Stepmom's Recipe

By: Vainiella


Capítulo 3

"Romero"

-Mimi, aquí está el catálogo.

Una carpeta negra con el logo de la compañía T&Y Interiors cayó ante ella. La castaña la tomó en sus manos y empezó a hojearla.

Estaba particularmente satisfecha consigo misma, luego de dos semanas de arduo trabajo ya estaba en la fase de selección de telas, pinturas y mobiliario. Aunque Yamato Ishida prefiera los mínimos cambios posibles en el diseño del restaurant fue un factor que ha influenciado en la rapidez del proyecto, y también se debe a la dedicación desmedida que Mimi ha enfocado su tiempo.

Taichi la miró enarcando una ceja, para luego desplomarse en el sofá sin dejar de mirarla.

-¿Puedo preguntar por qué estás tan modo ermitaña?- dijo luego de un minuto tras evaluarla silenciosamente –La última vez que salimos fue, bueno, cuando casi te follas al cliente.

-Ja, ja- bufó -¿Cuánto tiempo más usarán ese chiste?

-Hasta que deje de molestarte- respondió divertido el moreno.

Mimi le puso mala cara, pero prefirió ignorarlo. Desde el incidente él y Miyako no paraban de hacer chistes sobre el tema, como si burlarse de la insulsa vida romántica de Mimi fueran las olimpiadas. Por suerte, delante del Ishida todo es meramente profesional, sin embargo para ella no pasaban desapercibidas las miradas indiscretas de Miyako y Taichi para contemplar el culo del rubio.

No podía culparlos, Yamato Ishida tenía un buen culo.

Y una espalda ancha.

Y unos brazos varoniles.

Y unas manos grandes que Mimi ansiaba sentir en su…

Parámetros. Parámetros. Parámetros.

Cada vez que sus pensamientos se iban muy lejos se repetía aquella palabra como un mantra. No, ese tipo de pensamientos estaban prohibidos con Yamato Ishida. Por esa razón ocupaba cualquier tiempo libre que pueda tener, y por esa misma razón buscaba a toda costa no estar a solas con ese hombre, tomando en cuenta lo que casi ocurre la última vez que estuvieron solos.

Por suerte cada vez que se reúnen con el rubio su buen amigo y socio Taichi la acompaña.

Marcó dos opciones más en el catálogo. Tras esto se levantó para empezar a guardar en su elegante bolso de trabajo tanto la carpeta como el Ipad color blanco.

-Listo, vamos.

Pero Tai ni se inmutó.

-No puedo, Mimi. Recuerda que tengo una cita con el odontólogo en media hora.

-¿Qué?- la castaña se detuvo -¿Hablas en serio?

-¡No me pongas esa cara! Desde hace una semana te avisé.

-¡Pero tenemos una reunión con Yamato Ishida hoy!

-Lo sé, pero ya te dije que no puedo. No sé, dile a Miyako que te acompañe por esta vez, o a Lisa, seguro estará encantada de asistirte.

-Miyako no puede, y prefiero que vengas tú conmigo.

-Pues, tendrás que ir tú sola, mujer, ¿Cómo pretendes que esta sonrisa acapare miradas si no la cuido?

-Por Dios, Taichi, ¡Me sabe a culo la carie que te esté dando mal aliento, me vas a acompañar sí o sí!

El moreno estuvo a punto de refutarle y atacarla por haberle dicho que tenía mal aliento –Cuando siempre había tenido especial cuidado con ese tema-, pero entonces sintió como si un muy pequeño engranaje en su cerebro se moviera un milisegundo. Luego otro, y luego otro, hasta que los otros engranajes, pertenecientes al hemisferio cerebral izquierdo, le diera cabida a su cabeza una divertida e inesperada teoría que no podía callarse.

-Espera, ¿Acaso tienes algún problema con ir sola a verte con Yamato Ishida?

Nunca olvidaría la reacción de Tachikawa al decir aquello.

-¡Oh, ese es el jodido problema!- saltó risueño Taichi.

-Cállate.

-¡Con razón me insistías tanto que te acompañara cada vez que íbamos a verlo!- Mimi lo miró con ganas de estrangularlo –Eres un libro abierto… No, no, eres una comiquísima novela erótica que se muere por abrir cualquier cosa para ese hombre, ¡Pero estás tan cagada por eso que tienes que pedirme que te acompañe! ¿Temes caer en la tentación, monjita?

-¡No seas impertinente, Yagami!

-No seas aburrida, chica. Seguro el hombre es un buen polvo- pero un tacón terminó por golpearlo en el estómago sorpresivamente, callándolo -¡Oye!

-Lo siento, pensaba pegártelo en la boca para darte una buena razón para ir al dentista.

Mimi tomó su cartera y el bolso de trabajo, para luego acercarse a Taichi para agarrar el tacón ignorándolo olímpicamente. Estaba demasiado molesta, ¿Cómo era posible que tuviera unos amigos tan inmaduros? Estaba harta que siguieran bromeando con su vida íntima, ¡Harta!

Pero era única y exclusivamente su culpa por haberles contado aquel nuevo encontronazo entre ella y el rubio. Ella solo quería escuchar un buen concejo, alegando que evidentemente había un pelín de tensión sexual, pero era precisamente con un hombre que está casado con una mujer que no está muerta pero tampoco está con él, y que tiene hijos, eso principalmente.

Una esposa-no-esposa e hijos, agregándole el gran detalle de que era su cliente también.

Ah, y no olvidamos su humor de mierda.

No parecía una buena ecuación para pasar el rato únicamente, y mucho menos para algo serio, ¿Cierto?

