Tenía escrito esto desde hace mucho, pero lo que más tiempo me toma es el asunto de la edición, que nunca termino de sentirme satisfecha con el resultado. Pero bueno, si lo sigo editando no voy a continuar el fic nunca, así que aquí les dejo el segundo capítulo XD

Ahora que estoy aquí editando, me di cuenta de que nuestro estimado Fanfiction se me comió los puntos suspensivos que originalmente llevaba el título, así que usemos el poder de la imaginación y hagamos de cuenta que el nombre del fic se lee: "¿Qué hubiera pasado si...?".

Quiero agradecer a todas las bellas personitas que tuvieron la amabilidad de dedicarme algunas palabras. Incluso me sorprendió recibir un review de un hablante de otra lengua. ¡Muchas gracias por leerme desde tan lejos! Ahora me da curiosidad saber desde qué idioma me estarán leyendo XD

Sin más que agregar, los dejo leer.

Disclaimer: Kimetsu no Yaiba no me pertenece a mí, sino a Koyoharu Gotouge.


II.

El jardín perteneciente a la Hacienda Mariposa se caracterizaba por ser un ambiente ameno y pacífico. Invitaba a la tranquilidad de los hospitalizados con sólo echar un vistazo por entre las coloridas y diversas flores, adornadas permanentemente por un sinfín de mariposas danzantes. Cada detalle había sido especialmente cuidado y dispuesto para generar armonía.

Hasta que los gritos estridentes de uno de los pacientes rompió de cuajo la magia del lugar.

—¡Ustedes estaban en el cielo, no en el infierno! ¡Todo lo que hacían era jugar con las chicas! ¡¿A qué venían todas esas caras?! ¡Discúlpense besando el piso, deberían suicidarse por eso!

—¡¿Cómo puedes decir eso?! — alcanzó a replicar, apenas, el cazador de los pendientes llamativos.

—CÁLLATE Y ESCUCHA, ENANO FRENTUDO — el contraataque de Zenitsu fue indiscutiblemente contundente. En cuestión de gritos, estaba claro que nadie era digno contendiente contra él— ¡PODEMOS TOCAR A LAS CHICAS! ¡Primero te masajean, luego les tocas las manos, y al final puedes hasta tocarles el cuerpo!

Su capacidad de soprano para elevar la voz con una desafinación inigualable, era algo que sin duda merecería reconocimiento de algún tipo. Después de todo, no cualquiera podría gritar así de rápido semejante avalancha de perversiones expuestas en voz alta.

—¡Las mujeres tienen dos nalgas, dos pechos y dos de todo! ¡Encima huelen bien y ya de por sí es una maravilla mirarlas!

Justo en el instante en el que Zenitsu pareció enloquecer de manera oficial entre tanto griterío, una mirada fija y reprobatoria cortó el aire con una precisión tal, que el ajetreo se detuvo de cuajo en ese instante.

Los tres pares de ojos hallaron con facilidad el trayecto de aquella vibra, sólo para encontrar en el techo del propio dojo al Pilar de Agua, quien, a juzgar por su postura, acababa de aterrizar allí de mera casualidad y se detuvo ante la potencia del escándalo desvergonzado que resonaba por toda la finca.

Tanjirou tragó grueso. Si bien aquella mirada cargada de reprobación iba dirigida exclusivamente hacia su amigo, el contemplar ese deje de amenaza en los ojos azules del cazador bastaba para intimidar a cualquiera.

Finalmente, Tomioka no les sostuvo esa mirada por mucho tiempo. Tan silencioso como había llegado, redirigió su vista al frente y continuó camino, aterrizando ahora sobre el tejado perteneciente al dormitorio de la mariposa.

La paz regresó al jardín, y al voltear hacia su costado, Tanjirou encontró a Zenitsu blanco y tieso... Al menos alguien logró callarlo.


El vendaje se terminó rebalsando con tanta sangre, que tanto la camisa interna como la chaqueta del uniforme quedaron percudidas por una extensa mancha rojiza.

