Disclamer: Antes que nada y como siempre; los personajes y parte de la trama, así como los lugares pertenecen a la prodigiosa mente de Rumiko Takahashi, yo solo los uso para divertirme sin ánimo de lucro ^^
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Aviso: ¡Especial San Valentín! Este es un relato especial para el día de los enamorados y espero que os guste ^^ Consta de 9 capítulos y como se me ha hecho un poco largo, iré publicando uno al día a partir del día 14. ¡Disfrutar de este fic dulce y romanticón!
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#1cada15días.
Aquí inicio un nuevo y rocambolesco proyecto que me tiene muy emocionada a la par que angustiada, jajaja. Publicar una historia sobre Ranma y Akane cada quince días durante todo un año. Fanfics largos, más cortos, Oneshot o lo que surja. ¡Espero poder lograrlo y que disfrutéis de ello!
Relato 11: 10/02—24/02
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Corazones Distraídos
(Relato especial de San Valentín)
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2.
(Nabiki)
—Los Opuestos Se Atraen—
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El pequeño cerdito que llevaba en brazos temblaba. Al menos lo hizo durante los primeros momentos; quizás tenía frío, quizás estaba gimoteando por lo que había visto. Nabiki sonrió igualmente. Y lo hizo porque sabía que nadie la miraba, ni podrían adivinar lo que ocultaba esa sonrisa alargada y relajada, casi delicada, que asomó en su rostro, por todas aquellas veces que quiso exhibirla pero se obligó a ocultarla.
Apretó el cuerpo cálido del animal contra su pecho y sintió que las pulsaciones de este se aceleraban, su pequeño lomo palpitaba tan fuerte como el tic tac de un reloj. Y la joven se apresuró a ir más rápido.
Justo después de traspasar el centenario portón del dojo, Nabiki se encontró con su hermana mayor que estaba por salir. Kasumi parpadeó y la incredulidad de su mirada la repasó de arriba abajo hasta detenerse en el cerdito, aunque se abstuvo de preguntar. Kasumi era siempre muy discreta.
—Me lo he encontrado perdido por ahí —le explicó la mediana de todos modos—. Decidí traerlo de regreso por Akane, luego le pediré una recompensa por él.
El cerdo se agitó ante tales palabras, pero Nabiki le acarició entre las orejas para apaciguarlo.
—No seas mala con Akane…
Le pareció que Kasumi lo decía solo por obligación; no parecía realmente interesada en reñir o corregir con su firme, aunque dulce determinación, a su hermana pequeña. De hecho, sus ojos miraban intermitentemente hacia el portón como si tuviera demasiada prisa.
Nabiki retrocedió un paso para mirarla bien.
—¿A dónde vas, Kasumi?
—Solo a buscar unos ingredientes que me hacen falta para la cena —respondió mostrándole, además, la cesta que llevaba en su brazo.
—¿Hoy? ¿Vas de compras en San Valentín? ¡Las tiendas estarán llenas de niñas comprando chocolate! —Kasumi se encogió de hombros—. Bueno… está bien. De hecho, quería felicitarte por la cena de ayer.
El rostro de su hermana despertó en una alegre sonrisa.
—¿Ah, sí?
—Estaba delicioso, Kasumi —Nabiki estiró la suya en una mueca afilada, más propia de ella—. Fue más… exótico que a lo que nos tienes acostumbrados, pero estaba muy rico.
—¡Gracias! Siempre intento mejorar —La mayor asintió con la cabeza, o la inclinó justo antes de que sus mejillas se colorearan—. Bueno, debo irme ya. ¡Hasta luego!
—Adiós…
Kasumi se giró y traspasó el portón.
Nabiki miró el lugar por donde se fue, aún sonreía. Alzó un poco más a P-chan hasta apoyarlo en el hueco entre su hombro y su cuello y susurró:
—Kasumi también se trae algo entre manos, P-chan —Pero Nabiki aún no sabía el qué. Sus salidas a hacer recados se habían multiplicado y alargado de un modo lo suficientemente llamativo como para tenerlas en cuenta. También parecía más contenta, a la vez que más distraída—. Creo que es la primera vez que la veo salir sin el delantal puesto… ¿Te has dado cuenta?
—¿Cui?
Nabiki asintió.
—Bueno… lo suyo sería seguirla y ver que se trae, pero… —La joven sonrió más aún y dio un paso hacia la casa—. Tengo algo más importante que hacer ahora mismo.
Además, se trataba de Kasumi, su hermana mayor.
Una cosa era molestar a Akane y al tonto de Ranma; no temía las represalias de ese par de bobos y lo que ellos hicieran, especialmente en San Valentín, le interesaba a un considerable número de personas que estarían dispuestas a pagar mucho a cambio de las fotografías que ahora tenía en su poder.