Se puso la sandalia con torpeza, tratando de mantener el equilibrio dignamente.

-No pongas esa cara de cañón, Mimi- le dijo el moreno tratando de sostenerla, pero al intentar tocarla la castaña lo empujó -¡Vamos, que solo he dicho la verdad!

Mimi siguió ignorándolo. Al estar lista para irse ni siquiera lo miró, caminando hacia la puerta.

-¡Estás siendo inmadura!- insistió -Y mientras sigas siendo de esa forma, no importa con quien tengas sexo, ¡Siempre habrá drama!

Sin embargo Mimi salió de la oficina sin inmutarse, dejándolo completamente solo en su despacho como si hubiese estado discutiendo con la pared.

-Es más testaruda que una mula- bufó el Yagami por lo bajo, pero una vez que quedó solo se acercó la palma a la boca para soplar un poco, y de esa forma confirmar que su amiga solo estaba siendo insoportable con aquel comentario.


El sonido retumbante del cuchillo contra la tabla de madera resonaba por toda la estancia, metal chocando con madera, metal chocando con metal, y el burbujeo de alguna salsa u estofado se volvieron una orquesta culinaria para los oídos de los laboriosos cocineros.

Yamato, por su parte, se encontraba concentrado en revolver las papas blancas y rosadas en un aceite de oliva aromatizado con romero fresco, agregando sal y pimienta con una cucharada de semillas de mostaza para darle un toque de picor, eso mientras repartía ordenes en medio del ajetreo, considerando el caos en la que estaba sumida la cocina en ese instante.

Por otro lado, cuando el mezclar los ingredientes se volvía un acto automático, su mente divagaba en un suceso no muy lejano, cual tuvo lugar unas horas antes, cuando había llevado al parque a sus hijos durante su tiempo libre.

Eran muy pocas las ocasiones en las que sus hijos preguntaban sobre el paradero de su madre. En realidad, eran muy pocas las ocasiones en las que sus hijos preguntaban por ella… No los culpaba, ya que al nombrarla Yamato no se sentía cómodo, y Lucy era lo suficientemente perceptiva como para notarlo. En cuanto a Jude… Bueno, Jude simplemente no le habla.

Pero hoy, durante su tiempo libre, Lucy le había hecho una pregunta que hasta a él mismo le había desconcertado.

-Oye, papá…

-¿Uhm?

-¿Qué harías si mami regresa?

Matt tuvo especial cuidado en elegir las palabras a continuación. Hablar de la madre de sus hijos nunca fue su tópico favorito, pero no podía evitar responder ese tipo de preguntas cuando ellos merecen respuestas.

-No creo que mami regrese, corazón.

-Yo tampoco lo creo, pero… ¿Y si regresa?

¿Y si regresa?

Yamato no supo qué responder, y al no saber cómo lo mejor que hizo fue cambiar el tema delicadamente, sacando a colación su cumpleaños que tendrá lugar el próximo sábado, y por el que sus hijos se han dedicado a planearle una sorpresa desde hace semanas.

Pero la pregunta seguía rondándole la cabeza, y desde que dejó a Lucy y Jude con el tío TK no ha parado de pensar en ello.

Despertaba en él sentimientos encontrados.

Alivio.

Decepción.

Miedo.

¿Felicidad?

¿Qué haría si ella regresara?

-Yamato.

Matt entonces notó al gerente a unos pasos de él. Un hombre regordete y de vestimenta impecable que representaba al restaurant.

-Tu hermano ha llamado. Dice que no es urgente pero que necesita hablarte.

Desconcertado, se limpió las manos con su filipina con cierta preocupación circulando en él, ¿Por qué llamaría Tk al gerente? Sin dudarlo sacó su celular de su bolsillo para encontrar un Iphone con la batería muerta y que sabría Dios desde cuándo. El gerente, a quien Yamato estimaba, le tendió su celular con expresión risueña, comprendiendo porque lo habían llamado a él. El rubio agradeció el gesto y de inmediato marcó el número telefónico de su hermano.

Aguardó impaciente a que contestara, retirándose de la cocina por la salida de servicio.

-Habla Takaishi.

-TK, ¿Está todo bien?

-Hey, sí, claro. No te preocupes- Matt volvió a respirar. Tenía la costumbre de pensar siempre en lo peor -¿Tú estás bien? ¿Por qué no contestas tu celular?

-Me quedé sin batería.

-Ah, eso lo explica. Ya me parecía raro que no te comunicaras.

-¿Dónde están?- preguntó entonces el hombre, notando un ruido en el fondo de la llamada.

-En Whole Foods Market. Hemos venido a comprar los ingredientes para… ¡Ah! Perdón, perdón- por un instante se había escuchado a Lucy quejándose, lo cual hizo que Takeru se callara con torpeza -Nada, se me ha antojado comprar algo.

-¿Qué?

-Anda, Yamato, pareces una esposa controladora. Déjame ser.

El rubio puso los ojos en blanco.

-¿Para qué necesitabas hablarme?

-Era para saber a qué hora es tu reunión con Tachikawa, es que neces…

Yamato se agarró la cabeza tras recordar aquello.

-¡Mierda!

-¿Qué ocurre?

-¿Qué hora es?- Yamato preguntó aquello solo por desesperación, pero igual se alejó del celular para notar que eran las cinco y media -¡Mierda, mierda!

-Joder, ¿Olvidaste la reunión?- una vez más la voz de Lucy se escuchó de fondo con advertencia -Perdón, mi amor, se me ha escapado.

-Habíamos acordado a las cinco, ¡Se me pasó la hora!

-¿No puedes avisarle?

