¡Muy buenas a todos! Y lamento mucho la espera, a pesar de que les dije que ya hasta estaba trabajando en el capítulo 6 y tal.

Para hacerla corta, resulta que la idea que tenía para el capítulo 5 ya no me terminó de convencer, así que voy a tener que reescribirlo de cero y volver a plantear todo antes de subirlo... El original había quedado de 45 páginas. Puede que me quede de más, puede que menos, eso ya no lo sé, pero estén preparados XDD

El otro motivo por el cual me demoré, fue porque no me decidía si introducir a un personaje nuevo o no, entre otras cosas que tuve que salir corriendo a editar, como cuando me enteré de que Kiriya es niño y no niña (menos mal lo corregí a tiempo).

Como aclaración para este capítulo, aquí yo no le desfiguré la cara a Tanjirou, así que se conserva tal y como todos lo recordamos antes de que cayera en las garras de Gotouge y su sed de sangre.

Creo que no tengo nada más que aclarar antes de leer el fic, así que sírvanse.

Disclaimer: Kimetsu no Yaiba no me pertenece a mí, sino a la cruel y despiadada Koyoharu Gotouge.


IV.

Kanao se limitó a observar desde lejos la congregación de casi toda la comunidad de cazadores arremolinándose alrededor de las tumbas. El cementerio, dedicado de forma exclusiva a los valientes que escogieron en vida el camino de la lucha contra los demonios, se encontraba casi a reventar de amigos, familiares y allegados que recordaban a los fallecidos de fatídica noche con ofrendas y oraciones. Hoy se cumplía el mes desde aquella última vez en la que presenció con horror cómo su maestra; su hermana, era devorada por ese desgraciado ser.

Su mirada se ensombreció ante el recuerdo, y bajó la vista sin poder soportar confrontar el paisaje desolador que ofrecían las lápidas.

—Kanao.

La voz siempre suave y amable de Tanjirou le hizo buscarlo automáticamente. El aludido cargaba junto con Nezuko unos cuántos inciensos y ofrendas para repartir entre los tantos caídos en batalla. La saludó con una sonrisa amable y triste a la vez.

Ella no fue capaz de imitar el gesto.

—¿Ya fuiste a saludar a Shinobu-san?

La joven negó recatadamente con la cabeza.

—Hay demasiada gente ahora… volveré a intentarlo más tarde.

—Estoy seguro de que Shinobu-san y Kanae-san se alegrarán de verte —un consuelo vacío, a decir verdad, pero en momentos como ese, tales palabras eran todo lo que tenía para ofrecer. Su mirada no pudo eludir la tentación de virar en dirección al parche que llevaba en el ojo derecho —. ¿Cómo seguiste?

—Conseguí recuperar un veinte por ciento más de la visión… pero aún no logro recuperarla del todo. No creo que lo haga…

—Tarde o temprano lo conseguirás —intentó alentarla, siempre manteniéndose optimista por quienes no podían.

—Si la sensei estuviese aquí… —interrumpió su idea en cuanto fue consciente de la atmósfera densa que se impuso en el ambiente con la sola mención de aquella frase. Mordió sus labios y miró con impotencia a otro lado.

Tanjirou le devolvió una sonrisa comprensiva. El pensar en los que ya no estaban era inevitable… Incluso él, cada vez que llegaba de visita a la Hacienda Mariposa, esperaba encontrar a Shinobu cuando se asomaba al consultorio, ahora vacío y lúgubre, donde antes atendía a los cazadores. Las punzadas que aguijoneaban ardientemente su pecho afloraban cada vez que la realidad le golpeaba las narices con un consistente recordatorio.

Kanao se vio rescatada de aquellos pensamientos sombríos en cuanto una caricia bañada en calidez rozó su mejilla. Nezuko le sonreía con la misma inocencia que sólo ella podía emanar.

—No estés triste —articuló, dejando entrever con ello los colmillos que evidenciaban el fracaso de la medicina que con tanto esfuerzo, Tamayo había desarrollado.

La contraria no pudo hacer más que sonreírle discretamente en respuesta. Asintió en silencio y trató de aferrarse a la felicidad resquebrajada que aún quedaba entre los vivos.

—¿Quieres que te acompañe a la Hacienda? —se ofreció el pelirrojo.

—Tengo reunión de Pilares en unos minutos, no sé cuándo saldré —se disculpó.

