Stepmom's Recipe
By: Vainiella
Capítulo 4
"Ebullición"
Yamato tomaba su café en silencio, con ambas manos en la tasa mientras observaba nada en particular. Su mente, que usualmente a esas horas de la mañana le gustaba habitar en la Caja de la Nada -Nombre dado por Takeru- en ese instante estaba muy lejos de estarlo.
Lo que había ocurrido el día de ayer despertaba en él un sentimiento agridulce que no tenía nombre. Mimi Tachikawa le atraía, eso estaba claro, pero, ¿Qué tanto? ¿Lo suficiente como integrarla a su vida? ¿O solo se trata de sexo? Porque, a ver, ayer fue un poco…Caliente. Tal y como el día en que se conocieron, haciendo evidente la atracción que sienten el uno por el otro.
No obstante, Yamato sentía que había algo más.
-¡Buenos días, papá!
Lucy apareció de repente en la cocina sorprendiendo a su padre. No tardó en acercarse a este para depositarle un sonoro beso en la mejilla, además de un fuerte abrazo en el cuello. Yamato la recibió con un gusto inmenso, respirando el dulce aroma a naranja que desprendía el cabello de su hija.
Jude, por su parte, apareció un segundo después, pero a diferencia de su hermana solo se aproximó a su silla, cual era justo la que estaba en frente de su padre. Su silencio no era del todo preocupante, de por sí era un chico bastante introvertido, pero ya Yamato sabía por el brillo de sus ojos y sonrisa tímida de que estaba igual de contento que su hermana por el desayuno servido; pancakes con semillas de chía, huevos revueltos con queso Gouda y zumo de naranja recién exprimido.
-Buenos días, Jude- le saludó con cariño. El niño le sonrió ligeramente para luego empezar a comer –Quiero ver esos platos limpios, ¿De acuerdo?
-Papá, todos mis compañeros comen en la cafetería del colegio.
-Y probablemente sea porque no tienen un papá chef. Me preocupo por la condición higiénica de esa comida, Lu- le soltó Yamato dejando su tasa de café en la mesa. Lucy le sacó la lengua risueña.
Los niños estaban terminando de comer cuando en eso la puerta de la casa fue abierta, anunciado la llegada de la única persona que, aparte de Yamato Ishida y la niñera, tiene llaves del recinto.
-¡Muy buenos días!
Lucy y Jude sonrieron ampliamente, mirando hacia el umbral por el que en ese momento se asomaba su queridísimo tío Tk. El rubio menor se adentró a la cocina con buen humor.
-Buenos días, tío Tk- le saludó Lucy, recibiendo un beso en la cabeza de su parte, haciendo luego lo mismo con Jude.
-¿Desayunaste?- le preguntó Yamato.
-Sí, gracias.
-¿Cómo te fue anoche en tu cita?- le preguntó entonces Lucy.
-Pues, increíble- sentándose en la única silla que estaba disponible de la mesa –Tu profesora es una mujer estupenda, Lu.
-Te lo dije.
-Esperen- intervino Matt, frunciendo el ceño -¿Saliste con la profesora de Lucy?- Tk asintió, sin borrársele la sonrisa del rostro –¿Cómo…?
-Un día que fui a buscar a Lucy al colegio me presentó a la señorita Hikari, y bueno, me armé el valor de invitarla a salir. Por eso te pedí prestado el auto ayer.
-Primero, no me pediste el auto prestado para invitar a una chica a salir, y segundo, mucho menos me dijiste que era la profesora de Lucy.
-Vamos, papá. La señorita Hikari es muy buena, y creo que le gusta el tío Tk.
Tk la miró interesado.
-¿De verdad crees que le gusto?
-Si anoche llegaron a primera base, sí.
Yamato casi se ahoga con el café.
-Lucy,- pasmado -¿Cómo sabes lo que significa eso?- la niña puso los ojos en blanco, dispuesta a explicarle -¿Sabes qué? Olvídalo, simplemente sea de donde sea que lo estés sacando no lo hagas, ¿Estamos claros?
-Por el bien de tu padre será mejor que le hagas caso- en eso mira su reloj –Tienen cinco minutos para subir y cepillarse los dientes, chicos. Ya es hora.
Lucy y Jude se pararon de la mesa, con los platos ya limpios, y estaban a punto de irse cuando en eso Jude se acerca a su tío Tk para susurrarle algo en el oído. Matt observó la escena con gesto de dolor, pero prefería mil veces que sea su hermano o Lucy con los que pueda hablar Jude que alguien más.
Tk le sonrió, revolviéndole los cabellos.
-Vale. Ahora, ve a cepillarte.
Jude siguió a su hermana por las escaleras, dejando a ambos adultos en la cocina.
-¿Qué te dijo?
-No puedo decirte, es una sorpresa- Matt enarcó una ceja –Recuerda que tu cumpleaños es este sábado.
-Ah, cierto- distraído, levantándose de la mesa para lavar los platos –Por favor, solo quiero una simple celebración con ustedes tres.
-Ya es tarde… Papá y mamá vendrán este fin. Y me tomé la libertad de invitar también a Jou y a su esposa.
-Rayos, Tk, sabes que no me gustan las fiestas- se quejó Yamato, lavando con cuidado las vajillas para ponerlas a secar a un lado –Dime por favor que no invitaste a nadie más.
-Solamente a Mimi Tachikawa.
Entonces Yamato palideció, dejando caer un plato dentro del fregadero con torpeza. Volteó a ver a su hermano con el rostro desencajado sintiendo como los nervios empezaban a abofetearlo.
-¡Hombre, que cara!
-Dime que me estás jodiendo.
-Estoy jodiendo- dijo con diversión, levantándose de la mesa para luego apoyarse del mueble, junto a Yamato –¿Qué? ¿Tan mala idea es?
Su silencio hizo que Tk se sintiera motivado con la conversación, elevando las cejas una tras otra haciendo que Matt terminara por encontrarlo un poco divertido.
