*Redoble de tambores*
¡AL FIN ESTÁ AQUÍIIII! Tanto que hablé del dichoso capítulo 5, y ahora finalmente puedo traérselos. Creo que, nomás con ver la extensión de esta cosa, podrán comprender por qué me tardé tanto en actualizar este fic. Más considerando que tuve que reescribir el original, que ya tenía sus buenas 45 páginas, porque no me convencía. Ahora pasamos de 45 páginas a 50 y resto, así que, muchachos, después de esto... Quiero un descanso XD
Aún no sé si FanFiction me permita subir esta bestialidad de 20000 y pico de palabras. Es la primera vez que intento subir algo de semejante tamaño, así que en este punto, sólo me queda cruzar los dedos.
Como comprenderán, editar esta cosa se convirtió en una labor titánica por obvias razones. Para la mitad del fic más o menos, ya se me había fundido el cerebro (y los ojos), así que disculpen si encuentran algún error, redundancia o desliz de ese tipo que no llegué a ver. Hice lo mejor que pude.
Antes de iniciar, me gustaría agradecer a Ozora, que se tuvo que comer enterita toda la primera versión de 45 páginas para que al final termine subiendo otra cosa XDDD Gracias por aguantarme :'v
Y para no extenderme demasiado en las notas de autor, que ya bastante largo es el capítulo, sólo quiero aclarar que la extensión descomunal se debe a que en verdad necesitaba encapsularlo todo en un solo capítulo. Creo que perdería impacto si lo cortase a la mitad (así que espero que sí se suba completo).
Advertencia: Este capítulo contiene lemmon.
Disclaimer: Kimetsu no Yaiba no me pertenece a mí, sino a la desalmada Koyoharu Gotouge.
V.
Para cuando puso un pie en la posada, sintió todo el cansancio acumulado repercutir en cada músculo y hueso de su cuerpo. Su respiración le ayudaba en gran medida a mantener a raya los síntomas de la fatiga y las lesiones que escondía bajo las gruesas capas de tela, pero tan pronto su cerebro captó el ingreso a su lugar de descanso, el malestar se dejó correr libre como un río desbordado, apenas contenido a través de su expresión estoica.
—Ara~ qué coincidencia, Tomioka-san.
Sólo la portadora de aquella melodiosa voz prometía hacer aún más incómoda su situación actual. Se giró a verla por mera cortesía, esperando que el encuentro culminase en la mayor brevedad posible.
—No creí que alguien tan aburrido como tú parase en este tipo de posadas~
Giyuu no demostró en su rostro la irritación que aquella punzada gratuita le provocó. Simplemente regresó su vista al frente y siguió camino por el pasillo para encontrar su habitación.
—No soy aburrido —se limitó a responder. Aunque a decir verdad, no sabía ni para qué se molestaba. Había vuelto a caer en el mismo juego en el que ella lo provocaba y él negaba sus argumentos con monosílabos.
—¿Ehh? ¡No me digas, Tomioka-san! ¿Es que acaso no eras consciente de ello?
Giyuu literalmente le cerró la puerta en la cara. No estaba de humor para soportar sus burlas en el estado en el que se encontraba, así que se limitó a encerrarse rápido, antes de que se colase por alguna rendija en su espacio privado.
¿Qué tenía esa mujer en su contra? ¿Por qué lo odiaba?... Normalmente no tenía problema en soportar silente cualquier comentario burlón que tuviese preparado para arrojarle, pero ahora era cuando más necesitaba enclaustrarse en su burbuja de soledad para olvidarse del malestar. Sentía su cuerpo entero contraerse en un cúmulo casi insoportable de dolor, el cual exhaló silente en un suspiro cuando se permitió resbalar por la pared hasta caer sentado sobre las láminas de tatami.
No pretendía quedarse más tiempo del necesario. Un par de noches para reponerse del cansancio y aliviarse las heridas era más que suficiente; luego se iría, esperando con ello desprenderse de la pegajosa presencia de la mariposa.
No obstante, al coexistir bajo el mismo techo incluso durante ese brevísimo espacio de tiempo, le sería imposible el no cruzarse con ella por lo menos un par de veces… Especialmente si tomaba en cuenta que la chica parecía tener un radar capaz de detectar hasta el lugar más recóndito en el cual se fuese a esconder. Siempre sabía dónde encontrarlo, del mismo modo que siempre parecía lista para abordarlo con su ineludible lluvia unilateral de burlas disfrazadas que no solían cesar sino hasta que él desapareciera de su vista tras alguna puerta, muro u obstáculo lo suficientemente grande como para hacerla desistir de su acoso.
—Oye, ¿me estás escuchando, Tomioka-san?~
Harto de comprobar que su técnica de ignorar no era efectiva contra los bichos de su tipo, optó por detener su andar y girarse para encararla con su inmutable expresión habitual. Sólo había salido de su cuarto un momento a tomar té, y aquello se había convertido en una persecución absurda por toda la posada.
—¿Qué? —espetó con sequedad. Una que venía implícita con una demostración involuntaria del fastidio que la mariposa parecía haber estado buscando, inexistente en sus facciones.
La vio sonreír satisfecha, y supo que ella de nuevo sólo quería molestarlo. Estuvo a medio segundo de voltear y proseguir su camino, cuando la oyó solicitar lo que realmente quería de él.
—¿Qué tal si me dejas curarte esas heridas antes de que vuelvas a escaparte por algún lado?... Me imagino que no debe ser muy cómodo corretear por todo el lugar y sentir punzadas cada vez que te mueves ¿o no?
La agudeza de su observación lo tomó con la guardia baja. No dejó que su sorpresa se le transluciera por el rostro, pero por instinto llevó su mirada hacia sus ropas, queriendo cerciorarse de que la sangre no hubiese desbordado los vendajes y manchado la tela.
—¿Cómo supiste…?
La oyó reír discretamente, de esa manera tan particular que tenía ella para hacer resonar su voz como una melodía suave.
—No me subestimes, Tomioka-san… Yo me doy cuenta de muchas cosas —aseveró ella, con un deje un tanto alarmante de seriedad. Perfectamente podía ser alguno de sus tantos comentarios con doble sentido que el Pilar de Agua prefería no descifrar.
—… ¿Entonces por qué no lo dijiste desde un principio? —se atrevió a indagar, consciente de que ella sabría muy bien el calvario que le supondría someterse a una huída como la que había estado emprendiendo desde que comenzó a seguirle los pasos.
La sonrisa de Shinobu le pareció un tanto maliciosa cuando volvió a fijar su vista púrpura sobre él.
—Porque es más divertido ver hasta dónde puedes aguantar antes de admitir que estás lastimado~ —respondió sin más, exhibiendo su sonrisa burlona con un total descaro. Giyuu llegó a pensar que aquella respuesta era justo lo que se esperaría de su compañera, hasta que la siguiente declaración que tenía para él consiguió bajar sus defensas con una confesión inesperada—. Además, no tendría que llegar al extremo de perseguirte si tan sólo fueses como cualquier ser humano normal que me viene a buscar cuando se lastima, ¿no crees?
Shinobu le soltó aquello con la misma naturalidad de siempre, aunque de alguna forma, ese último comentario le pareció el más sincero que llegó a oírle pronunciar jamás. La propia mariposa se tomó la molestia de diluir cualquier rastro malicioso de burla que hubiese empleado antes para divertirse a costa suya, y en su lugar, le permitió establecer un contacto visual directo con sus ojos púrpura para que él mismo constatara la seriedad de sus palabras. Por primera vez, se veía verdaderamente dispuesta a dejar de lado la saña habitual, con tal de persuadirlo de dejarse atender.
Fue sólo cuando confirmó la falta de malicia en sus orbes que un muy atenuado rastro de sorpresa corrió inconscientemente por el rostro siempre inmutable del Pilar de Agua… ¿Estaba diciendo ese era el verdadero motivo por el cual lo acosaba?... ¿se había tomado el trabajo de perseguirlo y fastidiarlo en cada oportunidad, porque era el único lo suficientemente huraño para rehuir de su atención médica?
Derrotado y avergonzado por la idea que tenía formada de su compañera, arrojó su mirada hacia cualquier costado donde no tuviese contacto visual con ella. Una humillante sensación de pesadumbre abochornó sus pensamientos, sintiéndose estúpido por juzgarla como una simple persona molesta ahora que conocía sus razones.
Su vergonzosa situación, no obstante, pareció simplemente acrecentar la diversión que Kochou apenas disimulaba al cubrirse con una de sus manos.
—Así que, ¿serás un niño bueno y vendrás a atenderte?~ —Kochou volvió a arrastrarlo a tierra tras una pausa prolongada—. Prometo no envenenarte… mucho.
Incluso si le había soltado aquella "broma" para aliviar la tensión vergonzosa que le invadió en el momento, no pudo evitar virar hacia ella con un espanto parcialmente contenido en su mirada, deseando que no estuviese hablando en serio… Y por más que la sonrisa burlona que obtuvo en respuesta debió haber disuelto sus preocupaciones, tratándose de Shinobu, la posibilidad del envenenamiento seguía siendo una opción no muy descabellada.
Recordó entonces que, por muy buenas intenciones que hubiese detrás, se trataba del Pilar de Insecto después de todo…
—Ven, tengo mi botiquín en mi cuarto —solicitó seguidamente, demostrando una dulzura que contrastaba de manera tajante con la letalidad que en verdad representaba. No obstante, Giyuu decidió no acrecentar esta última con un nuevo intento de escape—. Toma asiento y déjame ver la herida —una vez ingresaron a la alcoba, ahora empleada como consultorio temporal, Kochou revoloteó alrededor de sus instrumentos de viaje para extraer el material necesario, acostumbrada ya a atender a sus pacientes en todo tipo de circunstancias.
Giyuu obedeció en silencio y retiró de su cuerpo sus prendas superiores, donde finalmente quedó a la vista el vendaje que rodeaba la totalidad de su torso junto con su hombro izquierdo. Unas apenas distinguibles motas rojizas delataban cuán frescas se encontraban aún sus laceraciones.
—Tomioka-san, en verdad deberías considerar pasar más seguido a mi finca para que te curemos debidamente… —por el sentido de sus palabras, a primera vista pareciera querer brindar un consejo de igual a igual entre camaradas que compartían el mismo oficio… pero Kochou sencillamente no era tan bondadosa como para dejar pasar la oportunidad de picarlo. El tinte burlista que cobró su expresión cuando volvió a sonreír preludiaba con una remarcada transparencia sus intenciones—. No me sorprendería que tuvieses una muerte prematura con ese desafortunado intento de vendaje que te aplicaste en la oscuridad.
Giyuu se mordió la lengua en silencio, teniendo esta vez la suficiente agudeza mental para evitar caer y responderle con un ingenuo "estaba claro", sólo para ser rematado por otro de sus comentarios venenosos.
La oyó contener una risa divertida en respuesta a su mutismo, mientras observaba de reojo cómo las diestras manos de la mujer se daban a la tarea de deshacer ese vendaje mal hecho que se había improvisado con sus toscos conocimientos de primeros auxilios.
—Antes pasabas más seguido a atenderte —volvió a invitarle a la conversación, esta vez retomando el tono ameno y libre de ponzoña que empleaba regularmente cuando se dedicaba a su paciente.
—Antes era diferente —respondió por reflejo… y se arrepintió en el mismo instante que dejó escapar esas palabras.
Shinobu captó el mensaje, esbozando entonces una mueca más forzada en su sonrisa.
El Pilar de Agua no podría asegurar si su falta de tacto provocó su ira o reabrió heridas que no llegaron a cicatrizar, pues el apenas perceptible vistazo que le había permitido dedicar detrás de su máscara minutos antes, se había desvanecido por completo cuando volvió a afirmarla contra su rostro con más notoriedad que antes…
Por eso odiaba hablar… Acababa de arruinar el primer y posiblemente último contacto medianamente sincero que Kochou le permitió establecer al abrirse un poco, y su primer instinto fue retirar su mirada hacia otro punto en cuanto la atmósfera se densificó con mayor incomodidad.
Quizá ahora sí le aceptaría un motivo válido para fastidiarlo, pero la represalia nunca llegó… La delicadeza con la que la mariposa desinfectaba la profundidad de sus cortadas y volvía a vendar nunca se vio afectada por su estado anímico; todo lo contrario: lo atendió en silencio, con la misma diligencia con la que curaba a sus pacientes, indistintamente de su rango u opinión personal.
Su complejo de inferioridad retumbaba con insistencia en el fondo de sus pensamientos, haciéndole sentir que no merecía tales atenciones, y menos después de haber arruinado toda su buena voluntad con un desafortunado comentario que soltó sin pensar… La necesidad de levantarse y huir de la situación era lo suficientemente fuerte como para martirizarlo, pero el pensamiento se congeló cuando volvió a apreciarla de reojo.
El cuidado que Shinobu le estaba dedicando con tanta entrega derretía sus inseguridades con una cálida efervescencia en el centro de su pecho… El tacto suave de sus manos ajustando las vendas sobre su piel herida le parecía tan reconfortante como el que había llegado a brindarle Kanae en vida… así como su propia hermana cuando regresaba a casa llorando por algún raspón.
Arrastrado por la agridulce melancolía del recuerdo, no podía hacer más que añorar, por unos instantes, unas pocas migajas más de la nostalgia amena que sentía manar de ella.
—Ya está, no deberías volver a tener problemas siempre y cuando mantengas la zona limpia y te abstengas de realizar movimientos bruscos —su voz se oía dulce y libre de cualquier contaminación que pudiese indicar alguna señal latente de enojo. Sin embargo, estaba consciente de que quien hablaba a través de ese filtro engañoso era su máscara sonriente, la cual retenía en su interior cualquier pensamiento legítimo que él quisiera desentrañar.
Era por eso que la barrera impermeable de Shinobu la dotaba de esa concepción de diosa inalcanzable. No tenía grietas en su coraza, y la había perfeccionado a punto tal, que incluso se le hacía difícil por momentos distinguir entre la dulzura que portaba como un mero accesorio decorativo, de la legítima que le había expresado cuando le invitó a curarse.
Tomioka se atrevió a mantener su mirada discreta pero insistente sobre su sonrisa falsa, evocando su misericordia para que le dejase conocer una vez más los pensamientos que pudiese esconder debajo… Aún así, cualquier intento por desentrañarlos era inútil. No podía leerla, e incluso llegó a preferir que desatara contra él la tormenta más violenta que su verdadera personalidad malhumorada tuviese para ofrecer, antes que permanecer en esa inquietante nebulosa cargada de tensión, la cual sólo parecía alimentarse con su presencia.
Decidido entonces a no arruinar más el ambiente con otro comentario desafortunado, Tomioka consideró emprender una silenciosa retirada. Sólo la grácil y amena voz de la mujer alcanzó a interrumpirle la huida, resultándole imposible no volver a mirarla.
—Espero que la próxima vez tengas la suficiente sensatez para acudir a la hacienda cuando regreses con heridas de ese tipo~ —se despidió de él, esta vez, permitiéndole al fin echar un vistazo hacia aquello que tan insistentemente había estado deseando ver. La expresión de Kochou ya no se sentía falsa, a pesar de que su semblante era el habitual… Su mirada intensamente fija le hablaba, transmitiéndole una calidez nostálgica que jamás le había llegado a ver desde su primer encuentro hasta ahora.
No supo qué la motivó a cambiar de opinión, pero el privilegio que le había otorgado al permitirle cruzar miradas desprovista de su velo, le hizo sentir que al menos por esos instantes, sus pensamientos ya no eran aquél misterio hermético e imposible de leer... El alivio recorrió su cuerpo cuando supo que su comentario había quedado perdonado. No había resentimiento ni malicia en sus orbes púrpura, sino una cordial invitación amistosa que jamás habría imaginado obtener.