—Por eso te dije que te cuidaras. Ahora se volvió a abrir tu herida —le reprochó ella, con la misma paciencia y calma con la que se le riñe a un niño desobediente. Limpió la sangre residual de la herida para observar la gravedad del daño, determinando con cierto alivio que por lo menos no requeriría puntos esta vez.

—Tuve cuidado —afirmó el cazador, envuelto en su inmutabilidad habitual. Su rostro permanecía sereno, pero la palidez que realzaba sus ojeras y ciertas gotas de sudor frío delataban la intensidad del dolor que masticaba silenciosamente hacia sus adentros.

Kochou exhaló un suspiro de resignación.

—Aguanta un poco más. El calmante que te di debería comenzar a hacer efecto pronto —desechó los vendajes ensangrentados y giró hacia su estantería para buscar un nuevo rollo y gasas.

Su consultorio contaba con todos los medicamentos y recursos necesarios para tratar allí mismo a los pacientes; aunque por lo regular, los únicos que acudían directamente a dicho cuarto para recibir atención médica eran los Pilares. Los cazadores regulares sólo pasaban para consultas rápidas y menores, dotando a aquél espacio de una tranquilidad rara vez apreciable en la enfermería principal.

Una vez preparado el cambio de vendaje, hizo uso de toda la delicadeza que fue capaz de evocar para tratar la herida sangrante de su abdomen. Y a pesar de todos los recaudos, no pudo evitar que su paciente se tensara en una rigidez instintiva que contrajo todo su cuerpo con respiraciones profundas. Por mucho que se esforzase para reprimir cualquier quejido o mueca demasiado pronunciada en su rostro, era evidente que el dolor le sobrepasaba.

—Ya está —anunció, retirando al fin sus manos y permitiéndole así relajar un poco su postura sobre el asiento. Tomioka exhaló un suspiro tembloroso, deshaciéndose con él de los gritos enmudecidos que había conteniendo hacia sus adentros—. Te portaste muy bien~ ¡Y no lloraste ni una sola vez! Debería darte un dulce como premio~

Kochou recibió una mirada de reclamo en respuesta a su broma; mas eso no la desalentó de rodearlo por la espalda para palparle los hombros con una caricia. Ya no había tensión en éstos.

Apoyó una rodilla sobre el asiento, pudiendo así inclinarse con un mejor punto de apoyo para abrazarlo sin empeorarle el malestar. Giyuu no tardó en corresponder el gesto con la sutileza que le caracterizaba; su mano acarició el dorso de la contraria, y de manera silenciosa, sus dedos se entrelazaron con un cariño sobrio. La sintió proferir una risilla tenue contra su oído.

—Puedo darte un masaje si aún te duele.

—Estamos a la vista de todos. Podría venir cualquiera.

—Ara~ ¿Qué clase de masaje tenías en mente? Qué imaginación más sucia tienes a veces~ — Kochou aprovechaba siempre cada pequeño comentario o gesto que le diera pie a molestarlo. Los dedos de su mano libre recorrieron el contorno de su clavícula hasta los músculos del brazo, donde se detuvo en otra cicatriz. Conocía la historia de casi todas ellas, y probablemente de las que estuviesen por venir —. No estabas equivocado — confesó después de un rato de prolongado silencio.

Giyuu alzó levemente su rostro, en un ademán que no alcanzó a permitirle verla del todo. La sintió acomodar su mentón entre el hueco de su hombro y cuello, en lo que se decidía a ampliar la explicación.

—Tanjirou-kun… — reanudó— presiento que él sí podrá mantener el ideal sincero con el que soñaba Kanae.

Los ojos azules del cazador volvieron a perderse en un punto fijo hacia el frente, mientras dedicaba con su pulgar algunas muestras de afecto sobre la mano de su esposa. El silencio ante dichos temas era algo habitual en él, quien prefería callar respetuosamente antes que soltar alguna palabra equivocada por error. Shinobu sabía que su manera de mostrar apoyo no se manifestaba verbalmente, por lo que apreciaba el gesto.

