Malaquita
Capítulo 2
Padre nuestro que estás en el cielo...
Libera a este humilde siervo tuyo que ya no sabe lo que quiere y se ha desviado del camino de la rectitud.
Santificado sea tu nombre...
Te maldigo Luzbel por tentarme con tus artimañas para volverme uno más de tus perdidos.
Venga a nosotros tu reino...
Purifícame señor. La lujuria es un pecado y no encuentro otra manera de definir el ardor de mi cuerpo.
Hágase tu voluntad así en la Tierra como en el cielo…
Annie es mi prometida, una buena persona, apropiada mujer y dedicada cristiana…
Danos hoy el pan de cada día y perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
Indúltame Annie porque mi omisión sé que ha de lastimarte…
No nos dejes caer en la tentación y líbranos de todo mal. Amén.
Sálvame de ella Santo Padre. Hazme ciego a su recuerdo que me excita y atormenta.
Ustedes han oído que se dijo: "No cometerás adulterio". Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.
(Mateo 5:7-28)
Criado siempre bajo la estricta doctrina del todo poderoso, crecí forjado de inquebrantables valores.
Siempre supe lo que debería obtener en la vida, pues todo está en los sacramentos:
Buena educación.
Buen trabajo.
Buena familia.
Buena esposa e hijos que han de amamantar los mismos dogmas que todas las generaciones Andrew.
Pero Belcebú siempre se las ingenia para mandar a sus soldados de la muerte a tu camino…
Imposible imaginar que sería la misma Annie quien les abriera las puertas de nuestra hogar…
¡Oh mi señor!. ¿Acaso esto es un castigo por probar las mieles del concubinato?.
Sé que pecamos, pero acaso… ¿no absuelve tu amor todas nuestras faltas?.
"Ayúdate que yo te ayudaré…"
Eso hice al proponerle matrimonio, pero ya es demasiado tarde.
¿Por qué a mí?.
¿Por qué tuvo que llegar esa sirena maldita a embaucarme con su existencia?.
Me confunde hasta el extremo de que querer repudiarla, pero por igual instiga esta inmoral y obscena necedad de arder junto con ella entre mis sábanas.
Encima de ella… Tocando… Probando…
Debajo de ella… Sintiendo su piel. Consumiéndome al sentir cada poro de sus voluptuosas curvas. Escuchándola gritar excitada mi nombre.
Entre sus piernas… Alcanzando el cielo enriquecido del caído una y otra vez.
Pero el pecado es sólo mío. Pues aquella Malaquita parece no darse cuenta de que he bajado una y mil veces al averno, regocijándome en mi dolor desde que la conocí…
¿Quién soy ahora?.
No lo sé…
Sigo pecando señor y ofendiendo tu nombre al rechazar toda tu gloria con esta lascivia hacia ella. Pues sé que después de esto jamás atravesaré las puertas de tu reino.
No mientras ese nombre siga tatuado en mis más bajos instintos…
Candy…
Más una lección he aprendido durante estas semanas: Existen seres que pueden ser ángeles y demonios al mismo tiempo. Y la Malaquita es uno de ellos.
La veo todos los días fingiendo sonrisas y saludos que deseo se conviertan en besos y caricias indecentes. Mientras ella, tan delicada como una orquídea sobreviviendo al crudo invierno de la soledad, me corresponde solo con amabilidad y gratitud.
¿Tan insignificante soy para ella?.
¿Está jugando conmigo acaso?.
Es probable que su lealtad hacia mi prometida refrene cualquier iniciativa de su parte.
"Amigas de la infancia" mencionó Annie al traerla a vivir un tiempo a la casa.
¿Por qué jamás la mencionó?.
De haber visto si quiera una foto de ésta sicalíptica criatura jamás lo habría olvidado.
Madre mía intercede por mí…
Pero más por ella… porque he de hacerla mi mujer.
Continuará…
