Stepmom's Recipe
By: Vainiella
Capítulo 7
"Vínculo"
Cerró la puerta tras de sí, recostándose contra esta mientras un largo suspiro escapaba de sus labios.
Con los ojos cerrados, no se había percatado de que era observada.
Al abrirlos, la sangre abandonó su rostro y sintió que le faltaba el aire cuando descubrió a Lucy y a Jude sentados a los pies de las escalaras, mirándola detenidamente. No chilló por respeto a ellos, pero fue inevitable llevarse un buen susto, ¿En qué momento habían bajado?
¿Por qué no dejaban de mirarla?
-Ahm, ¿Necesitan algo?
Jude no dijo nada, pero Lucy se levantó y se cruzó de brazos.
-Tenemos hambre.
Mimi asintió. Faltaban cinco para las ocho, y Yamato había dicho que los niños cenan más o menos a esta hora.
-Vale- sonriendo forzosamente y acercándose a los dos -¿Qué les provoca?
Lucy y Jude se miraron, y nuevamente la pequeña rubia fue la vocera.
-Patatas fritas.
La castaña frunció el ceño.
No hablan en serio, ¿O sí?
Mimi caminó hacia la cocina, buscando con la mirada el papel que había dejado Yamato con todas las indicaciones para la cena. Sobre la encimera reposaba aquel papel, y en un apartado descubrió algo interesante.
PD: Nada de patatas fritas. Seguro te lo pedirán.
Gracias por tu apoyo, hermosa.
Un sonrojo pintó sus mejillas, todavía encantada con el apodo del rubio.
-¿Qué estás leyendo?
¡Joder!
Mimi volvió a asustarse. En el umbral de la cocina aguardaban los niños, tal y como en las escaleras, mirándola curiosos.
Son como unos pequeños ninjas, pensó cabreada.
-Bueno, que patatas fritas no están dentro del menú.
-Pero si nos has preguntado qué nos provoca.
Vale, eso es cierto.
-A ver- volviendo a hojear el papel -Aquí dice que esta noche cenarán yogur con frutas y pan con…- frunció el ceño -¿Qué rayos son canónigos?
Ni siquiera Sascha Fitness tiene una dieta tan balanceada.
Dejó de ver la hoja para ver a los niños.
Ahora la idea de las patatas fritas no sonaba tan mal.
-¿Qué tal si van a ver TV mientras preparo la cena?- entonces Lucy y Jude se volvieron a mirar, como si mantuvieran una especie de conversación muda -¿Qué?
-Hoy es viernes.
-Sí, ¿Y qué pasa?
-Que todos los viernes tío TK nos elije una película del Studio Ghibli.
-¿Studio Ghi…?- Mimi sacudió la cabeza, sintiéndose en un planeta alienígena, ¿Qué rayos…? Los hermanitos de Miyako ven Peppa Pig, como cualquier otro niño –¿Qué es eso?
-Es como Disney, pero japonés.
Mimi volvió a fruncir el ceño.
Ella tenía descendencia japonesa, y estos niños americanos parecen saber más de cultura japonesa que ella.
Fueron al salón, donde los niños se acomodaron rápidamente en el sofá mientras Mimi tomaba los controles para encender la TV y abrir Netflix. Lucy tuvo que deletrearle el nombre del estudio para que Mimi diera con las películas, pues no tenía idea como se escribía. Un catálogo interesante fue revelado, pero si no sabía cómo se escribía menos sabía cuál película elegir.
Intentó con la que sale un gato gordo gigante, pero Lucy dijo que ya la habían visto. Iba a colocar otra, pero pasó lo mismo. Al final, encontró una que se llamaba Princesa Mononoke.
Vale, al tratarse de una princesa seguramente sería del estilo Disney, ¿No?
Jude lloraba.
Lucy no paraba de hablarle para calmarlo, sin éxito.
Las rebanadas de pan se quemaron.
Las manzanas las cortó en pedazos pequeños, pero no les quitó la cascara y a los niños no les gusta la cáscara, así que ahora estaba quitándosela a cada jodido pedacito.
Ah, y le dolía la cabeza.
Joder.