—Es habilidoso. Le está yendo bastante bien en el entrenamiento… Deberías adoptarlo como tu sucesor — sugirió.

—Él será el próximo Pilar de Agua — afirmó el susodicho.

—Pero no te lo has adjudicado oficialmente — resaltó ella—. Sus bases ya de por sí son excepcionales por haber sido pupilo de Urokodaki-san, pero tú también debes preocuparte de enseñarle lo que necesita para heredar tu puesto… Como hago yo con Kanao.

Sintió entonces el movimiento de Tomioka, queriendo levantarse. Deshizo con suavidad el agarre entre sus manos y retrocedió lo suficiente para permitirle ponerse de pie. Ya se iba, apurado como siempre por su sentido de la responsabilidad y, quizá, por el tema al que había virado la conversación.

La mariposa exhaló antes de cruzarse de brazos.

—Sabes que necesitamos ampliar el número de sucesores, ¿verdad? — insistió, siendo ella quien principalmente intentaba promover esta idea entre el resto de sus compañeros.

Giyuu se abotonó una camisa limpia, sujetando posteriormente su chaqueta y katana que había reposado sobre otro asiento.

—Dijiste que es habilidoso. Con más razón aprenderá más por su cuenta que entrenando bajo mi tutela.

Allí estaba de nuevo. Kochou había intentado por todos los medios desprenderle ese menosprecio hacia sí mismo, pero no había manera de sacarle esas ideas de la cabeza. La pérdida de un ser querido afectaba a los dolientes de distintas formas, y la vía que él había encontrado para lidiar con el dolor era cargarse al hombro las culpas de todo lo malo que hubiese ocurrido y de lo próximo por llegar.

Insistir era inútil, eso fue lo único que le impidió intentarlo una vez más.

—¿Dormirás conmigo esta noche? — optó por cambiar el tema al ver que el tiempo de la consulta llegaba a su fin.

—Hoy estaré de misión, no puedo — contestó con tranquilidad en lo que terminaba de colocarse el haori encima del uniforme. La chaqueta negra del mismo había quedado sin abotonar; pronto iría a su propio territorio asignado para buscar a la homóloga limpia.

—¿Así cómo quieres que se cure tu herida?

—Guardaré reposo hasta que sea hora de partir. Intentaré no hacer movimientos bruscos — una vez cerca de la puerta, un jalón repentino en las mangas de su haori le hizo voltear a pedido de su esposa.

—Por lo menos despídete apropiadamente — exigió ella, y sin darle tiempo a esquivarla o renegar, se elevó en puntillas para poder alcanzar su rostro y capturar sus labios. Él la sostuvo de la cintura, inclinándose un poco a sabiendas de la corta estatura de su pareja.

Despedidas como esa comenzaban a tornarse cada vez más difíciles de concretar. Ninguno se atrevía a expresarlo abiertamente, pero ese último beso antes de partir dejaba un regusto amargo en la boca ante la posibilidad de no regresar. A veces incluso prefería "olvidar" despedirse de ella, para así obligarse a sí mismo a volver y disculparse por su partida silenciosa.

Las manos de Kochou se aferraron a su haori con un deje de ansiedad. Sin pronunciar palabra, le pedía con ese gesto que regresara a su lado. Tomioka respondió con una caricia del pulgar sobre la cintura femenina, buscando tranquilizarla. La tentación de prolongar el momento y mantener el beso hasta la hora de salida se hacía muy fuerte, especialmente ahora que el calmante aplacaba por fin el pinchazo agudo que le perforaba el abdomen.

Pero ambos tenían responsabilidades que cumplir; la interrupción que los llevó a separarse les recordó aquello con mucha presencia.

—¡Qué admirable verlos vivir su matrimonio con tanta pasión!

Del otro lado de la puerta, el Pilar de la Llama observaba sin pudor la conmovedora despedida de la pareja. El rostro imperturbablemente confiado del cazador echó por tierra la emotividad que habían llegado a construir.

