Capítulo VI

No era común que creyera en maldiciones, pero en esta ocasión debía reconocer que un poco de espiritualidad no le vendría nada mal. A qué santo debía encomendarse para que parasen de ocurrir tantos desastres.

Recapitulando su vida, estaba en las Vegas sin un quinto. Casado con su hermana, y con planes a futuro destrozados por su poca solvencia económica. Ni siquiera podría irse a Europa de gira, qué diría Amidamaru cuando regresara y le dijese que no cubriría el monto de la orquesta. Dios, ni siquiera quería pensarlo. El departamento de mercadotecnia ya estaba por lanzar las primeras circulares de su arribo a algunas ciudades de Italia. Cómo cubriría todos sus gastos si ya estaba por firmar un contrato para una casa.

Tenía todo y ahora no tenía nada.

Sólo problemas y una hermana furiosa con él.

Caminaba a prisa sobre la calle. Desde su salida del hotel, Anna no le dirigía siquiera la mirada. Ella misma anticipó que su trato sería meramente cordial para resguardar las apariencias, no sabía por qué se extrañaba o pensaba que podía ablandarse un poco. Era un iluso de eso no tenía la menor duda, pero a cómo veía la situación, no decirle nada e ignorar los hechos la molestarían aún más.

—Mujeres—resopló para sí.

Observó de reojo a su acompañante, debatiéndose mentalmente por su actitud. Ella se lo advirtió con antelación y si pensaba que cambiaría de parecer estaba equivocado. Daba gracias a que Ryu estaba demasiado atareado como para ahondar en el parentesco que en realidad tenían. Ni siquiera se había parado a pensar que Yoh tenía cierto renombre, fama que de a poco estaba llegando a esos países, no es como si fuera Garrett, pero tenía sus puntos sobresalientes. No se imaginaba su cara en un titular, pregonando que se había casado con su hermano. Debían deshacer ese catastrófico error cuanto antes de que alguien lo notara y lo hiciese público.

—Parece que éste es el Hospital—dijo notando el nombre en el edificio.

Yoh suspiró cansado. Después de treinta calles, daba gracias de poder sentarse un poco.

No respondió, simplemente preguntaron por Tao en recepción.

—Está en el segundo piso, habitación 34—dijo sin tomarle demasiada importancia a los visitantes—Sólo se permite dos personas por habitación, ya hay una persona arriba.

Se miraron tratando de entender cómo continuaba el hilo de la historia en los videos. Suponiendo que alguien estaba con Ren en su habitación, debía ser el mismo sujeto con las pertenencias de Anna.

El castaño sacó de su billetera una identificación, colocándola sobre el mostrador, mientras la chica continuaba su papeleo. No tardó en brindarle un número de referencia y un tarjetón color amarillo, mismo que cogió de la superficie a gran velocidad, sin darle la oportunidad de siquiera respirar.

—¿Qué tratas de hacer? —preguntó molesta, mientras él tomaba el pase.

—No quiero que asesines a nadie.

Cruzó los brazos, tratando de frenar sus impulsos sádicos.

—¿Prefieres que me desquite contigo? —cuestionó en un tono duro.

—Pensé que ya lo estabas haciendo.

—No conoces mi peor genio aún—le advirtió—Cómo sé que no lo dejarás escapar.

Bien, en un panorama alentador, Anna hablaría civilizadamente con el sujeto. Pero en una escala realista, lo amenazaría y golpearía. O peor, qué pasaría si él se pusiese a la ofensiva con ella. No todos parecían tolerantes ante una mujer tan alfa como ejemplificaba la rubia.

—También lo hago para protegerte, no sabemos qué clase de hombre es.

—Creo que ya hiciste demasiado protegiéndome—señaló con sarcasmo su situación actual—No intentes pasarte de listo, Asakura.

—Yo no intento nada—respondió ofendido—Protejo tus intereses y los míos.

Y seguirían discutiendo por horas, estaba seguro que no llegarían a nada. Anna no se dignaba a bajarse de su pedestal para notar las necesidades de los demás. Jamás había advertido cuán egoísta podía ser la rubia.

