Capítulo V
De todas y cada una de las opciones que tenía para celebrar los últimos días de su soltería había seleccionado el destino más cliché, peligroso e inmaduro que existía en el planeta.
Cada que su cabeza retumbaba en los barrotes se cuestionaba por qué había firmado un acta de matrimonio de forma tan precipitada. La chica en cuestión era linda, debía reconocerlo, pero dónde quedaba todo el amor que sentía hacia Mattilda. Aún drogado, borracho e inconsciente debía tener una explicación su locura.
Bufó cansado de oler a mierda y vómito. Pero suponía que se había familiarizado con el aroma porque ya no le generaba tanta repulsión como al principio.
—Y dices que nos conocimos...
—En el Bariloche, un bar nudista—dijo con entusiasmo—Soy stripper.
—Genial, entonces yo soy Stu—murmuró molesto al recordar la película hollywodense— Y en vez de quedarme sin un diente, estoy preso, sin opción a multa, hasta cumplir 48 horas.
—Ve el lado bueno, sólo serás juzgado por golpear a un oficial de policía y… hacer del baño en una fuente pública, pero eso es algo que muchos hacen, no te preocupes.
Cómo si eso fuera un gran alivio, de cualquier forma no quería manchar por ningún motivo su historial o no podría acceder a una visa de trabajo en un futuro, especialmente con las rígidas reformas migratorias del país.
—No puede ser tan malo.
—Sí, claro….—evidenció con fastidio—Tú no estás sucia.
Ella se limitó a reír mientras palmeaba su espalda.
—Al menos nos tenemos el uno al otro, yo creo que eso es lo que cuenta.
—Eres peor que una muñeca de pastel—describió mirándola de reojo.
—Gracias—dijo con una generosa sonrisa.
—No, no lo digo como halago, lo digo porque de verdad eres demasiado dulce y empalagosa—describió quitando su mano de encima—Lo primero que haré será anular nuestro matrimonio… ¿Cómo dices que te llamas?
—Meene—respondió con simpleza—Técnicamente soy la señora Asakura, pero mi apellido de soltera es Montgomery.
Al menos ya conocía el nombre de su captora.
—Bien, Meene, no te acostumbres al apellido. En cuanto salgamos de aquí, iremos al juzgado a emitir el divorcio.
Se limitó a encogerse de hombros, como si aquello realmente no le importara.
—¿Por qué lo tomas con tanta ligereza? ¿Crees que el matrimonio es un juego? —dijo enojado.
—¿Me preguntas a mí? Tú fuiste el de la iniciativa—describió con un gesto más solemne— Me pediste un baile, después pedías y pedías bebidas para que no me separara de ti. Yo sabía que estabas muy borracho, pero fuiste tú quien insistió. No me dejaste ir, incluso me esposaste. Tú de verdad querías ir a la capilla.
Abrió los ojos sorprendido por toda aquella declaración.
—Y sé que no vas a creerme—enunció mostrándole en su dedo el aro dorado—Pero me dijiste que querías practicar, que llevabas saliendo seis años con tu prometida y no te sentías tan listo para el gran paso.
No hizo más que sorprenderse.
—¿Es decir que sabías que estaba comprometido? ¿Te dije todas esas cosas?
—Y muchas más—agregó con un gran suspiro— Después llegaron los oficiales, querían un show privado, pero fueron demasiado intempestivos. Tú golpeaste a uno y me dijiste que huyera contigo. Nos fuimos en mi coche, yo tiré el letrero de señalización, también choque un poco el auto con contra la banqueta, manejar bajo presión no es mi fuerte.
La historia comenzaba tener algo de sentido.
—¿Y por qué me lo incautan a mí?
—Tú quisiste tomar la responsabilidad de todo—dijo con una tenue sonrisa—Además, ya nos habíamos casado, decías que era tu responsabilidad protegerme. Me lo volviste a pedir, esta vez de una manera tan romántica que no pude decir que no. Después nos persiguieron, huimos y tenías tantas ganas de ir al baño, que me pediste que me detuviera en el parque.
Sonrió con arrogancia, esta sonaba a una loca aventura, que si no fuera por las circunstancias le encantaría contar a todo el mundo.
—¿Y tuvimos sexo? —cuestionó mirándola de reojo por su reacción.
—No, mi amor, no nos dio tiempo—dijo con gracia—En cuanto llegamos aquí, tomaste una larga siesta.
Suspiró mucho más tranquilo.
—Qué locura.
—Ni que lo digas, dejaste a tus amigos por estar conmigo—añadió recargando su cabeza en su hombro
—Sí, estaba preguntándome por esos bastardos. Así que los dejamos en el bar…
—Bueno, tu socio se fue con un amigo a un privado aún más íntimo.
¿Luchist? Bien eso no lo había imaginado, ya que según su entendido tenía familia. No imaginaba su despertar entre los brazos de un hombre. Menudo susto se llevaría.
—¿Y el resto?
—Chocolove perdió una apuesta con Horo Horo y Manta. Todos le iban a tatuar sus manos en el pecho—describió con gracia—Tus amigos están locos.
¡Definitivamente lo estaban! Ahora que lo pensaba, estar con esa chica aligeraba en mucho el ambiente tétrico de la comisaria. Más cuando estaba relatándole toda la locura de su última noche de soltero.