—Rengoku-san, ¿qué puedo hacer por ti? — sonrió agradablemente la mariposa, aunque escondiendo cierto pesar por la despedida inconclusa.

Giyuu apresuró el paso para dejarle sitio al nuevo paciente dentro del consultorio. Como era de esperarse, en su expresión serena no hubo una sola nota de molestia o bochorno por haber sido captado en un momento de intimidad con su mujer.

Rengoku explicó el motivo de la visita mientras ingresaba, y Kochou no volvió a encontrar al Pilar de Agua cuando vigiló el pasillo de soslayo.


Después de varios días de arduo, muy arduo y pesado entrenamiento, los tres cazadores que fueron hospitalizados obtuvieron el alta con un plus adicional.

—¡Derroten a muchos demonios, por favor! — corearon con alegría las tres pequeñas, quienes prepararon una canasta repleta de onigiris para el almuerzo.

—¡Lo haremos! — afirmó Tanjirou, respondiendo con el mismo entusiasmo.

Fue casi por mera casualidad que, mientras Zenitsu intentaba inútilmente impedir que Inosuke atacase los bocadillos, percibió el leve aroma del Pilar de Agua a pocos metros de allí.

—¡Tomioka-san! — saludó alegre, aproximándose velozmente hacia su dirección.

El Pilar de Insecto le acompañaba, asegurándose así de despedirlos.

—¿Parten a cumplir la nueva misión? — interrogó Tomioka. Ante la afirmativa, decidió mostrarse ligeramente más hablador, incentivado seguramente por su esposa para dedicarle aunque fuese algunas palabras de aliento al que sería su extraoficial sucesor—Oí que puedes mantener la respiración de concentración total. Continúa haciéndolo.

—¡Sí! — afirmó respetuosamente el joven— Tomioka-san, gracias por defender a Nezuko — añadió posteriormente. Al fin tenía oportunidad de presentar sus respetos como era debido, y el gesto que había tenido con él y con su hermana era algo que recordaría siempre— No sabía que se jugaron la vida por ella. No sé cómo podría devolverles el favor.

Kochou rió discretamente, recordando que aquél asunto había sido el epicentro de una de las mayores disputas que había sacudido su matrimonio. Sin embargo, Tomioka se mantuvo serio, contemplando la determinación del joven.

—Agradécemelo haciendo tu trabajo. Nuestro deber es exterminar demonios. Eso es todo — resolvió con simpleza, antes de sentir cómo los brazos de su mujer rodeaban el suyo propio.

—Tomioka-san intenta decir que mantiene sus esperanzas en tu buen desarrollo — le tradujo con su habitual tono más ameno y melodioso.

—¡No los defraudaré! — Tanjirou no pudo evitar sentir un golpe de calor instalarse levemente en sus mejillas tras presenciar el gesto cariñoso de la pareja. Ciertamente, el contemplar la interacción entre aquellos dos tenía su deje hipnótico, impulsado por la inusual naturaleza de la relación pese a las personalidades tan dispares de cada uno. Por la forma en la que actuaban en el terreno de trabajo, nadie sospecharía ni remotamente del vínculo que les unía; sin embargo, aquellos gestos de afecto discreto que mostraban cuando no se encontraban de servicio, reafirmaba sin posibilidad de duda lo consolidado de su matrimonio.

La sonrisa de la mariposa expresaba esa sutil diversión camuflada de dulzura.

—Ara, ¿Qué ocurre, Tanjirou-kun? Comenzaré a sentirme cohibida si nos miras con tanta intensidad.

Aquél comentario bastó para encender la cara completa del chico como un foco navideño. Avergonzado al verse descubierto, apartó rápidamente la mirada en una reverencia de disculpa.

—¡N-no fue mi intención! Es sólo que…

Instintivamente estuvo a punto de adjuntar su excusa, pero dejó morir la frase rápidamente al considerar su idea inapropiada.

