¡Muy buenas a todos! Y bienvenidos una vez más.
Debo admitir que me tenía algo nerviosa la preparación de este capítulo, ya que será uno de los más importantes para el posterior desarrollo de la trama.
No quiero revelar nada antes de dar inicio a la lectura, así que nos encontraremos más abajo.
Disclaimer: Kimetsu no Yaiba no me pertenece a mí, sino a la maldita asesina sádica que tenemos por mangaka, Koyoharu Gotouge.
VI.
Tras rodear la mano ajena por última vez, ajustó las vendas para terminar el trabajo con una incipiente duda sobre el resultado.
—Listo —informó Kanao— … ¿Está bien el vendaje? —alzó posteriormente sus orbes con cierta inseguridad hacia el contrario.
Tanjirou contrajo y abrió su puño un par de veces, antes de asentir con una de sus características sonrisas cálidas.
—Está perfecto, Kanao. Muchas gracias.
La joven regresó un atisbo de sonrisa tímida ante el halago. La curación de los heridos nunca fue su fuerte, pero se esmeraba cada día por aprender para ayudar a Aoi y al resto de las niñas ante la ausencia de los cuidados magistrales que sólo Shinobu podía otorgar… Sabía que jamás igualaría las capacidades de sus hermanas en ese aspecto, pero intentaba dar lo mejor de sí para no incrementar la carga sobre el resto de las chicas.
—¿Cómo se encuentra Giyuu-san hoy? —indagó al fin el muchacho, atrayendo, sin querer, un ambiente un tanto lúgubre que transformó la sonrisa de la chica en un gesto de pesar.
Kanao negó levemente con la cabeza al bajar su mirada.
—Sigue sin hablar… No ha dicho una sola palabra desde que lo trajimos, y ni siquiera las niñas logran hacerlo reaccionar…
El semblante del cazador se compungió en un gesto de dolorosa preocupación. Era bien sabido por ambos que las niñas fueron casi como las hijas que nunca llegaron a tener; si ni siquiera ellas conseguían arrastrarlo a la realidad, Tanjirou en verdad no imaginaba qué otra cosa podría hacerlo reaccionar para que sus ojos muertos dejasen de mirar permanentemente un punto perdido en el vacío.
—Por lo pronto, sólo parece reaccionar a las alarmas que dan los cuervos ante las apariciones de los demonios —añadió la joven Pilar—. Tuvimos que aislarlo en un dormitorio aparte para que no oyera las misiones asignadas a los otros cazadores… Apenas escucha que hay un demonio cerca, busca la espada más cercana y sale a cazar.
—Es una locura, sus heridas ni siquiera se han cerrado del todo —Tanjirou frunció el entrecejo con impotencia al no poder ayudar a quien estimaba tanto a salir de ese hueco. Apenas había transcurrido una semana, y prácticamente de milagro alcanzaron a tratarlo a tiempo. La profundidad de las lesiones que le encontraron repartidas por todo el cuerpo habrían sido suficientes para liquidar a una persona en pocas horas; ni decir de las que ya se habían infectado por la exposición constante a los elementos… De haber vivido, Shinobu jamás le habría permitido caer en semejante estado.
Y ahora ninguno de ellos podía ocupar el lugar necesario para recuperar su sentido de supervivencia.
—Hay que darle tiempo —sugirió Kanao de pronto—. Yo sé que puede salir de eso… Sólo necesita tiempo para sanar —al haber experimentado en carne propia un estado similar al suyo, el Pilar de las Flores aún intentaba aferrarse a la posibilidad de obligarlo a romper ese mutismo que por tantos años, le había arrebatado la voz y los sentimientos a ella también. Si bien ya no podían recurrir a las hermanas Kochou, aún quedaban Aoi y las niñas… Entre todas, con paciencia y perseverancia, podrían llegar a darle de nuevo aunque fuese una mínima razón por la cual vivir.
La sonrisa que le dedicó el pelirrojo no alcanzó a iluminar con el mismo optimismo sus ojos. Él no se sentía tan convencido, pero aún así estaba dispuesto a ayudar en todo lo que fuese necesario.
Habría secundado su idea con alguna palabra de aliento, de no ser porque las insistentes miradas que recaían sobre el ojo descubierto de Kanao le hicieron buscar el parche rosado en su bolsillo.
No fue hostil la mirada que le dedicó el joven a los mirones desvergonzados, mas sí tuvo la suficiente firmeza para hacerles entender que su impertinencia no era bienvenida. Atajó con la suavidad de su mano recién vendada a la de su compañera, para luego recibirla con una sonrisa más cálida y comprensiva.
—Kanao, no necesitas cubrir tu ojo. Luces perfecta tal y como estás —intentó animarla a dejar de lado las inseguridades que le generaba su ojo visiblemente afectado, no siendo consciente del todo del efecto que sus palabras podrían haberle generado, sino hasta que la vio enrojecer como una brasa ardiente.
—¿E-en serio piensas eso?
Las palabras que esbozó la chica con mucha pena alcanzaron a contagiarle a él también, percatándose entonces de que quizá, se había aventurado demasiado con un contacto tan directo y la cercanía extrema que infringía toda norma vigente del espacio personal.
—B-bueno, siempre te ves hermosa después de todo, así que…
—¡Kanao, tenemos un problema!
La interrupción alarmada que trajo Aoi supuso un cierto alivio para la pareja, quienes no habrían hallado una manera menos vergonzosa de salir de dicha situación.
—¿Qué ocurre? —recobrada de su sonrojo, el Pilar de las Flores se centró en la recién llegada.
—¡No podemos encontrar a Tomioka-san por ningún lado! La última vez que revisaron su alcoba fue hace media hora.
La reacción de ambos cazadores no se hizo esperar. Se pusieron de pie de inmediato e intercambiaron una mirada seria, que no dejaba de lucir menos alarmada.
—Cierren todas las salidas y ventanas, y busquen por los alrededores. Él solía moverse por los techos muchas veces para llegar a la finca —indicó Kanao, desplegando al personal para que de manera urgente tomase las medidas solicitadas.
—¡Voy a buscar por los techos! —avisó Tanjirou, quien de inmediato se puso en marcha para localizar al viudo.
—¡Entendido! Yo buscaré a fondo por toda la finca —Kanao abandonó con prisa la estancia, revisando en su trayecto cada habitación comunitaria y privada de las que disponían en la hacienda.
