Malaquita.
Capítulo 1
Madre querida acógeme en tu regazo, cúbreme con tu manto protector y con ese dulce cariño que nos tienes a nosotros tus hijos, porque he pecado…
He pecado lascivamente con el pensamiento al mirarla…
He pecado al no poder sacármela de la cabeza, sin importarme que estoy comprometido con otra persona.
La deseo Madre mía, la deseo tan intensamente que mi cuerpo duele al evocarla.
Creí que era feliz, pero estaba tan equivocado mi señora. Ella es una buena mujer, pero nunca, en todos estos años de relación, me hizo erizar la piel y vibrar mi corazón como lo hicieron esos ojos malaquitas y esas pronunciadas caderas.
No sé cómo ha sucedido. Pero sé que en un solo momento de desliz, pudo cautivarme cuando nuestras miradas se han cruzado.
Tú que conoces las culpas de nosotros, ayúdame a sacármela del alma, pues el deseo por acercarme a ella y probar su carne con mis manos me consume.
La miré bailar y no me importó que "ella" viniera conmigo. Como una polilla me dejé encandilar por la fascinación de ese ser que bailaba cadenciosamente, sobresaliendo de todos los demás que la acompañaban.
Una bailarina…
Estoy cambiando a una buena mujer de Dios por una bailarina padre…
Los vimos en el parque. Estaban dando su función cuando bajaron a invitarnos e integrarnos a su erótica pero atrapante danza.
Entonces la vi señor.
El oscuro tomó forma de mujer y un segundo bastó para que mi corazón se adoctrinara a la obra y gracias de ese pequeño cuerpo y ser de exóticos cabellos rubios, que ondulaban tan ligeros, vibrantes y atrayentes como el sol y las mismas llamas del infierno donde de seguro he de quemarme pronto. Pues todo dentro de ella, ha encendido una flama que no puedo ni quiero apagar.
Beata Antonia de Florencia ayúdame...
Sabes perfectamente que mi vida ha sido justa y jamás he caído en acciones carnales.
Beata Catelina Volpicelli...
Nunca ha existido un pecado por el cual no me haya arrepentido. He sido dedicado a ella, aunque no me sintiera tan desesperadamente pleno como ahora. Nunca le fui infiel y dediqué cada segundo de mi existencia a ella. Porque creía que era mi camino a la felicidad.
Pero, si es así. Explícame, dame una señal de por qué me sucede esto justo ahora que le he prometido matrimonio.
¿La Malaquita me ha embrujado al mirarme acaso?.
Es lo más probable…
Su danza me hipnotiza. Su cadencia al moverse me seduce y sus ojos… esos ojos que ardían de pasión cuando los vi... que ardían como las mismas llamas que en este infierno me consumen. Noche tras noche sueño que la beso, que la tomo entre mis manos y palpo con placer su carne, mientras ella me embelesa los oídos con gemidos que jamás pensé escuchar, y que sólo me enloquecen más, pues en su piel me pierdo, mis sentidos explotan al igual que la lujuria contenida en mí. Por ella pierdo toda razón y toda consciencia.
Mi culpa es gravísima. Lo es desde el momento en que quise probar sus carnosos labios rojos… pero aunque es pecado, no puedo evitarlo.
Quiero separarme.
Continuará…
