Stepmom's Recipe
By: Vainiella
Capítulo 5
"Familia"
La castaña miraba su portamina de acero con cierta nostalgia en su mirada, completamente ignorante de que en ese momento la observaba un incrédulo Taichi Yagami desde la oficina de Miyako. La falta de privacidad a causa de las paredes de vidrio fue suficiente para dejar en evidencia el humor de la chica, quien era desconocedora de la gran nube negra que parecía llover sobre su cabeza.
El moreno se debatió internamente si volver a intervenir, más conocía el mal humor de su amiga, quien lo había botado de la oficina hace un par de horas.
-¿Qué haremos, Tai?- la pelimorada estaba de brazos cruzados, también contemplando la misma patética escena -Lleva así desde ayer.
-De verdad no la entiendo- el Yagami puso los ojos en blanco -¿Por qué es tan testaruda?
-Está asustada, es todo.
-Ya, es lógico, yo también me asustaría si después de follar por primera vez con un hombre me invite a conocer a su familia. Pero al menos no salió huyendo, ¿Acaso no es lo que ustedes quieren siempre?
-Tai, ya sabemos como es Mimi. Es alérgica a los niños, ¡Y él tiene dos!
El moreno volvió a poner los ojos en blanco.
Luego de haber experimentado el mejor sexo de sus vidas no tardaron mucho en repetirlo, como si fueran un par de adolescentes en vez de treintañeros. La próxima jornada incluyó dos orgasmos por parte de la castaña y unas cuantas posiciones interesantes que se clavaron para siempre en la memoria del Ishida.
Ambos estaban locos el uno por el otro.
No obstante, luego de un par de horas, Yamato finalmente se dijo que era momento de regresar a casa, y Mimi lo entendió perfectamente. Pero aquello solo le recordó el gran detalle en la vida del rubio, y es que en este paquete él no venía solo.
Mientras el hombre se vestía, Mimi lo contempló sus mejillas sonrojadas por la temperatura de su cuerpo, imaginando cómo sería ser la pareja de Yamato Ishida.
Y preguntándose internamente si estaba lista para ello.
-Mimi…
Yamato ya estaba vestido y listo para irse, dejando en evidencia la excelente noche unos cabellos más revueltos que de costumbre y unos labios sonrojados por los tantos besos robados. La castaña sonrió para luego levantarse de la cama, aún completamente desnuda, pero envolviéndose con las sábanas para caminar hacia el hombre.
Al llegar a él lo peinó un poco, aferrándose con una mano a la sábana.
-¿Me estás peinando?
-Por supuesto, ¿Qué dirán mis vecinos si te ven salir así?
-Pues, lo mismo que pueden decir de tus gemidos- jalándola por la cintura -Por tu culpa probablemente no han podido dormir.
La castaña se puso más roja, para luego sonreír divertida.
-¿Por mi culpa?
-De no haberme tentado cuando vine a declararte mis sentimientos- Yamato intentó besarla, más la castaña estaba muy juguetona como para ponérselo tan fácil.
-No sabía que podía tentarlo, Sr. Ishida.
De pronto Mimi dejó de aferrarse a la sábana, dejándola caer para dejar al descubierto su desnudez. Yamato gruñó sin poder evitarlo, contemplando el cuerpo de la mujer ante él sin poder creer que había tenido la fortuna de hacerle todo lo que le había hecho hace unos minutos, ¡Lo que daría por poder repetirlo una y otra vez!
Y el que le haya dicho aquel apodo de los inicios… Vaya, Mimi sabía cómo ponerlo.
-Eres mi perdición- murmuró el hombre contra los labios de la castaña, para luego agacharse lentamente mientras besaba el centro de su pecho, la línea de su vientre antes del ombligo y…
Antes de que llegará más abajo, Mimi había empezado a suspirar del placer, cuando en eso Matt se había elevado en un segundo con la sábana en manos, envolviendo a la castaña como si fuera caperucita roja. Mimi le sacó la lengua, aceptando que Yamato debía irse.
-Gracias por esta noche, Mimi.