Dinero, ahí estaba otra vez en su pensamiento.
No era lo único que importaba a Nabiki, como todo el mundo se creía, pero sí era algo a lo que daba mucho valor. ¡Era práctica! Y realista… el dinero era útil. Y siempre la había hecho feliz, aunque reconocía que era esa un tipo de felicidad muy distinta a la que, por ejemplo, había visto en los ojos de Akane desde que Ranma llegó al dojo. O a la que creía haber visto en las pupilas de Kasumi justo antes de decirle adiós.
Sí, lo sabía muy bien. Y de vez en cuando eso le robaba algún que otro suspiro de hastío. Incluso le fastidiaba. Pero Nabiki sabía que ella no era tan distinta a sus hermanas, al menos en su interior. En ese lugar pequeño y privado al que nadie más que ella misma se asomaba de vez en cuando; sí, sabía muy bien que ahí dentro podían latir auténticos sentimientos. Últimamente había pensado mucho en ello. Quizás, más de lo que le convenía y por eso ahora se sentía desbocada, precipitándose hacia un abismo.
Y sabía que era tarde para tratar de detenerse y regresar al lugar seguro donde se había refugiado toda su vida.
Demasiado tarde decidió y dejó de pensar en ello.
Subió las escaleras hasta el segundo piso y pasó por su cuarto para dejar su cámara a buen recaudo. En un momento dado se fijó en que P-chan seguía temblando en sus brazos.
—Debes estar muerto de frío —Comentó. Sobre la silla de su habitación había una toalla recién planchada. La cogió y envolvió al cerdito en ella; el animalillo arqueó una ceja en una mirada despierta, aunque desconcertada—. ¿Qué? ¿Estás pensando que no soy tan mala como me pintan, P-chan?
—¡Cui!
—¿Eso es un sí?
Nabiki salió de la habitación con el animal en sus brazos y tomó rumbo hacia el cuarto de su hermana pequeña, pero en lugar de entrar para dejar al cerdito allí, continuó su camino hasta el cuarto de baño. Atravesó la primera puerta y después la segunda para alcanzar la bañera. Accionó los mandos y se dispuso a llenarla con agua caliente.
En muy poco tiempo el baño se llenó de vapor y la temperatura subió de golpe; P-chan empezó a chillar y retorcerse en cuanto lo notó, así que Nabiki tuvo que afianzar su agarre para que no le saltara de los brazos.
—Tranquilo, P-chan —Le dijo en voz baja—. ¿No te gustan los baños de espuma? —El animal prácticamente enloqueció y Nabiki lo alzó hasta tener sus ojillos aterrados a la altura de los suyos—. Cuidado, como me arañes con tus pezuñas, tú y yo tendremos un problema.
Al instante el cerdito se calló y dejó su cuerpo suelto. Nabiki lo volvió a colocar entre sus brazos y retrocedió para cerrar la puerta del baño con pestillo.
—Bueno, P-chan… tú no lo sabes, pero hay algo muy importante que tenemos que tratar en privado —Regresó hasta la bañera y cortó el agua. Se sentó en el borde y metió una mano para comprobar la temperatura; estaba bien—. Y me ha parecido que el día de hoy era el más indicado —Colocó al cerdito en su regazo y le envolvió aún mejor en la toalla; el pobre la miraba muerto de miedo, casi paralizado—. No pongas esa cara, hombre. Solo quiero hablar.
—¿Cui?
—Sí, lo sé. De este modo será más difícil —Nabiki le cogió de nuevo en sus manos y se inclinó para soltarlo con cuidado en el agua. El cerdito chilló, a pesar de la delicadeza, y se hundió sin remedio. Al segundo siguiente, un chico empapado apareció en su lugar soltando una exclamación—. ¡Así es mucho mejor! Bienvenido al mundo de nuevo, Ryoga.
El chico tosió un par de veces y permaneció, intimidado y confuso, entre las aguas. Después miró a la chica que le miraba sin moverse un ápice del borde y retrocedió, avergonzado. Por suerte, la toalla le tapaba estratégicamente sus zonas más pudorosas.
—¿Qué…? —Musitó, frunciendo el ceño—. ¡¿Qué significa todo esto?!
—¿El qué? —Nabiki se encogió de hombros.
—¡Esto! ¡¿Acaso tú sabías… ya sabías que yo era…?!
—¿Que tú eras P-chan? ¡Pues claro! —Y torció la cabeza como si fuera obvio—. Yo sé todo lo que pasa en esta casa, pero es que esto… ¡Era tan obvio! —Ryoga adoptó una expresión de pánico—. Bueno, salvo para Akane. No es tan espabilada como yo, ¿sabes?