—¡Calla! Lo único que quiero tener contigo a partir de ahora es sólo para firmar un acta de divorcio.

No era de cerca lo más ofensivo o duro que había escuchado de su parte, pero extrañamente dolía. Quizá estaba demasiado ofuscado o le pesaba saber cómo marchaban las cosas cuando a su llegada no podían ser más cercanos.

—Sé que eso quieres y lo tendrás—contestó cansado.

—¡Cómo si tú no lo quisieras!

¿En verdad valía la pena discutir? No se encontraban en un lugar abierto, sino en un hospital. Incluso la señorita de recepción les observó de muy mal modo. Anna comprendió su impudencia, cruzando sus brazos y dando la vuelta para sentarse en una banca.

—Está bien, haz lo que quieras—señaló fastidiada—Pero quiero mis cosas, no me importa qué tengas que hacer. También quiero mi dinero y…

—¡Tortolitos! ¡Vaya! ¡Por fin llegan! —exclamó una tercera voz.

Fue inevitable mirar hacia el pasillo donde emergía un sujeto rubio con una gaseosa en la mano. Parecía feliz, aparte que lucía trasnochado, podía evidenciarlo con facilidad por lo desarreglado que lucía su camisa.

—Ya estaba desesperado y su amigo ni siquiera ha despertado—añadió abriendo la lata para darle un gran sorbo—Bueno, en realidad, ya reaccionó pero la enfermera dice que por la congestión alcohólica que sufrió, más la cruda y la droga que usó tiene que descansar bastante y estar bajo observación.

Yoh parecía impresionado por lo que mencionaba, recordaba con vaguedad la manera en que Ren había ingerido esa sustancia que Horo Horo había colocado en el vaso de Anna.

—¿Y qué dicen los exámenes toxicológicos sobre la droga que usó? ¿Sintética? ¿No tuvo algún problema en particular? —preguntó preocupado—¿Cuándo lo van a dar de alta?

Demasiadas preguntas para resolver en una sola emisión.

—¿Dónde está mi bolso? —intervino la rubia cruzándose de brazos.

Ésa era sencilla.

—En la habitación—dijo con avidez el hombre mientras veía cómo se alejaba hacia el elevador, no sin antes arrebatarle el pase de entrada a Yoh—Vaya, sí que tiene carácter la mujer.

Torció el gesto al ver su prisa por subir el ascensor. Siempre supo que no tenía mucho tacto, pero parecía que antes se guardaba mejor esas pésimas impresiones. Por lo menos no la creía más interesada en los bienes materiales que en la salud del hermano de su mejor amiga.

Bufó cansado, estaba perdiendo de a poco la paciencia.

—¿Y qué tal la noche? ¿Valió la pena el gasto? —mencionó en un tono picaresco.

Se notaba que tenía la confianza para bromear sobre el suceso, así que suponía que entre ambos existía cierta camarería.

—Pues… a decir verdad, me preguntaba si tú sabías qué pasó ayer.

Sonrió afable mientras le palmeaba en la espalda.

—Te casaste con Anna.

—Lo sé—afirmó cansado—Lo que quiero decir es… ¿Cómo fue que sucedió? ¿Tú estabas cuando todo sucedió? ¿O me equivoco?

—No te equivocas—continuó bebiendo el refresco—Anna apostó y perdió. Después me parece que Venstar se puso pesado, le exigió que cumpliera su apuesta. No sé si recuerdas que apostó su cuerpo.

Palideció de tan sólo escucharlo.

—Pero no te preocupes, cuando pasó tú te ofreciste a pagar por ella.

Aquello no sonaba nada bien.

—Tú pagaste por esa mujer—declamó firme—La cargaste y la bes…

—Suficiente—interrumpió terriblemente avergonzado— Entonces, Venstar… ¿es a quién le pagué casi medio millón de dólares?

—Técnicamente, pero lo depositaste a mi cuenta.

Suspiró aliviado, al menos podría recuperar algo de lo perdido.

—¿Y crees poder devolverme mi dinero? —cuestionó esperanzado.

Él pareció meditarlo un momento, aquello no le parecía un buen augurio y tenía razón, porque el gesto amable se extinguió.