-Tk, todo es meramente profesional.
-Sí, claro, sobre todo aquella noche que la llevaste a su casa, ¿No?
Yamato volvió a dejar caer el mismo plato que estaba lavando.
-Venga, que te vas a quedar sin vajillas.
Eso le pasaba por haber soltado la lengua y contarle a su hermano lo ocurrido.
¡Menos mal que aún no sabe lo de ayer!
-¡Hey, chicos, apúrense que es tarde!
Un lejano sí de parte de los niños tranquilizó a Yamato.
-Entonces, con que profesional, ¿No?
-Vale, tienes razón, no fue nada profesional lo que hicimos, pero no se volverá a repetir.
-Pero te gustaría que se repitiera.
-Tk…
-Ay, hermano- negando con la cabeza -¿A quién quieres engañar?
En eso, los pasos apresurados de sus hijos se escucharon por las escaleras, y en un segundo ya estaban en la entrada de la cocina con una amplia sonrisa y ya con sus bolsos de colegio en los brazos.
-¡Listos!
-A ver esos dientes- tanto Lucy como Jude se acercaron a su tío, mostrando todos los dientes con orgullo -Muy bien, ¿Listos para ir al colegio?
-¡Sí!
-¡Andando!
-¡Adiós, papá!
-Que tengan un buen día- de vuelta a la mesa con su tasa de café dijo aquello observando como corrían hacia la entrada de la casa, sentándose en el piso para ponerse los zapatos del colegio.
Decir que hace un año tenía que ayudar a Jude a amarrarse los zapatos.
-Bueno, te veo luego.
-En realidad…- empezó con duda, ya que sabía que su hermano no perdería la oportunidad de molestarlo -Hoy llegaré un poco tarde.
Tk enarcó una ceja.
-Tengo que mostrarle a Mimi la cocina de Ai Fiori para tomar referencias, y solo puede después de las seis.
-Claro, claro. Eso suena muy profesional- Yamato gruñó de mala gana, reconociendo la connotación de aquel comentario.
-¡Vamos, tío Tk!
-¡Ya voy, lo siento!- sonriendo como despedida a su hermano -Tómate el tiempo que necesites, yo me encargo de los niños. Ah, y…- frenándose en la entrada de la cocina -Ya es momento de que continúes con tu vida, ¿No?
Y antes de que Matt dijera algo más el chico tomó su abrigo y salió de la casa junto con los niños, no sin antes que volvieran a despedirse de su padre desde la puerta principal.
-No eres el único que me ha dicho eso- dijo con tono burlón, recordando las palabras de la castaña el día de ayer.
-Apúrate, estúpido.
-Que ya voy, mujer.
Mimi abrazó con impaciencia la carpeta con bocetos en su interior, esperando en la recepción de la oficina mientras el idiota de su mejor amigo seguía buscando su sweater chasmere, cual aparentemente llevaba mucho tiempo en manos de Miyako y ya era hora de recuperarlo.
-La verdad no entiendo- se escuchaba farfullar al moreno, quien seguía husmeando en el escritorio de Miyako -¡Ya tiene el cabello color purpura! Parece un teletubbie con mi sweater.
Mimi miró se celular notando la hora, y un nuevo Whatsapp por parte de Yamato Ishida.
-Mierda- abriendo la aplicación para leer el texto. Un "Estoy abajo" hizo que se exasperara más todavía -Maldición, Taichi, ¡Te compro uno nuevo si quieres!
-Ya, ya- apareciendo finalmente con el sweater color morado -¿Cuál es tu problema?- cerrando la puerta de la oficina con llave -¿Tienes que ir a algún lado, acaso?
Sí, supieras que sí. No soy una ermitaña de mierda, pensó.
-Tengo que ver a un cliente.
Tai la miró con duda, que tras cerrar con llave empezó a caminar hacia los ascensores mientras miraba curioso a la castaña.
-¿A esta hora?- suspicaz -¿Qué cliente?
¿Decirle o no decirle?
-Yamato Ishida.
-Ah, ahora todo tiene sentido- dijo divertido, entrando ambos al ascensor -Yo te puedo decir qué clase de trabajo le haría yo a ese cliente.
-Por Dios, Tai… Eres un depravado.
-No, cariño. Soy gay, y se ve que ese hombre tiene al menos cincuenta sombras, ¿Cómo carajos puedes estar a solas con él y no arrancarle la ropa?
-No quiero arrancarle la ropa.
-Seguro te afeitaste para esta noche.
Un sonrojo considerable se adueñó del rostro de la castaña, pero antes de que tuviera tiempo para replicarle se abrieron las puertas en el piso cuatro, dejando entrar a una señora quien tras darles las buenas noches se ubicó frente a las puertas del ascensor, dándoles la espalda.
Mimi seguía batallando con las suposiciones de Taichi -Especialmente la última-, por lo que no se detuvo en seguir la conversación entre susurros.
-Solo es trabajo. Hoy veremos la cocina del restaurant donde trabaja actualmente para usarla como referencia.
-Ajá.
Ya estaban llegando a PB.
-Solo digo…- continuó Taichi -No me imagino de qué serías capaz de hacerle ahora, si cuando era un desconocido casi te lo follas en la puerta de tu casa.
Mimi le dio un golpe en el brazo por haber dicho aquello sin bajar la voz, justo antes de que la señora los viera de reojo.
Ya en planta baja los tres salieron del ascensor, permitiendo una considerable distancia entre la vieja y ellos para continuar la conversación.
-Eres increíble.
Al poner un pie fuera del edificio de oficinas, la castaña notó la camioneta de Yamato estacionada en frente, y con el hombre recostado contra la puerta de copiloto esperando por ella. La reconoció casi de inmediato, al intercambiar miradas el Ishida le sonrió de medio lado logrando que unas cuantas mariposas formaran una revuelta en su estómago.
-Hey, ¿Ese no es…?
-Sí. Adiós.