—Aunque Manta también perdió mucho dinero, pero dijo que no era problema para él, que tenía mucho más dinero. Eso me preocupó un poco, porque mucha gente los escuchó, sólo espero que no los hayan asaltado o secuestrado.
—Espero que no—dijo sereno—Oyamada es millonario, así que quizá no le afecte tanto perder dinero en el casino. Pero sí, esperemos que no le vaya mal, es el mejor amigo de mi hermano.
—Lo sé—respondió confiada—Me contaste todo sobre tu familia. Incluso me dijiste algunas cosas…. Un poco… extrañas.
Aquello llamó ponderosamente su atención.
—¿Quieres que te cuente?
—¿Sobre qué es?... —cuestionó en un susurro, casi con temor.
—Cosas sobre tu hermana.
¿Cuánto más tendrían que esperar? Habían pasado más de veinte minutos y el gerente no aparecía por ningún lado. Estaba perdiendo la poca paciencia que tenía, mientras Yoh miraba fijamente los cuadros del vestíbulo y el revestimiento de la arquitectura, seguramente pensando en su futura vida en Italia. Lo cual viendo las circunstancias, antes le parecía una pena, pero ahora no podía llegar en buen momento. Tenerlo lejos a cientos de kilómetros sería lo ideal, no tendría que lidiar con la incomodidad de verlo, ni tampoco con la rabia que aún sentía por todo este circo que habían armado en tan sólo unas horas.
Bufó molesta. De no ser por las ocurrencias de Hao, ella hubiese ido cordialmente a la despedida de soltera de su cuñada sin ningún problema. No es que Mattilda fuera su amiga, pero enemigas no eran. Así que viendo las circunstancias, es la última vez que salía con tantos perdedores juntos.
De hecho, ahora que lo pensaba mejor, quizá ése había sido el problema. Pasaba demasiado tiempo con Yoh. Cuando no estaba de gira o de viaje, salían por un helado, fungía de su acompañante para cuidarla, asistía a su oficina de vez en cuando sólo para platicar o verse, salidas al cine, conciertos, bebían juntos una copa con el resto de los perdedores. Jamás lo había visto como un trato diferente de hermanos. Quizá pudo interpretarlo como mejores amigos, pero de ahí a pasar al grado de pareja, nunca. En qué momento, Yoh había interpretado de otro modo las cosas.
—Lamento lo del vestido—pronunció el castaño en un tono apenas audible.
Ella lamentaba eso y muchas cosas más. No respondió a la disculpa, si iba a disculparse por un trozo de tela, tenía que incluir más cosas en el menú.
Yoh miró de reojo la molestia en su rostro. Asumió que tomar una ducha, pensar un poco más las cosas le haría recapacitar sobre lo que los había llevado a esta complicada situación. Sin embargo, debía recordar cuán orgullosa era Anna.
—También lamento haberme casado y… tener sexo contigo—completó ante desagradable silencio.
Cruzó sus brazos, tratando de no pegarle de nuevo. Qué se suponía que debía responder a esas acusaciones: un gracias o un no hay problema. No tenía una respuesta en mente que no fuera hiriente o que se tradujera en violencia.
—Confiaba en ti.
Fue lo único que dijo, aún con todo el mar de emociones había una que no había palpado del todo: la tristeza. Y aunque sus golpes dolieran como un demonio, los prefería por encima de aquel tono melancólico en su voz.
—Lo sé… pero hay algo que debes saber…—dijo en el mismo tono que ella—Tú fuiste muy insistente para que tomara.
—¿A qué te refieres con eso? —cuestionó confundida, en especial al ver un sutil sonrojo en sus mejillas mientras tomaba continuas veces su cuello— ¿Estás insinuando que yo te orillé a esto?
Meditó un poco la pregunta con el resto de sus últimos recuerdos.
—Yo no estaba tomando más que limonada, y sí, algunos tequilas. Pero sólo fueron un par—objetó recargando su mano en el sillón—El punto es que tú me obligaste a beberme un cóctel con droga.
—Yo no consumo drogas—rebatió de inmediato exasperada—Esto te lo estás inventando para librarte de tu parte.
Suspiró derrotado.
—Yo ya acepté mi parte y dije que lo lamento—le recordó sin un ápice de dureza—Pero trato de recobrar nuestra relación.
—¡Nosotros no tenemos una relación! —dijo escandalizada, sin querer en voz alta.
Motivo por el que varios administrativos giraron a verlos. Yoh tuvo que interpretar la mejor de sus sonrisas, para que los observadores volvieran a sus labores. Cielos, no pensó que aquello fuera a ser motivo de sobresalto para ella. Volvió su vista a Anna, que respiraba agitada con un ligero sonrojo en sus mejillas.
—Hablaba de nuestra relación de hermanos—murmuró nervioso.
Bien, hubiese empezado por ahí.
—Eso también está finiquitado—dijo recobrando la compostura.
—¿A qué te refieres con eso? —preguntó extrañado—Nos tenemos que ver por lo menos en las fechas importantes, por mucho que quieras evitarme.
—Sí, pero eso no significa que tenga que soportarte, ni hablarte. Es claro que tú no me ves como a tu hermana.
Sí, lo había dicho. No esperaba que estuviese de acuerdo, sabía de antemano que apelaría a su idea.
—¿Qué yo no te veo cómo hermana? —repitió enojado en un tono de voz audible sólo para ella—Perdón pero yo no era quien estaba coqueteando.
—Sí, claro… ¿Yo? ¿Coquetearte a ti? Ni en tus mejores sueños, Asakura—se burló abierta de semejante ridiculez.