—¿Entregarías a Anna? —devolvió su cuestión.

Y tuvo que hacer una nota mental, jamás ir de nuevo a las Vegas con tanto dinero acumulado en su cuenta. Las deudas de juego son más preciadas que la vida misma.

—Velo por el lado bueno, te casaste con una mujer sexy.


Tampoco es que sonara tan mal. Es decir, se encontraba encerrado en una celda con olor desagradable, en el suelo, revisando todo el papeleo para tramitar ambas multas. Analizando el caso de su 'esposa', no veía problema para alcanzar una fianza debido a su impecable historial. Algo bastante curioso considerando su profesión y los múltiples problemas que suponía vivir en ese sitio.

—Veo que eres bastante dedicado—escuchó su voz a una distancia cercana.

Agotada, había seleccionado un espacio en el suelo para dormir. No se levantó, sólo abrió los ojos para notar cómo cerraba una de las carpetas con su nombre.

—Deberías dormir, no hay mucho que hacer aquí—puntualizó con una apenas perceptible sonrisa.

—¿Siempre eres tan distante? — obvió su recomendación—No parecías un chico tan serio ayer.

—Estaba tomado, ya lo sabes—bufó cansado para recostar su cabeza en los barrotes—Además, no pretendas que sea un payaso de circo, para eso conozco a un tipo que se cree el mejor bufón del mundo. Cortesía de mi hermano.

—Yoh—mencionó sentándose a su lado—Me hablaste mucho de él, es tu mejor amigo.

Un súbito tono rojo apareció en su rostro. Es verdad, consideraba especial la relación con su hermano, pero tampoco podía aminorar a los otros sujetos. Carraspeó un poco antes de sentir cómo tomaba con firmeza su mano.

—Tu gemelo.

—Bueno, no es mi gemelo, más bien es… ¿trillizo? Creí que sabías de Anna—respondió soltando su agarre—Nacimos tres, no dos.

—Es verdad, la había olvidado—añadió en un suspiro—Debe ser genial tener una familia, en especial tener hermanos.

Aunque su tono de voz no sonara melancólico, de algún modo intuía que reflejaba parte de la soledad que trataba de ocultar entre sonrisas. Su historial detallaba su forma de vida y también el desconocido origen. Había crecido en un orfanato, donde permaneció hasta la mayoría de edad, desde entonces rondaba las Vegas en busca de oportunidades.

Y él se había presentado como una carta de juego valiosa.

Por una parte, no deseaba confiarse de esta desconocida, pero a medida que la observaba, no veía reflejado en sus ojos malicia.

—Seguro ya lo leíste que soy huérfana.

Se limitó en contestar con un gesto afirmativo la aseveración.

—No tienes que tenerme lástima, yo… en realidad no me la llevo tan mal, Hao.

—Pero tampoco tan bien—argumentó recordando el registro de propiedad—Vives con lo justo.

Bajo su mirada avergonzada.

—Pero no me casé por eso contigo, te lo aseguro.

Deseaba creerlo, pero al ver las circunstancias era claro que el divorcio sólo le traería una fuerte derrama económica por el régimen de bienes.

—Supongo que te insistí mucho—pronunció pensativo el castaño.

—En realidad…—dijo volviendo su vista a su rostro—Me pareciste el chico más guapo que hubiese conocido. Lindo, amable. Aunque sabía que no era verdad y que hoy te despertarías como lo has hecho… quería saber qué se sentía.

—¿Sentir qué? —preguntó curioso al ver su reacción tímida, tan ajena a la chica segura con la que se había manifestado desde el principio— ¿No querías ser una solterona de por vida?

—Algo así… es sólo que… mi trabajo y mi ambiente es muy diferente al tuyo—describió suspirando—Yo sólo quería saber qué se sentía casarse con un buen hombre, alguien que aun sabiendo a lo que me dedico no me juzgara.

No pudo evitar sentirse sorprendido por la respuesta. Tampoco es que la considerara una a la mujer, conocía a varias féminas para determinar si una era o no mala persona. Meene no entraba en esa categoría.

—No te preocupes, te daré el divorcio como dije antes y no te pediré nada, te lo aseguro.