-Mi batería murió, Tk- mirando su entorno, mientras intentaba pensar cuanto tiempo le tomaría en llegar -Probablemente ya debe estar allá esperando, conociéndola…

-Vale, relájate, ¿Quieres que te busquemos?

-No, tranquilo. Le pediré a alguien por un Uber. Quédate con la camioneta.

-Está bien.

-Oye, ¿Crees que puedas…?

-Que sí, anda. Cuidaré de los niños.

-Gracias, hermano.

-¡Espera!- pausa -¿Regresarás a casa o…?

Matt enarcó una ceja.

-O… ¿Qué?

-Pues,- bajando la voz considerablemente -Capaz decides terminar lo que empezaste aquella noche con Mimi Tachikawa.

-Adiós, Tk.

Su hermano siempre encontraba el momento oportuno para sus estupideces.


Mimi repiqueteaba el piso con el tacón una y otra vez.

¿Dónde demonios está?

Eran las siete y cuarto y no había rastro alguno del Ishida. Se encontraba sentada en el restaurant, justamente sobre una de las mesas a falta de sillas –Que gracias a Dios Yamato aceptó cambiar el tapizado-, y llevaba esperando probablemente una hora. Lo llamó un par de veces, por supuesto, pero seguía sin contestar, ¿Era posible que haya olvidado la reunión de hoy? Menos mal que no hizo que Taichi cambiara su cita al dentista, seguro la hubiese matado.

Miró su reloj. Bien, diez minutos más y se iba. No pretendía seguir perdiendo tiempo.

¡Y mucho menos por ese idiota!

-Disculpe, señorita.

Mimi notó a uno de los obreros observándola atento. Detrás de éste había dos señores más. Eran los encargados de quitar las cerámicas del baño y de pintar la recepción. Dos latinos y un italiano que han trabajado para Mimi desde hace dos años. Personas humildes de gran corazón y súper dirigentes en su labor.

-Mario, ¿Ya se van?- el señor de unos 66 años asiente –Vale, nos vemos mañana entonces. Gracias por su esfuerzo hoy.

-¿Se quedará aquí?

La castaña puso una mueca.

-No mucho tiempo más, en ocho minutos me marcho.

Los tres hombres asintieron para luego marcharse. Mimi suspiró, cansada. Tenía exactamente cinco días trasnochándose, despierta hasta las dos de la mañana y despertándose a las seis, gracias a quien sea que descubrió el café, y honestamente estaba de un pésimo humor por ello. Al ver que no valía la pena seguir esperando se bajó de la mesa de un salto, sacudiéndose sus jeans ajustados.

Yamato Ishida era un idiota, ¡Nada le costaba avisarle que no vendría!

Y decir que cuando se conocieron le había hecho drama por hacerle esperar unos minutos, ¡El descaro!

-¡Mimi!

La voz de él retumbando en el vacío restaurant la hizo brincar del susto. Lo miró entrar al comedor con paso apresurado hasta alcanzarla. Vestía una franela Hollister, a juzgar por el pequeño logo en el pecho, de mangas largas color negra que se ajustaba a su proporcional cuerpo y que le daba un aspecto bastante atractivo. Su cabello iba descuidado como siempre, a lo rockstar.

Se remangó la franela para luego recuperar el aliento una vez que estuvo frente a Mimi, lo cual reveló unos brazos masculinos cuyas venas sobresalían un poco.

Bien, esos brazos sin duda alguna podrían cargarla si quisiera y pegarla contra la pared…

¡Parámetros, Mimi!

-¿De dónde rayos venías? ¿De China?

Esa no era una forma ideal para hablarle a un cliente, pero dado el calor que había empezado a sentir y la molestia por haber esperado tanto le importó poco. Además, hablemos claro, Yamato Ishida no era un cliente cualquiera.

Si fuera por ella le daría una buena patada en la canilla por hacerle esperar.

Matt por su parte respiró profundo, enderezándose tras haberse encorvado un poco por el ejercicio improvisado.

-Lo lamento- mirándola con cierta vergüenza, empezando a respirar con normalidad –Me he quedado sin batería y no tenía como avisarte que me atrasé, además de que el Uber que tomé era un somalí que apenas conoce New York. De verdad perdona, ¿Tienes mucho tiempo esperando?

-¿La verdad? Sí. Te llamé como cuatro veces a tu celular pero fue directo al buzón de voz, ¿También le vas a echar la culpa al somalí por eso?

El rubio frunció el ceño por un instante, pero en lugar de defenderse simplemente suspiró.

-Lo lamento, ¿Vale? Me quedé sin batería.

Y entonces Mimi se sintió como una niña.

¿Dónde estaba el Yamato amargado y elocuente que siempre le tenía una respuesta?

Por alguna extraña razón Yamato Ishida le hacía perder las casillas con rapidez y quizás era porque se sentía en terreno inseguro, y uno de sus defectos es ser una odiosa cada vez que se siente así. No obstante, el pobre ya se había disculpado, y seguir con esa actitud de niña refunfuñona no le quedaba nada bien.

Bajó la guardia. Mimi prefirió no decirle todas las cosas que tenía planeado decirle, pues miren que haberle dejado esperanto tanto tiempo era bastante grosero. En lugar de eso contó hasta diez en su interior.

No podía permitir que Yamato descontrolara sus emociones, no.

–Yo… No importa. Me entretuve tomando unas medidas para el jardín interno.

En realidad tomar esas medidas le tomó dos minutos, pero no hacía falta ser tan vengativa.

-Muy bien- pero entonces notó que había más silencio de la cuenta –Espera, ¿Dónde está tu socio? Tai, ¿No?