Incluso tras preguntar a los sorprendidos pacientes, a quienes espantaba cada vez que abría la puerta de sus habitaciones de golpe, nadie había visto ni oído nada acerca del fugitivo Pilar de Agua. Sólo cuando revisó la última de las habitaciones privadas se percató del terrible error que cometió al no asegurar la ventana del cuarto de Tomioka… Fácilmente podría haber escapado por allí ante el más mínimo rumor de demonio que lo alertara para ponerse en marcha.
Una solitaria gota de sudor frío descendió por su rostro, invadida ante la ineludible sensación de haberle fallado una vez más a su hermana… De no ser por Tanjirou y su pronta acción al hallarla llorando bajo la lluvia, quién sabe si hubiesen sido capaces de hallar al cazador con vida.
Dirigió sus pasos apresurados hacia el exterior, deseando escapar al mismo tiempo de sus pensamientos. Desde la muerte de Shinobu, no podía deshacerse de aquella pegajosa sensación de no estar haciendo nada bien. Jamás se cuestionó acerca de su propia preparación sino hasta que se vio sola, lidiando con todas las responsabilidades que su hermana había heredado de la Pilar anterior.
"Ellas debieron lidiar con lo mismo", se repitió incansablemente. El aferrarse a ese pensamiento era lo único que le daba fuerzas para seguir adelante. Kanae misma, con toda la preparación con la que la recordaba, habría lidiado infinidad de veces con sus propios demonios internos ante la responsabilidad de sacar adelante a la última integrante de su familia, junto con las nuevas hermanas que se fueron sumando con el paso de los años.
No podía decaer; no podía rendirse tan fácilmente. Mucho menos ahora que encontraron con vida al desaparecido Pilar de Agua, a quien la amplia mayoría ya daba por muerto.
Kanao se detuvo en medio del patio al percatarse de un detalle discordante en el ambiente. Desde donde estaba, podía apreciar el espacio oscurecido que exhibía una puerta que no debía ser abierta.
Sudó frío, y a paso lento, dirigió su caminar hacia aquél sector de la hacienda que, desde aquél día, nadie volvió a tocar. Su propia alcoba, situada en dicha ala de la finca, quedó relegada en el olvido al verse incapaz de aproximarse a las cercanías del estudio y el consultorio de su predecesora.
La madera crujió bajo sus pies, haciéndole temblar el pulso. Recorrer el tramo que le deparaba más allá de su antigua habitación, se le hacía incluso más tortuoso que mentalizarse para visitar el nicho vacío donde descansaba la lápida de su maestra. Y lo que tornaba esa simple labor más complicada que cualquier otra, eran las infinitas memorias llenas de vida y alegría que danzaban por el lugar como las coloridas mariposas.
Eran recuerdos de tiempos felices que jamás regresarían.
El hueco que la carcomía dolorosamente desde el pecho volvió a abrirse a profundidad en cuanto la inmóvil y decaída figura de Tomioka apareció en su campo de visión. Se hallaba de pie, situado en medio del cuarto que tantas veces había compartido con su mujer, contemplando ahora el futón vacío que acumulaba cada vez más polvo en el piso.
Kanao sintió cómo las comisuras de sus labios se contrajeron irrefrenablemente en una mueca dolorosa ante tal imagen. Tuvo que llevarse una mano al pecho para confrontar las sensaciones que con tanto esmero Tanjirou había logrado aplacar, y respiró hondo antes de decidirse a dar un paso dentro de la alcoba.
No quería siquiera mirar. No estaba preparada para regresar a ese lugar; mucho menos para internarse en él… Pero tenía que sacarlo de ahí por su propio bien.
—Tomioka-san —su voz sonó apenas como un susurro estrangulado. Aún así, no le importó demasiado esta vez, era lo mejor que podía hacer.
Deslizó su mano temblorosa contra el brazo más próximo del Pilar, para así guiarlo hacia la salida sin que éste opusiera resistencia alguna. Así había sido desde que pudo volver a caminar; Giyuu parecía tan abstraído en sí mismo que resultaba extremadamente sencillo movilizarlo de un sitio a otro con sólo guiarlo como lo hacía la joven.
No tenía forma de adivinar qué clase de pensamientos podrían haberle rondado por la mente tras observar la alcoba vacía; quizá sólo había dirigido sus pasos errantes hacia allá por costumbre. Todo lo que podía hacer mientras lo sacaba del ala inhabitada de la hacienda era esperar a que aquella visita no le hubiese afectado tanto como a ella.
—¡Kanao! ¡Giyuu-san! —Tanjirou se descolgó con prontitud del tejado que inspeccionaba al verlos. Le alarmó encontrar a la chica luchando por contener al máximo el llanto que amenazaba con escapar por todo su rostro.
—Estaba… en el cuarto de nee-san… —como pudo, le cedió la custodia de Tomioka para poder sosegarse con un respiro más profundo de aire fresco. Necesitaba eliminar el temblor rasposo en su voz y cualquier indicio de lágrimas antes de encarar a las demás para cancelar la búsqueda.
Tanjirou sólo pudo dirigir una mirada afligida hacia el Pilar de Agua, quien, librado del agarre, se giró para redirigir sus pasos hacia la zona que tantos se negaban a pisar.
—Giyuu-san —el pelirrojo frenó su andar cuando se atravesó en su camino. Incluso si logró detener su trayectoria, no había captado su atención como tal… su mirada apagada continuaba perdida hacia la lejanía, centrada obstinadamente en la puerta de la alcoba que le habían hecho abandonar. Casi parecía esperar que Shinobu se asomase por ahí como todos los días… Y Tanjirou no podía permitir que se infringiese más dolor con ese vano autoengaño— ¡Giyuu-san! —insistió con más firmeza.
Esta vez, tan siquiera, consiguió que aquellos ojos muertos viraran en su dirección. Aunque fuese por un mínimo instante, había conseguido hacerle llegar hasta sus oídos el sonido de su voz.
Era un avance.
Sin embargo, no podía celebrarlo como hubiese querido… la angustia que expresaba su rostro preludiaba lo difícil que se le haría la sola idea de poner en palabras aquello que debía enunciar.
—Ella no está allí… —Rompió el silencio al fin.
Y aunque no hubo ninguna respuesta verbal por su parte, Tanjirou se sorprendió al percibir un brevísimo estremecimiento que sacudió con una punzada dolorosa las manos del Pilar.
Giyuu pareció oír y procesar sus palabras, y el joven cazador creyó hallar al fin un deje de esperanza de hacerlo regresar… O al menos, hasta que el revestimiento impenetrable de su abstracción volvió a absorber por completo al joven viudo.
