-¿Joe? ¿Estas despierta? -Steve llegó una tarde hasta donde se encontraba, pero la encontró girada hacia la ventana donde veía el cambio de estación.
-Si y estoy deseando salir de aquí, aunque sea por un minuto
-Podíamos preguntar y usar una silla de ruedas si tú quieres -le contestó él viendo la vista que Joe apreciaba. -…O podría hacer otra cosa -Steve desapareció por el pasillo y regresó con una enfermera que liberó a Joe de la sonda que llevaba. -¿Lista?
-¿Qué vas a hacer?
Steve retiró las sabanas que la cubrían y la levantó en ambos brazos sin dificultad alguna, pero con mucha cautela
-Deberías comer más Joelle
-¿A dónde me llevas?
-¡A afuera! -contestó él mientras se dirigía con su carga hasta una banca situada fuera del complejo; en ella se sentó con Joelle en brazos y la sostuvo cerca de una hora mientras tomaban los incipientes rayos de sol de la tarde, estuvieron platicando de muchas cosas y haciendo planes para cuando ella estuviera completamente sana.
-¿Te acuerdas cuando te traje la primera vez?
-si me acuerdo- suspiró Joe – me acuerdo muy bien de esa sesión en la que fui interrogada por todos con las actas en la mano.
-Estaba predicho que te quedarías con nosotros
-¿De verdad?
-Si, desde que te conocí no tuve la menor duda de que pertenecías a este lugar
-Suena como si hubiera sido hace mucho tiempo
-dos años o más, en realidad no ha sido tanto
-Lo sé, pero fue lo único que no se me ocurrió es que algo así pasaría cuando te traje; estoy pensando que hay cosas que no debí haber mezclado.
- ¿Cómo qué?
-Tú… el peligro …
-oh Steve, demasiado tarde ¿No? ¿Por qué no me preguntas mejor si he sido feliz aquí?
-¿Lo has sido?
-si lo soy, mucho; tengo a Natasha y Wanda siempre conmigo, mi par de compinches y a todos ustedes, todos me hacen sentir apreciada. Ya no me siento rara, anormal y apartada como antes.
Steve se entretenía observándola mientras ella ponía los ojos en la lejanía, se veía satisfecha y en paz -Me alegra, aún y cuando sé que no es precisamente por mí que este último año la hayas pasado bien.
Joe lo miró de reojo y se le antojo que no era la clase de conversación que quería sostener ahora con él; antes de la explosión sentía aún desfallecer a su cercanía, pero ahora entendía mejor que nunca su papel como parte de un todo con el equipo de los Avengers y no como la mujer que había llegado siguiendo al capitán a ciegas. De pronto una brisa llegó hasta ellos y el perfume de él le dejó la nariz impregnada y eso le hizo recordar como solía llevarlo siempre en la ropa cuando antes pasaban todo el tiempo juntos. Hacía semanas que ella había notado su propio olor a antiséptico y medicamento, se había intentado perfumar varias veces al día pero él olor había permanecido ahí hasta que uno nuevo comenzó a reemplazarlo y adentrársele entre las narices mezclándose con el suyo poco a poco. Era un olor suave y fresco que a ella le gustaba percibir cuando todos se iban a dormir y ella se quedaba sola en la cabina extrañando su habitación con la cara pegada a su almohada. Aprendió a distinguir ese olor como el mismo del hogar que sentía que tenía y pronto se hizo adicta a él a fuerza de olerlo diariamente: era el olor de James, que lo dejaba por todos lados cuando estaba con ella y acomodaba sus almohadas, arreglaba su cama y la sostenía cuando se movía por la habitación. Era el olor de su cuello cuando la cargaba y la besaba en la frente antes de irse y era el olor que ella percibía cuando a mitad de la noche el la rondaba con las luces apagadas para verificar que estuviera bien.
Steve la mantenía abrazada junto así mientras la cubría con una de las mantas que la enfermera les había llevado; había tomado una mano suya entre las suyas y le hablaba con voz baja, en otra ocasión, ella hubiera recargado su cabeza sobre su pecho para escuchar le latido rápido de su corazón y presintió que de alguna manera, eso era lo que Steve estaba esperando pero entonces subió la vista y encontró que había más personas deambulando en una de las plataformas del edificio, eran Bucky y Natasha, que los observaban desde lo alto. Joelle no pudo evitar sentir una opresión en el pecho como nunca antes la había sentido, se llevó la mano a la cadena de donde colgaba la llave que siempre llevaba puesta y como autómata, se movió para intentar reincorporarse y librarse de los brazos de Steve. La brisa siguió soplando y llevando su perfume hasta ella pero a Joelle, el aroma le pareció demasiado cargado y se descubrió así misma prefiriendo el olor del hogar en que estaba pensando.