-Se le complicó venir hoy, así que solo estoy yo- encogiéndose de hombros –Por cierto, ya terminaron de desmontar las cerámicas de las paredes y marcar donde van a ir las luminarias- Mimi puso su bolso de trabajo sobre la mesa –Aquí te traje las propuestas para revestir los baños.

Sacó del bolso las carpetas y el Ipad. Le tomó menos de un minuto preparar todo en la mesa para mostrarle a Yamato lo que le había traído. Mimi se enfrascó en una resumida explicación de los adelantos mientras el rubio escuchaba. Señalaba las propuestas y hablaba con especial tacto para que éstas puedan ser recibidas positivamente, no obstante, parte de ser un arquitecto de interiores era aplicar cierta psicología. Observar al cliente, estudiar sus reacciones… y Mimi notó cierto abatimiento en la expresión del hombre.

La escuchaba atentamente, sin duda, pero su mente se hallaba en otro lugar. Además, desde que llegó se veía preocupado, ¡No ha discutido con ella en ningún momento!

¿Es posible que le haya ocurrido algo?

-Me gusta esta textura- dijo entonces el rubio sintiendo una de las telas con los dedos. Aquello sacó de sus pensamientos a la castaña, por lo que satisfecha con la elección, dado que también estaba entre sus predilectas, le sonrió al rubio, todavía un poco extrañada con su malestar.

-Excelente elección,

Mimi se agachó un poco para buscar su bloc de notas en el bolso, cual había puesto en el piso para despejar la mesa. Al volver levantarse con el bloc en manos notó que el rubio observaba fijamente el mural decorativo que estaba a un par de metros de ellos.

Por Dios, es como si tuviera una nube negra sobre él con esos hombros caídos y mirada apagada. Tachikawa de pronto sintió que necesitaba hacer algo al respecto. Sin duda algo le ocurría, y aunque odiaba preocuparse por él no podía evitarlo.

Es oficial, el hombre le importa un poco.

¿Un poco?

Deseando ignorar la voz de su conciencia suspiró dándose paciencia, dando un paso hacia el mural que el Ishida seguía observando absorto.

-Le da un aspecto vintage al lugar, ¿No?- dijo Mimi tratando de llamar su atención. El rubio la miró por un segundo, asintiendo distraídamente para luego volver a su actitud de clara indiferencia.

Tan frío.

Bien, estaba poniéndosela un poco difícil.

-Oye, ¿Sabías que yo venía aquí de niña con mi abuelo?- Aquello pareció atraer su atención milagrosamente, lo que hizo que Mimi se diera una palmadita victoriosa en su mente -Mi abuelo era muy amigo del dueño, y solía traerme aquí todos los domingos- caminando hacia el mural, escuchándose el eco de los tacones en el trayecto –Y nos sentábamos ahí en frente- señalando el sitio –Me encantaba ver esta pintura.

Mimi sonrió nostálgica. Un segundo luego escuchó al Ishida seguirla.

-¿Es de alguien famoso?

-Según mi abuelo, lo hizo un pintor callejero que era un inmigrante italiano. Escapó de Italia durante la segunda guerra mundial y murió de viejo aquí en New York- Yamato parecía interesado, lo cual era bueno. Animada continuó -Mi abuelo lo conoció. El hombre antes era un contador, ¿Puedes creerlo? Pero al llegar aquí descubrió su vocación pintando lienzos en la calle. El señor le dijo a mi abuelo que el mural era todo lo bonito que recordaba de Sicilia antes de la invasión.

-Espera, ¿Te refieres a la operación Husky?

-Eso creo- Bien, se ve que le llama la atención la segunda guerra mundial -Supuestamente esta pintura es de una calle donde él vivía, justo antes de ser bombardeada…- en eso se voltea a ver al rubio, mirándolo con cierta calidez mientras hablaba –Cada vez que algo me preocupa recuerdo que hubo un pintor que perdió su hogar, y que simplemente canalizó aquella trágica experiencia para salir adelante, pintando.

-Vaya.

-Así que, sea lo que sea que te preocupa, piensa en este pintor.

Matt elevó las cejas con sorpresa.

-¿Por qué piensas que algo me preocupa?

-No sé, supongo porque no estás discutiendo conmigo- pero en lugar de recibir algún comentario elocuente de su parte solo recibió más silencio -¿Está todo bien?

Matt la miró por un instante, sintiéndose extrañamente complacido y a la vez confundido con la preocupación de la castaña, ¿Debería contarle sobre su patética vida? ¿Cómo podría ayudarle aquello? Si no lo ha hecho la terapia o las largas conversaciones con su hermano mucho menos lo hará hablarlo con una chica como Tachikawa… Tan perfecta, tan controladora y perfeccionista, ¿Qué puede entender ella de los desafortunados giros que puede tomar la vida?

Mimi le atraía, de eso no cabe duda, pero no lo suficiente como para abrirse a ella.

O al menos aún no.

Yamato, molesto consigo mismo por no poder evitar ese tipo de pensamientos,

ignoró de forma muy ruda la pregunta de la castaña.

-¿Hay algo más que deseas mostrarme?

Mimi sintió aquello como un balde de agua fría. Vale, mensaje recibido, no es asunto suyo y Matt acaba de hacérselo saber, ¡Solo intentaba animarlo!

-Los baños.

Con el orgullo tomando forma a medida que caminaba, sintió a Yamato siguiéndole los pasos. Es tan tonta, ¡Realmente se había preocupado por él!

Estaba demasiado molesta como para fijarse mejor por donde caminaba, y con aquellos tacones era inevitable que pisara con torpeza una madera floja del piso que hizo que perdiera el equilibrio, logrando que sus piernas se enredaran como dos espaguetis y se fuera hacia adelante en picada.