—Oh, está bien. No hay problema entonces —rectificó el muchacho, sin perder su sonrisa… Una que gradualmente fue mermando ante la pregunta que tanto había querido liberar desde que la vio allí parada—. ¿Sigue sin haber noticias de Giyuu-san?

Kanao se mostró desanimada ante la interrogante, para posteriormente negar con el mismo pesar que el muchacho mostraba.

—Sólo regresó su cuervo. Nadie ha obtenido pistas de su paradero desde aquél día… —el recuerdo del tambaleante y destruido Pilar de Agua alejándose de la escena, aún permanecía fresco en las memorias de ambos. Jamás olvidarían la desolación que transmitía su silueta recortada por los rayos nacientes del alba, los cuales no alcanzaron a irradiar la fuerza necesaria para iluminar su corazón una vez más —. Shinazugawa-san dice que es inútil buscarlo, que habrá caído muerto en alguna zanja…

—Él sólo está deprimido…—rectificó, sin poder evitar sentirse mal por el aludido. Podrá haber tenido sus roces con él en el pasado, pero comprendía perfectamente el sentimiento de impotencia que le embargaba tras perder a Genya.

Él mismo había llorado mucho su muerte, así como las de todos sus amigos fallecidos… De no ser por Zenitsu e Inosuke, junto con Nezuko, quien ahora jaloneaba de sus mangas para llamar su atención, bien podría haber acabado como el Pilar de Viento tras haber perdido toda esperanza.

—Llevemos las flores —solicitó su hermana, siempre acompañada con aquél tono infantil que le había quedado desde la transformación.

Tanjirou le sonrió en respuesta, decidiéndose a tomar su mano para llevarla hacia las tumbas.

—Nos vemos más tarde, Kanao —se despidió.

La chica asintió con un gesto silencioso, y tras verlos aproximarse a repartir las ofrendas, partió hacia la residencia Ubuyashiki para cumplir con sus nuevas obligaciones.

El título de Pilar de las Flores le quedaba grande… Había sido nombrada únicamente por el fallecimiento prematuro de su maestra y la tremenda baja que se había dado entre el grupo. Tal era la necesidad de ocupar esos espacios vacíos, que incluso Pilares retirados, como Uzui y el propio padre del fallecido Pilar de la Llama, debieron cubrir las vacantes como sustitutos hasta que encontrasen reemplazos adecuados.

Shinobu había heredado el haori de su hermana junto con el puesto cuando fue nombrada; pero tanto aquella prenda simbólica, así como sus propios restos, se habían perdido para siempre… Todo lo que Kanao conservó de ella fue su broche de mariposa, el cual había reemplazado al de Kanae una vez roto en combate.

Tras saludar respetuosamente a quienes seguía considerando sus superiores, tomó asiento entre el Pilar del Viento y el Pilar de Amor, aguardando en un ambiente silencioso la llegada de su patrón actual.

Mitsuri se veía nerviosa ante el mutismo que perduraba en el ambiente. Desde el día en que fue nombrada Pilar, recordaba de forma vivaz que el jolgorio siempre había prevalecido en mayor o menor medida entre sus miembros… Pero a partir de aquella noche todo había cambiado, y no parecía haber nada que ella pudiera hacer para regresar las cosas a como estaban antes.

—Cuánto se tardan, ¿quién más falta de nosotros?

Kanroji agradeció mentalmente la falta de tacto con la que Uzui arrollaba cualquier situación. El siempre ruidoso Pilar del Sonido no tenía ningún reparo para quebrar silencios incómodos, así estuviesen en medio de un velorio.

—De los Pilares, nadie. Aunque escuché que la reunión de hoy fue planeada para introducir a un nuevo miembro… —respondió Iguro, secundado por el siseo de su serpiente.

—Tsk —el chasquido que profirió con molestia el Pilar de Viento fue audible hasta la otra punta. Había estado sumido en un mal humor permanente y sombrío desde el fallecimiento de su hermano—. Están ascendiendo a novatos sin experiencia con tal de incrementar nuestro número. Como si eso fuese a ser de utilidad.

—¡S-Sanemi-san! —protestó Mitsuri. Su mirada nerviosa se posó sobre Kanao, quien ni siquiera se daba por aludida ante el comentario… O quién sabe; quizá sí se sentía señalada y simplemente prefirió guardarse cualquier gesticulación hacia sus adentros—. No se estaba refiriendo a ti, Kanao-chan. ¡Tú eres un digno miembro del grupo!

