Capítulo IX
Pensó que dormir en la recámara de su hermano sería lo mejor. No dudó ni un segundo en prender la televisión y sintonizar cualquier película. Era su método infalible para dormir. Pero por más que trató— terminó por ver completo el maratón de Volver al futuro— y no pudo cerrar los ojos hasta las cinco de la mañana.
Ahora sabía todo sobre las oscilaciones del tiempo y que el destino es incierto hasta que tomas las decisiones justas. Nadie determina el futuro. Menos una máquina del tiempo, o esa parecía ser la gran enseñanza.
Pero quién le devolvería el tiempo perdido.
Ni siquiera se pudo dormir más de tres horas continuas, porque incluso en sueños le atormentaba esa mirada.
—¡Buenos días, Yoh! —dijo Manta, subiendo al elevador también.
¡Al fin un rostro familiar!
—¡Me alegra mucho verte, Manta! —respondió feliz.
—¡A mí también! No sabes todo lo que pasamos ayer—dijo en medio de un gran suspiro—Nos enteramos de lo de Ren, parece que todo se complicó un poco.
Demasiado, pero no quería verse tan comprometido en sus declaraciones.
—Sí… pero ayer que Hao se quedó con él, ya estaba mejor—le informó con rapidez—Van a darlo de alta hoy.
—Eso me da gusto, pensé que tendríamos que pasar otro día más en las Vegas—resopló hastiado, bajando al restaurante— Sobre lo de Anna y Horo Horo… Supongo que Hao también te lo comentó.
—Sí.
Siguieron caminando hasta el restaurante. No tenía tanta hambre como el día anterior, pero tenía que consumir algo, siquiera para no morir de inanición.
—En cuanto se despierte seguro querrá venir a hablar contigo—continuó Manta—Se tuvo que dormir en mi suite porque con el problema de Anna…
—Sí, me imagino—mencionó tomando un plato del brunch.
—Dijo que tú sabías qué pasó y que por eso no te pondrías tan violento como Hao.
No al grado de golpearlo, aunque ganas no le faltaban.
—Lo que me obliga a preguntarte… ¿Cómo está Anna? ¿Está mejor? Ayer parecía demasiado aturdida, asustada… no sé—describió con melancolía—Me recordó a lo que le pasó en Aomori. No sé… se veía tan… frágil.
Era claro que estaba preocupado por ella.
Suspiró, tomando lo primero que vio para llenar su plato. Estaba cansado de esa situación: de mentir y seguir viéndoles la cara de angustia. Tenía tantas ganas pero de que alguien lo golpeara a él.
Una vez que terminó de servir su comida, se dirigió a la mesa más cercana, donde Manta le siguió, esperando que continuara con las explicaciones.
—Ella está bien, no te preocupes—pronunció con esfuerzo—Hablé con ella, se quedó tranquila después de que le expliqué la situación. Tomará un poco de tiempo, pero volverá a confiar en… todos. Mientras sería mejor darle un poco de espacio.
—Entiendo—dijo pensativo—Me esforzaré para que vuelva a confiar en mí también.
Sonrió tranquilo. Era un alivio saber que siempre tendría la compañía de un amigo tan leal como Manta.
—Ya verás que todo será como antes—dijo más repuesto—Todo estará bien.
Aunque él no estaría más en sus vidas, confiaba que todo continuara como lo conocía.
—Te levantaste más temprano de lo que esperaba.
¡Ésa voz! No pudo evitar gritar su nombre. Mejor dicho: ambos. Porque incluso Manta se sobresaltó con aquella inesperada entrada.
Ella, por supuesto, les regaló la más gélida de sus miradas y, añadió a la presentación, un par de bofetadas para cada uno.
—Dejen de hacer tanto circo.
—Anna, estás… —trató de decir Manta.
—Estoy tratando de desayunar—le cortó de inmediato— Cállate y vuelve a tu asiento, sino puedes buscarte otra mesa donde puedas seguir haciendo esa clase de espectáculos.
— ¿Qué? No, no, no ya me callo—dijo regresando a su silla—¿Lo ves? Todo en orden.
Volvió a ignorarlos, cuando tomando su taza de café—que ni siquiera había probado— pero eso a ella no le importó.
—Manta, tráeme algo de fruta—le ordenó firme— Un plato con huevo con tocino y esa papa extraña.
—Sí, Anna, en seguida—respondió casi corriendo.