—¿Qué cosa? — lo animó a continuar la mariposa. Claramente disfrutaba aquello.

—B-bueno… — una vez erguido ante ellos, el pelirrojo tragó grueso cuando le invitaron a reanudar la frase. Quizá se estaba tomando demasiadas libertades para con sus superiores, pero la curiosidad que le había picado desde el comienzo pujaba con fuerza para ser soltada ahora que se daba el momento propicio—. Me disculpo por ser indiscreto pero… Sólo me preguntaba cuánto tiempo llevan casados — expresó al fin, con el tono más casual que pudo evocar, la pregunta del millón que cada nuevo cazador que conocía de la situación se moría por indagar.

Kochou ocultó parcialmente su boca con la manga del haori y sonrió apaciblemente en un gesto de sincera felicidad.

—Cumplimos un año aquella vez que nos cruzamos en la montaña~

Oh, pero qué deleite… la mujer supo saborear el momento exacto en el que sintió cómo el brazo que sostenía amorosamente entre los suyos, se tornaba rígido de golpe. La sonrisa que antes expresaba tanta alegría, cobró un matiz de maliciosa satisfacción cuando decidió contemplar a su marido. Su rostro parecía inmutable a primera vista, pero ella alcanzó a captar ese atisbo de aterrorizada sorpresa bailándole en los ojos; en esos orbes celestes, que fijos hacia el frente, se perdieron en un desconcierto súbito.

Shinobu confirmó sus sospechas al contemplar en primera fila esa reacción: se había olvidado por completo de su aniversario.

Armada con la nueva información, su sonrisa terminó por adquirir ese característico gesto forzado, al tiempo que el agarre sobre el brazo ajeno se tornaba cada vez más apretado para impedir cualquier intento de escape.

¿Acaso alguien fue tan ingenuo de pensar que su muestra de afecto había sido meramente por amor?... Oh, claro que no… No podía esperarse de ella un gesto público de cariño tan desinhibido que no tuviese segundas intenciones por detrás. Había calculado fríamente cada palabra y cada paso, haciendo bailar a los integrantes de su juego en la dirección que quería para obtener ese resultado.

Pero ya de poco servía comprender la actuación maquiavélica con la que el Pilar de Insecto los manejó a ambos hasta rodear con su red a la presa. Una vez atrapado, Tomioka sabía que sería aguijoneado hasta la muerte.

—¡Cielos, qué rápido pasa el tiempo! ¿O no? — Shinobu descansó una de sus manos sobre su mejilla, fingiendo así un gesto inocente que sólo sería directamente proporcional al veneno que estaba a punto de descargar—Ciertamente no esperaba nada, Tomioka-san no es el marido más detallista… ¡Y aún así me decepciona! ¿No es increíble?~— Seguidamente, su mano cambió de dirección y palmeó con una mortal ironía el hombro de su pareja, quien para ese entonces se había transformado en un monigote rígido, paralizado por el veneno.

Tanjirou sintió cómo se le crispaba el cuerpo desde la base de los pies hasta las raíces del cabello por efecto colateral, sabiéndose responsable directo de haber arruinado su aniversario por ser el motivo de su enfrentamiento esa noche.

—Qué remedio~, supongo que para algunas personas es difícil recordar las cosas importantes — palmeó "amistosamente" la espalda de su marido, a quien se le veía derramar un reconocible sudor frío por el rostro—. Te deseo suerte en la misión, Tanjirou-kun. Son bienvenidos a la hacienda cuando deseen~

Tras despedirse del susodicho como si nada hubiese pasado, la mariposa regresó sobre sus pasos para volver a su lugar de trabajo. Tanjirou ni siquiera necesitó acercarse más para distinguir el intenso aroma a furia que desprendía con su bello revoloteo; y ni qué decir del Pilar de Agua… La paliza psicológica que acababa de darle la contraria lo dejó sumido en una nube negra apreciable desde la distancia.