—De acuerdo —Ryoga pareció calmarse un poco ante esas palabras. Se pasó las manos por la cara para apartar las gotas de agua y acabó acomodándose el pelo hacia atrás. Nabiki le miró fijamente sin reprimirse—. Entiendo que quieres algún tipo de… compensación a cambio de guardar el secreto.
—¿Compensación?
—Dinero o algo así —Ryoga, frustrado, sacudió la cabeza—. Por eso has hecho esto, ¿no? Me has descubierto y me vas a pedir dinero para no contárselo a Akane…
—¡Ah! ¿Eso piensas?
—¡Todo el mundo sabe que así es como funcionas! ¡Descubres los secretos de los demás y luego los chantajeas para que te den dinero a cambio de no decir nada! —replicó él—. Pues te advierto que conmigo te has equivocado. Yo no tengo ni un mísero yen.
Nabiki asintió con la cabeza como si comprendiera. Cruzó las piernas sobre el borde y frunció los labios.
—Eso será un problema, Ryoga…
—¡Si le cuentas la verdad a Akane me matará! O peor… ¡me odiará para siempre! —Ella asintió como si estuviera de acuerdo y él chico pareció desesperarse de repente—. ¡Agrrr! Quizás… quizás… si me das tiempo, podría intentar reunir algo. ¡Akane no puede saber esta humillación! ¡Y mucho menos que se lo he ocultado todo este tiempo!
Nabiki le escuchó aparentemente con gran atención. Al menos sus ojos no se apartaban del rostro del chico y guardó silencio sin burlarse de él o atosigarle con sus amenazas. Finalmente, Ryoga se llevó las manos a la cara y farfulló todo tipo de desgracias y penurias que asolarían su vida si Akane llegaba a odiarle de ese modo.
La chica entornó los ojos y resopló por lo bajo. Se puso en pie y caminó en círculos por el pequeño espacio de ese cuartito sin que él se diera cuenta. Notó, para su desgracia, que aquella perorata de Ryoga (aunque se la esperaba) la estaba irritando. Además el vapor se le pegaba a la piel del rostro y sospechaba que estaba ensortijando su cabello liso.
No tengo paciencia para esto decidió al darse cuenta de que empezaba a ponerse nerviosa.
Regresó a la bañera y esta vez se sentó en el suelo para estar a la misma altura que el chico.
—¿Puedo saber por qué te importa tanto que Akane vaya a enfadarse contigo? —Le interrogó. Apoyó los codos en el borde acercando su rostro al de él, que empezaba a encenderse por el calor, pero Ryoga retrocedió un poco colocando sus manos sobre la toalla—. Tú también lo has visto, ¿no? Akane y Ranma están en una cita romántica en San Valentín.
. Son demasiado tímidos como para admitirlo ante los demás, pero ya no hay dudas de que han decidido empezar a salir; algo que se sabía inevitable desde hace un tiempo para cualquiera que prestara un poco de atención.
Ryoga escuchó y sus puños se cerraron, pero también sus hombros decayeron.
—Ya no tienes oportunidad alguna con Akane, Ryoga —Continúo Nabiki. Estaba siendo sincera, brutalmente sincera como solía ser su estilo, pero (y ella no sabía si el chico era consciente de este detalle) también estaba tratando de ser suave. No maquillaría la realidad para consolarle, pero tampoco iba a soltarle a la cara que, en realidad, nunca, jamás había tenido dicha oportunidad y que debería haberse rendido hacía ya mucho tiempo—. Pero Akane seguirá siendo tu amiga; en ese caso… ¿no merece saber la verdad?
—¡No…! —Ryoga ahogó un grito impulsivo. Era normal, el miedo en su mirada delataba la razón de tanta testarudez. Se hundió un poco más en el agua y sus ojos recorrieron la superficie como si esta le mostrara la realidad que había en su corazón—. Es que… no podría soportar que Akane me rechazara por mi maldición. La quiero tanto…
Eso hizo que Nabiki se olvidara de su amabilidad y chasqueara la lengua con fastidio.
—¡Por favor, Ryoga! ¡No me hagas reír! ¡Tú no amas a mi hermana!
El chico se mostró ofendido.
—¡Por supuesto que sí!
—¡No, no es verdad!
—¡Sí que lo es! ¡Mis sentimientos por Akane son lo más claro que he tenido nunca! —Nabiki le respondió con una mueca y el chico se puso en pie, dispuesto a irse—. ¡No pienso hablar de esto con alguien como tú! Todo el mundo dice que no tienes corazón así que, ¿qué sabes tú sobre lo que hay en el de los demás?
Trató de salir de la bañera lo más rápido posible, pero Nabiki contratacó con gran velocidad. Esperaba aquella reacción en algún momento así que sabía muy bien cómo responder; no hizo falta más que un certero y veloz movimiento de su mano. Le arrancó la toalla dejando a la vista la totalidad de su anatomía y Ryoga no tuvo más remedio que arrojarse al agua para ocultarse de su mirada, que por cierto, no hizo ni el intento de apartarse de él.