Aunque hubiese preferido ser él quien fuera por todas esas cosas. Era mejor que verla tomar el café tan tranquila, más a sabiendas que pudo estar bebiendo de la misma taza.
El silencio prevaleció un par de minutos, hasta que Manta llegó con el primer plato. Sabía que tardaría con el segundo, había una fila larga en espera del huevo y otra en las papas hash brown.
—No pensé que te levantarías tan temprano, siempre acostumbras pararte a medio día si puedes—comentó bastante indiferente.
—Ah… Era mejor hacer esto temprano, por si acaso tendría que moverme a varios lugares.
—Así será eso no lo dudes—dijo mirándolo en forma directa.
Entonces prefirió ver el plato de comida. No le apetecía tanto, pero era mucho mejor tener la boca llena. Comenzó a masticar la carne y las verduras. Después siguió con el tocino y los panqueques. En cuanto el mesero llegó, pidió otro café y un jugo de naranja. Ella se limitó a pedir uno de manzana.
—¿No preguntarás por qué estoy aquí? —cuestionó, jugando con la sandía en el plato.
—Asumo que pensaste que me levantaría temprano y querías verificar que hiciera las cosas que dije ayer y no me hiciera idiota de nuevo—respondió de forma casi mecánica.
—Así es, no confío en que puedas hacer las cosas por tu cuenta.
Está bien, lo entendía. No quería tomarlo como una afrenta, aunque así parecía.
—¡Listo! Aquí tienes: huevo con tocino y papas. Recién hecho.
Casi, quiso decir al final, cuando retomó su asiento en el medio de la mesa.
Él trató de hacer conversación. Era algo penoso verlo hacer el esfuerzo, porque Anna continuaba abstraída. Pero seguro no eran peores que las suyas, que casi prefería atorarse la mantequilla que seguir escuchando el relato de la noche de copas que les contaba Manta.
—Chocolove terminó con un tatuaje con todas nuestras manos en su pecho—narró casi riéndose— Horo Horo puso la otra mano en tu lugar.
—Qué divertido—admitió sonriendo por primera vez.
—Qué idiotas.
Al menos eso había aligerado el ambiente lúgubre. Y agradeció el esfuerzo de su amigo por ser un buen mediador, de lo contrario no sabía en qué terminaría. Aunque se extrañaba que ella fuera la que iniciara las conversaciones hacia él. Pensó que tras lo de anoche— y todo lo anterior— estaría más que vetado de su lista.
—Iré por mi bolso, espérame en el vestíbulo.
No contestó, lo que sí hizo fue sacar todo el aire que estaba conteniendo. Incluso su amigo soltó una pequeña risa al verlo más relajado en esa silla. ¿Acaso era tan notorio su incomodidad?
—¿Sabes…? Si no los conociera de toda la vida, diría que ustedes dos andan peor que novios peleados.
Su cara palideció por la mención de una unión entre ellos.
—Emm…. No sé qué dices—dijo tomándose la nuca— O por qué lo dices, pero no es así. No estamos peleados, no sé de dónde sacas eso.
Oyamada dejó la propina, mientras se dirigían a la sala de la recepción, donde se encontraría con Anna de nuevo.
—Vamos, Yoh—dijo sentándose en el sillón más pequeño—Anna no se enoja contigo nunca. Se enojará con Hao, hasta ha dejado de hablarle por semanas, pero contigo: nunca.
Como hermanos, fueron los mejores amigos, eso no lo negaría. Ahora las cosas eran distintas.
—¿Pasó algo malo que no me has contado? ¿Tuvo algo que ver con la droga?
—No…—respondió casi como robot—Ella estuvo conmigo todo el tiempo, el problema es que…
—¿Qué? —preguntó preocupado.
—Que cuando estábamos en el hospital yo… yo…—tartamudeó pensando cómo decirlo—Yo arruiné su oportunidad con un hombre. Alguien que la flechó casi de modo instantáneo.
Y no mentía, se notaba en la forma que sonreía mientras estaba con ese sujeto.
—Entonces… está molesta contigo por un… ¿hombre? —preguntó en un tono bajo, demasiado para la euforia que sobresalía de él minutos atrás.
—Fue amor a primera vista, peque—dijo bajando la mirada al suelo—Cuando te enamoras a primera vista, es algo tan raro y mágico que… nadie debería prohibirte estar con esa persona, ni siquiera tu propia familia.
