Disclamer: Antes que nada y como siempre; los personajes y parte de la trama, así como los lugares pertenecen a la prodigiosa mente de Rumiko Takahashi, yo solo los uso para divertirme sin ánimo de lucro ^^

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Aviso: ¡Especial San Valentín! Este es un relato especial para el día de los enamorados y espero que os guste muchisísisimo ^^ Consta de 9 capítulos y como se me ha hecho un poco largo, iré publicando uno al día a partir de hoy, día 14. ¡Disfrutar de este fic dulce y romanticón!

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#1cada15días.

Aquí inicio un nuevo y rocambolesco proyecto que me tiene muy emocionada a la par que angustiada, jajaja. Publicar una historia sobre Ranma y Akane cada quince días durante todo un año. Fanfics largos, más cortos, Oneshot o lo que surja. ¡Espero poder lograrlo y que disfrutéis de ello!

Relato 11: 10/02—24/02

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Corazones Distraídos

(Relato especial de San Valentín)

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1.

(P-chan)

—¿Un Nuevo Rival?—

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P-chan, después de esperar durante varios minutos con los ojos firmemente cerrados, se atrevió a abrir uno y echó un vistazo. Akane seguía frente al espejo de cuerpo entero que tenía en la puerta de su armario, y por fin estaba totalmente vestida.

P-chan suspiró; una acción extraña para un cerdito, pues aunque es del todo probable que los cerdos puedan experimentar alivio, es inusual ver que lo manifiesten tan abiertamente. No tanto en el caso del pobre chico atrapado en el diminuto cuerpo del animal.

Pese a toda la basura que Ranma decía sobre él por supuestamente "aprovecharse" de su condición como mascota de Akane para pasar tiempo con ella a solas en su cuarto, P-chan nunca había sido deshonesto con ella. Sí, dormía con la joven y eso le gustaba. Le encantaba cuando los brazos de Akane lo estrechaban con dulzura contra su pecho o su cuello, aspirar su olor y sentir su cercanía lo llenaba de dicha y gozo. Pero jamás, en esos momentos de dulce intimidad, P-chan se rozó o tocó ninguna parte de la anatomía femenina de forma irrespetuosa; ni siquiera cuando sentía que el agarre de la chica se suavizaba al quedarse dormida.

Nunca. Ni una sola vez.

Y del mismo modo, P-chan (o más bien el chico que habitaba dentro de él) podía tener la conciencia tranquila en cuanto a ser un mirón. Seguramente Ranma se moría de rabia y envidia (y esto, ciertamente, sí le agradaba al cerdo) imaginándose al pequeño animalillo devorando con su inocente mirada el cuerpo de Akane Tendo cada vez que esta se desvestía en el refugio de su habitación. Y bien podría haberlo hecho, ¿habría tenido problemas por ello? ¡Por supuesto que no! Incluso podría haber tomado esos pequeños placeres prohibidos como una compensación por tener que cargar con tan vergonzosa maldición.

Pero no, P-chan no miró ni una sola vez.

Tenía la suerte de que Akane era de esas personas que se ponía a hablar consigo misma sin darse cuenta. Cuando se disponía a realizar cualquier actividad sentía el impulso natural de declararlo en voz alta, como si se diera ánimos. Y podía hacerlo puesto que estaba sola con un cerdito que no se lo diría a nadie.

Sí, Akane anunciaba todo antes de hacerlo. Incluso alguna vez P-chan la había oído decir: ¡Oh, vaya! Creo que me viene un estornudo… ¡Voy a estornudar! Y lo hacía, por supuesto. Era una manía encantadora que solo hacía que P-chan la adorara con mayor sentimiento.

Y como no podía ser de otro modo, Akane también anunciaba cada vez que se disponía a cambiarse de ropa. Eso le daba tiempo de sobra al cerdito para posicionarse de espaldas, cerrar los ojos o incluso enterrarse bajo la almohada. El resultado de esto era que, durante todo el tiempo que llevaba siendo la mascota de Akane, no la había visto en ropa interior ni una sola vez.

¿Por qué?

Porque el chico que habitaba en el cuerpo de P-chan tenía su honor intacto a pesar de todas las humillaciones recibidas en su corta vida. Había viajado mucho, conocido a todo tipo de gente y se había visto en vuelto en situaciones de lo más variopintas. Este chico, aunque despistado, había ido anotando en su mente una cierta variedad de enseñanzas recibidas de estas experiencias vitales; y la primera y más importante era: ser siempre honorable.

