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¡Hola! Gracias por darte la oportunidad de leer esta historia.

Hey Arnold! y sus personajes le pertenecen a Craig Bartlett y Nickelodeon.

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Capítulo 1. ¿Acosador?

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El transcurso de las clases continuaba tranquilamente, ya habían pasado un par de días desde la pelea de Helga y Edmund. Si bien ya de por sí siempre le hacían caso a las ordenes de la rubia, ahora evitaban poner mala cara al ser mandoneados. Todos en la clase se consideraban amigos, y a pesar de que Helga dudase a veces si ella estaba incluida en aquel grupo, ellos realmente le guardaban aprecio en el fondo.

Sin embargo, Arnold no podía evitar notar como ella parecía cómoda con su soledad, percibía como ella voluntariamente se excluía y valoraba estar a solas con ella misma de vez en cuando.

Para él, una persona naturalmente social, aquello era un poco desaliñado.

En el mundo de los niños de nueve años, su mayor preocupación era divertirse. Él se preguntaba si ella era realmente feliz. Muy pocas veces la había visto hacer una pequeña mueca como una simulación de una sonrisa. También el hecho de que no parecía gustarle hablar mucho o conversar de algún tema al azar. Phoebe parecía ser la única excepción de la rubia, ella si parecía valer la pena.

Era por eso, que una grande curiosidad se instalaba en Arnold hacia Helga. Ella parecía un misterio total, de esos que quisieras descubrir, pero a la vez te aspira miedo realmente lo que te encontrarás si lo abres.

¿Qué contenía ese libro rosa en el que Helga siempre solía escribir?

Inconsciente, o conscientemente quizás, siempre había elegido los asientos que se encontraban al lado derecho de ella, eso le dejaba mirarla de reojo de vez en cuando, o quizás un poco más que eso, en todas las clases. ¿Aquel comportamiento es normal?

Y en cada clase, ella siempre sacaba un libro rosado. Al principio, había pensado que ella tomaba apuntes de la clase, pero notó que no era así. Helga escribía en esos libros no solo durante la clase, sino también después de un examen o mientras que esperaban a que el profesor entrara al salón. Además, notó que solo usaba una pluma morada para escribir en estos, y nunca lo usaba para escribir en otros cuadernos o exámenes. Arnold asumió que esa pluma solo era para escribir en los libros rosados.

No sabía como explicarlo, pero verla tan concentrada escribiendo y borrando en ese pequeño libro le llamaba la atención. Junto con las pequeñas reacciones que podía observar de ella. El ver como hacia muecas de disconformidad mientras con la mirada perdida intentaba buscar inspiración, el como cerraba los ojos unos segundos y de repente escribía con rapidez y, sobre todo, el ver como se mordía el labio y presionaba la pluma contra sus delgados y rosados labios.

Arnold se había quedado embelesado.

Y con ello, su curiosidad solo aumentaba con el paso de los días. Entonces, intentó hallar respuestas por sí mismo. La clase de literatura del profesor Simmons era la única en la que Helga prestaba atención, notaba como ella despegaba los ojos de su libro rosa y hacía contacto visual con el profesor más de lo regular que en las otras clases.

—Niños, silencio por favor —habló con voz alta el profesor Simmons, mientras que sostenía con una mano una hoja de papel—. Voy a devolver los trabajos literarios de la semana pasada. Pero antes de eso, voy a leer una de las poesías en voz alta, siento que pueden tomarlo como inspiración. No puedo decirles quien lo escribió, porque ella o él decidió mantenerse bajo anonimato. Así que, aquí va:

La idea es atractiva.
Hace años que lo pienso.
Hace años que lo deseo.

Pero ¿Dejarla sola?

Siempre he sido distante.
Con todos… Con todos
Estoy, pero no estoy.
Me conocen, pero no me conocen.

Siempre me siento ausente e inadecuada.

Siempre ha sido y será así.
No conozco otra forma y no creo querer que sea de otra forma.
¿Entiendes?

Por eso me iría.

Pero ¿Dejarla sola?

Arnold tenía su brazo apoyada en su escritorio, apoyando su mentón en la palma de su mano. No pudo evitar mirar de reojo a Helga, quien hizo un gesto de espanto por un segundo. Aquello le pareció extraño, pues ella usualmente siempre tenía un gesto indiferente adornando su rostro.

Era sumamente raro ver otra expresión. Así que, decidió prestar atención más profundamente.

Arnold no estaba loco. Podía jurar ver como la rubia se deslizaba poco a poco en su propio asiento, como encogiéndose. ¿No le gustaba la poesía? Realmente tenía que decir que era muy bueno, de hecho, creía que hasta podía ser algo avanzado y profundo para ser escrito por alguno de sus compañeros.

Esa persona que lo escribió debió haber sido alguien sentimental, sin duda alguna. ¿Alguien como Eugene o Sheena, quizás? Pero de ser así, ¿por qué querer ser anónimo? Ellos dos expresaban abiertamente su sensibilidad hacia las cosas. ¿Phoebe o Rhonda? Dudaba mucho que ellas fueran el tipo que no quisiera que su trabajo fuera reconocido. Ambas siempre parecían orgullosas de sus logros personales. ¿Harold, Stinky, o Sid? Recordaba claramente como el profesor Simmons les había encargado un trabajo de crédito extra por sus bajas notas en el curso de literatura. Entonces, quedaban descartados.