Suspiró lento y largo. Suponía que debía relajar un poco su estado de ánimo, después de todo, ella no era culpable de su situación.

— Tampoco me molestaría darte algo, no eres una persona maliciosa—aseguró suavizando su voz—Eres mi esposa, después de todo.

—No, para nada—negó quitándole la carpeta de su regazo—Creo que ya haces mucho, llevando mi caso también. Y no concretamos el matrimonio, lo que nos deja carta abierta para la anulación.

—Es verdad—analizó con una pequeña sonrisa—No será tan difícil si decimos que el matrimonio no se consumió. Eres brillante.

Acomodó su cabello detrás de su oreja.

—Bueno, he escuchado un poco de los clientes que visitan el bar.

—Sabes… me agradas—dijo con sinceridad el castaño, tomando de nuevo la carpeta—Y no te dejaré sola, en cuanto arreglemos los papeles y la fianza, vendrás conmigo a Japón.


¿Era en serio? Apenas podía con su alma, ni siquiera sus pies le respondían y ahora el gerente del hotel no les permitía la entrada al lugar. No sólo por su apariencia, sino por la carente llave. Cómo había podido obviar algunas cosas, ni siquiera portaba una identificación para que ellos valoraran la entrada del sitio. Anna era la única con esa consideración.

—Intente de nuevo—pidió Oyamada—Es la habitación 425.

—Lo siento, pero según nuestro personal de limpieza, ninguno de los ocupantes pasó la noche aquí.

Manta miraba preocupado al resto del grupo. Por lo menos esperaban que Yoh y Anna estuviesen a salvo de cualquier locura. Es decir, el castaño ni siquiera estaba tomando como para perderse en alcohol y sobre la droga… ¿Eso que veía en el rostro de Horo Horo era sorpresa?

—¡Mierda! Yo le puse esa cosa a su bebida—dijo alterado tomándose el pelo continuamente.

—¡Qué! ¡Qué tú hiciste qué cosa! —replicó de inmediato

—¡Oh, no! ¡No! ¡No es posible! —continuó su monólogo

Se alejó de la recepción para sentarse en el sillón del vestíbulo.

—¿No me digas que de verdad querías tirarte a Anna? —preguntó sorprendido el moreno, ante el súbito enfado de Manta.

—¡Qué! ¡No, claro que no! —respondió Usui—Yo sólo quería que se divirtiera un rato, como siempre anda amargada….—objetó mirando a su amigo—Sin ofender, pero bien sabes que Anna siempre anda de malas, así que…

—¿La drogaste para que disfrutara la fiesta? —añadió escéptico Oyamada.

—¡Exacto!

Tenía ganas de golpearlo, pero era obvio que su físico no le favorecía en la pelea, así que calmó de la mejor manera sus ansias, después de todo no lograba nada en la riña. Y perdía más de lo poco que tenía. A estas alturas no había muchas probabilidades. Pasar la noche en la calle sería inadmisible, a parte que necesitaba hacer el reporte de sus tarjetas bancarias.

Suspiró tomando su cabeza con menudo cansancio.

Pocas opciones, no quería llamar a su padre.

—¿A dónde vas? —cuestionó el moreno al verlo decidido encaminarse

—A pedir refuerzos, esto se está saliendo de control.

—Pero… ¿a quién llamarás? —contestó confundido Usui.

—A Mikihisa.


Subió resignado al cabo de unos minutos, sin dinero era poco probable que pudiese irse al extranjero a realizar sus proyectos. Y veía lejana la posibilidad de solventarlo con préstamos bancarios cuando recién había adquirido uno para comprar una casa.

Suspiró de nueva cuenta derrotado, esperando lidiar con más preguntas de las necesarias por parte de Ren.

Cruzó el pasillo donde pudo ver a tres enfermos más en el trayecto. Finalmente dio con la cama, Anna estaba parada justo frente a la cama mientras terminaba de revisar las cosas en su bolso. Una ligera molestia lo invadió, para qué negarlo, estaba comenzando a irritarse con algunos comportamientos de su hermana y esa postura tan hermética que subrayaba a todos como culpables, menos ella.

—¿No ha reaccionado? —preguntó el castaño.