Odiaba ese sillón. No era más incómodo que el piso donde estuvo durmiendo casi todo el día ayer, pero tampoco era la suite de lujo que dejó ir por el idiota que continuaba durmiendo como angelito como si nada le preocupara.
Esto era aburrido.
Esperaba que Yoh llegara pronto, aunque si tenía que dejar a su socio en su lugar, le haría pagar a su hermano su irresponsabilidad. No llegó, lo que le sorprendía porque estaba renuente a irse del hospital por Tao.
—Señor Hao, traje todo lo que me pidió—dijo Luchist, entrando en la habitación.
—Perfecto, ¿sabes algo de mis hermanos? —cuestionó extrañado.
—Salieron, parece que desayunaron con el joven Oyamada y después fueron al casino a recuperar algunas pertenencias de su hermana que olvidó.
Sonaba como un clásico descuido de Yoh.
—Bien, ¿puedes quedarte con este perdedor? Tengo que ir a finiquitar este asunto.
No tuvo inconveniente en hacerlo. En verdad era un gran amigo, después buscaría lo forma de agradecérselo. Ahora le urgía llegar al juzgado, donde ya estaba esperándolo Meene.
—¿Conseguiste la cita? —preguntó, llegando donde estaba sentada.
—Le pedí a un amigo que nos diera la primera que tuviera—respondió mostrándole el turno—Somos los terceros. Pero todo está en orden, traigo todos los papeles, incluso el acta.
Sonrió complacido.
—Está bien, porque me voy en unas horas—dijo, revisando toda la papelería que llevaba—En Japón no es un acta válida, pero en Estados Unidos lo es.
—Sí, eso he escuchado—respondió Meene, ofreciéndole un café de máquina—Es rápido, no nos llevará más de dos horas.
—Dos horas son las que llevo muriéndome de hambre, casi son las diez.
Tuvieron que esperar tres horas para pasar con el juez. Un par de preguntas, la redacción del escrito y sus firmas. Ayudaba en mucho que pasaron la noche en prisión a los pocos minutos de concluida la boda. ¡Listo! El acta de anulación estaba por imprimirse. Tan sencillo como eso.
—Te invitaré a comer para celebrar, en lo que sale ese estúpido papel—dijo, jactándose con alevosía.
—Se ve que estás muy feliz.
—Lo estoy, era el caso más complicado y todo salió fácil.
—Nada como estar bien informado—respondió la mujer—Pensé que sería más complicado.
—Nos favorecieron muchas cosas—contestó, explicándole todos los factores.
Parecía sencillo porque ella entendía mucho de lo que se refería. Más porque tenía experiencia con otros casos de bodas exprés. Fue una comida amena, donde le relató más de su vida y lo que le esperaba si aceptaba irse a Japón.
—Arregla los papeles, te conseguiré un departamento. O puedes quedarte con Mattilda, a ella le gusta recibir rommies a cada rato. Tiene muchos cuartos disponibles.
—¿Tu crees que quiera?
—Por qué no, eres mi amiga y tu historia de vida le va a conmover bastante.
—¿No le importará que estuvimos casados? —preguntó extrañada.
Quizá no era un punto en el que estuviese pensando demasiado.
—No pasó nada entre nosotros, no hay que preocuparse de esas cosas, son irrelevantes.
—Entiendo—dijo con una pequeña sonrisa—Entonces arreglaré todo para mudarme, llegaré ahí en un par de semanas.
—Perfecto.
Terminaron de comer, charlaron cosas más intrascendentes. En realidad le agradaba esa mujer, parecía saber lo que decía en el momento justo. Aunque no se sentía tan atraído a ella, como para querer casarse con desesperación como tanto le había dicho.
—Tengo que irme, abordaré un vuelo de madrugada y es bastante tarde.
—Sí, apenas tendrás tiempo de dormir y acomodar tus cosas—dijo abrazándolo, una vez fuera del juzgado—Al menos ya tenemos el papel.
—Al menos—dijo separándola—Bien, nos veremos después, tienes mi número por cualquier cosa.
Caminaba al estacionamiento, cuando su voz lo detuvo antes de abordar el vehículo.
—¿Olvidaste decirme algo? —cuestionó con gracia—Por favor no me digas que te enamoraste de mí, sé que soy irresistible, pero ya sabes cómo es esto, no lo hagas más difícil.