—Regresemos con las chicas —propuso Kanao, una vez se hubo recompuesto lo suficiente para recobrar la fortaleza en su expresión. Jaló al hombre del brazo para ponerlo en marcha hacia uno de los sectores dedicados al área de enfermería, donde las niñas corrieron a recibirlo entre la preocupación y el alivio por haberle hallado.
—Kanao —Tanjirou la llamó por aparte, mientras las niñas guiaban al Pilar hacia una de las camas para vigilar que no se hubiese hecho daño deambulando—. Creo que ahora entiendo lo que me decías sobre traerlo de regreso… —su sonrisa esta vez se mostraba más optimista, contagiando también a la muchacha—. Él pareció escuchar y reconocer mis palabras… creo que si le damos tiempo, realmente podrá recompo…
—Olvídate de eso.
Ambos jóvenes voltearon a ver a la persona que interrumpió al cazador de los aretes llamativos. Sanemi terminaba de reacomodar su vendaje, incorporado en una de las camas próximas a ellos.
—Él prácticamente se dejó morir, ¿Qué no lo ven? —si bien sus palabras eran duras, Tanjirou pudo advertir que no lo decía con saña. No esta vez. Él, al igual que Giyuu, había perdido a la persona más importante en su vida después de las múltiples muertes sufridas en el pasado—. Lo único que están logrando es retrasar lo inevitable… Si eligió morir cazando demonios, nada de lo que hagan va a detenerlo.
Kanao habría reprochado sin dudar contra el Pilar de Viento, de no ser porque su camarada fue quien tomó la palabra primero.
—Sanemi-san, entiendo que veas todo negro en un momento así —obtuvo con ello una mirada desganada por parte del contrario, que no le hizo retroceder en su discurso—, pero el duelo llega a superarse eventualmente. Tanto tú como Giyuu-san podrán recomponerse en cierta medida, y entonces volveremos a enfrentar a Muzan para exterminarlo con todas nuestras fuerzas.
La respuesta despectiva que profirió Shinazugawa quedó prácticamente opacada ante la superposición de una cuarta voz.
—No, él ya no nos servirá.
Los tres cazadores presentes voltearon como acto reflejo, sorprendiéndose de encontrar allí, de pie, al misterioso nuevo integrante del grupo de Pilares.
—¿Ehh? —Tanjirou contempló con una intrigada confusión al hombre— ¿Quién es…?
—Es el Pilar del Espejo —aclaró Kanao, sorprendiendo al pelirrojo en cuanto notó un deje de hostilidad asomar discretamente por su expresión contrariada.
En el transcurso de esos días, la chica le había comentado acerca del susodicho y de aquella aura sospechosa que todos sentían manar de él. En un principio aludió la desconfianza conjunta a los recientes acontecimientos y los ánimos decaídos entre toda la organización, pero teniéndolo de frente…
Sí transmitía una sensación incómoda que no podría manifestar en palabras concretas. Su aroma se sentía tan difuso como el aire mismo, tornando su presencia imposible de notar para cualquiera sino hasta que se decidió a abrir la boca con aquél comentario desatinado… ¿Cuánto tiempo llevaría allí parado, espiando su conversación?
Los ojos oscuros de Ritsu permanecían indiscretamente clavados sobre la figura inmutable del Pilar de Agua, ajeno a la tensión que comenzaba a acumularse a varios metros, dese la esquina donde se celebraba esa improvisada reunión de cazadores.
Sanemi emitió un discreto gruñido antes de ponerse de pie. La presencia de aquél sujeto no era bienvenida, y no tuvo reparos en hacérselo saber.
—¿Qué quisiste decir con que "no nos servirá"? —podrá haber proferido palabras duras sobre la situación actual, pero su punto de vista oscuro y pesimista distaba abismalmente del comentario desagradable que le oyó decir al chico nuevo.
Sin deshacerse nunca de aquél deje de sonrisa falsa, los ojos oscuros del cazador retornaron a la figura del Pilar de Viento.
—Escuché que la fuerza del Pilar de Agua era digna de admiración, pero si se dejó degradar al nivel de un bulto inservible sólo por perder a su esposa, lo mejor será buscar a alguien que cubra su puesto como tiene que ser y dejar de perder el tiempo con él.
La rudeza desconsiderada del comentario no tardó en mellar los ánimos ya tensos entre el grupo.
—¿Qué dijiste, pedazo de mierda? —Shinazugawa fue el primero en sujetar con brusquedad el cuello de su uniforme. Podrá haber tenido sus roces con Tomioka en el pasado, así como con la mayoría de gente; pero degradarlo como él lo hizo, así como pisotear tan tranquilamente la memoria de Kochou, era algo que no estaba dispuesto a dejar pasar.
De no ser porque Tanjirou fue más rápido en retener a Kanao con un ademán, estaba seguro de que habría sido la siguiente en saltarle a la yugular.
—¡¿Cómo puedes decir algo tan desagradable de quienes han luchado tan valerosamente hasta perderlo todo?! —Tanjirou secundó su recriminación, mas eso no pareció alterar al supuesto Pilar en lo más mínimo.
—¿Desagradable? —Ritsu ladeó ligeramente su cabeza hacia un costado, sin cambiar su expresión ante las amenazas. Parecía no comprender a qué se debía tanta hostilidad hacia él—. Ya veo… Parece ser que dije algo ofensivo —resolvió con tranquilidad—. No se lo tomen a pecho. Sólo hice una observación lógica para mejorar la efectividad del grupo.
—¿Y tú te piensas que pisotear a tus compañeros va a mejorar la "efectividad del grupo"? Te abriré y te sacaré las entrañas, hijo de perra —la sonrisa amenazante de Sanemi cobró un tinte más macabro cuando se tronó los dedos restantes de su otra mano, alertando a Tanjirou. Él sabía muy bien que al albino no le temblaba el pulso a la hora de concretar sus amenazas.
—¡Sanemi-san, no le sigas el juego!
—¡Tú cállate! Apuesto que Kanao también se muere de ganas por bajarle los dientes a este tipo.
Una gota de sudor frío se escabulló con prontitud por el rostro tenso del pelirrojo. Si de por sí no sabía cuánto tiempo más iba a contenerse el Pilar de las Flores, pedirle al otro que hiciera lo mismo iba a ser de plano imposible.
De no ser por el anuncio proferido por un par de cuervos, habrían producido bajas entre sus propias filas esa tarde.