Entonces… Quedaba la rubia que se encontraba a poca distancia de él.

¿Helga? ¿Helga podría ser la autora?

"Sí, claro. La niña más ruda y fría de todo PS 118 escribiendo poesía…"

"Bueno, ¿por qué no? Ella oculta muchas cosas, el anónimo de hecho le caería a pelo. Además, mira tan solo la reacción que tuvo. Sin duda, es miedo a que la descubran." La voz en su cabeza parecía tener buen fundamento. Sin embargo, Arnold se negaba a creer aquello. Quizás porque adaptarse a esa información de Helga era difícil de digerir.

Pero de ser así... Entonces, todos los trabajos que el profesor Simmons ha leído en clase, ¿todos eran de ella? El profesor siempre leía un tal anónimo al final de todas sus clases.

Ese libro rosa…

"Ella siempre está escribiendo algo ahí. Algo grande se oculta en esos libros rosas, sin duda."

"Si quieres despejar tus dudas, tienes que leer ese libro rosa." Arnold se mordió el labio inferior ante la sugerencia.

"Pero ¿cómo? Ella siempre lleva con ella su bolso. El único momento que tendría una oportunidad es en el receso, cuando todos estamos jugando béisbol…"

"Ahí tienes tu respuesta. Simplemente diles que te sientes mal y que te tienes que sentar en las gradas, entonces tendrás acceso al bolso y, por ende, al libro…" La idea era totalmente descabellada. Y quizás era más descabellado que Arnold Shortman realmente esté considerándolo.

"Me va a matar si me atrapa." Palideció al simple hecho de pensar el que pasaría si Helga lo llega a encarar.

"La clave es que no lo haga".

No sabía que era peor, la sola sugerencia o el hecho de que realmente se lo esté replanteando.

—¡Tierra a Arnold! ¡Viejo, te estoy hablando! —Arnold se vio interrumpido por su amigo de toda la vida, Gerald. Él lo veía con una ceja alzada, tenía las manos en frente de él. Seguro estaba intentando llamarlo y al estar pensando detalladamente en su plan, no lo había sentido.

No había sentido el timbre tampoco, por lo visto. En el salón solo se encontraban él y Gerald. Era tiempo del receso.

"Rayos, quizás deba planearlo más detenidamente si realmente quiero ver el contenido de sus libros rosas." La cara de Arnold se iluminó, cuando una idea pasó por su mente. Su mejor amigo lo miraba expectante. "¿Qué rayos pasa con él…?"

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La gran mayoría caminaba de vuelta de la escuela por el simple hecho de gozar del clima. Hoy era uno de esos días soleados en el que corría una suave brisa. Perfecto clima para jugar con sus amigos, o pasear un rato a Abner. Sin embargo, ahí se encontraba, siguiendo a su compañera.

No pasaba nada. Sus casas estaban de paso, pero Arnold sabía que tenía que mantener una distancia prudente si no quería que ella se enojara. Agradeció mentalmente que ella parecía muy enfrascada en sus pensamientos como para notarlo. Hace ya unos tres minutos había dejado de Phoebe en su casa, y ahora se dirigía a la de ella. La casa de Helga estaba cuatro bloques más lejos de la casa de Arnold.

Él, al ver la casa de huéspedes, se mordió el labio inferior. Aquí era cuando tenía que parar, pero muy en sus adentros el sabía que no lo iba a hacer. Entonces, tomó el otro camino para llegar a la casa de Helga. Si bien ese camino demoraba un poco más, si Arnold corría hasta llegar a la casa de la niña, él llegaría antes que ella. Sobre todo, si la muchacha seguía arrastrando sus pies así hacia su casa. Casi como si no quisiera llegar.

Arnold no entendía aquello. Conocía a la familia de Helga de vista por algunas presentaciones que hacían en fin de curso o fechas especiales como el día del padre o madre. Su padre parecía un hombre arrogante y serio, pero era su padre así que no debía ser tan malo con su hija menor. Su madre se le veía distraída la mayor parte del tiempo, pero él pensó que quizás era por cuestiones laborales. Y su hermana mayor parecía dulce y amable con la menor. ¿Por qué no querría pasar tiempo en su casa?

El corazón casi se le encogió cuando pensó que el mataría por pasar tiempo con sus padres. Ignoró ese sentimiento, y se enfrascó en su tarea: desenmascarar a Helga G. Pataki.

Arnold entonces entró al callejón que le permitiría tomar el otro camino a la casa de Helga, pero tuvo la mala suerte de patear una lata que se encontraba en el suelo. Casi corrió sin tratar de hacer sus pisadas muy altas, y se escondió detrás del tacho de basura de la esquina.

