¡Hola a todos! Uff, hace tanto tiempo que no publico en FanFiction que ya había olvidado cómo se hace... ¡Bienvenidos a mi fic!
Antes de empezar, debo advertir que contiene SPOILERS del manga, así que antes de seguir leyendo, les recomiendo que mejor piquen la flechita hacia atrás si no quieren llevarse alguna que otra sorpresa que les pueda arruinar la serie.
Ahora bien, realmente no me veía regresando al mundo de los fics. De hecho, mi idea original era hacer un doujinshi (que no sé cuándo tendré tiempo de dibujarlo), pero en mi mente tenía acumuladas un montón de ideas locas acerca de esta ship, y entonces me dije "¿Por qué no aprovechar y descargar todo eso en un fanfic?". Como podrán ver, terminé cayendo en la tentación...
Este fic, como el título lo indica, es lo que mi alocada imaginación se planteó a base de supuestos de lo que "hubiese pasado si..." a raíz de ciertos momentos del anime y del manga. Por ese motivo, la primera parte de este capítulo es una réplica casi tal cual de la escena que, pienso yo, potenció en el fandom el gusto por esta ship: la famosa disputa en la montaña.
Además de eso, creo importante aclarar que todo lo que tengo pensado para este fic está contemplado hasta los últimos acontecimientos del manga. Es decir, hasta el capítulo 178, por lo que todavía no sabemos qué va a pasar con Giyuu y demás personajes.
Como última nota aclaratoria, quisiera mencionar que por mucho que uno intente meterse en la piel del personaje, siempre podemos caer en alguna clase de OoC debido a que ninguno de nosotros es la mangaka original. He intentado por todos los medios mantener a estos dos tal y como los hemos visto en la serie y como pienso que son, así que espero que mi emoción por esta ship no me haya hecho alterar demasiado sus personalidades con tal de someterlos a ciertas situaciones.
En fin, creo que no tengo nada más que agregar en las notas preliminares. Me callaré la boca de una vez para no matarles las ganas de seguir leyendo, y me despido hasta las notas de abajo. ¡Buen provecho!
Disclaimer: Kimetsu no Yaiba no me pertenece a mí, sino a Koyoharu Gotouge.
I.
La hoja experta e impiadosa de Giyuu cortó en un instante el cuello del demonio. La cabeza se desprendió con relativa facilidad, dando paso a la tan característica erosión del cuerpo que poco a poco, se desharía en polvo tras aquellos últimos pasos errantes de vida.
El demonio estaba muerto, y el problema terminado.
No habría habido nada extraordinario en esta oportunidad, de no ser por el gesto inexplicablemente compasivo que vio tener al joven novato para con el despreciable ser que tantas vidas se había llevado; tanto de inocentes, como de sus propios compañeros… ¿En qué pensaba ese chico, hecho polvo y desangrado, cuando palmeaba tan cálidamente la espalda del que perfectamente podría haber sido su propio verdugo?... ¿Acaso sentía lástima por la falsa apariencia de niño que mostraba la Luna Inferior?...
Una punzada de rencor afloró en el centro de su pecho. No podía permitirlo. Los demonios no merecían un gramo de compasión después de haber plagado con desgracias el mundo.
Desechando el más mínimo rastro de respeto por el recién fallecido, descansó las suelas de su calzado sobre la ropa que había dejado el cuerpo evaporado. Su mirada de muerto viviente aún guardaba un cierto destello de reproche para el joven, quien no dudó en mirarlo como si hubiese cometido un sacrilegio.
Qué ridiculez…
—No te compadezcas de un demonio que devora a los humanos. — había decretado. Su voz resonó con su característico temple inmutable. —Aunque tenga el aspecto de un niño, es un monstruo que lleva decenas de años vivo.
No era más que sentido común… Y rencor por las vidas preciadas que los demonios le habían arrebatado. Esa era, al fin y al cabo, la razón por la que las personas abandonaban el sendero de una vida tranquila para convertirse en cazadores de demonios; y ese chico no podía ser la excepción. Sin embargo, y para su –poco expresada- sorpresa, el muchacho de cabellos rojizos defendió la memoria del recién ejecutado. "¡Los demonios fueron seres humanos!", le había recriminado el muy incauto, con aquella voz temblorosa que no podía desbordar más compasión…
¿A qué se debía semejante testarudez?... Los ojos serenos de Tomioka recorrieron el rostro de la joven que yacía dormida bajo la protección del novato, y no fue sino hasta ese momento, que un vago recuerdo iluminó su mente.
