1.-La tarde del tren 78
Todos sabemos que un viaje en el metro implica siempre zambullirse en una marea de seres anónimos yendo y viniendo en todas direcciones; los vemos una vez y dos o tres segundos después desaparecen para siempre entre la maraña de túneles y trenes con su carga de vida a cuestas. Ahí comienza esta historia, justo en el subterráneo de la gran ciudad, con toda esa gente y sus paquetes de emociones, sus sueños, sus esperanzas y frustraciones que flotan sobre ellas sin que nadie las perciba. Es la historia de un superhéroe que tuvo la mala suerte de no ser tan fuerte como la bruja escarlata, tan hábil como Tony Stark, ni siempre estar del lado del bien, como el Capitán América, su don, era poder vernos a todos y compartir nuestras alegrías y hartarse con nuestras aberraciones; de las primeras había aprendido a robarse el gozo y de las últimas huía y se protegía como podía antes de que el peso del mal la arrastrara en esa dirección. Fue ese día cuando se encontró con Steve Rogers, que desde que la conoció, decidió confiarle una tarea que terminaría por unirlos como a nadie más y separarlos igualmente para siempre.
Hoy es viernes y Steve se ha montado en el tercer vagón de un convoy del subterráneo que pronto llegará hasta la última estación; lleva unos jeans y camisa casual acompañados por una gorra y lentes pasados de moda, su aspecto relajado mientras permanece de pie cerca de una de las puertas, podría engañar a cualquiera, pero seamos sinceros, Rogers nunca descansa, siempre esta listo y atento y ni siquiera en un día de descanso, como hoy, en el que deja el complejo de los Avengers y finge ser un hombre cualquiera, podría ser tomado fácilmente por sorpresa.
A unos pasos de él, una dama de mejillas rojas e inflamadas protege su bolso con ambos brazos mientras ocupa su asiento y se encuentra distraída planificando su tarde cuando de pronto un extraño malestar parecer aquejarla; cerca de ella, en el asiento del otro lado del pasillo, una joven mantiene la cabeza apoyada en el vidrio de la ventana y la vista fija en la obscuridad del túnel. Su rostro de facciones suaves no puede evitar mostrar la tensión del momento, sus manos juegan con la pashmina verde que rodea su cuello y baja por su pecho, pero nadie parece adivinar la tensión que oprime con su mandíbula mientras se concentra en respirar y aspirar lentamente; sus ojos no están alcance de la vista de los demás pasajeros pero cuando el tren hace una parada, un niño que espera en la estación del brazo de su madre da un paso atrás cuando al escudriñar por las ventanas, su mirada se topa con las cavidades donde los ojos de la chica deberían estar. En su lugar, un vacío obscuro y sin vida le regresa la mirada; el chico se hecha hacia atrás espantado, pero justo cuando quiere dar aviso, la chica parpadea y dos iris aparecen de nueva cuenta en sus ojos.
Mientras tanto, los pasajeros continúan subiendo y bajando del tren y permanecen inconscientes del drama que esta por desarrollarse. La mujer del bolso lucha por mantenerse en su lugar mientras la otra recibe una tras otra, oleadas de emociones provenientes de todos los ahí cercanos; miedos, alegrías, tristezas y odios infundados que afloran por la piel de hombres y mujeres y atraviesan la mente de la chica sin permiso y la abruman hasta sentir que pierde el aire de sus pulmones y la arrastran casi a la locura.
El tren corre por los túneles a su paso normal cuando de pronto, la primera de las mujeres parece perder su batalla. Los pasajeros a su lado la miran extrañados fingiendo no percatarse de nada, pero pronto es ovio que algo grave está sucediendo. Ella se convulsiona mientras su bolsillo, que lleva todos los ahorros de su vida, cae al suelo; Steve apenas se ha percatado pero las personas a su alrededor ya se han puesto de pie y ganan distancia mientras la pobre mujer se desliza en dirección al suelo; justo antes de que su pesado cuerpo golpee la superficie, la chica de la pashmina parece darse cuenta de que nadie planea ayudarla y dejando a un lado sus propios problemas, llega igualmente hasta el suelo donde una mano suya alcanza la cabeza de la mujer antes de que se estrelle. En ese instante Steve reacciona a lo ocurrido y observando la nula reacción de los pasajeros levanta la voz:
- Algún médico en el vagón? ¿Alguien que pueda ayudar a esta señora?