-Tranquilo, Jude. No es real, es una comiquita- el niño siguió llorando -El jabalí estaba sufriendo mucho.
-Genial- Mimi frunció el ceño, pues con lo último que había dicho Lucy el niño lloró más fuerte -A ver, niños, hora de cenar.
Colocó los platos en la encimera, acercándoselos, más estos miraron la comida con desconcierto, especialmente Jude, quien había dejado de llorar solo para observar el pan ligeramente carbonizado con canónigos y tomate.
Un segundo después Jude volvió a llorar, y Lucy miró con asco la comida.
Vale, no era la reacción que esperaba. Y de igual forma, ella también tenía ganas de llorar.
¿En qué demonios estaba pensando cuando propuso quedarse con ellos?
En eso, el timbre sonó, sacándola de su miseria. Casi corrió hasta la puerta sabiendo de quien se trataba, y al abrirla fue como si un aura brillante rodeara al visitante.
Miyako resplandecía con su sonrisa despreocupada.
-Secretaria, mejor amiga y ahora Nanny a domicilio.
-Por los cielos, Miyako. Juro que me volveré lesbiana gracias a ti.
La pelimorada entró a la residencia, mirando todo con curiosidad.
-Anda, el Sr. Ishida vive bien- Mimi le dio un codazo -¿Dónde están los pequeñajos?
-En la cocina. Jude no para de llorar y creo que la comida que les preparé los hará vomitar.
Miyako le tendió una bolsa. Dentro de ella Mimi descubrió unos tupperware calientitos.
-Hice unos rollitos de pollo con jamón y queso.
-En serio, te amo.
La pelimorada caminó hasta donde estaban los niños siguiendo el sonido del llanto. Al llegar saludó a los pequeños con tal naturalidad que Jude dejó de llorar, despertando la curiosidad en ambos niños. Mimi contempló como Miyako se presentó y empezó a hablar con ellos, relajándolos al instante. Al ser la hermana mayor de tres niños tenía un gen maternal impresionante.
Dos horas después, los rollitos de pollo ya estaban dentro de los estómagos de los niños y ya habían visto muy a gustos en el sofá otra película del Studio Ghibli, esta vez una donde una niña pez se hace amiga de un niño humano y era mucho más apta para sensibles, a diferencia de la tal princesa Mononoke, donde acribillaban a un jabalí empezando la película.
Y todo gracias a Miyako.
Para ser francos, Mimi estará en deuda eternamente con ella.
-No puede ser que no conozcas nada de Miyazaki.
-Miyako, conozco Peppa Pig por tus hermanitos, ¿Qué carrizos voy a conocer a ese tal Miyazaki?
-Lo cierto es que Jude tendrá pesadillas. Que sensible es.
-Oye, no es que sea sensible. Esa película es muy fuerte. Hasta yo también las tendré.
Miyako sonrió.
-¿Madrastra mode on?
-No soy su madrastra.
-A ver, sales con su padre, ¿Eso que te hace?
-La mujer que quema su cena y les pone películas traumáticas los viernes por la noche.
Ambas rieron y le dieron otro sorbo al vino.
-Gracias por venir al rescate. No sé qué hubiese hecho sin ti.
Miyako le sonrió con cariño.
-Seguro te hubieses apañado. Solo tienes que…
-No- Mimi miró su copa, sintiéndose estúpida -Ya Yamato me dio esa charla, e incluso Hikari. Esta noche fue la prueba de que soy fatal para esto. Punto.
-Mimi, ¿Te puedo decir algo?- la castaña la miró dubitativa -¿Sabías que una vez se me cayó Touya de cabeza cuando era bebé?- la expresión asustada fue su respuesta -Sí. Lloró como una alarma de incendios. No le pasó nada, pero me sentí tan mal que no lo cargué más nunca. Luego, cuando nació Makoto, fue cuando mi papá murió y mi mamá tuvo que trabajar día y noche para mantenernos, así que básicamente me la pasaba con él encima como un gorila bebe en el lomo.
-¿Qué quieres decir?