—Quisieras estar en mis sueños—respondió dándole la espalda.
Anna apretó los puños para darle un golpe que le borraría hasta la memoria por semejante atrevimiento. En su vida había discutido de forma acalorada con él, siempre ese privilegio se lo llevaba Hao. No le daría el gusto de una reacción, a pesar de todo tenía dignidad, mientras no le dirigiera la palabra estaría bien. Se giró para darle la espalda también. Y más le valía a ese dichoso gerente no hacerle perder más tiempo o iría hasta la misma oficina a extraer la información necesaria.
Suspiró resignado, Anna no lo perdonaría y se limitaba a hablarle lo necesario. Recordó vagamente las charlas con su hermano en lo referente a las mujeres.
—Nunca les des más importancia de la que deberías, más si ya te rechazaron—evocó en su mente las palabras de Hao.
Con esta iban al menos tres veces en menos de tres horas. Estaba hambriento, gastado hasta el último centavo y ella no agradecía el gesto. Bien, si ella quería cordialidad necesaria eso tendría. Aunque, estaba seguro que Hao hacía referencia a una mujer cualquiera no a su hermana. Pero también, cómo podría él adivinar que algún día llegaría a tener este tipo de trato con ella. Ni en sueños.
—Es peor que una pesadilla—bufó resignado.
Ni siquiera se molestó en contestar a su ofensa. A cada minuto que pasaba lo único que deseaba era molerlo a golpes. Por qué se había contenido tanto, siempre le irritaba la pasividad con que tomaba las cosas, incluso para resolver conflictos. Miró el reloj de pared, tenían más de cuarenta y cinco minutos esperando en la sala.
Suficiente, no iba a soportarlo más. Se levantó, provocando que él la mirara con asombro por su colérica decisión. Pero en cuanto avanzó unos pasos, chocó de lleno con algo o mejor dicho, con un sujeto. Él cayó a causa del impacto, ella no había tenido la misma suerte, ya que para su desgracia, Yoh había reaccionado rápido antes de que tocara el suelo.
—¡Pero qué demo…!—dijo furica mientras se apartaba del castaño para golpear al culpable del accidente.
Sin embargo, fue extraño notar a un tipo de gran estatura levantarse con premura.
—Disculpe, disculpe, no ha sido mi intención—declaró aquel hombre ataviado con un traje blanco y un excéntrico peinado de Elvis—De verdad no sé qué estaba pensando. He tenido mil cosas en la cabeza… y…. ¡No puedo creerlo! ¡De verdad no puedo creerlo!
Anna enarcó la ceja, aunque no por ello deseaba masacrarlo menos. Por un momento pensó que se abalanzaría hacia ella, estaba preparada para tirarlo de una bofetada al piso de nuevo, pero no fue su mano la que tomó de forma intempestiva ni acalorada.
Yoh sonrió nervioso.
—Don Yoh Asakura, es un placer tenerlo aquí en las Vegas, antes que nada déjeme decirle que soy un devoto admirador suyo. Acudí a su concierto en la capital a principio de año, fue… ¡simplemente mágico!—halagó el hombre con gran energía y determinación.
—Gracias, de verdad agradezco tus palabras—mencionó retrocediendo un poco—Y qué bueno que lo disfrutaras.
—¿Disfrutarlo? ¡Cambio mi vida!
Entonces, antes de que fuera una conversación inútil que no los llevaría a dónde quería, carraspeó fuerte, llamando la atención del séquito masculino.
— Oh… es verdad, mil perdone, señora Asakura—dijo tomando su mano para besarla.
La simple mención no dejaba de ser extraña, quizá no por el apellido pero sí por el apelativo anterior.
—Mi nombre es Ryunosuke Umemiya, pero puede simplemente llamarme Ryu. Soy el gerente ejecutivo del hotel, en qué puedo servirlos—dijo con mayor solemnidad— En recepción me informaron que necesitaban información importante.
Anna miró a Yoh, dándole la iniciativa para plantear el problema.
—Sí… emmm…. Ryu, ocurre que ayer que llegamos al hotel no sabemos con precisión de qué forma lo hicimos. Más bien hoy que despertamos tenemos algunas memorias extraviadas de lo que sucedió ayer—dijo atento a las reacciones del hombre, que escuchaba sin juzgarlo— Anna perdió su bolso y tiene todos sus documentos importantes: tarjetas de crédito, pasaporte, dinero. Y queremos saber cuándo fue la última vez que tenía sus cosas.
—Además de borrar los videos—añadió Anna con seriedad—Por supuesto, antes queremos verlos.
El hombre meditó toda la información y la petición de sus clientes.
—Entiendo—dijo serio—En realidad, por política de la empresa no está permitido el uso de ese material audiovisual… pero…—giró su vista hacia el castaño—Por ser un cliente especial, además de usar la suite más cara de nuestro hotel creo que podemos hacer una excepción.
Ambos suspiraron aliviados.
—Pero con una condición—señaló el hombre, mandando a llamar a la señorita de recepción.
La señorita se limitó a asentir, después de que Ryu le susurrara al oído unas cuantas palabras. Estaban expectantes, más Yoh que Anna, ella estaba al borde de su temperamento. Finalmente les miró con una gran sonrisa.
—Desayunarán conmigo y no quiero un no por respuesta—indicó al restaurante detrás de ellos—Supongo que ya desayunaron, pero podrán almorzar conmigo. He tenido muchas obligaciones en la mañana.