Apenas recobrándose del shock, el cazador novato sólo atinó a realizar múltiples y exageradas reverencias a modo de disculpa por haber agravado todo… otra vez.

—¡Lo lamento! ¡Lo lamento! ¡De verdad, lo lamento mucho, Tomioka-san! — exclamó ruidosamente.

—No te preocupes por eso… — musitó el Pilar, con un timbre de voz tan muerto como su mirada — Ella siempre es así.

—¡De verdad lo lamento! ¡Lo lamento!


EXTRA

Una vez ungidas las manos en una mezcla de aceites especiales y jabón, se dispuso a frotar cuidadosamente la planta de los pies femeninos. El baño había sido reservado para evitar la intromisión de cualquier invitado no deseado, por lo que no había posibilidad alguna de que alguien pudiese interrumpirlos.

Uzui le habló alguna vez acerca de la temible ira femenina. Más sabría él del tema, que debía lidiar no con una, sino con tres esposas…

"—Cuando una mujer se enoje contigo, no intentes discutir. No puedes ganar contra ellas; son temibles, son calculadoras y nada se les escapa… El día que cometas un error, ellas lo recordarán para siempre y se lo guardarán para restregártelo en la cara en el momento propicio, así tengan que esperar diez años", había dicho el Pilar del Sonido.

Y vaya que tenía razón… Giyuu aún no daba crédito a lo mucho que ella esperó para recriminarle por arruinar su aniversario… desde el incidente en el bosque hasta ahora, había transcurrido el suficiente tiempo para reñirle por esa y mil cosas más, pero aún con ello, la mariposa se había guardado con muchas reservas esa carta para lanzársela en la cara con el mayor goce que pudiese experimentar.

"Las mujeres son aterradoras", manifestó hacia sus adentros. Jamás se habría percatado de su olvido sino hasta que ella lo sacó a flote.

Detuvo el masaje por un momento y elevó la vista para verla.

—Shinobu, en verdad lamento…

—Se te da de maravilla hacer masajes, cariño~ — lo interrumpió. Sentada sobre el borde de la extensa bañera, tenía una vista plena de las atenciones que le dedicaba su marido con los aceites y el jabón.

Allí, contemplándolo desde arriba en su majestuosa desnudez, Kochou se veía tal y como aquellos a quienes rescataba en el campo de batalla la describían: inalcanzable. Especialmente esa era la definición que más se ajustaba a la situación actual, puesto que le había prohibido el tocarla hasta que ella así lo solicitara… Un castigo bastante tortuoso para él en estos momentos.

Ella lo sabía, y no se molestó en disimular la graciosa satisfacción que se asomaba por su sonrisa.

Era perversa. Le hizo temer por los múltiples errores que pudiese haber cometido en el pasado y que hubiesen quedado registrados en ese despiadado archivo mental para ser usados en su contra.

—Ahora continúa, que todavía te falta el otro pie~


Y eso ha sido todo por la entrega de hoy. Espero que hayan disfrutado la lectura tanto como yo disfruté escribiéndolo XD Sé que algunos tenían dudas sobre el tiempo que llevan casados, así que aproveché aquí para que Tanjirou les hiciera sacar el tema.

También, sé que Rengoku ya es por excelencia el "interrumpidor oficial" de momentos en muchos doujins y fanfics. Originalmente iba a meter a Mitsuri, pero me di cuenta de que si no lo usaba ahora, luego ya no volvería a aparecer, así que no quise quitarle esa oportunidad.

Quizá les pueda resultar incordioso el hecho de que vuelva a narrar escenas que ya se vieron, pero quise recrearlas con un toque personal con la variante del matrimonio en la historia para ubicar también cronológicamente en qué momentos van ocurriendo ciertas cosas.

Antes de despedirme, quisiera anunciar que ya subí la escena recortada de la reconciliación en mi segundo fic. Pueden encontrarlo en mi perfil, pasen a darle amor.

Y ahora sí, si les ha gustado, háganmelo saber con un comentario para alegrarme el alma. ¡Nos leemos!