Capítulo III: "Veo fuego".

'Agh... Mi cabeza...'

Entre galopes y el sonido de riendas, un panda rojo de una edad bastante avanzada, se levantó del asiento de madera en el que estaba acostado mientras iba sobando su cabeza.

"¿Dónde estoy?"

Con su visión aún borrosa, solo podía divisar que todo a su alrededor se movía, a excepción de él y el suelo de madera en el que estaba parado. ¿Cómo era eso posible?, se preguntó una vez que su cerebro comenzó a funcionar correctamente. No recordaba nada de lo que había ocurrido para que despertase en ese sitio, pero las preguntas que tenía al respecto, tendría que dejarlas para después. Porque al volver a recuperar sus sentidos, escuchó algo frente a él.

Un... ¿relincho?

El panda rojo, sacudiendo su cabeza un par de veces, parpadeó para asegurarse de no estar soñando todo lo que veía y oía. Pero al hacerlo, solo afianzó lo que ya suponía; no era un sueño. Al recuperar por completo su visión, se percató de que estaba parado en lo que parecía ser una especie de transporte de madera impulsado por algo que estaba delante de él. Interesado en saber qué impulsaba aquello, caminó hasta casi llegar a verlo... Pero alguien detrás de él, le dijo:

[Al fin despertaste]

El pobre casi sufrió un infarto en el momento en que esa persona le habló, pero tanto el susto como su serenidad se desvanecieron al reconocer al insecto que lo miraba desde uno de los asientos de la carreta.

"De todas las personas con las que pude haber despertado..." Murmuró, se llevó una de sus patas a su frente, y miró a quien casi lo mató del susto. "Tuve que despertar contigo."

"Si. A mí también me alegra verlo, Maestro Shifu." Bromeó Mantis, saltando del asiento en el que estaba para posarse en el hombro de su Maestro. "Llevaba unas horas dormido. Yo desperté hace 2 horas. Y al despertar, me encontré en esta carreta. Al igual que usted."

"Esto es extraño..." Dijo el Maestro Shifu, con la mirada perdida en la carreta. "¿No sabes a dónde nos llevará esto?"

Mantis negó con la cabeza y, mirando en dirección al frente de esta, contestó, "No... Del todo," Shifu arqueó una ceja ante lo que dijo, pero antes de preguntar al respecto, Mantis se le adelantó haciendo una seña con su tenaza para que le dejase continuar. "Ese... 'Hombre' que está conduciendo la carreta, me dijo que alguien más nos recogió en un lugar llamado 'Cauce Boscoso', y le pagó para llevarnos a 'Carrera Blanca'... Lo que me hace pensar que tal vez ya no estamos en el Valle de la Paz, o en China..."

"O... En nuestro mundo." Concluyó Shifu, con la mirada perdida en algo que sobrevolaba la carreta. Mantis ahora era quien miraba confundido a su Maestro, pero al dirigir su atención al cielo, entendió a que se estaba refiriendo el panda rojo. Un dragón de ojos azules y escamas blancas, volaba por encima de la carreta que los traía. Y al notar la presencia de los dos Maestros, fue descendiendo poco a poco para alcanzarlos.

"Si salimos vivos de esta, le juro que no voy a volver a hacer apuestas nunca más."


...

"¡Corre!" Un panda con una armadura negra y un mono con una armadura plateada, corrían por los senderos de Skyrim mientras eran perseguidos por algo o alguien. "Sus golpes son letales, Po."

Corriendo al lado del primate, Po comenzó a sufrir de su asma de panda en el momento menos indicado y frenó para recuperar el aliento.

"Es... -perame... Nece... -sito respirar." Unos árboles cayeron justo detrás de ellos de manera inesperada, y se reveló que quien los estaba persiguiendo, era un gigante. Sus golpes realmente eran letales, y de alguna manera, el par de tontos se las había arreglado para amargarle el día al entrar estos a su territorio. Cosa que los gigantes solo pagaban con la muerte.

El gigante alzó un mazo que traía consigo, y lo bajó rápidamente para acabar con uno de los dos intrusos. Pero fue congelado en el momento justo por el panda, quien alzó una de sus patas, y de esta salió un viento helado que terminó por congelar al gigante, con el mazo a escasos centímetros de su cabeza.

"Otro segundo más, y probablemente habría tenido que recoger tu cuerpo del suelo, Po." Comentó Mono acercándose para ver al gigante congelado, tratando de alegrar la situación. Po sonrío, jadeando mientras seguía tratando de recuperar el aliento y, levantando su mano, liberó un brillo amarillo que lo cubrió completamente. Se lanzó un hechizo a si mismo y, para su suerte, funcionó al primer intento, porque su cansancio se desvaneció de inmediato.

"Si. Creo que debí de haber usado el hechizo de curación mucho antes." Contestó Po, volviendo a respirar a un ritmo normal. Mono rió, cargando una bolsa llena de monedas en su espalda, y ambos siguieron caminando adelante por el sendero. Los dos Maestros superaron la adversidad económica que habían sufrido antes, y se pudieron dar el lujo de renovar tanto su arsenal de armas, como su arsenal de magia. Mono se compró un hacha de acero, y Po se compró una espada larga y unos grimorios nuevos que le enseñaron a lanzar nuevos hechizos.

Los dos reanudaron su caminar por el sendero de tierra que llevaba a la entrada de Carrera Blanca, donde habían oído que se podía comerciar muchas cosas. Pero a lo lejos, se oyeron algunos gritos que inquietaron a los Maestros y detuvieron su caminar.

El panda fue el primero en voltear su cabeza, y sus ojos se expandieron al ver que los gritos provenían de una carreta que se dirigía a Carrera Blanca. Mono lo miró, confundido por la mirada preocupada de Po, y le preguntó: "¿Que ves, Po?"

"Fuego..." Las palabras que salieron de la boca del panda, normalmente habrían sonado menos significantes - sabiendo que estaban en las tierras de Skyrim, pero las dijo con una preocupación latente, y eso preocupó más al primate. Este último dirigió su atención al punto en el que miraba su amigo - para ver a que se refería con eso, y así pudo confirmar que lo que el panda había dicho, era cierto. Un dragón de escamas blancas trataba de quemar una carreta que iba en camino a Carrera Blanca, y dejó un rastro de fuego que se extendía por el sendero.

"¡Vamos! ¡Tenemos que salvar a los que están en esa carreta, y tenemos que encargarnos del Dragón antes de que llegue a la entrada!" Exclamó el guerrero de blanco y negro, levantando su espada para enfrentarse a la bestia. Mono escondió el saco de monedas detrás de unos arbustos, y sacó su hacha de batalla para ayudar a Po a derrotar al Dragón.

"¡Voy justo detrás de ti, Po!"

Fin del capítulo.


Ya me había tardado, lo sé. Pero no tengo un horario establecido para subir capítulos, así que espero que no se les haya hecho eterna la espera. Pronto vendrá un capítulo muy interesante, que tal vez será más largo, o tal vez no. Todo, como siempre, dependerá de que tan motivado me sienta para escribirlo.

Tengo mucho que seguir escribiendo, así que creo que no volveré a actualizar hasta dentro de unas cuantas semanas. Sé que no debe de ser muy alentador escuchar eso, pero si no me tomo el tiempo para terminar con todo lo que empiezo, terminaré con más cosas que hacer que antes.

Así que, sin más que contarles, me despido de ustedes y, ¡hasta la próxima!

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