Desde ese momento lo había hechizado.
Esa mirada potente y atrapante como las propias flores de glicina, había llegado a traspasar su propia y gélida coraza. Pero por sobre todas las cosas, lo que sintió como un verdadero mérito inesperado, fue el presentimiento de saberse posiblemente el primero de los Pilares a quien le permitía observar cómo era realmente.
De alguna forma, y pese a las torpezas que lo convertían en un ser del todo inepto para la socialización, la mariposa comenzó a mostrar un mayor interés por comprenderlo y alentarlo a salir de su propio hermetismo. Si bien la mayoría de las veces envolvía esas intenciones en una gruesa capa de púas envenenadas, Kochou no había desistido ni una sola vez en sus intentos por hacerlo hablar o arrancarle alguna mueca que le diese indicios de sus misteriosos pensamientos. Se volvió incomprensiblemente habitual verlos en compañía del otro a partir de entonces; al menos ahora que Tomioka ya no escapaba de ella. Se había acostumbrado a su presencia y al sonido dulce de sus pláticas incesantes, siempre dispuestas a cubrir el silencio pese a la falta de respuesta.
Era en verdad afortunado ante el hecho de que su compañera no se molestase con él por su mutismo. La mayoría de las personas simplemente desistían de buscarle plática y con frecuencia confundían su inseguridad con arrogancia.
Tras repasar en silencio aquellos pensamientos, Giyuu volvió a deslizar con suma discreción su mirada por el rabillo del ojo, observando a detalle el aparente buen humor con el que el Pilar de Insecto hablaba sobre alguna historia trivial mientras disfrutaba de la dulzura excesiva de los dangos recién hechos. Esta vez, les tocaba trabajar juntos en una solicitud efectuada por Oyakata-sama. El trayecto se había hecho más largo de lo que indicaba el mapa, y por mutuo acuerdo acabaron descansando en un parador a mitad de camino.
—Deberías probar los dangos, Tomioka-san~ te sorprendería lo bien que los preparan aquí —Kochou continuó disfrutando de su merienda con un agradable y aparentemente legítimo buen humor en cuanto finalizó su anécdota anterior, y ante la solicitud directa, al cazador no le quedó más remedio que formular una contestación.
—No me gustan mucho los dulces…
—Ara~ quizá si los comieras dejarías de ser tan amargado —bromeó de nuevo, deleitándose visiblemente ante la tenue pesadumbre que manó silente del contrario.
—No estamos aquí para hablar sobre la merienda. Tenemos una misión que cumplir —atinó a recordarle, recurriendo a su infalible deber al que todos, indistintamente de sus parecidos y diferencias, debían acatar.
La oyó suspirar pesadamente a su lado.
—Cielos, ahí estás de nuevo siendo tan estricto y aburrido… —una vez acabada la última bolita del dango, se tomó su tiempo para acabar los pocos tragos restantes de té antes de ponerse de pie—. Aprende a relajarte un poco, Tomioka-san~ No tiene nada de malo distraerse y compartir momentos agradables con los demás —su mirada parecía amable pese al hastío sugerido en la curvatura de sus cejas. Al parecer, intentaba recordarse que tratándose de él, debía recabar una paciencia aún mayor que le permitiese lidiar con su ineptitud social.
Lamentaba ser una carga en ese sentido. Le gustaría poder expresar con la misma facilidad que ella los pensamientos que le llegaban a la mente y por lo menos agradecerle por el esfuerzo. Pero era muy consciente de la alta tendencia que tenía a importunar el momento con algo inapropiado que arruinase por completo cada interacción que quisiera emprender.
Sin saber qué otra cosa podría decir, decidió refugiarse nuevamente en sus asuntos laborales, los cuales de alguna forma le suponían un terreno seguro como tema de conversación.
—Hay que partir. Si nos damos prisa, podremos llegar antes de que se ponga el sol.
Para fortuna suya, la mariposa coincidió con él en ese pensamiento; y una vez repuestas las energías, emprendieron marcha a paso veloz hacia el lugar de destino.
Kochou no volvió a iniciar ninguna conversación en el trayecto restante, pero tampoco parecía molesta. O al menos eso fue lo que pudo constatar con las furtivas miradas de reojo que le dedicaba cada tanto, necesitado por corroborar la clase de sentimientos que creía interpretar por detrás de su sonrisa.
Casi resultaba gracioso pensar que, hacía no mucho tiempo atrás, poco le importaba la idea que el Pilar de Insecto pudiese tener de él… sentía que era la primera vez en muchos años que se preocupaba por no resultarle molesto o desagradable a otra persona. Y el ser consciente de ello le generaba una incomodidad punzante, cargándolo con incesantes sentimientos encontrados.
La bifurcación del camino próximo a la aldea de destino indicó finalmenete el momento de separarse. Debido a que desconocían la verdadera magnitud del territorio abarcado por el enemigo, establecer la puesta en escena desde un principio sería crucial.
—Entonces, yo llegaré primero y empezaré con los preparativos —indicó la mariposa, encaminando sus pasos hacia el sendero que conducía directo al pueblo. Giyuu asintió silente, y ella prosiguió—. No olvides vestirte como un transeúnte ordinario —Kochou cargaba su propia ropa para cambiarse antes de ingresar al poblado, aunque antes de seguir avanzando, pareció recordar una última indicación que la hizo volver a detenerse para girarse y mirarlo—. Y trata de no ceder ante mis encantos~ —le pidió entonces, esbozando una sonrisa tenue que no dejaba de ser alarmantemente pícara ante los posibles planes que tendría para él.
Comprendiendo sin mayor explicación el contexto de sus palabras, el cazador fue asaltado por un apenas perceptible sonrojo que manchó sus mejillas por breves instantes, obligándose a sí mismo a apartar la mirada de ella para no darle el gusto de ver el impacto que tuvo su burla.
—No lo haré —afirmó, con una seguridad tan solemne que acabó arrancándole una risita maliciosa a su compañera.
Esperó a que ella se fuera para continuar con su propio camino, centrándose en llevar a cabo la tarea asignada de la mejor manera posible. La misión que debían concretar tenía que llevarse a cabo con cierto nivel de delicadeza para atrapar al demonio antes de que se les escabullera de las manos. Desde hacía poco más de tres semanas, tenía lugar una serie de incidentes misteriosos en la Gran Casa de Té, hospedaje de lujo para los transeúntes que iban de paso y decidían alojarse en compañía de las más hermosas y finas geishas del lugar.
Cada noche sin falta, en la misma habitación -la cual ya se había ganado la fama de estar maldita entre las empleadas del local-, los ocupantes eran atacados por una extraña criatura a la que nadie había llegado a presenciar. Según los informes, el incidente ocurría a tal velocidad que las víctimas no alcanzaban ni a gritar; todo lo que dejaban tras de sí eran los rastros inconfundibles de sangre salpicada por toda la habitación, pues de sus cuerpos, no se encontraba nunca ni el más mínimo cabello.
No fueron pocos los cazadores enviados a ocuparse del asunto, mas ninguno de ellos tuvo las habilidades necesarias para hacerle frente a la magnitud de tal demonio. Ante la duda de que pudiese tratarse de alguna Luna Inferior, Oyakata-sama decidió ponerle fin a la masacre con la carta maestra de los Pilares, quienes definitivamente acabarían con el problema sin necesidad de que se siguiese derramando sangre inocente.
Y no es como si le preocupase el no estar a la altura para lidiar con ese demonio… lo que le generaba dudas eran sus dotes de actuación, tan deplorables como sus propias habilidades sociales. Una vez camuflado con sus humildes ropas de civil, iba a depender enteramente de las capacidades de Kochou para llevar a cabo el engaño sin levantar sospechas en su presa.
Arribó a la casa de té cerca del atardecer. Sus ropas y espada envueltas como equipaje detrás de su espalda, ayudaban a recrear la imagen de un habitual transeúnte en busca de un sitio para descansar.
—Bienvenido sea, estimado cliente —la propia señora de la casa fue a recibirle en persona, asegurándose en todo momento de mantener la fachada para evitar que el resto de los huéspedes se percatasen de la alarmante situación que padecían en su establecimiento—. Le conduciremos a la habitación que teníamos reservada para usted. Sígame por aquí, por favor.
Acompañado de algunas que otras muchachas jóvenes, quienes observaban expectantes y con ciertas dudas al recién llegado, Giyuu no pudo evitar buscar con la mirada a su compañera, quien ya debería haber arribado con mucha antelación para camuflarse entre el personal.
Una de las jóvenes aprendices revoloteó descaradamente a su alrededor, captando su atención con un susurro una vez ingresados al pasillo.
—Estimado cliente, ¿es cierto que usted es de los que tienen mayor rango?
El discreto regaño que el susodicho le dedicó con la vista, pareció pasar completamente desapercibido ante la mirada descarada y jovial de la muchacha. Se supone que debían mantener la actuación para evitar darle pistas al demonio, ¿en qué pensaba esa chica, sacándolo como tema de conversación?
Tomioka decidió zanjar el tema rápidamente, y tras volver a clavar su mirada al frente, dio por contestada la interrogante con un leve asentimiento de cabeza. Esperó que con ello la curiosa indiscreta se contentara y alzara vuelo, pero lejos de eso, percibió su entusiasmo incrementar de manera alarmante.
Sin permiso y sin ninguna clase de invitación, la aprendiz se pegó a su costado y enganchó su brazo en un gesto íntimo con los de ella. Probablemente, una maniobra habitual y mecánica para con los clientes que atendían.
—¡Impresionante! Entonces, ¿es verdad que…
—¡Hana! —la señora de la casa que hacía de guía no dudó en reprenderla severamente en cuanto percibió el escándalo que estaba montando su aprendiz—. No molestes al señor. Regresa a tus labores y deja de incordiar aquí —el regaño consiguió desprenderla casi a regañadientes del cazador, quien agradeció hacia sus adentros y avanzó hacia las puertas de la susodicha habitación—. Disculpe el percance, estimado cliente. Ya le hemos seleccionado a una de nuestras mejores muchachas para asegurarle la mejor de las atenciones. Por favor, disfrute su estancia.
Tras despedirle con una respetuosa reverencia, dos ayudantes abrieron de par en par las puertas de la alcoba. Su anfitriona lo recibió con una reverencia igual de recatada que el resto del personal, tras lo cual consiguió lo que hasta la fecha, no había logrado jamás con ninguna de sus burlas y bromas pesadas: dejarlo sin aliento.
Para cuando Kochou se enderezó despacio hacia él, con toda la gracia y elegancia que sólo una mujer capacitada sabría evocar, Tomioka se vio acorralado, capturado por la imagen con la que le recibía. El kimono carmesí que portaba combinaba a la perfección con el color intenso de sus labios, los cuales resaltaban incluso más por el maquillaje blanquecino que la hacía ver como una muñeca de porcelana. Y si bien ella por sí misma solía ser una mujer refinada, siempre y cuando no abriera la boca para soltar su veneno, el verla peinada de aquella forma que realzaba más las facciones delicadas de su rostro, así como las prendas tan finas que revestían su cuerpo, lo fulminó con un impacto para el cual no se había preparado.
Sólo la mirada discretamente burlona de sus ojos violáceos consiguió romper el hechizo para aterrizarlo de regreso a la situación por la cual se encontraban allí.
—Bienvenido sea, estimado cliente —su voz, por naturaleza cantarina y suave, esta vez había cobrado un matiz deliberadamente más maduro y atrayente. Sabía que sus dotes de actriz podían llegar a ser envidiables con la indiscutible práctica que solía llevar a diario, pero jamás imaginó que sería capaz de representar tan bien un papel como ese—. Mi nombre es Tsuyu, estaré a su servicio para atenderle esta noche —su casta reverencia, así como la revelación del nombre con el que tendría que referirse a ella, dispersó los retazos de su embotamiento para despabilarse y proseguir con su parte de la puesta en escena.
Por desgracia, su tenue asentimiento y posterior entrada se vio terriblemente pobre e insípida tras el despliegue tan perfecto que su compañera acababa de exhibir.
Las puertas se cerraron a sus espaldas, y él resistió la insoportable tentación de volver a mirarla cuando se encaminaron al centro del cuarto para sentarse. No necesitaba fijarse en ella para saber que en estos momentos, le sonreía con toda la burla atenuada que podía permitirse mostrar.
—¿Qué clase de entretenimiento desea para pasar la noche, estimado cliente?... Puedo ofrecerle mi voz, o si gusta, una melodía suave para sus oídos —sin desprenderse de sus movimientos calculadamente delicados y tras servirle un trago de sake, acunó el shamisen entre sus brazos, tan preparada como cualquier geisha para deleitarle con algunas notas.
En ese punto, Giyuu intentó disimular la tensión que por breves instantes tomó su mandíbula… no sólo producto de la vista provocativa que ofrecía la parte trasera de su cuello al desnudo, sino porque en verdad no tenía idea de si ella sería capaz de cantar o de tocar el dichoso instrumento. Intentó pedirle consejo con una mirada silenciosa y fija, pero Kochou no parecía guiarlo hacia una respuesta concreta… O al menos, hasta que se percató de que detrás del instrumento, yacía escondida su espada.
—El shamisen —solicitó, ganándose una muy discreta réplica que su acompañante le dedicó con la mirada ante esa escueta y poco esmerada actuación de su papel.
—Como desee, estimado cliente —una vez sujeta la púa, terminó de esconder del todo su arma al acomodarse el instrumento para tocar algunas notas, las cuales le hicieron preguntarse si habría aprendido en el lapso que llevaba allí infiltrada o si por casualidad ya sabría tocarlo desde antes—. Beba un poco y relájese mientras disfruta de su estancia —tuvo que invitarle nuevamente, casi evocando una camuflada invitación a seguirle el juego, en vista de que a lo mucho a lo que él podía aspirar en el escenario era a poco menos que un adorno de utilería.
Giyuu miró con desconfianza el alcohol. Ciertamente, sería algo necesario para mantener la naturalidad en la escena, pero no podía ignorar el hecho de que debía tener alerta todos los sentidos para cazar al demonio. Incluso contando con el respaldo de otro Pilar, bajar la guardia y relajarse en medio de una misión contrariaba sus principios… cosa que pareció pinchar la soltura con la que Kochou llevaba el acto.
Llegó a preguntarse qué fue lo que hizo mal en cuanto las notas del instrumento cesaron, pero pronto recordó que la gente normalmente hablaba, ya fuese para aceptar o para rechazar un ofrecimiento.
Antes de poder buscar un arreglo que pudiera remediar su error, Kochou ya se le había adelantado. Se acomodó a su lado con la misma delicadeza silenciosa propia de las mariposas, y sin separarse de su instrumento, le acercó a beber con sus propias manos el pequeño cuenco rebosante de sake… Sólo cuando lo tuvo a la altura de los labios, percibió que el líquido carecía del aroma característico de la bebida. No era más que agua.
—Me temo que parte de mi trabajo consiste en hacerlo beber, así que, tendré que insistir hasta que acepte~ —la discreta sonrisa burlona que le dedicó le hizo sentirse estúpido. Aceptó el ofrecimiento y se lo empinó al instante, deseando con ello tragarse su propia vergüenza por casi arruinar las cosas—. No parece ser muy hablador, ¿no es así?~
Tomioka la observó de reojo. ¿Acaso quería que hablara? Había un deje de reproche brillando en sus ojos púrpura, aunque no sobresalía con tanta claridad como la maliciosa burla apenas contenida por sus labios. Conociéndola, quizá sólo encontraba divertida la situación que se prestaba con tanta facilidad para molestarlo a gusto y sin reparos.