Anna negó con la cabeza.
—Por supuesto, no tenemos ningún problema—dijo con una ligera sonrisa.
¿Y por qué debía atenerse a las decisiones del castaño? Ella quería la información de inmediato, cuánto más tiempo pasara, menos probabilidades tendría de hallar sus pertenencias. Pero antes de hacer cualquier objeción, Yoh tomó su mano, entrelazando sus dedos.
El acto en sí la descolocó, más cuando ambos comenzaron a caminar detrás de Ryu a un gran salón donde se llevaba a cabo un bufete.
—Adelante, tomen lo que deseen, esto corre a cuenta de la casa—dijo confiado levantando su dedo pulgar—Seleccionen la mesa que deseen y ahí estaré.
Yoh asintió, también soltando su mano. Una vez fuera de su vista, no dudó en hacerle frente.
—Deja de tomarte esas libertades conmigo—resopló con impaciencia—Y deja de estar perdiendo el tiempo.
—No es la primera vez que te tomo la mano—respondió en un sentido obvio— Y desayunar no es perder el tiempo. Puede ser la única comida que tengamos en el día y no voy a desaprovecharla.
—Habla por ti, en cuanto tenga mi bolso, terminará la pobreza extrema.
Él sonrió y no sabía por qué lo hacía, ni porque mostraba tanta seguridad si en cualquier momento se podía ganar una paliza o un viaje directo al infierno.
—Yo no estaría tan seguro—dijo tomando un plato—Hasta donde yo recuerdo, tú estabas en bancarrota. No tenías cómo pagar tus deudas de juego.
¿De qué demonios estaba hablando? Siguió a Yoh en su paso por las numerosas charolas de comida, aun sin captar del todo la información que él tenía en su poder.
—¡¿Dejaste que apostara todo mi dinero en un casino?! —exclamó realmente molesta—¡Qué clase de hermano eres!
El castaño miró a su alrededor de reojo, notando algunas miradas sobre ellos, en especial la de su anfitrión que traslucía curiosidad e intriga por todo cuanto se estaban diciendo a pesar de estar a cierta distancia.
—Baja la voz—sugirió volviendo a verla— Algunos piensan que estamos casados, qué pensarán de que aparte somos hermanos.
—Pues si tanto te importa lo que digan los demás, te hubieses parado a pensar eso cuando firmaste un acta.
Entonces ambos se miraron con curiosidad. Habían hurgado en toda la habitación a fin de encontrar el susodicho bolso. No había más documentos en la mesa si en las cómodas. A menos que lo resguardasen en la caja de seguridad. Palidecieron al recordar que no tenían un papel firmado que garantizaba su unión, cómo podían estar tan seguros de que era un hecho.
—Y si…—la mera idea de plantearlo le dio vergüenza, pero qué más podía hacer, también era una gran posibilidad.
Él se sonrojó, ella lo advirtió, igualando el rojo en sus mejillas. Apretó un puño y esta vez no se contuvo para pegarle en el brazo con fuerza, lo que provocó que se quejara.
—Ouch, no tienes porqué ser agresiva—respondió apenas frunciendo el ceño.
—¡Es que me sacas de mis casillas! ¡Lo que vayas a decir, dilo de una buena vez o no digas nada!
En estas últimas horas, advirtió en Anna una faceta que no conocía con total plenitud, al menos dirigida a él. Su enojo casi siempre enfocado al resto, lo excluía en muchas ocasiones, diciendo que era el único que la mantenía serena. Su preferido, como solía llamarle. Pero con franqueza veía que todo eso había quedado en el pasado. Y qué más daba, su relación fraternal estaba arruinada. Tenía razón, sería difícil ver a su 'adorable' hermana de nuevo en Anna.
Esta chica temperamental, violenta, huraña, no era la niña que cuidó desde pequeño. Contrario a eso, trataba de evitar mirarla demasiado. Su cabello revuelto le daba una apariencia sensual que no deseaba admitir frente a nadie. Eso sin contar que el vestido le sentaba bastante bien a su figura, a pesar de no ser de una tienda de alta élite. Anna era bonita, siempre lo había visto, se lo había dicho varias veces. Era decidida, por supuesto, él siempre la acompañaba a cada evento y deslumbraba con su sola presencia. Estaba acostumbrado a ella. Pero hoy la veía diferente, genuinamente diferente.
—Ahora te quedas callado—dijo cruzando sus brazos por debajo de su pecho.
Sonrió de lado y tocó su nuca riendo nervioso.
—De acuerdo, prometo contarte todo lo que recuerdo, pero antes vamos a desayunar—propuso más tranquilo—Sé que calmarme te estresa, más por el tiempo. Pero créeme, no estaremos menos casados, si es que lo estamos, si no comemos bien. Al contrario, o tal vez quieras ser viuda y tu estrategia sea que yo muera de hambre.
Emitió una pequeña sonrisa malévola.
—Tu idea no me parece mala—dijo quitándole el plato de las manos, provocándole un ligero estremecimiento—Y sólo porque tu barra de chocolate ya la digerí, no porque tú me lo estés pidiendo.
—De acuerdo, si lo quieres de ese modo, así será—respondió recobrándose de la impresión—Comamos, veamos esos videos, buscamos tu bolsa y luego vamos a divorciarnos, qué dices.