-Cargué a Touya una sola vez y se me cayó. Con Makoto no, porque lo cargué tantas veces que se volvió natural para mí. Si no me hubiese cerrado como lo hice con Touya, seguro no se me hubiese caído de nuevo, y tendría un vínculo más fuerte con él.
-Pero Touya te quiere.
-Sí, pero Makoto me adora.
Mimi hizo una mueca, no encontrándole sentido a la anécdota. Ella no tiene hermanos, en realidad, es hija única, ¿Cómo podría tener esa naturalidad, si nunca ha lidiado con niños?
-No te cierres por lo que pasó esta noche. A cualquiera pudo haberle pasado- en eso miró su reloj -Me voy. Ken debe estar despierto, esperándome.
-¿Ken?- Mimi abrió los ojos con sorpresa -¿Todavía sigues con él?
Miyako se encogió de hombros, divertida.
-Me he vuelto adicta a su virilidad- Mimi puso los ojos en blanco, la pelimorada era tan obscena a veces -Llámame cualquier cosa que necesites.
-Probablemente lo haga mañana en la mañana, cuando apenas se despierten.
-Olvídalo, mañana Ken y yo tenemos planeado un día especial- Mimi hizo puchero -¿Qué la niñera no se encargará de ellos?
-Cierto, cierto- suspirando -Uff, gracias a Dios mañana estaré de regreso a mi casa. No veo la hora de sentarme en mi escritorio y terminar la propuesta de Mark.
-¿Trabajar un sábado? ¿En serio? Necesitas ir a terapia- riendo, Miyako le lanzó un beso en el aire, retirándose -Hasta mañana.
-¡Gracias por tu ayuda!
Al irse, Mimi se estiró con pereza, relajándose finalmente.
Se sentía un poco mal por haber llamado a Miyako, ya que eso significaba que no podría demostrarle a Matt que podía ella sola con los niños. Fue como si hubiese hecho trampa. Por supuesto, todos se esforzaban por hacerle sentir mejor, pero nada de lo que puedan decir le hará ganar esa confianza en ella misma con el respectivo tema.
Ni cree que pueda estarlo en un futuro cercano.
-Debe estar bromeando.
-Ay, de verdad lo siento, cariño- dijo la señora con pena al otro lado de la línea.
Yamato había sido inteligente en darle el número telefónico de la señora. Al ver que las horas pasaban y no había señales de la niñera no le quedó de otra que llamar, enterándose de la terrible noticia que la pobre vieja se había caído por las escaleras y ahora se encontraba hospitalizada con una pierna rota.
Próximamente la que necesitaba ser hospitalizada será Mimi Tachikawa.
-No se preocupe- dijo finalmente, sintiendo pena por la señora. Por la voz supo que se trataba de una mujer mayor. Ya debía estar bastante mal por el accidente -¿Segura que está bien?
Lo menos que podía hacer era mostrarse empática.
Al colgar sintió que se hundía lentamente. Bien, la niñera acaba de tener un accidente así que no podrá encargarse de los niños. Yamato y TK siguen en Florida y Miyako ya dijo que no estará disponible hoy, ¿Resultado? La perdición.
Mimi se mordió los labios, sintiéndose en desgracia.
No es que sea dramática, ¡Pero vamos! Si anoche había sido un desastre, ¿Qué podría pasar todo un día con ellos?
Son solo un par de horas, se dijo a sí misma.
Entró a la cocina, donde los niños aguardaban mientras ambos jugaban entre ellos con unas piezas de lego.
-Bien- soltó al colocarse del otro lado de la encimera, justo en frente de ellos -Elizabeth no puede venir.
Lucy enarcó una ceja, gesto que fue altamente parecido al de su padre.
-¿Qué ocurrió con Nana Eli?
-Se ha caído por las escaleras y se fracturó la…- ambas criaturas abrieron los ojos de golpe y miraron a Mimi aterrorizados. Bien, no debía haber dicho aquello con esas palabras -Perdón, se tropezó y ahora tiene el pie malo. Pero está bien.
Ninguno de los dos dijo nada.
-Tranquilos, su papá y tío TK estarán aquí antes de las ocho. Así que por ahora seremos nosotros tres- Mimi dijo aquello como si fuera un salvavidas en un océano tempesteado -¿Qué les parece si desayunamos?
