Capítulo XIII
Jamás pensó sentir ese cosquilleo naciendo en su interior con solo un toque. Pero con él parecía que eso sólo era el principio de algo más grande. Lo percibía, cada vez que su boca se fundía con la suya y que sus labios acariciaban los suyos con una devoción casi indescriptible.
Tardaron varios minutos así, sin querer ceder, sin querer despegarse uno del otro. Y cuando lo hicieron, la agitación era evidente en ambos. Mientras sus manos bajaron, delineado sus abdominales.
—Por favor, Anna… —pronunció rodeando su cintura con sus manos—Golpéame, grítame….
Estaba parada de puntas y sintió cómo él caminaba hacia atrás hasta topar con aquel sostén de madera. No se quejó por el ligero golpe en su espalda, menos cuándo él la miraba con ese fuego en su mirada.
Y sus manos volvieron a su rostro, tan sólo para atraerlo con mayor decisión a ella.
—Mátame—suplicó él.
—Tú me mataste primero—respondió contra su boca, mientras sus dedos se enredaban entre esas hebras color café—Liquídame. .
Yoh gimió agradado, mientras su labio mordía con suavidad el inferior. Tal vez estaba jugando con fuego, pero era exactamente lo que sentía. Y aquel pilar lo único que hizo fue cerrar el espacio entre los dos a medida que él la arrinconaba Ni siquiera sintió cuándo la levantó, ni en el momento exacto en que sus piernas alcanzaron a rodearle la cintura. Todo cuanto sintió fue un nuevo beso. Un nuevo encuentro feroz con su boca.
Con nadie se besó de ese modo tan fogoso. Su lengua comenzó a invadir su boca y ella, cedió al juego, en tanto sus manos seguían revolviéndole el cabello, tratando de apegarle aun más. ¿Pero eso era posible? Casi estaba encima de ella, mientras él acariciaba sus piernas con sublime deleite.
El vestido estaba demasiado encogido, casi en su cintura, lo que facilitaba el tacto de Yoh, que comenzó a deslizar su boca por su cuello, succionando sin el mayor miramiento. Dejó caer su camisa al piso, cuando se arqueó al sentir aquella última mordida en su piel. Fue suave, aun así, cada que abría los ojos, podía ver miles de centellos esperando arder.
Justo como ella, que le abrazaba, rozando su anatomía contra su pecho desnudo. Deseó por un momento hacer el contacto piel con piel. Cómo sentiría Yoh si rozaba sus pezones con los suyos o si le mordía de la misma manera que él parecía hacerlo que su cuello. Decidió hacerlo: lamía, succionaba y luego soplaba, provocándole escalofríos.
—Anna…—jadeó su nombre.
Le encantaba ese tono grave en su voz. Continuó haciéndolo, esta vez, capturando el lóbulo de su oreja.
—¡Aaaah!
Ni siquiera se extrañó que buscara desesperado el cierre de su vestido. Era obvio, por cómo la aplastaba contra la madera, que deseaba lo mismo que ella, sentir sus pechos al desnudo. Así que lo abrazó, frotándose sin inhibiciones contra él.
Jamás fue tan impulsiva, pero no podían culparla, él no dejaba de frotarle el bulto que se estaba formando en su pantalón. Sentía sus pantaletas húmedas por la constante fricción, mientras gemía en su oído su nombre.
De pronto, él bajo sus manos muy por debajo de su espalda. Se arqueó al saber que le estaba tocando del trasero y que eso, le ayudaba a simular un pequeño vaivén. Sabía de sexo, aunque no lo había experimentado del todo. Y deseaba que la tela fuera más delgada entre ellos, por lo que no dudó en descender sus manos hasta su cinturón.
Estaba mal, lo sabía, pero se sentía bien. ¡Se sentía sublimemente bien! Más cuando dejó los pantalones en el suelo y palpaba la tela de sus bóxers. Él respiraba agitado, en especial cuando dos de sus dedos se situaron en el elástico para bajarlo un poco. Quiso objetar, pero le besó con ímpetu.
En primera, debería tener algo de raciocinio. Estaban en un parque. Sí, a oscuras y quizá vacío. Mientras seguía lloviendo, aunque con menor intensidad. ¡Pero era un lugar público! En segunda, la relación sanguínea que los unía. Y en tercera, cómo podían estar a punto de tener sexo sin siquiera haberse visto o hablando en todo un mes. ¿Por qué la desesperación? ¿Por qué tanta pasión?