Pero lejos de hacerla enojar o parecerle gracioso, ella más bien tenía un semblante algo triste.
—Hao, sé que no nos conocemos mucho, pero… debes decirle.
¿Decirle? ¿Qué a quién o qué? No comprendía.
—Cuando te dije que fuiste muy insistente para casarte conmigo, olvidé decirte por qué lo hiciste.
No le gustaba nada la forma tan compasiva que tenía para mirarlo.
—Te casaste conmigo porque era rubia—describió tomando su cabello—Me dijiste que mis ojos eran diferentes, pero que preferías pensar que era por las luces de la noche. Y me besaste, me besaste varias veces, hasta que me pediste que huyera contigo y que nos casáramos.
Apretó un puño, no pudiendo creer todo lo que decía.
—Sé que dirás que no es mi asunto, pero si tú estás ayudándome con mi vida, quizá…
—Gracias, Meene, pero lo que dices no tiene sentido para mí—dijo tajante—Si es por todo lo que vivimos, te lo repito: no sólo estaba borracho, sino drogado. No sabía lo que decía, ni lo que hacía. Si eso es todo lo que vas a decirme, te pido que olvide ese tema. Fue un error y estoy seguro que nada de eso hubiese pasado de estar consiente. Te reitero mi ayuda, pero no vuelvas, ni por equivocación a insinuarme lo que creo que estás haciendo.
Cerró el carro, esta vez arrancando sin ningún tipo de consideración.
Su mano temblaba y no sabía la razón, era una locura. Una completa y colosal locura.
—Yo respeto a Anna, sería incapaz de pensar en ella de la forma que cree Meene.
El problema es que seguían esperando. Eran el quinto turno y apenas salía la tercer pareja. Si el día de ayer había sido pesado, este no tenía comparación. Comenzando por lo incómodo que fue despedirse de Manta y mientras Yoh le pedía que fueran por Ren al hospital. Luego, la tediosa charla del taxista y el calor de Nevada. Era eso o el sepulcral silencio que se daba cada vez que estaban juntos en un lugar.
Después siguió: la vergüenza en el casino.
John Denbat, el cínico que tenía su bolso, limpiaba las copas en la barra del casino, cuando llegaron a preguntarle por el nombre de la capilla.
—Pero qué sorpresa ver al matrimonio Asakura de nuevo—se jactó alegre—¿Les invito una copa? ¿Ya salió Ren del hospital?
—Emmm… No a lo primero, sí a lo segundo—dijo el castaño, mirando su reloj—Creo que ya debe estar por salir.
—Bien, bien, en qué les puedo ayudar, que no sea devolverles el dinero, ya les dije que no puedo hacer eso.
Ya lo sabían de antemano.
—Quiero el nombre de la capilla—intervino sin mayor explicación, al menos antes de Yoh diera más razones.
—Oh, eso…¿Se quieren divorciar? —reaccionó extrañado—Pero por qué, no lo entiendo
¡Cómo que por qué! ¿Qué no encontraba suficiente razón con saber que estaban drogados y borrachos? Habían tirado demasiado dinero a la basura y se casaron sin pensarlo. ¿Acaso su cerebro no carburaba?
—Ahórrate las preguntas y danos los datos de ese lugar—recriminó con dureza— No te estamos pidiendo permiso.
—Uy, tranquila Anna—dijo guardando distancia, mientras tomaba un papel para escribir algo— Ahorita les paso el dato, pero es que de verdad… jamás había visto a una pareja más enamorada que ustedes dos—describió viéndolos, más al notar que cada uno estaba por lo menos a tres bancos de distancia— Yo me hubiese tatuado: Yoh y Anna por siempre, si me hubiera dado tiempo. Hasta me dieron ganas de enamorarme—agregó, dándole el papel a la rubia—Pero allá ustedes, uno no encuentra al amor de su vida dos veces, chicos. ¡Dos veces! Tengan eso en mente.
La gama de colores rojos no fue suficiente para iluminar su faz, ni siquiera quiso ver la de Yoh, porque tan pronto tomó el papel, salió del bar para abordar el mismo taxi. Le entregó el papel. Si por ella fuera, desearía estar encerrada en su habitación. Pero de qué le servía lamentarse, ya estaba demasiado cansada de todo. Sentía más inquietud guardando distancia con él. Tanto que no pudo dormir, apenas amaneció se paró de su cama.