Aquella se trataba de la chica demonio a quien le había perdonado la vida a petición de su hermano. Aquél niño débil y terco que había sacrificado todo con tal de proteger lo único que quedaba de su familia.
—Tú eres…
Giyuu se dio cuenta entonces de que la decisión irracional que tomó en aquél momento, había sido la correcta. Inesperadamente.
No obstante, pese a su descubrimiento, no debía olvidar que aún se encontraban en el campo de batalla. Por más que la cabeza del demonio hubiese sido cercenada, el peligro continuaba vigente en el aire. Especialmente cuando éste se cargaba de aquél característico aroma dulzón de las flores.
Tal y como esperaba, ella acabó siendo más rápida que el propio demonio. Atravesó el aire como una flecha, y Giyuu apenas tuvo tiempo de cubrir el blanco al cual se dirigía la cazadora. El sonido que produjo el choque de ambas espadas se prolongó en el aire como una vibración tensa, saturando el ambiente desde el momento en el que la mariposa percibió desde arriba al responsable de frustrar su ejecución.
Allí habría guerra.
El portador del haori de dos colores reconoció el enojo camuflado en aquella exclamación aparentemente inocente que había liberado el Pilar de Insecto. Su aterrizaje violento delataba esa irritación latente que se escondía tras la perfecta sonrisa angelical. Una que no sería capaz de levantar sospechas en nadie que no la conociera.
—¿Por qué te interpones, Tomioka-san? — cuestionó Kochou. No se había dignado a voltearse; no le hacía falta para saber que lo encontraría protegiendo a la presa que debían eliminar. —Dijiste que no podemos ser amigos de los demonios, ¿A qué viene esto?~
Ahí estaba. Esa melodía falsamente dulce que envolvía su pasivo-agresividad y que preludiaba un aguijonazo venenoso.
La mujer del haori de mariposa se volteó grácilmente, y con un amigable tono que no acompañaba para nada sus palabras, preparó su siguiente punzada.
—Por eso todo el mundo te odia.
Giyuu observó a detalle la sonrisa maliciosa que adornó el rostro femenino tras liberar la ponzoña, mas no se inmutó. Permaneció con esa expresión estoica que empleaba para cualquier situación. Fue así que, de manera solemne y seria, abrió finalmente la boca para contestar.
—A mí no me odia nadie.
La respuesta que brindó, ignorando completamente la situación delicada en la que se encontraban, cortó de cuajo la tensión provocada en el ambiente.
Kochou sonrió hacia sus adentros. Había caído con tanta facilidad en sus provocaciones, que hasta se le hacía divertido. Su perfecta máscara de falsa simpatía le sonrió con pena, endureciendo así el golpe que le proferiría a continuación.
—Vaya, lo siento… ¿No eras consciente? Lamento habértelo dicho~
Su veneno caló más profundo esta vez. El cazador mostró señales de haberse visto afectado aunque fuese mínimamente por el comentario, y el pobre novato que yacía en el suelo, escuchando en primera fila cómo su superior perdía la dignidad, no podía verse más desconcertado ante tal acto de comedia.
Shinobu aprovechó aquél momento de debilidad mental en su víctima para dirigirse finalmente al punto de su interés.
—Chico — lo llamó con naturalidad. Acunó una de sus manos al costado de su boca, casi como si quisiera confesar alguna clase de secreto desconocido para el pelirrojo. —. Estás protegiendo a un demonio. Es peligroso, así que aléjate.
—¡N-no es así!... Bueno, sí lo es — balbuceó el aludido. A pesar de las magulladuras sobresalientes en su cuerpo, parecía reacio a abandonar al demonio que sostenía. —pero esta es mi hermana, así que…
—Ahh…Vaya, lo siento mucho— Shinobu se compadeció con un gesto aparentemente comprensivo… O al menos eso había pensado Tanjirou, hasta que volvió a escucharla hablar. —. En ese caso, la mataré con un veneno que no la haga sufrir — sentenció con un imperturbable tono dulce, mientras preparaba su espada.
La consternación inundó cada terminal nerviosa del pobre chico. No habría tenido posibilidad alguna, de no ser por la ayuda que le brindó el Pilar de Agua, aún dispuesto a cubrirlo pese a todo.
—¿Puedes moverte?
Tomioka afianzó el agarre de su arma. Su mirada fija sobre Kochou denotaba sus claras intenciones de batirse a duelo con ella con tal de permitir que los hermanos escaparan.