-Gracias a ti…- murmuró un poco avergonzada. Matt beso su nariz con dulzura para luego alejarse de ella y tomar sus llave y celular -Ehm, ¿Te veré mañana?
-Claro- de pronto recordó que tenía mil cosas que hacer mañana, y que por la noche había programado ver una película con los niños -Espera, acabo de recordar que mañana es imposible. Perdona.
-No hay problema, ¿Qué tal el viernes?- Mimi aguardó, pero al ver el rostro del hombre supo la respuesta.
-La verdad es que…
-Tranquilo, entiendo. Cuando tengas tiempo, no te preocupes.
Cuando tenga tiempo, ¡Daría lo que fuera por verla mañana mismo! Que en realidad es en unas horas, considerando que ya eran pasada la medianoche.
Al notar como cambió el brillo en los ojos de la castaña Yamato supo que debía hacer algo para demostrarle que realmente quería estar con ella, y que no estaba evadiéndola, como puede malinterpretarse.
-Podemos vernos el sábado. Es mi cumpleaños, después de todo.
La castaña abrió los ojos con sorpresa.
-Mi hermano ha planeado una reunión en la noche, pero si quieres podemos…
Pero entonces Mimi empezó a sentir ansiedad. La habitación de pronto se había puesto caliente, pero no en el sentido sensual, para nada, sino más bien en el sentido incómodo de la palabra. Los nervios atacaron sus pensamientos en cuestión de segundos, y antes de analizar realmente la proposición del Ishida, soltó lo primero que se le vino a la mente.
-Lo siento, ya hice planes con Tai para este sábado.
Esta vez fue Yamato quien la miró con sorpresa.
-Vaya…
-Gracias por la invitación, de todas maneras- Mimi miró el suelo, incómoda -Lo siento.
-Vale- un extraño silencio se adueñó del momento, haciendo que ambos se percataran de la incomodidad -Será mejor que me vaya.
-¿Te acompaño?
-No hace falta, tranquila- Mimi aguardó paciente -Hasta entonces.
Ni un beso de despedida.
Ni una sonrisa.
Y ni un mensaje desde aquel incidente, y ya era viernes.
Mimi, en la soledad de su oficina personal, volvió a esconder su rostro entre las manos, queriendo ocultar la vergüenza y humillación.
¿Cómo había podido ser tan estúpida?
Mimi no le ha escrito desde entonces, y él a ella tampoco. Ella por orgullo, él por dolido. Y es que decirle al hombre que acaba de confesar sus sentimientos que no iría a su cumpleaños porque ya hizo planes con su sexy mejor amigo había sido perfecto, ¡Perfecto! Pero por supuesto, Mimi no entendía como podía haberse ofendido tanto -Pues desconocía los celos que sentía el Ishida por el moreno-, y es que de igual forma había sido mentira, pues no había hecho ningún plan con el Yagami.
Y todo porque la sola idea de conocer a los hijos de Yamato le había aterrado.
¡Acaban de confesarse sus sentimientos! ¿Y ya pretendía presentarle a sus hijos?
¿Iba tan en serio la cosa? ¡Y tan rápido!
Era una gallina, le temía al compromiso, y no hace falta un anillo con una enorme piedra brillante para ello, ya con el "Hey, Mimi, te presento a tus futuros hijastros" era más que suficiente.
Se estaba comportando como una adolescente, ya lo sabía, ¡Pero no podía evitarlo!
-Mimi.
La voz de Tai fue lo único que pudo sacarla de su martirio. Dándole la espalda, Mimi recostó la cabeza en el respaldo de su silla mientras contemplaba absorta la vista gracias al enorme ventanal.
-¿Qué quieres, Tai?
-Acá hay un rubio que quiere verte.
La castaña pegó un brinco al escuchar la palabra rubio, y se dio la vuelta en un segundo para luego buscar con la mirada algún rastro de Yamato Ishida.
Un simpático rubio de ojos azules le sonrió como saludó, pero no era su Matt.
-¡Tk!- Mimi dio rápidamente la vuelta a su escritorio, casi que corriendo hacia el joven que parecía tan contento de verla como ella. Lo abrazó fuertemente, y tan pronto se saludaron Mimi miró con mala cara a su mejor amigo por aquella deplorable introducción -¿Cómo pudiste haberlo presentado de esa forma? Ha sido grosero.