Temeroso de echarlo a perder, fijó su vista en el nuevo trago que acababa de servirle en el cuenco.
—Sólo estoy cansado por el viaje —se le ocurrió formular, tras rebuscar alguna excusa de su repertorio que sonase medianamente convincente para seguirle los pasos.
—Ara~ qué problema —eso ya sonaba un poco más como a algo que ella diría—. En ese caso, permítame encargarme de su estrés y cansancio —por mucho que sus ademanes mantuviesen el recato propio de la profesión que representaba, cada vez comenzaba a translucirse con mayor nitidez los esbozos inconfundibles de su habitual forma de ser. En especial cuando su voz recuperó un leve rastro de la burla que siempre empleaba cuando quería molestarlo, provocándole con ello una justificada tensión que se sumaba al sospechoso mensaje que acababa de soltar.
Tan pronto sintió la suavidad de sus manos femeninas trazar un agradable masaje por sus hombros, volteó su rostro y susurró en el tono más bajo que pudo:
—No es necesario.
—Yo creo que sí~ —no dispuesta a guardar distancia, la mariposa se inclinó para susurrarle a sus oídos—. Ya está anocheciendo, así que por favor, permítame ayudarle a sentirse mejor…
El Pilar de Agua se vio en la necesidad de reprimir un escalofrío. El tono que le oyó usar ahora fue completamente distinto de todos los anteriores que había llegado a escucharle… Había una marcada insinuación esta vez. Una que le hizo preguntarse hasta qué punto era una mera actuación.
No obstante y pese a los juegos pesados a los que su compañera se empeñaba en someterlo, llegó a captar el mensaje entre líneas: ya se aproximaba la hora, y debía poner de su parte para que las cosas marcharan bien.
Las manos de Shinobu sobre sus hombros consiguieron incluso evaporar la rigidez que le había tomado el cuerpo en un inicio. Era de esperarse que, a causa de su profesión, brindar masajes relajantes debía ser algo casi cotidiano para ella; por supuesto que sabía dónde presionar y cómo hacerlo para que su paciente librase toda la tensión acumulada antes de aplicarle algún tratamiento. Fue así como, antes de siquiera notarlo, se encontró siendo arrastrado por una hábil araña hasta el centro de su red.
La somnolencia a la que invitaba el masaje escaló con tanta facilidad a su cabeza, que debió esforzarse y ayudarse con sus respiraciones para luchar contra el embotamiento en el que le invitaba a caer, sin percatarse de que su anfitriona parecía disfrutar con creces el efecto que evocaba en él.
—Parece estar disfrutando mucho de la sensación de mis manos, estimado cliente~
El susurro que Kochou liberó directamente contra su oído le hizo precipitarse a tierra con un contundente golpe a la realidad. Incluso sabiendo que no debía despegarse mucho de su papel, no resistió el impulso de regresarle la mirada con un remarcado reproche por aprovecharse de su vulnerabilidad. Ella le sonrió, acrecentando la burla que ya de por sí se desbordaba de su mirada.
—Quizá querría que le atienda más seguido~ —estaba claro que ya no le hablaba al personaje, sino a él.
Avergonzado y acorralado por sus palabras, no tuvo más alternativa que rehuir y refugiar su vista al frente, luchando para mantener a raya el calor que amenazaba con tomar su cara.
—No es necesario.
—Qué cruel~ ¿no sabe que es de mala educación rechazar los sentimientos de una mujer?
Giyuu no estaba seguro de qué tanta libertad tendrían las geishas para hablar de esa forma con sus clientes, pero lo cierto es que Kochou ya se estaba desviando a plena consciencia de la imagen que en un principio debía aparentar. Y el sudor que comenzó a sentir resbalando por su mejilla no se debía a la amenaza perpetua que suponía la aparición del demonio; sino más bien al comportamiento remarcadamente atrevido de su acompañante…
—No es cruel si nunca hubo tales sentimientos —reafirmó, sin saber cómo podía zafarse de las redes que había entretejido a su alrededor para capturarlo en ese juego casi desvergonzado.
La sintió repegarse contra su espalda, y su dulce aliento golpeó su cuello en un acercamiento más íntimo.
—¿Y quién dice que nunca los hubo?
Una tensión nerviosa volvió a tomar todo su cuerpo en el acto, sacudido por el contundente significado que esa frase encerraba.
Volteó apenas un poco para encontrarse con su mirada. Su máscara corrida dejó entrever un atisbo de ansiedad bailando en la profundidad de sus ojos firmes y sinceros; más aún que sus propias palabras.
Toda la escena se desenvolvió apresurada por el frío repentino que envolvió la estancia. Las manos de los cazadores buscaron sus espadas por mero acto mecánico, sin romper esa mirada que prolongaba el momento en una suerte de cámara lenta. La sonrisa de Shinobu mostraba una tranquilidad natural, ni siquiera perturbada cuando se vio obligada a erguirse y retroceder de un salto para evadir el sablazo invisible que impactó justo en el centro donde ellos dos habían estado.
—¿Acaso te me estás insinuando? —incapaz de prestarle atención del todo a la aparición que tanto habían estado esperando, el Pilar de Agua ni siquiera se percató de que su brazo había sido alcanzado por el filo de la emboscada enemiga. Un tajo abierto en la tela de su manga dejó escapar algunas abundantes gotas de sangre.
La vio sonreír con una satisfacción burlona mal disimulada.
—Qué lento eres, Tomioka-san.
No tuvo más tiempo para deducir si se refería a su torpeza para evadir el ataque, o si hablaba del asunto que más le interesaba en esos momentos. La pequeña mesita donde reposaba el sake quedó hecha trizas cuando una fuerza invisible aterrizó en ella, rebotando por todo el cuarto en busca de un nuevo corte.
Ahora comprendía un poco mejor por qué tantos cazadores inexpertos habían caído… debían lidiar con algo que no podían ver. Mientras Shinobu echaba sobre una de las velas de aceite el polvo de un sobre medicinal que acababa de romper, Giyuu intentó percibir con el resto de sus sentidos la presencia de la criatura.
Consiguió rebotar con su espada las siguientes dos arremetidas, hasta que el depredador finalmente cayó al suelo con una tos agónica en cuanto el aroma a las glicinas se dispersó por toda la habitación.
—¿No huele bien?~ Decidí perfumar un poco el ambiente al sentir un olor desagradable~ —Kochou empuñó su espada con una simulada delicadeza cuando encaminó sus pasos hacia el demonio, ahora más visible por el efecto del veneno.
Ninguno de los dos llegó a prever que al desgraciado ser aún le quedaba una última alternativa, y delante de sus narices, se dividió en varios cuerpos más pequeños y ágiles que no tardaron en dispersarse y huir fuera de la alcoba.
—¡Tomioka-san!
—Lo sé —el Pilar cortó las puertas para facilitarles una salida más pronta, y sin perder el tiempo, dividieron sus tareas para perseguir a las alimañas por cada dirección. Por fortuna, la molesta invisibilidad en la que recubría su presencia había disminuido drásticamente, evitándoles un dolor de cabeza mayor al momento de darles caza de a uno.
Para mala suerte del cazador –o mejor dicho, de los huéspedes que en esos momentos disfrutaban de su descanso-, no midió su discreción al momento de tumbar puertas e inmiscuirse atropelladamente en otras habitaciones privadas con tal de exterminar hasta el último de los fragmentos de dicho demonio.
Se dio cuenta de su imprudente persecución sólo cuando, coronado por el grito cohibido de algunas chicas, interrumpió una escena bastante comprometedora en una de las habitaciones.
—Una disculpa —fue todo lo que alcanzó a expresar, justo antes de que los gritos comenzaran a girar en torno a la espada que aún empuñaba.
Con frecuencia olvidaba que la gente ordinaria solía confundirlo con un bandido cuando avistaban su katana…
No sabría qué clase de alboroto podría haber armado al momento de escapar de allí, si no hubiese sido jalado habilidosamente por las manos de una geisha, quien atinó a ocultarlo en una recámara más pequeña. Reconoció a su salvadora como la impertinente aprendiz que momentos atrás se interesó por interrogarle, y detrás de ella, se asomó con una alarmada preocupación la señora de la casa.
—¿Pudieron cazar a esa cosa?
Tomioka se limitó a asentir despacio, generando un alivio parcial en la mujer… el cual no tardó en mutar en una mueca de absoluto reclamo.
—¡Menos mal! Al fin nos enviaron personal capacitado. Aunque la próxima vez podrían intentar hacerse cargo del problema sin destruir el lugar.
La aparente hospitalidad de la mujer se evaporó tan pronto su estimado cliente perdió valor para ella, y sus réplicas obligaron al Pilar a congelar su inquietud detrás del semblante estoico que tanto le caracterizaba al no saber afrontar situaciones de esa índole. Pensó que lo más lógico sería ofrecer una disculpa por las molestias ocasionadas, pero descartó la idea al percibir el enfado en la cara de la dueña.
—Ahora tendremos que cerrar hasta que acaben las reparaciones… —ofuscada, la mujer ajustó su desacomodado peinado en un vano intento por mantener la supuesta finura que su profesión exigía—. Hana, haz el favor de atender a nuestro invitado —sin disimular el remarcado disgusto en su voz, dedicó una última mirada peyorativa al cazador—. Necesitará tratarse esas heridas antes de partir— decretó. Y si bien Tomioka Giyuu no se caracterizaba por ser el más… capacitado en cuestiones delicadas como leer el ambiente, ni siquiera para él pasó desapercibida la cordial invitación a retirarse que remarcó la mujer en sus palabras.
En lo que a él respecta, habría seguido sus deseos de inmediato. Si no fuera porque la joven aprendiz tomó la delantera con una velocidad apremiante e hizo caso a su patrona en ese mismo instante.
—Entendido~ —ni lenta ni perezosa, al marcharse la mujer, la más joven se encausó hacia unos estantes, donde rebuscó dentro de algunas cajas. Al parecer, había ido a caer en el almacén del establecimiento, de donde la vio extraer unas cuántas vendas y suministros de primeros auxilios—. ¡Qué impresionante! Ninguno hasta ahora había podido contra esa cosa —más interesada en sacarle plática que en atenderle la herida del brazo, la chica desinfectó torpemente su cortada, haciéndole tensarse entero como medida de defensa para reprimir el ardor.
No supo si fue su falta de respuesta o su aparente tolerancia al dolor lo que acabó incentivando a la muchacha a proseguir con el parloteo… aunque esta vez, el comentario vino acompañado de una cercanía demasiado invasiva para su gusto.
—Se ve que le hace gala al rango que representa~ —le susurró ahora, con un tono menos inocente que al que hasta el momento le había escuchado.
Giyuu tragó grueso, volteando por instinto su rostro hacia otro lado. Ya había tenido suficientes momentos incómodos con las insinuaciones indecorosas con las que Shinobu le había tomado el pelo allá atrás, como para ahora ser atacado por la seducción de una verdadera geisha con experiencia en su prontuario.
Supo que huir de su acercamiento iba a ser una tarea mucho más complicada, pues su captora se valía del brazo que supuestamente le estaba vendando para mantenerlo firme en su sitio, incapaz de apartarse como él hubiese querido.
Incluso sin mirarla, podía sentir en el aire las intenciones que desprendía la tal Hana… su experiencia en el campo de batalla se lo advertía: los demonios despertaban una sensación similar cuando fijaban sus ojos en una presa.
Una vez más, se sentía caminando sobre la cuerda floja; una que se tornaba más delgada en cuanto el rostro impertinente de la chica se le aproximaba en busca de un contacto visual más directo. Y posiblemente no habría sabido cómo escapar, si no hubiese recibido la oportuna intervención de Kochou antes de que la situación se agravara.
—Se ve que también le hace gala a la idiotez que lleva escrita por toda la cara.
La interrupción abrupta y venenosa que lanzó su colega atrajo de inmediato la mirada aturdida de la chica, así como la suya. Y entonces, pensó que quizá habría sido mejor quedar a merced de la joven aprendiz que de la mariposa, a quien se le percibía una notoria ira recorrerle cada gramo de su sonrisa forzada.
Ella lo estaba apuñalando despiadadamente con la mirada.
—Destruir el lugar como un imprudente novato y dejarse ver por todos en plena cacería. Ara ara~ Tomioka-san, a veces me pregunto si tienes un cerebro funcional debajo de ese nido de cuervos que entiendes por cabello.
Los aguijonazos despiadados que su compañera le lanzaba fueron tan potentes, que hasta la propia chica pareció asustarse al contemplar tal despliegue de veneno manando de una boca tan delicada.
—Pensé que necesitarías atención médica, pero ya que la señorita se está encargando de ello, procederé a retirarme~ Que pases una linda noche~
Tan pronto la vio partir, Giyuu no dudó en salir tras ella con su brazo a medio vendar, pese a los llamados insistentes de la muchacha. No necesitaba verle el rostro para adivinar el estado de ánimo de la mariposa; sólo con verla caminar de aquella característica manera en la que lo hacía cuando le colmaban la paciencia, podía darse cuenta de que mencionar la palabra equivocada en este momento equivaldría a una sentencia de muerte.
Sentía la necesidad de disculparse… aunque no terminaba de quedarle claro el motivo. ¿El caos que provocó con su persecución fue tan grave como para elevar su ira hasta esos decibeles?... No la tenía a ella en particular como una persona tan estricta, aunque sí reconocía que su tendencia a exponerlos a veces resultaba ser muy problemática.
—Lamento si eso te molestó —se vio obligado a romper el silencio tan rápido como le fuese posible, pues a medida que aumentaba la velocidad en los pasos ágiles de su camarada, más densa sentía su ira condensándose como un muro infranqueable.
—¡Oh! No hay ningún problema —machacó impiadosa, con una remarcada falsedad—. Adelante, ve a que ella termine de curarte. A fin de cuentas, no necesitas de mis cuidados.
Sólo cuando la oyó mencionar con tanto veneno aquellas últimas palabras, el Pilar de Agua atinó a establecer la relación entre su enojo y la joven aprendiz que momentos antes quiso vendar su brazo.
—Kochou, espera —atinó a mencionar, y haciendo gala de toda su sagacidad mental, abrió la boca para exponer su hallazgo—, ¿estás molesta por lo de la geisha?
Los pasos pesados de la mariposa se detuvieron en ese preciso instante, y casi como si hubiese desatado la temible potencia de una avalancha con el comentario, la vio girarse para fulminarlo con una iracunda incredulidad en la mirada.
Por un momento realmente pensó que lo apuñalaría con la espada.
—¿Por qué pensabas que estaba molesta? —masculló tan lenta y enfáticamente, que sólo evidenciaba el increíble esfuerzo que le estaba tomando controlarse para no saltarle a la yugular y terminar el trabajo que el demonio no pudo concretar.
Ni siquiera Tomioka sería capaz de pasar por alto una señal tan contundente de las intenciones de su colega. Su vida peligraba, pero recurrir al confort del silencio sería incluso peor que contestar… Y acorralado entre la espada y la pared, no tuvo de otra más que recabar cada gramo de valor que le impulsara a mantener su expresión inmutable frente a la fiera. Presentía que sería malo si ella llegaba a oler su miedo.
—Por la cacería indiscreta…
—¡En serio, eres increíble! —sus reclamos no se hicieron esperar. Giyuu atinó a cerrar con fuerza los párpados ante los aguijonazos de su ira, pero la arremetida física que esperaba no terminó de llegar.