Bien, ciertamente darles desayuno fue una odisea donde tuvo que usar una tapa de sartén para evitar que el aceite del huevo frito la quemara viva. Sin duda fue una escena que causó cierta gracia en los niños, sin embargo, para Mimi fue una experiencia de gladiadora en la arena. Se sentía ridícula, y más al descubrir que sus dotes culinarias en realidad son un chiste.
Se había preocupado tanto por sus estudios y carrera que olvidó por completo las leyes de supervivencia.
Al final terminaron comiendo cereal, pues a Lucy le gusta el huevo bien cocido y el que hizo la yema temblaba como unas nalgas de gorda, y Jude… Bueno, Jude no quiso comer. Incluso tuvo que darle el cereal ella misma, casi rogándoselo.
No eran ni las ocho de la mañana y ya estaba agobiada, tanto así que respiró profundamente cuando los niños abandonaron la cocina para ir a ver TV.
Cuando sonó su celular y reconoció el nombre en la pantalla casi lloró de alivio.
-Matt.
-Hola- sonaba cansado, incluso más que ella -¿Cómo estás, preciosa?
-Bien, bien, ¿Tu papá cómo está?
-Mejor, pero aún no pueden darle de alta- suspirando -¿Cómo se portaron los niños?
-Ahm, bien. Como unos angelitos- no quiso mencionar la batalla campal de almohadas durante la noche, cuando no querían dormir y se pusieron a saltar en la cama.
-¡No se ve el Netflix!
Mimi miró hacia el salón, escuchando de forma lejana la voz de Lucy.
Sin Netflix estaba perdida.
-Espera, ¿Esa a sido Lucy?- Yamato seguía en línea -Mimi, ¿Sigues en casa?
-Sí.
-¿Dónde está Elizabeth?
-Bueno, sobre eso…- mirando con duda el huevo frito sin comer de Lucy -Se ha caído por las escaleras y ahora está hospitalizada. Se fracturó el pie.
-Me estás jodiendo- el silencio fue toda respuesta -Mierda, Mimi. Lo lamento. Deja que llamo a… Dame unos minutos y lo soluciono.
Yamato sonaba tan cansado y angustiado que antes de que pudiera arrepentirse lo interrumpió.
-Matt, tranquilo. Yo puedo quedarme con ellos.
-No, Mimi. Ya es abusar de ti. Haz hecho demasiado.
No realmente.
Anoche había sido Miyako, que sino hubiese sido por ella seguro hubiese terminado con una nariz rota por la guerra de almohadas. En realidad, no había hecho nada, solo quejarse y meter la pata, una y otra vez.
-Gracias, de verdad, pero creo que Tk puede llamar a Hikari mientras tanto. Ya mismo compro un pasaje y voy a…
-No.
La castaña tomó el plato con el desayuno frío y lo colocó en el lavaplatos.
-No llames a Kari. Deja que yo me encargo.
Debía demostrarle que podía con ello. Que puede confiar en ella.
-Mimi…
-En serio. Ya tienes demasiado con tu papá. Además, Natsuko los necesita a ti y a TK, no la dejen sola- sonriendo -Cuidaré bien de ellos, no te preocupes.
Un silencio alentador siguió luego de aquel comentario. Mimi no podía ver a Yamato, pero podía escucharle sonreír. Eran pareja, era lo menos que podía hacer por él. Yamato le gustaba muchísimo y no quería rendirse, así tenga que sobrevivir un par de horas más.
-No sabes cuánto lo agradezco.
-No lo hagas. Los pobres necesitan de su papá chef urgentemente. Lo que les cocino es un peligro para su salud.
-No lo creo- Mimi puso los ojos en blanco -¿Puedes pasarme a Lucy, por favor? Me gustaría hablar con ella un momento.
-Claro.
La castaña se dirigió a la sala, donde los niños veían una TV sin señal con un enorme aburrimiento. Mimi le entregó el teléfono a la pequeña, y mientras ella saludaba a su papá en altavoz para que su hermano también lo escuchara Tachikawa se dedicó a observar detenidamente la sala.