-¡Hey!- Yamato trató de alcanzarla pero estaba demasiado distanciado de ella como para lograrlo, por lo que solo alcanzó a rozar su brazo antes de que la castaña terminara en el piso.

En un segundo ya estaba casi encima de ella ayudándola a sentarse.

-¿Estás bien?

Mimi solo quería terminar de sacar la madera para romperla en mil pedazos.

¡Maldita suerte la mía!

-Estoy bien.

-¿Segura?- Mimi asintió de mala gana.

La castaña intentó apoyarse con su mano pero un fuerte ardor hizo que se mordiera los labios. Al mirar la causa del dolor notó una cortada en la palma, cerca del pulgar, una larga línea roja que no se veía muy profunda pero la sangre ya había empezado a emanar.

-Demonios.

Matt notó rápidamente la herida.

-Hay que verte eso, ¿Con qué fue?

-No lo sé- cubriéndose la mano con la otra.

-No hagas eso, se puede infectar, ¿Hay algún kit de primeros auxilios por aquí?

Mimi asintió. En todas sus obras siempre las equipa con un kit de primeros auxilios para sus obreros.

-En la cocina.

-¿En qué parte?

-No vas a saber dónde, deja que yo lo busco- Mimi se levantó con un poco de ayuda, pero justo cuando pensaba caminar hacia la cocina sintió como dos brazos masculinos la agarraban por su espalda y piernas para luego elevarla del piso -¡Eh, ¿Qué estás haciendo?!

-Vas a terminar en el piso de nuevo si sigues caminando con esos zancos.

-¡Claro que no! Por Dios, Yamato, bájame.

-No.

-¡Que me bajes!

-Deja de moverte, no eres muy liviana que digamos.

La castaña se puso roja de la vergüenza, sacudiéndose más todavía. Yamato se rio ligeramente por ello. La verdad no pesaba nada, solo era divertido molestarla.

La cocina estaba a pocos pasos, por lo que al entrar sentó a Mimi en la isla, encima del mueble de acero que funcionaba como área de cocción.

-¿Dónde?- Mimi señaló la ubicación del kit de primeros auxilios -Eso debería estar más a la vista- abrió un gabinete y sacó una caja azul. Dos segundos después ya estaba buscando en su contenido algo para desinfectar la herida -Bien, déjame ver.

-Puedo hacerlo yo.

-No estás acostumbrada a que te ayuden, ¿Cierto?

Mimi estuvo a punto de decirle algo, pero ya Yamato había abierto su mano para luego ponerle el algodón con alcohol. Arrugó la cara aguantando el dolor mientras el rubio limpiaba la herida y restos de sangre.

-La herida es bastante superficial, no tienes de qué preocuparte- dijo concentrado, desechando el algodón ya manchado de rojo y usando uno nuevo -Me preocupa que haya podido ser por culpa de un clavo.

-No, seguro fue cerámica, vi varios pedazos regados por el piso.

Guardaron silencio por varios segundos. Yamato se encargó de limpiar la herida con paciencia siendo observado disimuladamente por la castaña, quien entonces notó, gracias a la cercanía, un agradable aroma a Romero mezclado con perfume de hombre, ¿Mont Blanc?

También notó que sus cejas eran de color castaño claro, ligeramente curvadas hacia arriba, pero caídas hacia el centro, dándole ese aspecto de hombre serio.

Además, tenía unas pestañas largas, oscuras, enmarcando sus ojos azules que eran tan brillantes y cristalinos como el mar.

Que ojos tan bonitos.

-Disculpa por haberte hablado así antes- Mimi lo miró con sorpresa -No me siento cómodo hablando de mis problemas con alguien que no sea mi hermano- dijo mientras limpiaba la herida de la chica.

-Oye, no pensaba inmiscuirme en tus asuntos, solo quería animarte.

Matt la miró de reojo, sonriendo levemente.

-Lo sé, y gracias por eso.

Oh, por Dios, ¡No sonrías así!

-Y respondiendo a la pregunta que me hiciste antes de que me portara como un idiota…- continuó el hombre, interrumpiendo los pensamientos de la chica, todo mientras terminaba de limpiar la herida -Estoy bien, pero mi vida es un poco caótica en este momento.

Bien, esto era un avance.

-¿Por tu esposa-no-esposa?

Matt suspiró, entretenido por el apodo.

-No. Bueno, es quizás el foco del problema, pero…- dibujando una mueca en su rostro -Creo que el problema soy yo, y he sido muy ciego para verlo.

-¿Por qué dices eso?

Al terminar de limpiar la herida le colocó una curita con cierta delicadeza que a Mimi le dio cosquillas en el estómago. Yamato estaba demasiado concentrado en su labor como para notar el sonrojo en las mejillas de la castaña o el sonido indiscreto de los acelerados latidos de su corazón.

¿En qué momento le empezó a gustar Yamato Ishida?

Tan frío, tan molesto a veces, y aquí estaba él, cuidando de ella una vez más. Esa fachada reservada que cubre su personalidad no es más que un escudo para esconder un pasado que le trae infelicidad.

Una mueca se formó en los labios del hombre mientras sopesaba su respuesta.

-Tengo dos hijos. Lucy y Jude. Son unos niños bastante especiales. Seguro te caerían bien- sonriendo un poco -Y en cuanto a su madre, mi esposa-no-esposa, bien, nos abandonó hace dos años. Y no me preguntes donde está porque no tengo la menor idea.

