación.
Al abrir la puerta de su apartamento no esperó que su amiga tuviera visita, se sintió algo cohibida cuando Connie Springer, el novio de su amiga le dio la bienvenida.
—Hola, no sabía que tendrías invitados. —Dijo con una sonrisa forzada, ahora más que nunca necesitaba una plática a solas con Sasha y conociendo a Connie iba a tardar en irse.
—No pensé que regresarías tan pronto. Es viernes de películas ¿Recuerdas?
—Es que Mikasa pasa tanto tiempo con ese novio misterioso suyo que ya ha olvidado las tradiciones con los amigos. —Reprochó el chico con sorna. A Mikasa no le gustó la intromisión de éste en sus asuntos, por lo que le dirigió una mirada a Sasha de: "hazlo callar o no respondo."
Su amiga ni corta ni perezosa le dio un pequeño golpe en la cabeza al imprudente de su novio. Éste lanzó un gritito de dolor y le regaló a Mikasa una cara de pocos amigos.
—Eres una bruja. Seguro tu mal humor es porque el tipo ese te dejó y ahora te desquitas conmigo. —Farfulló en plan ofendido.
Sasha abrió los ojos como platos y vio a Mikasa, ésta no decía nada pero desprendía un aura asesina, tenía que sacar a Connie de allí antes de que ocurriera una desgracia.
—Connie, creo que tienes que irte. Ya luego hablaremos. —Dijo a la carrera, empujándolo con dirección a la salida.
—¡Oye! Teníamos planes. —Se quejó el chico.
—Te dije que después hablamos. Ahora necesito estar a solas con Mikasa. —Lo cortó tajante.
—Siempre que la amargada de Mikasa tiene problemas tú tienes que correr a socorrerla ¿Cuándo va a aprender a solucionarlos por su cuenta? —Dijo en tono despreocupado ganándose una mirada de reproche de su novia.
Mikasa observó la escena en silencio, en parte Connie tenía razón, se sintió un poco mal con su amiga, ella no tenía derecho a hacerla cambiar sus planes solo porque su mundo terminaba de venirse abajo. Sus problemas debía afrontarlos sola.
Minutos después de despedir a su novio, Sasha estuvo frente a ella con una mirada de pocos amigos.
—Ahora sí vas a soltarlo todo. ¿Por qué estás aquí y no con tu Levi teniendo tu fin de semana apasionado del mes? —El sonrojo que cubrió el rostro de Mikasa no fue normal.
«¡Maldición! De verdad que esos meses con Levi fueron intensos». Se dijo para sus adentros.
—No pasa nada. —Mintió—. Simplemente sucedió lo inevitable. Llegamos al punto en que ya obtuvimos lo que quisimos del otro.
—Mientes. —declaró con certeza su mejor amiga— y lo haces muy mal. ¿Para eso te llamó ese idiota? ¿Para terminarte?
Mikasa se removió incómoda en su asiento.
—Fui yo la que terminó con todo ¿Sí? Él no quería, pero yo ya me cansé.
—¡Mentirosa! —Sasha la miró con los ojos entrecerrados, sabía que le oculta algo, pero a Mikasa la avergonzaba sobremanera su situación—. No sé qué esté ocurriendo pero tú no eres así, al menos no conmigo. Sea lo que sea ha de ser muy serio para que te lo guardes.
—No miento, es solo que...
—Miki, —la llamó por ese apodo cariñoso con el que los más cercanos la llaman— si existe alguien que te conoce mejor que nadie, esa soy yo. Entre nosotras no hay secretos, y porque te conozco sé que algo muy grave tuvo que haber pasado hoy para que digas que terminaste con Levi.
—Fue algo que venía pensando desde hace tiempo.
—Y vuelve la mula al trigo. No vas a convencerme. Tú no te ibas a gastar un dineral de tu mesada en esa ropa interior tan sexy para terminar con tu semental de metro y medio.
—Metro sesenta. —Corrigió. Sasha siempre se mofa a con la baja estatura de Levi.
—Bueno, lo que sea. A lo que iba, crees que no sé que desde que estás con él te volviste una adicta a la lencería. —Mikasa adquirió unas tres tonalidades de rojo con los recordatorios de su amiga—. No sé qué perversidades terminaban haciendo, lo que sí sé es que la de hoy no era tan... Provocativa, solo para que la usaras solo para terminarlo.
—Sasha... —Ya comenzaba a exasperarse con los argumentos de su amiga.
—Sasha nada. Al menos espero que la inversión no haya sido en vano.
Mikasa tapó su rostro, Sasha Blouse era una persona imposible.
—Entonces dime. Por lo menos lo hicieron antes de terminar. ¿Cierto?
La joven recordó a detalle la desesperación de Levi y la suya luego de verse, la intimidad compartida y el inminente final. Todo se acumuló de golpe y las náuseas regresaron.