Pero nadie parece responder. La enferma ha sido dejada a su suerte y Steve observa con extrañez como desde el otro extremo del vagón, una mujer de cabello gris y cadavéricas facciones se adelanta hasta la dama caída haciéndose paso entre al resto de la gente, mientras de su boca entreabierta sobresale saliva que salpica mientras escupe palabras incomprensibles para él; la chica de la pashmina da un respingo y con urgencia protege con un brazo la cabeza de la mujer mientras deja caer el piso del vagón la palma de su mano opuesta; su rostro revela conmoción pero espera a que la mujer de melena gris llegue hasta ellas y en cuanto esta hace un ademán para tocarlas, golpea el piso con la mano y como si estuviera cargada de una fuerza vibrante que hace al vagón perder velocidad, la dirige hacia la mujer haciéndola no solo detenerse sino también caer hacia atrás. Al golpear el piso, su piel cambia de color y se vuelve obscura como el carbón, sus ojos desaparecen e igualmente, la joven de rostro dulce modifica su fisionomía y sus ojos se vacían en una obscuridad de la cual la luz no escapa.
Los ojos de ambas mujeres parecieran aceptar un reto en el que, por primera vez, Steve no se siente invitado. Varios segundos parecen transcurrir mientras el resto de los ocupantes del vagón parecen sumergidos en una ignorancia que les impide ver la misma escena que se presenta frente a él. Luego, el tren parece llegar a la estación y por primera vez Steve escucha algo con sentido. La chica que parece proteger a la mujer en el piso lo mira y aunque siguen estando rodeados de una docena de personas, pareciera que sólo lo ha elegido a él para confiarle a la víctima.
-Llévatela! ¡Bájala del tren! - La chica comanda con autoridad y mientras él la toma del piso, comienza a percatarse que su voz le recuerda el tono con el que Nat le hace ver que tiene todo bajo control. Steve debe reaccionar antes de que el tren avance de nuevo, pero no pasa por alto algo: la forma en que ella intenta cubrir sus ojos mientras pestañea rápidamente. Algo le dice que está precisando una de esas cosas locas que sólo suceden en su mundo, pero esta vez él no parece tomar parte de ella.
Steve logra mover a la mujer sin esfuerzo y las puertas del vagón se cierran tras él justo cuando se da la vuelta para echar un vistazo. El tren 78 avanza y en ese mismo instante las luces de toda la estación parpadean un par de veces antes de fallar por completo. Todo queda a obscuras...
-Qué demonios fue eso? - Piensa Steve cuando después de cinco segundos la luz regresa y logra depositar a la pesada dama en una banca de la estación. Después se asegura de que la ayuda para ella llegue y una idea pasa sobre su mente: "estamos en la última estación". Entonces mira hacia el túnel donde los trenes han de regresar en algún momento después de hace un giro y comienza a correr rumbo a las escaleras. - ¡Ahora tienen que regresar! - Steve necesita saber que pasó en el tren y se mueve entre la gente hasta llegar al otro lado de las vías donde más y más usuarios se reúnen a la espera de un tren en el sentido contrario.
Un tren vacío llega, pero él está seguro que no es el mismo en que antes había abordado, cinco minutos después, el siguiente convoy aparece y las luces de la estación vuelven a fallar por unos segundos. -"Esto no es una falla eléctrica". – La gente a su alrededor comienza a moverse en cuanto la luz regresa y comienzan a inundar los vagones que están detenidos frente a ellos. Lejos de su posición, descubre una melena gris que desaparece ágil entre el tumulto que gira en un pasillo, Steve corre, pero en el camino descubre algo: La chica de la pashmina se mueve también entre la gente, pero a diferencia de la otra, su andar pesado y sin mucho balance la hace quedar no muy lejos de su alcance.