La rubia detuvo su paso abruptamente, entonces giró en su propio eje y habló con voz un poco más alta de lo que usualmente empleaba. Miró al callejón que acababa de cruzar, volvió sus pasos y lo observó detenidamente.

—¿Quién está aquí?

Silencio.

"Quizás sólo estoy exagerando…" Pensó Helga negando con la cabeza. A lo mejor solo era un sentimiento de paranoia. Después de todo, ¿quién si quiera quisiera seguirla? Ella era una niña de nueve años común y corriente. Dinero no traía con ella. Entonces suspiró y siguió su camino, mirando a la nada.

Arnold al escuchar los pasos alejarse, movió un poco su cabeza y pudo ver como Helga retomaba su paso tranquilamente. Soltó el aire que estaba conteniendo muy bajito y con la manga de su sweater se limpió la frente, que tenía algunas pequeñas gotas de sudor por el nerviosismo de ser atrapado.

"Eso estuvo muy cerca… ¿Qué me pasa? ¿Por qué estoy haciendo esto? Esto no esta bien, estoy invadiendo su espacio personal." Y cada vez que Arnold lo pensaba más a profundidad, más se sentía culpable de su actuar.

"Bueno, si ella tan solo se abriera un poco más, quizás no tendrías que buscar respuestas por tus propios medios. Es culpa de ella ser tan asocial". Una voz en su interior, sin embargo, le intentaba convencer de que no era tan grave.

"Pero ella tendrá sus razones personales para mantener su vida privada alejada de los demás. Prácticamente estoy acosándola." Arnold negó con la cabeza. Sabía perfectamente que había límites para invadir la privacidad de alguien, y a pesar de ese conocimiento, ahí se encontraba.

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"No puedo creer que aun así haya venido…" Se sintió avergonzado de su actuar. Y lo peor es que no se arrepentía.

Y ahí estaba. Había llegado hace un par de minutos y se había escondido detrás de los tachos de basura, que se encontraban al lado de la casa de Helga. A la vez, tenía una perfecta vista panorámica de toda la calle, de donde la vería llegar.

Cuando notó un punto rosa hacerse cada vez más visible supo que se trataba de Helga, que llegaba la mochila en uno de sus hombros y sosteniendo su libro rosa contra su pecho. Seguía con la mirada perdida. Por lo visto no lo había notado, se encontraba subiendo las escaleras del porche delantero.

Arnold, al suspirar aliviado, se apoyó ligeramente en el tacho de basura. Lo malo era que la tapa no estaba correctamente puesta, por lo que se cayó e hizo un estrepitoso ruido. Entonces Arnold sudó frío y se quedó estático.

"Rayos, rayos, rayos… ¿Lo habrá escuchado? El metal fue muy ruidoso como para solo ignorarlo… Dios mío, estoy muerto."

Cuando escuchó unas fuertes pisadas apresuradas, cada vez haciéndose más estridentes, supo entonces que Helga estaba bajando las escaleras y aproximando a donde él se escondía. Él atinó a cerrar los ojos y encogerse abrazando sus rodillas. No solo perdería la oportunidad de conocer más profundamente la vida personal de Helga, sino que ella pensaría que él era un acosador. Si bien antes no le agradaba que ella actuase indiferente hacia él, prefería mil veces eso a soportar futuras miradas de asco. "Pensará que soy detestable y ahora sí que no me va a querer cerca…"

—¿Y bien? ¿Qué se supone que haces? ¿Me estás espiando?

Si bien la voz de Helga era suave y pausada, no le quitaba el tono amenazador que ella empleaba. Entonces, al no recibir respuesta, ella alzó por el brazo a la persona que la estaba siguiendo desde el camino hasta la escuela.

Arnold contuvo el aire, sintiéndose completamente tenso.

Lo habían descubierto.

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N/A: No se pierdan el próximo capítulo, se los juro que será una bomba. Este capítulo se trató más de como la curiosidad de Arnold hacia Helga comenzó a nacer, y yo creo que es importante que él poco a poco empiece a tener unos detalles como los que tenía Helga, pero no tan extremos como relicarios o altares, de ahí viene el título. Sin embargo, aquí podemos observar cómo Arnold stalkea a Helga. Ups, ¿saldrá con un ojo morado?

Otra cosa, quisiera resaltar este review de una lectora:

En la historia original, Helga se enamora de Arnold y él es más como algo en lo que ella puede refugiarse cuando tiene problemas familiares. Esa es mi duda precisamente, ya que Helga no quiere a Arnold, ¿cuál sería su motivación?

Debo decir que me estabas leyendo la mente en como voy a hacer a Helga. Sí, aquí su historia será un tanto diferente, ya que no tiene el amor hacia Arnold como su soporte emocional. Sigan leyendo para saber que planes tengo con Helga. No puedo responder cómo exactamente, pero les puedo afirmar que es muy importante porque va a cambiar las cosas.

P.S. Sí, la poesía que escribe Helga ahora es diferente, ya no esta centrada en su amor platónico, porque no lo tiene. Pero pensé que sería triste quitarle uno de sus talentos, así que seguirá ahí su don de poeta.

Déjenme su review y su fav si les gustó. Gracias por leer.

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