Casi le había rogado porque se quedara, él prefirió no hacerlo y estaba bien, era lo correcto.
También esto lo era. Cada quien en su papel, siendo lo más cordial posibles, sin involucrarse tanto.
¿Entonces por qué le dolía lo poco que Yoh decía en su presencia? ¿Por qué sentía que la fruta se atoraba en su garganta al verlo tan apresurado comiendo para evitar conversar? Fue odiosa el día anterior, pero era lógico, quién en su situación no lo sería.
—Espero que traiga suficiente dinero, la cuenta se hará larga—mencionó el hombre, deteniéndose en la capilla.
—Descuide, sí traigo dinero suficiente—convino el castaño.
Sólo tendrían que imprimir el papel y acudir a un juzgado. No pensaron que se alargaría cuando la chica de mostrador les intentara vender el estúpido video como parte de un paquete integral. Lo peor es que no entendía negativas. Terminaron pagando lo que les ofreció, aumentando un extra para borrar toda evidencia posible.
Una vez con la ridícula bolsa roja en mano, estaban por salir, cuando se toparon con un hombre, que los miró sonriente.
—Pero si es el matrimonio Asakura.
Otro idiota que parecía conocerlos.
—O más bien diría, los hermanos Asakura—figuró, guiñándoles el ojo.
Bastaba describir cómo se les drenó el color de sus rostros.
—¿Qué? ¿Ya se les pasó la euforia? —agregó con cierto toque de maldad.
Yoh tartamudeó sin siquiera poderlo creer.
—¿Pero cómo? ¿Quién es usted? ¿Cómo sabe que somos hermanos? ¿Y lo de la boda?
—Pues porque yo los casé—dijo con obviedad—Estuvieron una hora rogándome que lo hiciera. Les dije que no podíamos hacerlo, porque vi que tenían la misma edad y los apellidos eran iguales.
—¿Y luego? —preguntó interesada, mostrándole el acta—¿Por qué lo hizo?
—Pues porque me dijeron que en Japón no estaba prohibido y que ustedes en verdad no eran hermanos—describió casi impaciente—Él dijo que era adoptado. Y la verdad es que no lo hubiera hecho, pero era tan… lastimoso verlos, además que físicamente no se parecen en nada—dijo, mirándolos a detalle—Eso y el joven Asakura compró los anillos más caros de la boutique. Debo admitirlo, nadie le compra un Tiffany &Co a su novia si no la quisiera para toda la vida.
Con eso para qué decir más. Yoh estaba perturbado, apenas volvieron al taxi, indicaron la última parada, no quiso volver a mirarla. Y para ser francos, ella tampoco tenía nada bueno que decir. A cada momento parecía que la vida quería escupirles en la cara lo que habían hecho. Cada vez parecía más una loca fantasía de enamorados que un acta que firmaron por error.
Esperaron pacientes su turno, él dando vueltas a los pizarrones de corcho. Recargado en la otra pared del otro extremo, caminando. Incluso viendo la película que estaban transmitiendo, que para colmo de males, era una romántica: Votos de amor.
—Matrimonio Asakura.
Comenzaba a odiar el mote.
Al menos, después de largas tres horas, consiguieron pasar con el abogado.
—Y dicen que quieren divorciarse—concluyó, después la breve explicación—Sólo tenemos un acta y sus pasaportes.
—Como supone, no estamos en casa—intervino Yoh—Nos explicaron que teníamos que pasar aquí, porque…
—Porque no acreditan para una anulación—informó la nota—Muchos mienten, terminan peor el asunto, se llama a testigos… el juicio se hace público. El gobierno no toma a la ligera estas cuestiones.
Por supuesto, se los habían esclarecido desde el principio.
—El matrimonio no es un juego.
Bueno, ¿qué era? ¿Abogado o su padre?
—Es evidente que necesitamos actas de nacimiento y también tenemos que hacer una investigación de sus bienes. Se casaron por bienes en común, lo que hace difícil la separación…
—No queremos dividir el patrimonio.
—Lo sé, las condiciones dicen que estaban en mal estado—dijo leyendo el expediente—Pero las leyes dicen lo contrario, lo que podemos hacer es comenzar los trámites, pero tendrán que venir a tres audiencias en los próximos meses. Lo cual no sería conveniente, porque no viven aquí.
Suspiró agotada.
—¿Y cuál sería la siguiente opción?