Si eres honorable, no te reprocharás nada. Y vivirás tranquilo contigo mismo y los demás.

Y él, por encima de todas las cosas, quería vivir tranquilo junto a Akane Tendo, la mujer más maravillosa que jamás había conocido.

Pero él sabía, por supuesto, que aunque maravillosa (y que lo era estaba más allá de cualquier duda razonable), Akane también tenía un carácter explosivo y bastante impredecible. Cuando descubriera su secreto se enfadaría con él, puede que hasta se horrorizara, pero el chico dentro del cerdo conservaba la esperanza de que, al poder mirarla a los ojos y decirle con total sinceridad que en todo momento fue absolutamente respetuoso con ella, la chica le creería y quizás, le sería más fácil perdonarle.

Quizás.

Él esperaba que así fuera. Y sus deseos iban más lejos; no solo esperaba que Akane le perdonase, sino que fuera capaz de aceptarle por completo, con maldición incluida. Eso era lo que más ansiaba su corazón.

No obstante, ese día, P-chan estaba temeroso.

Desde que su amorosa dueña despertara esa mañana, no había dejado de sonreír y tararear por toda la casa, cosa que también hacía surgir sentimientos felices en su mascota. ¡Por supuesto! Y al verla tan contenta, ni siquiera se molestó en preguntarse a qué vendría tanta algarabía.

Al menos hasta poco antes de la comida, pues justo antes de bajar al comedor, Akane se había deslizado por su cuarto con una agilidad y un primor tales a los de una bailarina profesional, hasta quedar delante del calendario que tenía sobre su escritorio. Pasó el dedo por la página y giró su rostro, bello y encendido, hacia el cerdito que reposaba en la cama.

—¿Sabes qué día es hoy, P-chan? —Le preguntó. El cerdito se agitó; no, no lo sabía. No porque fuera un animal y no tuviera la misma percepción del paso del tiempo que cuando era humano, simplemente no se había molestado en saberlo—. Es el día de San Valentín. ¿Sabes lo que significa? —El rostro de la joven se coloreó más aún, su sonrisa aumentó y la emoción más brillante asomó en sus pupilas—. ¡Hoy va a ser un día muy especial!

¿Especial? ¿En serio?

En un primer momento el cerdito no se preocupó demasiado por este hecho. O sí, pero lo hizo después de pensar un poco en esa fecha, en lo que sabía de su amada dueña y uniendo cabos fue que llegó a ciertas conclusiones que sí, le preocuparon.

Seguramente Akane danzaba por la casa ilusionada creyendo que el tonto de Ranma le habría preparado alguna sorpresa romántica para celebrar ese día; o siendo más realistas, que podría tener algún tipo de gesto especial para con ella. Si bien la joven conocía a Ranma Saotome tan bien como P-chan, ella aún le confería de una delicadeza que, desde luego, el joven artista marcial carecía del todo.

P-chan era más realista.

Su rival nunca, jamás, tendría el más mínimo detalle con su preciosa prometida. Es más, puede que él tampoco recordara que era ese día y al final, Akane acabaría decepcionada y triste como solía pasarle cuando esperaba demasiado de su prometido. P-chan anticipó su dolor y se sintió mal durante todo el tiempo que duró la comida.

Se revolcó por la superficie de la cama de su dueña, dándole vueltas también a su cabeza, pensando en que podría hacer al respecto. ¿Cómo animarla siendo solo un cerdito? Quizás podría irse y regresar como el chico que era con algún regalo que animara a la joven, pero temía que si ponía un pie fuera del dojo, luego sería incapaz de encontrar el camino de vuelta a tiempo.

¡Sería mucho peor si Akane tenía que llorar, desconsolada, sin la compañía de su querido P-chan!

Pero algo curioso ocurrió cuando Akane volvió a su cuarto tras la comida.

Nada más entrar, cogió todos sus bártulos de aseo y se marchó al baño a darse una duchar rapidísima para regresar como una loca y empezar a sacar vestidos de su armario.

¿Se preparaba para salir?

P-chan se bajó la cama, curioso y se colocó a su lado mientras la joven sacaba más y más prendas.