—¡Pero, ¿qué haces?! —bramó el chico, fuera de sí. Sacó la mano salpicando todo de agua—. ¡Devuélvemela ahora mismo!
—Está toalla es mía —recalcó Nabiki, sonriente y divertida—. ¿Cuánto estás dispuesto a pagarme por ella?
—¡Serás…!
No, no… Nabiki le tiró la toalla a la cara y suspiró hondamente intentando mostrarse serena. Aludir al dinero era algo natural en ella y no pudo controlarse, pero hizo un esfuerzo; no quería que las cosas fueran así.
—Escúchame Ryoga, porque a mí no puedes engañarme. Te he estado observando desde que llegaste a Nerima —El chico corrió a cubrirse con la toalla—. La primera vez que viste a mi hermana ni siquiera le prestaste atención, ¿verdad? ¡Incluso la atacaste para desconcentrar a Ranma en vuestra pelea!
—Yo… yo no… ¡Yo nunca…!
—Ni siquiera pareciste notarla la siguiente vez que la viste o la primera vez que P-chan llegó al dojo. ¿Acaso el pequeño cerdito no vino únicamente para vengarse de Ranma? —Nabiki siguió hablando sin detenerse—. Solo te fijaste en ella cuando Akane te adoptó como mascota. Solo cuando ella fue cariñosa contigo en tu forma maldita.
. Pero, si tanto amas a Akane, ¿por qué nunca se lo has dicho? Jamás le has declarado tus sentimientos. ¿La quieres como novia o como tu adorada dueña que te cuida, te mima y te acepta incondicionalmente? ¡Porque solo como P-chan Akane se pone siempre de tu lado, incluso por encima de Ranma! Por eso pasas más tiempo con ella como cerdito que como chico…
—Yo… yo…
—Pero… ¿qué ha pasado cuando ha aparecido otra chica que, aún conociendo tu maldición, ha dicho amarte? —Insistió Nabiki, más implacable que nunca—. ¿Acaso no saliste corriendo tras ellas sin pensar en Akane?
—¡Eso no es justo! ¡Era Ranma quien me engañó para que pensara…!
—¿Y si hubiese sido una chica de verdad?
—¡Yo jamás traicionaría mi amor por Akane!
—Sí que lo harías, Ryoga —Nabiki se apartó un poco para mirarle bien—. Tú solo quieres a una chica que te acepte tal y como eres; solo eso. Es tal tu necesidad de sentirte aceptado y amado que, realmente, no te importa quién sea esa chica. Aceptarías a quien fuera que estuviera dispuesta a estar contigo, ¿verdad?
. Y seguro que te sentirías tan agradecido que no dudarías en recorrer el mundo solo para complacerla, que le serías fiel y entregado hasta el final de tus días. Sin pensar en otra… Pero, no puedes hacer eso por Akane. Porque sabes bien que ella no te ama y dudas que pueda aceptarte tras conocer tu secreto.
Ryoga se quedó mirándola con los ojos espatarrados y los labios separados, totalmente perplejo. Aun así intentó resistirse al encanto de esas palabras que tan certeras, Nabiki sabía, habían sido.
—No, yo… yo no… soy así.
—¡No es nada malo, Ryoga! —exclamó ella, entonces con un tono ligeramente jovial. No es perfecto, pero es lo que hay añadió mentalmente—. En esta vida hay que ser práctico, esa es una de mis máximas. Así que te entiendo —Suspiró y su tono de voz sonó mucho más relajado—. Y, a diferencia de lo que otros piensen, no creo que seas egoísta o malvado por ello.
. Es un deseo natural; todos queremos que nos amen y nos acepten tal y como somos.
Ryoga asintió sin darse cuenta y sin embargo, apretó los párpados con fuerza pretendiendo rebelarse contra esa idea. Pero no es que la estuviera cuestionando, notó ella, y es que darla por cierto también era doloroso para él.
—Pero… ¿quién me aceptará a mí? —preguntó, desgarrado—. Soy un segundón, jamás derrotaré a Ranma así me esfuerce toda la vida. En cuanto doy dos pasos sin prestar atención acabo perdido, incluso en lugares que conozco y… y… me transformo en un repugnante cerdo.
Ryoga se dejó llevar por el desánimo y sus puños volvieron a romper la superficie del agua antes de que sus brazos cayeran, sin fuerza ni energía y su rostro se ensombreciera más aún al quedar oculto por su abundándote flequillo que ya había vuelto a su lugar.
—Akane me importa mucho… —añadió con pesar.
—No he dicho lo contrario.