-Hey! Tú! .- la llama mientras ha empezado a mover a la gente que le corta el paso. –"Tú", "quédate ahí".- Ella parece escucharlo pero en lugar de detenerse, pareciera meditar su siguiente reacción; Steve hace un alto y espera mientras que ella, con un movimiento apenas perceptible, gira con fastidio una mano en su dirección. Al instante él se queda de pie sabiendo que debe moverse y continuar, pero una parte de su voluntad no reacciona más. La gente se mueve entre ellos, la chica continua su camino y él sabe que desaparecerá irremediablemente por las escaleras sin que él pueda moverse para evitarlo.
De pronto el Capitán recuerda que esto ya lo había vivido antes y no cualquiera puede adueñarse de su voluntad porque Wanda ya le ha instruido bien en ello; sus puños se cierran y tras una exhalación profunda y enorme trabajo de concentración, Steve siente sus miembros responder de nuevo y hecha a correr de nuevo por los túneles de la estación. Tres pasillos y dos largas escaleras después encuentra la salida a la calle y ahí la mira de nuevo justo bajo el marco de la puerta hacia la avenida. La luz del sol la ilumina y ella pareciera alzar el rostro para recibir por un momento los rayos de luz en sus ojos antes de continuar.
Sus facciones son finas, de ojos alargados como los de una gata, nariz pequeña y labios deliciosamente dibujados sobre su mandíbula; el cabello negro con risos lo lleva suelto, aunque casi oculto bajo la pashmina. No es muy alta pero su figura parece ágil y atlética bajo la parka abierta y los jeans obscuros; todo en su imagen pareciera estar trazado para atraer emociones empáticas, pero Steve sólo consigue ponerse nervioso porque la imagen terrorífica de sus ojos vacíos en el tren aún ocupa su cabeza. Por el momento, su andar se ha vuelto ágil de nueva cuenta, pero no lo suficiente para escapar de Steve; su expresión de fastidio y preocupación se torna en una de sorpresa cuando el hombre alto del vagón aparece a su lado y la toma por el codo.
-Hola! ¿Te importa si tomo algo de tu tiempo? - Steve, siempre educado, no tiene tiempo hoy para diplomacia. Su experiencia le dice que aquí hay algo mas que una mujer desfallecida en un vagón.
-Perdona? -La chica lo mira con enormes ojos color moscada intentando disimular que no sabe de qué se trata, pero esta vez su propia habilidad la traiciona. – "Me carga…" – se dice a si misma y este pensamiento se refleja en su cara. - "que mal día", de todos los que podían ir en el tren tenía que ser el mismísimo Capitan… .- Ella exhala el aire que había contenido en los pulmones intentando tranquilizarse pero sabe que es tarde. Lo ha reconocido en cuanto la ha tocado y su reacción la sigue traicionando, porque la primera ola de sensaciones viniendo de su mano que aún está presionando su codo, la ha hecho perder el control sobre sus labios que ahora embozan una sonrisa nerviosa. No todos los días se topa con alguien tan extraordinario y este hombre es alguien fuera de lo común; su figura estaba en todos lados, era idolatrado por las masas y aunque nadie conocía su rostro, ella lo había identificado casi de inmediato porque esa energía, era definitivamente algo fuera de serie.
-Suéltame el codo. - pudo balbucear frente a él mientras admiraba los claros ojos azules que la estudiaban detenidamente.
-Disculpa, no quiero ser grosero, pero creo que necesito saber algo. -Steve comienza por aflojar la fuerza con que la detiene. -No te espantes, son sólo preguntas. ¿Qué sucedió en el tren?