—Está bien, pero no quiero que te tardes tres horas hablando con ese sujeto, tenemos mucho que hacer. El lunes abordaremos un avión a mediodía y quiero irme con ese papel en la mano.
Por supuesto, en el hipotético de que ese documento existiera. ¿Habrían sido tan despistados como para perderlo? Francamente ya no sabía qué pensar al respecto.
—Seré breve, no te preocupes—dijo tranquilo, sacándola de sus pensamientos.
—Bien—concluyó dejándolo solo en la fila y sin un plato de comida.
Suspiró derrotado para volver al principio. Por qué las mujeres eran tan complicadas. Y por qué él tenía que sufrir las consecuencias de los actos arrebatados de los demás, no era justo. Debía imponerse un poco, no dejarse controlar por los impulsos de otros.
—Aunque… bueno ella siempre lo hace.
Pero ahora cabía la posibilidad de que ni siquiera estuvieran casados. Albergaban esa pequeña luz, si es que no tenían un acta en sí, pero… entonces se planteaba otra pregunta en su mente: ¿habrían tenido sexo sólo por tenerlo? El temor de encontrar una respuesta afirmativa lo asustaba.
Casi tanto como los animales que habían encontrado sobre la carretera, estaban a nada de agonizar del extenuante sol. Caminaron más de una hora en el desierto, sin llegar a un punto cercano de la ciudad. Pretendía llegar a una zona conurbada y llamar a un maldito taxi, pero no estaban más cerca de la civilización, de lo que estaban en el depósito de basura.
Manta estaba por colapsar. En qué bendita hora se separó de Yoh para seguir a este par que sólo lo había llevado de perdición en perdición. Maldijo su suerte.
—Recuérdenme no invitarlos en mi despedida de soltero—dijo Oyamada.
—Vamos, no ha estado tan mal—contestó el moreno—El novio ni se ha quejado.
—¡Es porque ni siquiera está aquí! —exclamó fuera de sí—¡Ni siquiera sabemos dónde está!
Horokeu palmeó su espalda en busca de tranquilizarlo. No obstante, quién podía culparlo, tenía la cara roja debido a las quemaduras del sol.
—Tranquilo, Hao ya debe estar en el hotel disfrutando de la alberca con sus hermanos—describió la imagen que maquilaba en su mente—Riéndose de nosotros y burlándose de dónde hemos terminado después de una noche tan loca.
Suspiró resignado. Era una escena bastante probable, considerando que Yoh no había tomado alcohol y que estaría pendiente de su hermana. Por otro lado, Hao tomó otro rumbo sin especificar a dónde iba, pero dudaba que estuviese perdido en medio del desierto como ellos.
—Así es, Bro—señaló Chocolove—Piensa que cuando tengas nietos, podrás contarle esta aventura. Nada más omite lo de mi tattoo.
—O lo de mi falta de pantalones—dijo Usui que estaba tan solo en calzoncillos y playera interior.
Sonrió mucho más relajado, tenían razón, quizá todo parecía un tormento, pero más adelante sería divertido relatarle eso a sus nietos. Se sonrojó con la sola idea de tener hijos. Jamás se lo había dicho a nadie, ni demostrado abiertamente, pero… aquel pensamiento rondaba por su mente más de una vez.
—Hey! Yo conozco esa sonrisa de ensoñación—describió Chocolove— ¿Quién es la afortunada?
Horo Horo giró a ver a un Manta sonrojado y no precisamente por el calor del sol.
—Vamos, dinos quién es—le animó Usui— Mientras no sea mi hermana.
—O la de Ren, porque ya es papa casada—añadió el comediante—Su esposo da un poco de miedo.
—Pero cuando te tomas un par de tragos es el hombre más amable del mundo—dijo entre risas Horokeu—Pero no te desvíes del tema, mejor dinos, Manta. Quién es la chica en cuestión.
Él bajó la mirada apenado, en realidad no sabía qué decir, jamás había exteriorizado su gusto hacia alguien más, ni siquiera a su mejor amigo.
—Vamos no puede ser tan malo—resopló el moreno—Podemos guardar el secreto.
—Lo sé—respondió Oyamada—Es sólo que… no sé, suena ridículo.
—Vamos, qué tan ridículo puede sonar, a menos que la chica en cuestión sea Anna.
Chocolove comenzó a reír ante la propuesta, siendo secundado por Horo Horo que veía absurdo ese panorama. Pero bastó con mirar a Manta derrotado que quizá su idea no era tan locuaz. Fue simple pasar de la burla a la sorpresa. Y ni siquiera necesitó decirlo en voz alta.
—¡Qué! ¡Estás enamorado de Anna! —exclamó Horo Horo, aún sin creerlo—¡Con Anna!
Chocolove lo codeó con fuerza para acallar sus gritos.
La buena fortuna es que estaban solos a la redonda, aunque en las condiciones, más que una bendición era un maleficio. Sin embargo, comprendió en unos segundos porqué de su cara seria, a pesar de ser él un bufón sin gracia.
Notó cómo Manta caminaba con mayor esfuerzo con la mirada derrotada.
—Perdón, creo que me excedí—resolvió Usui—Es que es una sorpresa, es todo.
—¿Por qué? Ella es bonita—suspiró cansado Manta—Hasta ustedes lo han admitido más de una vez.
Era cierto, al menos cuando no estaban sus hermanos, podían hablar cuán atractiva resultaba ser ella. Pero no por ello podían obviar algunas otras cosas.