—Esperar tres meses—dijo archivando en la computadora el caso—Podemos hacer el cambio de régimen con un par de firmas, tomará un par de semanas a que esté el veredicto. Después podemos esperar y argumentar que el matrimonio no funcionó por diferencia irreconciliables.
¡Meses! Debía estar bromeando.
—¿Y no hay manera de acelerar el proceso? —cuestionó angustiado el castaño.
—Lo siento, señor Asakura, pero es lo mejor. Además un divorcio no está de la noche a la mañana—le informó serio—De ser así, podríamos ahorrarnos las sesiones y si tienen todo en orden, sólo llegamos a firmar ese día y se acabó. No les puedo ofrecer algo mejor.
—Está bien, se lo agradezco.
No era lo que deseaba oír después de una larga espera. Estaba anocheciendo, podía notar el cielo anaranjado. Pero no tendrían más opción que permanecer casados y acatar las indicaciones del abogado.
Abrió la aplicación para llamar un taxi.
Una vez adentro, cada quien volvió a su lado de la ventana.
Parecía más sencillo así, en que se ignoraban, a pesar de que sabían que en algún momento tenían que discutir el tema. Pero quizá estaban evitando la manera de confrontarse de nuevo. Él le había dicho que estaría lo más lejos posible, sólo estaba cumpliendo su palabra.
—Espero que no te moleste lo de los meses—escuchó su voz en apenas un murmullo—Tal vez si no me hubiese quedado con Ren ayer, tal vez hubiésemos calificado para la anulación.
Era una probabilidad, pero tampoco era tan alta.
—Hiciste lo que tenías que hacer, es tu amigo—respondió, mirando a un niño jugando con un gato en la acera.
—Sí, pero él estaba mejor, esto sólo complicó un poco las cosas—agregó melancólico—Lo siento.
—Está bien, lo importante son los resultados, ya no importa el tiempo.
—Sí, me aseguraré de que todo esté en orden por mi parte. No voy a postergar ni un segundo de este trámite—dijo más seguro—Prometo no molestarte con eso, voy a mantener mi promesa.
Suspiró, cruzando sus brazos. Quería decirle más cosas, pero no parecían salir de su boca. Menos cuando él volvió su vista a la ventanilla, incluso le pidió al conductor que subiera la música del radio.
Fue un trayecto largo.
Una vez en el hotel, pidieron cada uno su respectiva llave. Pero antes de siquiera subir al elevador, él los tomó por sorpresa.
—Anna.
Los brazos de Hao la estrecharon con fuerza. En ellos podía proyectarse su preocupación, más por cómo sostenía su rostro entre sus manos.
—¿Estás bien?
—Sí, claro que estoy bien—respondió serena— ¿Por qué no habría de estarlo?
—¡Cómo que por qué! Ayer…
Pero antes de que hiciera un escándalo, posó un dedo en su boca. Él comprendió el mensaje: no quería hablar de eso.
—¿Y se puede saber dónde estuvieron todo el día? Estuve a nada de salir a buscarlos al casino.
—No encontraba mi pasaporte—dijo la rubia, sacando el documento—Alguien lo llevó al consulado.
Pareció convencido.
—Sí, bueno… suena como algo que el tonto de mi hermanito haría: perder cosas importantes—se atrevió a bromear con él.
—Sí, soy un imbécil— dijo con una diminuta sonrisa— ¿Te importa si me quedo en tu habitación? Supongo que tú y Anna querrán conversar.
Eso sí pareció sacarlo de contexto, más porque se adelantó al elevador para subir de inmediato. Pero antes de que las puertas se cerraran, consiguió meter su mano para impedir su huida.
—¿Estás bien? Pensé que irías a ver a Ren en cuanto estuvieras despierto.
—Sí, estoy bien, solo un poco cansado—respondió, permitiéndoles entrar con él en el ascensor—Le pedí de favor a Manta que fueran por Ren, me imagino que te los encontraste.
—Tuve que salir, también olvidé algo en la estación de policía.
Ambos lo miraron extrañados.
—Pensaba contarles, pero veo que ninguno de ustedes anda de humor para estar contando sus desventuras. Me ahorro las mías—dijo el mayor— Sólo sepan que todo está bien. No terminé en la cárcel y la boda sigue en pie. Tampoco perdí un diente. Y no, Yoh. Quédate a dormir con Anna. Me importa muy poco si andan enojados o si ya se tienen hasta la coronilla—dijo, arrebatándole la tarjeta y bajando en su piso—No es mi problema.