¿Pero necesitaba la cordura? No. Y antes de que le bajara la ropa interior también, volvió a chocarla con la madera y aprisionó sus manos con las suyas. Detuvo el beso, paró el contacto con sus bocas. Pero ni siquiera le dio tiempo de réplica, cuando se las arregló para sostener sus muñecas con una mano y movió un poco sus bragas de lugar.
Sentía cómo se derretía en esa área, su excitación era evidente.
Sin más aviso, volvió a frotarse con su entrepierna.
Quería menos tela, ahora lo sentía con mayor claridad, friccionando con su pequeño botón abajo. Ella se revolvía, al sentir cómo estimulaba su clítoris con su miembro encerrado. Luchó por liberarse, no le costó tanto esfuerzo, y quizá él lo agradeció cuando volvió a tomar su trasero con ambas manos, dándole la altura perfecta.
Esto era exquisito.
Gimió, sin poder controlarse y clavó sus uñas antes de volver a unir sus bocas. No le hubiese importado que se quitara la ropa interior o la bajara para clavarse en ella, porque de hecho deseaba sentirlo.
—Yoh…
Quería saber qué sentiría al tenerlo en su interior. Él podía deslizarse fácil, estaba demasiado mojada. Y él lo sabía. Quería hacer tantas cosas, quería que él saciara ese fuego que albergaban sus ojos. Deseaba desnudarlo ahora mismo, acostarlo contra el piso, arañar su estómago, besarlo y luego sentarse en eso. Eso que se movía con desesperación en su entrepierna.
—Anna…
Sus manos se clavaban en su piel, apegándola hasta desaparecer la más mínima distancia. Era tanto su éxtasis que no dudó en comunicarle sus más íntimos deseos con un susurro a su oído. Y era tal, el ímpetu que Yoh no dudó en simular con su lengua lo que ella había solicitado en medio del beso. No sabía si era castigo o formaba parte del preludio, pero en verdad su piel quemaba de lo caliente que se sentía en ese momento. No mentía: en verdad deseaba sentirlo.
Él comenzó a introducir una mano en su ropa interior, cuando el odioso sonido del teléfono resonó. Quiso pasarlo de largo una vez que la llamada entró al correo de voz y el castaño acarició los labios de su vagina. Gimió, mientras el teléfono volvía a sonar y vibrar. En toda esa oscuridad resultaba fácil identificar el origen de la molestia.
¿Quién diablos molestaba en este preciso momento?
Tras perderse por tercera vez parecía que el asno no entendía negativas.
Yoh sonrió, antes de dejarla tocar el piso de nueva cuenta. Sabía lo que quería decir, sin siquiera pronunciar una palabra. Y maldijo a quien fuera que estaba llamando por quinta ocasión. Suspiró y acomodó su vestido, mientras caminaba hacia su móvil.
Roló los ojos en cuanto vio el nombre de Hao aparecer en pantalla. Tardó un poco, pero al final optó por tomar la llamada.
—¿Qué necesitas?
—¿Cómo que qué necesito? Es más de media noche—comenzó en un tono enfadado—¿Interrumpí al imbécil que está contigo?
Quiso gritarle que sí, pero conociéndolo se pondría peor que padre celoso.
—Pues sí, me interrumpiste, estaba por joder con un tipo.
Al final lo hizo.
—Obviamente no, Hao—se retractó al escuchar las maldiciones que soltaba—Estoy con Yoh.
Él estaba algo pálido por la última mención.
—Sí, claro, ¿crees que nací ayer? Pásamelo.
Tomó aire y le pasó el teléfono. Él tampoco estaba tan cómodo tomando la llamada. De hecho, esto le parecía una reverenda estupidez. Bastaba con decirle que no llegaría a dormir y ya. Seguir en lo que estaban.
¿Pero podrían? Había requerido no sólo valor, sino todo un cúmulo de emociones desbordantes para arrojarse a sus brazos. Viéndolo contestar a Hao, era claro ver que la cordura estaba regresando a él. Y la culpa estaba invadiéndole, podía clarificarlo al fijar sus ojos en ella.