—No quiero hablar de eso, no ahora por favor. —Suplicó por primera vez.
Sasha retrocedió al ver el cambio de actitud, se la veía vulnerable. La muchacha rodeó la isla de desayunar que las separaba y la abrazó con fuerza.
—Lo siento mucho, pero sea lo que sea yo estaré aquí para ti ¿Sí? Cuando te sientas lista podemos hablar de ello. Ahora me basta con saber que estés bien ¿Vale?
Mikasa asintió ocultando su rostro en el hombro de su amiga, ni con lo de Eren la dejó verla llorar de esa manera. ¿Qué pensaría al respecto cuando, le contará la verdad?
Realmente no quería pensar en eso, suficiente con todo lo que pasó ese día. Ya tendría tiempo de desahogarse.
Se quejó al momento en que se separaron, sin querer Sasha lastimó su muñeca lesionada.
—¿Pero qué rayos te pasó? —Preguntó furiosa al ver la hinchazón en su mano derecha.
—¿Te consolaría saber que esta vez no fue una pared de concreto?
Sasha frunció el ceño ante su intento de disculpa. Una de las cosas que aún no terminaba de comprender eran sus ataques de ira contra objetos inanimados.
Salió con rumbo al baño de la sala y al cabo de unos minutos regresó con varias cosas del botiquín, pomada, vendas y un par de ganchos.
—No sé qué harías sin mí Mikasa. Espero se lo comentes a tu psiquiatra cuando te dignes a regresar a las malditas terapias.
—No lo necesito más. —Respondió tajante, Sasha la vio con cara de pocos amigos.
—No lo necesito más. —Imitó con voz infantil—. En vez de mejorar cada vez estás peor. Ataques de ira, de pánico cada vez que una situación te sobrepasa, los constantes ataques de ansiedad. Eso Mikasa Ackerman, por más que lo quieras negar, no es normal.
—No estoy loca. —Refutó de inmediato—. Sasha, solo es un problema para controlarme. Tengo que esforzarme en aprender a manejar mis emociones.
—¿Tan grave fue lo del tal Levi para que llegaras al punto de autolesionarte de nuevo?
—No tienes una idea. Ya lo sabrás todo a su debido tiempo. Ahora solo déjame tratar de encaminar mi vida. ¿Sí?
Sabía por qué Sasha se preocupaba por su salud mental, hace mucho que no se lastimaba de esa forma. A medida que untaba la pomada sobre el área hinchada y luego colocaba el vendaje alrededor de ésta, pensaba que en parte su amiga tenía razón, quizás iba siendo hora de volver a la consulta de la doctora Zoe.
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El fin de semana pasó como la mierda, tuvo que aguantar el sermón de su madre por haber dejado tirados a los directivos de la naviera, sin contar la advertencia de Kenny sobre su trabajo en ese lugar.
La verdad de todo este asunto con Mikasa lo desenfocó del objetivo principal de su estadía allí. Sí Kuchel creía que las intenciones de Kenny al mandarlo a hacerse cargo de la 'pequeña Ackerman' era por el bienestar de esta, su madre estaba muy equivocada.
Su tío es un hombre calculador y Kenny nunca daba un paso en falso, ahora que Mikasa está en medio no sabe si podrá llevar a cabo la tarea que le encomendó su despreciable jefe, aunque su trabajo allí tiene un precio y eso es algo que no está dispuesto a negociar con nadie, ni siquiera por Mikasa.
A él no le importaba cuán turbias se pondrán las cosas de ahora en adelante, su objetivo es claro y no pretende dar marcha atrás.
Bien dice el refrán, haz planes y Dios se reirá en tu cara, nunca antes creyó tan ciertas esas palabras.
Llegó a eso de las nueve a la empresa, todos los que se cruzaron en su camino parecían ya estar informados de quién era él, pues muchos de ellos no se atrevieron siquiera a dirigirle la mirada y los que lo hicieron le regalaron ese brillo de temor que tanto le gusta.
¿Era un sádico por hacer sufrir a esos infelices? Sí, tal vez lo es. Muchos en su familia llegaron a menospreciarlo, en parte por su baja estatura —ese siempre fue su talón de Aquiles—, ya con el tiempo demostró con hechos que él no se andaba con juegos, con su actitud se ganó el respeto y el temor de otros, pero si no era así, ¿Cómo diablos lo tomarían en serio?
Antes de llegar a la sala de juntas donde oficializarán su nombramiento, se topó con una chica que se lo quedó viendo como si de un fantasma se tratara.
—Usted es... —Balbuceó con miedo.
—Sí, Licenciado Levi Ackerman, señorita. Su nuevo jefe. —Dijo un tanto exasperado por el valioso tiempo que la mocosa le está haciendo perder con sus amagos de preguntas—. Ahora si me disculpa, necesito entrar a esa maldita sala de una buena vez. Deje de hacerme perder mi tiempo.