—¡Tsuyuri Kanao! ¡Kagamine Ritsu! ¡Deben partir con urgencia hacia el norte! ¡Hubo avistamientos de una posible Luna Superior!
La alerta alarmó a todas las personas presentes en la enfermería. En especial a aquellos heridos que, incapaces de huir o defenderse, se sintieron ahogados una vez más en la desesperación de vivir otra noche infernal como la que prácticamente los había arrasado poco tiempo atrás.
—Parece que tendrás que prorrogar tus amenazas para otro momento —el comentario ligero que liberó Kagamine con tanta tranquilidad, no hizo más que alimentar la potencia del tornado destructivo que Sanemi deseaba liberar contra él.
No obstante y ante la repetición del mensaje de los cuervos, se vio obligado a soltarlo con una notoria brusquedad. Chasqueó la lengua y guardó sus manos en los bolsillos del pantalón para retirarse; su presencia no era requerida para esta misión, pero ya buscaría otra oportunidad para despedazar a gusto al bastardo.
Nadie consiguió evitar que Giyuu se pusiera de pie ante el llamado, su intención de participar pese a no haber sido solicitado estaba más que clara.
—¡Tomioka-san!
—¡No vayas!
Las niñas se le colgaron con desespero con tal de evitar dejarlo marchar. El recuperarlo con vida fue casi un milagro para ellas, y lo último que querían era perderlo a él también.
Por fortuna, las súplicas de las pequeñas parecieron alcanzar los oídos del cazador. Tal y como había hecho previamente con Tanjirou, sus ojos abandonaron por ese instante la abstracción absoluta para centrarse en las miradas vidriosas de las niñas, a quienes no se sintió capaz de desobedecer.
Detuvo su marcha, mas no sus intenciones de acompañar al grupo a darle caza a la supuesta Luna Superior.
Tanjirou podía leer esa determinación con toda claridad, intuyendo junto con Kanao una próxima fuga en cuanto Aoi y las niñas le retiraran los ojos de encima…
Intercambió una rápida mirada con el Pilar de las Flores, quien no se mostraba tan convencida como él de permitirle partir.
—Será mejor así, Kanao —insistió—. Si lo llevamos con nosotros al menos podremos tenerlo vigilado.
Ella pareció pensarlo más detenidamente, no pudiendo dejar de lado los rostros suplicantes de las niñas y la mirada consternada de Aoi desde la puerta de la enfermería.
—Está bien —accedió al final. Tomó un hondo respiro para encaminarse hacia donde las pequeñas se encontraban, mientras que Tanjirou buscó con prisa el encargo que resguardaba para su superior—. Sumi, Naho, Kiyo —los tres pares lacrimosos de ojos ascendieron hasta ella. Kanao era plenamente consciente de que sus sonrisas no lograban transmitir la misma paz que la de las hermanas Kochou, pero intentó poner su mejor esfuerzo en aquella que acababa de esbozar para darle ánimo a las tres mencionadas. Una a una, acarició sus cabezas para que de a poco fuesen aflojando el agarre sobre las ropas del cazador—. Tanjirou y yo nos aseguraremos de traerlo de regreso, ¿bien? —intentó alentarlas.
Y por supuesto que las niñas no se miraron muy convencidas a primera vista… Después de todo, Shinobu les había hecho la promesa de regresar con ellas después de cada misión. Kanao lo sabía, pero carecía de cualquier otra habilidad en su limitado repertorio que le permitiese transmitir algo de paz a las almas ajenas.
De no ser por la intervención de Aoi, quizá no habría conseguido persuadirlas.
—Niñas, dejen que se vaya —reafirmó, llevándose así todas las miradas cuando se aproximó a la escena. Lejos de mostrarse convincente, la jovencita parecía ser la más reacia, a juzgar por aquella mirada de angustia que tan tercamente se obligaba a clavar hacia un costado.
Kanao la miró expectante, hasta que Aoi se decidió a encararla con su habitual ceño fruncido.
—Por favor, asegúrate de que todos regresen en una pieza —le pidió— … Incluyéndote.
Aún cuando lo recubría bajo densas capas de enojo, ella podía ser perfectamente quien más impotencia sentía al no poder hacer más que aguardar en la hacienda mientras todos arriesgaban sus vidas… Kanao la comprendía sin necesidad de hablarlo de frente, siendo presa del mismo sentimiento hacia las destrezas médicas que sí poseía la chica.
Era frustrante para ambas, pero así estaban dispuestas las cosas: Kanao debía desempeñar su deber como sucesora en el campo de batalla, mientras que Aoi heredaría los conocimientos médicos de Shinobu para mantener su legado.
Lo único que podían hacer, era dar lo mejor de sí en sus respectivos rubros.
Tras un breve silencio electrificado en una tenue tensión, la joven Pilar asintió diligentemente a su pedido, y fue entonces que las pequeñas accedieron muy despacio a soltarse para liberar al cazador. Aoi las recibió en reemplazo de su anterior soporte, sosteniendo una temblorosa mirada exigente sobre los ojos avioletados de la heredera.
Nadie más podía permitirse sufrir otra pérdida.
Kanao lo entendía mejor que nadie, y se comprometió a impedir que algo así volviese a ocurrir.
—Giyuu-san —el llamado de Tanjirou pareció captar la atención del cazador, quien observó desde su indisoluble mutismo el paquete que el joven cargaba envuelto en una tela púrpura.
El pelirrojo retiró el envoltorio para dejar al descubierto la tan conocida empuñadura de su espada, la cual Tomioka recibió con la naturalidad de siempre para desenvainarla de manera parcial. La hoja azulada estaba completamente reparada y lista para ser exprimida en su máximo potencial.
Envainó su arma y la deslizó por el costado de su cinturón para retornarla a su sitio.
Sólo por un breve momento, el contemplar aquella imagen les hizo sentir que Tomioka estaba de regreso.
El paisaje nocturno era consumido a gran velocidad en el recorrido que los cazadores trazaban por el bosque. La luna llena dotaba una escasa visibilidad por culpa de los nubarrones que engullían su brillo en las alturas, haciendo más tedioso el trayecto para el pequeño grupo.
—¿Hm? ¿No hay más personas de las que llamaron? —tras un tenso espacio de silencio, el Pilar del Espejo decidió romperlo con un sutil martillazo a los ánimos de por sí enervados en el grupo.
—Giyuu-san y yo no estorbaremos —se limitó a responder Tanjirou, antes de que Kanao sucumbiese ante la tentación de desenvainar y afilar su katana contra el cuerpo de su colega.