-Ha sido idea de Miyako, ¿Sabías que estudiaron juntos en el colegio?
Miyako sonreía inocente desde su escritorio.
-Solo queríamos comprobar tu reacción- dijo Tk risueño -Ha sido entretenido.
-¡Tú también!- Mimi lo miró frustrada -Dejen de divertirse a mi costa, ¿Quieren?
Tai elevó las manos en son de paz.
-Los dejo solos.
Apenas el Yagami cerró la puerta del despacho tras irse, Mimi tomó fuertemente las manos del rubio.
-Me da mucho gusto verte.
-Y a mí. Espero no importunarte.
-Para nada, eres más que bienvenido- jalando su mano hasta su escritorio -¿Te puedo ofrecer algo de beber?
-No, gracias. Solo he venido por unos minutos.
-Ah, que mal.
Takeru sonrió, encontrando realmente agradable estar cerca de la castaña.
-Iré directo al grano- dijo de repente, acomodándose en la silla mientras Mimi se recostaba en su escritorio -He venido en nombre de Yamato.
Vale, algo tenía que ver con aquella inesperada visita.
-¿Te gusta mi hermano?- el sonrojo en las mejillas de la castaña fue la mejor respuesta. Takeru sonrió divertido por su reacción.
-Ay, Tk- pero entonces frunció el ceño, cruzándose de brazos -Sí.
-De acuerdo. Tú también le gustas a él. Así que, ¿Me puedes explicar por qué no están juntos? Mañana es su cumpleaños y no ha sabido de ti desde el miércoles.
-No es que no estamos juntos, pero…Lo estamos llevando paso a paso- respondió incómoda.
-Mimi, mi hermano es una persona demasiado reservada, pero te puedo asegurar que si te ha dicho que le gustas es porque va con todo. El paso a paso no funciona con él.
-A ver, que no es tan fácil- Mimi le dio la vuelta a su escritorio, alejándose del rubio al sentirse expuesta. Se sentó en su silla con mala cara -Tk, tu hermano tiene una familia, tiene dos hijos…
-¿Y qué? ¿Ser padre soltero es como tener sida en este siglo?
-¡Por Dios, no!- avergonzada -No es eso lo que quiero decir, pero… ¿Y si no somos compatibles? Además, sé perfectamente que él aún no ha olvidado a su exesposa, ¿Cómo crees que terminará todo si las cosas no marchan bien?
-Bueno, lo de Sora es un tema- dijo el rubio suspirando -Pero eso no significa que siempre será así. Lo de ser compatibles o no, no lo sabrás hasta intentarlo- Tk se recostó completamente en el respaldar de su silla, uniendo sus manos sobre su regazo -¿Sabes cuantas mujeres lo han intentado con él? Ninguna, ¿Y sabes por qué? Porque él no se los permitió.
La castaña lo miró curiosa.
-En cambio, Mimi, contigo hizo lo que no había hecho con ninguna desde que Sora lo dejó.
-Tk…
-Escúchame. Él no me ha dicho nada ni sabe que estoy aquí, y odia que me meta en sus asuntos, pero es que desde ayer tiene una cara de acabado que no me gusta nada y… Vamos, qué antenoche por primera vez en años llegó tarde a casa. Dos más dos son cuatro- Mimi empezó a jugar con su portamina, más roja que antes -Por eso he venido, para entender por qué mi hermano está despechado, cuando sé que a ti también te gusta.
¿Yamato deprimido por ella?
-Pero… No me ha escrito.
-¿Y le has escrito tú a él?- Mimi negó débilmente -Eres una mujer independiente, con tu propia empresa y tus propias reglas, ¿Y estás esperando a que él sea el que escriba primero?- nuevamente la vergüenza empezó a teñir las mejillas de la castaña -Ambos son adultos, y ambos fueron responsables de lo que sea que hicieron. Tanto tú como él deben dejarse de estupideces y avanzar.