La chica quedó anonadada con su respuesta a la pregunta que ni llegó a formular, era joven, seguramente una pasante, desde ahora tomaría en cuenta a las personas que iniciaran sus prácticas allí, o eran competentes o les cerraba las puertas en las narices.
Al entrar a la sala sus ojos fueron enseguida hasta la muchacha que en una esquina dirigía a una de las asistentes, en sus manos llevaba también varias carpetas.
Cuando sintió su mirada sobre ella levantó la vista y lo miró con indiferencia. No había ni rastro de la Mikasa desolada de la semana pasada.
Enseguida varios de los accionistas se acercaron junto al señor Jaeger para presentarse y darle la bienvenida a Gesellschaft Reederei Ackerman. Ella permaneció alejada con las demás ayudantes, como si no fuera ella la dueña de casi todo.
Hizo un repaso mental y recordó la maldita cláusula del testamento de su primo, ¿Es que acaso ningún miembro de la familia Ackerman podría burlar la famosa cláusula? Kenny lo tenía entre la espada y la pared por la misma. Y no, aunque Kevin viviera, ella no podría escapar de ella tan fácilmente.
El viejo se aseguró de joderles la vida hasta mínimo la cuarta generación.
—Mikasa. —Escuchó como el doctor Jaeger llamaba a la muchacha de rasgos orientales—, ven para que conozcas al hijo de tu tía Kuchel, Levi Ackerman.
—No es necesario papá, ya tuvimos el gusto de conocernos el fin de semana ¿Cierto? —Respondió ella con toda la serenidad del mundo.
—¿Ah sí? ¿Por qué no me dijiste nada? —Preguntó Grisha confundido
—No lo creí necesario, ya sabes como soy, quise tantear el terreno antes de su nombramiento. —Levi enarcó una ceja, ¿Qué se traía entre manos al mentir tan descaradamente?
—Me alegra que empieces a tomarte en serio tus responsabilidades, Kevin estaría muy orgulloso de ti.
Grisha acarició con ternura su cabello con gesto paternal, ella sonrió de forma tímida, aunque él sabía lo hipócrita del gesto, cuando sus miradas volvieron a cruzarse la frialdad de antes continuaba plasmada entre ellos. Ni estar alejados ese fin de semana para poner sus pensamientos en orden, parecía haberle hecho cambiar de opinión.
Al término de la reunión Grisha les informó a todos la razón por la que Mikasa estaba presente en la recién celebrada junta de nombramiento, quizás para dar algo de tranquilidad a los socios luego de la incorporación de un extraño en sus filas, que su bella y joven hija sería desde ese día su asistente.
Todos parecieron impresionados de que al fin fuera tomada en cuenta la pequeña Ackerman, cosa que consiguieron grata al saber que, la propuesta provino inicialmente de él. De alguna forma tenía que ganarse la confianza de los accionistas ¿No?
Después del pequeño brindis, ella se fue hacia un rincón y revisó su teléfono celular. Estaba atento al más mínimo movimiento de su parte, quien quiera que le escribía, la desconectó por un momento del lugar. Esa manía de morderse el labio con semblante pensativo lo irritó un poco.
Sin previo aviso dejó la copa de champán en la mesa, tomó sus cosas, —no comprende cómo hará para no tirársele encima y quitarle el maldito teléfono—, así que optó por la opción más sencilla, marcharse cuanto antes de allí.
Recuperó el saco que descansaba sobre el respaldo de la silla, y sin previo aviso salió, dejando a los presentes interrogantes por su repentino cambio de actitud.
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N/A: Hola, denuevo por aquí su escritora experta en desaparecer de la faz de la tierra y luego regresar copmo si nada xD. Para los que se preguntan si me retiré, la verdad es comnplicado, ni sí, ni no, hubo un tiempo en el que borré todo de Fanfiction y Wattpad, de esas crisis existenciales que a veces nos dan, lo importante es que "estoy de vuelta" según yo, jajaja esta historia ya la resubí a Wattpad y ahora lo estoy haciendo por aquí donde la publiqué originalmente, a los que se preguntan si la historia tiene ligeros cambios en la trama, sí los hice porque no me sentía a gusto con la versión anterior y trato de darle forma a esta historia. Por ahora terminaré de publicar lo que me falta, es difícil y tedioso porque lo hago desde el celular, hay problemas con el internet y pues, eso es algo que me saca de quicio. Nos leemos luego, espero que en el transcurso de esta semana si alguna deidad se apiada de mí. La actualización de este fanfic será cuando esté al día en las dos plataformas donde lo leen, así que, paciencia, acostumbro a trabajar a un ritmo sumamente lento, pido disculpas por eso :')
Ya sin más que añadir, me despido.
Lis 3