—Pero Anna es… difícil de tratar—comenzó a relatar los detalles negativos de su persona—Es intolerante, agresiva, tiene poco sentido del humor. ¿Ya mencioné que grita? Se cree la jefa cuando está con nosotros. Además de que es poco sutil para decirte las cosas.
Manta sonrió ante la descripción.
—Es cierto—dijo levantando su rostro—Pero también es inteligente, prudente, solidaria, y a veces, muy pocas veces, es demostrativa. También es muy bonita, sus ojos son hermosos y cuando te ve… wow… Expresa tantas emociones cuando la ves a los ojos.
Horo Horo intercambió una rápida mirada con Chocolove, que sonrió casi conmovido por la forma en que Oyamada se expresaba.
—¿Y? —preguntó el moreno.
—¿Cómo que… y? ¿A qué te refieres con eso? —dijo confundido.
—Me refiero a que por qué no te declaras—respondió con obviedad—Es claro que estás enamorado de ella. Deberías decirle.
Movió negativamente su cabeza, aumentando su vergüenza. Jamás le había cruzado eso por su cabeza.
—¿Qué? No, claro que no—dijo alterado—Jamás haría eso y ustedes tienen que jurar que no le dirán esto a NADIE.
Horo Horo sonrió enternecido.
—¿Y tú crees que es mejor? —preguntó Usui—Manta, si alguien tiene posibilidades con Anna, eres tú. Míranos—dijo pasando un brazo sobre los hombros de Chocolove—A nosotros por mucho que nos guste físicamente esa mujer, no nos soporta. Nos odia. O al menos nos quiere lejos de un plano romántico. Pero a ti—dijo soltando al moreno para colocar una mano sobre su hombro—Tú no sólo le agradas, sino que te tiene aprecio. Te conoce de toda la vida. Sus madres son amigas. Para su padre eres como un hijo más. Ya tienes a su familia en el bolsillo.
Es verdad, su panorama no pintaba del todo mal, salvo por una ecuación que quizá no estaba considerando.
—Pero… ¿y si no soy suficiente para ella? —dijo mirándose con pesar, señalando lo obvio—A las chicas nunca les ha agradado mi estatura. Anna es al menos diez centímetros más grande que yo.
—¿Y eso que tiene que ver? —preguntó Chocolove con tranquilidad—Si tú te acomplejas por tu estatura, entonces cómo esperas que ella te vea de la forma que tú quieras.
Era un tema difícil, siempre lo fue desde su niñez, incluso había tomado de todo para estirar su longitud, pero nada pareció funcionar del todo. Medía con esfuerzo un metro cincuenta centímetros. Qué podría parecerle atractivo a Anna, como para inclinarse por él.
—Él tiene razón, Manta—dijo Usui—Antes de todo, debes demostrar seguridad, qué importa si eres igual de feo que este sujeto.
—¡Hey, de qué hablas si yo soy encantador! —replicó el moreno.
—¿Lo ves? Tienes que creértelo, aunque estés horrible—dijo riéndose— Ren no es el tipo más encantador del mundo, pero consiguió una novia dulce y gentil.
No se iba a comparar con Tao, físicamente salía perdiendo.
—El punto es…. Si tú pudiste ver a través del bello exterior de Anna, hasta su lúgubre, malévolo, encantador interior y ver algo bueno en ello. Entonces Anna no debería ser tan superficial y fijarse en cosas sin importancia—declamó decidido—No importa cuánto midas, Manta. Tú eres un buen sujeto y una gran persona. Y si ella no ve eso en ti, entonces no la que no vale la pena es ella.
—¡Sí! ¡Concuerdo con eso!—apoyó Mcdonell.
Manta sonrió enternecido por sus palabras.
—Gracias, amigos—dijo con sinceridad—Gracias por su apoyo.
—De nada—contestó Horo Horo palmeando su espalda—¿Entonces cuándo comienza el cortejo?
Ésa era la parte difícil.
—Emmm…. No creo que sea buena idea.
—¿Por qué no?
—Porque no es buena idea, Yoh es mi mejor amigo—respondió cansado, deteniendo su caminar—No quiero arruinar mi amistad con él.
Horo Horo pareció meditar un momento toda la situación. Además, era una regla en el código implícito del estatus de mejores amigos no salir con las hermanas, que para su desgracia, todos tenían una.
—Es verdad, Hao amenazó que nadie tocara a su hermana—vislumbró Chocolove.
—Pero ya se va a casar, no creo que cumpla con eso de que se tire a su hermana—respondió quitándole peso de encima—Lo que diga Hao no es problema y no creo que Yoh diga nada mal.
—¿De verdad lo crees? —preguntó ansioso.
—Por supuesto, creo que si le dices a Yoh tus intenciones con Anna. No sólo te apoyará, sino que será el más feliz de todos—mencionó efusivo—Créeme, Yoh amará tenerte de cuñado.
Entre más repetía en su mente la palabra, más incómoda era la situación. Después de charlar los primeros quince minutos acerca del romanticismo de la ocasión consideró que lo mejor sería ver a Anna como una amiga. Una amiga de la infancia, si precisaba más, para evitar ahondar en más conceptos extraños de cómo acabaron casándose de forma irreverente en las Vegas.
Él terminó por convencerse.