-Eh, eh, no tan rápido- riendo -Con razón estabas histérica por irte- mirándola con picardía -Espero que realmente te hayas afeitado para esta noche.
-¡Tai!
-A ver, cariño, que ese príncipe tiene una carroza de ocho cilindros y 500 caballos de fuerza- mirando de reojo la camioneta del rubio -¡Es un partidazo!
-Eres tan superficial…- poniendo los ojos en blanco -Ahora sí me voy. Nos vemos mañana.
-Espera.
-¿Y ahora qu..?
Y antes de que volviera a dar otro paso sintió como una mano grande y varonil rodeaba su cintura para detenerla, haciendo que Mimi mirara con sorpresa a su mejor amigo quien de pronto la había acercado a su cuerpo. Taichi la miraba juguetonamente mientras la apretaba contra él, pudiendo sentir su formado abdomen y pectorales de ensueño. Su camisa se adhería a sus marcados músculos, como siempre, pero estaba demasiado anonada con aquel inesperado movimiento como para decirle algo, se había quedado sin palabras apenas vio como Tai acortaba la distancia entre sus rostros para dejar un sensual beso en su cuello.
Y luego simplemente se separó, como si nada, los tres segundos más raros de su vida. Luego lo único que hizo fue guiñarle un ojo.
-Hasta mañana, gatita- dijo despidiéndose, alejándose de la castaña.
¿Qué demonios…?
Recobrando la compostura, volvió a la realidad mirando por donde se había ido su mejor amigo con ganas de lanzarle un zapato, ¡Le ha picado un bicho en el culo! Contuvo su incomodidad solo porque sintió una penetrante mirada sobre ella, notando entonces que Yamato seguía recostado contra el auto a la espera.
Dios, de paso presenció eso, ¡Que vergonzoso!
Caminando hacia el rubio mientras intentaba con todas sus fuerzas ocultar el sonrojo que adornaba su rostro, notó entonces que la mirada de Yamato había cambiado, incluso podía verlo un poco tenso.
-H-Hola- saludó ella tan pronto estuvo cerca.
-Hey- dijo él con cierta frialdad -¿Lista?
-Claro.
Yamato le abrió la puerta y esperó hasta que Mimi estuviera sentada y con cinturón para cerrarla. La castaña vio como le daba la vuelta al carro para luego montarse en el lado del conductor y encender el vehículo. Su rostro seguía inexpresivo, pero podía ver la misma tensión de antes en sus hombros y mandíbula.
-¿Te hice esperar mucho?
-No.
Ay, ¿Qué le pasa?
Le hizo dos preguntas más para hacer conversación, pero las respuestas que obtenía no la invitaba a continuar. Bien, algo le ocurría, ¿Qué pasó con la linda sonrisa con la que la recibió? Finalmente desistió y ambos fueron consumidos por el silencio hasta que al rubio se le ocurrió la brillante idea de poner un poco de radio, escuchándose de fondo la voz de un locutor opinando sobre el tráfico en New York.
A los segundos el celular de la castaña vibró como aviso, haciendo que Mimi diera un pequeño brinco. Se fijó en la pantalla notando un nuevo mensaje por Whatsapp.
Era Tai.
Tranquila, sigo siendo gay, pero soy hombre y sé como funciona la mente de un hombre. Me lo agradecerás.
Ten una excelente noche.
-¿Es estúpido o qué?- farfulló molesta, sin entender.
-¿Perdón?
Sonrojándose, volteó a ver a Yamato.
-N-Nada.
Silencio.
-Ya falta poco para que lleguemos.
-Vale.
Y en ese mismo silencio llegaron a su destino, ya que segundos después estaba Yamato metiéndose al estacionamiento privado del restaurant Ai Fiori.
Mimi lo conocía, ¿Cómo olvidarlo? Había venido por una segunda cita hace un par de meses y la verdad no había terminado nada bien… Si es que podría llamarse cita algo como eso. Es decir, ya había notado las miraditas del imbécil sobre la mesera que los atendió, pero según su madre era un buen chico, ya saben, de los que no se encuentran…
Hasta que los encuentras en el pasillo del baño comiéndose a la mesera como si fuera el jodido postre.
Al estacionarse ambos se bajaron del vehículo, caminando hacia la parte trasera del restaurant para entrar por la cocina. Todos voltearon a ver a los recién llegados, mirando con sorpresa a la desconocida que estaba junto a Matt.
-Buenas noches- la voz seria del hombre hizo que todos respondieran el saludo con obediencia -Hoy la señorita Tachikawa nos acompañará para presenciar un día común en Ai Fiori. Por favor, continúen como si ella no estuviera aquí, ¿De acuerdo?
No obstante Mimi ya se había percatado de la mirada extraña de una mujer que parecía pertenecer al equipo de cocineros. Apenas sus miradas coincidieron la linda rubia de ojos azules se dio la vuelta para continuar cortando unas verduras, dejándola un poco desconcertada.
-¿Lista?
La voz del rubio hizo que volviera a la realidad.
-Ahm… Sí, claro, ¿Por dónde empezamos?
-Bueno, si prefieres puedo darte un breve tour en donde están los comensales antes de…
-No, no hace falta. Ya conocía este lugar.
El tono con que había dicho aquello la dejó en evidencia, pero ya era muy tarde para disimular la pizca de amargura en sus palabras así que antes de recibir un interrogatorio se dio la vuelta para observar con detalle toda la cocina.
Matt tuvo que tragarse su curiosidad para dar inicio al tour, explicándole la funcionalidad de cada área, de cada cocinero, de cada olla.
Habían transcurrido unos 47 minutos para el momento en que habían visto todo lo necesario.
-Es bastante similar a lo que tenemos en La Masserie- dijo entonces Mimi, tomando otra foto de la cocina -Solo hace falta cambiar unos detalles y listo.
-Gracias por haber venido en tu tiempo libre.
-Para nada, gracias a ti por la clase magistral de cocina. Esto fue realmente útil.
