LOS ESPEJOS ROTOS DE LA MEMORIA (13)
Harvist Road, Queens Park
- ¿Pero habéis quedado más o qué? - preguntó Abby, moviendo sus piernas nerviosamente en el sofá, mientras su padre le traía un té.
- Bueno, comimos el otro día juntos, pero nada más. Ha tenido una semana muy complicada y yo… me han asignado un caso de robo que no estaba progresando – la joven agarró la taza y la envolvió con sus manos, disfrutando del aroma.
- Eres un hombre muy inteligente y capaz, papá. Seguro que lo resuelves pronto – Greg sonrió de lado, agradeciendo la confianza de su hija al sentarse a su lado – De todas formas, supongo que os escribís mensajes – dejó caer, dándole el primer sorbo a su bebida. El moreno asintió, casi sin darle importancia. Abby lo miraba de lado, esperando a algo más, pero parecía que su padre se estaba cerrando en banda.
- ¿Qué tal con Kinney? - soltó de golpe, mirándola con una sonrisa- Cada vez que le pregunto por ti, el pobre chico se pone morado – la joven tosió un poco, pues la bebida se le había ido por el lado que no debía.
- Bien, todo genial, pero no estamos hablando de mi, papi, sino de ti y del señor Holmes…
- No, ahora estamos hablando de ti y de mi subordinado. Yo también tengo mi curiosidad, cariño - ¡Touche!, pensó la joven, algo sonrojada.
- Estamos bien, papá. De verdad, Scott viene a visitarme a veces, en sus días libres. No tienes por qué preocuparte por nada. Es un buen chico – Lestrade sonrió, apoyando su mejilla en la palma de su mano. Verla ahí, hablando de esa forma, le afirmó lo que se había resistido a ver durante mucho tiempo y que ahora ya era inevitable: su hija era toda una mujer y ya no podía protegerla de absolutamente todo. Lo bueno era que había coincidido con un chico a la altura de su confianza.
- Yo ya conocía a Mycroft de antes – empezó a decir Greg, llamando la atención de su hija- Fuimos juntos a la universidad, a St Andrews – Abby se acomodó entre los brazos de él, mirándolo con los ojos brillantes – No sé si es correcto decir que lo conocía, pues sólo fue una noche, pero fue lo suficientemente especial como para quedarme grabada durante mucho tiempo. Pasó todo muy deprisa, no quiero entrar en detalles, pues la mayoría son vergonzosos, pero a la mañana siguiente Myc se fue y nunca más supe de él. Hasta ahora – la joven se incorporó apenada.
- ¿Por qué se fue? - Greg resopló, reviviendo de nuevo la mañana cuando se levantó solo.
- Porque tenía otros planes de vida y un tipo como yo seguramente podría cortarle las alas – Abby desvió su mirada, algo molesta. No entendía por qué el señor Holmes había llegado a una conclusión así – No lo estoy justificando, pero puedo entenderlo desde una perspectiva actual. ¿Qué habríamos hecho juntos? La vida de entonces no era como ahora, aun sus libertades y revoluciones, por lo que no habría sido fácil que él consiguiera lo que tiene a mi lado -
- Eso no lo sabrás nunca, papá. De todas formas, y aunque me parezca una decisión cómoda, debo agradecerle que te dejara ese día – se encogió de hombros- Si no hubiera nacido, tu vida sería muy aburrida, ¿no crees? - Greg sonrió ampliamente, abrazando a su niña para darle varios besos.
- Eso no lo dudes nunca, cariño. Eres lo más especial de mi vida y no cambiaría nada de lo que he vivido por haberte tenido a ti – Abby dejó su taza a un lado y saltó a sus brazos. No podía tener un padre mejor y al que quisiera más. Era una chica afortunada.