El Pilar de Insecto al parecer decidió no malgastar sus fuerzas en alguien como él. Se limitó a dar media vuelta y proseguir con su apurado recorrido, dispuesta a hallar la salida más próxima y largarse de la casa de té.
—¡Pensé que al menos confiabas en mí un poco como para dejar que te curara! ¡Pero en todo este tiempo, no te has pasado por la finca ni una sola vez!
Al oír sus nuevos reclamos, el cazador relegó a un segundo plano la seguridad de su integridad física y retomó la persecución. Muy dentro suyo, temió que su ineptitud hubiese alejado a la única persona capaz de desear su compañía.
—¡Y aún así tienes el descaro de dejarte curar por cualquier inexperta teniéndome aquí! —ella no dejó de acuchillarlo ni una sola vez. La avalancha de reclamos continuaba perforándolo con la suficiente intensidad como para tornar imposible cualquier réplica que quisiera introducir.
—Koch…
—No puedo creer que fui tan estúpida al confesarme ante alguien como tú…
La persecución de Tomioka cesó en ese instante, cuando el susurro apesadumbrado que la oyó refunfuñar alcanzó sus oídos.
Al notar el sonido hueco y solitario de sus propios pasos, Kochou también se detuvo para girarse y encararlo. Por un brevísimo instante, su máscara resbaló para mostrarla como era realmente, y pudo observar en ella a una joven que, como cualquier otra, albergaba un contenido pesar por los sentimientos no correspondidos de aquél a quien pretendía.
Su transparencia le perforó el pecho con un disparo seco. Con frecuencia olvidaba que detrás del imponente Pilar de Insecto, yacía una muchacha a la que le había tocado cargar un peso muy grande sobre sus hombros, como para permitirse vivir su juventud con normalidad.
Su interior era más delicado de lo que su caparazón mostraba… y él acababa de herirla sin notarlo.
Se lo reprochó hacia sus adentros, preguntándose por qué no podía dejar atrás su torpeza.
—¿Por qué simplemente no me lo dijiste hasta ahora?
La pregunta que, de manera ingenua decidió expresar, pareció echar por el drenaje esa inusual ventana que su colega le había abierto. La máscara sonriente se aferró a su rostro como acto reflejo para tapar a presión el enojo que en sus venas resaltadas se veía a punto de explotar.
—Porque eres estúpido.
La repentina ira que recrudeció en ella lo dejó perplejo, haciéndole temer por el mero hecho de indagar a qué se debía esta vez su enojo.
—He estado intentando hacértelo ver de tantas distintas maneras… ¡Y tú sencillamente no entiendes con nada! —su rostro furibundo comenzó a tornarse rojo. Ya fuese por vergüenza o por la propia ira, Tomioka no quiso averiguarlo. Consideró prudente retroceder un par de pasos, sólo por cautela al intuir la explosión violenta de otra erupción volcánica aproximándose hacia él —¡¿Cómo tengo que explicártelo?! ¡¿Quieres que te lo dibuje?!
Su avanzar decidido y amenazante le obligó a rehuirle hasta que sintió su espalda contra la pared. Ya no tenía escapatoria, y a juzgar por las facciones contraídas en un enojo avergonzado de la mariposa, supo que estaba a punto de recibir de lleno la explosión en la cara.
—¡¿Siquiera tienes idea de lo mucho que me costó decírtelo allá atrás?! ¡Y ni siquiera le diste importancia!
Para ese punto, el Pilar de Agua se sintió atrapado en las infalibles garras del demonio más temible que le hubiese encarado jamás. El contundente peligro que implicaba esa pequeña mano aferrándose al cuello de su uniforme para bajarlo a su altura, chocaba violentamente con la estupefacción con la que sus palabras reveladoras sacudían sus pensamientos.
¿No fue producto de su imaginación entonces?... ¿Kochou realmente hablaba en serio cuando se le insinuó durante su actuación?
El tiempo para deliberar se acababa. Ella se lo hizo saber cuando lo libró de su agarre como si quemara.
Al parecer se había calmado después de liberar toda la ponzoña que llevaba guardada dentro, pero sólo cuando la vio esbozar ese intento triste de sonrisa, supo que hasta prefería su furia a esa dolorosa decepción.
—¿Sabes? Por lo menos podrías esforzarte un poco más en considerar los sentimientos de los demás.
Se congeló cuando la vio apartarse, cual mariposa alzando vuelo para alejarse en soledad.
La torpeza de su silencio nuevamente provocó un malentendido, y sin saber cómo aclararlo, no tuvo más remedio que aventurarse a hablar, incluso sin tener en claro las palabras que serían más adecuadas para recomponer las cosas.
—Kochou, eso no fue lo que quise…
—¡Por eso todos te odian! —le interrumpió, con una inesperada declaración que lo dejó petrificado en su sitio.
Kochou lo había rematado tan rápido que él ni tuvo tiempo de reaccionar. Ni siquiera atinó a seguirle los pasos, y no volvió a verla cuando emergió del recinto en su búsqueda por los alrededores.
Ella se había ido, y estaba seguro de que la relación no volvería a ser la misma…
Hecho que se corroboró en los días posteriores, al ver que Kochou ni siquiera se había tomado la molestia de buscarlo o emprender alguno de sus clásicos intentos de conversación para intentar sacarle alguna palabra.
Él respetó su espacio y lo tomó como una clara señal de que no quería ser molestada… Consciente de sus casi nulas habilidades sociales, por mucho que quisiera reparar las cosas, no se le ocurría ninguna otra forma que su torpe y habitual manera directa de encarar el problema. Hasta que halló una oportunidad adecuada cuando una lesión lo llevó a las puertas de la Hacienda Mariposa.
Por varios minutos dudó si entrar; la última vez que estuvo allí, Kanae había tratado con una dulzura maternal sus heridas… Al día siguiente, sus restos descansaban en un nicho honorario en el cementerio de los cazadores de demonios.
De cierta forma, temía que su llegada arrastrase una nube negra tras de sí.
—Ara, qué inesperado encontrarte aquí.
La voz de la persona responsable de su visita resonó grácilmente a uno de sus costados. No le quedó de otra que envolverse en macizas capas de indiferencia para voltearse en su encuentro.
Shinobu se veía como siempre: su máscara lucía impenetrable.
—¿Te lastimaste de nuevo?
—Sólo es una herida menor —la mirada azul de Tomioka regresó al frente, dignándose al fin a entrar para camuflar su vacilación previa.
—Pasa a mi consultorio, veré qué puedo hacer por ti —le indicó casualmente la mariposa, adelantándolo en el trayecto al interior de la finca.
—No necesitas atenderme en persona, no es grave.
—Si no te das prisa voy a dejarte atrás~ —como siempre hacía, el Pilar de Insecto ignoró olímpicamente su petición para marcar el ritmo y guiarlo hacia su nicho.
A su compañero no le quedó de otra más que seguirle en silencio, reviviendo recuerdos antiguos por cada rincón que pasaba… Notó algunos cambios en ciertas habitaciones: camas que movieron de lugar, muebles que se renovaron, adornos nuevos para subir la moral de los hospitalizados… Y el camino al consultorio era el mismo de siempre, exceptuando otros tantos arreglos a gusto personal de la nueva propietaria.
—Toma asiento y muéstrame la herida —indicó la mariposa, tal y como lo había hecho tiempo atrás en la posada cuando le curó las lesiones.
Giyuu no profirió palabra alguna y siguió las instrucciones. Se retiró el haori y la chaqueta negra del uniforme, pudiendo así arremangarse con mayor comodidad la manga que escondía su herida.
—Vaya, te dieron una buena mordida —Shinobu inspeccionó el mordisco que decoraba con una fuerte coloración la zona del antebrazo interno. Palpó los alrededores de las hendiduras para verificar la dureza de la hinchazón—. Dime si te duele cuando presiono, ¿bien?
El Pilar asintió obedientemente, y mantuvo cerrado el puño durante el examen inicial.
—Molesta un poco —musitó al fin, sabiendo que si quería curarse, no le quedaba de otra que explicar detalladamente sus síntomas.
—¿Hace cuánto te la hiciste?
—Tendrá aproximadamente unas ocho horas… —hizo memoria. Shinobu le hizo llegar un reproche con la mirada por no haber acudido antes, pero él se defendió—. Acabo de regresar.
—¿Estas marcas amarillentas siempre estuvieron así? —señaló las aureolas que rodeaban la hinchazón rojiza de cada orificio. Tomioka se fijó más detenidamente antes de negar.
—No se veía así la última vez que revisé…
—Por como luce, debió haberte inyectado veneno cuando perforó tu carne —la tensión en el brazo ante el diagnóstico inicial fue lo suficientemente notoria como para que la mariposa ablandara su semblante a uno más relajado—. No morirás, te haré unos estudios de sangre y prepararé un antídoto con base en eso.
Giyuu exhaló un suspiro de alivio, agradeciendo el hecho de haber acudido a la finca esta vez. Extendió el brazo para permitirle la extracción de sangre una vez desinfectada la zona de la mordedura.
—Aunque debo decir que me sorprendió verte venir aquí por voluntad propia… Pensé que la única forma de traerte sería medio muerto y arrastrado por los Kakushi —una vez solventado el asunto de mayor gravedad, el Pilar de Insecto se permitió retornar a su sentido del humor habitual, retirando al fin la aguja con la sangre fresca que había recolectado.
El contrario se limitó a mantener la vista fija en algún punto de la estancia al momento de contestar.
—Tú querías que viniera más seguido, ¿o no?... —se resistió a verla, pero creyó adivinar una discreta sorpresa asomarse por las facciones de la mujer, quien posteriormente adoptó su ya conocida sonrisa.
—Tendré listo el antídoto a partir de la tarde —se concentró en reacomodar su uniforme como un pretexto para mantener su vista alejada de ella. Aunque esta vez, creyó percibir un timbre más alegre asomando por su voz—. Mientras tanto, pídele a Aoi o a alguna de las niñas que te preparen una de las habitaciones.
—No vine para quedarme —rectificó el Pilar, listo al fin para voltear a verla.
—Pues qué pena~ pero quedarás internado hasta que me asegure de haber eliminado cualquier rastro de ese veneno… No querrás esparcirlo por accidente al resto de tu cuerpo, o habrá que cortarte el brazo~
La amenaza fue lo suficientemente potente como para hacerle tomar consciencia de la gravedad de la mordedura, por lo que, sin nada más que agregar, tomó su haori y partió en busca del personal para seguir las indicaciones de Shinobu.
No le extrañó recibir una habitación privada y bien acondicionada… el trato que se le daba a un Pilar siempre estaba muy por encima de la media de los cazadores, a quienes sólo se les asignaba una de dichas habitaciones cuando su situación era crítica.
Cuanto menos, se limitó a observar las novedades de aquél cuarto mientras mataba el tiempo en el reposo recetado. La puerta no volvió a abrirse sino hasta que los rayos del sol tiñeron la estancia con una tonalidad anaranjada.
—Ya tengo lista una primera prueba del antídoto… Si tenemos suerte, esta será la definitiva y no necesitaré preparar más variantes —anunció la mariposa, quien dispuso al lado de su mesita de noche una taza de té junto a los envoltorios de la medicina granulada.
—¿No ibas a inyectarme? —interrogó al ver el formato en el que había llegado el antídoto… En lo personal, sus experiencias con los medicamentos orales no fueron las mejores.
—Estamos cortos de inyecciones ahora. Las agujas que me quedan las estoy reservando para tratar a los heridos en el terreno, así que tendrás que tomártela —vació el envoltorio de un par de ellas en el líquido de la taza y revolvió el menjunje con un palito—. Bien, ahora sé un buen niño y bébetelo todo~
Giyuu no contempló con mucho entusiasmo la bebida… por lo menos agradecía que no hubiese llenado demasiado el vaso, pero el aroma que se le ocurrió verificar no le ayudó a superar su aborrecimiento a los brebajes.
Shinobu parecía divertirse ante sus pantomimas infantiles.
—Quién diría que el inmutable Pilar de Agua se vuelve todo un niño quisquilloso a la hora de tomarse su medicina~…
—No lo hago —replicó, sin poder evitar sonar como lo haría un vil mocoso regañado.
—Estás haciendo caras.
—Claro que no —no tenía ganas de entrar en otro ciclo infernal, así que decidió ponerle fin él mismo a su sufrimiento –y a sus papilas gustativas- dando un sorbo al dichoso antídoto…
… sólo para contraer todo su rostro en una amarga mueca de disgusto momentos después.
Kochou no tuvo el menor reparo a la hora de burlarse de él. Claramente, si sus intenciones eran tomar venganza por el incidente de la casa de té, no podría haberle salido mejor. La personificación del asco formada en su cara debía de valer oro.
Tragándose su indignación, junto con ese condenado sabor capaz de ahuyentar hasta a los muertos, se limpió los labios con el dorso de la mano y entregó el cáliz del horror a su maligna creadora, quien todavía respiraba profundo para recobrar el aire que se le había escapado con el goce previo.
—No te lo terminaste todo, ese no era el trato, Tomioka-san~
—Tomé suficiente para desintoxicarme el cuerpo… No necesito intensificar mi tortura con otro trago.
—No te conocía ese lado tan dramático —sin desistir de su temple burlista, apoyó la taza sobre la mesita y atrajo una silla para sentarse a su lado. Él la observó de reojo con cierta desconfianza, a lo que ella acrecentó su sonrisa cuando contestó su pregunta silenciosa—. Ya que no quieres terminarte tus remedios, me quedaré aquí a hacerte compañía hasta que decidas ser un buen niño y terminártelo todo~
La expresión de Giyuu en respuesta dejó translucir la suficiente incomodidad como para reafirmar el deseo de quedarse en la mariposa.
—¿En serio no tienes nada mejor que hacer?
—No en realidad, sólo papeleo aburrido~… pero entre el papeleo aburrido y tu existencia aburrida, por lo menos puedo divertirme más contigo~
—Gracias por tu sinceridad —farfulló y reposó su mirada hacia el frente. Su tono serio dificultaba adivinar si hablaba con solemnidad o si sólo intentaba ser sarcástico, pero a Kochou no pareció importarle esa aparente sequedad de su trato.
Ella extrañamente le concedió algunos minutos de paz con un silencio poco habitual… Quizá en su mente maquinaba a detalle algún nuevo plan para aplastar su dignidad y disipar el veneno del demonio con el suyo propio. Habría esperado un comentario malintencionado con un falso dulzor, mas no la pregunta que le terminó haciendo.
—¿Volverás a venir? —indagó después de un rato.
Tomioka la observó de refilón. Ella no lo miraba.
—¿Quieres que venga?
—Sólo quiero saber si continuarás llegando por tu propio pie o si tengo que volver a perseguirte para convencerte —alzó su vista para verlo, envuelta en su clásica falsedad.
¿Qué era lo que tanto escondía, que debía ocultarse de nuevo ante él?... Cuanto menos, el trato aparentemente normal que le había dado desde que acudió a ella, le hizo creer que las cosas volvían a estar "bien" entre ellos… Pero Kochou seguía cerrándose en sí misma. Su inseguridad le devoraba al ser incapaz de leerla y descifrar sus verdaderos pensamientos.
—¿Por qué yo? —sin poder esperar más, y sin una pizca de sutileza, deslizó aquella pregunta tan directo como una flecha.
Ella no pareció esperar que lanzara ese tema de forma tan repentina, pero aún así se las arregló para mantener el control y regresarle una sonrisa ligeramente cínica en contestación.