Las puertas se cerraron y subieron dos niveles más.
No quería dormir con ella. Y ella, suponía que estaba mucho mejor sin él.
—No creo que te abra la puerta, estaba muy enojado.
—Sí, pero lo intentaré—dijo, acompañándola hasta su habitación—Si él pregunta por qué estás molesta, dile que es por el enfermero.
No fue una mirada dócil la que le ofreció.
—No es del todo mentira—argumentó él.
—No es del todo verdad—respondió tajante—¿Qué vas a decir? Si le vas a decir eso, se va a enojar más.
—No sé y no me importa, pero voy a bajar y hablaré con él.
—Y si no te quiere abrir.
—Pues dormiré en el pasillo, no me importa—dijo, marchándose algo exaltado.
Apretó sus puños con furia. Estaba que no aguantaba el hoyo que se formaba en su estómago. No sabía qué la impulsaba a querer agarrarlo de la camisa y meterlo en la habitación de una vez. Sus hermanos sólo estaban provocándole una gastritis con sus desplantes y niñerías.
¡Los odió! ¡Los odió tanto a los dos! Que por segundo día consecutivo no pudo dormir ni una hora. No importaba lo cansada que estuviera, ni que no hubiese comido nada después. Apenas dieron las dos de la mañana, se bañó y alistó para tomar el taxi que los llevaría al aeropuerto.
Soportó los ruegos de Horo Horo, que estaba más forzado por la situación que por la sinceridad. Luego estaban las escuetas palabras de Ren, prometiéndole que la recompensaría con algo después. Y Manta, el buen y servicial Manta, tratando de serenar el ambiente pesado que se formó en cuanto esos idiotas llegaron.
Y quiso matarlos, porque ambos venían de mejor humor.
¿Qué le había dicho Yoh para serenar su mal genio?
Porque si algo sabía es que Hao cuando se enojaba era peor que el mismo diablo.
Documentaron y pasaron a comprar cosas para el trayecto. No habló con nadie, sólo se colocó los audífonos y siguió leyendo una revista. En cuanto subieron, sabía que no podría volver a sentarse como estaban antes. Yoh, ni siquiera le dio opción, se fue con Ren y Chocolove. Mientras Horo Horo y Luchist compartieron asiento con Manta. Fue Hao quien se sentó a su lado, junto a un chico de cabello azul. Trató de ignorarlos, dormitando un rato. Pudo hacerlo, él no hizo el menor intento de conversar, hicieron un cambio de avión en Houston, entonces consiguió dormir.
Abrió los ojos, percatándose que estaba descansando sobre su hombro.
—Parece que en verdad estabas cansada—comentó, cubriéndola con una manta—Dormiste más de cuatro horas.
—Y siento que no es suficiente—respondió, tratando de volver a dormir.
—Entiendo, yo también tengo sueño—dijo el castaño—No quiero hacer tu viaje incómodo, así que quiero pedirte disculpas, ayer actué como un imbécil.
—Algo clásico de mi hermano mayor—contestó, mirándolo conmovida.
Él notó ese sentimiento y la abrazó.
—Sabes que siempre me pone celoso que confíes más en Yoh—agregó con dificultad—Incluso ese día que te encerraste, tuvo que venir él para que te sintieras mejor. Sé que es tu favorito y todo, pero… ¿podrías no ser tan obvia a veces? Hasta los hombres más fuertes y poderosos tenemos sentimientos frágiles.
Sonrió aprensiva, refugiándose en su pecho, recordando a Yoh diciéndole que jamás lo arruinaría con Hao. Ahora lo entendía.
—En todo caso, quien se tiene que disculpar contigo soy yo. Ni siquiera pregunté qué te pasó; preferí encerrarme, fui bastante egoísta e inmadura—dijo apenada—Yoh no es mi favorito, ni lo prefiero por encima de ti, es sólo que… no quiero decepcionarte.
—Grábate esto en la cabeza, Anna—dijo, besando su frente—Nunca vas a decepcionarme. Voy a estar contigo, aunque me hayas dicho que mataste a un bebé.
—¿A un bebé?
—Sí, aunque seas cruel y estés loca. No me importa, voy a ser siempre tu fan número uno.
