34 Lazos que queman
Pasaría mucho tiempo antes Joe o Bucky volvieran hacer tareas de soporte para los Avengers; ambos se encontraban, como dirían entre sí, como aviones aterrizados en un hangar olvidado; pero la primavera fue menos lluviosa de lo esperado y ocuparon gran parte de su tiempo en el sembradío que Joe había comenzado y en reconstruir la casa de herramientas que él había destruido. Aún así, los días en que Steve estaba presente, Bucky se sentía invariablemente relegado en algún sótano del hangar y se conformaba con ver a los otros dos felices retomar sus planes de viaje y andar de un sitio a otro aparentando que eran sólo colegas cuando todo el mundo sabía que al viejo Steve le urgía enterrar sus ideas castas y conservadoras y lanzarse de lleno en todas las dimensiones y profundidad posibles de la relación.
Natasha por su parte, estaba harta de discutir con el capitán sobre sus ideas más arcaicas acerca el matrimonio y las relaciones entre hombres y mujeres en la actualidad. Sam y Visión murmuraban a sus espaldas y Wanda procuraba guardar una prudente distancia porque estimaba a Joe y Steve por igual y creía que había una poderosa razón para hacer las cosas con calma.
- pero ¿Ni un beso con la lengua? Así, ¿chiquito?, ¡Por favor! -se quejó Banner seriamente preocupado
- ¡Que conste en las actas que lo ha dicho Banner! -se carcajeó Rhodes -Rogers es el anciano más casto de la historia desde tiempos de la Biblia.
-No sean así -replicaba Wanda – lo encuentro extremadamente hermoso que Steve vea en la relación un compromiso de ese tamaño y esté esperando a no tenerlos a ustedes dos como público detrás de las puertas cuando dé un paso más.
- ¿Cuándo se van? -preguntó Rhodes
-En Agosto – contestó Sam
-Primero tenemos que viajar a Suiza para el foro mundial de migración -apuntó Visión
-y Joe tiene una comparecencia por el caso Alioune en Washington un par de días antes.
-A este paso, Steve será el tatarabuelo de sus propios hijos -murmuró Rhodes mientras Tony llegaba a la sala dónde estaban reunidos.
-Damas y caballeros: ¡Nos vamos! -Exclamó como si se dirigiera a una fiesta, pero no era así, todos, menos Joelle y Bucky, tenían un llamado para acudir cuanto antes a Luisiana, dónde ciertas irregularidades habían llamado la atención de la CIA y otros servicios secretos. Horas más tarde la situación era difícil de evaluar, el tiempo era oro y tras poco pensarlo, de manera astuta Tony se dirigió a Steve para pedir "el UBER" de la señorita Joelle.
- ¿Escuché claramente Tony? -preguntó Nat con Wanda a su lado mientras Steve con gesto serio se retiraba discretamente a una esquina del casino donde se encontraban para telefonear a solas.
-si… ¡Estamos en Luisiana! Será divertido estar todos juntos. -Tony parecía tranquilo y seguro de lo que decía, pero estaban a punto de entrar en aprietos.
Cuando Joelle y Bucky llegaron sólo tuvieron que seguir a la armadura roja que surcaba los aires persiguiendo a alguien más. El resto del grupo era visible en tierra y mantenía una pelea en una avenida con varios casinos.
-Necesitamos protección de civiles Joelle -ordenó Steve tomando a Nat en sus brazos y depositándola en el Quin Jet cuando bajaron.
-¡Esta herida Bucky!, hay que revisar esa herida -le comandó bajo la mirada preocupada de Hulk. Cuando el Jet se alzó de nuevo, un cohete dirigido apareció en el aire y Visión se lanzó tras él, pero para cuando parecía alcanzar al artefacto, un escudo que se movió a la par del Jet lo cubrió en su huida. Visión interceptó el objeto y este terminó estrellándose a lo lejos.
-Excelente Joelle, muéstrame tus mejores escudos – se oyó decir a Tony.
Joelle tenía a Steve a su lado y eso bastaba para mantenerla confiada y relajada lo suficiente para sostener la cabeza fría, después lo perdió de vista y todo lo que Bucky había entrenado por meses con ella se hizo necesario. ¡La estaban rodeando! Si ese día salió victoriosa fue tan sólo porque en su cabeza mantenía la concentración que había aprendido de él. Después vendría lo que Sam llamaría "La cereza del pastel", el punto decisivo de la pelea cuando Bucky protegió al equipo desde los aires manipulando el Quinn y ellos pudieron avanzar sin problemas; para cuando esto no fue más posible, Joe logró el que sería su primer escudo de grupo, una barrera flexible que se movió en torno a sus compañeros manteniéndolos a salvo como una membrana vibrante. La misión fue un éxito y pronto pudieron regresar esa a casa extenuados pero completos.
Para cuando aterrizaron, Steve estaba planeando desaparecer con Joe detrás de la puerta de su habitación cuando Tony les pidió a todos un momento en la sala de juntas, todos, menos a Bucky. La reunión fue corta, duró apenas unos minutos y para cuando Bucky se ponía de pie a la mañana siguiente, se encontró con una novedad, la alarma sonaba y mientras buscaba el teléfono celular del cual el odioso sonido provenía, se encontró con otra cosa: ¡una llave! El descubrimiento lo hizo saltar de la cama y con aún los pijamas puestas bajó incrédulo las escaleras hasta el sitio donde los demás se habían reunido ya y tomaban un café. El primer rostro revelador fue el de Steve, luego el de Sam que lo miraron con sonrisas malamente ocultas.
-¿Qué significa esto? -preguntó
-Que ahora tienes que pagar la renta – Contestó Rhodes
-Que tendrás que lavar tu propio uniforme, cuida que no se te oxide el brazo -dijo Sam
-Que eres parte de la familia -Terminó de decir Natasha con un regocijo real proveniente de su rostro.