Aquella paz conyugal se rompió en el momento en que el timbre sonó. Aún remolones, Greg tuvo que deshacer el abrazo de su hija para levantarse de su asiento e ir caminando, muy perezoso, hacia la puerta. Se colocó bien la camisa, justo para abrir la puerta, sintiendo de inmediato que el suelo se abría bajo sus pies.
- Connie… - dijo casi en un susurro - ¿Qué… qué es lo que estás haciendo aquí y…? ¿Qué hace este aquí? - frunció su ceño al darse cuenta de la presencia de Chase a las puertas de su casa. Si no podía aguantar la presencia de su ex mujer menos podía con la de este toy boy.
- Hemos venido a hablar contigo, Greg – dijo ella con voz solemne y una sonrisa que no le gustó nada. Chase, a su lado, asintió, formando una sonrisa similar que, con gusto, le habría roto.
- No pienso hablar contigo sin la presencia de mi abogado – replicó él, dando un paso hacia atrás para empezar a cerrar la puerta, pero la mano de Chase se interpuso, empezando a empujarla.
- No nos vamos a ir de aquí, Greg – dijo ella, negando la cabeza- No cuando hay tanto que hablar, pues no entras en razón – la cabeza de Abby se asomó por el pasillo, no entendiendo por qué su padre tardaba tanto en volver. Se le heló la sangre al ver a su madre y a ese imbécil - ¡Abby! - dijo Connie, haciendo el amago de entrar en el piso, pero Greg se interpuso con todo su cuerpo.
- Connie, por favor, no pongas las cosas más difíciles de lo que están – dijo negando con la cabeza, visiblemente agotado con ese situación- Estamos haciendo lo que debemos hacer, con nuestros abogados. ¿Por qué te empeñas en venir aquí a enredarlo todo de nuevo? - aquello afectó de más a la mujer, que se sintió atacada por el hombre que había sido su marido.
- ¿Que estamos haciendo lo que debemos hacer? Permíteme que lo dude, Greg, cuando estás poniendo trabas a todas las propuestas que mi abogado pone sobre la mesa. ¡Ninguna te gusta! Y así no podemos poner punto y final a esta agonía – Greg chasqueó la lengua, negando con la cabeza. ¿Agonía? Agonía era pensar que había estado casado con esa mujer y no podía quitársela de encima ni con agua caliente.
- Es mi última palabra, Connie – e hizo el amago de ahora sí cerrar la puerta.
- ¿Y qué pasa con Sherlock Holmes, uh? - dijo de golpe Chase- Se comenta que eres tan inútil que necesitas de la colaboración de aficionados al crimen para resolver los casos más sencillos – aquello enfureció a Greg, pues estaba hasta los cojones de semejantes insinuaciones y no lo iba a permitir más, mucho menos de este gilipollas engominado unicelular, por lo que no tardó en dar dos zancadas para agarrarle de las solapas de su abrigo y atraerle con brusquedad hasta quedarse frente a frente, mirándose a los ojos, aún los reclamos de Connie y las súplicas de Abby, a su espalda.
- Eres un mierda, Chase, y da gracias que no uso todas mis armas para meterte en chirona por gusto – dijo fuera de sí, entre susurros y apretando cada palabra con los dientes- ¿Te crees mejor que yo? ¿Te crees que porque te has llevado a Connie eres más hombre que yo? Porque si quieres te lo puedo demostrar ahora mismo… porque te juro, ¿lo oyes? Te juro que no pararía hasta hacerte llorar como el cobarde inservible que eres -lo soltó son desprecio, haciéndole tropezar con su propio pie por la fuerza que había empleado para alejarlo de él. Greg estaba furioso, hiperventilando por la nariz y apretando sus puños con ganas para no golpearle la cara hasta hacerlo sangrar. Abby se acercó a él y acarició su espalda, intentando así que se calmara, que serenara su respiración, pues temía que pudiera pasarle factura tanto estrés acumulado.