—¿Me darás una respuesta adecuada si te digo? —condicionó, refiriéndose con suma claridad a la suerte de confesión que le había arrojado como un guante a la cara en la casa de té.
Giyuu apretó los labios en una fina línea… No podía prometerle nada; ni siquiera había logrado llegar a un acuerdo consigo mismo y sus propios pensamientos como para darle una respuesta concreta.
Pese a esto, Kochou pareció interpretar la dificultad adicional que acababa de sumarle con su solicitud, y en un inusual gesto de amabilidad, decidió compadecerse de él y ablandar ligeramente la demanda implícita en sus facciones. Y aún con ello, seguía sin poder leerla… No se había quitado la careta, apenas la había corrido un poco. Una rendija insuficiente para saciar su ansiedad.
Aquello le frustraba.
La expectativa bailó por unos instantes en sus ojos cuando la vio enmascararse otra vez.
—Quizá simplemente tengo mal gusto~ —respondió al fin, quebrantando de un contundente martillazo la seriedad de su pregunta.
Esta vez, él no retrocedió. Sostuvo firmemente aquél semblante reservado en su rostro, obligándola a asomarse de a poco con una sonrisa diferente de la falsa. Ya no denotaba burla ni gestos forzados; ahora podía leer un cierto deje de inseguridad y melancolía en su semblante. Retazos de la verdadera personalidad de la Shinobu que nunca se mostraba, pero que emergía al verse acorralada.
—No tengo una respuesta que pueda satisfacer tu curiosidad —admitió, quizá lamentando decepcionarlo—. Simplemente llamaste mi atención… Quería ver por mí misma qué es lo que tanto ocultas tras esa máscara…
—Tú también llevas una —le recordó.
—Por eso mismo —su sonrisa no se reflejó en sus ojos—. Las personas no se esconden dentro de una coraza sólo porque sí… Mis motivos los conocen todos; la mayoría ya estaba ahí para cuando sucedió— era evidente que el tema todavía le afectaba—. ¿Pero qué hay de ti?... ¿Por qué te escondes en esa armadura de piedra?
Tomioka no se sintió capaz de contestar a esa pregunta. Desvió la mirada con una disculpa implícita en ese gesto, y Kochou lo comprendió sin insistir más. La vio levantarse de su lugar cuando el sol acabó de ponerse, reduciendo la escasa luminosidad natural a casi penumbras.
—Está bien, no hace falta que contestes —aseguró, mostrándose más comprensiva por el hecho de coincidir en ese rasgo con él. Quizá, y sólo quizá, podrían llegar a comprenderse mejor si se atreviesen a compartir un poco de esa carga que ambos parecían soportar a sus espaldas.
La mariposa se hallaba pronta a volar de la habitación.
—Ah, una cosa más… —recapacitó repentinamente.
Antes de poder prepararse siquiera, Giyuu se vio asaltado por un inesperado y repentino beso que lo dejó pasmado en su sitio… O al menos, hasta que sintió ese infernal sabor a brebaje inundar su boca con violencia.
El cazador se removió incómodo, dispuesto a quitársela de encima y escupir esa maldita cosa; pero Kochou había desarrollado a lo largo de su carrera sus propias destrezas para conducir a los enfermos a una buena curación… Incluso si debía recurrir a la fuerza para ello.
Tan pronto como separó su boca, reemplazó sus labios por el despiadado agarre de su mano, tapando con la otra las fosas nasales de su víctima. De ese modo, acorralado contra la cama y sin poder respirar por ninguna vía, Tomioka se retorció con desespero ante la emboscada rastrera del Pilar de Insecto.
—Tendrás que tragarte eso si no quieres morir —incluso pese a la oscuridad del cuarto, la maldad destellaba en su mirada condescendiente y en aquella sonrisa perversa que continuaba siendo perfectamente visible.
A su víctima no le quedó más remedio que ceder a las demandas, siendo liberado de aquellas despiadadas manos sólo cuando el contenido bajó de un trago por su garganta. Su cuerpo no tardó en ser sacudido por un intenso ataque de tos en cuanto pudo volver a respirar, y la perpetradora supo retirarse a tiempo antes de recibir alguna represalia por recurrir a su jugada más sucia.
Esta vez, el reproche se leía perfectamente en los ojos azules de Giyuu, quien se limpió los labios con el dorso de la mano tras recobrarse del ataque. En contraste, ella lucía plena y satisfecha… adoraba hacerle sufrir, eso estaba claro.
—Descansa, Tomioka-san~ —se despidió, fresca como ella sola—. Mañana revisaré cómo sigue tu herida.
Precisamente por cosas como esa era que había desistido por tanto tiempo de poner un pie en ese lugar… Entregarse a los cuidados de Kochou, era sinónimo de someterse por completo a su voluntad. Durante los siguientes días, las niñas fueron las encargadas de proporcionarle el medicamento, que claramente ya no tenía posibilidades de rechazar. No había vuelto a ver a su hostigadora personal sino hasta que fue tiempo de realizarse el último chequeo antes de ser dado de alta.
Kochou lo recibió en su estudio. Era la primera vez que entraba, percibiendo en el recinto un ambiente más privado, donde sus apuntes y el desorden que contrastaba con el resto de la hacienda, afloraban sin vergüenza por el piso y el escritorio de trabajo.
—No tienes que mostrarte tan receloso conmigo, Tomioka-san… no muerdo —habló como siempre que la desconfianza que mostraba cada vez que se le acercaba, se volvía muy notoria.
—No muerdes, pero tampoco te tiembla el pulso para emboscar a tus víctimas con un beso trampa —había replicado él sin mirarla, mientras se acomodaba el haori tras volver a vestirse.
Ella volvió a reír, como siempre.
—¿De verdad consideras eso como un beso?... Cómo se nota que eres virgen.
La potencia con la que le atravesó esa flecha envenenada le obligó a mirarla con una indignada alarma escrita por todo su rostro. Ni siquiera halló qué decir, ¿quién podría responder algo coherente a semejante degradación gratuita?... Incluso de haber tenido alguna respuesta a mano que le permitiera recomponer medianamente su dignidad mancillada, no habría podido expresarla. Ella le sorprendió con otro ataque sorpresa.
Para cuando Shinobu juntó sus labios esta vez, Giyuu pudo notar una declaración pacifista implícita en la suavidad de su gesto. No había trampas ni segundas intenciones en ese beso; sólo un movimiento inesperado que, de manera paulatina, consiguió liberar la tensión excesiva de su cuerpo.
Ella acarició sus labios con los propios, atrapándolos con insistencia en una demanda de correspondencia que no parecía llegar. Sus pequeñas manos temblaron un poco contra el agarre del haori bicolor… El Pilar de Agua pudo sentir en ese titubeo cómo la confianza con la que lo había asaltado la mariposa se desvanecía lentamente al sentirse rechazada, hasta que finalmente dejó de insistir y su calor se fue esfumando junto con el contacto.
Tomioka supo en ese instante que su falta de respuesta había sido tomada como un rechazo.
No podía dejar que ella se quedara con esa idea… No era eso lo que realmente sentía, ni lo que quería transmitir. Ya había cometido ese error en la casa de té al no ser capaz de tomar pronto una resolución que le permitiera entregarle a tiempo una respuesta, y no dispuesto equivocarse por segunda vez, se apresuró a afirmar el agarre sobre sus brazos para atraerla contra sí y corresponder a su gesto en esta oportunidad.
La torpeza de su beso era evidente ante su falta de experiencia, pero Kochou lo aceptó de buen grado y sonrió contra sus labios al sentirse correspondida. Los sentimientos que intercambiaron durante aquél contacto alcanzaron a ser mucho más claros que lo que habrían podido expresar en sus mensajes truncados por la dureza de sus caparazones, y la lectura mutua que obtuvieron del contrario resultó ser incluso más profunda que las anteriores.
Quizá, después de todo, coincidían al fin con un canal que les permitía a ambos expresarse sin recurrir a indirectas glaseadas en veneno ni monosílabos cortantes.
Shinobu debió separarse en busca de un respiro que pudiese normalizar el discreto temblor que se le manifestó en el cuerpo. Sus mejillas por primera vez adquirieron un sonrojo pleno, y Tomioka apreció cada mínimo detalle de esa imagen inédita que se desplegaba ante él.
La apertura ante su verdadero ser no duró mucho. Su sonrisa habitual volvió a adornar sus labios tras relamerse discretamente, satisfecha al haber obtenido una respuesta favorable con respecto a su declaración.
—Eso sí es un beso —declaró al fin, separándose de él con la misma facilidad con la que lo había apresado—. Tu brazo ya está curado, pero eso no quiere decir que puedes hacer movimientos bruscos ni bien dado de alta —su voz se translucía con completa naturalidad; acomodó unos papeles sobre el escritorio como si nada hubiese pasado, aunque se aseguró muy encarecidamente de no volver a mirarlo—. Guarda reposo el resto del día y sé cuidadoso si sales a cazar.
Tomioka se marchó sin decir nada, y sin que nadie imaginara siquiera lo que verdaderamente había tenido lugar allá adentro. Él mismo naufragaba entre su propio aturdimiento mental con la desbordante ola de sensaciones encontradas, que le hacían cuestionarse acerca de la veracidad de lo acontecido o si habría caído víctima de las alucinaciones de alguna dosis de veneno entremezclada con su medicamento. Aunque por mucho que le diese vueltas al asunto, en el fondo sabía con plena claridad que la naturaleza de los sentimientos que Kochou le permitió saborear con ese beso, eran verdaderos.
Era una realidad que únicamente tomaba forma cuando sus miradas se encontraban a solas y conectaban. ¿Qué otra manera más sincera tendrían para comunicarse que con sus gestos y acciones, cuando sus propias palabras se convertían en el medio menos adecuado para expresarse a sí mismos?... Shinobu hablaba demasiado, pero su labia carecía de la suficiente sinceridad como para manifestar lo que sus besos transmitían. Del mismo modo, su mutismo y torpeza monosilábica echaba a perder con suma facilidad cualquier acercamiento, de no ser por el afecto que le dedicaba con cada caricia, buscando con sutileza su mano.
No hubo muestras de afecto, palabras comprometedoras o siquiera una mirada que los delatase a la vista de los demás. Mitsuri fue la única avispada que juraba y perjuraba que sentía una "vibra" extraña entre ellos, aunque nadie tomó por ciertos sus desvaríos… No es como si ocultaran adrede su relación; simplemente omitieron hacerlo público… Ninguno se sentía todavía lo suficientemente cómodo como para exponer su privacidad de forma innecesaria, cuando todavía entre ellos mismos el vínculo que les unía era bastante ambiguo.
Con una sutil caricia al caminar, una frase con dobles intenciones o un beso furtivo era suficiente para ambos. A fin de cuentas, esos pequeños gestos era todo lo que necesitaban para demostrar su afecto.
Fueron muy contadas las noches que llegaron a pasar juntos; a veces forzados a raíz de alguna misión, mas nunca hubo entre ellos un acercamiento tan íntimo.
O por lo menos así se había mantenido, hasta que coincidieron en la aldea de los forjadores sin proponérselo.
A esas alturas, la tensión acumulada sin explotar entre ellos se había tornado en extremo excesiva como para tolerarla, y las migajas de las caricias sutiles que intercambiaban de tanto en tanto, ya no eran suficientes para saciar el apetito. Hasta la fecha, sus besos se habían mantenido en la línea de lo casto y moderado para un par de jóvenes enamorados. Nunca tuvieron tiempo suficiente para entregarse de lleno a sus labios y explorarse sin reparos, como la privacidad de esa habitación les invitaba a hacerlo.
Por ser Pilares, gozaban de una residencia especial y exclusiva, la cual les aseguraba una burbuja íntima libre de interrupciones. Al menos, siempre y cuando no tuviesen la desgracia de que algún otro colega arribase justo en ese instante, en el que se comían la boca sin ningún recato de por medio.
La espalda de Shinobu chocó con cierta torpeza contra el piso, cuando Giyuu la atrapó contra su cuerpo para prolongar el beso que, consumido por la falta de aire, se lograba sostener por la pura terquedad de no ser el primero en apartarse a respirar.
La obligó a admitir la derrota cuando se giró a tomar una profunda bocanada, acompañada por la propia cuando sus rostros colorados y jadeantes volvieron a encontrarse.
La tentación de seguir era fuerte… la yukata entreabierta de su compañera y la forma hambrienta en la que le contemplaba, bastaba para estremecerlo y hacerle tragar grueso para no perder la cordura por completo.
Intentó apartarse, antes de que su impulsividad acabase arruinando las cosas; pero el agarre firme de la contraria sobre su yukata le impidió acabar de levantarse.
—¿A dónde vas?
No supo qué contestarle en cuanto notó su inconformidad ante la separación. Creyó que ella consideraría imprudente continuar, pero por el tono que llegó a escuchar, parecía ser todo lo contrario.
—No estoy seguro de poder parar si seguimos… — tuvo que admitir, con una vergüenza interna que no hizo más que incrementar al verle aflorar aquella sonrisa descarada y burlista.
—¿Y quién ha dicho que pares? —su pequeña pero decidida mano volvió a jalarlo hacia ella. Parecía divertirse a costa de la inquietud que le bailaba abiertamente en la mirada.
Su labial corrido por la intensidad del beso, así como la dulce invitación que le indicaba con sus ojos púrpura, sólo alimentaron con más ímpetu aquellos pensamientos que, hasta ahora, sólo había sido capaz de gozar en algunos sueños.
Porque la realidad, era que la deseaba. La deseaba con cada gramo de su ser, pero sin importar el cariño implícito en cada caricia que ella le profesara, seguía sintiéndose indigno de merecerla.
Él, de entre todos los candidatos que no dudarían en arrojarse a sus pies y honrarla con cada victoria, ¿qué tenía para ofrecer en comparación?... Ni siquiera estaba a su altura como Pilar; su título estaba vacío, y ella ni siquiera sabía la historia detrás de su inmerecido reconocimiento como cazador.
Kochou pareció notar la vacilación apesarada cuando desvió la mirada, pero antes de permitirle hacer algo más, hizo un último esfuerzo para enderezarse y apartarse de su adictivo aroma floral antes de volver a caer en el abismo de sus deseos.
—Puede venir alguien —soltó como excusa. Una que ella no se iba a tragar.
Lo capturó tan pronto alcanzó a ponerse de pie, impidiéndole emprender la cobarde retirada que tenía planeada.
—Entonces sólo tenemos que buscar más privacidad… ¿no crees?~ —sin abandonar del todo ese destello de seducción con el que envolvía su voz, jaló de su brazo para encerrarlos en su alcoba, contrastantemente oscura por la falta de iluminación que dejaron atrás en el espacio compartido tras la puerta.
Tomioka retrocedió unos pasos, permitiendo que su vista se acostumbrase a la negrura del cuarto. Los débiles destellos de la luna que se colaban por la ventana, fueron descubriendo la pequeña figura de Kochou, apoyada contra la puerta.
No iba a permitirle salir de allí, eso estaba claro.
—¿Por qué siempre huyes? —lo encaró de pronto.
Giyuu desvió la mirada, sabiendo que ahora ella podía verlo.
—No huyo —negó de manera automática.
—Lo haces —avanzó un paso hacia él, dispuesta a encararlo—. Y esta no es la primera oportunidad que dejas pasar… Siempre tienes algún pretexto: "no hay tiempo", "no es buen momento", "nos verá alguien"…
Una a una, la repetición de sus excusas fueron apilándose sobre sus hombros como pesadas piedras, de las cuales ahora no podía escapar.
Shinobu avanzó despacio, pero sin dejar de escudriñarlo con esa mirada fija, que sentía más intensa que nunca.