Matt la observó disimuladamente mientras la chica hacía otras anotaciones en su celular. Tenía el cabello recogido en un moño descuidado, con ciertos mechones invadiendo su rostro.
-¿Sabes cómo dimos contigo?- antes de que pudiera evitarlo ya Yamato había soltado ese comentario, más para continuar la velada que por otra cosa. Mimi entonces lo miró curiosa -Mi hermano y yo vimos lo que hiciste en Meadowsweet.
-Meadows… ¡Ah! Ya- recordando aquel restaurant -Polo y Steph. Son un amor.
-Nos gustó mucho el diseño para La Masserie- continuó Yamato -Así que mi hermano se puso a investigar un poco y luego terminé en tu oficina ofendiendo a tus empleados y sus tacones.
Aquel comentario le causó gracia a la castaña, por lo que no pudo evitar reírse al recordar aquel momento.
Pero entonces el sonido de un cuchillo cayendo al suelo resonó por toda la estancia, interrumpiendo la conversación.
-¡Sous chef, Irina se cortó!
Tanto Mimi como Matt se alertaron con aquello, y automáticamente el rubio corrió hacia la víctima. Era la misma mujer con mirada curiosa de antes.
La castaña observó como el hombre tomaba delicadamente la mano de la rubia para contemplar la herida con detalle y así catalogar el nivel de daño, tal como había hecho ayer con ella cuando se había cortado por la caída. Claro está, atendía a Irina como atendería un doctor a su paciente. Con Mimi había sido demasiado íntimo, demasiado delicado. Y decir que luego habían…
Pero en eso Mimi se percató de un sonrojo adueñándose de las mejillas de la rubia, y aunque Yamato estaba demasiado absorto curándola con el botiquín de primero auxilios como para notarlo, Mimi sí lo hizo.
-Debes tener más cuidado, Irina- le dijo con voz grave, terminando de limpiar la herida para luego permitir que una señora con gesto amable se ocupara del resto -No hará falta puntos, pero si quieres puedes retirarte.
-Sí, sous chef.
Yamato se alejó de la mujer para luego acercarse a la castaña, quien miraba con simpatía al Ishida.
-¿Qué?- preguntó tras llegar a ella.
-Eres un poco severo, ¿No lo crees?
-Su distracción atrasó al equipo.
-Y me pregunto qué le habrá distraído…- Matt iba a comentar algo al respecto dado que parecía saber algo que él no, pero la chica simplemente sonrió divertida para luego mirar la hora en su celular -Creo que ya estamos listos.
Yamato asintió, y luego volteó a ver a su equipo de trabajo para despedirse. Mimi aprovechó la oportunidad para confirmar sus sospechas y notar como la joven a la que llaman Irina los observó con gesto abatido.
Una vez fuera del restaurant ambos caminaron hacia el auto del Ishida, y a un metro del vehículo la castaña rompió el silencio.
-Entonces, ¿Sueles romper corazones a menudo?
Matt la miró como si se le hubiese zafado un tornillo.
-¿De qué hablas?
-De la pobre Irina, y como su distracción casi la deja sin dedo.
Mimi al ver su expresión soltó una risita.
-Así que hablamos de esposas-no-esposas pero no de Irinas.
Yamato bufó por lo bajo.
-Irina fue algo que no tenía que haber ocurrido- apoyándose en el techo de su camioneta mientras Mimi lo miraba atenta desde el otro lado -Incluso no sé porque permití que ocurriera algo.
-Suele pasar- intentando restarle importancia y de esa forma ignorar cierto pinchazo de celos molestándola -Yo también he salido con chicos que terminaron siendo un dolor de cabeza.
-¿El de Ai Fiori fue uno?
La castaña supo a qué se refería. Había sido demasiado obvia.
-Pues… Sí, el de Ai Fiori fue uno de ellos- poniendo los ojos en blanco -Y si no fuera por Taichi hubiese terminado llorando como una adolescente despechada.
Mimi no se dio cuenta, y es que justamente se estaba montando en la camioneta cuando a Yamato le cambió la cara.
Ah, el gran Taichi.
Ese beso en el cuello, ese innecesario y bastante íntimo beso en el cuello, ¿Qué significa? Es evidente por lo que acaba de decir y por el historial que tienen desde que se conocieron que ella no tenía novio, o al menos no estaba interesada en tenerlo, pero ¿Qué puede ser Taichi de ella? Porque indudablemente un simple socio no es. No.
¿Un pretendiente que la deja sin pantaletas, la invita a tomar cafecitos y de paso le da besos en el cuello descaradamente como despedida?
Se montó en el vehículo y tan pronto lo puso en marcha aceleró saliendo del estacionamiento como un soplo, logrando que Mimi echara la cabeza hacia atrás y se aferrara un poco al asiento.
-Eh, Toretto, que esto no es una pista- lo miró de reojo, notando esa expresión fría y una mirada un poco intensa que hizo que Mimi quisiera aferrarse a la puerta.
-Lo siento- giró un poco el volante para incorporarse en el tráfico, ya camino a casa de la castaña -¿Desde cuándo se conocen?
-¿Quiénes?
-Tú y el arquitecto Yagami.
Mimi elevó las cejas con sorpresa.
-Vaya, ¿Unos siete u ocho años? No lo sé… Prácticamente desde la universidad- encogiéndose de hombros.
Así que desde la universidad… Bien, el chico le lleva la delantera como por mucho, pero nada era oficial, por lo que le daba la oportunidad de seguir indagando.
¿Y para qué? Si hay algo entre esos dos te carcomería de los celos, hombre.
¿Y si no?
-Siempre ha estado ahí- dijo distraídamente mirando hacia al frente, interrumpiendo los pensamientos del Ishida -No sé en qué momento se ha vuelto vital para mí, pero simplemente está cuando lo necesito.
Vale, ese puñetazo en el corazón ha sido únicamente su culpa. Quien le manda de andar preguntando.