—En efecto. Tsuyuri Kanao obtuvo el título de Pilar por sus propios méritos al derrotar a una Luna Superior —apoyó la efervescente y suave voz de un infante.

Todos los Pilares retomaron respetuosamente una inclinación de cabeza ante la llegada repentina del nuevo Oyakata-sama, quien a paso calmo se asomaba hacia el exterior de la casa seguido de sus hermanas.

—Es un honor saludarlo, Kiriya-sama. Una disculpa por la desprolijidad de la bienvenida. No lo sentimos llegar —tomó la palabra el Pilar de Roca, coincidiendo con todos sus pares en aquello último. Ninguno de ellos, con el pleno uso de su vista y el resto de sus sentidos, pudieron percatarse del momento exacto en el que el niño había arribado a la escena. Aquél sigilo no lo tenía ni siquiera el anterior Oyakata-sama; pero el joven cabeza de familia parecía haber sido entrenado para superar a su padre en algunos aspectos.

El aludido tomó asiento de forma recatada frente a ellos, acompañado de las gemelas unos pasos más atrás.

—Levanten sus cabezas, por favor —indicó—. El día de hoy tengo un anuncio importante para ustedes.

Iguro observó atento, presintiendo la veracidad de aquél rumor sobre el nuevo integrante.

—Como sabrán muy bien, hoy se cumple un mes desde el atentado a la mansión Ubuyashiki y el fallecimiento de nuestros queridos camaradas… —su voz monocorde no lograba imitar el sentimiento de pésame que su padre siempre evocaba al hablar de los difuntos. Se parecía más a la imperturbable manera que tenía su madre de transmitir cualquier mensaje—. Los daños a nuestras filas fueron los más catastróficos registrados en la historia de los cazadores hasta la fecha, pero hemos confirmado con grandes esfuerzos e incansables patrullajes, que las fuerzas del enemigo también mermaron en consideración.

Aquello al menos era verdad. Muzan se les había escapado esa noche, pero la proliferación de demonios pareció disminuir dramáticamente desde ese entonces. Habían logrado lo que en ninguna generación se llegó a ver: el exterminio de todas las Lunas Superiores que durante siglos, se habían mantenido intactas e invictas en la jerarquía demoníaca. Los pocos demonios que solían aparecer, cada vez en menor cantidad, eran apenas unas hormigas en comparación con el poderío avasallador de las generaciones más longevas.

Y sin embargo, pese al aparente optimismo de la situación, nadie podía permitirse respirar tranquilo todavía. La tensión electrificaba cada mirada y cada gesto que rodeaba a los Pilares desde ese entonces. Todos sabían que la paz actual sólo era el preludio de una tormenta que podría desplegarse sobre ellos sin previo aviso, y con consecuencias mucho más devastadoras que la anterior.

Kiriya, con sus precoces ocho años recién cumplidos, podía darse cuenta de ello.

—No sabemos cuánto tiempo más soplará el viento a nuestro favor. Por ese motivo, les pido que busquen cuanto antes a los cazadores que consideren más convenientes para ser sus sucesores y así elevar las fuerzas de las nuevas generaciones.

Los Pilares asintieron al unísono con un respetuoso gesto, y Kanao reprimió un titubeo que sólo asomó danzante por su mirada ante la nueva orden. Ella aún se consideraba una mera aprendiz… ¿Cómo podría tener bajo su tutela a alguien si ni siquiera se sentía con la autoridad suficiente como para considerarse a sí misma un Pilar?

—Como medidas adicionales, he decidido comenzar a incrementar el número de Pilares para recobrar nuestro potencial anterior lo antes posible.

El nuevo anuncio ancló con intriga burbujeante las expectativas de todos. Ciertamente, ya era hora de renovar e incrementar las fuerzas entre ellos; Uzui había sido privado de al menos la mitad de su capacidad total con la pérdida de su mano y su ojo, del mismo modo que Rengoku Shinjurou tampoco podía ocupar permanentemente el puesto de su hijo.

Y sin embargo, ¿acaso había entre los miembros regulares alguien capaz de igualar las fuerzas de un Pilar?... Los más experimentados que continuaban con vida todavía tenían un largo camino por recorrer; mientras que otros prodigios a quienes se les veía un gran potencial aún estaban muy verdes en su formación como para dejarlos a cargo de un puesto de tanta responsabilidad.