—¿Acaso no es obvio? Sigue dormido—respondió la rubia metiendo la cartera de vuelta al bolso.

Torció su gesto en evidente desacuerdo. Bien, si así serían las cosas, lo mejor era no hablarse más. Tomó la silla, sentándose justo al lado de Tao, que en apariencia sólo dormía. Sólo esperaba que el chiste no tuviese consecuencias mayores a futuro, después de todo, apreciaba mucho a Ren.

—¿Qué estás haciendo? Muévete, tenemos cosas que hacer—dictaminó Anna al verlo tan cómodo en el lugar.

—No vamos a dejarlo solo—objetó Yoh bastante irritado—Ya tienes tu bolsa, supongo que te puedes ir al hotel tu sola.

Cruzó sus brazos por debajo de su pecho. Juraba que sólo porque estaban en un hospital no se pararía a molerlo a golpes, pero estaba muy equivocado si iba a dirigirse de ese modo a su persona.

—¿Y qué te hace pensar que quiero ir al hotel? Antes de encerrarme en el maldito hotel, quiero tener la certeza de que este matrimonio quede anulado—dijo realmente molesta—Así que muévete, no pienso estar casada un minuto más de lo necesario.

—Lo siento, Anna. Pero tus prioridades, no son las mías.

Y ardería Troya, lo sabía, había escuchado su agitado respirar. Sabía de buena fuente cuán irascible era la rubia, la había visto interactuar de esa manera con otros sujetos, con sus amigos. No era nada agradable hacerla enojar. Miró con lástima a Ren, pensando que quizá compartirían cama o habitación después de la masacre.

—Eres un imbécil.

Giró su rostro lento, temiendo en el paso recibir una bofetada. Sin embargo, todo cuanto observó fue la dureza de su mirada. Tantos años viviendo a su lado, fue imposible no reconocer en esos bellos ojos cuán dolida estaba por sus palabras.

—No, peor, eres un inconsciente, poco hombre, idiota, pervertido…

—Basta, yo no te estoy insultando—detuvo parándose y caminando hasta estar justo a un lado—Sólo estoy diciendo que eso puede esperar un poco más.

—No puedo soportar la idea de estar casada contigo—respondió en un tono bajo que denotaba desprecio.

Y aunque la situación fuera diferente por el hecho de ser hermanos, también se sintió lastimado.

—Sí, supongo…. Que entre Hao y yo, le hubieses preferido a él.

—¿Te das cuenta el tipo de aberraciones que estás diciendo? —preguntó señalando su pecho con un dedo—Somos familia.

—Lo sé.

—Entonces deja de decir tonterías—espetó golpeando con un puñetazo su pecho.

¿Si había dolido? Por supuesto, en más de un sentido se sentía abrumado por todo cuanto estaba sucediendo a su alrededor. Sin embargo, ya no estaban ahí como lo que antes eran, sino como lo que ahora eran.

—Tú y Hao son hermanos, tú y yo ya no—señaló tomando su muñeca izquierda para evitar una mayor confrontación mientras miraba sus ojos confundidos—Mi hermana era más suave, mucho más empática conmigo. Tú… sin embargo, eres demasiado agresiva, ruda, grosera, mandona, implacable, llena de tanta energía…

Anna respiraba agitada, podía notarlo con el acelerado subir y bajar de su pecho.

—Quizá no lo notes, pero eso es precisamente lo que los hombres ven en ti—describió con mayor ahínco—Una mujer fuerte e indomable, hermosa…Y… es justo lo que yo empiezo a ver en ti.

Continuará…


N/A: ¡Hola a todos! Ha sido un poco espaciado desde mi última publicación, han sucedido tantas cosas y con trabajos pendientes que apenas he terminado este capítulo que venía postergando desde hace mucho. Muchas gracias por sus comentarios, es bueno saber que disfrutan de esta historia que pinta cliché en muchos aspectos, pero trataré de darle un giro interesante a eso. Espero subir pronto un nuevo capítulo.

Agradecimientos especiales: Annprix1, Khatal, Tuinevitableanto, Kinosama, JosMinor, DjPuma13g, Karla, Mauro93, Asin.