- ¡Eres un malnacido, Greg Lestrade! - gritó poseída Connie, abrazando a Chase, que se había quedado mudo, pero sin dejar de mirar al policía- ¿Quién te crees que eres para tratar así a las personas? ¡Esto es brutalidad policial!
- ¡Y una mierda! - espetó él, señalándola con el dedo- Y que sea la última vez que te presentas aquí – paró un momento- Esta ya no es tu casa y no eres bien recibida – Connie frunció el ceño y miró a Abby.
- ¿Y tú? ¿Piensas dejar que me hable así? - la joven balbuceó algo, sin saber qué decir, pues aquella situación la había superado. Amaba a su padre, pero tampoco quería ponerse en contra de su madre, aunque no llevara razón.
- No la metas a ella en esto – zanjó Greg- Esto es entre tú y yo y, como dijiste hace tiempo, Abby es ya mayor y está haciendo su vida – la mujer negó con la cabeza, mirándolos a ambos.
- Siempre ha sido así. Siempre os habéis unido los dos contra mí, siempre haciendo equipo y manteniéndome al margen de vuestras cosas – se tapó la cara, afectada. Chase se acercó y la abrazó para consolarla. Abby, también afectada por las palabras que le había dicho, se acercó a su madre para abrazarla, pero Chase lo evitó dándole un manotazo a la joven, algo que encendió definitivamente a Greg, que no dudó en propinarle un buen puñetazo en el ojo, estampándolo contra la pared. El grito de Connie se hizo resonar por todo el lugar, mientras Abby le suplicaba a su padre que se calmara, que no pasaba nada.
- ¡NI SE TE OCURRA TOCAR A MI HIJA EN TU PUTA VIDA! - gritaba descontrolado Greg, rodeado de los brazos de su hija, que no había podido aguantar más las lágrimas y se aferraba a él temblorosa, intentando que parara.
- ¡Papá, por favor! Papá… papá por favor, por favor… - suplicaba, aferrada a la camisa de Greg. Connie se agachó para ayudar a su dolorido novio, mirando a Greg con una mirada brillante y la respiración algo agitada.
- Ahora sí que sí, Greg – Chase se sobó el ojo, quejándose del golpe directo que había recibido- ¡Vamos a denunciarte por agresión y se te va a caer el pelo! – su mirada puso de los nervios a Greg que, con ganas, los habría echado a patadas de allí, pero Abby, mucho más inteligente, lo arrastró hacia dentro y cerró la puerta tras de sí, dejándose caer al suelo, aún apoyada en la madera. Greg no podía parar de gesticular, no podía dejar de moverse, se golpear la pared con el puño, totalmente fuera de sí. Miró a su hija y volvió en sí, acercándose a ella para abrazarla fuerte, intentando ser el hombro reconfortante que había sido siempre.
- Lo siento, cariño – dijo apenado, notando cómo el cuerpo de ella temblaba ligeramente- Lo siento mucho, Abby… se me fue de las manos, yo… - se mordió el labio inferior- No pude evitarlo, no pude. Tú eres… eres mi todo, cariño, eres mi hija, mi mayor tesoro y ver que ese… indeseable te tocaba… Dios, ¿qué he hecho, Abby? - se aferró a su pequeña, ahora buscando su calidez al darse cuenta que había caído irremediablemente en la trampa de esos dos.
- Saldremos de esta, papá – dijo ella al fin con un hilo de voz, alzando su rostro para mirarlo, aún las mejillas totalmente mojadas por las lágrimas- Testificaré a tu favor, explicaré todo lo que ha pasado. No te preocupes, ¿si? - y lo abrazó bien fuerte, besando su cabeza e intentando consolar a ese hombre que le había dado todo y seguía dándoselo.
Home Office, Marsham St
Los pasos pausados, pero seguros de Anthea, repicaron por el largo pasillo que llevaba hasta la sala principal. Nunca le había gustado interrumpir reuniones, mucho menos dentro del Ministerio del Interior, pero sabía que al señor Holmes le gustaría leer, cuanto antes, el informe que le quemaba entre las manos.