La sonrisa falsa y venenosa de la mujer se congeló en un gesto dirigido exclusivamente al cazador de cabellos oscuros. De todos los inconvenientes que le había dado hasta la fecha, nunca había llegado a hacer algo tan serio como esto. Algo que incluso conllevaría un castigo una vez reportado a Oyakata-sama.
—Muévete aunque no puedas — añadió con firmeza. Kochou ya preparaba su estocada. Había exacerbado su paciencia. —. Huye con tu hermana.
Tanjirou no sabía cómo agradecerle por permitirle esa valiosa oportunidad, pero no había tiempo para detenerse en formalidades. Tras proferir un eufórico "¡Muchas gracias!", huyó hacia el bosque junto con su hermana, abandonando así a los dos Pilares en un ambiente electrificado en la más densa tensión.
El Pilar de Insecto no terminaba de dar crédito a lo que veía. ¿Cómo es que él era capaz de proteger a un demonio? ¿Qué clase de traición absurda había sido esa?... El sólo pensarlo le hacía brotar una ira desde lo más profundo de su ser. La enfrascó herméticamente detrás de una sonrisa que se había tornado oscura, y haciendo uso del venenoso dulzor de su voz, le increpó en una última oportunidad de redimirse antes de apuntar a su cabeza.
—¿No es esto una violación a nuestras normas?~
Y sin embargo, todo lo que obtuvo por parte del contrario, fue una de sus tan características respuestas vacías. El silencio acrecentado por esa expresión de muñeco de cera, incapaz de leer hasta para ella, le hizo desear enterrarle su aguja envenenada y dejarlo agonizar un rato por su estupidez.
Y no se contuvo, a decir verdad. La estocada que propinó Shinobu iba dirigida con claras intenciones de herir. Por mucho que Giyuu la hubiese contrarrestado con una defensa despojada de la agresividad que ella mostraba, la mariposa no se contendría sólo por aquél gesto "considerado".
Estaba furiosa. Se lo estaba haciendo saber, y él no le daba ninguna otra respuesta más que ese irritante hermetismo.
—Esto es serio, Tomioka-san— amenazó. —¿Qué hace un Pilar protegiendo a un demonio?
Le increpó incluso trasluciendo parte de su verdadera molestia detrás de la máscara sonriente, pero aún así, la única contestación que obtuvo fue el mismo silencio desquiciante.
Justo cuando ya no se veía capaz de contener la ira con la que quería apuñalarlo, decidió respirar profundo, buscar un mínimo vestigio rescatable de calma y recordar que se trataba de Tomioka Giyuu… Pretender que hablara para explicar algo "complejo" era pedirle demasiado… No tenía caso.
Kochou abandonó su posición ofensiva por unos instantes, declarando con aquél lenguaje no verbal una suerte de "cese al fuego".
—Aunque pretendas entretenerme, no pienso quedarme aquí — ella tenía sus propios métodos para sacar de sus casillas a su compañero. No planeaba escatimar en recursos para conseguirlo; pero ahora la prioridad estaba en cazar al demonio que su estúpido camarada había dejado escapar. —. Que te vaya bien~ — sentenció, disponiéndose a abandonar la escena con un salto que ella sabía, Giyuu no sería capaz de imitar.
Kochou era pequeña y delgada. Su anatomía le brindaba ventaja en velocidad, e incluso en su carrera por entre las ramas de los árboles no podría verse igualada por la lentitud del Pilar de Agua, quien inútilmente intentaba seguirle el paso.
—¿Crees que me alcanzarás así?~ — aprovechó la delantera para picarlo desde la distancia. No iba a mentir, el percibir la frustración ajena por verse en desventaja ante su velocidad se le hacía extremadamente gratificante. Era una manera de devolverle, en parte, aquél mal trago que le había hecho pasar allá abajo.
Cuando la distancia entre las ramas se volvió más prolongada, el Pilar de Insecto se elevó en el cielo nocturno con gracia y belleza; cual mariposa. La vista de Tomioka cada vez más lejos de ella reafirmó su propia superioridad en aquél terreno. Qué placentero era voltear el tablero y ponerlo en apuros. Casi podría decir que estaban a mano… Pero Kochou no era tan gentil como para detener allí sus provocaciones.
—Puedes intentar detenerme, pero recuerda que hay alguien más~ — punzó de nuevo. Incluso ante la improbable posibilidad de que llegase a alcanzarla, Kanao ya se encontraba cumpliendo el mandato que le asignó antes de que el Pilar entrase en ese ataque de demencia aguda.