—Pero… sí, llevas razón, ¡alguna vez he dudado! —admitió y su rostro se enrojeció, seguramente por la vergüenza. Nabiki le observó apretando los labios—. Si una chica dice amarme sabiendo lo que me pasa, no puedo evitarlo… mi cerebro solo puede pensar que tal vez sea la única y yo…
Acabó bajando la cabeza hasta que esta tocó con el borde de la bañera y de su garganta salió un gemido lastimero que pareció llenar todo el baño.
Nabiki rodó los ojos. Sabía que era necesario pero ella odiaba ese tipo de emociones inútiles. En su opinión, era mejor deshacerse de todas ellas cuanto antes; la culpa, la preocupación, la pena… ¿Para qué servían? ¡Era mucho más práctico seguir adelante y procurar aquello que te hiciera feliz! Y ella sabía que ni Akane estaba en posición de hacer feliz a Ryoga, ni él podría nunca colmar las expectativas de su hermana.
Y mucho menos ahora se dijo.
Volvió a preguntarse qué andarían haciendo los dos prometidos solos por ahí, pero trató de dejar de lado su ambiciosa curiosidad.
No es momento para eso.
Ryoga seguía con la cabeza baja, como si se hubiese desconectado del mundo y Nabiki sacudió la cabeza.
Y tampoco para esto.
—Debes reponerte, Ryoga —Le dijo, pero obviamente esas palabras no aliviaron al susodicho. Nabiki suspiró y alargó una mano hacia él; sus dedos rozaron el hombro cálido y húmedo del joven. Solo fue un roce y por eso él ni se inmutó, así que la chica posó la mano y la deslizó por todo el hombro, desde el borde hasta casi tocar el cuello. Se detuvo un segundo y repitió el gesto; fue casi imperceptible pero sintió que el cuerpo del chico se relajaba un poco y se sintió satisfecha.
Bien pensó, acercándose más. Tuvo que estirarse y arquear su cuerpo para que su mano llegara a bajar por la espalda del joven, dibujando una amplia caricia que fue de un hombro al otro, pasó por los omoplatos y descendió suavemente por la espalda para después subir despacio.
De pronto, Nabiki fue consciente del pesado silencio que se había hecho en el baño. Ryoga estaba tan quieto que el agua de la bañera no se movía, ni siquiera se escuchaban sus respiraciones, era como si el tiempo se hubiera detenido.
Nabiki sintió un escalofrío, pero también se descubrió irritada.
Irritada e impaciente.
Tenía el rostro pegajoso por el vapor y la garganta seca. Y no quería ni pensar en el aspecto de su cabello, pero no podía pararse ahora. Su mano ascendió hasta posarse de nuevo en el hombro masculino. Hizo lo mismo con la otra. Tragó saliva y habló:
—Ryoga… —murmuró. Entornó los ojos cuando la voz estuvo a punto de fallarle. Volvió a tragar—. Lamentarse de un modo tan patético no te servirá de nada.
El chico se agitó, pero no alzó la vista.
—Me marcharé —declaró, compungido—. Es lo mejor. Iniciaré un nuevo viaje, lo más lejos posible y no volveré nunca.
Qué melodramático…
—De eso ni hablar —replicó ella, al instante. Le tocó el rostro para que lo levantara y cuando sus miradas se encontraron, Nabiki le hizo un guiño—. ¿Qué tal si te quedas conmigo?
Los ojos del chico volvieron a abrirse, esta vez por la confusión. Pareció pensar en esas palabras y llegar a una conclusión errónea, seguramente, pues intentó apartarse pero las manos de la chica, firmemente agarradas a sus hombros y el escaso tamaño de la bañera se lo impidieron. La mueca de confusión dio paso a una de indignación.
—¿Qué significa eso? ¡Oh, ya entiendo! —Ryoga alzó la voz—. ¿Pretendes que me convierta en tu esbirro? ¿En tu sirviente? ¿Así es como lograré que guardes mi secreto? ¡Eso es despreciable, Nabiki Tendo!
—¿Acaso he dicho yo eso? —la joven echó la cabeza hacia atrás y cuando la alzó después para mirarle, su piel estaba brillante y coloreada—. ¡Escúchame bien antes de sacar conclusiones!
—¿Escuchar? ¡Quiero irme de aquí cuanto antes!
—Primero escucharás, P-chan.
—¡No tengo que escuchar nada! ¡Casi logras engañarme con tu inesperada amabilidad, pero al final has sacado tu auténtica cara!
—Ryoga…
—¡Me iré y jamás volveré a este dojo! Aquí ya no hay nada para mí…
—¡No harás tal cosa! ¡Ahora no!