Con un leve picar de sus manos sobre la puerta, un voz ahogada le indicó que podía entrar, dirigiéndose de inmediato hacia donde su superior estaba sentado cómodamente. Al verla, su expresión impasible no cambió ni un ápice, al menos para el ojo poco entrenado.
- Un regalo de parte de James con sus mejores deseos – le susurró Anthea en su oído, casi tan imperceptible, que nadie a su alrededor hubiera podido estar seguro de si tan siquiera había hablado. Mycroft asintió y le echó un rápido vistazo, lo necesario para que volviera a mirar a sus colegas y se disculpara.
- Tendrán que disculparme, señores, pero ha surgido algo importante y me temo que no puedo posponerlo – les dedicó una sonrisa cordial y los instó a reunirse el próximo mes, saliendo entonces con el pulso acelerado hasta encontrarse, a solas, con la joven- ¿Está seguro de todo lo que pone aquí? - Anthea asintió, cruzada de brazos.
- A mí también me chocó bastante, pero tenemos la confirmación expresa de dos agentes doble cero y de la sección Q – Mycroft volvió a abrir el informe, leyéndolo con más detenimiento.
- ¿Se lo ha comentado a Mallory? - Anthea asintió.
- Él mismo fue quien dio la orden para que me entregara este informe. Ya sabe que el MI6 es bastante hermético en estos asuntos, pero han considerado que, estando usted implicado y el grado de importancia de todas las partes, era necesario que lo supiera – Mycroft asintió conforme, sin dejar de leer. Aquello… aquello le había sorprendido para mal. Ya no sólo Jerry se había implicado con gente que no debía, sino que grandes empresarios del país, nombres notables, nombres con los que se había reunido y comido en varias ocasiones, constaban en ese informe como personas vinculadas a la trama de los robos de documentos e intento de asesinato hacia su persona. Pero él no dejaba de ser una mera ficha en todo aquél entramado. Aquella locura se alzaba a intereses mucho más ambiciosos y peligrosos para el país que un simple juego de un joven por prosperar en la vida.
- ¿Se sabe algo de Jerry? - la joven asintió levemente.
- El MI5 se hizo cargo de él. Lo interrogaron y le sacaron toda la información, a cambio de protección – Mycroft alzó su mentón- Ahora mismo está en una cárcel de mínima seguridad, aislado de los demás reclusos para evitar sorpresas – se imaginaba qué tipo de sorpresas. Negó con la cabeza y cerró el informe, sobándose la sien al notar que un molesto dolor de cabeza empezaba a surgir.
- Dale de nuevo las gracias a James – Anthea sonrió, asintiendo conforme- Si sigo así, no sabré cómo devolverle los favores – aquello le hizo gracia a la joven, que sonrió de lado.
- No se preocupe, yo me encargo de mantenerlo satisfecho y motivado – el pelirrojo dibujó una sonrisa agradecida, pues parecía que todo aquél asunto empezaba a ver la luz – Por cierto, ¿ha llamado ya al inspector Lestrade? - Mycroft dejó salir todo el aire que tenía en sus pulmones, negando con la cabeza.
- Hoy aún no, pero tenía pensado invitarle a cenar – la joven alzó una ceja.
- ¿En su casa? - dijo provocativa, cosa que causó en Myc una pequeña incomodidad.
- Quizás…
- Debería – dijo ella- Es más, lo incito a que lo haga. Así les será más fácil llegar a la cama – el sonrojo nubló por unos instantes la mente de Mycroft, pues, aunque podía hablar con Anthea de cualquier cosa, sentía que todo lo referente a Greg debía ser sólo suyo, como si compartirlo pudiera alejarlo de él. Fue cuando sacó su teléfono móvil para contactar con él que observó el inquietante mensaje que aparecía en la pantalla.