Había tenido toda la intención de aterrizar lejos y perderlo por completo después de molestarlo, hasta que lo vio acumular fuerzas en las piernas, preparándose para saltar.
"No pensará alcanzarme a esta distancia", valoró hacia sus adentros. Tomioka no era tan liviano como ella, quien ya se encontraba a considerables metros del suelo. "Por mucha fuerza que tenga, no puede…".
La incredulidad que poco a poco afloró en su rostro, interrumpió la línea de sus pensamientos en cuanto vio cómo aquella diminuta mancha a la lejanía se agrandó en tan sólo milésimas de segundo. El muy bastardo lo había logrado. La atrapó desde el aire con una llave que no sólo consiguió desestabilizarla y precipitarlos a tierra, sino que además, le impidió implementar cualquier maniobra de escape.
Maldita sea, ¿cuándo había aprendido a atrapar así a su presa?
Las ramas que se resquebrajaron al caer no llegaron a herirla. Su compañero se encargó de bloquearlas con su cuerpo y mitigar el aterrizaje. Un gesto que se le habría hecho tierno, de no ser porque en estos instantes, quería insertarle una aguja envenenada en el cuello.
Shinobu quiso escapar en el instante que sus pies tocaron el suelo, pero la fuerza del Pilar de Agua era formidable, debía admitir. No se había percatado de ello sino hasta que se vio envuelta en una situación que le permitiera ponerla a prueba.
El forcejeo duró poco. Kochou sabía que cualquier intento por escapar era inútil. Sólo gastaría energías, por lo que no le quedó más remedio que tranquilizarse y buscar apoyo en el suelo con sus piernas. Giyuu no aflojaba su agarre de ninguna forma.
Exhaló agotada, y limitándose únicamente a ejercer presión con sus brazos para cansarlo, decidió romper el silencio e intentar arrancarle algunas palabras.
—Tomioka-san… Oye, ¿me escuchas, Tomioka-san? — la suavidad con la que pronunciaba su nombre cubría como un perfecto maquillaje sus verdaderas intenciones. Haría un esfuerzo por dejar de lado el tono hiriente de su sarcasmo, si es que quería razonar con él. —La intención de mi ataque era matar a un demonio, así que no incumplí las normas… Pero lo que tú haces ahora sí las está incumpliendo— forcejeó de nuevo. Estaba incómoda en esa postura, y se moría de ganas por patearlo o aplastar uno de sus pies. —. Te estás interponiendo en una cacería. ¿Qué es lo que pretendes?~
…
Después de un rato en silencio, comprendió que la respuesta a su pregunta acusatoria nunca llegaría. Y entonces respiró hondo.
Está bien. Lo intentó.
Kochou de verdad lo intentó. Pero si razonar con él con una lógica tan básica como lo haría con un niño pequeño tampoco funcionaba…
—¿Por qué no dices algo?~ Esta es mi última advertencia — su tono se tornaba visiblemente envenenado pese a la dulzura forzada, y la hinchazón en las venas de su frente sólo lo hacía más notorio. —. Al menos dime por qué lo haces.
El Pilar sin duda se habría ahorrado el ser víctima de una ira desmedida, si tan sólo se hubiese dignado a explicar la situación desde un principio… Pero hablamos de Tomioka Giyuu después de todo. Establecer una comunicación verbal con los demás no era su fuerte; dialogar con la gente era complicado. A menos de que se escogieran las palabras correctas, la situación podía derivar fácilmente en un malentendido de proporciones mayores… Por eso optaba por el mutismo y la seguridad que le brindaba el silencio. Uno que, contrario a su creencia, complicaba las cosas diez veces más de lo necesario.
Sin embargo, Tomioka comprendía que el diálogo iba a ser necesario en este punto. Pensó detenidamente cómo podría empezar para explicar con detalle el por qué de su resolución; necesitaba ser claro y no dejar cabos sueltos para transmitir correctamente el mensaje.
—Hace dos años… — dio inicio a su relato. Uno que, contrario a sus intenciones, agotó la ya gastada paciencia de Kochou.
—No es necesario empezar tan atrás en el tiempo, ¿lo haces para molestarme? — susurró con un tono más bajo, veloz y envenenado. —¿Me guardas rencor por hacerte saber que la gente te odia? — lo atacó de nuevo, sin un solo gramo de piedad. Y sin embargo, esta vez estaba decidida a acabar con esto. No le importaba tener que recurrir a su arma secreta y extraer la hoja afilada que escondía entre su calzado.