—Por favor, preséntate e intégrate al grupo, Kagamine-san —le invitó Kiriya, provocando que por acto reflejo, todos voltearan en la misma dirección que él miraba.

Allí, a uno de los costados del extenso patio, yacía de pie un muchacho joven, de aspecto ordinario. Su piel lucía pálida en contraste con el azabache profundo de su cabello y ojos negros, los cuales les observaban de forma fija sin brillo alguno. No sólo su cara les transmitió un aire común y simplista, sino también su propio haori blanco coronando su uniforme… No había absolutamente nada que le hiciera resaltar por entre el resto de sus camaradas; ningún rasgo distintivo, cicatriz, símbolo o patrón específico en sus ropas. Se miraba tan carente de personalidad que no sería difícil confundirlo con un mero maniquí hecho a molde, incapaz de destacar siquiera entre el propio entorno y la maleza del jardín.

Al contar con la ayuda de su vista para ubicar al recién llegado, la mayoría de Pilares posiblemente no tuvieron que enfrentar el problema que le supuso a Himejima el determinar su posición. Posiblemente, no podría haberla adivinado sino hasta que éste se decidió a hablar. Era como una planta en su radar; algo que no emitía ninguna clase de presencia.

—Es un gusto conocerlos. Mi nombre es Kagamine Ritsu y tengo 23 años. Me integraré a ustedes a partir de hoy como el Pilar del Espejo.

Su voz, al igual que todo él, carecía de personalidad. Incluso tras haber dado su nombre, ninguno de los allí presentes lograba registrarlo de absolutamente nada. Si bien era cierto que no todos los reclutas tenían la oportunidad de conocer a los Pilares, por lo menos alguno de ellos debería haberse topado con el recién llegado en alguna misión o por alguna parte del cuartel general, mas no había nadie capaz de reconocerlo.

No tomó mucho tiempo para que una cierta tensión irrumpiera en el grupo. Los Pilares no pudieron evitar sentirse desconfiados por unanimidad ante el intruso, quien a primera vista, no terminaba de convencerles.

Kanao misma se sentía intranquila ante la vibra que desprendía. Podía verlo, escucharlo y quizá olerlo si estuviese más cerca; pero era como si estuviese ante un mero fantasma sin consistencia propia que le distinguiera.

Algo en él irrumpía como un susurro molesto en el ambiente. El sentimiento que colmó la atmósfera hasta tornarla densa era compartido: no les agradaba. La sonrisa apenas esbozada con una notoria falsedad en su cara sólo le añadió más peso al pensamiento colectivo de los Pilares.

Fue entonces que, el segundo miembro bendecido con la inigualable falta de tacto, alzó la mano y retornó la mirada al líder de la organización.

—Kiriya-sama, disculpe mi atrevimiento pero… —Sanemi podía parecer calmado, pero simplemente ocultaba su agresividad característica por respeto al patrón— ¿Quién es este tipo?

Sus compañeros le siguieron y centraron su atención en el susodicho, quien, inesperadamente, esbozó un gesto que pareció ser una sonrisa en aquél rostro tieso de muñeca.

—Es nuestra nueva arma secreta contra Muzan. Llévense bien con él.


—… si un demonio me come, estará consumiendo todo mi peso corporal con 37 kilogramos de veneno. Eso es alrededor de setenta veces más que la dosis letal.

Kanao escuchaba casi sin poder creer la petición suicida de su maestra. Paralizada con un abundante sudor frío que tomaba todo su cuerpo en reemplazo de las lágrimas que sus ojos vidriosos no alcanzaron a derramar, apretó fuertemente sus puños sobre sus rodillas para manejar de la forma que podía la noticia.

Tragó grueso, sintiéndose superada por la tensión.

Shinobu intentó ablandar sus facciones con una sonrisa apenas esbozada para animar a su sucesora a relajarse. La revelación de su estrategia había tenido un impacto mayor que el que había previsto, incluso tratándose de Kanao. Pero debía prepararla adecuadamente para cuando llegase el momento. Su plan necesitaba la colaboración de un cómplice para hacerse efectivo.

S-sensei… —murmuró entonces, todavía afectada por las palabras que acababa de escuchar —¿Tomioka-san sabe sobre esto?