-Con la señora? No lo sé, se habrá sentido mal creo.- su voz es nerviosa
-No quiero esa versión. -Steve pone su rostro mas serio y cruza los brazos frente a su torso señalando que no va a creerse cualquier cosa. En su interior, se ha dado cuenta lo bonita que le parece esa chica, una belleza serena que no llamaría la atención escandalosamente, sobre todo, porque buena parte de su rostro y su cuerpo se esconden bajo la enorme pashmina y la larga chaqueta.
-No sé que tenía señor Rogers, posiblemente se sintió débil o estaba enferma
Steve hace un gesto de enfado que indica que ahora pierde la paciencia. – si sabes con quien hablas, también sabes que necesito otra respuesta.
Ella no ha dejado en ningún momento de percibir el cambio de ánimo de Steve y algo le indica que si sigue mintiendo no funcionará porqué lo hará enfadar mas de lo que suponía. -"terco y de poca paciencia" - piensa para sí mientras pone atención a los labios presionados con fuerza de Steve mientras este intenta señalar quien esta al mando ahora.
-Cómo te llamas? – Pregunta Steve mirándola detenidamente, "que bonita cara" piensa para sí mismo intentando descifrar si habla con una delincuente o con una persona honorable.
Ella tiene dos segundos para pensar y se decide por el camino franco. Su apreciación de Steve, que ha durado tan solo unos segundos, le hace creer que será la ruta más favorable. El esta más curioso que enfadado y su severidad sólo es temporal.
-Joelle, soy Joelle -exclama como si deseara que nadie más escuchara su nombre.
Entonces Steve extiende su mano y de forma amigable contesta con una franca sonrisa -Steve Rogers.
Joelle mira la mano y sabe que si la toma, dejará las emociones de Steve penetrar sin filtro por su cabeza. ¿Debería hacerlo? En otra situación esto sería una invitación fascinante pero ahora sabe que se sentirá culpable de abusar de la ignorancia del mismísimo capitán América. Steve la mira esperando su reacción y ella teme decepcionarlo negando un saludo apropiado. Su mirada azul se ha vuelto transparente y afable y su sonrisa, lo único que la mayoría conoce además de la máscara, la ha derretido por alguna razón. La mano que ahora se extiende frente a ella emite destellos de energía que ella pueda sentir y decide devolver el saludo.
-Hola Steve – Joelle sonríe y una deliciosa sensación de calidez le recorre por todos los nervios en cuanto lo toca. En una milésima de segundo le ha robado información sobre su estado de ánimo hoy. En varios segundos más, sabrá si está cansado, si tiene miedo, si existe entusiasmo o si se siente inseguro. Si lograra detenerse unas horas con él, le bastará para conocer lo que le hace enfadar, lo que lo hace feliz, lo que le apremia y lo que menos desea; conocerá muchos de sus impulsos y en cierta forma, sus siguientes reacciones; para ella, establecer contacto con una persona implica comenzar a trazar el mapa de sus más profundas emociones. Steve no lo sabe, pero está a punto de ponerle esta oportunidad en las manos.
-Tienes tiempo para hablar?
-Un poco, quizá, voy camino al lago del parque -! ¡La ha enganchado! La energía que de ese hombre proviene alcanza a nublarle la sensatez como pocas veces le ha pasado antes; sus vibraciones son nítidas como las de un niño y potentes y profundas como las de un hombre mayor.
-Puedo acompañarte? - Steve tampoco lo sabe, pero su reciente cambio de ánimo por uno más relajado y la repentina comodidad que siente junto a esta extraña no son normal sino producto de la empatía que Joelle irradia conscientemente cuando le da la gana entrometerse en la cabeza de alguien y sus emociones se cruzan con las de quien conecta.
-ok. – Joelle sonríe cortésmente y se jira para comenzar a caminar rumbo al lago, junto a ella, Steve intenta ordenar sus siguientes preguntas.
-las conocías?