Tal vez era el amor que necesitaba en ese momento, porque le hizo sentir mucho mejor.
El resto del trayecto fue ameno. No volvió a dormir, escuchó atenta toda la desventura de Hao y Luchist. Era sorprendente que terminara en la cárcel en medio de vómito y personas desconocidas. Le habló sobre una mujer, a quien deseaba ayudar y que le había ayudado en el encierro.
Ella le contó las desavenencias en el casino, el dinero que Yoh perdió y lo que ella pasó buscando su bolso. Mitad mentira. Mitad verdades, en las que trataba de no dar demasiados detalles para no caer en contradicciones.
—Sí, algo así me contó Yoh—dijo más tranquilo—Y sobre ese enfermero, que fue la razón por la que lo abandonaste en el hospital.
—El amor de mi vida—enunció con ironía.
—Sí, debió ser muy intenso como para que te enojaras con él.
Ni siquiera lo recordaba bien. Sabía que era guapo y agradable. Uno más de entre cientos de millones de miles de hombres más. Pero en palabras de Yoh, había sido un amor casi instantáneo, de esos imposibles de encontrar.
—Es sólo un tipo, él es tu hermano—puntualizó Hao—Sólo quiere protegerte, es un favor personal que le encargué, no lo tomes a mal.
Después, sólo vieron dos películas. Cuando el avión aterrizó y buscaron el equipaje, alcanzó a ver que hablaba con alguien por teléfono.
Al atravesar las puertas, encontró varios rostros conocidos. Pilika corrió a recibir a su hermano. Jeanne, cargaba a Men en brazos, cuando se acercó a su esposo. Mannoko se encargó de Manta.
Y apenas pudo procesar cuando su padre la levantó del suelo con un abrazo demoledor. Tardó en bajarla al piso. Hao se quejó de inmediato, pero no lo suficiente, hasta que su madre se acercó a él del mismo modo.
—Me falta uno de mis cachorros—comentó Mikihisa.
—Aquí está—respondió tranquilo Yoh.
Su madre abrió sus brazos para recibirlo. Él se veía tan sereno, aunque con un rastro de cansancio muy evidente.
—Bien, pues es hora de irnos—agregó su padre—Los abuelos están en casa y preparon un gran banquete para recibirlos.
—¿Estamos incluidos en el banquete? —preguntaron casi al unísono los hermanos Usui.
—Pero sí por supuesto, ustedes y todos están invitados.
Gritos de alegría. Genial, ahora también tendría que soportar a estos perdedores en la cena.
—Lo siento, papá—intervino Yoh, tomando algo de distancia—Tamao me está esperando en mi departamento.
—¿Tamao? —cuestionó Hao—¿Tú y Tamao aún?
—Sí, y… preparó la cena, no quiero desairar su buen gesto—agregó el castaño—Dale mis saludos a los abuelos.
—Está bien, lo entiendo, a ellos les hubiese encantado cenar contigo.
—Lo sé—titubeó un momento—Pero pasaré a verlos, en cuanto pueda, te lo aseguro.
Con eso, se despidió de todos agitando la mano y corrió hacia la salida más próxima.
—Ojalá yo también tuviera una novia que me esperara con una cena de bienvenida—dijo con pesar Horokeu.
Mientras su mirada seguía en él, aguardando un auto para tomar. La poca tranquilidad que tenía, se disipó al verlo abordar un taxi. ¿No era así como dicen que se sentía un corazón roto?
Continuará…
N/a: ¡Hola de nuevo! No ha pasado tantos años para que subiera otro capítulo, pensaba hacerlo más seguido, pero no sé qué opinen, tampoco quiero correr tanto porque luego les subo a diario y pues no, tampoco sería buena idea ir a mil por hora. Me agradó este capítulo, pensé que nunca concluiríamos el viaje, pero es que con tantos problemas que se metieron y los capítulos cortos, poco se avanza.
Muchas gracias por sus palabras, sé que anda un poco abandonado este sitio, pero bueno… de vez en cuando yo también lo visito como lectora. Es bueno saber que a pesar del tiempo, aun tenemos nostalgia por lo que era. Siempre serán buenos tiempos. Gracias por seguir leyendo y bueno…. Hasta avanzar al final. Nos leeremos pronto. Tal vez el otro capítulo si diga, años después.
Agradecimientos especiales: Nana010, Guest, Lili, Guest, anneyk, ioakane19, Saralour-tita.