La pregunta la tomó con la guardia baja. Shinobu no tardó en enmascarar su dolor con una sonrisa que falló en ocultar del todo su tristeza.

No he decidido si decirle o no…

Kanao sintió cómo se incrementaba el malestar que se le había instalado en el pecho. Miró sin comprender a su maestra, implorándole con sus temblorosos orbes acongojados una explicación al respecto.

Kanao, Giyuu es más frágil de lo que la gente piensa —decidió emplear su nombre de pila esta vez. Poco sentido tenía mantener la formalidad laboral en aquella plática tan íntima—. Si llegase a enterarse de esto, en primer lugar, lo impediría sin importarle nada más. Y en caso de no poder lograrlo, se perdería completamente en sí mismo hasta morir… —sus ojos observaron con angustia sus propios puños apretados contra sus rodillas. Le dolía como ninguna otra cosa saberse desde ya la responsable directa del legado de sufrimiento que le traspasaría a su esposo al partir. Kanao comenzaba a empapar sus ropas del sudor—. Es mejor quitarle de la mente la idea de haber podido hacer algo para prevenirlo, que hacérselo saber para que el resultado acabe siendo el mismo… Con algo de suerte, quizá me guarde rencor por traicionar nuestro matrimonio y eso evitará que se consuma por la tristeza —su voz se quebró al final, sintiéndose incapaz de contener un leve temblor que asaltaba las comisuras de sus labios en esa sonrisa venida a menos.

Sensei… —su sucesora no se encontraba en un mejor estado. El saber lo que le depararía a ambos, en caso de que realmente se topasen con la Luna Superior dos, oprimía su pecho con una fuerza que no sentía desde la muerte de Kanae.

Kochou respiró hondo. Tomó fuerzas en ese suspiro para recomponer su máscara y tratar de brindarle su mejor sonrisa.

Así que, Kanao, te pido que mantengas esto en secreto hasta que llegue ese momento… Debes ser fuerte y estar preparada. Giyuu necesitará más que nunca tu apoyo… —se le hacía difícil hablar, sabiendo que estaba transmitiendo con mucha antelación sus últimas palabras—. Quiero que se acompañen el uno al otro. Lloren todo lo que deban llorar, y luego sigan adelante con sus vidas…

No se queden atrapados en el pasado…

Kanao reprimió sus lágrimas tanto como pudo, hasta que un hipeo nervioso evidenció el llanto inminente. Como acto reflejo, limpió torpemente los residuos de su tristeza con las mangas del uniforme y retiró el parche humedecido de su rostro. Incluso si estaba sola en aquella sala, no quería llorar ante el altar de las hermanas Kochou.

—Lo siento, sensei… —hipeó en un susurro apenas audible, rememorando aquellas trágicas palabras que la mayor se había molestado en transmitirle en esa misma sala—. Seguir adelante es muy difícil…

Tras perder a Kanae, Shinobu siempre se encargó de velar por ella y las otras chicas de la residencia, tal y como lo haría una hermana mayor. Incluso cuando se derrumbaba por dentro; cuando se enmascaró con esa imitación fallida de la personalidad de su antecesora y cuando ella misma luchaba diariamente contra las emociones que la carcomían por dentro, siempre fue un modelo de fortaleza para Kanao.

Ahora que le tocaba asumir ese rol a ella, encontraba cada paso tan difícil… Era casi como intentar avanzar contra la corriente.

Ella no podía colocarse una máscara sonriente para confrontar la adversidad e infundir ánimos en quienes quedaban atrás… El tapón que contenía sus lágrimas, y que quedó hecho trizas aquél día, dejó salir toda la tristeza que había acumulado a lo largo de los años. Lloró por ella todo lo que no había logrado llorar en su momento por Kanae; lloró durante días, hasta que sintió sus ojos quedarse secos…

Y sin embargo, no se detenía.

¿Qué era todo eso? ¿Hasta cuándo se suponía que la gente superaba el luto por sus seres queridos? Kanao nunca tuvo que confrontar sola una situación semejante, y sin la guía de Shinobu, no hallaba cómo salir del abismo en el que había caído.

Incluso había sido incapaz de visitar las tumbas y presentar las ofrendas correspondientes. Buscó eludir ese momento durante todo el día, hallando una justificación válida en la marea de gente que invadía los espacios del cementerio para honrar a sus fallecidos. Sin embargo, ahora que caía la noche junto con una densa lluvia, su excusa quedó disuelta entre la soledad apremiante de las lápidas.