Yamato asintió, cruzando en la siguiente avenida para evitar un poco el tráfico. Por suerte estaban a 10 minutos de la casa de la castaña.
Mimi lo observó de reojo, notando que había pasado más de un minuto desde que intercambiaron palabra.
-Y… ¿Cómo están tus hijos?
El rubio volteó a verla, tomándole por sorpresa la pregunta ya que estaba demasiado concentrado en como continuar la conversación sin dejar en evidencia su malestar. Sonrió levemente.
-Están bien, gracias por preguntar- pausa -Es muy probable que en este momento estén con el tío TK planeando una sorpresa para mi cumpleaños.
-Con que tu cumpleaños…- mirándolo con picardía -¿Cuántos siglos van a ser?
Él solo puso los ojos en blanco.
-En serio, ¿Cuántos años crees que tengo?
-No sé, ¿98?- Matt la miró de reojo sin pizca de gracia -Vale, vale, en serio, ¿Unos 45 años?
-Estás bromeando, ¿No?- la castaña sonrió con inocencia disfrazada -Vale. Tengo 38, Mimi.
-¡Caray, solo eres ocho años mayor que yo!
Esta vez fue el Ishida que la miró suspicaz.
-No puede ser que tengas 30. Todo este tiempo pensé que tenías 23 años como mucho.
-Que exageración- riendo -Aunque podría decirse que eso lo saqué de mi madre. Tiene 53 años pero parece de mi edad…- en eso abre los ojos de golpe -Uy, si se entera que dije que es una cincuentona me mata.
-Tranquila, te prometo que no le diré nada- le soltó el rubio con camaradería, guiñándole un ojo.
De pronto la castaña se sintió perdida.
Por supuesto, no cabía la posibilidad de que Matt entrara demasiado en su vida como para que conozca a su madre, pero… La idea de que la conozca no le espantaba, es decir, si podía ser así de divertido y atento estaba segura de que Satoe lo amaría.
Y antes de que se diera cuenta ya estaban en su casa. Matt estacionó el auto frente al edificio poniendo luego el seguro de mano.
-Bueno, nuevamente gracias por el aventón…- dijo mirándose las manos con un poco de nervios, no queriendo bajarse del auto aún -Creo que esta vez fue mucho más ameno que el anterior.
Vale, eso fue tonto, pero de pronto se había puesto nerviosa, temiendo que saliera a colación lo que había ocurrido ayer en La Masserie.
Por supuesto, haber nombrado aquella otra noche no había sido muy inteligente que digamos.
No estaba lista para darle nombre a lo que sentían. Era evidente que Yamato le atraía de sobremanera, pero el no admitirlo ante él era como si nada hubiese pasado entre ellos.
Parecía una universitaria.
-Por supuesto, en comparación con el anterior no dormiste la mayor parte del trayecto, ni balbuceaste incoherencias- le respondió el Ishida divertido, acomodándose en su asiento para observar mejor la expresión de la castaña.
Esta no pudo evitar sonrojarse como una adolescente.
-Oh, por Dios- mirándolo espantada -¿Qué dije?
Matt se mordió el labio inferior con cara de que tenía un gran secreto que no pensaba compartir con nadie.
-¡Yamato!
-¿Qué?
-¿Qué fue lo que dije?- el rubio enarcó una ceja -Tienes que decirme, me estoy imaginando cualquier cosa y es peor.
No lo creo, pensó. Suspirando, miró a la chica con cierta duda.
-Recuerdo vagamente que querías hacer cosas indebidas con mi hermano…
-¡Ay, no!
Mimi enterró el rostro entre sus piernas, soltando un corto chillido en el acto. Podía sentir su rostro caliente como un carbón en llamas.
-Hey, ya se me había olvidado- Mimi maldijo su vida entre murmullos -Anda, Mimi, no pasa nada, todos hemos pasado por eso.
-¡No quiero follarme a tu hermano!
-Por Dios, no tienes que decírmelo. Ya lo sé,- Mimi seguía con el rostro enterrado entre sus piernas -Oye…
Matt acercó su mano a su cabeza, dándole dos pequeños toques.
-¿Hay alguien ahí?
-Déjame, soy un avestruz.
De pronto el rubio empezó a reírse, una risa que, aunque había durado unos pocos segundos, para Mimi fue la cosa más maravillosa de oír. Volviendo a su postura normal, contempló como se iluminaba el rostro de su acompañante, y lo guapo que se veía cuando sonreía así.
Matt le gustaba mucho, y su corazón latiendo rápidamente mientras su estómago se llenaba de mariposas era la clara prueba de ello.
¿Por qué seguir negándolo?
-Eres como una niña- soltó dejando de reír para luego observarla con calidez. Acercó su mano a su rostro para ocultar un mechón de cabello castaño detrás de su oreja, proporcionándole una caricia en el acto -Por cierto… Puedes decirme Matt, si quieres.
-¿Matt?
El hombre solo se encogió de hombros, pero la sonrisa no abandonó su rostro.
La frialdad de esos ojos azul hielo había desaparecido por completo, y entonces Mimi simplemente lo miró de la única forma en la que una mujer mira a un hombre con ganas de ser besada.
Entreabrió sus labios para respirar profundamente, sintiendo como su cuerpo reaccionaba a sus emociones. Yamato entonces comprendió que el mejor momento para besar a Mimi Tachikawa era ese. En sus labios se dibujaron una apetecible y discreta redondez, como si deseara pronunciar la letra u. Y tal como ayer, jamás en su vida había deseado tanto besar a alguien.
Pero Yamato Ishida era un idiota.
Los nervios se apoderaron de él, y en lugar de acortar las distancias y apoderarse de sus labios, había mirado su reloj.
-Será mejor que…me vaya- dijo de pronto el rubio -Los niños…
Mimi tomó esta indirecta con toda la dignidad posible.
-Claro, claro- respondió ella para luego desviar su vista, lejos de cualquier cosa que sea azul y que haga que su corazón brinque -Gracias por el aventón, Yamato.