—¿Es necesario que te ocultes de mí?... ¿ahora? —la oyó indagar. Su tono suave sólo evidenciaba lo mucho que le frustraban sus evasivas.
Pero no contestó.
Se enfrascó en su capa protectora de silencio, la cual parecía ser inútil cuando ella al fin se detuvo al quedar frente a frente.
—Mírame.
Giyuu entrecerró los ojos. La fina gota de sudor que trazó su camino por su mejilla, evidenciaba sin problemas cuán tenso se sentía.
—Mírame —exigió de nuevo. Esta vez, halló una nota de demanda más necesitada, que le hizo imposible el negarse a su pedido.
Despacio y con cierta reticencia, el Pilar giró su rostro hacia el frente, encontrándose al fin con la mirada apacible y descubierta de su compañera. Se había despojado de su máscara… y sin necesidad de verbalizarlo, le estaba pidiendo hacer lo mismo.
Se sentía mal consigo mismo de no haber podido salir del todo de su coraza, pese a las muy contadas veces en las que ella había emergido para él.
¿Pero cómo podría?... Shinobu se ocultaba en honor a su hermana; lo hacía para sobrellevar el dolor de su pérdida y seguir adelante, erguida como su título exigía… Él en cambio, no podía ni siquiera enorgullecerse de sus razones… No era el valiente y honorable guerrero que ella debía pensar.
Y temía decepcionarla más que a nada.
—¿No vas a mostrarme? —Shinobu entrecerró levemente los ojos. Había un destello de molesta decepción emergiendo desde el fondo, mas no por ello se veía dispuesta a rendirse… Por el contrario.
Su siguiente jugada le dejó sin palabras.
Aún tras vacilar por unos momentos con un débil temblor en su mano, no dudó en jalar del nudo que conformaba el obi en su cintura. La yukata resbaló con delicadeza de sus hombros, reuniéndose en el piso con la pieza faltante y descubriendo así la desnudez de su cuerpo.
En ningún momento dejó de perforarlo con la mirada. Claramente, no quería perderse ni un instante de la sorpresa que le vio aflorar en su semblante de piedra, rompiéndole la máscara a martillazos con tal de arrancársela a pedazos con sus propias manos.
Aún entre las penumbras del cuarto, la blanquecina luz de la luna bastaba para recortar su silueta con una delicadeza sobria.
La falta de iluminación le hizo dudar por un momento de si aquello que percibía en sus mejillas era un intenso carmín, sólo verificado en cuanto su vista la examinó con más detalle, despojado por completo del pudor inicial. Intentaba mostrarse firme ante él, pero el temblor que tomó su pequeña mano cuando fue a parar a la abertura de la yukata ajena acabó delatándola.
Y entonces, se sintió menos tenso al notar que no era el único luchando para mantener a raya sus nervios.
Cuanto menos, debía ser justo y abrirse al menos un poco para compartir como ella lo estaba haciendo, cuán intimidante se le hacía afrontar ese momento.
Envolvió su fina muñeca con su mano, intentando brindarle la poca seguridad que tenía mediante el contacto. Instintivamente inclinó un poco su cabeza hacia ella, pero al momento de concretar el acercamiento, se vio paralizado de pronto por un tembloroso brillo expectante en los ojos ajenos.
Quizá, todo este tiempo, ella había estado más nerviosa de lo que él podría haber imaginado. Allí, mostrándose tal cual era y despojada de sus ropas ante su mirada, Shinobu finalmente lucía como la delicada mujer que debería haber sido de no haber tenido que escudarse bajo gruesas capas de falsa seguridad para soportar la vida de un cazador y el peso de un Pilar.
Ambos eran tan parecidos en el fondo…
La necesidad de transmitirle ese pensamiento lo empujó a concretar la maniobra. Liberó su muñeca para acariciarle la mejilla al momento de besarla, y Shinobu imitó el gesto con una mayor laxitud en su cuerpo al sentirse correspondida.
Sintió su mano colarse por la apertura de la prenda para acariciar su torso de forma lenta y detallada, como nunca antes lo había hecho. Las caricias de esta noche se sentían más ardientes de lo usual, logrando erizarle la piel cada vez que la sentía recorrerlo con esa parsimonia casi tímida. Probablemente, hacia sus adentros, todavía deseaba que fuese él quien tuviese la iniciativa y le quitara ese peso de encima.
Se animó a descender su tacto más allá de lo que se podría considerar recatado, degustando con plena libertad la suavidad de su tersa piel y el atractivo de sus curvas. Una oleada de calor envolvió su cuerpo cuando la sintió temblar ante el contacto, y no se resistió al impulso de dejar de lado las consideraciones para devorar de forma hambrienta su boca.
Su pareja pareció estremecerse ante el atrevimiento repentino, obligándola a romper el beso cuando más se intensificaba.
—Espera… —le pidió ella. Seguidamente, se vio girado por su mano y obligado a retroceder unos pasos hasta pisar las sábanas de la cama, donde con un sutil empujón le pidió que se sentara para así poder apoyarse sobre él y acomodarse en su regazo en un contacto más íntimo.
Posiblemente el cambio de posturas se debía al temblor que tomó sus piernas a último minuto, cuando él mostró señales de intensificar su avance.
Desde ese nuevo ángulo, podía al menos observar a mayor detalle el rostro de su amada. La tenue luminosidad blanquecina que ahora le daba de lleno en la cara, evidenciaba su sonrojo explosivo, así como su mirada ligeramente cohibida que no dejaba de ser intensa, deseosa por experimentar más.
Giyuu entendió entonces por qué algunos cazadores exageraban y la llamaban "diosa"… en ese preciso instante de verdad le pareció una.
—Ahora sí, puedes seguir —anunció con un tono delicado, idéntico al tacto de su mano cuando trazó un sutil recorrido por su mejilla.
Esta vez fue ella quien se inclinó para besarle. La sintió buscar un mejor acomodo al apoyar sus rodillas a cada lado de sus caderas para mantenerse erguida, consumiéndose por los escalofríos esporádicos que desencadenaba en ella cada que sus manos acariciaban su cintura. No pasó mucho hasta que le contagió con esos mismos temblores; la desnudez de la entrepierna femenina comenzaba a despertar con notoriedad los instintos más bajos que apenas se ocultaban tras el velo de su prenda a medio quitar. Intencional o no, ese discreto roce estaba desencadenando una fogata interna que pronto sería imposible de sofocar.
Sintió el tacto femenino recorrer con precisión los músculos de su espalda, de sus costados y su torso, apoyado contra la calidez de su busto al desnudo. Envueltos en la penumbra de la noche, la oscuridad les ofrecía una manta de seguridad para explorarse mutuamente con un reducido pudor, proporcionándoles la excusa perfecta para observarse y conocerse con sus manos. Así lo hacía la mariposa, quien, sin dejar de ser discreta, recorrió casi toda su figura con las yemas de los dedos; casi pidiéndole que la imitara e hiciera lo mismo con su cuerpo, donde él mismo acababa deteniéndose antes de alcanzar a rozar aquello que tanto deseaba.
—Tócame más —exigió de pronto, delatada por una vacilación involuntaria que se adhirió a su voz. Tal y como supuso, lucía inconforme ante sus toqueteos discretos, demasiado mojigatos para la situación actual, por lo que, sin esperar más, guió su propia mano con la suya hacia el destino que más añoraba palpar.
Giyuu no le puso muchos peros, y con un ávido deseo de catar por sí mismo, masajeó finalmente la redondez de su seno. Se sentía tan suave y cálido como había imaginado; pero no por ello se volvía menos adictivo palparlo.
Apenas atinó a alzar la vista cuando la sintió reprimir un suspiro que no alcanzó a ser disfrazado por su cuerpo, estremeciéndose notoriamente sobre su erección ya formada.
Él también suspiró, lidiando con las sensaciones propias que le quemaban dolorosamente en su entrepierna.
—Kochou… —musitó.
—Llámame por mi nombre —exhaló ella—. No tiene caso que me sigas llamando con tanta formalidad en un momento así…
Ella tenía razón… Hasta le pareció ridículo el haberla llamado por su apellido cuando manoseaba descaradamente uno de sus pechos.
—Shinobu… —corrigió entonces, sintiendo que la sangre se le subía a la cabeza— ¿puedo…?
Su pregunta a medias sólo indicaba el deseo incontenible que le consumía por dejarse llevar e ir más allá con su manoseo desvergonzado. Aún así, seguía siendo su primera experiencia de cama, y realmente le atemorizaba el no saber con precisión cómo proceder; si requería de su aprobación cada que quisiera avanzar un nuevo escalón o si estaba bien dejarse llevar sin más.
La mariposa exhaló un gemido frustrado cuando, al frotar su cadera contra la suya, desató una correntada eléctrica por la espina de ambos.
—No necesitas pedirme permiso para todo, tonto… —refutó finalmente, luchando contra el nudo que llevaba amarrado con demasiada firmeza a su cintura—. Sólo haz lo que tengas ganas de hacer y bésame.
La orden acabó concretándola ella misma cuando afirmó su rostro con una de sus manos. El beso había escalado rápidamente a uno hambriento y necesitado, quizá equiparable únicamente a la frustración con la que la sentía batallar con la cinta de su prenda.
No pasó mucho hasta que finalmente se compadeció y decidió ayudarla, debiendo abandonar la calidez reconfortante de sus senos para deshacerse él mismo del nudo que se había hecho con el obi. La sintió bufar contra su boca, enmudeciendo un merecido reclamo por complicarle tanto la tarea con esa condenada cinta que, a fin de cuentas, acabó siendo lanzada lejos a modo de desquite.
La yukata fue abierta con relativa prontitud, dejando a la vista su masculinidad erguida. Sólo allí la cazadora abandonó sus labios para espiar indiscretamente aquello que tanto se había esforzado por liberar.
El Pilar de Agua observó desde su relativa inmutabilidad las reacciones de la contraria. Podría no expresarlo abiertamente, pero por supuesto que le interesaba la opinión que ella pudiese llegar a tener… Más al desconocer la experiencia con la que contaba en dicho ámbito.
Por ese motivo, el vislumbrar un deje de sorpresa asomar por sus facciones cada vez más coloradas, llegó a alentarlo lo suficiente como para ganar un poco de confianza en sí mismo. En lo que la atención de su compañera yacía fija sobre su recién descubierta anatomía, él decidió hacer lo propio y darse el gusto al consumar una de sus mayores tentaciones desde que la vio desnudarse.
El gemido sobresaltado que la oyó liberar cuando atrapó un pezón entre sus labios, le supuso de alguna manera una pequeña revancha por todas las veces en las que ella sacó ventaja en el terreno con sus provocaciones y burlas. Hasta ese momento, la había escuchado reprimir tanto como él cualquier jadeo demasiado audible que pudiese romper el silencio de la noche, pero finalmente parecía haber acertado en un punto clave para obligarla a ceder ante sus caricias.
Rodeó su cintura para repegarla más contra él en cuanto la sintió temblar por completo, y recordando sus palabras anteriores, no pidió permiso para seguir sus instintos y hundir su rostro entre la suave calidez de sus pechos. Succionó con suavidad las primeras veces, animándose a alternar con pequeñas mordidas a las que no se pudo resistir. El sólo escuchar lo mucho que ella parecía disfrutarlo bastaba para que sus deseos ardieran a la más alta temperatura.
—Giyuu… san… —la oyó gemir, animándose a finalmente llamarlo por su nombre. Sintió su ruego silencioso envolverlo entre sus brazos, alentándolo a seguir. Sus finos dedos se le enredaron de manera necesitada en el cabello—. No imaginé que... serías tan atrevido en la cama… —susurró cerca de su oído. El timbre de su voz podría haber pasado por una de sus tantas burlas, de no ser por el temblor que se le escabullía sin quererlo.
Propinó una mordida ligeramente más fuerte en respuesta, arrancándole con ello un jadeo que no pudo contener a tiempo. No iba a permitirle molestarlo a placer ahora; no cuando finalmente había girado el tablero al dar con su punto débil. La sintió arañar con sutileza su espalda, desatando tenues escalofríos a su paso que bastaron para erizarle la piel. Kochou aún intentaba resistirse a gemir abiertamente, y de no ser por algún movimiento inesperado que lograse tomarla desprevenida, no conseguiría lo que buscaba con tanta facilidad.
Pensó en liberar su cintura para descender hacia su epicentro de placer, pero una vez más, ella le sorprendió adelantándose a la jugada.
No estaba preparado para sentir esa mano descarada rodearlo en su zona más vulnerable. La oyó reír suavemente cuando dejó escapar un jadeo ahogado, doblándose por instinto contra la suavidad de su cuerpo. Nunca una mano ajena había llegado a tocarle siquiera; y el hecho de que fuese el Pilar de Insecto quien ahora lo tuviese en su poder, le bastaba para generarle una comprensible preocupación.
—¿Qué ocurre, Giyuu-san?... —murmuró contra su oído. Su voz aún sonaba ligeramente afectada, pero la nueva posición ventajosa que había tomado fue suficiente para impulsarla a recobrarse— ¿Acaso estoy presionando muy fuerte? —pudo haber ungido esa indagación con el mismo tono burlista de antes, pero esta vez pareció preguntar en serio.
El aludido simplemente cobró el aire con un respiro profundo y separó finalmente su cara del busto femenino, sintiéndose derrotado en una batalla que creía tener ganada.
—No, así está bien… —admitió con la voz algo ronca, fijando su vista en el pecho que había dejado intacto. Shinobu lo obligó a mirarla cuando le subió el mentón con la mano libre. La sonrisa que le dedicaba era sutil, aunque verdadera.
—Mis labios están aquí —le recordó, exigiendo una demanda que no tardó en corresponder.
La mano femenina sostuvo el lateral de su rostro para besarlo cómodamente con mayor intensidad; aunque debía admitir que le estaba costando trabajo satisfacer su petición sin verse interrumpido por su respiración entrecortada, prueba de cada jadeo que muy obstinadamente se guardaba para sí mismo. A ella pareció divertirle, la sintió sonreír casi victoriosa contra sus labios, mientras su otra mano frotaba con una mayor avidez su falo.
Cada vez perdía más terreno. Le había permitido acorralarlo sin casi notarlo… Pero no estaba dispuesto a dejar las cosas así. Despacio, y disfrazándose en una caricia sutil, deslizó una de sus manos por la línea de su columna, hasta perderse más abajo. El contacto directo con la suavidad ardiente de su sexo desencadenó en ella un sobresalto que casi la obligó a romper el beso. Giyuu saboreó hacia sus adentros el momento en el que la vio abrir los ojos para reclamarle y encajarle una suave mordida a su labio inferior como signo de protesta.
Ahora que el terreno estaba igualado, podía fácilmente volver a recuperar el control de la situación. En especial tras comprobar que la entrepierna femenina le ofrecía mayores oportunidades para arrancarle gemidos y estremecimientos con sólo frotar sus dedos entre sus pliegues humedecidos. Sintió el agarre de la mano ajena volverse tenso y apretarle inconscientemente en un desahogo. Todavía se negaba a abandonar por completo su boca para dejar escapar con libertad todos aquellos suspiros que intentaba reprimir.
Eran tercos los dos, demasiado orgullosos como para ceder ante el otro sin dar pelea. Pero estaba seguro de vencer esta vez, cuando hundió sus dedos en su cavidad y los sintió empaparse.
La espalda de la chica se curvó de inmediato cuando exclamó aquél gemido perfectamente audible que habría despertado a cualquier otro inquilino de haber tenido más Pilares hospedados en la posada. Supo que su victoria quedó consolidada cuando su miembro fue liberado y ambas manos fueron a parar a su espalda, arañándolo con una evidente desesperación acrecentada por el sutil movimiento de las caderas femeninas contra sus dedos.