Ryoga, decidido a no dejarse amedrentar porque fuera una chica, trató de soltarse de su agarre usando su superior fuerza. Con una mano trató de apartarla y con la otra se sujetó la toalla para que no volviera a retenerle con el mismo sucio truco. Flexionó las rodillas para ponerse en pie pero entonces Nabiki, con una expresión poco habitual en su rostro, tuvo que lanzar un ataque desesperado.
Sus manos soltaron los hombros, pero echó hacia delante su cuerpo, con todo su peso para detener el avance del chico. Sus manos volaron y atraparon la cara de Ryoga para después tirar de ella hacia la suya. Sus labios tomaron los de él con fuerza y coraje, pillándole totalmente desprevenido. Ryoga retrocedió, sorprendido y resbaló al intentar sostener el cuerpo de la chica. Finalmente cayó de espaldas sobre la bañera con ella sobre su regazo y el agua rebasó los límites de la bañera regando todo el suelo.
El estruendo pudo haber alarmado a alguien, pero tras varios segundos más de silencio quedó claro que nadie los interrumpiría. Nabiki, finalmente, se apartó de él con un leve suspiro y le miró. No le sorprendió encontrarse con un Ryoga paralizado y con una mueca que bien podía ser de sorpresa o de puro terror.
Lo esperaba se dijo ella, aunque le sentó un poco mal de todos modos.
En lugar de pensar en lo que significaba, se incorporó de rodillas sobre la bañera. Toda su ropa se había empapado y su pelo, desgraciadamente, también. Pero sabía que debía mostrarse segura y tranquila dadas las circunstancias.
—Bueno, ¿qué te ha parecido? —Le preguntó, despreocupada. El chico no respondió. Tenía la piel tan roja que parecía que de un momento a otro se derretiría para desaparecer por el desagüe—. Te aseguro que Akane no puede hacerlo mejor.
Al instante supo que no debió mencionar a su hermana pero se le escapó. Podía fingir, hasta cierto punto, estar tranquila pero en su interior todo estaba enloquecido. Nabiki tenía una sensación que raras veces experimentada; si lo hubiese descrito, habría dicho que era como si su cerebro, acostumbrado a la calma, hubiera entrado en estado de alarma.
Ryoga parpadeó ante esas palabras y dio un respingo. Se llevó la mano a la boca y bajó los ojos, avergonzado. Le costó varios minutos tranquilizarse y asimilar lo ocurrido, cuando al fin pudo hablar, una única palabra escapó de sus labios.
—Akane…
Nabiki chistó, molesta, pero se dijo que lo dejaría pasar por esa vez.
—Acabarás viendo que has ganado con el cambio —Le dijo.
—¿Qué…? N-no entiendo… ¿qué…?
Bien, aquella era una situación extraña también para ella e incluso, un tanto desagradable. La inquietaba no saber exactamente cómo manejarse así que decidió que lo más sensato era seguir su instinto y confiar en él, así como hacía en sus negocios.
Nabiki se acercó de nuevo y el chico echó hacia atrás la cabeza, alerta, pero ella le mostró una sonrisa burlona. Acercó más su rostro y rozó con la nariz el cuello del chico que se echó a temblar. Subió la cabeza despacio y ambos quedaron muy cerca, mirándose fijamente.
—¿Qué estás…? —Farfulló Ryoga. Nabiki estiró los labios y los posó sobre la boca del chico. Este pareció resistirse, más por la perplejidad que por otra cosa, pero ella insistió hasta que sintió que se relajaba. Ryoga incluso cerró los ojos un instante, aunque cuando los abrió seguía igual de perdido.
Voy a darle unos segundos decidió ella, retirándose un poco. Decir más solo serviría para agobiarle. Todo sería más fácil si él mismo llegaba a la conclusión lógica para lo que había pasado.
O quizás era una boba excusa porque ella también necesitaba un minuto para calmarse y recomponerse.
Se pasó las manos por el pelo, acomodándolo lo mejor posible pero sin quitarle ojo al chico que la observaba anonadado, impresionado, agitado… y puede que, ¿un poco embelesado? No obstante, Nabiki apreció el trabajo que estaba haciendo su cerebro por entender lo que ocurría y casi pudo ver una chispa despuntar en sus ojos castaños cuando Ryoga sufrió un espasmo.
—T-tú… antes has dicho… has dicho… —murmuró de forma entrecortada. Nabiki ladeó la cabeza, a la espera—. Dijiste que me habías estado observando…
—Sí —asintió ella con una sonrisa—. Desde que llegaste.
—¿Y… eso? ¿Por qué?
La joven movió la cabeza despacio y después alargó sus manos hacia él. Esta vez Ryoga no retrocedió, ni siquiera se tensó un poquito. Dejó que Nabiki deslizara sus manos por sus brazos hasta alcanzar de nuevo sus hombros y que se apoyara en él acortando la distancia que los separaba.