-no!
-sabes que le pasó a la mujer del vestido rosa?
-creo que sí, no estoy segura. - Joelle también está intentado calcular sus respuestas.
Joelle sabía que podía hacerlo, podría mentir y hacerlo creer todo y librarse de las explicaciones, pero llevaba un minuto a su lado y procesando sensaciones provenientes de él que la hacían sentir tan segura como hacía años no lo hacía. Ella sabía que las probabilidades de que alguien creyera en su historia eran pocas pero este hombre no era persona cualquiera y tampoco era un sujeto normal. "Pero él no es una desviación pura de la naturaleza como yo, que no tiene ni idea de lo que está haciendo la mayor parte del tiempo"
Steve preguntó todo lo que se le ocurrió sobre lo sucedido en el tren, tal y como ella pudo confirmar, pocas cosas lo asombraban porque en eso de historias increíbles él tenía mucha experiencia.
- ¿Debo asumir que eres del equipo bueno? – le preguntó seriamente lo cual a ella le causó risa porque no se consideraba un peligro a la escala de los que él estaba acostumbrado.
-Quieres una confesión?
-No, en realidad vi que intentaste ayudar, pero aún no me has dicho como bloqueaste a la mujer que se acercó a ustedes.
Joelle lo medita por última vez, él ya se ha dado una idea de lo ocurrido y posiblemente también haya podido ver más detalles de los que quisiera. Lo último que desea es volverse sospechosa del Capitán. Debe terminar pronto con esto y creyendo que no puede asombrarlo más, decide mostrarle algo que satisfaga su curiosidad y comienza levantando la palma de su mano lentamente hasta la altura del pecho de él mientras tiene el cuidado de cerrar primero sus ojos para que él no los vea y salga envuelto en pánico, luego se ríe irónica y le pide. – Acércate! -La idea de dar una zurra al capitán América parece darle bastante gracia.
Steve obedece y avanza dos pasos para luego sentir de nuevo la misma sensación del túnel cuando no pudo moverse de lugar. Una pesadez y adormilamiento lo comienza a embargar, luego piensa de nuevo en Wanda y sus enseñanzas y siente el impulso de poner resistencia; el siguiente paso logra darlo firme y con fuerza. ¡Entonces Joelle alza la otra mano y auch! Una pared de aire que pareciera vibrar lo frena de golpe y lo aturde haciéndolo perder el balance.
Steve se reincorpora y la mira sorprendido, Joelle ha abierto los ojos y lo mira esperando el juicio. -!Un escudo! -exclamá él sorprendido
-no eres el único con uno -Joelle suspira – pero yo no se lo arrojo a nadie
-que hay de las luces? ¿Tuviste algo que ver con los apagones de la estación?
-no! Esa no fui yo, la otra lo hizo. Se tomó la energía de la estación para usarla y pasar el escudo pero …
-pero?
-no hay forma Steve. -Joelle mueve la cabeza lentamente.
-Por qué?
Ambos llegan hasta el lago y Steve la invita a sentarse en una banca con vista al agua. Joelle permanece unos minutos callada y luego decide abrir la puerta para las primeras explicaciones desde que se dio cuenta de la carga que llevaba desde hace más de quince años. Esa tarde, no sólo ella terminaría por contarle una historia increíble que tenía que ver el manejo de emociones y energía a su alrededor, sino que sería recordada cómo el momento en que ambos entraron el uno en la vida del otro sin tener una remota idea de lo que pasarían juntos. Su historia empezaría con el uso de su escudo, la vista de sus ojos y la llave de su mente e igualmente así terminaría.