Sonaba más creíble, que aquello de casarse con su hermana. Hasta la palabra parecía ajena a la situación. Ahora mismo, ni siquiera tenían un trato de hermanos, parecían más viejos conocidos comprometidos a la fuerza. Y con ello causaba el menor de los daños, tanto a su carrera que parecía en ascenso como a su integridad personal.
—Es lo más romántico que he escuchado.
—Lo es—ironizó la rubia— Todo un romance de película.
Quizá para el hombre había pasado desapercibido, pero no para él que la conocía su vida entera. Anna parecía cada vez más molesta, sabía que no estaba por placer disfrutando del desayuno, mucho menos cuando la charla se centró en ellos. Y cuanto más tiempo pasaran hablando de banalidades, más se enojaría, quería evitar a toda costa una discusión en público. Suspiró cansado, Ryu era un tipo amable, después se revindicaría envidándolo personalmente a un concierto en primera fila.
—Ojalá fuera así mi vida, pero mi novia y yo…
—Ryu—dijo pausando el relato—Perdón si interrumpo, en verdad me gustaría mucho escuchar sobre tu situación con tu novia, pero…
—Oh, claro, qué torpe soy—dijo tomando la tableta que sostenía en sus piernas con anterioridad—Quieren ver los videos de seguridad para encontrar el bolso. No hay problema, yo también estaría preocupado si mis documentos estuvieran extraviados, no podría salir del país.
Anna le observó, él sólo roló los ojos. Claro que lo sabía, era de vital importancia.
—Anoche que llegaron, derramaban miel—describió Ryu—De verdad, he visto parejas llegar acaramelados, pero lo de ustedes…—añadió un largo suspiro— Creo que a veces uno se pregunta si está con la persona correcta, eso es precisamente lo que me preguntaba ayer cuando los vi llegar tan felices….
Observó de reojo los gestos de la rubia. Su rostro mostraba evidentes signos de vergüenza, claro, él también lo estaba al escuchar relatar las mieles de su trato mutuo. Pero no sonaba como algo que ellos hicieran, usualmente no eran tan demostrativos en su convivir. Era difícil de creer, no era tan afectivo con sus novias y ella… suponía que menos.
—Éste es el primer video desde el lobby—dijo pasándoles la tableta—Está comunicado con el mando central, así que para borrarlos sólo basta oprimir la tecla de arriba y no quedará huella de ninguna grabación—señaló tomando el resto del café—Hay por lo menos tres más, le pedí a mi asistente que los colocara en la misma tarjeta.
Anna tomó el aparato, notando que en efecto existían cinco grabaciones. Tenía bastante apuro por hallar una pista que los llevara a encontrar sus cosas, pero por otro lado, no quería ver todo cuanto relataba Ryu.
El hombre sonrió ante el ensimismamiento momentáneo de la rubia y la profundidad con que el castaño la miraba. No era ningún genio, sólo un hombre intuitivo.
—Iré a servirme un poco más de todo—dijo parándose—Y veré si está listo el postre, créanme, el pudín de vainilla del hotel es de lo más exquisito que pueden probar en las Vegas.
Yoh regresó su vista y asintió, agradeciendo todas las atenciones que tenía con ellos.
Una vez solos. Anna mordió sus labios, dudando aún en reproducirlos. Sería cobarde pedirle a él que los viera, qué pasaría si no era observador con los detalles.
—No te preocupes—interrumpió su catarsis—Sabemos que hicimos el ridículo y que probablemente estábamos tomando muy en serio la idea de ser pareja, así que no comentaré esos detalles. Ni hablaré de ellos, a menos que tú desees hacerlo.
—No deseo hacerlo—dictaminó más segura.
—Entonces, veremos esos videos tratando de ver si llevabas tus cosas—argumentó con una pequeña sonrisa.
Se miraron por escasos segundos, antes de que ella le proporcionara el aparato. En ocasiones limitadas, odiaba que él tuviese las palabras justas para calmar su ansiedad. Aun cuando trataba de ser imperturbable frente a todo mundo, a veces… muy en contadas ocasiones, traslucían sus miedos frente a él.
—Entonces no pierdas el tiempo y reproduce el primero.
—A la orden—dijo seleccionando uno de los videos para ampliarlos en todo lo ancho de la pantalla.
Se aseguró de bajar el volumen, a fin de cuentas lo que querían ver eran detalles de sus aditamentos. Reprodujo el primero, desde la entrada del hotel. Ambos salían de una limosina negra, acompañados de un grupo bastante numeroso de hombres y algunas mujeres. Yoh trató de recordar algún rostro en particular, pese a que la nitidez de la imagen no era de súper alta definición.
—Deben ser los hombres con los que jugabas en el casino—dijo al ver la misma duda en su semblante.
No eran aspectos importantes, a final de cuentas. Volvió su vista a la pantalla, cuando notó que entre los invitados se encontraba Tao. Un dato que no pasó desapercibido por el castaño. El video terminó y comenzó a reproducir el medio inmediato. En el segundo, todos estaban reunidos en el bar del hotel, brindando y celebrando, o era su imaginación, pero Ren encabezaba unas palabras hacia ellos.
Anna observaba con horror cómo Tao se ponía de pie para felicitarlos y brindaba un discurso sobre ellos. No le importó mucho si otras personas escuchaban, quería estar cien por ciento segura de que él sabía lo que estaban haciendo en el lugar.