Ritsu masticó esa respuesta con la misma e inquietante sonrisa falsa de siempre, por lo que el joven pelirrojo no halló manera de discernir cómo se tomó su contestación. Su olor insípido tampoco le daba ninguna pista acerca de las emociones que pudiese contener aquella misteriosa cabeza, pero de alguna forma intuyó que no le desagradó la idea.
—Bueno, mejor así —expresó finalmente. La mirada que fijó sobre Tanjirou elevó varios grados la intensidad de su inquietud—. Ya que estás aquí, ¿podrías usar tu famoso "aliento del sol"?
—¿Eh? —confundido, parpadeó intrigado acerca de su pedido, pero Ritsu no volvió a aclararle la duda.
El rumor de unos gritos emergiendo por entre los árboles le obligó a dejar de lado el tema, cuando el Pilar de Agua se precipitó directo como una flecha hacia aquella dirección.
—¡Giyuu-san! —exclamó Tanjirou, alertado ante la posibilidad de que se les escapara.
—¡No te preocupes, voy tras él! —informó Kanao —. ¡Ustedes sigan!
La joven apuró el paso todo lo que pudo, valiéndose de la lentitud adicional que aquejaban las heridas aún presentes en el cuerpo de su superior para alcanzarlo antes de que algo le pasara.
—Cielos, se supone que debíamos mantenernos juntos —comentó el Pilar restante, ganándose de nuevo una mirada intrigada por parte del menor. ¿Qué pretendía?—. Por cierto —mencionó de nuevo—… espero que hayas venido preparado.
—¿Eh? —la última advertencia que le dedicó antes de desaparecer en un borrón casi imperceptible, le generó una inquietante sensación de peligro que, bien identificada, se manifestó de inmediato cuando un demonio se le abalanzó de entre la oscuridad.
Apenas por puro reflejo logró contrastar las afiladas garras de la bestia con su espada, tras lo cual dio un giro violento en el aire con el que logró quitarse de encima a su atacante.
Tanjirou aterrizó forzosamente sobre la tierra. Sus sentidos se habían despertado del todo, y su olfato comenzó a buscar cualquier mínimo rastro que le diese una pista del demonio en medio de la penumbra.
Los olores se arremolinaban en su nariz como una mezcla de pintura aguada… Podía llegar a distinguir el aroma que desprendía el demonio por el de la grava mojada; pero había una fragancia diferente que juraba no haber percibido antes… Olía muy similar a él.
La velocidad del demonio no bastó para tomarlo por sorpresa. Tanjirou ya aguardaba listo con una técnica pronta a ejecutar tras rastrearlo en medio de la negrura, y de un certero sablazo, alcanzó a cercenarle un brazo con una técnica de la respiración de agua.
Grande fue su sorpresa al ver que un segundo brazo salía volando del otro lado cuando, al girar, se topó con su propia imagen reflejada como si de un espejo se tratara.
El demonio, mutilado ahora por ambos costados, cayó a tierra con un pavoroso grito de agonía. Ante su mirada atónita, la ilusión óptica de su doble se desvaneció tras finalizar la emboscada.
—Te dije que usaras el aliento del sol —reprochó Kagamine, sacudiendo la sangre de su espada con la misma sonrisa falsa que tallaba su rostro.
—¿Qué…? —aturdido, el aroma que anteriormente percibió como similar al suyo se diluyó en el aire, junto con los retazos del espejismo— ¿qué fue eso? —articuló al fin.
Sus ojos captaron de inmediato el patrón inusual de su espada. Había llegado a ver infinidad de armas entre el arsenal de los cazadores, pero hasta ahora, ninguna con ese curioso color negro atravesado por rayas blancas.
Le recordaba al haori de Iguro.
—Por algo soy el Pilar del Espejo —rectificó Ritsu, tras decapitar al demonio antes de que pudiese volverse a regenerar.
—¿Tu respiración te permite imitar al otro hasta en el olor? —observó atento sus movimientos, mientras los restos del demonio se desintegraban en el aire como motas de polvo seco.
—Podría decirse —afirmó, regresando la espada a la vaina —. Por eso necesito aprender cuanto antes a imitar el aliento del sol… Debo añadirla a mis registros antes de que mueras y se acabe perdiendo.
Tajirou se sintió petrificado ante la barbaridad que le acababa de soltar en la cara como si tal cosa. Casi podría agradecer la irrupción desesperada de aquél cazador que, maltrecho y alarmado, tropezó hacia ellos desde unos arbustos para disipar el ambiente denso y desagradable que se había formado.
—¡A-ayuda! —balbuceó apresurado — ¡Apareció un demonio e-enorme y terrible que liquidó a todos!
—¡Tranquilo! Nos encargaremos de eso —la disposición natural del pelirrojo por socorrer al necesitado primó más que el impacto generado por su superior. Tras ayudar al muchacho a incorporarse, verificó la gravedad de sus heridas—. ¿Estás bien? ¿Qué pasó con el resto de tu grupo?
—¿Dónde está el demonio? —Kagamine cambió el rumbo de la pregunta con la misma falta de tacto que le caracterizaba.
—E-está más atrás —con su brazo tembloroso, señaló hacia un punto entre los árboles.
—Puedo oler un rastro de sangre en esa dirección… —musitó el pelirrojo.
—Bien, entonces no hay tiempo que perder —fue así como, sin inmutarse en lo más mínimo ante el pánico que desbordaba del aterrorizado superviviente, Ritsu se adentró directo en la boca del lobo como si de un paseo por el parque se tratara.
Con la potencia desbordada de una marea embravecida, la hábil hoja del Pilar de Agua dejó tras sí una estela de cadáveres deshaciéndose en el camino.
Kanao apenas podía seguirle el rastro, rematando a algún que otro demonio que no hubiese llegado a sucumbir por completo ante los primeros sablazos.
—¡Tomioka-san! —lo llamaba cada tanto, cuando lo sentía alejarse demasiado pese a las heridas que aún cargaba, y que sin duda podían abrirse ante la matanza descuidada que se empeñaba en sembrar.
Quizá estos demonios eran aún unos débiles esbirros recién transformados; pero saltaba a la vista que con esa descuidada purga, en la que su única prioridad era matar sin protegerse, lo único que conseguiría sería añadir más heridas frescas a su colección.
Debía alcanzarlo y hacer algo al respecto, antes de que de verdad se topasen con alguna Luna Superior o cualquier otro demonio capaz de aprovechar esas aberturas para hacerle daño.