Había visto los muebles de cuero, hermosos, por cierto, y había visto la mesa auxiliar de forma rectangular en el centro. Había observado el diseño del mueble que funciona como biblioteca, las lámparas y la alfombra, pero no había visto realmente lo que hacía de aquel espacio tan acogedor.
En diferentes lugares reposaban fotos enmarcadas, de diferentes tamaños e incluso de diferentes marcos. Empezó a pasear por el salón mientras contemplaba las fotos. Se derritió cuando vio un Yamato más joven con una Lucy recién nacida en los brazos, envuelta en una frazada color rosa. Una foto de TK reciente con ambos niños montados en sus hombros se veía un recuerdo divertido. Y fue viendo una tras otra, imaginando aquellos momentos en su cabeza, sintiéndose enternecida por el amor que se profesaban los unos a los otros en esa familia. Hasta que, al llegar a una en particular, se quedó fría.
Una hermosa mujer de cabellos rojizos tenía un Jude recién nacido en los brazos, con una Lucy más pequeña y tierna acurrucada al lado de ella, mientras ambas miraban al bebé.
-Es mi mamá.
Mimi brincó al escuchar la voz de Lucy, quien se había acercado a ella para devolverle el celular.
-Yo…Lo siento, me distraje viendo las fotos- recuperando su teléfono -Es muy bonita tu mamá.
Lucy sonrió.
-¿La extrañas?- la castaña quiso golpearse por hacerle esa pregunta, pero antes de que pudiera filtrarla simplemente abrió la boca. Miró a la niña preocupada por su reacción, pero su expresión neutra y llena de inocencia alivió a Mimi.
-Mmm, supongo que sí- encogiéndose de hombros -Normalmente no hablamos sobre ella. A papá le pone triste- continuó la pequeña. Mimi volvió a ver la foto, sintiéndose mal por el Ishida. Sin embargo, ¿Cómo sería aquello para los niños?
Mimi consideraba a su madre de forma sagrada. Incluso no podía imaginar su vida sin ella. No era psicóloga, pero sospechaba que no era muy saludable que digamos privar a los niños de esa manera, a pesar de que no sea intencionalmente.
La castaña entonces se agachó frente a Lucy.
-Cuéntame más sobre tu mami.
Lucy abrió los ojos sorprendida, ladeando un poco la cabeza.
-¿Qué quieres saber?
-No sé, ¿Qué clase de comida le gustaba?
-Pancakes.
-Ñum, a mí también me gustan- sonriendo -Pero con Nutella, no me gusta la miel.
-A mi mami tampoco le gustaba la miel.
-¿De verdad?- riendo -Seguro me la hubiese llevado muy bien con ella.
Quería demostrarle a Lucy que ella no pensaba ocupar su lugar.
-¿Qué es lo más bonito que recuerdas de ella?
La niña lo meditó por unos segundos, pero luego sonrió y respondió gustosa.
-Le gustaba dibujar.
-¿De verdad?- Lucy asintió -¿Tú también dibujas?- nuevamente la niña asintió, y Mimi sonrió enternecida -Cuantos artistas hay en esta familia, ¿No?
-Tío TK dijo que seré la nueva Dalí.
-Anda, ¿También tendrás un oso hormiguero de mascota?
-¿Dalí tuvo un oso hormiguero?
-Oh, sí. Ya sabes que era un poco excéntrico- mirándola de forma divertida -¿Qué clase de mascota tendrías tú?
-Un gatito.
Mimi rio. Amó su inocencia.
-Eres toda una aristogata, en ese caso- la niña no se rio, y Mimi entonces entendió que no tenía idea de lo que hablaba -¿No has visto Aristogatos?- negó con su cabecita, y fue en ese instante que Mimi vio la oportunidad de crear un vínculo con ella -Pues, hoy es sábado de Aristogatos.
-Do, mi, sol, do, do sol, mi, do…
-El solfeo es necesario en música…
-Practicar escalas y arpegios.
-Y se canta desde el pecho…
-…Y no por la nariuuuuz…
Mimi se rio fuerte cuando Lucy cantó la última estrofa, y en un acto natural acercó su mano hasta sus cabellos y los revolvió con cariño, sin parar de reír.