Con que eso era…

Mimi aguardó paciente para que continuara. Era evidente que Yamato Ishida no era de las personas que hablaba de su vida personal con cualquiera, y justo en ese momento se estaba abriendo. Lo menos que podía hacer era escucharlo atentamente.

–Nos conocimos en la universidad, justo antes de que dejara mi carrera para dedicarme a la cocina. Nos hicimos novios, duramos un par de años y luego nos casamos- encogiéndose de hombros, como si estuviera hablando del clima -Lo normal, ¿Sabes? Y luego decidimos tener una familia. Primero llegó Lucy y cuatro años después llegó Jude. Hasta ese momento todo iba bien.

La castaña miró las manos del hombre, notando aquel anillo de matrimonio que había visto el día que se besaron.

Con razón seguía usando el anillo. Evidentemente sigue amando a su esposa.

-No obstante, al nacer Jude le dio psicosis posparto- en eso mira de reojo a la castaña -¿Sabes lo qué es?

-N-No, la verdad no.

-Bueno, es una porquería. Es poco frecuente pero es un trastorno bastante grave. Durante un año sufrió de una depresión severa, nunca dormía. Incluso no le gustaba estar cerca de Jude, lo cual es bastante normal en las mujeres que lo padecen.

Mimi se llevó las manos a los labios.

¿Qué clase de madre puede rechazar a su propio hijo recién nacido?

-Fue un año de mierda- continuó él con voz apagada –Pensamos que sería algo temporal, pero a los diez meses le diagnosticaron un trastorno bipolar, y partir de ahí todo se volvió una montaña rusa. Cuando tomaba sus medicinas todo iba bien… Pero en los malos momentos era realmente malo. Nada de lo que hacíamos era suficiente…- metiendo sus manos en los bolsillos del pantalón –Así que una semana luego de que Jude cumpliera los seis años simplemente se fue.

-Dios mío...- Mimi respiró profundamente, sintiendo una inesperada compasión por aquel hombre, ¡Que pesadilla tuvo que haber sido! –¿Cómo lo tomaron tus hijos?

-Lucy siempre ha estado llena de amor y madurez, no tiene espacio para nada más. Pero Jude… Ha sido un proceso largo. Probablemente sea porque todo fue mi culpa, o al menos es lo que analizó la psicóloga.

-No hablas en serio- bufó Tachikawa con exasperación -Nada de lo ocurrido ha sido tu culpa. Incluso tampoco es culpa de ella, estaba enferma y solo necesitaba ayuda.

El rubio bufó.

-Ese es el problema, ¿No lo ves? Necesitaba ayuda… Y yo no supe dársela.

Y una vez más los hombros del Ishida se encorvaron, su mirada se tornó sombría y su rostro se volvió inexpresivo.

Vaya que ha tenido mala suerte, ¿Encontrar al amor de tu vida para luego volverse tu peor pesadilla?

Bajo un inesperado impulso, Mimi tomó con fuerza la mano del rubio, apretándosela cariñosamente. El Ishida no se esperaba aquello, para luego sentir una calidez envolviendo su pecho como si con aquel simple tacto pudiera aliviar su tormento.

-Estoy segura de que hiciste lo que pudiste. Además, lamentarte no te ayudará. Este es el ahora, y lo que importa es que tus hijos estén bien y que no les falte amor- dedicándole una dulce sonrisa –Se ve que eres una buena persona, Yamato, y que amas a tus hijos profundamente. Mientras ellos vean eso, todo estará bien.

-No es tan sencillo, Mimi. Ellos siguen sintiendo que necesitan a su madre.

-Mientras ellos sigan viendo que tú necesitas a tu esposa eso no cambiará.

Yamato la miró sin poder procesar aquellas palabras.

-No me mires así, es obvio. Sigues usando su anillo, sigues lamentándote por lo ocurrido… Probablemente no hablas mucho de ella, pero piensas en ella, y es prácticamente lo mismo. Se trata de la misma energía.

-¿Energía?- enarcando una ceja.

-Bien, sonó extraño, lo sé. Culpa a mi madre, es un poco bruja y le encanta todo lo respecto a los cosmos… Pero es la verdad. Cuando te quejas todo el tiempo transmites una mala energía, y pasa lo mismo cuando tienes una carga negativa en tu mente que no dejas ir, y eso eventualmente se reflejará en tu entorno.

-¿Cómo se llama la tienda esotérica en la que trabajas por las noches?

-Hablo en serio- le gruñó dándole un empujón en el hombro –Es obvio que la amas, pero sigues aferrado a lo que era ella antes de su enfermedad, y ese remordimiento que sientes por como acabó todo solo te obliga a vivir en el pasado, ¿Comprendes?

Yamato arrugó la cara, analizando.

-Sigue con tu vida, Yamato. La vida es muy corta como para lamentarte por cosas que se escapan de tus manos.

Bien, Mimi esperaba que con aquellas sabias palabras el hombre pueda sentirse mejor. Pero solo recibió silencio. Lo miró de reojo, lo cual fue un craso error. La estaba mirando con aquella familiar mirada tan penetrante, tan intensa, haciéndola sentir como si esos ojos azules estuvieran quemando su piel.

Ay, que deje de mirarme así, pensó.La ponía nerviosa como siempre, y en lugar de disimular sus nervios solo sintió que perdía la paciencia, ¡No era una jodida escultura de mármol para que la mire tanto! Además, odiaba como le hacía sentir eso.

Con una mueca, le devolvió la mirada.

–Eh, no te quedes callado y mirándome como un acosador, ¿Quieres? Me da escalofríos.

Una imperceptible sonrisa se dibujó en los labios de Yamato, quien luego puso los ojos en blanco para restarle importancia al comentario de ella.

Y la Mimi Tachikawa altanera había vuelto.