Señor Holmes, Soy Abby
¿Podría venir a casa de mi padre?
Le necesita en estos momentos.
Le adjunto la dirección
En cuanto lo leyó, no dudó en devolverle el informe a Anthea para que lo guardara, saliendo a paso ligero del edificio mientras llamaba a Greg insistentemente, sin mucha fortuna. Colgó y advirtió que necesitaba su coche de manera inmediata, sin gentilezas ni cordialidades. Greg le necesitaba y eso era lo único que importaba en esos momentos.
Harvist Road, Queens Park
Scott mantenía a Abby entre sus brazos, dedicándole besos y mimos en un intento vano para que olvidara el penoso episodio que había vivido esa misma tarde. No podía creer que Connie y su pareja hubieran llegado tan lejos en su afán por hacer daño al inspector Lestrade, pues ya no parecía un asunto meramente económico, sino algo lleno de odio y venganza contra un hombre que no lo merecía.
La verdad era que no conocía a Connie, aún siendo su ¿suegra? Y, por el camino que iban, prefería no hacerlo, más cuando su actitud estaba dañando tan seriamente a su hija. Él no tenía experiencia en ese ámbito pues sus padres vivían en la Costa del Sol y se hablaban un par o tres de veces al mes. Eran los típicos jubilados ingleses que desean pasar sus últimas décadas de vida disfrutando del sol y las playas españolas y aún ni tan siquiera sabían de la existencia de Abby en su vida.
La joven se removió entre sus brazos, acomodándose en su pecho y rodeando su cintura con un brazo. No dudó en besar su cabeza varias veces, acariciando su pelo con mimo. Le dolía verla tan apagada, tan triste, pues ella era luz, alegría y vida, una sonrisa brillante que se había metido en su pecho para hacer su vida mucho mejor. Retiró su pelo hacia atrás, intentando verle el rostro y comprobar si había dejado de llorar. No soportaba verla así.
- ¿Crees que lo hizo a propósito? - preguntó Abby, aún sabiendo la respuesta.
- El abogado de tu padre le estaba poniendo contra las cuerdas, así que esta maniobra les puede beneficiar, si la usan sabiamente – la joven suspiró, cerrando los ojos para sentarse mejor y apoyar su espalda en el pecho de su novio.
- No puedo creer que mi madre haya caído tan bajo. Es que… si la hubieras visto – se tapó la cara con ambas manos, intentando borrar de su mente lo que había vivido- Intentó meterme de por medio, otra vez, pero de verdad que no quiero ser un arma arrojadiza entre ellos. ¡Y parece que ella no acaba de entender eso! O no quiere… – Scott la abrazó más fuerte, besando su cuello.
- Y no lo serás. El inspector jamás lo consentiría – la joven sonrió de lado, mirándolo a los ojos.
- Al final resultaste un buen chico – el joven sonrió, asintiendo sin dejar de mirarla.
- Bueno, pero sé lo mucho que te gusta que saque mi lado malo en ciertas ocasiones – Abby se mordió el labio inferior, bajando su mirada para dejar un beso en su nuez.
- Mucho, en realidad – dijo en un susurro, acercándose para besarlo lentamente, enredando sus dedos en su ya no tan repeinado pelo rubio. Adoraba besar a Abby, que lo tocara, que jugara con él. Era algo que lo enloquecía y lo excitaba a partes iguales, por lo que estaba descubriendo partes de sí mismo que ni siquiera sabía. Sonrió dentro del beso, acercándola por la cintura y disfrutando de la perfecta curva entre su espalda y ese generoso culo que tenía, cuando el timbre de la casa sonó – Scottie… ¿te parece bien si paso la noche en tu casa? - ronroneó sin disimular, mordiendo el lóbulo de su oreja y calentando cada vez más a su novio. Sabía que Scott se imaginaría que quería dejar la casa libre para que su padre se recuperara de aquél mal trago, pero ella también necesitaba un momento especial, ahora más que nunca. Era su manera de aislarse de todo ese drama familiar que parecía no tener fin.