—¿Cui? —gruñó el animalillo. Akane dio un respingo y miró hacia abajo. Sonrió al verle, dejó la ropa a un lado y los tomó en sus brazos. El pequeño P-chan empezó a arder; Akane solo llevaba una toalla y por tanto sus brazos, y el resto de su cuerpo, aún estaban cálidos y húmedos.

La cabeza de P-chan se puso a dar vueltas, pero se sintió decepcionado cuando la chica le soltó de nuevo sobre la cama. Después le acarició entre las orejas.

—Tengo que prepararme, P-chan —Le dijo, rozándole la nariz con la punta del dedo. Así inclinada hacia él, el cerdito tuvo una vista bastante comprometida de los misterios que se adivinan por debajo del lugar donde la toalla había sido anudada. ¡Cerró los ojos con fuerza, claro! Y se le escapó un chillido por los nervios—. Cielos… ¿estás bien, pequeñín? —Akane le acarició desde la frente hasta el lomo varias veces y P-chan se obligó a dejar de chillar. Aquel suave contacto era tan agradable… ¿Sería igual de agradable si él fuera humano o aquella delicia era algo que solo un animalito podía experimentar?—. No pasa nada, P-chan…

—¡Cui! —soltó él, estirando sus orejas y Akane sonrió incorporándose por fin.

—¡Eso es! —Le apoyó, contenta—. Escúchame, esta tarde te voy a dejar solito. Y tienes que portarte muy bien, ¿me has entendido?

—¿Cui?

—Yo me voy a… —Su piel se enrojeció y el cuerpo de Akane se agitó presa de un escalofrío eufórico al tiempo que soltaba una risita—. Tengo una cita de San Valentín.

—C-cui… ¡¿Cui?!

¡¿Una cita?!

¡¿Cómo era posible?! P-chan empezó a hiperventilar, pero en ese momento Akane anunció que empezaría a vestirse y el cerdito tuvo que hundir la cabeza entre las almohadas con los ojos bien cerrados además (por si acaso).

Mientras oía a su dueña probarse un vestido tras otro, P-chan se dedicó a reflexionar sobre lo que acababa de oír. Akane tenía una cita… ¡Y en San Valentín! Eso era ya un desastre, claro; él se quedaría como un cerdo tonto atrapado en esa habitación mientras la chica de sus sueños se iba por ahí a tener una cita con cualquier desalmado.

¡En San Valentín!

Oh, sí… porque P-chan tuvo muy claro desde el principio que no se trataba de Ranma. ¡Era imposible! Ese atontado jamás tendría las agallas suficientes como para pedirle una cita a Akane. ¡Y menos en San Valentín!

No… debía ser otro chico. Alguien que se había acercado a Akane sin que él lo notara y había logrado engatusarla. Entre el tiempo que pasaba perdido y el tiempo que como P-chan permanecía en el dojo, era muy difícil estar atento a los movimientos de Akane. Y en una de sus ausencias, algún desgraciado se había atrevido…

Bueno, bueno… ¿Era tan malo? P-chan se dijo que, por lo menos, no se trataba de Ranma. Eso ya era algo. Mal que le pesara, el chico que habitaba en el cerdito sabía que la única competencia realmente peligrosa en su lucha por ganarse el corazón de Akane era el de la trenza. Y si él no era su acompañante, quizás el asunto no era tan grave como pensaba.

Esa idea logró relajar al animal un poco. Al menos hasta que se atrevió a abrir los ojos y echó una ojeada a su dueña.

Akane ya estaba vestida… ¡Y P-chan nunca la había visto más bonita que en ese instante!

Dejando de un lado las continuas burlas sin fundamento de Ranma, P-chan siempre había pensado que Akane se vestía de un modo muy femenino y coqueto. Usaba vestidos, faldas, medias que estilizaban sus piernas, jersey entallados que dibujaban sus caderas… ¡Ranma parecía un disco rayado con sus tonterías sobre lo marimacho que era! Pero no era verdad. Si le hubiesen preguntado al chico dentro del cerdo, y poniendo por delante que en los últimos tiempos le había tomado un gran aprecio a la cocinera, él habría dicho que la forma de vestir de Ukyo era mucho más masculina, por ejemplo.

Pero, especialmente ese día, ni siquiera Ranma podría haber dicho ni media palabra sobre el atuendo que Akane había elegido.