Una semana después llegó el gran día y a Joelle le fue permitido regresar a la suite de la vivienda que ocupaba, no sin un par de muletas que la auxiliaban para caminar. La noticia llegó a medio día, cuando todos los Avengers estaban ocupados en sus quehaceres, sólo Wanda regresó para comer con ella y pudo estar presente cuando los médicos la dieron de alta así que fue ella quien se encargó de enviar un mensaje a todos con una fotografía de ambas llegando a la habitación de Joelle. Esa noche, una especie de fiesta espontanea se realizó en la vivienda y al finalizar Joe se retiró con Wanda y Natasha por el elevador hasta donde por fin podría descansar en su propia cama.
-Vas a dormir hoy como una reina -le dijo Natasha – ninguna cama es mejor que la propia
Wanda le ayudó a colocarse un pijama y se despidieron de ella dejándola extrañada pensando que su cama había crecido durante este tiempo o ella quizá se había vuelto pequeña y así fue como se quedó dormida. Horas después, escuchó un ruido tras la puerta de conexión a medio cerrar y pensó que Bucky había estado invariablemente ahí visitándola; en el fondo se alegraba de que por fin no tuviera que hacer su peregrinación nocturna hasta la unidad médica pero luego pensó que definidamente no era normal lo que sucedía. Era tiempo de cerrar el ciclo y Bucky no lo estaba haciendo, entonces comenzó a incorporarse como pudo, llevándole varios minutos hacerlo y utilizando una de sus muletas empezó a caminar hasta la habitación adjunta.
Bucky estaba en cama y se sorprendió grandemente cuando la vio aparecer frente a él aunque era ovio que no dormía porque la lámpara de noche seguía prendida.
-¿Qué haces aquí? – le dijo asombrado
-Me dijeron que tú también tienes pesadillas – le dijo ella acercándose
El suspiró que Bucky emitió le permitió darse cuenta que mientras ella se sentía liberada de la pesadilla, él parecía aún tener problemas para dejarla atrás.
-¿James? ¿Quieres que platiquemos?
-¿De que vamos a hablar Joelle? Es una pesadilla solamente
-Cuéntamela
El la miró con temor – No puedo
-¿Por qué?
-Porque la odio
-No puede ser peor que todas las otras que hemos vencido juntos, ¿o sí?
Entonces Bucky se desmoronó y su voz se quebró -No entiendes
-déjame entender, dijiste que tengo la llave así que eso me da ciertos derechos
Bucky sonrió, pero la sonrisa se difuminó casi al instante cuando levantó la mirada –"Te vi morirte al menos cuatro veces Joelle" … en ese cráter, cuando te encontré y luego tres veces más en el QuinJet. – El silencio entre ambos se hizo enorme y él prosiguió -Invariablemente cuando cierro los ojos me encuentro de nuevo bajando por el cráter y todo se repite tal y como pasó en la realidad. Por eso me levantó y me doy una vuelta por toda la vivienda y el complejo hasta que se me pasa y luego voy y te busco para ver si efectivamente estas ahí.
-Y no me vas a dejar entrar en tu cabeza ¿verdad?
- ¡No! Ya te lo dije, no vas a entrar en esa pesadilla nunca más
Joelle se quedó con la tristeza de ver a Bucky querer deshacerse solo de su problema, entonces el olor de él le llegó a la nariz y le recordó el sitio donde quería estar cuando por la tarde tomaba el sol con Steve afuera del edificio.
- ¡Hazte a un lado James! – le ordenó mientras que él la observaba sentarse sobre la cama y luego atónito veía como se acomodaba a su lado.
- ¿Qué haces?
-Me estoy mudando al mejor lugar del mundo para dormir hoy – le dijo mientras se giraba y quedaba recostada frente a frente a él.
-¿En mi cama?
-claro, así nos ahorramos la caminata nocturna, lo único que tienes que hacer es dormir conmigo y abrir los ojos si tienes problemas.
Bucky no estaba seguro sobre cómo reaccionar, pero cuando fue consciente, ella ya se había acurrucado a su lado buscando su calor entre su camisa.
-¿Estas segura?
-James… duérmete!
Pero la situación mantuvo a Bucky varios minutos despierto mientras sentía que ella empezaba a respirar a un ritmo tan tranquilo que indicaba que dormía. Joe había ocultado su cabeza en su pecho y se había enroscado junto a él plácidamente y cuando por fin se quedó dormido, lo hizo por varias horas, hasta que la maraña de piernas que se había formado le impidió moverse, entonces ella se giró hacia el otro lado inconsciente y el la abrazo por la espalda quedándose así hasta bastante entrada la mañana.