—Claro…
Fue su error haberlo involucrado.
Suspiró y caminó al otro extremo, tratando de serenarse de mejor modo. Aunque era difícil ignorar lo resbaloso que estaba su ropa interior. La lluvia había parado y la brisa era apenas perceptible. Porque su cuerpo todavía irradiaba el calor de unos instantes.
Limpió sus pies y colocó de nuevo las zapatillas.
—Le dije que te llevaría a casa—dijo en un tono tranquilo, mientras le extendía el celular—Nos espera en media hora.
Tomó el aparato de sus manos, notando que aún tenía la erección muy notoria en su pantalón.
—¿Te duele?
Yoh pareció confundido, hasta que su vista se posó en ese lugar en específico.
—Ammm no todavía—dijo apenado—Se bajará… Anna…
Sabía lo que añadiría, así que negó con la cabeza antes de que empezara con las disculpas. No las necesitaba. Menos en esa situación, en la que eran participes los dos. Se puso el abrigo, estaba frío, lo cual le venía bien dado lo elevado de su temperatura.
—Vámonos, antes de que comience a llamar. Cómo si fuera mi padre—bufó molesta—Qué estúpido.
Comenzó a caminar por el mismo recorrido. Él la seguía por detrás, un poco más lento.
Tenía razones de sobra para estar furiosa. Cuándo dejarían de tratarla como a una niña. Entendía bien aquello de la sobreprotección por el incidente o porque era mujer y ellos eran celosos con los hombres por su extraordinario físico, porque no era idiota para notar que la naturaleza había jugado bien a su favor. Pero esto ya rallaba en lo enfermo.
Como joder con tu hermano, se recordó a sí misma.
¿Qué eso no era más enfermo que los celos de Hao?
Y se odiaba por eso mismo, porque lo estaba de verdad disfrutando como a nada en el mundo. Metió una mano a su bolsillo, encontrando el regalo que tenía preparado para él. Giró a verlo de reojo, era claro que trataba de concentrarse el algo que le bajara la erección, porque aun con la camisa desfajada, se notaba el bulto en sus pantalones.
Tal vez sonreír orgullosa de la reacción que provocaba en él estaba mal. Como demasiadas cosas que hacía o pensaba a últimas fechas. Como lo mucho que se castigaba o reprendía por esa clase de ideas.
Pensó que una más no la pondría en un círculo diferente del infierno en el que ya se encontraba. Así que detuvo su andar, hasta que él igualó su paso. Ya estaban cerca de la salida, por lo que sería poco tiempo.
Él la miró confundido, cuando de la nada tomó su mano derecha. Se sentía extraño porque llevaba en su palma el llavero que cosió para la ocasión. Mas no dijo nada, sólo se sonrojó y encontró el gesto bastante lindo.
De nuevo tuvo ganas de besarlo y al parecer, no era la única.
—Tu hermano me matará si me ve llegar con esto—le advirtió con una pequeña sonrisa—Por favor, no me veas así.
—Entonces piensa en tu hermano con Mattilda.
—¿Sabes que cualquier hombre lejos de horrorizarse hasta puede animar su imaginación con eso? —comentó divertido.
—Sólo los pervertidos—respondió con alevosía—¿Eres un pervertido?
Él acrecentó su sonrisa, provocando en ella un gran sonrojo, en especial por la forma en que la besaba antes de querer tocarla de forma directa.
—Mejor pensaré en ovejitas—propuso el castaño— Por algo sugieren pensar en ovejitas antes de dormir, ¿no crees? Deben ser aburridas, saltando la cerca de un lado a otro. ¿Se darán la vuelta y volverán a saltar? ¿Crees que por eso nunca se acaben?
No pudo reprimir la pequeña sonrisa en su rostro, eso era una idiotez.
—Eres un pervertido tierno—admitió sin fijarse—¿Lo dije en voz alta?
—Sí—dijo sorprendido.
¿Qué era eso? ¿Ahora iban a pasar de la fogosidad a la melosidad? Suponía que estaba adivinando sus pensamientos, porque frenó toda idea linda que completara aquella frase.