Más tarde y ya entrada la noche, Steve llego a la vivienda de la calle 24 donde alguien lo estaba esperando. Las luces del destartalado apartamento estaban apagadas, pero el Capitan sabía que él estaba ahí. No salía mucho cuando estaba sólo y menos lo haría si sabía que él tenía libre porque seguro pasaría para intentar sacarlo y hacer algo juntos. Se había vuelto un juego algo difícil eso de mantener a Bucky paciente y calmado cuando aún seguía siendo temido por todo el mundo. Barnes pasaba los dias sólo en la vivienda que Steve había buscado con ayuda de Wilson, pero el encierro no le hacía nada bien a un hombre de cien años con la energía de uno de treinta. Por las tardes salía a hacer dejar su guarida, acudía al ring de thai-box a unas cuantas cuadras de su dirección y se sentaba a mirar con su único brazo a los aprendices pelear, cuando por fin era lo suficientemente tarde para la mayoría de la gente, se acercaba al parque donde corría y corría y corría hasta que se calmaba lo suficiente para tener el buen humor de pensar en su estúpida situación con algo de optimismo. Los viernes eran de rutina, esperaba a Steve y juntos se iban a algún bar anónimo cercano donde todos estuvieran tan borrachos que no los reconocieran. Algunos días libres podían darse el lujo de montarse a un auto y manejar lejos, a las montañas o en alguna ocasión, hasta el desierto o el mar; pero Steve sabía que la situación, que llevaba casi un año así no podía alargarse por mucho tiempo más. Bucky no había vuelto a perder su cabeza por culpa de la programación de otros, pero la estaba perdiendo por deterioro y falta de una vida propia. Lo veía apagado, melancólico y pensativo, pero cuando le preguntaba al respecto siempre obtenía una broma irónica o alguna respuesta corta. Hasta ese día no tenía forma de saber lo que realmente estaba pasando en su interior por mucho que lo intuyera.
-llegas tarde! estaba a punto de irme por una caja de nudos con los chinos o al carrito de José por otra cosa.
La voz venía de una silla colocada frente a una ventana abierta con las persianas a medio cerrar. Entre las rejillas se veían algunas estrellas que el smog de la ciudad y los edificios de ambos lados no podían ocultar y por la radio se escuchaba un ritmo fluido que sonaba.
-Lo siento Bucky! Hoy me pasó algo raro. – Steve se jaló una silla y se sentó a su lado.
-raro? ¿En serio? Pensé que tu vida era la más metódica y aburrida de todas. – Bucky sonreía, como si jamás hubiera perdido el buen humor en cien años.
-me detuvo una chica
-ooooh! Una chica- Bucky se acomodó y movió la silla para quedar frente a él – entonces si es raro, porque tú sigues negándote a salir con alguien desde hace un siglo.
-No es eso! Fue algo diferente.- se encogió de hombros
-por qué? ¿Te ignoró? Vamos Steve, eso jamás va a pasar ni en tus peores pesadillas. Todo mundo sabe quién eres, tu cara esta en las noticias, en las escuelas y en museos. Quién se atrevería a …
-no me ignoró Bucky, caminamos juntos y hablamos un largo rato.
-tienes su teléfono?
Steve lo tenía, pero había prometido a Joelle tener cuidado de contar sobre ella y al hablar de su caso con los Avengers, luego miró a Bucky y pensó que él era la excepción: no era un Avenger ni tendría con quien compartir su historia. En ese instante, la idea le cayó como rayo sobre la cabeza y se dió cuenta que Joelle podría ser lo que necesitaba. Joelle podría saber lo que sucedía en la cabeza de Bucky. Hasta ahora, Wanda no había podido hacerlo porque cuando lo intentaron descubrieron que la cabeza de su amigo tenía mas candados que la CIA en toda su historia, pero la habilidad de Joelle no trabajaba con pensamientos o ideas como la de Wanda. ¡Era diferente, se basaba en las emociones puras! Steve se paró de un santiamén y casi volteo la silla mirando a su amigo.