Tras una inhalación profunda que oxigenó su cuerpo con la capacidad necesaria para desplegar el aliento de las flores, la recién nombrada Pilar se elevó en las alturas, favoreciendo el uso de su técnica tan delicada como mortífera para limpiar el camino del resto de las amenazas.
Giyuu aceleró el paso; pero ella también. Aún cuando su prioridad había sido protegerlo de futuras lesiones, le resultó llamativa la alarmante cantidad de demonios que circulaban por la zona… No había visto una cantidad tan concentrada desde aquella noche…
—¡Por aquí, ayuda!
Ambos pares de ojos se fijaron en la mano ensangrentada que se sacudía en el aire para llamar su atención.
La señal de auxilio resultó provenir de la entrada de un pequeño pueblo que, hasta no hace mucho, habría sido una próspera tierra de leñadores… Ahora, los restos de las edificaciones que aún se mantenían en pie, eran consumidos por las llamas moribundas que quedaron del desastre, así como todo rastro de vida en el lugar.
—¿Qué está pasando? —Interrogó Kanao; mas una rápida mirada a los alrededores le bastó para detectar varios cuerpos apilados en el piso y dispersos por la callejuela principal. La mayoría de ellos pertenecían a las criaturas de la noche, evaporándose hacia las alturas junto con el hollín ardiente de la madera quemada.
A pesar del daño permanente en su ojo derecho, hubo un detalle escondido que no se le pasó por alto.
Despacio, Kanao se agachó para examinar mejor uno de los cadáveres enemigos, encontrando entonces una sospechosa pero evidente mordedura que había arrancado su garganta…
—V-vinimos a darle soporte a otros colegas. ¡Eran demasiados demonios!, fue un completo caos —Explicó como pudo, quizá buscando una justificación que validara el número de bajas—. Para cuando llegamos, los demonios estaban por todas partes, y-y entonces…
El grito alarmado con el que el novato interrumpió su informe la puso en alerta. De no ser por la reacción pronta de Tomioka, quien desvió el rumbo de la bestia con una veloz puñalada, habría otro cuerpo que enterrar por la mañana.
—¡Tomioka-san! —alertó la joven, percatándose de que esta vez, el demonio no iba a ser un neófito fácil de domar. Tanto sus rasgos como sus marcas, delataban la trayectoria que debía tener como un come hombres experimentado.
Giyuu lo sabía. Afirmó el mango de su espada con una postura que le permitiera contrarrestar con mayor comodidad, y sin decir una palabra, proclamó aquella presa como suya con la siguiente marea que desplegó contra él.
La hoja de su espada habría cercenado de cuajo su cabeza, de no ser por la habilidad de sangre de aquél monstruo, quien a duras penas eludió su arremetida con un amplio retroceso.
Los troncos cercanos a su estocada sucumbieron con un corte limpio; un daño colateral que sirvió para darle pauta al demonio del nivel de su contrincante.
—Tsk, como si no tuviésemos suficiente trabajo ya —bramó el ser de piel grisácea.
El extraño comentario no le pasó desapercibido a Kanao, quien observó con suspicacia al enemigo.
¿De qué trabajo hablaba?...
Fuera lo que fuese, debía tratarse de una orden de Muzan. Y si ese era el caso, más razones tenía para acabar pronto con los demonios allí reunidos.
Lo más tedioso de enfrentarse contra un demonio experimentado, era que a ellos no se les pasaba por alto el movimiento de sus adversarios. De inmediato detectó la mano que la chica llevó a la empuñadura de su espada; y sabiendo que no sería rival para enfrentarse a dos Pilares, emprendió una huida táctica que Tomioka no estaba dispuesto a dejar pasar.
Kanao apretó los labios al verlo partir. Aún sentía sobre sus hombros la presión de acompañarlo para asegurar que regresase ileso, pero no podía irse sin terminar de verificar la situación actual en el terreno y asegurar al muchacho.
—¿Fue este el demonio que…
Las palabras de la cazadora murieron abruptamente cuando, al voltear, se topó de lleno con un mar de sangre brotando a borbotones desde el cuello cercenado de su subordinado.
Alarmada e impactada ante su descubrimiento, desenvainó su arma y adoptó de inmediato una postura defensiva ante lo que fuese que hubiese decapitado al chico…
Estaba claro que el demonio que salió huyendo no había sido, y en ese brevísimo instante en el que se distrajo, no percibió ningún rastro ni presencia que delatara el accionar del enemigo a tan corta distancia… Prácticamente habían asesinado a su colega ante sus narices, y la tensión con la que sujetaba el mango de su espada no hizo más que incrementar cuando aquella voz congeló el ambiente y a ella misma.
—¡Vaya! ¿No habías terminado de hablar con él?
Nunca en su vida, ni en toda su trayectoria como cazadora, así como tampoco en aquella fatídica noche, había sentido un escalofrío tan brutal como el que casi la hizo caer de rodillas en ese instante.
Sus fuerzas simplemente se habían evaporado; su espada temblorosa, así como ella misma, se mantuvo erguida a costa de la descomunal tensión acumulada en cada músculo de su cuerpo.
Una vez más, las abundantes capas de sudor que acudieron a su piel sustituyeron ese grito silencioso que retumbaba dentro suyo con una potencia escabrosa.
Tragó grueso, al tiempo que una densa gota emprendía caída libre desde su mentón.
Y le costó moverse.
Le costó reunir el valor necesario para voltear y corroborar con sus propios ojos, que no había sido el producto de su perturbada imaginación.
Una sonrisa tan conocida como burlona se formó en los labios del responsable, haciendo que toda esa abrumadora gama de emociones desenfrenadas trepasen por su cuerpo como una marea incontenible hasta engullirla, ahogándola como aquella noche.
—Tú no… —musitó apenas. La garganta se le había cerrado por completo, estrangulando su voz.
Su sonrisa se acrecentó. Con una de sus manos, elevó el trofeo que había arrancado del cuello latente minutos antes, y fingió un cordial arrepentimiento.
—Lo siento, pensé que ya no lo necesitabas más, así que lo tomé.
—¿Un demonio que come a otros demonios? —repitió Tanjirou, una vez oído el relato del muchacho que ahora ayudaba a caminar.
El chico asintió.
—Nos atacó a nosotros también… La verdad, se convirtió en un todos contra todos de un momento a otro… —el temor aún brillaba con intensidad en sus ojos tras toparse con un monstruo nunca antes visto—. Pero… vi claramente cómo los otros demonios intentaban atacarlo, y cómo él se los comía.
Tanjirou frunció el entrecejo, confundido.