Ya no tenía motivos a los cuales aferrarse para seguir postergando ese momento.

Sintió mermar el último espasmo de tristeza que compungió su pecho, y decidió que era tiempo de confrontar la realidad. Refugiarse cobardemente bajo su propia incapacidad sólo sería una falta de respeto hacia las memorias de sus dos hermanas. Tanto Kanae como Shinobu habrían ido a visitarla en caso de que las cosas se hubiesen dado en sentido contrario…

Fue así como, armada con las flores favoritas de cada hermana y un ramo de inciensos, se obligó a partir en solitario hacia el cementerio de los cazadores. Poco le importaba la lluvia en esas instancias; los inciensos de todos modos no iban a encender. Los que yacían colocados en las tumbas desde la mañana ya se habían consumido, y los más recientes sucumbieron apagados por el aguacero.

Una sonrisa irónica llegó a surcar sus labios cuando, ni bien pisando la entrada del sepulcro, la furia con la que la lluvia azotaba el suelo se intensificó. No le molestaba el agua, por el contrario. Hasta cierto punto se sentía acompañada por el ambiente lúgubre que el propio cielo dejaba caer sobre sus hombros.

Necesitaba esa compañía imaginaria aunque sea. Por lo menos para ayudarse a sí misma a seguir avanzando entre las lápidas.

Una parte de ella aún se resistía a visitar esa tumba… No se había sentido capaz de hacerlo en todo este tiempo; no sabiendo que todo lo que encontraría sería un nicho vacío al lado de los restos de Kanae… El verse incapaz de recuperar su cuerpo o una mínima parte de él, era lo que más le atormentaba. ¿Cómo podría encarar a Kanae ahora? No fue capaz de hacer algo por Shinobu en vida, cuando fue asesinada delante de sus narices, ni tampoco en la muerte.

Buscó un consuelo vacío al abrazarse instintivamente a las ofrendas que cargaba, cuando una imagen frente a la tumba de su maestra captó su atención.

Sus ojos se abrieron con una pasmosa sorpresa, distinguiendo entre la densidad de la lluvia y la oscuridad de la noche el patrón desigual del tan conocido haori del Pilar de Agua.

Las flores y el incienso simplemente resbalaron de sus brazos cuando la fuerza los abandonó en un acto reflejo. Sólo con verle la espalda y ese haori maltrecho, podía hacerse una idea de lo destrozado que el cazador habría de tener el cuerpo.

¿Estaría vivo siquiera?... Sabía de varios cazadores que llegaron a morir de pie. Su cuerpo no se movía ni un ápice pese a las insistentes gotas que taladraban sus hombros; ni tampoco el de Kanao, paralizado por la impresión de aquél encuentro inesperado.

Por un fugaz momento, la imagen de Shinobu pidiéndole que buscaran apoyo mutuo asaltó su cabeza, animándola así a romper la parálisis y el silencio con una exclamación temblorosa.

—¡Tomioka-san!

La lluvia opacaba fácilmente cualquier sonido cercano, ahogando así ese llamado vacilante que probablemente ni llegó a destino.

Indecisa, la joven avanzó un paso hacia él. Poco menos de dos metros los separaban, pero algo además que esa distancia le impedía alcanzarlo… Por un momento recordó la presencia vacía de aquél misterioso Pilar del Espejo. Giyuu se sentía exactamente como él… como una simple coraza dispuesta en el espacio sin estar allí presente.

Kanao respiró entrecortadamente, tomando fuerzas para gritar más fuerte y claro esta vez.

—¡Tomioka-san!

Ante su segundo llamado, percibió un movimiento en su cabeza. El hombre se volteó apenas para verla de soslayo y reconocer el broche que sostenía su coleta, evidenciando con su nueva postura las múltiples manchas de sangre seca y otras tantas heridas abiertas que nadie había tratado.

Kanao ahogó una exclamación al contemplar su estado. Viéndolo ahora, no era difícil adivinar que en todo este tiempo no había dejado de cazar incesantemente a cada demonio que se le cruzara por delante. Pudo distinguir más de una empuñadura en su cinturón, quizá en reemplazo de su espada rota durante la batalla. Espadas de cazadores que cayeron en combate, dejando atrás todas sus defensas y añoranzas.