—A pesar de todo lo que te he dicho antes, ¿sabes qué pienso de ti, Ryoga? —El chico negó con la cabeza—. Creo que tienes buen corazón. Un poco distraído y confundido, pero bueno.
. Sé que mi hermana te importa y por eso, aun sabiendo que te rechazaría, siempre has sido bueno con ella. La has protegido cuando ha tocado, has tratado de ayudarla y animarla en los malos momentos… Incluso cuando podías ponerle la zancadilla a Ranma y dejarle mal ante ella, has sido honorable para no verla sufrir. Alguna vez te he puesto en bandeja comprar fotos de Akane en bikini y nunca has caído; me apostaría lo que sea a que ni siquiera te has atrevido a echar un vistacillo aprovechándote de que eras su mascota mientras ella se cambiaba.
Ryoga no respondió, pero su huidiza mirada le confirmó a la joven que había acertado y se acercó un poco más. Sentía que su pulso se aceleraba cuanto más se arrimaba a él pero sus nervios de acero aún la protegían.
—A causa de mis muchos negocios he tenido que vérmelas con todo tipo de personas ahí fuera. La mayoría hombres, y aun cuando eran buenos hombres, su egoísmo los convertía en infames aprovechados…
Ryoga frunció el ceño, alarmado.
—¡¿Alguno te hizo algo malo?!
Nabiki alargó su sonrisa sintiendo una tenue calidez por dentro y sacudió la cabeza.
—¿A mí? ¡No tenían suficiente valor! —Declaró con seguridad, a la par que complacida por esa reacción—. Lo único que destrozaron fue mi opinión del género masculino… —Una de sus manos alcanzó la mejilla del chico para acariciarla—. Tú eres despistado, tontorrón y tan ingenuo que hasta un niño de cinco años podría robarte la comida. O quizás tú mismo se la darías… Eres generoso, no conoces ese sucio egoísmo que lo malogra todo y que tanto detesto porque… a veces a mí también me domina.
. Eso es algo muy importante en un hombre, Ryoga. Incluso más que el hecho de que te conviertas en cerdo de vez en cuando.
—¿Ah… sí?
—También eres demasiado melodramático, emocional e inseguro pero no me importa —siguió ella y con un último acercamiento, sus narices se rozaron—. Te prefiero así.
—¿Me… prefieres…? —Ryoga tragó con dificultad. Sus ojos, enloquecidos, recorrieron el espacio para después volver a ella—. Pero, pero… ¿qué pasa con… mi maldición?
—Todo el mundo tiene su propia maldición, Ryoga —Le respondió sin más—. Si la tuya es convertirte en un gracioso cerdito no me parece que te haya ido tan mal en la vida.
No tienes ni idea de lo que he visto por ahí añadió mentalmente. Envidia, desprecio, odio, sadismo, ira… Sí, cada cual tenía su maldición, en lo más profundo y que les convertía en monstruos mucho más aterradores y peligrosos que un encantador cerdito.
El chico arqueó las cejas con sorpresa y su boca se entreabrió al mismo tiempo, así que Nabiki aprovechó para capturarla de nuevo. Se lanzó hacia él pegando su cuerpo al suyo y devoró sus labios sin contenerse así como su solitario corazón le pedía que hiciera. De nuevo hubo unos instantes de incredulidad por parte del joven, pero de repente sintió que las manos de Ryoga se cerraban sobre su espalda, estrechándola contra él con desesperación y que respondía al beso del mismo modo hambriento que ella.
Nabiki enrolló sus brazos en torno al cuello del chico mientras este, despojado súbitamente de su instintiva timidez, la tomó por la cintura para sentarla sobre su regazo, más cerca. Sus manos la recorrieron de arriba abajo, se entremetieron por debajo de las prendas empapadas, palparon la piel mojada y finalmente, Ryoga dejó escapar un gruñido de lo más humano.
Nabiki sonrió, separando su rostro. El chico intentó seguirla para que el contacto no se rompiera pero ella le detuvo con un dedo en su nariz. Ambos respiraban con urgencia y se miraban con dificultad a través del vaho que aún perduraba en el ambiente.
La chica alzó el rostro.
—¿Qué? ¿Ya me amas, Ryoga?
El chico separó los labios, seguramente una afirmación tempestuosa quiso salir y resonar bien fuerte, pero logró retenerla por inseguridad. Nabiki rio y ante la mirada sorprendida del joven se sacó la camiseta por encima de la cabeza y la tiró al suelo.
—Ahm… —Él intentó hablar, pero se calló sin saber que decir.