Caminaron en silencio, el panorama estaba desolado. A pesar de eso, no tuvo miedo de cruzar los mismos puentes. El trayecto ayudó, ya que al llegar a su auto, pudo notar que ya no caminaba en forma rara. Soltó su mano, dejándole ver la naranja que cosió de fieltro unido a un llavero. Él pareció admirar el detalle de la costura y sus iniciales escritas en un borde. Le costó trabajo, más en la semana que Manta mandó esos obsequios. Estaba renuente de hacer algo especial, pero ya lo había planificado meses atrás. Vio varios tutoriales para hacer su propia versión de la fruta. La naranja se pelaba, incluso tenía los gajos en el interior de la bolsa — o mejor dicho, la cáscara— era diminuto en comparación de otros regalos, que bien pudo comprar en la tienda.
—Es hermoso—dijo dentro del auto—Anna, es adorable.
Sonrió complacida por lo mucho que le encantaba. Podía ver el brillo de ilusión en sus ojos.
—Sé que no debería hacer esto y que me iré al infierno, pero no puedo evitarlo.
Sintió cómo acunaba su rostro entre sus manos y luego le daba un pequeño beso en sus labios, mientras sonreía. Suponía que era tanta su emoción, que volvió a besarla, está vez con mayor duración, porque alcanzó a corresponderle.
¿Qué tenía él que la hacía sentir de esa manera?
Sentía que en cualquier instante la llama del fuego volvería a surgir entre ellos, si seguían robándose el aliento.
—Pero… no entiendo—alcanzó a pronunciar— ¿Cómo sabías que me verías?
Ésa era la parte difícil de aceptar.
Sin embargo, después de todas las cosas de esta noche, una más sería insignificante, en comparación de su encuentro íntimo.
—Pensé que eras tú—confesó apenada—La cena, los regalos…
Y él sonrió, aún más conmovido, apartando un mechón de su cabello.
—De algún modo, sí era yo—dijo —Yo le di las ideas.
—Lo sé.
Porque nadie la conocía del modo en que él lo hacía.
Y él no dejaba de verla en ese modo. Desabrochó su cinturón y sin que él lo esperara, se montó encima, en el mismo asiento. Seguro a estas alturas pensaría que estaba desesperada, más por la forma en que lo acercaba a ella. Yoh era tan limitado, que no se atrevería a dar ese paso.
Pero la iniciativa sí la tenía, cuando sintió sus manos delineando toda su silueta y sus besos apasionados. En ese momento, si Hao se atrevía a molestar, arrojaría el teléfono por la ventana.
Sin embargo, no tenía tanta suerte.
Escuchó el golpeteó en la ventana y ambos contemplaron a un oficial mirarlos con seriedad. Más de un tono carmín iluminó sus rostros.
—Señor, si no quiere que lo multe, usted y su novia vayan a un hotel—sugirió el policía—Y no lo digo para que avance un par de calles y sigan con su acción, lo digo en verdad, voy a reportar su auto.
Yoh sonrió más nervioso, casi mirándole suplicante para que regresara a su lugar. Y la verdad es que ni siquiera ameritaba la petición, en cuanto pudo dio el brinco de vuelta al sitio del copiloto.
No tardó más de dos minutos en arrancar el auto.
Ése sí fue un silencio incómodo.
No sabía a dónde mirar, que no fuera la entrepierna del castaño. Tuvo que admitir, que para el susto que le habían dado, no pasaba del todo desapercibida. ¡Dios, sí que debía estar muy hormonal! ¡O demente!
No había nada de tráfico, aún así, no veía la hora de estar en casa.
Ya era demasiado por un solo día y él parecía estar de acuerdo, por lo pensativo que se encontraba. Pensar cómo comenzó todo era ridículo. Nada fue como lo esperaba, aun así, tenía algunas respuestas a sus interrogantes y tenía más preguntas sin resolución.
Cuando se estacionó, aspiró profundo. Hao salió de inmediato de la casa, peor que el oficial de policía, al menos él estaba trabajando. Yoh también tomó un respiro antes de abrochar hasta el último botón de la camisa. Quiso añadir que estaba despeinado y tenía una cara de frustración difícil de ocultar, pero no quiso hacer más agrio el encuentro.
—Tardaron casi una hora—objetó el mayor—¿Pasaron por comida o qué?
—Me estacioné en una rampa, el policía casi me multa.
—Tan despistado como siempre—respondió, rolando los ojos.