—¿Qué significa esto…?
—Podría tratarse de Kibutsuji —sugirió Ritsu, varios pasos más adelante; mas el muchacho negó.
—No, imposible.
—¿Cómo lo sabes? —Tanjirou enarcó las cejas—. Muzan puede cambiar su aspecto fácilmente, podría tener cualquier apariencia ahora.
—No, aún así, ese no era Muzan —volvió a afirmar—. Esta cosa era distinta… Era como un animal… O incluso menos que eso —pasó saliva con un creciente nerviosismo, sin hallar las palabras correctas para describir a la criatura que había presenciado—. No parecía mostrar signos de inteligencia, más bien se veía como si actuase por instinto…
Más confundido que antes, a la vez que preocupado por la nueva clase de demonio que habría surgido, el pelirrojo entrecerró los ojos, antes de volver a ver al frente. Kagamine se había detenido ante lo que parecían ser cuerpos desperdigados por el suelo ensangrentado…
O lo que quedaba de ellos.
—Esto se pone interesante… —musitó, mostrando la misma indiferencia tanto para los restos enemigos que no se habían evaporado del todo, como de los que claramente pertenecían a los de sus camaradas.
El joven que escapó de sufrir el mismo destino que sus compañeros allí desparramados, estuvo a punto de resbalar del hombro de Tanjirou cuando las arcadas se acumularon en su garganta; mas no había tiempo que perder. Con gran alarma, alertó a su colega y al Pilar del peligro.
—¡Los cuerpos de los demonios aún están frescos! Si no se han desintegrado del todo, quiere decir que esa cosa sigue cerca.
—Bueno, en ese caso nos ahorrará el trabajo de buscarlo.
Tanjirou también sintió la necesidad de protestar y compartir algo del sentido común que, al parecer, a su superior le faltaba.
—Deberíamos volver a reunirnos con Kanao y Giyuu-san —sugirió—. No sabemos qué esperar de esta cosa, y tenemos un herido…
Toda oportunidad que pudieron haber tenido para retroceder y elaborar una estrategia segura se vio truncada de cuajo, cuando el eco siniestro de una criatura desconocida se filtró por entre los endebles troncos de los árboles hasta atravesar sus cuerpos con una correntada fría.
Tanjirou apretó los dientes con fuerza. Cada célula de su cuerpo se estremeció a gritos, alertándole de la inminente llegada de la bestia, cuyo aroma agrio se entremezclaba con el de varios demonios a quienes podía escuchar gruñir y gritar con fuerza.
Ritsu llevó rápidamente su mano hacia la empuñadura de su arma, justo en el momento en el que una veloz y contundente correntada cortó el aire ante sus narices. De haber estado a tan sólo un paso más adelante, habría sido embestido por la fuerza arrolladora de aquél ser, quien se había ido a estampar contra una pendiente rocosa a no mucha distancia de donde el grupo se encontraba.
Aún entre la espesa negrura de la noche, la mirada incrédula de Tanjirou pudo dar cuenta del horror de aquél deforme ser, cuando uno de los densos nubarrones dio paso a una breve iluminación que dio cuenta del demonio que acababa de estamparse contra las rocas, cual toro embravecido.
Además del adversario contra quien había arremetido, pudo distinguir de inmediato cómo varios demonios colgaban como meros accesorios del cuerpo pútrido de aquella cosa. Sus extremidades atrapadas entre sus carnes, eran lentamente engullidas como si de un pantano de arenas movedizas se tratara; y la descomposición que se derramaba como una capa de brea espesa de su piel ampollada, le dejó pasmado con un horror seco durante unos breves segundos.
El colega que sostenía con su otro brazo fue el primero en romper en pánico al volver a toparse con la criatura, al tiempo que los demonios que aún mantenían su consciencia viraron de inmediato en dirección al grupo, atraídos como pirañas por el tentador aroma de la sangre.
—¡No te quedes ahí congelado, muévete! —Ritsu no pareció inmutarse en lo más mínimo ante la escabrosa escena que acababa de instalarse hacía apenas instantes ante él. Y tras aquella bofetada verbal, Tanjirou sintió que el tiempo volvió a correr con una apremiante velocidad, acrecentada por el pánico.
—¡¿Qué hacemos?! —bramó. El chico a su lado intentó huir. Eran demasiados demonios hambrientos por una cuota de sangre que les permitiera recuperarse, sumado a una criatura hasta ahora desconocida.
—Nuestro objetivo es la criatura. Ayúdame a rodearla— Kagamine desenvainó rápidamente, haciendo que Tanjirou imitara su gesto tras liberar el agarre en su aterrorizado camarada.
—¡¿Qué hacemos con el resto de los demonios?! —aún si lograban hacerle frente a la criatura entre dos, no podían ignorar aquellas afiladas bocas que no dudaron en apuntar hacia ellos.
—Lo tengo cubierto, ¡ahora cubre el flanco izquierdo! —sin una pizca de duda en su actuar, Ritsu se volcó hacia el lado derecho para rodear al enemigo de su interés.
El pelirrojo ya se preparaba para desplegar un movimiento efectivo que pudiera mantener a raya a la criatura, cuando, sin siquiera dudarlo, varios de los demonios allí atrapados cortaron sus propias extremidades para liberarse y lanzarse como perros de cacería por la brecha que quedó abierta entre ambos cazadores.
Tanjirou se dio cuenta demasiado tarde, e incluso cuando el tiempo pareció transcurrir con una tortuosa lentitud, su cuerpo permaneció atrapado en una velocidad pasmosa que no acompañó al ritmo de su mente.
Impotente, y desesperado, buscó al Pilar que había afirmado tener todo cubierto antes de lanzarse a la batalla… Pero Ritsu no le prestó ni la más mínima atención a los demonios que escaparon.
Fue allí cuando comprendió cuál era realmente la estrategia que había formulado para librarse de la carga adicional que suponía el exceso de enemigos…
Tras apretar con furia la mandíbula y forzarse a dar un giro en redondo, consiguió redirigir su técnica del dragón de agua hacia las bestias hambrientas que se habían lanzado contra la yugular de su camarada incapacitado. Logró cortar a varios por la mitad; mas eso no impidió que le alcanzaran…
Tras exhalar un último suspiro cargado de agonía, el cuerpo desgarrado del novato cayó a los pies de un árbol, antes siquiera de que Tanjirou pudiese llegar a tiempo para atraparlo entre sus brazos.
