Capítulo III
El sobresalto generó en él una ola de pánico. Apenas podía procesar lo que el aro en su mano significaba, incluso se había quedado sin voz luego de vociferar a todo lo alto su nombre, no quería saber cómo reaccionaría Anna con la noticia. Ella, a pesar de las condiciones, ni siquiera tenía la menor idea de lo que acontecía a su alrededor, de lo contrario no se hubiese aferrado a la almohada con tanta vehemencia luego de escucharlo hablar.
—¡Arg! ¡Quieres callarte! —exclamó con lo poco que tenía de conciencia—¡Déjame dormir, Idiota!
¿Callarse? Por dios, ya ni siquiera podía hablar, no podía recordar nada en lo absoluto. Estaba simplemente aterrado con la sola idea de estar casado con su hermana y más considerando las circunstancias. Ellos… No… eso debía ser una broma. Y una de pésimo gusto.
Está bien, ya había despertado. Trató de sonreír, esperando que en cualquier instante un bufón o algún presentador entrara a la habitación para decirle que era parte de un juego. Después de todo estaban en las Vegas. Nadie tomaba en serio lo que pasaba ahí, o sí. Pero cuanto más pasaba el tiempo, más miedo sentía. Sin mencionar el hecho de que no sentía ninguna prenda ahora que se había sentado en la cama para observar el panorama.
Ni siquiera estaba en su habitación. Aquello parecía más una suite matrimonial con pétalos esparcidos por la alfombra. Y la forma de la cama no ayudaba en disimular la ocasión. Esto no podía estarle pasando. No podía. Ni siquiera sabía cómo habían llegado a ese extremo.
—¡Demonios! —vociferó embravecido en voz alta.
Pero el problema no era el tono en que lo había dicho, sino el modo en que pronunció aquella maldición. Anna era, y eso debió preverlo con anticipación, una mujer temperamental después de una noche de copas. Debía tener una fuerte migraña para hundir su rostro aún más sobre el cojín, tratando de reprimir sus ganas de golpearlo, pero su impulso fue más fuerte. Y frente a todo pronóstico, despertó embravecida sólo para propinarle una cachetada.
Tembló, no sólo por miedo sino por el súbito ataque de ira.
—¡Con un demonio, te dije que me dejaras dormir, Asakura! —exclamó a viva voz.
Sin pararse a notar las condiciones en que lo hacía.
Yoh no sólo estaba sorprendido, sino avergonzado, podía verse con total claridad en su rostro que sujetaba con verdadero ahínco, tratando de desviar la mirada que caía inconscientemente en su pecho descubierto. ¿Quería más pruebas? Bien, Anna tampoco tenía prenda alguna.
Pero estaba tan ocupada maldiciendo en su mente la poca delicadeza que tenía para levantarla, que por un instante pasó por alto el frío que erizaba su piel desnuda. Aún aturdida, contempló la silueta de su hermano sentado junto a ella en una gran cama de… ¿corazón? Poco a poco fue cayendo en cuenta de su entorno extraño y cómo la ligera ventisca rozaba su piel.
Fue mera inercia lo que la hizo cubrirse con sus brazos al descubrir que estaba desnuda frente a su hermano. Pero aquello no fue la peor parte, ya que si lo notaba mejor, él estaba en las mismas condiciones. Tal vez Yoh era un poco más incrédulo, pero ella no. No había que ser genio para sumar el algoritmo que se presentaba, mejor dicho, que estaba viviendo.
—¡¿Qué… hiciste?! —fue lo primero que salió de su boca con horror.
Y es que a pesar de vivirlo, de experimentarlo de primera mano, no creía del todo lo que estaba sucediendo. Quiso llorar en el segundo en que todo cuadró en su mente, incluso había mandado al demonio el estúpido dolor de cabeza. Nada parecía más importante que el hecho de estar entre las sábanas con quien hacía minutos consideraba el hombre más confiable de su vida.
Yoh notó el horror en su rostro, la vulnerabilidad y el enojo palpitando en sus venas.
Lo sabía, él también sentía esa pesadez en su corazón.
Apretó los labios, ella esperaba una respuesta, pero para ser sinceros no la tenía.
—Anna, yo…—trató de tocar su brazo.
Golpeó su mano en el breve intento, rechazando todo contacto.
—¿Acaso me violaste? —dijo con esfuerzo, acallando la gran furia que sentía—¡Dime por qué hiciste esto, Yoh! ¡Por qué!
Fue inevitable cuando las lágrimas comenzaron a caer en su rostro. Algunas de tristeza, otras de decepción y en algún recóndito lugar de impotencia. Y lo peor es que él sentía exactamente lo mismo. Quería, en verdad deseaba explicarle, pero no podía, no tenía recuerdos de la noche. Salvo la droga, la forma tan impetuosa en que su hermano abandonó el casino, a Ren durmiendo en la barra. Fue todo. Nada que satisficiera su hambre de información.
Sólo había una cosa de lo que estaba cien por ciento seguro, sin importar las condiciones, ni las circunstancias.
—Anna, yo sería incapaz de lastimarte—pronunció con esfuerzo, tratando de retener su llanto—Te juro que no sé lo que sucedió.
Y liberó uno de sus brazos para soltarle un puñetazo a la cara. Notó la furia, el coraje con que su mano se contraía, pero antes de tocarlo, se detuvo. Volvió a replicarlo, pero simplemente no se atrevía. Quizá no por miedo a lastimarlo, sino a no dejar de hacerlo una vez que comenzara a pegarle. No sabría cuándo detenerse. Y a pesar de todo, odiaba tener que masacrarlo queriéndolo tanto.