—Eres… un tramposo —la oyó farfullar contra su oído, cuando encontró un soporte para su mentón sobre uno de sus hombros.
—Tú atacaste primero —tuvo que recordarle, cediendo a sus instintos que lo llevaron a profundizar su intromisión. La oyó jadear de forma ahogada. Sus uñas se incrustaron en su espalda, y su interior ardiente se tornó irresistiblemente apretado.
Giyuu tuvo que tragar grueso y abstenerse de tomarla allí mismo. Por mucho que su miembro le quemara dolorosamente, sabía que no podía darse el gusto sin antes asegurarse de haberla lubricado de la forma correcta… Nunca le prestó demasiada atención a las conversaciones indiscretas de Uzui, pero alguna que otra cosa llegó a aprender de su experiencia.
El cuerpo femenino se estremeció con el movimiento torpe de sus dígitos. La sintió humedecerse en una calidez sofocante.
—No seas tan brusco… —indicó con un suspiro tentador que terminó acabando del todo con su resistencia.
—Shinobu… —profirió su nombre con un tinte evidentemente necesitado antes de besarla con una breve brusquedad. Pudo notar su sobresalto cuando, sin previo aviso, la recostó en la cama para encerrarla contra su cuerpo.
El gesto de inesperada sorpresa pocas veces visto en su semblante, le pareció bastante adorable en ese momento. De no ser porque la tenía justo ante sus ojos, jamás creería que la imperturbable sonrisa sarcástica de Kochou Shinobu podría llegar a destapar una expresión desprevenida y teñida de un cohibido nerviosismo en un sonrojo intenso. Había deshecho todas las capas en las que se ocultaba hasta finalmente llegar a la muchacha que, como cualquier otra, temía, amaba y enclaustraba sus inseguridades en lo profundo de su ser.
—Estás demasiado tensa… —observó. Se inclinó contra su cuello para sentir su aroma y depositar unas caricias suaves, que seguidamente repartió por sus brazos con ayuda de las manos.
La sintió respirar de manera entrecortada, con estremecimientos sutiles que destapaba por donde sus labios iban pasando.
—¿Cómo quieres que no lo esté si me asaltas de repente?
Se vio rodeado por sus brazos mientras recorría la calidez de su piel con los labios. Sintió sus dedos enredársele en el cabello para jugar con sus mechones, los cuales jaló con una repentina alarma en cuanto pareció percatarse de la dirección que tomaba con sus besos sospechosamente bajos por su vientre.
—¿Qué haces? —su voz perdió todo rastro de calma que pudiese haber demostrado con su respuesta anterior. La laxitud que poco a poco le había hecho ganar con la trayectoria de sus besos, se crispó en una tensión más notoria que antes.
Tomioka despegó finalmente sus labios para responder al contacto visual con su habitual tranquilidad en la mirada.
—Quiero verte.
—¿Por qué? —la vio volver a esconderse tras una improvisada sonrisa cargada de tensión, cerrando sus piernas por acto reflejo—. Ni siquiera verás nada con esta oscuridad.
—Me dijiste que hiciera lo que quisiera sin pedirte permiso —debió recordarle, haciendo que ella probablemente se recriminase a sí misma por haberle dedicado esas palabras.
—¿Puedo? —insistió ante su silencio. La vio rehuir de su mirada al clavarla en un costado, para posteriormente volver a recostarse y aflojar la tensión que mantenía cerradas sus piernas.
—Eres tan sucio… —consintió su demanda con aquella protesta resignada, y él no perdió el tiempo cuando decidió acomodarse entre sus piernas.
Si bien era cierto que no podía apreciar la vista como hubiese querido por las penumbras de la alcoba, por lo menos se valía de ésta para tomarse libertades que en otras circunstancias probablemente se habría guardado como un pensamiento muy hermético.
Corroboró con anterioridad la sensibilidad desatada en aquella zona, pero incluso tratándose del mismo lugar, la diferencia que marcó su lengua con respecto a sus dedos pareció ser muy notoria. Ni siquiera con su exploración previa llegó a sentirla tensarse tanto ni gemir con tanta libertad como cuando cedió a la tentación de probarla directamente.
El cosquilleo eléctrico lo contagió a él también, producto de su propia excitación. Incluso cuando su zona baja exigía una inmediata atención que aplacase su doloroso ardor, pareció encontrar una adictiva satisfacción al estimular la zona más sensible de la anatomía femenina. Deseaba acariciarla más, saborearla más y saberse el responsable directo de provocarle cada estremecimiento y suspiro que exhalase en la intimidad de la habitación. Sentía su propio complejo evaporarse paulatinamente cada vez que la escuchaba jadear su nombre con ese necesitado deseo implícito.
Incluso siendo consciente de lo ruidosa que estaba siendo, Shinobu parecía haberse vuelto incapaz de silenciarse en esta oportunidad. Intentó mitigar sus suspiros al cubrirse parcialmente la boca con una de sus manos, pero las descargas que recibía incesantemente desde su zona más íntima no le daban tregua para sosegarse. Arañó con ansiedad contenida las sábanas, y sus piernas atraparon la cabeza del perpetrador para pegarlo más contra su sexo. El Pilar de Agua comprendió la intensidad de su demanda cuando sintió sus caderas moverse contra él, así como el tirón en sus cabellos en reclamo por hacerla caer en ese estado.
Giyuu jadeó hambriento contra su entrepierna; deseaba desesperadamente continuar arrancándole gemidos donde su nombre resonara con el tinte tembloroso de su dulce voz, pero había llegado a su propio límite. La temperatura se incrementó al máximo, y él ya no se sentía en condiciones de esperar.
Abrió nuevamente la prisión de sus piernas para poder separarse, sintiendo su rostro y su cuerpo entero arder con la misma intensidad que la de su pareja, quien luchaba de la misma forma para recobrarse de su arremetida anterior.
—Shinobu —exhaló su nombre sin cansarse de repetirlo, retornando a su sitio para posicionarse sobre ella en busca de un contacto visual. Llegado el momento, sintió el susurro de la duda colarse por sus pensamientos; pero comprendía muy bien que debía tenerlo en claro antes de arruinar las cosas con su inexperiencia—. ¿Qué tan delicado tengo que ser?... —se atrevió, finalmente, a preguntarle lo que desde hace tanto moría por saber.
La mariposa pareció demorar un poco en comprender la naturaleza de su interrogante, aún aturdida por la cascada de estímulos que había descargado en ella. La vio liberar una pequeña risa, divertida ante la parsimonia con la que indagaba sobre su experiencia previa. Ella simplemente alzó su mano, ligeramente temblorosa para acariciarle el rostro y los labios con el pulgar.
—Tan delicado como se requiere para una primera vez.
Mentiría si dijera que su respuesta no le generó un muy bien escondido regocijo interno. El saber que le entregaba su virginidad, a pesar de los múltiples fastidios y burlas que había estado recibiendo por su parte sobre su nula experiencia en la cama, le llenó de una reconfortante calidez que se desparramó por todo su pecho.
Giyuu le agradeció con una mirada y un corto beso el haberlo escogido, y sus manos pronto buscaron entrelazarse con las de ella mientras rozaba con la punta la entrada de su cavidad.
—No creo que haya una manera de hacer esto sin que te duela —confesó—, así que desquítate tanto como necesites con mis manos. No importa si me clavas las uñas hasta rasgarme la piel.
—Pensaba hacerlo aunque no me lo dijeras —Kochou aún tuvo tiempo de dedicarle una última sonrisa confiada antes de delatar su creciente nerviosismo con el apretón tembloroso sobre las manos de su pareja. Intentó relajar su cuerpo tanto como pudo y abrir las piernas para facilitarle el acceso.
Tomioka asaltó su boca con un beso lento y profundo, buscando así relajarla tanto como le fuese posible mientras se frotaba contra la humedad de sus pliegues para empaparse antes de ingresar. De haberle prestado más atención a las pláticas sucias que nadie le pedía a Uzui pero que se empeñaba en expresar de igual manera, quizá habría logrado pescar algún consejo que le permitiera llevar ese momento con menos torpeza de principiante. Ahora ya era tarde para intentar buscar conocimiento en alguna parte; todo lo que podía hacer era dar lo mejor de sí y tratar de empujar despacio, requiriendo un poco más de esfuerzo para alojar la cabeza en el interior femenino.
Kochou exclamó un quejido ahogado que trató de reprimir con un fuerte apretón sobre sus manos. Sintió cómo todo su cuerpo se tensaba de golpe, deshaciendo el trabajo previo que tanto tiempo le había tomado realizar.
El calor ajeno incrementó el suyo propio, alimentando sus instintos que dictaban una arremetida más fuerte para concretar su avance. Contenerse de hacerlo le costó más trabajo del que habría imaginado. Trató de mantener su ingreso de la forma más lenta que pudo, deseando que sus dimensiones se acoplaran con la menor resistencia a las suyas.
Tal y como lo supuso, la cumbre máxima del dolor no tardó en expresarse en el rostro de la mariposa. El beso se rompió con un gemido ahogado y teñido por el malestar. Sintió las uñas encajarse con fuerza sobre el dorso de sus manos, y su pequeño cuerpo se retorció en un manojo de tensión debajo del suyo.
—¿Quieres que salga? —le ofreció al verla sufrir tanto. Quizá no estaba haciendo las cosas bien y había una manera de quitarle la virginidad que fuese más indolora.
—¡No! —exclamó en una queja que claramente contrariaba la expresión de su cara. Llegó a morderse el labio con fuerza, mientras calmaba la tensión adicional con respiraciones profundas que le ayudaron a dejar correr algunas lágrimas.
Su interior apretaba con fuerza, tentándole dolorosamente a dejarse abrazar en su totalidad por la ardiente sensación que colmaba su inmersión. No era fácil para él tampoco el simplemente quedarse estancado con su propio placer golpeándole las narices y el sufrimiento que veía dominar a su pareja en simultáneo.
Aún con una clara incomodidad rebalsando por su rostro, Shinobu alcanzó a rodearlo con sus piernas para incentivarlo a continuar con la penetración.
—Sigue… —le indicó, tomando una respiración profunda— eventualmente… dejará de doler, así que sólo sigue…
Tomioka le devolvió el apretón con sus manos. Le resultaba doloroso a él también continuar a sabiendas de que era el único capaz de disfrutarlo, pero comprendía que debía avanzar o retirarse en algún momento. Se inclinó para besar su cuello y limpiar sus lágrimas con una caricia sutil de sus labios, lamentándose por no poder hacer otra cosa para hacerle más llevadero el proceso.
Intentó acelerar las cosas al empujar con más fuerza esta vez, creyendo que quizá sólo prolongaba su padecimiento al hacerlo de forma lenta. Embistió un par de veces más para terminar de abrirse paso en su interior, estremeciéndose por completo ante el contraste entre el indescriptible placer que lo envolvió por completo y los gritos parcialmente contenidos con los que Kochou se retorcía bajo su cuerpo.
Jamás había experimentado algo semejante, y pronto sus manos rivalizaron con el apretón que su pareja le dedicaba por razones opuestas. Se sentía mal; su culpa no llegó a ser devorada por completo ante el deleite que consumía sus partes bajas. Escondió su rostro en el hueco entre el cuello y el hombro de la chica, donde sus jadeos de regocijo se mezclaban con los apesadumbrados de ella.
—No te quedes… ahí quieto, muévete…— jadeó con dolor, haciéndole elevar su rostro para verla.
—Pero aún te duele.
—Y me seguirá doliendo si no haces nada —volvió a protestarle. En esos instantes, había un claro indicio de reclamo en su mirada. Probablemente le estaba resultando más doloroso de lo que se habría imaginado para su primera vez, y él debía asumir la responsabilidad por su torpeza de principiante.
Así lo hizo, y liberó el agarre de sus manos para acariciar su mejilla mientras la besaba. No hallaba ninguna forma de hacer la penetración menos dolorosa, pero por lo menos podía mimarla mientras le dejaba la espalda libre para que se desquitara. Sintió los primeros arañazos incrustársele en la piel cuando terminó de adentrarse a profundidad en ella, dando inicio al vaivén que tanto había estado esperando.
Antes de esa noche, jamás habría imaginado siquiera cuán placentero podría ser un encuentro íntimo con su pareja. Había llegado a desearla, sí, pero ni siquiera su imaginación se le había adelantado tanto como él mismo al recorrer sus rincones más profundos, explorándola como nunca nadie lo había hecho. El ardor envolvente que le ofrecía la intimidad femenina electrificaba con destellos poderosos su cuerpo entero y su mente, empujándolo por instinto a buscar más: necesitaba hundirse más en ella, frotarse con mayor velocidad y sentir que se fundían en uno solo.
Pronto dejó de sentir el ardor de los arañazos sobre su espalda, que paulatinamente se tornaron en un agarre más necesitado. Ya no percibía dolor en los suspiros que escapaban de su boca cada que sus labios rompían el beso en busca de aire. El malestar comenzaba a mermar, permitiéndole, por fin, disipar el pinchazo de culpa al comprobar que ambos podían disfrutarse con plenitud el uno al otro.
Decidió liberar su boca para volver a besar su cuello, como tanto había estado deseando hacerlo desde que la observó ofreciéndolo en su interpretación de geisha. Incentivado por los suspiros que arrancaba de sus labios sonrosados ante cada embestida, cada roce y cada beso, colmó su cuerpo empapado de caricias que desde hace mucho dejaron de ser tímidas y discretas. A partir de ahora, podría permitirse recorrerla con toda libertad, memorizar cada indistinguible cicatriz en su cuerpo y velar para proteger que otras nuevas llegasen a marcarla.
Sintió los dedos contrarios explorarlo de la misma manera hasta perderse en sus oscuros cabellos largos, empapados aún por su baño nocturno previo al encuentro.
De haber sabido que algún día llegaría a amar tanto y a ser correspondido de la misma manera, quizá habría podido enfrentar sus peores días de tormento con menos amargura. Se sintió tonto por haber huido de ella tanto tiempo. Sólo Shinobu podía borrar momentáneamente de su cabeza los fantasmas autodestructivos que constantemente le obligaban a despreciarse, y deseaba retribuirle con todo el cariño que pudiese expresar en sus acciones. Deseaba hacerla feliz, permitirle disfrutar tanto como él e incluso más, para que aquél momento pudiesen recordarlo siempre; incluso ante lo efímero de sus condenadas existencias.
Besó cada centímetro de su cuerpo donde pudiera llegar, y colmó de caricias los rincones donde sus labios no alcanzaban, profesándole con cada roce una declaración de amor que no podría ser equiparable a las palabras. Shinobu pareció comprenderle cuando, adornada con una sonrojada y muy sincera sonrisa, lo abrazó contra su pecho para continuar dejándose amar. Ya no reprimía ninguno de los suspiros que acabaron llenando la alcoba, no tenía nada que ocultar. Las máscaras finalmente quedaron atrás para desnudar los sentimientos más profundos que se guardaban el uno al otro, y su interior lo abrazó con la misma intensidad, obligándolo a acompañarla con sus propios jadeos roncos.
—Shinobu… tengo que salir ahora —advirtió como pudo, sintiéndose incapaz de contenerlo por más tiempo. Habría deseado prolongar ese momento toda la noche de haber podido, pero los propios estímulos que había depositado en el cuerpo de la joven repercutían sobre él con una intensa ola de calor.