Giyuu lo vio venir, pero no llegaría a tomar a tiempo una solución que le permitiera librarse de esa puñalada en la cara. Se aferró por instinto a su arma, pero claramente no podía cercenarle el pie. De no ser por el anuncio oportuno que dieron los cuervos, aquello definitivamente habría acabado en tragedia.
—¡Órdenes, órdenes! — graznó aquél cuervo, deteniendo de cuajo la puñalada proferida por la chica. — ¡Atrapen a Tanjirou y Nezuko, y llévenlos a la sede!
No se discutía cuando las órdenes venían de arriba. Giyuu agradeció mentalmente la aparición fugaz del cuervo; liberó el agarre sobre su prisionera y envainó su espada, a la par que ella.
El graznido incesante de los cuervos repitiendo las órdenes sobre ellos, no hizo menos tenso el trayecto de regreso. Caminaban uno a lado del otro, sin hablarse; sin mirarse…
Iban a tener problemas en cuanto llegaran a la base. Lo tenía asumido, y ya podía hacerse una idea mental de las consecuencias…
La sucesión de eventos que le precedieron a aquél episodio se dio con tal velocidad, que ni logró hallar el tiempo que requería organizar una reprimenda adecuada contra el Pilar de Agua. Kochou masticó hacia sus adentros toda la ira que, con algo de trabajo, consiguió congelar detrás de su sonrisa falsa. Le pesaba llevar esa máscara cuando por dentro todo lo que deseaba era explotar violentamente; y de ser posible, dirigir el epicentro de la devastación hacia el causante principal de su furia.
Desde que abandonaron el bosque envueltos en un mutismo cortante hasta ahora, cuyos pasos la dirigían hacia la enfermería de su residencia, no había intercambiado palabra ni mirada alguna con Tomioka, pese a haber compartido tanto tiempo junto a él en la reunión de Pilares. De haberlo hecho, estaba segura de no ser capaz de contenerse, por lo que prefería esperar, camuflar su deseo de sangre y reservarlo para un momento en el que fuese propicio apuñalarlo en la yugular.
Justo parecía arribar en buen momento, cuando uno de los novatos que hablaba con los heridos se lamentaba a causa del "terror" que le infundían los Pilares. Y ya fuese por un minúsculo destello de malicia que moría por dejar escapar, o simplemente por llevarse una pequeña gracia, decidió posicionarse tranquilamente detrás del chico, ocasionando así el sobresalto en los otros dos que la vieron llegar en el momento menos propicio para el de cabellos oscuros.
—Hola~ — musitó la mariposa con su amigable y sedoso tono de voz.
El pánico en el susodicho no se hizo esperar, y de un gracioso salto, se apresuró a levantarse para reverenciarla con un espanto glorioso esculpido en el rostro.
Ella repitió el saludo con la misma simplicidad, ocasionando así que el novato le regresara el gesto para de inmediato abandonar la estancia a la máxima velocidad que sus piernas se lo permitieron.
Aquello le había caído en gracia; al menos una pequeña anécdota jocosa en el día para aliviar su ira interna. Con la misma gentileza, volteó hacia su paciente para contemplar el estado de sus heridas por sí misma.
—¿Cómo te encuentras?
—Bastante mejor — respondió agradecido el joven de cabellos rojos. A su lado, el rubio parecía observarla embelesado. Según las constantes quejas que había escuchado de Aoi, el "chico amarillo" había desatado un verdadero tormento de gritos infernales y escándalo desde que fue llevado a la enfermería… Sin embargo, no parecía muy dispuesto a chillar ahora que ella estaba presente, así que lo agradecía.
—En ese caso, empecemos con el entrenamiento restaurador — dictaminó Kochou.
—¿Entrenamiento restaurador?— Cuestionó Tanjirou, sin saber a lo que se enfrentaría.
Shinobu se limitó a responderle con una sonrisa. El Pilar de Agua se había hecho presente bajo el marco de la puerta en ese instante, por lo que debería explicárselo cuando acabase de resolver sus asuntos pendientes.
—Ya lo sabrás. Le pediré a las chicas que vayan preparando las cosas — resolvió con tranquilidad la mariposa, para seguidamente dirigirse hacia donde se hallaba esperando su compañero.
Lo que sí no pasó desapercibido de ninguna manera, fue el gesto que ella tuvo al sujetar del brazo a Tomioka antes de emprender la caminata por el pasillo. Tanjirou no pudo hacer más que contemplar con la boca abierta aquella escena, sólo superado por Zenitsu y su tendencia a exagerar cualquier situación.