Entonces notó la argolla en su mano. Un diamante adornaba la joya que ostentaba en su dedo.
Sin importarle su desnudez o la de él, buscó ávidamente su mano también. Congelándose al instante cuando pudo ver el mismo aditamento.
—Casados—concluyó con la respiración agitada.
Intentó replicar, pero las palabras no salían de su boca con tanta fluidez.
—Anna, yo… no recuerdo nada. Te juro que no tengo idea qué sucedió, yo… estoy igual que tú.
Arrojó con violencia su brazo, mientras recogía la sábana que descansaba en sus caderas. En realidad, no le importaba que no hubiese nada que cubriera al castaño, lo único que deseaba era estar lejos de él. Explicaciones o más detalles eran innecesarios. Una vez que se levantó de la cama con la tela envuelta su cuerpo percibió un ligero ardor en su entrepierna y la humedad emanando de ella. No había que entrar en detalles para comprobar que no sólo habían unido sus vidas, sino que habían concretado el matrimonio.
—Por favor, Anna… —dijo colocándose rápidamente delante de ella.
Bastó con levantar la palma de su mano para hacerlo callar.
—Y yo te juro, Yoh, que si no te largas en este momento, te golpearé tanto que ni siquiera tu madre va a reconocerte—dijo seca, limpiando con brusquedad las lágrimas.
Silenció un momento por el ímpetu con que pronunciaba la oración y la seriedad con que sus palabras adquirían un toque oscuro.
—Pero tenemos que hablar—contestó en un tono suave.
—¿Hablar? ¡¿Y de qué diablos quieres hablar?! —dijo empujándolo hacia un lado—Según tú, no sabes qué ocurrió, ni por qué 'accidentalmente' nos casamos. Entonces, como yo lo veo, es inútil conversar contigo. Es una pérdida de tiempo.
—Estoy tan confundido como tú—respondió acercándose—Anna, por favor, no quiero perderte.
Suspiró con pesadez, tratando a toda costa de reprimir los sentimientos rotos que tenía en ese preciso momento.
—¿Y esperas que diga que te perdono y que todo va a ser como antes y que arreglaremos las cosas? ¿Que todo estará bien? —pronunció con sarcasmo— No… escúchame bien, cada minuto que pasas cerca de mí, cada maldito instante en que tengo que verte hace que borre cada estúpido momento lindo que he tenido contigo. ¡Porque escúchame bien, nada va a volver a ser como antes! ¡Te acostaste conmigo,Yoh! ¡Te casaste conmigo! ¡Cómo pretendes que las cosas sean como siempre! ¡Cómo!
—¡No lo sé!
—¡Entonces por qué diablos no te vas! —gritó desesperada—¡Lárgate! Quiero estar sola.
Era una opción, pero ni siquiera estaba considerándola. Ella tomó el picaporte del baño para escapar de una vez por todas de esa humillante situación.
—Anna, sé que me odias. Yo también me odio, pero te juro que…—ni siquiera termino la oración cuando recibió una bofetada en su mejilla derecha.
—¡Basta! ¡Sólo déjame sola! —exclamó brindándole un nuevo golpe a su mejilla—Quiero estar sola. No me importa si te sales al pasillo, o si esperas en el lobby, sólo déjame tranquila.
Respiró agitado, pero conociéndola como lo hacía podía deducir que ella necesitaba espacio no sólo para desahogarse sino para recuperar al menos un poco de su pudor. Asintió, apartándose de su camino para dejarla entrar al baño. No valía la pena intercambiar más palabras, ella misma lo había dicho, era inútil considerando la poca información que tenía al respecto.
Pero no todo era malo. Considerando que sólo le había golpeado un poco, se sentía afortunado de respirar, pese al mal trago que estaba pasando la rubia. Tomó su camisa del suelo y comenzó a ordenar su ropa en una pila. En efecto, su vestido estaba ahí, aunque hecho jirones.
Su rostro adquirió una tonalidad rojiza al pensar cuán desesperado tuvo que estar para que aquella hermosa prenda terminara de esa manera. Segundos después, su pena fue reemplazada por un fuerte pesar. Cómo habían llegado a ese estado, cómo pudo siquiera atreverse a tocarla. Y no importaba la clase de sustancias con las que estaban tratando, importaba el subconsciente y la forma que había actuado sin restricciones.
Era un monstruo.
—Un vil y condenado monstruo—reforzó recargándose sobre la pared para terminar de admirar el desastre en la alcoba.
Nunca imaginó ni de cerca que las cosas resultarían tan mal. Anna tenía razón, las cosas no podrían ser iguales jamás.
Se vistió con rapidez y buscó en el escritorio el bloque de notas, tomando de paso la llave de la habitación. Escribió con avidez un recado y después sólo abandono el lugar. No quería causarle más pena a Anna de la que ya tenía sobre sus hombros, pero tampoco podía dejarla sola, después de todo… seguían siendo hermanos.
Continuará….
N/a: Esto fue lo más breve que he escrito en años, de verdad, en años y ni siquiera sé qué tan bueno o malo es. No me pareció tan mal después de estar varios meses inspirada y no inspirada en escribir. Y considerando que es mi vida escribir... creo que poco a poco se sale del bloqueo. Bueno, este fic había prometido actualizaciones continuas, porque de hecho lo tenía casi escrito por completo. Ya saben cómo es el ir y venir de los archivos, se pierden demasiadas cosas en el proceso, esta historia en concreto. Había prometido retirarme, lo sé, pero sentí inquietud por escribir éste. No sé por qué, pero lo hice y se los comparto esperando que al menos no haya sido un desastre de capítulo.
Gracias por leer y mil gracias por todos sus comentarios, son de verdad una fuerte fuente de inspiración.