Un abismo frío se interpuso entre ambos, y antes de que el rubio pudiera arrepentirse ya Mimi se había bajado del vehículo.
¡Detenla!
Derrotado y sintiéndose enormemente mal consigo mismo, observó como la mujer ingresaba al edificio.
Eres un estúpido, Yamato Ishida.
-¿Qué me pasa?- se dijo estrellando suavemente la cabeza contra el volante.
¿Por qué hizo eso?
Ella quería que la besara, ¡Ella le invitó a besarla! Lo vio en sus ojos, en sus labios, en su expresión… No obstante, en lugar de ello, no, ¿Qué tal si la rechazamos descaradamente? Como si no existiera química, como si no existiera una atracción que casi los lleva al paraíso un día antes.
¡Ahora sí que lo había arruinado!
Y todo porque no se permitía la oportunidad de ser feliz, o de al menos intentarlo, y eso era gracias a un simple pero penetrante temor de perderlo todo de nuevo.
En eso, al subir la mirada para encender el auto y emprender su camino a casa, reconoció a lo lejos a una pelimorada mientras llevaba de la correa a un Schnauzer.
Ya es momento de que continúes con tu vida, ¿No?
La voz de su hermano hizo eco en su cabeza, y entonces entendió que no había tiempo que perder.
Apenas ingresó a su departamento se quitó los tacones y los lanzó a la cesta de zapatos que estaba en la entrada. Dejó caer la cartera al piso. Se sacó sus ajustados pantalones y al igual que la cartera los dejó en el suelo, vistiendo únicamente su camisa de botones de seda y por su puesto su ropa interior.
Estuvo a punto de quitarse el resto de la ropa, pero su trayecto hasta el refrigerador para buscar una botella de vino la detuvo. Apenas localizó la botella que había empezado a beber el día anterior la agarró por inercia, sacándole el corcho torpemente para luego darle un largo sorbo del pico.
Es oficial.
Era una borracha empedernida.
Y una bien marginal, tomando vino directamente de la botella cuando tenía copas de 50 dólares.
¿Por qué se había expuesto de esa manera tan vergonzosa ante Yamato Ishida?
El día que se conocieron, cuando casi se lo come en la puerta de su casa, estaba pasada de copas, por lo que era la excusa perfecta. Aquello había ocurrido porque estaba borracha.
Pero, ¿Cómo explicar lo que ocurrió ayer? ¿Y lo de hoy?
¿Cómo explicarle a un hombre, considerando que seguía enamorado de su exesposa, que estaba obsesionada con la idea de comérselo a besos?
Por supuesto, el instinto de ellos por caer redondos ante los encantos de una mujer y de sus largas piernas era completamente normal, ¡Pero Mimi Tachikawa se había quedado sin excusas! Y no cabía duda, el hombre era un idiota. Primero casi se la come viva el día anterior y ahora la rechaza olímpicamente. Era evidente que el sentimiento no era recíproco, y ella de tonta va y le pone la cara de pánfila con la boca en forma de besito.
Mimi volvió a darle otro gran sorbo a la botella, regresando a la sala.
No se había molestado en buscar a la mascota de su madre porque sabía que Miyako se la había llevado para pasearla. No porque Miyako sea su asistente, sino porque era un animalista a tres tablas que adoraba a la mascota de su mamá… Y su mamá la adoraba a ella por eso. Hasta podría decir que se parecían bastante, sobre todo en el aspecto de buscarle pareja.
Pareja…
Volvió a tomar de la botella.
En eso, el timbre sonó un par de veces. Se dio la vuelta en camino a la puerta, abrazando a su elixir personal por si su pelimorada amiga decide arrebatársela. Para el momento en que ya estaba abriendo la puerta, recordó un pequeño detalle.
¿Por qué Miyako tocaría el timbre si tiene llaves?
Déjà vu.
Una figura masculina se irguió ante ella apenas la puerta fue abierta lo suficiente, haciendo que el corazón de la castaña latiera ferozmente al reconocer aquellos cabellos rubios y ojos azul cielo.
-¿Yamato?
¿Qué hacía Yamato Ishida en la puerta de su departamento?
¿Y cómo es que el vigilante le sigue permitiendo el acceso?
-¿C-Cómo…? ¿Cómo lograste pasar?
-Me encontré a la señorita Inoue unos minutos después de que entraras.
Mimi buscó con la mirada algún rastro de Miyako, más no la encontró por ningún lado, olvidando por un instante que estaba en panties ante él, y peor aún, con una botella en mano.
-En serio creo que te encanta el exhibicionismo- ella lo miró por un segundo sin entender el comentario, pero no tardó mucho en darse cuenta a que se refería.
-¡No otra vez!- usando la puerta para cubrirse -Lo siento. Estaba…
-Sola, espero- ella solo puso los ojos en blanco ante su comentario.
-Dame un minuto.
-No, espera, será un segundo- ella aguardó desconcertada, dejando la botella en el suelo con torpeza como si el Ishida no la hubiese visto -Yo… Solo vine a decirte algo y me voy.
Se agarró la cabeza, pensando bien sus palabras. Mimi lo miraba desde su lugar sin entender.
Pero Yamato olvidó todo lo que pensaba decirle cuando subía en el ascensor.
¿Cómo poner en palabras un sentimiento que no tenía nombre?
¿Cómo decirle que él había querido besarla hace unos minutos, pero que temía arruinarlo?
-¿Hola…?
Matt soltó un bufido.
No podía hablar.
Pero esta vez sí podía besarla.
Así que simplemente acortó la distancia entre ambos y se adueñó de sus labios con dar un solo paso. Tomó su rostro, acunando sus suaves mejillas enrojecidas y sintiendo el calor del vino emanar de ellas. A diferencia de ayer, aquel beso no evidenciaba un deseo carnal que casi los quema. Fue un beso dulce, delicado, pero con cierto sabor a añoranza mezclado con vino que fue casi agridulce.