Joe lo miraba de pie recargada en una esquina de la cocina, estaba conectando con sus emociones de nuevo sin hacerlo a propósito y para cuando el engarzó sus ojos en los suyos pudo sentir por unos segundos el gusto, emoción y orgullo que ella sentía mientras se limpiaba la única lágrima de emoción que le corrió por la nariz.
El verano prosiguió su curso, las noches se volvieron húmedas y el aire pegajoso se había vuelto pesado y caliente. Nadie supo lo que ocurrió entre Tony y Bucky en aquellos días, pero justo después de haber recibido la llave de su casillero y su título como Avenger, Bucky desapareció una tarde entera del complejo e igualmente nadie vio a Tony deambular más por el sitio. Ya entrada la noche, cuando regresaron a sus respectivas viviendas sus amigos y familiares los encontrarían cansados, vaciados de tensión y con uno que otro moretón en la cara. Los dos durmieron esa noche como niños pequeños y jamás hablaron de lo que había pasado pero una cosa era cierta: habían firmado la paz para siempre y encontrarla sólo sería cuestión de tiempo.
Fue también en una de esas noches de verano cuando una fiesta informal organizada en el muelle frente al lago se alargó hasta que los invitados fueron a dar a las balsas ahí atrancadas y terminaron ensopados cuando algunas se voltearon con los pasajeros dentro. Había habido música, comida y bebida y el calor que se sentía volvía eufórico a cualquiera mientras parecía que eran las estrellas las cuales estaban embrujando la noche para que su entusiasmo no terminara. De pronto, unas nubes y un aire fresco anunciaron la llegada de una tormenta y la gente empezó a disiparse. Steve, Joelle, Sam y todos los que se habían quedado chapoteando en el agua como niños salieron de ella y se dispusieron a exprimirse las ropas. Joe entonces se dirigió a una cabina cercana para colocarse una de las muchas batas ahí dispuestas y para lavarse el olor a rana y pescado de las aguas de lago. Ya adentro y bajo la tenue luz proveniente de una lamparita en el cuarto de madera natural, se sacó el vestido ligero que llevaba y se colocó bajo la ducha con agua fría, estaba pensando en lo perfecta que era la noche cuando se le ocurrió que aun faltaba algo y mientras averiguaba lo que era, Steve entró en la cabina; su reacción fue primero de sorpresa y bochorno porque había pillado a Joe en calzas pero al engancharse sus ojos con los de ella sus sentidos se aletargaron y le abandonó la voluntad de salir y cerrar la puerta tras de sí. En lugar de eso, se quedó parado viéndola de pies a cabeza teniendo el cuidado de detenerse en las zonas que le parecieron más recónditas.
Joe también reaccionó con inicial sorpresa, pero cuando se aseguró de que quien acababa de entrar jamás sería la persona inadecuada se limitó a sostenerle la mirada interrogante. ¿Y ahora qué? – pensó. Estaban los dos empapados y con los cabellos chorreando y transpiraban el calor del verano como si se hubieran encontrado en una Sauna. Joe lo esperó con tantas ansias que esta debió brotarle por los ojos porque en ese momento Steve no vio más el rayó negro que los surcaba; entonces se adelantó y el primer paso lo dio con tan grande decisión y premura que ella terminó por cruzar el metro y medio que los separaba y se le colgó por los hombros desnudos, él la recibió con la boca lista para besarla y con manos ansiosas. Bajo la amarillenta luz de aquella lamparita la amó como si sus manos hasta ahora atadas buscaran de un manotazo acabar con el sosiego acumulado por todos los meses anteriores. La besó en la boca y en el cuello tan sólo para descubrir que podría pasar la frontera de su geografía si así lo quería y besarla por donde se le diera en gana. Ella recorrió por fin su espalda y torso con su boca exactamente como siempre lo había querido hacer y mientras los minutos transcurrían, el bochorno dentro de la cabina aumentó a límites insoportables. Steve apagó su lógica y pudor centenarios y dejó que la llama que llevaba quemándolo sin piedad controlara sus acciones, el resultado fue una explosión que los dejó a ambos atarantados y con miradas desahuciadas por el resto de la noche. ¡Fue perfecto, porque habían embonado exactamente como se imaginaron que podían hacerlo!
Para cuando los primeros relámpagos en el horizonte anunciaron la despedida de las estrellas y la llegada de las nubes cargadas de lluvia, el lago ya estaba vacío. Steve y Joe regresaron hasta el edificio de vivienda y se encontraron con Sharon despidiéndose de Sam en el camino.
-¿Te vas a casa? -le preguntó Steve acercándose para dar una despedida correcta
-Si, pero antes de irme quería darte algo que se me había olvidado -Contestó ella sacando de su auto una caja del tamaño de un cajón de zapatos.
-¿Qué es? -preguntó Steve soltando a Joe para tomar el objeto entre sus manos
-Es un diario … de tía Peggy, pensé que debería estar contigo.
El rostro de Steve se ensombreció en un segundo y la sensación de estar sosteniendo algo que arde o va a explotar lo embargó por completo.
-Jamás te olvidó Steve; la de ustedes fue una historia hermosa pero incompleta y creo que este diario podría ayudarte a sobrellevarlo. -Dicho esto, Sharon lo abrazo cariñosamente y subió al auto.
Joe se quedó como alcanzada por uno de los rayos que se acercaban porque no fue capaz de seguir a Steve cuando este volvió a caminar lentamente con la caja en las manos sin mirar hacia atrás. Ella lo vio desaparecer tras la puerta de la vivienda y no supo de él en el resto de la noche.