¿Y lo era? Para dar las excusas, tenía muy bien justificado los motivos de la demora.
—Feliz cumpleaños, atrasado, par de insensibles—añadió abrazándolos a ambos— Se largan a festejar sin mí, voy a fingir que eso no me ofende.
—No te ofende—dijo Yoh, librándose del toque—Aún así: Feliz cumpleaños, espero que lo hayas pasado muy bien.
Era obvio por qué la distancia.
—Espero que mejor que ustedes.
—Sí…Voy a dormir, estoy muy cansado—agregó el castaño, dejándolos en la sala.
—Así que…. cena elegante con Oyamada. Aunque lo vago no se lo quita nadie, parece que le cuesta mantener la etiqueta—enfatizó en la vestimenta de Yoh— ¿Me perdí de algo interesante, Akachan?
Negó con la cabeza, besando su mejilla izquierda.
—Buenas noches, Hao.
En una inusitada fantasía, él estaría esperándola para continuar su faena. En la realidad, su alcoba estaba vacía, a la espera de que sacara el futón del clóset. ¿Debería sentirse mal por ese hecho? Más bien debería avergonzarse de pensar lo contrario. En un techo en donde dormían sus padres y sus abuelos, era obvio que Yoh no cometería semejante agravio.
¿Y si mejor dejaba de pensar idioteces?
No pudo dormir en toda la noche. Por más que trató, su espíritu no parecía serenarse. Tampoco lo hizo su cuerpo, que extrañaba a gritos su calor . ¿Qué tenía él que le gustaba tanto? Era igual que Hao, y nunca, ni por asomo tuvo curiosidad por ver a su hermano mayor desnudo. Es más, la simple idea le parecía repulsiva.
Pero con Yoh… bastaba recordar la sensación para desear verlo.
¿Cómo podría lidiar con esa clase de pensamientos enfrente de su familia? ¿Se sentiría igual con los nervios más fríos? O mejor dicho, qué esperaba de él. ¿Quería algo en específico? ¿Era sólo físico?
No sabía. A pesar de eso, se levantó tarde. Con suerte él se habría ido a su departamento. No fue así, porque lo escuchó discutir con Hao en la cocina. Después, su hermano mayor salió furioso, sin siquiera prestarle atención.
Notó la aflicción de Mikihisa al otro lado de la barra.
Y luego, le dirigió una mirada con pena.
—¿Qué le ha puesto tan de malas? —preguntó, tratando de aliviar el ambiente tenso.
Su padre suspiró, mientras le tendía una taza de café.
—Cuéntale, Yoh—le animó el hombre— No creo que ella lo tome igual.
Aquello despertó su curiosidad, sólo esperaba que lo que fuera a decirle no incluyera la palabra Tamao en la oración, ni boda. Porque lo mataría, aún estaba casado con ella como para atreverse a hacer semejante vileza.
Y también…. Porque no toleraría que lo hiciera.
—Voy a marcharme a Verona.
Eso no era novedad, sabía que se iba a Italia después de la boda.
—Me voy este fin de semana—agregó mirándola con un gran pesar—Y la verdad no sé cuándo regrese. Puede ser en un año, o quizá…
Nunca.
Continuará…
N/A: ¡Hola a todos! Pensaba subirlo un poco antes, pero ya saben cómo son esas escenas para escribir. No creí hacerlo todo desde perspectiva de Anna, pero creo que me salió muy natural hacerlo así. Siento que ella le aporta a la narración un aspecto duro pero al mismo tiempo de decisión y vulnerabilidad. Lo sé, estoy llenándolo de referencias, eso también es sin querer, como el capítulo anterior, me alegró saber que sí les evocó eso. Sobre todo me reí por la mención de que Hao pasó a ser Timón. Siento que Hao es algo inseguro en lo que se refiere a sus hermanos, siente que a veces se queda fuera de la dinámica, pero no es su culpa. Más bien es porque ellos ni siquiera saben cómo lidiar con lo que llevan encima.
Agradecimientos especiales: Guest, Muyr, Guest, La anónima v, Kokite, Guest, Penurias Chan, Minoko B., Guest, Tuinevitableanto, Alexamili, Zria, Guest, Nio, Hikari H.
Agradezco todos sus comentarios, nos leemos pronto.