Al separarse Mimi seguía con los ojos cerrados, percibiendo como el rubio se alejaba de su rostro.
-Lamento ser un idiota a veces. No sé como comportarme cuando estoy cerca de ti- la castaña finalmente lo miró hipnotizada, todavía embriagada por el sabor de sus labios -Y tampoco tengo muy claro lo que piensas de esto, pero no voy a seguir haciéndome el ciego cuando claramente me gustas, Mimi.
Y con ello la castaña entendió todas las novelas rosas que alguna vez había leído, y lo que realmente significa que se te acelere el corazón.
-Yo…
-Espera, no digas nada- Matt miraba el suelo un poco apenado por exponer sus sentimientos de esa forma -Solo…piénsalo esta noche, y mañana lo hablamos. Sea lo que sea que decidas lo aceptaré, ¿Vale?
Mimi asintió, aún con medio cuerpo tras la puerta. Pudo notar como el rubio hacía todo lo posible por evadir la mirada, respetando su desnudez.
-Buenas noches, Mimi.
Si supiera que la única forma para que sean buenas noches es continuar lo que él había empezado.
-Matt.
El rubio, quien ya se había dado la vuelta para caminar al ascensor, se detuvo dubitativo al escuchar su apodo. Antes de que pudiera decir nada, Mimi había saltado fuera del departamento para alcanzarlo y tomar su mano, obligándolo a darse la vuelta y así corresponder con sorpresa un inesperado beso lleno de anhelo y dulzura. Tomó su fina cintura con una electrizante caricia mientras que Mimi había elevado sus brazos para rodear el cuello del Ishida, dejando completamente al descubierto su ropa interior puesto que su camisa de seda se había elevado con aquel estirón, no pasando desapercibido para él.
Yamato trató de bajar su camisa para ocultar un poco aquella inocente desnudez, mirando a su alrededor por si había algún curioso vecino al acecho.
Mimi sonrió contra sus labios al percatarse de su preocupación.
-Creo que olvidé que no tengo pantalones.
-Pues yo no lo he olvidado, así que entra antes de que alguien te vea.
-¿Y si entras conmigo?
Matt notó el brillo coqueto en sus ojos color miel, debatiéndose internamente sobre las aptitudes de un caballero. Mimi por su parte hizo un hipnotizante recorrido con su dedo índice y su uña impecablemente pintada desde el cuello del hombre hasta su abdomen.
Oh, ¿Cómo negarse?
La castaña aceptó su piel de gallina y balbuceo como una respuesta positiva, tomando su mano con cariño para luego jalarlo con ella hacia el departamento. Matt contempló como algún que otro mechón de su cabello saltaba con cada paso que daba, y una vez dentro cerró la puerta tras de sí, dedicándose unos pocos segundos para contemplarse el uno al otro como si aquello no fuera real.
El protocolo, la diplomacia y los parámetros, todo se fue a la mierda tan pronto sus labios volvieron a unirse esta vez en un beso lleno de frenesí. Las manos de él estaban por todos lados y las manos de ella le clavaban las uñas como un gesto de pertenencia.
El ambiente se puso cada vez más caliente, y un gemido se escapó de los labios de Mimi cuando su espalda chocó contra la pared, pues el rubio la había tomado de los muslos para cargarla y estrellarla contra alguna parte del departamento, sirviéndole de apoyo.
Esta vez no había razón para negarse, o al menos lo habían olvidado por completo. Aquel era el momento para disfrutarse, y lo aprovecharían al máximo.
Besó su cuello y acarició la desnudez de su cuerpo cuando elevó la prenda de seda, y pronto la ropa se había vuelto un obstáculo, no tardando mucho en salir volando por los aires la franela del rubio y los botones de la camisa de la castaña. Esos botoncitos del demonio eran demasiado pequeños para abrirlos uno por uno y por supuesto la paciencia era escasa, considerando el tiempo que tenían sin tener sexo y las ganas que se tenían mutuamente. Tan pronto la camisa fue despojada de su lugar Yamato solo pudo balbucear en sus labios una cosa.
-Prometo comprarte otra.
Mimi rio con aquel comentario, luego sintiendo como era besada desde su cuello hasta el centro de sus senos, bien apretados gracias al sexy brassier que había decidido vestir hoy.
Bien, puede que Tai tenga un poco de razón con lo de haberse preparado para esta noche…
Seducidos por los gemidos y por sus agitadas respiraciones, abandonaron aquel entretenido rincón para luego encaminarse a la habitación de Tachikawa, quien guiaba los pasos ciegos de Yamato pues éste no paraba de besar su cuerpo. Siendo un departamento pequeño no fue mucho lo que tuvieron que caminar, aunque hayan tenido que tropezar con alguna que otra cosa en el trayecto.
Encontrar la habitación de la castaña no fue problema. Una vez en ella, el rubio depositó con delicadeza a Mimi entre los cojines de la cama. Ella por su parte se terminó de quitar la camisa de seda para luego abrir las piernas y dejar un claro mensaje de lo que quería.
Sensual. Hermosa. Exquisita.
Yamato desabrochó su correa y pantalones para luego despojarse de ellos. La castaña contempló su cuerpo varonil, no muy ejercitado, pero tampoco muy delgado. Era el cuerpo de un hombre, uno que en ese instante se aproximó a ella para luego ubicarse entre sus piernas, aun vistiendo su ropa interior por suerte, pues sentía morirse de una combustión espontanea.
Los besos continuaron, y Mimi rodeó con sus piernas también el cuerpo del hombre, sintiendo esta vez con todo su esplendor su sexo presionándola, rosándola, reclamándola. Se sentía en el cielo con su lengua lamiendo su cuello y suspirando su nombre. No tardaron mucho en impacientarse con el juego previo, notando entonces que habían quedado completamente desnudos sin darse cuenta, y que su ropa interior estaba esparcida por toda la alcoba.