Llevaba un precioso vestido de lana que se adaptaba a su cuerpo a la perfección, a todo su cuerpo sin despreciar un solo centímetro; el contorno de su pecho se veía realzado, acariciaba su cintura con suavidad, sus brazos, sus caderas… El vestido embellecía su bonito cuerpo y las medias transparentes y los ligeros tacones que había elegido hacían el resto con sus piernas. De un intenso rojo era, al igual que el vestido, la diadema de tela que moldeaba su cabello recién peinado y brillante.

Akane incluso había buscado complementos de tonos parecidos y se había pintado las uñas. Parecía decidida a resaltar hasta el último detalle de su aspecto.

Se coloreó los labios suavemente, se embardunó la cara con una crema que la dejó más brillante y delineó un poco sus ojos para hacerlos ver más bellos y grandes. ¡Sin duda, la muchacha era la primera encantada con la imagen que veía en su espejo! No paraba de sonreír y sonrojarse cada vez que se observaba, sus ojos estaban empañados de felicidad y de nuevo, tarareaba sin darse cuenta.

¡Estaba tan feliz!

Pero… tanta alegría, tanto cuidado y esmero en prepararse; si todo aquello no era por el idiota de Ranma. ¿Acaso su querida dueña se había enamorado de otro chico? ¿Podía ser que, harta de los desplantes y la indecisión del joven de la trenza, Akane hubiera puesto sus ojos en otro chico que sí la correspondía y ahora fuera a reunirse con él?

P-chan se puso a sudar de terror…

¡Aquello era mucho peor!

Siempre le había preocupado más Ranma que cualquier otro de los tontos que aparecían para rondar a Akane, y eso era porque P-chan solo veía que la chica se interesara por su prometido. El resto de chicos del mundo, mal que le pesara, parecían darle totalmente igual. Se deshacía de ellos sin dudarlo, y no le importaba ser borde, incluso violenta, con los más osados. Esa inquebrantable lealtad de la joven hacia su prometido era de admirar, por más que a él le doliera el sentimiento de amor absoluto que escondía.

Entonces, no entendía nada…

¡¿De dónde había salido ese desconocido?! ¡¿Cuándo la había enamorado de esa forma tan arrebatadora y absurda?!

¡Sin duda, era un desastre!

Al menos a Ranma le conocía y sabía lo que podía esperar de ese inútil, pero ese desconocido, ese extraño… ¡No sabía nada de él! ¿Qué pretendía en realidad? ¿Cuáles eran sus armas? ¿Tenía alguna debilidad?

—¡Ya está! —declaró Akane tras un último repaso en el espejo. Cogió un precioso abrigo gris que se echó por encima; la combinación con el tono burdeos del vestido era maravillosa y cogió también su bolso—. Es hora de irme. No quiero hacerle esperar.

P-chan la miró desesperado. ¡Debía ir con ella! Tenía que descubrir la identidad de ese nuevo rival para después encararlo con su auténtico aspecto.

P-chan saltó de nuevo al suelo, pero Akane le atrapó al vuelo y le plantó un besito en la nariz que le aturulló.

—Tú espérame aquí —La chica le guiñó un ojo, contenta y volvió a dejarlo sobre la cama—. Luego te cuento como me ha ido.

Akane se despidió con la mano y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Aunque P-chan corrió con todas las fuerzas de sus patitas no logró más que estamparse contra la madera cuando ella la cerró.

Gimió por el golpe, pero sacudió la cabeza y decidido, buscó otra vía de escape.

Lamentablemente solo había una más: la ventana. Por fortuna estaba abierta, así que el animal ni se lo pensó. Saltó sobre la silla, de ahí al escritorio y se asomó mirando hacia abajo; sintió miedo, claro, pero fue algo momentáneo. Se arrojó al suelo esperando que la hierba del jardín trasero amortiguara el golpe. No fue así del todo, pero al menos le sirvió para rodar por ella hasta acabar tumbado sobre la madera del pasillo que había junto a las puertas del comedor.

Esas también estaban abiertas de par en par para él.

P-chan se levantó, mareado y dolorido, pero resopló y clavó los ojos en las puertas para no distraerse. Corrió sin dejar de mirar su objetivo y así fue que logró llegar al pasillo.

Akane acababa de pasar por la cocina para despedirse de Kasumi y se dirigía a la puerta de la calle. P-chan aumentó su velocidad y esta vez logró colarse por el hueco de la puerta justo cuando ella salía (y sin que ella se percatara). Juntos atravesaron el jardín delantero y pasaron por delante del dojo.