—Todavía no —dijo ella, sin problema alguno—. Pero cuando acabe este día, solo me amarás a mí —declaró ella con absoluta confianza. De nuevo Ryoga hizo ademán de asentir con la cabeza, como si no le cupiera la menor duda de que así sería—. Jamás amarás a otra, recorrerás el mundo para complacerme y me serás fiel hasta el final de nuestros días.
Nabiki respiró hondo y por una vez, pudo apreciarse algo de vacilación en su semblante, incluso un rubor asustadizo que intentó colorear sus mejillas suavizando su rostro de un modo inesperado. Quizás por eso Ryoga volvió a suspirar.
—Y a cambio… —continuó ella mirándole fijamente—; yo te cuidaré, Ryoga. No dejaré que te vuelvan a engañar ni a humillar o se las verán conmigo.
Ryoga la miró, ahora conmovido.
—Nabiki…
—Y te querré igual seas hombre o cerdito —Y le guiñó otro ojo. Se acercó un poco más—. Eso sí, se acabó lo de dormir en el cuarto de mi hermana, ¿está claro, P-chan? —El chico asintió con firmeza—. Eso está mejor. Y ahora… —Nabiki dio un tirón y sacó la toalla de debajo del agua. Ryoga se tensó, avergonzado, pero no se movió. Ella le sonrió soltándola en el suelo y se acercó un poco más—. Venga, antes de que el agua se enfríe del todo.
Ryoga no vaciló esta vez.
Movió sus brazos hacia ella y la rodeó por la cintura, atrayéndola hacia él con más fuerza. Nabiki ahogó una exclamación divertida y se entregó al apasionado beso que el chico le regaló. La chica se dejó llevar por el torrente de emociones que inundaron su ser, por lo general sereno y vacío; una ternura impropia la dominó, la hizo sonreír y tener fantasías cursis y ridículas que en lugar de parecerle bobas, le provocaron un cosquilleo interno delicioso.
Feliz San Valentín pensó para sí.
Fue el último pensamiento que tuvo antes de que su imparable mente, tan acostumbrada a analizar, reflexionar y funcionar en todo momento, se apagara completamente.
La dejó libre solo para que pequeñas ordenes la llenaran guiando sus manos y después el resto de su cuerpo. Besar, acariciar, girar en busca de una posición más cómoda. El vapor se fue diluyendo sobre los azulejos de las paredes y el silencio fue roto por todo tipo de palabras de amor y promesas increíbles.
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¡Hola a todos y a todas!
¡Aquí está el segundo capítulo! Ya empieza a salir el azúcar y la miel de San Valentín, jajaja. ¡Os avise sobre los shipps extraños! ¿Qué os ha parecido? ¡Quiero saber todas vuestras opiniones!
—Capítulo desde la perspectiva de Nabiki. ¡Ha sido bastante complicado! Me quise centrar en mostrar a una Nabiki lo más realista posible; práctica, implacable con lo que quiere conseguir, decidida… pero también tenía que hablar sobre esos sentimientos que alberga su corazón y que jamás se vieron en el manga. Al mismo tiempo, y me ha costado, he tratado de añadir detalles que la hicieran ver algo más vulnerable de lo que es ella, porque al fin y al cabo está declarando sus sentimientos y eso es lo normal.
—Sobre el ship… ¡Lo sé! ¡Ryoga y Nabiki! ¡Muy loco! Pero mientras pensaba en esta historia me encajó de algún modo. Sé que en casi todos los fics se shippea a Nabiki con Kuno pero a mí no me cuadraba. Para empezar detesto al bobo de Kuno ¬¬ y Nabiki siempre le toma por tonto en el anime. En cambio, me pareció que justamente por ser Nabiki tan fría, desconfiada, tan práctica y realista… ¿No se vería conmovida por el corazón puro de Ryoga? Bueno, puro de aquella manera. Además me pareció que nadie mejor que ella entendería el modo un poco "aprovechado" en que Ryoga entiende el amor, por decirlo así. Y sabría cómo usarlo en su beneficio.
¿Puede la inocencia de Ryoga derretir el corazón frío de Nabiki? ¿Y ella puede aclarar las dudas y vacilaciones del joven? ¡Me gustaría saber qué opináis vosotros!
Muchas gracias a todos por vuestra reviews: Luz96, BTaisho, Kariiim, Juany Rdz, Graceurglsq, Rj45, Saotomedgo, Benani0125, Nancyriny, Frida-chan, Tear Hidden, Heather Ran, Luna Gitana. ¡Gracias a todos! Ando un poco apurada revisando capítulos para actualizar cada día, así que no sé si podré ir respondiendo, pero todos vuestros comentarios me hacen muchísima ilusión ^^ Y me animan a seguir escribiendo cada día.
Y nos vemos mañana con un nuevo capítulo, un nuevo personaje, una nueva historia de San Valentín ^^
¡Besotes para todos y todas!
—EroLady—