Mimi se mordió sus labios, sin saber que decir. Jamás imaginó que el hermano menor del hombre que le gusta podría venir a sermonearla y ubicarla en la vida. Y estaba demasiado avergonzada como para discutir, además, Tk era tan dulce que no quería enfrentarlo. Todo lo que le había dicho había sido con un tono cálido, cariñoso, como se le regañaría a un niño. Y puede que eso sea ella, una niña, pues su actitud para con el Ishida dejó mucho qué desear. Y el hecho de saber que él también la estaba pasando mal le dio a entender que no podía seguir perdiendo el tiempo de esa manera, y tratar de sincerarse con él.
Takeru se levantó de la silla, mirando a la castaña con una sonrisa desde su altura.
-Me caes bien, Mimi Tachikawa, y por esa razón he decidido intervenir. Mañana es el cumpleaños de mi hermano y quiero que vayas- se acercó a Mimi para tomar un bolígrafo suelto en el escritorio y escribir en un post de notas -Esta es la dirección de su casa. He planeado una reunión pequeña con familia y amigos. Llégate a las ocho y media, y ponte tan guapa como siempre, ¿Vale?
-No sé si sea buena idea.
-Piénsatelo- guiñándole un ojo -Además, no es por presionarte, pero…Es la única oportunidad que te queda para ganarte la confianza de Yamato. De lo contrario se cerrará otra vez.
Tk arrimó el Post It hacia Mimi, despidiéndose con un gesto de la mano antes de retirarse de la oficina. La castaña vaciló, pero terminó por acercarse a leer la dirección, y notar un comentario extra en el papel rosado.
Sugerencias para el regalo:
Es fanático de los Beatles.
Algo en aquel pequeño detalle hizo que la castaña sonriera.
Y fue lo que necesitó para poder armarse de valor.
-¡Yamato, hijo!
El rubio aceptó el abrazo de su madre y los dos besos de siempre en cada mejilla. El perfume a Chanel lo trasladó a su infancia, sintiéndose de pronto como un niño. Su padre no tardó en apretarle el hombro cariñosamente apenas su madre terminó de felicitarlo, pero a diferencia de ella no lo abrazó. Yamato Ishida sabía que su progenitor era de lo más arcaico, que los abrazos entre hombres era cosa rara, y nunca había tenido problema con ello.
No obstante, en lo que respecta a los nietos, el señor Hiroaki no tardó en agacharse para recibir con los brazos abiertos a ambos niños, que corrieron a abrazarlo.
Yamato contempló la escena divertido, sin entender como no había sido así con él cuando era niño.
-¿Y tu hermano?
-En el salón, conversando con Jou y Lisa.
-¡Oh, Jou también está aquí!- la señora Natsuko tomó del brazo a su hijo cariñosamente –¿Y nadie más?
El Ishida puso los ojos en blanco.
-Nadie más, mamá. Tus hijos siguen siendo solteros.
-Dios mío, ¿Qué habré hecho de mal con ustedes dos?- los niños se separaron de su abuelo, ahora para correr hacia la mamá del Ishida -¡Hola, mis tesoros!
Yamato caminó hacia el salón, siendo seguido por su padre.
-¿Cómo va el restaurant, hijo?
-Bien, papá. En dos meses será la apertura.
-¡Vaya, que rápido!- al ingresar al salón el hombre no tardó en reconocer al resto de los invitados, que aunque eran unos pocos, el señor Hiroaki tenía especial aprecio hacia uno de ellos -¡Pero si es Jou!
-Buenas noches, señor Hiroaki- un hombre de cabellos oscuros y alto sonrió con cariño al saludo del adulto mayor. El Ishida no tardó en acercarse para abrazarlo bruscamente, con dos fuertes palmadas en la espalda, gesto que hizo que el pobre Jou reaccionara adolorido, aún no acostumbrado a los rústicos gestos de cariño por parte del señor Hiroaki.
-Vas a matarlo, papá- se quejó Yamato, cruzándose de brazos.
-Y tu debes ser la fantástica Lisa- dijo el hombre al ver a la mujer embarazada que estaba junto a Jou. Era una simpática mujer de cabellos largos y también oscuros, y con pecas en las mejillas -Es un placer.