Yoh notó su temor cuando observó cómo subía el volumen. Sus palabras poco se entendían, no obstante alcanzó a oír sus nombres junto un par de palabras que le erizaron la piel. La cámara cambió de eje, continuó grabando alrededor de diez minutos el resto de la escenografía, cuando volvió al mismo punto. Se habían aglomerado cerca de diez personas sobre su círculo, entre ellos un paramédico.
No había mucho que pudiesen ver, sólo personas andando a prisa sobre el pasillo y a su alrededor. Anna pausó la imagen en dónde estaban tomados de la mano, notando sobre su cadera la cartera Michael Kors que tanto buscaban.
—Llevaba la bolsa cuando llegamos aquí—puntualizó al ver cómo la correa cruzaba su hombro y pecho.
—Sí, pero algo sucedió ahí—dijo preocupado, reanudando el video—No se ve mucho desde este ángulo.
—Si hay un paramédico, alguien debió ir al hospital, mejor salta eso y ve al lobby—dijo tomando el aparato—De nada nos sirve ver y no ver lo que sucede en el bar.
Tenía razón, más porque no quedaban más que dos minutos de video. No pensó que algo importante sucediera en ese lapso. Adelantó un par de segundos hasta que pudo vislumbrar cómo su grupo se dirigía a la salida de inmediato. Ryu apareció en escena, después aquel sujeto rubio palmeaba su espalda mientras él abrazaba a Anna. Hubo unos minutos de conversación, pero pese al sonido, no podían saber qué era con precisión lo que decían.
Entonces, el hombre volteó y pudo reconocerlo cuando caminó a la salida. Ryu indicó algo a la camarera, girándose completamente de la escena. No obstante, Anna dejó de abrazarlo para detener al sujeto de la salida, que ya se encaminaba con tres hombres más. Era una locura, pero justo en ese momento, se desprendió de la correa del bolso y sin ningún recato entregó sus pertenencias al rubio. Pausó el video, sin poder creerlo.
¿Por qué había hecho algo como eso con un simple desconocido?
—¿Quién dijiste que era? —preguntó desconcertada.
—No sé cómo se llama, pero jugaste con ellos y perdiste todo tu dinero—señaló serio—Tal vez más adelante podamos escucharlo, tal vez lo hablamos en el elevador.
—Tal vez—contestó pensativa.
Nada de eso tenía lógica. Él adelantó el video, notando cómo Ryu los guiaba a recepción. La siguiente grabación se veía cómo ambos aguardaban por la llave de su habitación. Anna le abrazaba por detrás, mientras firmaba algunos papeles. Ninguno habló, sólo observaban cuán demostrativos eran expresando sentimientos de amor, quizá no con palabras, pero sí con hechos.
Fue extraño ver cómo volteaba para tomar entre sus manos su rostro y besarla con ternura. Ella sonreía, lo hacía de un modo libre, sin reparo del qué podían pensar las personas sobre su actitud. Detuvo la grabación, eliminando de inmediato el audiovisual. El castaño comprendía el motivo, así que al notar cómo el otro tenía lugar en el elevador, decidió desecharlo. No esperaba ver besos tiernos, sino algo más intenso una vez en el interior del lugar.
Ryu llegó a la mesa, distrayéndolos de sus propios pensamientos. No pretendía tardarse tanto. No obstante, supo al verlos conversar desde la distancia que necesitaban espacio. Quizá volverse era buena idea. Colocó las copas del famoso postre de vainilla frente a ellos, cuando Anna tomó su mano viéndolo segura.
— Ryu, qué sucedió en el bar antes de que nos fuéramos a dormir.
El hombre esperaba algún otro cuestionamiento. Sin embargo, ver el semblante serio del castaño no fue un incentivo alentador. La rubia soltó su mano.
—Un hombre que venía con ustedes se puso mal—dijo sentándose a la mesa—Asumimos que se trataba de una emergencia, así que llamamos al hospital. Enviaron una ambulancia, parece ser que se desmayó, luego vómito…
Intercambiaron una mirada rápida antes de ejecutar la pregunta, si su intuición no fallaba y esperaba que así fuera, sabía bien de quién se trataba.
—¿Sabes el nombre del sujeto que llevaron a emergencias?
—No—negó de inmediato—Pero quizá ustedes sí, se veían muy preocupados por él—rememoró todo cuánto podía evocar de ese momento—No recuerdo su nombre, pero recuerdo su peinado. Tenía un pico en la cabeza.
—Ren….
Continuará….
N/A: ¡Saludos! Pensaba actualizar antes, pero tuve torrentes de agua por todos lados, en esos casos de emergencia es difícil escribir mientras sufres por los desastres de la naturaleza. Sin embargo, aquí está un capítulo más de esta historia. Poco a poco voy agarrando ritmo, aunque no puedo decir que para todos los fics, de momento sólo estoy enfocada en este, que como les dije con anterioridad, no sé qué me hizo querer retomarlo, pero aquí estoy con una entrega más. Gracias por sus comentarios, sé que había dicho que me iba, bueno me estoy dando un nuevo aire, veremos cómo funciona. Gracias a todos por leer y sí concuerdo con algunos, las Vegas es un lugar muy loco, pasa de todo. También me divertí pensando que Hao más que asco tendría celos de Yoh, no sé por qué pero sí lo he pensado. Aunque en términos reales eso suene muy morboso. Afortunadamente no están ligados genéticamente, pero sí de crianza.
Agradecimientos especiales: Khatal, Jos Minor, Karla, Kinosama, DjPuma13g, Annaprix1.