-No lo estoy haciendo- bufó para luego separarse de la mesa, quedando frente a ella –Es solo que me tomó desprevenido aquella charla motivacional, ¿La sacaste de TED?

Mimi intentó darle una patada, pero Matt la detuvo en el intento agarrando con delicadeza su pierna, conteniendo una risa.

Pero entonces volvió a suceder, ese mismo silencio cargado de electricidad en el que ambos no podían evitar mirarse a los ojos a la espera de algún movimiento por parte del otro.

Parámetros…

El rubio se aproximó un poco, ubicándose con discreción entre sus piernas.

¡Parámetros, parámetros!

De pronto Mimi empezó a sentir calor, mucho, y como si fuera atraída por un imán también se acercó, irguiéndose… Mirándolo a los ojos a medida que avanzaba, que con cada centímetro el aroma a Romero se intensificaba.

¿A quien quieren engañar? Era palpable la atracción que sentían el uno por el otro. La idea de los parámetros es simplemente estúpida, incluso cruel, ya que jugaba terriblemente con sus corduras.

La mano libre de Yamato se acercó a su rostro, removiendo un largo mechón de cabello castaño y acariciándola en el acto. Al pasarlo por detrás de su oreja Mimi sintió su piel arder.

Estaban a un tramo, a un segundo, a una decisión de acabar con la distancia entre sus labios y entregarse finalmente a lo que sus cuerpos pedían a gritos. No querían seguir mintiéndose a sí mismos con que realmente necesitaban los parámetros, ya que en realidad deseaban con fervor mandar al demonio todo y terminar lo que habían empezado hace dos semanas.

-Esto… Deberíamos parar.

Matt la miró, sin realmente creer que la castaña haya querido decir aquello con intenciones de parar.

-¿Quieres que me aleje?

Él ya había colocado la mano en su cintura, acariciándola cariñosamente con el pulgar mientras que con la otra mano se dedicaba a sentir la suavidad de sus labios, recordando su textura y sabor en silencio.

Mimi tragó saliva con nervios, queriendo responder aquella pregunta con un Sí bien claro y directo para acabar con aquel juego de caricias y miradas candentes. No era profesional, no era correcto, y había parámetros prestablecidos que quería respetar…

Pero estaba muda.

Porque lo que más deseaba en su corazón en ese momento es que no se alejara, ni ahora ni nunca.

-Mimi…

-No- respirando contra sus labios -No te alejes, por favor.

Yamato alcanzó su boca en menos de un segundo para devorarla en un lento y pasional beso, moviéndose en ángulos oportunos para poder disfrutar de aquel acto lo mayor posible. La castaña había rodeado su cabeza enterrando una vez más sus dedos entre sus suaves cabellos rubios, y sintiendo con familiaridad aquella espalda ancha que muchas noches atrás le había dado sueños llenos de sensualidad que eran su mayor secreto.

Y era como si aquella noche no los hubiesen interrumpido, como si continuaran besándose en el umbral de la puerta de su departamento semanas atrás.

Mimi lo rodeó también con sus piernas, como si pudiera acercarlo más a ella de ser posible mientras el aroma a romero se le impregnaba en su piel, en su mente, en todo de ella. Un rugido escapó de los labios del hombre cuando con tortura la castaña se aproximó lo suficiente a él como para rozar su entrepierna, sintiendo la dureza de su deseo intentando salir del pantalón y enterrarse en ella.

Tan sexy, tan delicioso, tan…

Pero por supuesto, como si fuera una película con el guion más cliché de la historia de Hollywood, algo debía interrumpirlos. Y aunque esta vez no era un perro idéntico al de La Dama y el Vagabundo, era un molestoso tono de llamada de algún Iphone del infierno que fue más que suficiente para acabar con todo.

El rubio, seguro de que no era su teléfono ya que el suyo no tenía batería, solo esperaba que ella ignorara la llamada y le permitiera continuar con lo que estaba a punto de hacer… Pero ella simplemente se había detenido, aferrada a su camisa mientras respiraba entrecortadamente.

-¿Vas a…?

-S-sí- dijo separándose con torpeza, logrando que Yamato se alejara para que ella pudiera bajarse de la isla e ir en busca del teléfono que venia desde afuera de la cocina.

Matt solo contuvo las ganas golpear algo.

¿Es que Dios disfrutaba dejarle los cojones azules?

Pero entonces entendió lo estúpido que había sido, ¿Primero le habla de su esposa que lo abandonó y luego intenta cogérsela ahí mismo?

¿Cómo pudo ser tan idiota e insensible?

Mimi salió caminando con paso rápido hacia la mesa donde había dejado su cartera, justo en el área de comensales a varios metros de la cocina. Al ver al remitente no sabía si odiarlo o amarlo, pero indudablemente había sido oportuno, ya que de lo contrario ya hubiese estado sin pantalón y sin bragas haciéndolo sobre la isla de la cocina de su cliente.

-Hey, Tai.

Yamato salió de la cocina, pero unos segundos después, mirando desde la distancia como Mimi hablaba por el celular. Desde donde estaba ella no podía verlo, por lo que se tomó un momento para detallarla en silencio. Lo había arruinado, la había asustado, y ahora no sabía como arreglarlo.

Mimi Tachikawa le atraía de sobremanera, y no podía evitarlo por más que quisiera.

-No seas idiota- respondió la chica al teléfono, aguardando unos segundos en silencio -Sí, sigo aquí, pero y-ya terminé- aquello último lo había dicho con cierta duda, mirando hacia atrás de reojo, pero sin alcanzar a ver al rubio -Vale, espérame entonces. Ya voy para allá.