—Córrete adentro —le pidió con un exhausto jadeo. Giyuu la miró perplejo, pero ella sólo contestó con una cariñosa y agotada sonrisa—. Lo tengo controlado, sólo… hazlo adentro.
El estremecimiento que estrechó sus paredes internas acabó por derribar todas sus defensas, imposibilitándole con ello retirarse a tiempo por más que hubiese querido. El Pilar de Agua descargó su orgasmo con un gruñido ronco que le hizo estremecerse desde los dedos de los pies hasta las raíces del cabello. El soporte brindado por sus manos le hizo arrugar con fuerza las sábanas bajo su tacto, sintiendo de primera mano cómo el éxtasis de su pareja acrecentaba el propio cuando lo arrimó desesperadamente con un abrazo.
La mariposa se desplomó exhausta sobre el empapado futón, arrastrándolo consigo tras perder todas sus fuerzas ante la intensa culminación. Se había vaciado por completo en su interior, y lo que sea que hubiese planeado la joven boticaria, sólo esperaba que fuese efectivo.
Bien podría haber caído dormido, de no ser por el cálido contacto de la mano ajena repasando su mejilla.
Agotado, Giyuu volvió a abrir sus ojos, encontrándose con la mirada púrpura de su amante. Sus respiraciones se entremezclaban en una, y Shinobu nunca lució tan desbordante de felicidad como en ese momento. Acabó acomodándose a un costado para no aplastarla, e imitó su gesto al acariciar su mejilla ardiente y húmeda.
—Finalmente te la quitaste, ¿eh?... —articuló con jadeos cansados, todavía en proceso de normalizar su respiración.
Tomioka manifestó su respuesta con un suspiro, cerrando por un momento los ojos.
—¿Estás satisfecha con lo que encontraste debajo?
Su sonrisa se acrecentó, pese al cansancio que dominaba sobre sus párpados.
—Creo que podría conformarme —bromeó por última vez.
Sus recuerdos sobre aquella noche se difuminaron casi de forma inmediata a la respuesta de la mariposa. Quizá habría sucumbido ante el cansancio, no lograba recordarlo. Lo que sí había quedado fijo con mucha claridad en su memoria, fue que a partir de ese entonces, la comunicación entre ellos fluyó libre de cualquier obstáculo. Sin necesidad de recurrir a las palabras, ambos adquirieron una facilidad inédita para leerse mutuamente, aún cuando sus máscaras permanecieran adheridas con firmeza sobre sus rostros.
Nadie guardaría ni la más mínima sospecha de la clase de relación que habían estado entretejiendo en silencio, del mismo modo que ninguno de sus camaradas podría llegar a conocerlos tan bien como se conocían el uno al otro. Giyuu era plenamente consciente de lo afortunado que había llegado a ser, a pesar del oficio al cual servía. Entregar su vida a cazar demonios significaba el compromiso y la voluntad de confrontar a la muerte cada noche y prepararse para lo peor; la amplia mayoría de sus compañeros perecerían sin siquiera llegar a intercambiar un solo roce con la persona por quien alzaban sus espadas, y mentiría si no dijera que una buena parte de su favorable situación no le generaba una pesada sensación de culpa, de estar viviendo más de lo que un cazador inepto como él merecía…
Tanto el haber ascendido al puesto de Pilar cuando ni siquiera fue capaz de calificar por sí mismo como cazador, así como el saberse tan profundamente correspondido por la mujer que amaba cuando su hermana sacrificó ese idílico futuro por él, le suponía una carga emocional tan densa que le obligaba a sentirse indigno de todo lo que había obtenido.
Y aún así, tenía el descaro de querer más. Cada momento a solas con Shinobu le hacía olvidar por un mínimo instante que el mundo era un lugar abrumadoramente hostil. Deseaba poder entregarle una vida apacible y honorable, como la que debió haber tenido si sus padres no hubiesen sido asesinados por un demonio. Anhelaba formar un hogar con ella y vivir a su lado hasta el día de su último respiro… Pero ninguno de los dos podía permitirse ese lujo. Lo sabía perfectamente. Eran cazadores. El mero hecho de mantener una relación como la que ya tenían era razón suficiente para llevarse un sentimiento de gratificante bienestar a la tumba.
¿Por qué entonces no lograba silenciar esa voz que a diario se entrometía en sus pensamientos, contagiándole de un sentimiento de inconformidad? ¿Por qué su egoísmo seguía pinchándole en busca de más, cuando acabó llegando más lejos de lo que jamás hubiese imaginado?
—¡¿Hasta cuándo vas a seguir desperdiciando tu vida?!
Las palabras de Sabito resonaron con fuerza, y su figura le pareció tan tangible como su cachetada… ¿Quién diría que después de tanto tiempo, volvería a corregirle para disipar de un golpe sus titubeos y encausarlo hacia el rumbo que no se atrevía a seguir por cuenta propia?
—¡La felicidad es un tesoro muy extraño de encontrar en este mundo, no la desperdicies!
—Pero… —el pequeño e inseguro Giyuu tragó grueso antes de volver a incorporarse— yo le quité ese futuro a mi hermana… no tengo derecho de…
—¡Ella te entregó ese derecho! ¡Renunció a su futuro para que tú lo tuvieras!—Sabito sujetó con fuerza sus hombros, acrecentando de esa forma el regaño en su mirada y la firmeza de sus palabras— ¡No te sigas culpando por querer ser feliz! ¡Está bien ser egoísta a veces! ¡Así que deja de hacerte a un lado a ti mismo en tu propia vida!
Las palabras de su mejor amigo resonaron como un eco lejano, evaporándose en el aire junto con aquél sueño. Debería disculparse con él por perturbar su descanso eterno con sus simples problemas mundanos; aunque eso no le quitaba la razón a sus palabras.
Su hermana lo dio todo por él. Sabito también se sacrificó para que él y otros muchos pudieran seguir adelante y avanzar hasta donde sus pasos los llevasen. Continuar desperdiciando cada oportunidad de emerger de entre las tinieblas y obtener un pequeño destello de luz, sólo echaría por tierra los esfuerzos de quienes velaron para entregarle un futuro.
Deseó darse una oportunidad a sí mismo y atreverse a dar ese paso que tanto anhelaba, pero no halló su oportunidad sino hasta que, empujados por un incesante diluvio que les retrasó en su camino, una pareja de ancianos les socorrieron con té y hospedaje hasta que amainara la tormenta.
Aparentemente, Kochou les había salvado la vida en el pasado, por lo que los amables señores se mostraron muy entusiasmados al poder regresarle el favor aunque fuese en una mínima parte.
—¿Están seguros de marcharse ya? Podría volver a llover en cualquier momento.
—Les estamos muy agradecidos por permitirnos quedarnos, pero no queremos causar más molestias. Debemos continuar lo antes posible con nuestro camino —la mariposa declinó la oferta con toda la dulzura que su voz tenía para dar.
—Es una lástima —la señora claramente deseaba poder hacer más por su salvadora, pero al ver que el joven avanzaba un par de pasos para ir adelantando camino, comprendió que sería mejor no retrasarles más de lo que la tormenta ya lo había hecho. Le sonrió de forma amable a la jovencita y despidió a la pareja con una humilde reverencia—. En todo caso, tanto tú como tu marido serán siempre bienvenidos en mi hogar en caso de que necesiten hacer otra parada en un futuro.
El comentario le cayó en gracia a la joven, quien simplemente rió de forma cortés y negó con un ademán.
—No estamos casados, pero agradecemos sus intenciones. ¡Cuídese!
Tras despedirse de la pareja, los cazadores ascendieron por el monte humedecido para acortar camino hacia su destino. Hubo un silencio casual por un corto período de tiempo, hasta que, saliendo del esquema habitual, Giyuu finalmente se atrevió a romperlo.
—Podríamos estarlo… —fue todo lo que dijo, sin retirar su vista del camino boscoso y enlodado.
—¿Hm? —Shinobu le miró interrogante, esperando quizá a que se decantase por ampliar la información. Pero al observar que corría el tiempo y el Pilar de Agua ni siquiera la miraba, se vio obligada a encontrar el sentido de esa frase suelta por sí sola.
Una risilla discreta fue todo lo que Tomioka escuchó a sus espaldas.
—Si lo dices de esa manera pensaré que me estás proponiendo matrimonio.
Fue allí cuando se detuvo. Provisto con la mayor seriedad que sus ojos pudiesen reflejar, se volteó a verla, desarmándola en ese preciso instante al dar cuenta de sus verdaderas intenciones.
Kochou pareció sorprendida en un primer momento. Era de esperarse, a decir verdad; su patético intento de propuesta, liberado en un momento completamente aleatorio mientras caminaban en medio del lodo, habría sido suficiente para descolocar a cualquiera.
Y sin embargo, ella volvió a reír.
—Cielos, en serio no tienes remedio… —Kochou retomó la caminata, rebasándolo tranquilamente con su caminar encharcado.
Él no dejó de seguirla atentamente con la mirada, sintiéndose presa de un silencioso cosquilleo titubeante que se apoderó de su estómago al ver que su propuesta tuvo el mismo impacto que un insípido comentario sobre el clima.
No consiguió despejar sus inseguridades sino hasta que, de un momento a otro, la vio detenerse para girarse a verlo.
—¿Cuánto tiempo más planeabas hacerme esperar? —su voz se desplegó con su dulzura característica, así como su sonrisa. No obstante, para él era tan claro como el agua que aquél gesto había sido legítimo, así como sus verdaderas intenciones escondidas en la sutileza de su frase.
—Sabías que planeaba pedírtelo —afirmó, sintiéndose tonto por haber dudado durante tanto tiempo en vez de simplemente proponérselo desde que Sabito le convenció de hacerlo.
—Quería permitirte el honor de tener la iniciativa por una vez~ —Shinobu le extendió su mano, invitándole a tomarla para seguir—. Ahora démonos prisa, o se nos hará de noche.
Con ese sencillo gesto y camuflado por sus palabras, aceptó su propuesta muy gustosa y feliz de al fin haberle empujado a caminar sin que ella tuviese que marcarle el paso.
La noticia de la boda causó un revuelo sin precedentes en el cuartel. Nadie, exceptuando a Mitsuri, había visto venir semejante acontecimiento en torno a esos dos. Y no se les podía culpar, a decir verdad; les habría parecido menos insólito escuchar que Tokitou se transformó en un ser humano funcional y sociable, antes que siquiera imaginar una posible relación secreta entre el Pilar de Insecto con el trozo de hielo que portaba un haori de dos colores.
Kochou se había mostrado claramente divertida, gozando de las reacciones estupefactas de todo aquél a quien le llegaba la noticia, hasta que eventualmente y con el transcurrir del tiempo, su matrimonio quedó consolidado como una realidad entre sus compañeros de oficio.
Y si bien, por mutuo acuerdo no llegaron a engendrar ningún hijo como fruto de su unión, no permitieron que la imposibilidad les impidiese ser felices y disfrutarse enteramente el uno al otro. Apreciaban cada minuto compartido como un regalo concedido para dedicar su amor de la particular manera en la que sólo ellos podían hacerlo.
Cada caricia, cada beso y cada mirada intercambiada con el otro guardaba un valor muy especial, a sabiendas de lo efímero y frágil de cada momento. Tal y como había remarcado Sabito: la felicidad era un tesoro muy extraño de encontrar, y Giyuu luchaba con cada gramo de su ser por aferrarse a las débiles migajas que quedaban de ésta.
Naturalmente, no llegó a conseguirlo… los recuerdos de sus días felices se disiparon como un espejismo, acribillado por las intensas gotas de lluvia que impactaban sin piedad contra su cuerpo maltrecho.
Aturdido y agotado, se forzó a sí mismo a entreabrir sus ojos azules, opacados por la abrumadora desolación que le carcomía desde adentro con mayor intensidad que cualquiera de sus heridas.
Desde aquella noche, sus sueños se convirtieron en el único refugio en el cual podía reunirse con su esposa. Cada vez que sus párpados se cerraban, su recuerdo estaba allí. Podía verla con tanta nitidez que hasta era capaz de olerla, de sentirla y de escuchar el eco suave de su voz, riendo tras dedicarle alguno de sus característicos comentarios. Sus momentos compartidos se repetían en bucle cada vez que caía rendido hacia algún costado del camino, atormentándolo con falsas esperanzas de considerar su realidad como una mera pesadilla, de la cual despertaría recostado sobre su regazo.
Revisó que sus brazos siguieran pegados a él, y confirmó la entereza de los mismos al sentir el movimiento de sus dedos sobre la grava inundada. Al menos una de sus extremidades se había roto, así como otros tantos huesos que acumulaban un historial de pinchazos y desgarres internos que eventualmente acabarían con él.
Ya poco le importaba su estado. Mientras tuviese sus brazos para seguir matando demonios, sus piernas para perseguirlos y espadas para decapitarlos, continuaría exterminándolos uno a uno, hasta que su cuerpo sucumbiera y no pudiese volver a levantarse.
Ya no le interesaba subsistir más allá de su deber. Había sobrepasado por mucho el número de pérdidas que podía soportar, y lo único que podía hacer para poder mirar a Shinobu, a Sabito y a su hermana a la cara cuando llegase su hora, era continuar luchando hasta su último aliento.
Intentó incorporarse, pero sus ya desgastadas fuerzas lo atrajeron una y otra vez al suelo como un imán. La sangre encharcada bajo su cuerpo se diluía en el agua, marcando el terreno con una estela rojiza que seguramente atraería a algún demonio hambriento u otro depredador del bosque.
El repiqueteo de unos pasos apresurados avanzando entre los charcos prácticamente confirmó este último pensamiento, y ya sin fuerzas para alzar su espada, aceptó sin resistencia la llegada inminente de su verdugo.
—¡Giyuu-san!
El rostro alarmado de Tanjirou asomó por su visión. No otorgó más respuesta que una mirada perdida, sintiendo que su propia vista comenzaba a nublársele junto con el resto de los sentidos.
El frío de pronto ya no le molestaba tanto…
—¡Kanao, por aquí! —Tanjirou se giró para llamar a su compañera, y esa fue la última imagen que alcanzó a registrar antes de que todo se tornase negro.
Bienvenidos al tan añorado final del capítulo. Imagino que habrán estado tan desesperados como yo por acabar ya esta cosa infinita. Empecé a editarlo por última vez por la mañana. Son más de las 8 de la noche y recién ahora voy terminando...
Sólo quiero decir que, esta última editada que le di sobre la marcha me terminó de dejar los sesos y los ojos fritos. Espero no haberme dejado rastros de alguna edición mal hecha por el camino, eso ya lo dirán ustedes, si es que sobrevivieron todo el trayecto hasta acá XD
Tuve que reescribir este capítulo porque siempre se me ha hecho muy cómodo iniciar con las parejas ya formadas. El pensar en cómo surgió todo siempre me genera muchas inseguridades, ya que sé que siempre hay mejores maneras de plantear sus comienzos y siento que la mía no fue la más emocionante. Pero en fin, por lo menos me siento más satisfecha con esta versión que con la original.
Quiero felicitar de corazón a quienes lograron llegar hasta acá XD y de ser posible, coméntenme en el review, ¿se lo leyeron todo al modo espartano de un tirón, o tuvieron que dividírselo por tramos para no morir en el intento?
El capítulo 6 está en proceso, pero después de esto... QUIERO DESCANSAR XD
Estaré subiendo un nuevo capítulo a Momentos con la versión de Shinobu próximamente, ya que al tratarse de los recuerdos de Giyuu, no pude profundizar demasiado en ella.
Sin más que agregar, gracias por tragarse esta biblia. Nos vemos cuando mis ojos se recuperen XD