Hacía apenas nada, en el bosque, Kochou no dudó en atacar al Pilar de cabellos oscuros por protegerlos a él y a Nezuko. Por no mencionar los comentarios envenenados que no había dejado de lanzarle como una lluvia de piedras…
—¿Cómo es que…? — balbuceó desconcertado ante ese insólito gesto amistoso, todavía sin retirar la vista de aquél punto fijo que daba al pasillo.
Aoi detuvo su marcha hacia la salida al escucharlo y se volteó en su dirección.
—¿Hm? ¿No lo sabías? — cuestionó con simpleza, adivinando el motivo de su extrañamiento. — Kochou-sama y Tomioka-san están casados.
Aquella respuesta les cayó directo como un proyectil. Tanjirou se crispó hasta el último pelo de la cabeza cuando exclamó junto con Zenitsu una incrédula exclamación; aunque ni toda su sorpresa expresada en aquél grito fue capaz de superar los alaridos desproporcionales del rubio, quien ya comenzaba a despotricar contra el Pilar de Agua.
—¡¿CÓMO QUE ESTÁN CASADOS?! ¡¿CÓMO ES QUE UNA MUJER TAN BELLA SE CASÓ CON UN TIPO COMO ESE?! — bramó con un alarido tremendo, destrozando los tímpanos de las pobres almas que tuvieron la desgracia de encontrarse cerca de su boca con altoparlante.
El escándalo que acababa de montarse en la enfermería fue tal, que incluso desde el corredor por el cual caminaba la pareja podía escucharse a detalle cada opinión que el rubio tenía sobre el "bastardo suertudo" que avanzaba acompasadamente.
Shinobu parecía divertida al escuchar el eco de los improperios dirigidos hacia su marido, quien simplemente hacía caso omiso a cada comentario. Fue así como, tras virar por la siguiente esquina y encaminarse al ala privada que le competía principalmente a ella, el agarre cariñoso que cernía sobre el brazo masculino se tornó rápidamente en un apretón destructivo, más propio de un demonio que de la pequeña y delicada mano de la chica.
Giyuu tambaleó ligeramente y por instinto se encogió un poco hacia su costado afectado, pero no tardó en componerse para recobrar su semblante sereno. Sólo se limitó a observar la mirada iracunda en los ojos contrarios, dispuesto a asumir las consecuencias de su actuar.
Por supuesto que ya estaba preparado para recibir de lleno cada gota de veneno que su esposa pretendiera inyectarle. Él conocía mejor que nadie aquella faceta que Kochou tanto se esmeraba en ocultar, y que al parecer, sólo él era capaz de destapar con una relativa facilidad. El que no le hubiese mencionado palabra alguna desde su disputa ya era mala señal; sabía que simplemente se lo estaba guardando hasta encontrar un momento a solas, así que prefirió ofrecerse como sacrificio en señal de paz y ahorrarle él mismo la espera.
—¡¿En qué estabas pensando?!
El reproche no tardó en llegar. Kochou ya llevaba manteniendo demasiado tiempo esa sonrisa falsa, que finalmente podía permitirse abandonar ante el enfado que brotaba de manera irrefrenable por su boca.
Tras clavarle las uñas a tanta profundidad como la gruesa tela del haori y del uniforme se lo permitieron, soltó bruscamente su brazo y detuvo su andar. Él hizo lo mismo, y aguardó frente a ella la siguiente oleada de la furia que se avecinaba.
—¡No puedo creerlo!, de verdad. ¡No puedo creer que ni siquiera hayas sido capaz de decirme una sola palabra! — el toparse con la misma expresión estoica pese a toda la descarga que estaba vaciando sobre él sólo la enfurecía más. No quería ni verlo; apretó los puños y reanudó velozmente su recorrido por el pasillo. Podía sentir cómo los pasos contrarios le seguían el ritmo detrás de ella.
—Lo siento — lo oyó musitar.
Y quizá, sólo por esta vez, habría sido mejor que permaneciera callado.
—¡¿Que "lo sientes"?! ¡¿Finalmente abres la boca y es para decirme semejante estupidez?! ¡Eres increíble! — debía agradecer el hecho de que esta ala estuviese realmente alejada del resto de la hacienda; aquello era lo único que le permitía recriminarle a gusto y sin disimulo.
—Lamento interponerme en tu cacería, pero tenía mis razones.