Decir que en su fuero interno temía que fueran más visitas desagradables no sería mentir. Greg había tenido un día de mierda y lo último que necesitaba era encarar una nueva situación comprometida. Sabía de sobras que había metido la pata, pero ¿cómo remediarlo? Habían sido lo suficientemente hábiles como para llevarlo hasta el terreno que querían y ponerlo contra las cuerdas para conseguir un propósito. Colin ya se lo había avisado por teléfono.
- Haremos lo que podamos, Greg. Decir que esto es un contratiempo es suavizar la situación, más cuando presenten un parte de lesiones – en ese mismo instante, un horrible dolor de cabeza había sobrevenido a Greg- Sé perfectamente que no quisiste hacerlo y no podremos justificar el puñetazo, pero estoy seguro que algo se me ocurrirá, ¿de acuerdo? - Greg había asentido, aunque Colin no pudiera verle. Debía hacerle caso e intentar tranquilizarse, aunque fuera algo casi imposible.
¿Cómo se había atrevido ese insecto de Chase a tocar a su hija? ¿A tratarla como si fuera una porquería? ¡Y Connie ni siquiera le había dicho nada! ¿En qué momento ese gilipollas era más importante que su hija?
Aquél simple pensamiento lo llevaba por el camino de la amargura. Pensar en lo poco o nada que Connie quería a Abby le dolía más que cualquier conspiración por parte de esos dos hacia él. Tenían un problema con su divorcio, Abby se quedaba fuera de eso. ¿Qué parte no habían entendido? En momentos como ese era cuando no se arrepentía de haberle atizado bien en la cara y deseaba haberle propinado un par o tres más de golpes.
El timbre sonó e instintivamente su cuerpo se tensionó. No creía que ese par volviera a por más, pero nunca se sabía. Quizás su insistencia la podrían usar en su contra alegando acoso. Pero en cuanto abrió la puerta, todas sus tensiones, todos sus miedos, desaparecieron.
Mycroft no dudó en examinarlo de arriba abajo, comprobando que estuviera de una pieza, sano y salvo. Durante el trayecto a la casa de Greg había hecho mil y una elucubraciones sobre lo que podría haber pasado, buscando información por los canales habituales y haciendo algunas llamadas a diferentes contactos en la policía. Nada especial, y odiaba ir a ciegas.
- Myc – susurró Greg, dibujando una sonrisa cansada, pero llena de alivio al verle en su entrada. El pelirrojo no dudó en atraerlo por las mejillas para besarlo algo necesitado, intentando calmar su pulso acelerado. El policía se abrazó a su cintura, disfrutando del contacto prolongado de sus cuerpos, calmándole poco a poco.
- ¿Qué ha pasado? Abby me dijo que viniera, que me necesitabas – Greg se abrazó más a él, escondiendo su rostro en su pecho sin decir nada por el momento. Mycroft enredó sus dedos en su cabello, disfrutando de su sedoso tacto.
- Vino Connie con el imbécil de su novio – Myc asintió, aún sin separarse de él- Empezó a decir las cosas de siempre, para luego insultar mi labor como policía – el pelirrojo frunció el ceño, agudizando su mirada gélida hacia un punto invisible- Estaba cabreado, estaba muy enfadado, pero cuando tocó a Abby… - podía notar la rabia y el odio surcar por sus venas, aferrándose al recuerdo de la afrenta que había vivido- No pude contenerme, Myc, y le pegué un puñetazo – se apartó de su pecho y miró a su pareja- Sé que hice mal, sé que debí haberme controlado, pero… no pude aguantarme las ganas cuando vi que había despreciado a mi hija – el pelirrojo rozó sus mejillas, mirándole fijamente a los ojos para luego volver a besarlo, esta vez, con más delicadeza.