-El placer es mío.
-¡Jou, cariño!
Natsuko no tardó en aparecer en escena, también cautivada por la presencia del doctor de la familia. Aunque era el amigo de infancia de Yamato era también como un hijo para el matrimonio.
-Por Dios, ¿Acaso estoy pintado en la pared?- se quejó Tk risueño, quien estaba junto a Jou. A pesar de todo siempre tomaba aquello con humor -Hola papá, hola mamá.
-Ah, disculpa, ¿Te conozco?- dijo el señor Hiroaki, haciendo que esta vez Tk frunciera el ceño, no tan divertido -Venga, que ha sido una broma, ¿Cómo está el Shakespeare de la familia?
-Uff, papá, que cliché.
Yamato sonrió ante la escena.
Vale, sí fue buena idea que Takeru organizara su cumpleaños. Verlos ahí, todos juntos, ya era un regalo.
-Iré por los canapés- dijo el Ishida mientras su madre se enfrascaba en una entretenida conversación sobre bebés con la esposa de Jou. Lucy no tardó en unirse, pues era la que estaba más emocionada con la próxima adquisición familiar, siendo la tía Lisa su favorita, y única. Jude estaba en los brazos de Hiroaki, quien lo había cargado tan pronto lo vio caminar escurridizo entre sus piernas.
Cuando ya iba en camino a la cocina escuchó el timbre, y se detuvo extrañado a mitad de camino, sin entender quién podía ser. Miró su reloj descubriendo que eran las nueve menos cuarto, y que no esperaban a nadie más, ¿Quién podría ser?
Caminó a la puerta, y al abrirla, nada lo preparó para lo que estaba viendo.
Ahí parada, al inicio de los escalones del porche, estaba Mimi Tachikawa.
Matt tuvo que abrir y cerrar los ojos varias veces, sin entender nada. Magnifica como siempre, Mimi le sonrió con nerviosismo desde abajo, vistiendo un sobretodo gris claro abierto, con una falda negra, una camisa blanca por debajo de un sweater negro y unas medias negras que ocultaban sus largas sus piernas. Sus cabellos, largos y ondulados, estaban sueltos con algún que otro mechón ocupando sus hombros. Tan linda, tan ella, que Yamato sentía que estaba viendo un espejismo.
-Hola, Matt.
Pero fue su voz lo que hizo que volviera a la realidad, y pronto entendiera que ella realmente estaba ahí.
Salió de la casa, entrecerrando la puerta tras de sí.
-¿Mimi? ¿Q-Qué haces aquí?
-Ehm, ¿Feliz cumpleaños?- sus manos, que estaban ocultas tras su espalda, se revelaron para dejar a ver una bolsita de regalo de color azul. Yamato sonrió con la ceja enarcada, con una calidez creciendo en su interior de forma disimulada.
-¿Cómo supiste donde vivo?
-Tu hermano- encogiéndose de hombros. Yamato se dio paciencia agarrándose el puente de la nariz, ¿Por qué siempre le gustaba meterse en sus asuntos? -Por favor, no lo regañes.
-Oye,- suspirando, cruzándose de brazos -No tenías que…
-Espera, espera. Antes de que digas nada- tendiendo las manos hacia el frente, en son de paz -Fui una tonta, ¿Vale? Entré en pánico y por eso te inventé lo de Tai. Realmente no tenía nada que hacer, y vamos, hoy es tu cumpleaños, ¡Me comporté como una niña! Y todo porque… Te seré honesta, no me sentía preparada para conocer a tu familia, sentía que era muy pronto y…
-Mimi, en ningún momento te sugerí eso. También sentía que era pronto. Te iba a decir era para tomar un café por la tarde. A solas.
La castaña se quedó muda.
Esperen, ¿Eso quiere decir que…?
-Oh, mierda- poniéndose roja como un tomate -No me estabas invitando a la celebración, sino a tomarnos un café- se dio la vuelta ocultando su rostro con su mano libre.
Que idiota eres, Mimi, pensó la castaña.
-En ese caso…- encarando al rubio -Debería irme. Feliz cumpleaños, Matt. Ahm, nos vemos otro día.