—¡No estoy molesta sólo por lo que hiciste en la montaña! ¿Podrías usar un poco tu cabeza de vez en cuando, Tomioka-san? ¿O es que acaso tu cerebro está tan muerto como tu cara? — los pasos veloces se detuvieron en seco. Kochou se volteó para encararlo con una transparencia que muy limitadas veces se permitía mostrar en su rostro. Acribilló los ojos contrarios con su mirada, preparándose para vaciar la siguiente descarga de munición contra él con el siguiente tiro. —¡¿Cómo pudiste apostar tu cabeza por un demonio?! — le reprochó entonces, sin poder disimular un ligero quiebre al final.
Giyuu pudo reconocer en ese tambaleo un deje de dolor, sabiéndose responsable directo y aumentando así el malestar de haber provocado la tormenta que ahora se cernía implacable sobre él. Sólo entonces se permitió ablandar un poco su semblante, en un discreto intento por suavizar el terreno.
—Estaba seguro de que…
—¿De qué? ¿De que se abstendría de beber sangre fresca recién derramada? — lo interrumpió casi de inmediato. —¡¿Cómo pudiste tomar una decisión como esa tan a la ligera sin consultarme nada?! — sin detener la lluvia de agujas envenenadas que dirigía hacia su esposo, avanzó con paso firme y le apuñaló en el pecho varias veces con su dedo, increpándole por su irresponsabilidad. —¡Ni siquiera fuiste capaz de abrir la boca en el bosque para explicarme lo que estaba pasando! ¡¿Y encima esto?!
La furia con la que Shinobu le increpaba fue tal, que el contrario se vio en la necesidad de retroceder un par de pasos y cederle terreno. No sabía ni qué decir para calmarla; nada que pudiese salir de su boca aplacaría esa lluvia de aguijonazos envenenados.
—Dime, ¿la palabra "matrimonio" te recuerda a algo en esa cabeza hueca? Lo que sea que te ocurra no sólo te afectará a ti, así que agradecería que dejaras de decidir con tanta facilidad cosas tan importantes como esa — finalizó su reprimenda sin poder disimular una tenue acuosidad que cubrió sus ojos a causa de la ira.
La mariposa no tardó en ocultar aquél momentáneo rastro de debilidad. Se dio la vuelta para eludir su mirada; mas no evitó que su esposo percibiera el daño que le había causado con su actuar.
Giyuu bajó la vista por unos instantes, intentando hallar algunas palabras que pudiesen expresar correctamente cuán arrepentido estaba de haber mantenido todo en secreto. La vio reanudar la marcha en silencio y a un paso más acompasado en esta ocasión, el cual no dudó en seguir.
—Te hubieses negado de habértelo mencionado…
—Ahórratelo — lo cortó de nuevo. No detuvo su marcha, ni tampoco se volteó a mirarlo. No quería saber nada de él en este preciso instante.
Giyuu acató el mandato durante los primeros minutos, pero hasta él sabía distinguir cuándo el silencio se condensaba en una pared cada vez más densa entre ellos. Si no lo rompía ahora, aquella disputa generaría una brecha demasiado difícil de reparar… Y vaya que sabía medir la profundidad de esas grietas, pues incluso sin proponérselo, él parecía haberse sacado un doctorado en invocar la ira que tan recelosamente guardaba ese pequeño cuerpo en su interior. Sus silencios siempre desencadenaban la calamidad, pero podía asegurar que hasta la fecha, no había llegado nunca a hacerla llorar del enojo.
En verdad se sentía mal. Tenía que arreglar eso de la manera que fuera.
—¿Qué puedo hacer para disminuir tu enfado? — su pregunta fue sincera. Casi suplicante, incluso contenida en aquél tono monocorde y sereno que empleaba siempre.
Shinobu se detuvo una vez alcanzó a cruzar el umbral de la puerta de su habitación. Consiguió enmascararse con una sonrisa forzada cuando se giró a verlo.
—Puedes morirte — Sentenció, justo antes de cerrar la puerta con fuerza.
…
Giyuu no se movió de su sitio. Había perdido su oportunidad de disculparse, e invadir su territorio para hacerlo ahora no sería más que un acto suicida… irónico, tomando en cuenta que el motivo que había exacerbado el enojo de su esposa hasta sus límites había sido el justamente poner su vida en riesgo.
Dejó escapar un suspiro pesado, como si con ello intentase liberar un poco de culpa, y con gran resignación giró en redondo para regresar por donde vino. Lo más sensato que podía hacer ahora era darle su tiempo, esperar a que se desahogara en la soledad de su cuarto y volver a intentarlo, con un poco más de cautela esta vez.
Habría dirigido sus pasos hacia el jardín para retirarse, de no ser porque una pequeña mano se aferró a una de las mangas de su haori.