Luego miró a Jude, quien observaba divertido como ambas personificaban una escena de la película recién vista. Cuando Lucy siguió cantando, pero esta vez tomando las manos de su hermano para guiar la tonada, volvió a reírse, sintiéndose finalmente a gusta con los niños.
-Cuando llegue papá debemos cantarle la de todos quieren ser un gato jazz.
-¡Oh, sí! A papá le encanta el jazz.
Seguro que sí.
Mimi jamás imaginó que hacía falta que hablara de Sora con Lucy para poder llegarle a la niña. Incluso había sido terapéutico, pues no quería que aquella mujer se volviera un tema taboo, cuando era evidente que los niños no querían olvidar a su madre tal como Yamato deseaba olvidar a su mujer. Y tampoco podía culparlo a él, cuando aún era muy reciente todo. Era normal que le afectara hablar de ella. Por suerte a Mimi no le afectaba en lo absoluto, y no había llegado a la familia Ishida para sustituir a una madre, no. Así como quería ser aceptada por él, quería ser aceptada por los niños.
El timbre sonó, y Mimi dejó a los niños riéndose en el salón para luego ir hacia el recibidor. Había ordenado pizza para almorzar, y fue tal la emoción de los niños que olvidó por completo trabajar en sus dotes culinarias. Además, ¿Cómo rechazar una pizza con borde de queso?
Al llegar a la puerta la abrió ya sacando el dinero de su cartera, cuando en eso descubre que no era el repartidor.
Tampoco era un hombre.
-Oh, perdone- dijo entonces la mujer que estaba ante Mimi, mirando confundida el número de la entrada -Creo que me he equivocado de casa.
Mimi se quedó fría.
Aquellos cabellos rojizos.
Aquella tez bronceada.
No hizo falta si quiera mirarla a los ojos con detalle, pues inmediatamente la reconoció.
Sora estaba ante ella con una sonrisa avergonzada, creyendo que se había equivocado de residencia, y Mimi no podía formular si quiera una sílaba. Fue tal la impresión que la mujer ya se estaba despidiendo, sin darle la oportunidad a Mimi de hablar. Y por un pequeño instante iba a dejarla ir, con un temor creciente en su interior.
Toda una serie de preguntas y posibilidades cruzaron por su mente en esos segundos. Tantas que casi colapsa mentalmente.
¿La dejaba ir?
¿Qué haría Matt si se enterara de que había dejado ir a su esposa, luego de dos años sin conocer su paradero?
¿Qué harían los niños si se enteraran de que ella les había privado volver a ver a su madre?
Ya la mujer estaba caminando por la acera, cuando eso Mimi la llamó por su nombre, haciendo que Sora detuviera su andar inmediatamente para luego voltear a ver a la castaña con tranquilidad.
-No me he equivocado de casa, ¿Cierto?
Mimi tragó en seco, respondiendo a la pelirroja.
-Cierto.
Notas de la autora:
Hello hello!
Todos quieren, todos quieren, todos quieren ya ser Gato Jazz...
Uh, lo siento. Es que yo soy toda una aristogata.
¿Cómo están mis pequeños saltamontes? SR actualizado ya, que les digo fue un dilema, pues al no haber nada de Mimato me costó un poco. Aviso que no me dio tiempo de leerlo, así que probablemente se me haya escapado algún errorcillo. Si ven algo no duden en decirme.
Anyway, ¿Qué les pareció? Anda, que ya sabíamos que tarde o temprano aparecería Sora. Felicidades a aquellos que lo vieron venir.
Aviso que el miércoles empiezo a trabajar de nuevo, so, no sé como vaya a ser mi rutina para actualizar, pues estará bien fuerte por un mes o más. Haré lo imposible, créanme, pero tengan un poquito de paciencia si ven que desaparezco.
Encrypted también actualizado, ¡No duden en pasarse por allá también! Ah, y los invito a pasarse por Instituto Hokkaido: Remake, que también va viento en popa.
¡Les mando un fuerte abrazo!
Atte.
Vai.