Bucky también salto de un espanto porque pensó que algo malo ocurría. Tenía pesadillas en las que Stark llegaba con un ejercito de soldados de hierro y lo destazaban en pedazos. No importaba cuantas veces Steve le había dicho que Tony y él habían hecho un arreglo. Tony jamás vería a Bucky de nuevo y él jamás hablaría de su existencia. Lo borrarían del mapa e incluso su nombre dejaría de existir en el vocabulario de los servicios secretos… pero eso llevaba tiempo y él se estaba perdiendo en esa inexistencia mientras Steve intentaba a toda costa salvarlo.
-No es nada! – se apresuró Steve a decirle para calmarlo. -Tengo que verla de nuevo
-Tanto así? ¡Debe ser guapísima!
-es bonita, sí, pero no es eso, no es lo que tu crees.
-entonces?
-me ha contado una historia rara, no la entenderías ahora.
-soy un anciano pero mi cabeza no es lenta, no me quieres contar?
-no! no!, mejor así. Quizá luego pero, algo si te adelanto: tiene un escudo!
-woooow – Bucky estaba asombrado y mas intrigado que nunca. – De metal? Como el tuyo?
-no, invisible! -Steve hablaba con renovada emoción en la cara, no podía contarle todo lo que Joelle podía hacer, pero algunas cosas sí, las básicas al menos. – Lo hace ella misma, con la energía y las emociones de quienes se acercan a ella, "Todo vibra cuando sucede".
-Steve… Dónde conoces a tanta gente extraña? – ahora Bucky empezaba a divertirse de la vida tan poco normal de su amigo.
-en el metro. Joelle, la chica que conocí pudo detener un ataque del que yo no me había dado cuenta… - Steve le contó lo que había visto y hablado con Joelle durante la más de una hora que había durado su encuentro. Ella le había contado cosas delicadas que tenían que ver con la forma en que ella manipulaba los impulsos ajenos. A Bucky le contó cómo él perdió el equilibrio al intentar acercarse y como le había faltado la voluntad para moverse en la estación de metro. Joelle lo había frenado utilizando su propia energía, su propio impulso de acercarse a ella. Esa era la razón por la cual la mujer de cabello gris no habría nunca tenido oportunidad alguna de seguir acercándose. Joelle usaba los impulsos del atacante contra el mismo y la fuerza emitida parecía ser proporcional al ataque recibido o al menos, así había resultado hasta ahora. Ella misma no conocía si existía algún límite y de hecho, no había tenido que confesarle que tenía pánico de encontrarlo porque él se percató del ovio miedo que le daba tentar a su suerte. Ella no tenía total control sobre su habilidad, solía usarla de forma espontánea y desordenada y había aún algo más, antes de despedirse, Joelle le había dicho cosas sobre su propio estado de ánimo y emociones, las cuál había podido leer todo el tiempo aun cuando por regla general lo consideraba algo irrespetuoso.
-Espero que no haya sido tan malo lo que viste! – le había dicho antes de irse.
Joelle había sostenido una gran sonrisa y contestó moviendo moviendo la cabeza – no, no lo fue, fue más relajante de lo que pensé... Steve? – su cara se tornó seria y sus ojos volvieron a tener esa expresión de desolación que veía más y mas a menudo en su amigo Bucky –"cuídate… no puedes cambiar al mundo tu solo".
Steve había creído que ella se refería a su papel de héroe, pero ahora sus palabras tenían sentido. Ella sabía que estaba preocupado por Bucky, lo había estado todo el día y estaba ansioso por saber como estaba cuando se había despedido. El solo no podía cambiar la opinión que él mundo tenía de su amigo, pero en realidad, sólo había una opinión que Bucky necesitaba cambiar para poder volver a tener una vida propia y esa: ¡si se podía cambiar! Steve busco con las manos su teléfono en su bolsillo. Necesitaba ponerse en contacto con Tony ahora mismo.
Esa noche, Bucky se iría a la cama sin saber que el mecanismo que cambiaría su vida para siempre ya estaba en acción y había sido Steve el que lo había encontrado pero dos años trascurrirían antes de que la llave de su vida le abriera la puerta a una nueva existencia.