-Eh, Mimi, espera- el Ishida bajó rápidamente los escalones, corriendo un poco hacia ella, quien ya se estaba dando a la fuga -¿Por qué has venido?
-Yamato, déjalo, que ya es bastante vergonzoso, ¿Ok?
-Solo dímelo, ¿Por qué?
El rubio tomó su mano, acariciando suavemente sus dedos.
Mimi bajó la mirada, aun con las mejillas sonrojadas.
-Porque me gustas, Matt- hablando bajito -Tk me dijo que contigo es todo o nada, y yo… Aquí estoy, con todo.
Yamato sintió aquellas palabras entrar por sus oídos de la misma forma en que lo hace la música. Sublime. Dulce. Sonrió cálidamente, jalando a Mimi de la mano que había tomado y rodearla con sus brazos, posicionando su barbilla sobre su cabeza mientras la abrazaba fuertemente.
Su hermano era un gran metiche, pero internamente estaba agradecido. Porque lo que más necesitaba en ese momento era escuchar esas precisas palabras.
Sí, él era todo o nada.
-En ese caso, vamos- separándose de ella, para elevar su rostro con un dedo bajo su barbilla -Quiero presentarte mi familia.
-Pero… También piensas que es muy pronto.
-Sí, pero también es algo que haremos tarde o temprano, ¿No?
Mimi sonrió, sintiendo algo grande crecer en su interior.
Un casto beso fue depositado en los labios del Ishida, tan rápido como el aleteo de un colibrí. Aquello hizo que el hombre dejara de sonreír, para luego envolver el rostro de la castaña con ambas manos y acortar la distancia entre ambos. Se besaron por varios segundos, en los cuales, tal como la ultima vez, sintieron que estaban completamente solos en el mundo.
Takeru escuchaba atentamente la anécdota de su padre, cuando en eso, desde donde estaba, contempló a una pareja ingresar al salón en silencio, y no fue hasta varios segundos después que todos se dieron cuenta de la presencia de alguien más.
Yamato carraspeó un poco.
-Ahm, todos. Les presento a Mimi Tachikawa- todos guardaron silencio, viendo con atención a la castaña -Es la diseñadora de mi restaurant.
Un silencio incómodo siguió aquella presentación. Aunque no haya dicho más detalle, y estaban separados considerablemente, todos sabían que ella era mucho más que eso.
Mimi los miró apenada, y elevó su mano libre para saludar tímidamente.
-Buenas noches.
Takeru sonrió.
-¡Que bueno que viniste, Mimi!
Matt le dedicó una especial mirada a su hermano, quien se sintió aludido en un segundo y tuvo que mirar al techo fingiendo demencia.
Ya verá luego.
Tanto Mimi como Yamato se acercaron a todos. El rubio buscó con la mirada a sus hijos, pero ni ellos ni Lisa estaban en el salón. Tan pronto estuvieron frente a los padres del rubio la señora Natsuko se acercó a Mimi, tomando cariñosamente sus manos.
-Ay, cielo, tienes esas manos frías- acariciándoselas para impartirle calor -Es un placer, soy Natsuko.
-Es un gusto, señora.
-Solamente Natsuko, nada de señora- riendo -Si Yamato te ha invitado es porque ya no hace falta formalismos entre nosotras.
-Mamá…- advirtió el rubio.
-¿Qué? No he dicho nada.
-Hiroaki Ishida, un placer- se presentó entonces el padre de Yamato.
Mimi se presentó respetuosamente. A diferencia de la señora Natsuko el padre de Yamato era un poco más serio, entendiendo entonces de dónde venía aquel intimidante porte del rubio.
Lo que es la genética.
-Jou Kido- se presentó finalmente el joven de lentes, quien hizo una reverencia. Algo en su expresión le impartió confianza a la castaña. Parecía un buen muchacho.
Los siguientes minutos fue una especie de interrogatorio por parte de los padres del Ishida que pronto agobiaron un poco a la castaña. No es que lo haya odiado, pues Mimi estaba acostumbrada a ser el centro de atención a donde vaya y se le daba bien los temas sociales, por lo que no tardó en causar una buena impresión. Pero de igual forma era una pena que Yamato se haya ido justamente en ese momento, no pudiendo rescatarla de aquel interrogatorio. Lo había visto subir las escaleras, probablemente buscando a sus hijos.