- No pasa nada, Greg – siguió acariciándolo con suma delicadeza, intentando calmarle- Te conozco y sé que tuviste razones para actuar como lo hiciste, pero es obvio que su presencia aquí no fue fortuita – el moreno desvió su mirada, afectado- ¿Cómo va el divorcio? - chasqueó la lengua y se apartó de él, volviendo a la sala de estar, por lo que Mycroft cerró la puerta y lo siguió.
- Hasta ahora, bien. Teníamos todo a favor – se rascó la nuca, dejándose caer en el sofá- Ahora no sé qué pueda pasar. Colin me ha intentado tranquilizar, diciéndome que no me preocupara y que encontraría la forma de devolver la balanza a nuestro favor – Myc se quedó pensando en silencio, recordando la visita que aquella pareja le había hecho días antes y esa sensación de incomodidad que se le había quedado al marcharse. No podía dejar las cosas así, ni mucho menos. Esa zorra iba a pagar con creces lo que le había hecho a Greg, por lo que prefirió no mencionar nada al respecto. La había avisado y no le había hecho caso, así que estaba en todo su derecho de actuar. Era su turno, así que tendría su ansiada venganza. Alargó la mano y agarró la de él, cruzando sus dedos para volver a besar el dorso.
- Yo también lo creo – Greg sonrió, ahora siendo él quién besaba la mano ajena – Voy a estar aquí, para ti, para lo que necesites. Créeme cuando te digo que voy a ayudarte a salir de esto, cueste lo que cueste – el moreno se acercó y dejó que Myc lo rodeara con sus brazos, sintiéndose vulnerable por primera vez en mucho tiempo.
No podía explicar con palabras lo que estaba sintiendo por ese hombre. Hasta hacía pocos meses era un hombre casado con una vida rutinaria y hasta aburrida, que buscaba reavivar la llama del amor entre su esposa y él. Ahora estaba a las puertas del divorcio, pero sintiéndose más pleno que nunca junto a ese hombre maravilloso que convertía todas sus penas en alegrías. ¿Podía decir que estaba enamorado de Mycroft Holmes? Quizás aún no, pero sí estaba seguro que era algo más que simple atracción o capricho. Lo amaba y quería a ese hombre en su vida para siempre.
Una de las puertas del interior del pasillo se abrió, dejando que salieran Abby y Scott agarrados de la mano. El joven llevaba una mochila colgada del hombro, mientras ella se acercó hasta su padre para abrazarlo con fuerza, dejando varios besos en sus mejillas.
Scott ha insistido en que pase la noche en su casa y, así, llevarme a primera hora hasta Sheffield – dijo con toda la inocencia que podía reunir en esos momentos, aprovechando para guiñarle el ojo a Mycroft en cuanto su padre la abrazó.
- ¿De verdad estarás bien? - dijo Greg contra el hombro de ella. Abby asintió, besando su frente.
- Le aseguro que me hago responsable de ella, señor – el moreno miró a Scott, dibujando una sonrisa pícara.
- Ya te he dicho que me tutees, Scott – provocando que el joven se sonrojara un poco. No acababa de asumir su nuevo rol dentro de la familia, sobretodo con su superior. Mycroft admiró esa estampa familiar y no entendió cómo la ex esposa de Greg había decidido deshacerse de ella. De todas formas, él había salido beneficiado.
- Espero que aproveche la oportunidad – le susurró Abby al pasar cerca de él, sin borrar esa sonrisa pícara que, irremediablemente, había heredado de su padre. El moreno admiró a Mycroft unos instantes antes de escuchar el sonido de la puerta cerrarse y abrazarse de nuevo a él.
- Creo que nos habíamos quedado por aquí… - sonrió, atrapando sus labios con hambre, apoyado como estaba sobre su pecho. Iba a ser una gran noche. Solos Myc, él y ese sofá.
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