Cuando el Pilar de Agua volteó, encontró la puerta ligeramente corrida, desde la cual se extendía ese llamado silencioso.
Tomioka ciertamente no se esperaba esa invitación después de la tormenta que la mariposa desplegó contra él, pero tampoco pensaba dejar pasar lo que parecía ser una tregua. Giró una vez más en su dirección, y a paso discreto, se internó dentro del cuarto junto con ella.
Zenitsu tenía en verdad una capacidad increíble de resistencia en esas cuerdas vocales, no había parado de gastar con chillidos infernales desde que se supo la relación entre los Pilares, hasta que las tres pequeñas regresaron a la enfermería para solicitar a Tanjirou y a Inosuke. El rubio todavía debía esperar un tiempo de recuperación para incorporarse al misterioso entrenamiento restaurador mencionado por Kochou, por lo que gracias a eso los dos privilegiados que podían moverse lograron alejarse del epicentro de los gritos para descansar los tímpanos en el exterior.
Tanjirou respiró complacido el aire que se respiraba en el jardín. Qué silencio. Qué hermoso silencio era capaz de disfrutar ahora.
—¿A dónde iremos? — preguntó con un ingenuo entusiasmo a una de las niñas, quien volteó a verle con un gesto alegre.
—Iremos al dojo de la hacienda, Aoi-san y Kanao-sama les darán allí las instrucciones.
—¡Oh! ¡Un dojo! — repitió el pelirrojo con gran emoción. —Este lugar realmente es muy amplio — su vista divagó felizmente por el jardín, adornado con mariposas que se desplazaban coloridamente de una flor en otra. Dejando de lado la parte de la enfermería, comedor y espacios comunitarios, existía toda otra ala igual de extensa que la que él ya conocía. ¡Realmente deseaba poder mostrarle aquél paisaje soleado y paradisíaco a Nezuko! Y para ello debía volverse más fuerte y hallar la forma de regresarle la humanidad. —. ¿Y qué es lo que hay por allá? — se atrevió a preguntar finalmente, señalando de soslayo el ala desconocida.
—Ese espacio está destinado principalmente a Kochou-sama y Kanao-sama — explicó la niña. —. Allí se encuentran sus habitaciones, el consultorio personal que emplea Kochou-sama y su salón de estudios donde crea nuevos venenos.
—Ohh, tiene hasta salón de estudios… — repitió embelesado, justo cayendo en cuenta que la puerta de la señalada habitación, se abría para dejar paso a la susodicha.
Desde su posición relativamente lejana, se percató de que el ligero aroma a ira que desprendía la mariposa momentos antes, se había distendido considerablemente. La vio guiar sus pasos ligeros en dirección al área comunitaria, al tiempo que el Pilar de Agua emergía con tranquilidad del mismo cuarto que ella, tomando dirección contraria. A diferencia de la mariposa, su cabello se había convertido en un revoltijo despeinado; su uniforme se notaba ligeramente desacomodado, y por sobre su mejilla derecha percibió una cortada que marcaba su cara con una línea roja.
La escena lo dejó perplejo.
"¡¿Se habrán peleado?!" pensó, sintiéndose inevitablemente responsable a causa de lo acontecido en la montaña. "¡Debió haber sido culpa mía!", rectificó, acrecentando el pánico en su rostro.
Lamentablemente para él, ya no tuvo tiempo de alcanzarlo para redimirse. Debía ocuparse de su entrenamiento restaurador, pero definitivamente encontraría algún momento para disculparse apropiadamente.
Y colorín colorado, aquí se ha acabado... el primer capítulo.
Lamento si no fue la gran cosa. Quise recrear la escena de la montaña porque ese fue el momento exacto en el que quedé prendada de estos dos, y en cuanto lo vi me dije a mí misma: "¡Qué hermoso sería si estuviesen casados!". De alguna manera, tengo una debilidad por las parejas aparentemente conflictivas pero que en la intimidad se muestran el verdadero cariño que se tienen.
Por si alguien quisiera saber qué ocurrió adentro de esa habitación, estoy preparando un fic aparte con una recopilación de los momentos de la pareja y su vida de casados.
Espero no haber defraudado sus expectativas con este primer cap (si es que tenían alguna antes de entrar a leer). Este fic es simplemente un desahogo fangirlístico personal que quise plasmar en alguna parte, así que ni yo misma sé muy bien qué esperar de todo esto XD
Si les ha gustado, háganmelo saber en un review, ¡y nos vemos en el próximo cap!