-Por favor, dime que tienes un…
-En el cajón, allí…- Mimi estiró la mano señalando la mesa auxiliar derecha de su cama. Matt no tardó en estirarse para alcanzar el cajón y abrirlo, encontrando cualquier cosa menos lo que estaba buscando.
-Aquí no hay nada.
-Está al fondo…- pero entonces abrió los ojos de golpe, recordando lo que había también al fondo –¡E-Espera!
Muy tarde, pues Yamato había encontrado no solamente un condón, sino también un juguete bastante interesante que no era para niños.
-Vaya, vaya…
-¡Eh, deja eso!- Mimi intentó quitárselo sin éxito. El Ishida había tomado sus muñecas con una mano, aprisionándola contra la cama -¡Yamato!
-Un día tendrás que mostrarme como te divertías con esto- Mimi infló sus mejillas, completamente apenada -Pero por ahora tendremos que conformarnos conmigo.
El rubio se alejó de Mimi para arrodillarse y así poder colocarse más cómodamente el condón. La castaña por su parte lo contempló un poco intimidada, no creyendo que eso podría entrar en ella sin romperle algo. Tuvo que desviar la mirada avergonzada cuando Yamato la descubrió viéndolo, sonriendo socarrón. Solo tomó un par de segundos para colocarse el preservativo, y tan pronto estuvo listo volvió a ubicarse sobre Mimi, acariciando sus cabellos para relajarla.
-¿Lista?
Mimi asintió, doblando un poco las piernas y abrazando su cuello con sus manos.
Matt mojó sus dedos con saliva, y así mojarla a ella y no lastimarla. Ayudó a su miembro para que entrara poco a poco, y tan pronto estuvo completamente dentro de ella ambos gimieron con total placer, como si encajaran perfectamente.
-¿Estás bien?
-Sigue…- le rogó Mimi, mordiendo sus labios.
Los movimientos sensuales de cadera contra cadera, salir y entrar y respiraciones entrecortadas habían calentado sus cuerpos a tal punto que en cuestión de minutos estaban alcanzado el máximo placer. Mimi gemía con dicha mientras Yamato seguía enterrándose en ella, cuidando de no presionarla demasiado con su cuerpo pero lo suficiente como para que ella también sea complacida, logrando que poco a poco esté cerca del orgasmo.
Las uñas se clavaron en su espalda, y la espalda de Mimi se curvó para sentirlo más y más. El calor que emanaban sus cuerpos parecía estar al punto de ebullición, sintiendo como las emociones quemaban cualquier neurona pensante y así entregarse por completo al placer.
-¡Oh, Matt!
Una gota de sudor resbaló desde la nuca de Yamato hasta su zona lumbar, siguiendo la curva y los movimientos de su cuerpo para su impulso. Tuvo que besar a Mimi para acallar sus gemidos y así también callar los suyos, entrando y saliendo de ella con fuerza y rapidez hasta el punto en que ella fue la primera en llegar al climax, gimiendo el nombre del Ishida mientras movía sus caderas hacia él para disfrutar al máximo del orgasmo.
Matt no tardó mucho en alcanzarla, aprovechando la sensibilidad de la castaña para presionarse más contra ella al momento de correrse, y mordiendo ligeramente su hombro mientras también alcanzaba el orgasmo. Fue como si de pronto se elevara y aislara del mundo, para luego poco a poco ir regresando al mundo terrenal.
Las respiraciones agitadas y el movimiento constante de sus pechos para llenar sus pulmones de aire solo evidenciaba el final de una noche inolvidable.
Matt apenas recuperó el aliento se dejó caer al lado de la castaña. Mimi por su parte se cubrió un poco con las sábanas húmedas, sin dejar de mirar el techo como si estuviera en estado de shock.
¿Qué acaba de ocurrir?
-¿Te encuentras bien?- le preguntó entonces el rubio, rompiendo con el silencio.
-Sí- Mimi lo miró -¿Y tú?
-Perfectamente- correspondiendo su mirada.
La castaña se sintió halagada. Yamato también se cubrió un poco con la sábana, tomando luego del brazo a Mimi para jalarla y así recostarla en su pecho. Ella tomó esto como una buena señal, abrazándolo tan pronto tuvo la oportunidad.
-Por cierto… Lo que dije antes de que, bueno, de esto…Lo dije en serio.
Mimi sonrió, sabiendo a lo que se refería, y sintiendo como su estómago se llenaba de mariposas. El abrazarlo más fuerte y enterrar más su rostro en su pecho fue la respuesta que Matt esperaba.
Notas de la autora:
Hello!
Aquí Vai de vuelta, aunque usted no lo crea.
No hace falta decir el porqué de mi desaparición, si es que el mudarme a otro país, a otro continente, no es razón suficiente, ¡Pero ya estoy de vuelta! Vivita y coleando.
En lo que respecta al capítulo, ¿Qué les ha parecido? Obviamente esta no es una historia para niños con la escena final. Estamos hablando de 30 páginas llenas de Mimato, yeah. Y vaya que hace falta, ¿Cómo van esas autoras mimatosas? A escribir señoritas, que sé que Webtoon es lo máximo, pero por aquí también se les necesita.
El capítulo cinco está listo, solo le hace falta unos retoques -Ya, no como este, que me tomó una década publicarlo-. En lo que respecta a Scare e Instituto Hokkaido tenemos actualización, ¡Uy sí! Y aprovechando la oportunidad, anuncio que también he publicado una nueva historia. Y seguro dirán, Ay, Vai, ¿Otra más? Pues sí, no podía sacármela de la cabeza, así que he decidido publicarla con una póliza de seguro de 10 capítulos listos, para evitar atrasos. Así que todos los viernes nos veremos, woohoo!
Tengo a la musa desatada.
¡Hey, gracias por leer! Por ser pacientes con mis historias y por seguir ahí. Sepan que he leído todos sus reviews, y que a partir de los próximos capítulos responderé cualquier duda que tengan por aquí. Espero de corazón que hayan disfrutado este capítulo.
Atte.
Vai
(Quien vive en una piña debajo del mar)