P-chan gruñó en aquella dirección; seguramente el idiota de Ranma estaría dentro entrenando, sin enterarse de nada como siempre, mientras que su prometida iba tan guapa y encantadora a encontrarse con un desconocido que quizás ya había robado su corazón.

Ranma era un desgraciado, pero P-chan ya lo sabía y no quiso perder el tiempo pensando en él.

Además debía estar muy concentrado para seguir Akane de cerca y no perderse. ¡No podía perderse esta vez!

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Callejearon un buen rato sin llegar a ningún lugar en concreto.

La gente que pasaba cerca de ellos no podía evitar mirar con curiosidad al pequeño cerdito negro que seguía, de forma inequívocamente real, a esa joven tan bella que caminaba a veces muy despacio, otras más deprisa. Daba saltitos o trotaba para después casi pararse y respirar hondo. Akane estaba nerviosa, eso era evidente, pero también muy emocionada y ansiosa; se debatía entre ambos sentimientos y P-chan casi estuvo seguro de que a veces se desviaba y daba vueltas alrededor de la misma calle.

Desde luego fue muy claro cuando Akane dejó de vacilar y tomó el camino que la llevaría hasta su destino real.

P-chan no quería pensar en nada que pudiera distraerle, pero había un sentimiento muy desagradable creciendo en él y que apenas lograba ignorar. Y es que, cuanto más avanzaba tras la nerviosa chica, no solo saboreaba la amarga decepción de verse superado ante ella por un nuevo rival, sino que era muy consciente de que tenía escasas probabilidades de parar lo que estaba por pasar. Y es que sabía que, incluso aunque se apareciera ante ella convertido en el chico que realmente era y la amaba, Akane igualmente se iría con ese otro muchacho. Seguramente Ranma era el único que podría haberla detenido, si le importara ella lo suficiente como para molestarse.

Alguna vez había fantaseado con estar, al menos, el segundo en el corazón de Akane. Y ahora, de golpe y porrazo, veía que no era así.

Y aun así allí estaba, siguiéndola fielmente, sin quitarle los ojos de encima y preparado para actuar, aun sin saber exactamente con qué objetivo.

A los pocos minutos llegaron a la zona céntrica de la ciudad y Akane se encaminó hacia la estación de tren.

¿Acaso el chico vivía fuera? ¿O es que planeaban ir a tener su cita lejos, a un lugar donde nadie pudiera encontrarles? ¡Eso era terrible! ¿Cómo haría P-chan para colarse en un tren atestado de gente? ¡Le aplastarían!

De repente, Akane se detuvo muy tiesa y su rostro se encendió sin remedio. P-chan estiró nuevamente sus orejas, alerta y husmeó justo cuando la chica levantaba la mano y la agitada.

—¡Hola! —saludó, feliz. Ahora sí echó a trotar, balanceándose y dejando que el aire desordenara su cabello concediéndole un aspecto más infantil y despreocupado que, sin duda, era más típico en ella. Llegó hasta la figura de un chico que se apoyaba en una farola, cerca de la puerta de la estación—. ¡Ya estoy aquí! No te he hecho esperar mucho, ¿verdad?

P-chan salió zumbando tras ella, deseoso e inquieto a partes iguales por descubrir el rostro de su nuevo rival. Necesitaba conocer la identidad de la persona a la que tendría que enfrentarse a partir de hora o como mínimo, descubrir si ese chico estaba o no a la altura de Akane.

P-chan derrapó silenciosamente y antes de poder alzar la mirada, escuchó la voz del susodicho.

—N-no, está bien… Acabo de llegar.

—¡Vale!

P-chan se paró en seco. Gimió de nuevo y se ocultó tras un pequeño muro. ¿Esa voz era de…? ¡Pero, entonces… no entendía nada! Asomó sus ojillos para cerciorarse y vio confirmadas sus sospechas.

A tan solo unos pocos metros, Ranma se rascaba la cabeza frente a una Akane radiante que no apartaba sus ojos de él. El chico carraspeó.

—Akane estás… estás… —La miró de arriba abajo y su rostro se ruborizó—; estás muy guapa.

La chica se balanceó sobre sus pies.

—Gracias —respondió.