-¿Estás bien?- le susurró Takeru a Mimi apenas su madre se distrajo para regañar al señor Hiroaki.
Ella apretó los labios, no muy segura de cómo responder.
Pensó en la mejor táctica para escapar ahora que tenía la oportunidad.
-¿Dónde está el baño?
Tk volvió a susurrarle.
-Entra a la cocina y a la derecha en la primera puerta.
Mimi asintió, y mientras los padres del Ishida seguían discutiendo la castaña pudo escabullirse hasta la cocina, mirando hacia atrás por si acaso.
Sin embargo, una vez en la cocina y buscando el rastro del baño, notó a un niño sentado en la encimera, mirándola con curiosidad.
-H-Hola- dijo Mimi sorprendida.
Era un pequeño de cabellos rojizos y mejillas redondas, con unos grandes ojos color caoba. Y no sabía si había sido su expresión neutral lo que hizo que pensara que era el hijo de Yamato, pero había una clara similitud a pesar de tener rasgos diferentes.
Automáticamente los nervios la embargaron, sabiendo que aquel niño era el hijo del hombre que le gustaba.
¿Eso la hacía a ella su madrastra?
Arrugó el ceño, no pudiendo concebir esa idea aún.
Pero al niño no pareció gustarle como frunció el ceño, pues de pronto parecía un poco asustado.
-Eres…Jude, ¿Verdad?- dijo tratando de aligerar un poco el ambiente, sonriendo de forma forzada -Yo soy Mimi Tachikawa, un amiga de tu papá.
El pequeño no respondió, pero al menos ya no parecía asustado.
Mimi notó que el niño estaba comiendo algo de la encimera.
¿Pasas?
-Vaya, ¿Te gustan las pasas?
Jude miró su mano, donde tenía algunas.
-A mí también me gustan. Sobre todo en el helado.
Mimi le sonrió, pero el niño seguía sin responder. Ya sabía ella el caso especial que era, pero de todas maneras quería causar una buena impresión. A todos los niños les gusta el helado, ¿No?
-¿A ti te gusta el helado, Jude?
-No te va a responder.
Aquella voz hizo que la castaña saltara y soltara un chillido. Al voltear hacia atrás, y al mirar abajo, encontró a una niña mirándola atentamente, y en cuestión de segundos supo quién era, siendo la viva imagen de su padre, ¡Hasta podría decirse que su versión femenina! Solo que sus cabellos no eran tan rebeldes.
-Vaya, eres Lucy, ¿No?- preguntó Mimi todavía recuperando la compostura -Soy Mimi, una amiga de tu papá.
Entonces Lucy la miró de forma extraña, como si estuviera estudiándola.
La castaña no pudo evitar sentirse como un animal de laboratorio.
-Mi papá no tiene amigas- dijo entonces, haciendo que la castaña se pusiera fría.
Anda, ¿No se suponía que esta niña estaba llena de amor y nada más?
De pronto la idea de todo o nada sonaba fatal.
Notas de la autora:
Hello!
Aquí nuevo capitulo, que me ha costado un montón darle forma, e incluso pareciéndome un poco soso, pero les aseguro que a partir del siguiente la cosa empieza a enredarse para nuestros protagonistas.
Defintivamente este Fic es un AU, y nuestros chicos son un poco OOC, pero es como ha fluido, ¿Qué les puedo decir? Le tengo cariño a esta historia por Yamato, siempre me ha gustado su papel como padre en los diversos Fics que he leído, así que estoy disfrutando su faceta paternal aquí. Vamos, que todas hemos querido decirle papi a Matt jaja
Perdonen cualquier errorcillo por ahí, y espero ansiosa sus reviews. También los espero en Instituto Hokkaido y Scare, que hay nuevo capítulo.
Ah, y hoy también tuvimos actualización en Encrypted, ¡Que empiece el rollo!
Kiss kiss!
Atte.
Vai.