Al colgar un largo suspiro salió de sus labios, sabiendo a lo que debía enfrentarse a continuación.

Necesitaba un tutorial de cómo lidiar con el deseo frustrado y una tensión sexual mal disimulada.

-Oye…- Yamato se había acercado tras respirar profundo. Al llegar a su lado la miró con atención.

-Debo irme- dijo dudosa, mirando con cautela al rubio -Y-Ya es un poco tarde, así que…

-Tranquila- asintiendo, viendo luego como empezaba a guardar sus cosas en la cartera, en un silencio realmente incómodo.

Haz algo, Matt, ¡Lo has arruinado!

-Oye…- dijo de pronto el rubio, interrumpiéndola -¿Será que nos podríamos ver mañana? Me gustaría llevarte a Ai Fiori.

Mimi se sonrojó con aquella inesperada pregunta.

Ai Fiori, conocía ese restaurant, ¡Era uno de los más elegantes de New York!

¿Acaso estaría invitándola a salir?

Tan pronto como Matt se dio cuenta de aquello carraspeó un poco, sintiéndose estúpido. Anda, vamos a echarle más leña al fuego. Estaba claro que la pobre estaba huyendo de él.

-Es donde trabajo- agregó casi atropelladamente, para luego serenarse -Me gustaría que vieras la cocina ya que me viene bastante bien esa distribución.

-Ah, c-claro. Seguro, ¿Me pasas la ubicación por Whatsapp?

-Te puedo pasar buscando por el trabajo, si prefieres.

-En ese caso… ¿Crees que pueda ser después de las seis? Antes se me hace imposible.

-Sin problema.

-Excelente.

Ya cuando Mimi pudo guardar todo en el maletín de trabajo ambos se encaminaron a la salida, ella con todas sus pertenencias al hombro y Yamato con las llaves del local saltando dentro del bolsillo del pantalón con cada paso que daba.

No intercambiaron palabra alguna hasta tener un pie fuera del restaurant.

-Bueno…- empezó la castaña un poco tensa -Hasta mañana entonces.

-¿Cómo te irás?

-Caminando.

-Entonces espera. Te acompaño a casa.

Mimi le sonrió divertida.

-No estamos en el siglo XV- le dijo mientras se alejaba de él, risueña.

-Oye- se defendió el rubio un poco ofendido, viéndola alejarse mientras cerraba con llave el local -La caballerosidad no tiene época.

-Tai me espera en Starbucks, no te preocupes. Nos vemos mañana, Yamato.

Matt quiso detenerla cuando la veía alejarse de él.

También quiso continuar lo que había ocurrido en la cocina, más era evidente que la magia se había acabado y que en realidad aquello no tenía que haber ocurrido, ¡Y menos aún luego de hablar de su misterioso matrimonio fallido!

Fue por ello que no la detuvo. Pero no se arrepentía en absoluto de lo que habían hecho, todo lo contrario, había ilusionado a Yamato con ideas que esperaba desarrollarlas pacientemente…

-Sigue con tu vida, Yamato. La vida es muy corta.

Y eso era precisamente lo que pensaba hacer.


Notas de la autora:

¡Feliz año nuevo!

Feliz feliz feliz navidad y un próspero año nuevo, señores, que después de mucho tiempo ausente aquí estoy de nuevo. Ojo, ya estaban advertidos, que yo para actualizar soy un tema, pero es que no había encontrado tiempo de corregir el capítulo para subirlo, y con corregirlo me refiero a reescribirlo prácticamente -seguro se me ha escapado un errorcillo por ahí, si lo ven no duden en decirme-, ya que no estaba contenta con el resultado, y mucho menos lo iba a hacer sin tener ya listo el siguiente.

Ahora bien, ¿Por qué me he tardado tanto?

Estuve trabajando un par de meses día y noche, por lo que por poco tuve vida social, y eso que de por sí soy medio antisocial.

Me casé. Luego de 11 años juntos, me acabo de casar con el mejor hombre del mundo. No pensábamos hacerlo, pero toda la porquería burocrática nos obligó. Pero fue una experiencia hermosa, sí que sí. Si necesitan algún tip de boda con mucho gusto se los doy.

Y… Estoy con trámites para mudarme. Otra vez. Y no es a la esquina. Me voy a otro jodido continente. Esto de ser inmigrante venezolano te vuelve casi que un gitano.

Así que bueno, disculpen la desaparición, pero ya ven, siempre soy un peo ambulante, boda, mudanza, trabajando como negra, pero todo bien. Hay salud, y eso es lo que importa.

Ahora bien, les debo las respuestas a sus comentarios, que aviso que los he leído todos, pero solo alcancé a responder unos cuantos y no quiero seguir retrasando la publicación. Por lo que en el siguiente capítulo les prometo respuestas a cada uno, así que aprovechen en este hacer todos los comentarios y preguntas que quieran.

¿Qué les ha parecido el capítulo? A mí me ha costado un buen definirlo. Finalmente saben lo que ocurrió con Yamato y su esposa, ¿Qué opinan?

No tengo más nada que decirles más que gracias por este 2018 y por el apoyo que me han dado con Stepmom's Recipe. Espero no decepcionarlos con este o volverlo un jodido drama como pasó con Roommates -Sorry for that-, así que nada, ¡Les deseo un increíble 2019 y espero que terminen este 2018 con la mejor vibra! Disfruten cada segundo, disfruten el tiempo en familia -Que no daría yo por volver a disfrutarlo- y disfrútense a sí mismos, porque cada centímetro de ustedes lo vale.

¡Feliz navidad y un próspero año nuevo!

Se despide,

Vai.