—¡Resiste! ¡Oye! —rogó con desesperación. Pero su corazón acababa de detenerse, y supo que sus ojos jamás volverían a abrirse.
A sus espaldas, el eco de la batalla crujía con ferocidad. El flanco que había quedado abierto le otorgó una vía de escape perfecta a la criatura, impidiendo que el Pilar pudiese completar su tarea cuando se libró del filo de su espada y se perdió en el follaje.
—Te pedí que me dieras soporte —le recriminó, aunque sin una mota de enfado o emoción alguna que turbase el tono de su voz—. Era tu oportunidad para mostrarme el aliento del sol.
—¡Tú…! —Tanjirou volteó a verlo con las lágrimas furibundas apenas contenidas. De haberlo tenido más cerca, sin ninguna duda le habría propinado el puñetazo que se merecía por su estrategia rastrera y cobarde—. ¡Dijiste que lo tenías cubierto, y sólo lo usaste de carnada!
Kagamine no pareció comprender las razones del enfado al que se enfrentaba.
—Era la opción más lógica, ¿cuál es el problema?
La indiferencia fulminante con la que terminó de expresar su pensamiento, fue la gota que colmó el vaso.
Sólo por el respeto que le guardaba a los difuntos, Tanjirou reprimió las ganas que tenía de lanzarse contra él en ese preciso instante. Apoyó con cuidado el cuerpo mutilado del novato, y amenazó con una mirada cargada de ira e impotencia al desalmado Pilar.
—Ahora comprendo por qué los demás Pilares te odiaron desde el primer momento… —musitó—. Tú no consideras ni a tus propios camaradas como personas…
El demonio claramente no quería tener que enfrentarlo. La persecución se había extendido más de lo que pretendía, pues su presa no hacía más que eludir con prisa cada estocada que le propinaba con su espada, dificultándole la cacería.
Incluso sopesó la idea de que algo no andaba bien, ya que la criatura de la noche se veía bastante urgida por perderle el rastro para ocuparse de otra clase de asuntos… O al menos así había sido, hasta que pareció asumir el hecho de que no lograría quitárselo de encima a menos de que se enfrentase a él y saliese victorioso.
Con una evidente muestra de hastío nervioso en su rostro y en el aterrizaje forzoso con el que derrapó al voltear hacia él, la criatura desgarró sin miramientos la carne de su propio brazo para que su sangre se condensara en una espesa y rojiza neblina.
—¡No tengo tiempo para lidiar con distracciones, pero si tanto insistes en morir, te daré el gusto! —bramó— ¡Así seas un Pilar…!
Giyuu no estaba interesado en oír las palabras que un mugroso come-hombres tuviese para decir. Cercenó su cabeza a través de la niebla con un movimiento fugaz, acabando de cuajo con el problema de una vez por todas.
Quizá, de no haber bajado la guardia al momento de la ejecución, habría tenido más chances de esquivar la estocada que recibió sobre su hombro derecho en ese preciso instante, impactando justo sobre la herida más prominente que aún no acababa de cerrar.
Reprimiendo un incontenible quejido ante la punzada voraz que le había hecho perder el equilibrio hasta caer y rodar unos metros más adelante, Tomioka se aferró por instinto al mango de su arma, listo para dirigir su hoja contra el siguiente cuello a cercenar.
Los nubarrones que engullían la luna dieron paso a una luz blanquecina por todo el predio; sólo comparable con la palidez horrorizada que le subió de golpe al rostro, paralizándolo.
La empuñadura de su arma casi resbaló de sus manos.
—¿Así que eres un Pilar?~…
El demonio avanzó hacia él. Sus pasos gráciles y pausados daban cuenta de la poca prisa que tenía por liquidarlo, y su sonrisa condescendiente sólo confirmaba la seguridad que se tenía para llevar a cabo esa tarea.
Pudo haber sido la expresión deformada en la más horripilante incredulidad lo que la motivó a romper cualquier distancia, o quizá el producto de su propia soberbia lo que la llevó a ir más lejos y sentarse a horcajadas entre sus piernas. Cualquiera que fuese el motivo, estaba claro que no le preocupaba recibir un ataque sorpresa por parte de su inerte y abstraída víctima.
—Es bueno saberlo… —prosiguió entonces, tras tomarse el descaro de posar su mano contra la mejilla pálida del cazador y depositar en ella una caricia delicada—. Espero que alguien de tu calibre logre saciar mi apetito…
Sólo cuando ella pronunció esas palabras, los orbes incrédulos del cazador se contrajeron, despertando de la pesadilla.
Eso no era un simple sueño… el filo de sus garras contra su piel le dieron la pauta suficiente para saber que esta vez, sus alucinaciones eran reales…
Intentó hablar.
Intentó proferir aunque fuese un débil murmullo a través de su garganta seca, cuando la vio retraer su mano y juntar sus afiladas uñas dispuestas a perforarle el pecho.
Pero todo lo que pudo musitar, fue un vano intento de susurro estrangulado.
—Shi… nobu…
Quizá a estas alturas ya les haya resultado predecible el rumbo al que giraría la trama, aunque de todos modos quisiera saber si así y todo logré sorprender a alguien XD
Ahora que Shinobu ha vuelto como demonio, ¿qué creen que hará Tomioka? ¿Cumplirá con su deber y con su propia filosofía de vida, o reniegará de él con tal de permanecer a su lado?
Comenten, comenten sus teorías sobre las posibles opciones de Giyuu y lo que puede llegar a pasar XD
Como pudieron apreciar, este capítulo está cargado con un montón de nuevos elementos: el regreso de Shinobu, la criatura come demonios, la participación del nuevo Pilar... Y con respecto a Ritsu, ¿Qué piensan de él? Estoy segura de que no soy la única que desea verlo tirado en una fosa común(?).
Aún así y pese a lo hdp que es, me tomé el tiempo de dibujarlo para que puedan darse una imagen más clara al momento de visualizarlo. Pueden ir a verlo en mi Twitter, el cual encontrarán en mi perfil.
Sin más que agregar, sólo quiero advertirles que más allá de esto no tengo nada más. Normalmente prefiero tener un par de capítulos terminados con antelación antes de publicar uno nuevo, pero en este caso ya se me terminó el rollo XD tengo que sentarme a escribir y preparar la siguiente parte, así que me llevará algún tiempo.
Gracias a todas aquellas bellas personas que me dedican alguna que otra palabra en sus reviews, de verdad. Son sus comentarios los que me impulsan a seguir. Estoy ansiosa por conocer las reacciones de cada uno con este capítulo.
¡Nos leemos!