El Pilar de las Flores apretó con firmeza sus labios para mantenerse fuerte ante él. Debía serlo, por Shinobu…

—Tomioka-san… ¿por qué te estás haciendo esto?... —preguntó al fin, recorriendo con la mirada cada herida distinguible por encima de su ropa. No le sorprendió el no recibir ninguna respuesta. Reconocía perfectamente esa mirada vacía, viéndose a sí misma cuando su mente se quebró estando más pequeña…

Pero justamente por haberlo vivido en carne propia, sabía que podía superarlo. Ella había regresado al mundo de los vivos gracias al arduo trabajo de Kanae, heredado después por su hermana menor; y era gracias a ellas que se había recuperado a sí misma.

Ahora era su turno devolverles el favor y ayudar a Giyuu a recomponerse del golpe; debía cumplir la última voluntad de su maestra.

—La sensei… nee-san —se corrigió— no querría verte así…

Una señal de alarma se crispó en sus puños cuando el Pilar de Agua retornó su mirada vacía hacia el frente, con claras intenciones de pasar de largo y seguir sin tomarse la molestia de escucharla. Decidió apresurarse y avanzar hacia él en cuanto le vio dar el primer paso.

—¡Nee-san quería que nos apoyásemos mutuamente cuando esto pasara! —insistió, sintiéndose cada vez más débil y diminuta al ver que el viudo se alejaba sin mirar atrás. Ni siquiera transmitir la última voluntad de su difunta esposa parecía ser suficiente para detenerlo.

"No…".

Era más que eso.

Él directamente no la estaba escuchando, porque no estaba allí

Su mente se encontraba muy lejos. Lo suficiente como para moverse sin verse disminuido por el peso de sus heridas, así como para recibir el eco de su voz y sus palabras.

Las piernas de Kanao temblaron, impotente al sentir cómo se quebraba el último vínculo que le quedaba para mantenerse unida a Shinobu. Ahora ni siquiera sería capaz de cumplir su promesa y apoyar a Giyuu como se lo habían encomendado.

—¡Ella quería evitar que cayeras en ese estado! —gritó con todas sus fuerzas, aunque sintiera desgarrarse su garganta por el insistente dolor que le subía desde el pecho; pero su mensaje no tuvo el menor impacto, y tampoco tuvo oportunidad arrastrarlo a la Hacienda Mariposa como hubiese querido. La lluvia lo había engullido por completo, como si todo él se hubiese esfumado en una aparición vacía.

El perderlo de vista le quitó el aliento en un suspiro ahogado. Intentó seguirlo, acaparando de inmediato el último lugar donde lo vio parado, pero ya no quedaba ni el más mínimo rastro que pudiese recuperar.

Impotente y desbordada, sus sollozos fueron absorbidos de la misma manera por la cortina de agua. Ahora volvía a estar sola; la única persona que podría compartir su dolor sucumbió ante la desesperanza absoluta, y la lluvia que anteriormente le parecía reconfortante, ahora sólo la hacía sentirse más miserable ante cada gota.


No tengo mucho que decir, salvo rogar para que no me lluevan tomatazos y amenazas de muerte por hacer sufrir a Giyuu(?). Como pueden ver, este capítulo se centró un poco más en Kanao y en cómo está afrontando las cosas, ya que a pesar de que los protagonistas del fic vendrían a ser Giyuu y Shinobu, me parece importante relatar también las secuelas que la tragedia tuvo para los demás.

Ahora bien, como tengo que editar todo el capítulo 5, la verdad no sé cuándo habrá actualización... De momento intentaré ir alternando con algunas escenas fugaces de Momentos, aunque también debo quitar un par de capítulos que iban a estar ligados al capítulo 5 de aquí, así que es posible que incluso con ese también me demore XD

Lo que sí es seguro, es que a partir del próximo capítulo la clasificación del fic va a cambiar a M, para que recuerden incluir esa categoría en el filtro de búsqueda.

Aprovecho también para anunciarles que, en caso de que no lo hayan leído, inicié hace poco con un nuevo longfic GiyuuShino que pueden encontrar en mi perfil.

Creo que no me estoy dejando más aclaraciones por el camino esta vez, así que, antes de despedirme, me gustaría agradecer de todo corazón a todas las bellas personitas que me han dejado sus comentarios. No saben lo mucho que me alegra leerlos, me motivan a seguir. ¡Muchas gracias!

Nos leemos.