Lo cierto es que Ranma tampoco se veía como siempre. No había renunciado a sus camisas chinas, pero era evidente que la que llevaba era nueva, de manga larga y más elegante. Los pantalones no tenían señas de remiendos ni se veían gastados y llevaba zapatos de verdad.

Entonces… ¿Ranma era la cita de Akane? ¡¿De verdad?!

P-chan mordiscó la pared con furia e incomprensión. ¡No le entraba en la cabeza! ¡Ranma era un cobarde que nunca habría invitado a Akane a salir en San Valentín!

¡¿Y además por qué habían quedado en ese lugar si vivían juntos?!

—B-bueno, nos… ¿nos vamos? —Ranma extendió su mano hacia la chica y Akane asintió tomándola sin dudar.

P-chan los observó alejarse… juntos.

Gruñó y se dejó caer al suelo, de pronto se sintió tontamente engañado. Pero no por Akane o el idiota de Ranma, sino por él mismo. ¡Por supuesto que era Ranma, siempre era él!

Solo por él Akane podía estar tan emocionada y pondría tanto empeño en arreglarse. ¡¿Cómo podía haber pensado que alguien más lograría reemplazar a ese desgraciado en el corazón de la joven?!

Hasta hacia unos minutos había creído que la intromisión de un nuevo pretendiente era lo peor que podía ocurrirle, pero descubrir que se trataba de Ranma no le hacía sentir mejor. Tenía algo atorado en su pequeño cuerpo, un mal sentimiento… verles irse juntos o quizás, el haber pensado que tendría un nuevo rival; algo de todo eso le había removido por dentro.

¿Un nuevo rival? De pronto esa idea le sonó extraña…

Se había imaginado a un chico cualquiera, quizás había dado por hecho que sería alguien fuerte y carismático, más incluso que Ranma que también era fuerte, aunque fuera un simplón. P-chan pensaba en esos chicos mientras él llevaba sin ser uno varias semanas. Ni siquiera recordaba cuando había sido él mismo por última vez. ¡Y es que era tan agradable sentir que Akane le prestaba toda su atención! Pero eso solo pasaba cuando era P-chan. Como chico… ¿Acaso ser un cerdito era su única baza para arrancar un poco de cariño de la pequeña Tendo? ¿Qué habría pensado ese supuesto nuevo rival al verle? ¿Qué pensaba Ranma de él, en realidad?

P-chan comprendió que, muy seguramente, ni siquiera le considerarían a él mismo un rival como tal.

Meneó su cabecita, acurrucándose en el suelo de esa forma tan adorable en que los animales lo hacen, a pesar de que la tristeza más profunda dominaba sus ojos hundidos. Aunque no esperaba que nadie fuera a fijarse en eso.

De pronto, P-chan oyó un sonido de lo más peculiar que le sacó de tan nefastas reflexiones. Una sombra alargada cayó sobre él y el cerdito levantó los ojos. Una chica alta y desgarbada, apoyada en la pared y con unas enormes gafas de sol ocultando su rostro hacía fotos sin parar de los prometidos mientras estos se alejaban.

P-chan enarcó una ceja.

La chica bajó la cámara y esbozó una sonrisa triunfal.

—Me preguntó a qué habrá venido ese jueguecito de quedar lejos de casa —Se dijo, para después añadir—. ¿Tú no? —P-chan dio un respingo sin saber si le hablaba a él—. Bueno, tengo las fotos así que… —La chica se quitó las gafas y bajó el rostro hacia el cerdito—. Hola, P-chan.

—¡¿Cui?! —chilló el animal.

Se trataba de Nabiki Tendo. Debía haber seguido a su hermana hasta allí para hacerle fotos comprometedoras, como solía hacer siempre con todo el mundo.

—¿Debería seguirles y ver qué se traen? —Le preguntó, ahora sí mirándole fijamente. El cerdito se agitó y ella sonrió—. Sí, supongo que con esto es bastante… —Se guardó la cámara y las gafas—. Bueno, P-chan… pues entonces volvamos a casa.

El cerdo se puso a chillar cuando la joven se inclinó para agarrarlo. Lo levantó y lo posó sobre su pecho, pero el animal siguió chillando y retorciéndose atemorizado; pues no se fiaba un pelo de esa chica. Para su sorpresa, no obstante, Nabiki le sostuvo con cuidado y se puso a acariciarlo con auténtica delicadeza.

—Shhhh —Le dijo en voz baja—. ¿Quieres intentar volver a casa tu solito? ¡Me juego lo que sea a que no encontrarías el camino de vuelta antes de que algún coche te atropellara! —Los gritos se cortaron y Nabiki echó a andar—. Cálmate, P-chan, todo va a estar bien.

Y P-chan se calmó, pero no porque pensara que en verdad todo iba a estar bien. De hecho estaba bastante seguro de que nada volvería a estar bien después de aquel día. Gruñó melancólico pensando en su Akane, alejándose de él de la mano de Ranma… ¡Era como si se hubiera ido para siempre!

Si pudo relajarse fue únicamente por el modo en que Nabiki lo estrechaba contra su pecho mientras le acariciaba la cabeza; P-chan no sabía que esa chica pudiera ser tan buena, aunque siendo hermana de Akane algo debían tener en común. Movió la cabeza para observar el rostro de la joven y le reconfortó ver la sonrisa que la chica exhibía. No era maliciosa, ni astuta; sino tranquila y sosegada. De algún modo hizo que se sintiera lo bastante seguro como para dejarla que lo llevara a donde ella quisiera.

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¡Hola a todos y a todas y Feliz San Valentín! ^^

¿Qué os parecido el primer capítulo? Estoy deseando saber vuestra opinión de este nuevo relato, pero antes unas pocas aclaraciones:

—Para este relato he decidido subir un capítulo al día a partir de San Valentín. Es una historia larga (90 páginas, nada menos) y creí mejor hacerlo así para que no tuvierais que leerlo todo de golpe, sino que haya un tiempo (aunque sea corto) para sacar conclusiones del capítulo antes del siguiente.

—Cada capítulo está escrito desde la perspectiva de un personaje distinto del manga y al inicio se indica de quién se trata. Pero todos ellos se mezclarán y entrecruzarán a lo largo del día de San Valentín. Me pareció original, aunque me ha costado meterme en la cabecita de todos ellos. ¡Espero que os guste!

—El primero ha sido P-chan, como se pasa todo el capítulo convertido en cerdito no he podido poner Ryoga. Aunque puedo adelantar que veremos al chico (verdaderamente como chico) próximamente (jeje).

—He intentado que cada personaje se enfrente a una emoción distinta relacionada con el amor. P-chan (o Ryoga) tiene que lidiar aquí con la decepción; no solo cuando piensa que Akane se ha fijado en otro, cuando después descubre que ese otro no es otro, sino que es Ranma… y especialmente cuando cae en la cuenta de que por su forma de actuar (acercándose a Akane como P-chan por miedo), probablemente ni siquiera ella le tenga en cuenta como posible interés romántico. (No preocuparse, soy la última que quisiera ver al pobre Ryoga sufriendo, aunque no diré lo mismo de otras personillas de esta historia…)

Este es un relato diferente, espero que lo sigáis y que os guste. Aviso que quizás encontréis shipps extraños a los que no os tengo acostumbrados. ¡Estoy deseando saber vuestra opinión! ^^ Como siempre os agradezco todo vuestro apoyo y reviews hasta ahora, en especial a: Gwen Olvera, Kana16 y Rj45

Y por último, pero no menos importante quiero dedicar este relato especial de San Valentín a ¡Frida-chan! Porque me comentó que hoy es su cumpleaños (¡Felicidades!) y le haría ilusión que lo hiciera. Y como durante todo este reto y también desde antes, ha sido una de esas personas que siempre leía mis fics, de las primeras en comentarlos e incluso me ha dado ideas para futuras historias ;-) pues te quiero desear un feliz cumpleaños y que hoy pases un maravilloso día con las personas que más quieras y seas muy feliz ¡Te mando un fuerte abrazo de cumpleaños, Frida-chan!

Y a todos los demás, ser felices este día. Aunque no tengáis pareja, disfrutar con vuestra familia, vuestros amigos y no olvidéis trabajar el amor más importante que existe: el amor hacia nosotros mismos.

¡Besotes para todos y todas! Nos vemos mañana.

EroLady—

Pd: ¿Sabéis que es la primera vez desde que comencé el reto que publico en un día par (14)? No me gustan los números pares ¬¬ Tengo un trauma con ellos desde el instituto, por eso siempre elijo para publicar días impares y procuro que mis historias tengan un número de capítulos impares. ¡Es raro, lo sé! Ya sabéis algo más de mí ^^