Disclamer: Antes que nada y como siempre; los personajes y parte de la trama, así como los lugares pertenecen a la prodigiosa mente de Rumiko Takahashi, yo solo los uso para divertirme sin ánimo de lucro ^^

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Aviso: ¡Especial San Valentín! Este es un relato especial para el día de los enamorados y espero que os guste ^^ Consta de 9 capítulos y como se me ha hecho un poco largo, iré publicando uno al día a partir del día 14. ¡Disfrutar de este fic dulce y romanticón!

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#1cada15días.

Aquí inicio un nuevo y rocambolesco proyecto que me tiene muy emocionada a la par que angustiada, jajaja. Publicar una historia sobre Ranma y Akane cada quince días durante todo un año. Fanfics largos, más cortos, Oneshot o lo que surja. ¡Espero poder lograrlo y que disfrutéis de ello!

Relato 11: 10/02—24/02

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Corazones Distraídos

(Relato especial de San Valentín)

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3.

(Ranma)

—¿Por Qué Es Tan Difícil?—

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Era el día de San Valentín, de eso no cabía duda alguna. Ni siquiera a un chico tan despistado y despegado de las costumbres y tradiciones como Ranma podía pasarle desapercibido un día como aquel.

Y mucho menos aquel día de San Valentín en particular.

Ahora parecía algo muy lejano, pero realmente la locura por el día de los enamorados había comenzado apenas dos semanas atrás, en el instituto Furinkan donde él y su prometida estudiaban.

Enero aún no había terminado y las temperaturas eran bajas. Los días oscuros, las ráfagas de viento que cortaban la piel y los labios y los chaparrones repentinos fueron el escenario en el que el joven artista marcial empezó a percibir un revuelo extraño en su clase. Y si bien primero fue solo en su clase, no tardó en extenderse por el resto de cursos como una peligrosa pandemia.

Había sido algo muy particular. Allá a donde mirara, Ranma veía aparecer distintos corros formados por sus compañeras que se parapetaban tras cualquier esquina y juntaban sus cabecitas para cuchichear a gusto, asegurándose de que ningún pobre varón oía nada de lo que se decían. En principio, esto no escapaba tanto a lo que el chico estaba habituado a ver desde que llegara al instituto. Pero tenía una particularidad que lo hacía diferente a todo lo anterior.

Las risas.

Oh, sí. Bien que se aseguraban ellas de que todos oyeran esas risas.

Desde el principio a Ranma le pusieron los nervios de punta. Eran tan estridentes e irritantes que no entendió la razón por la cual sus compañeros y amigos se esforzaban por ignorarlas; ni siquiera lo comentaban entre ellos… aunque cada uno, a su manera, parecía intuir lo que estaba pasando. ¡Ni que fueran idiotas! Ni mucho menos podían ser impasibles ante esas risas que surgían del silencio, tan perturbadoras con un grito nacido en la noche más oscura, y que siempre parecían dirigidas a un objetivo concreto.

Los chicos empezaron a inquietarse, o eso pensó Ranma, pues eso fue lo que le ocurrió a él. ¡Y es que era tan desconcertante!

Un buen día podías ir paseando por un pasillo cualquiera, quizás pensando en el bocadillo que ibas a comprar durante el recreo, cuando al pasar junto a uno de esos corrillos sentías que varios pares de ojos caían sobre ti, provocándote un tirón en el estómago o una sensación punzante en la nuca. Los más sensibles bien podían detenerse y mirar en derredor, desconcertados; los más duros (o más vergonzosos) seguían caminando, haciéndose los indiferentes. Y cuando pasabas de largo y te creías víctima de un engaño de tu cerebro, empezaban las risas. Varias a la vez, a cada una más fuerte que la anterior. Y claro, ¿qué podías hacer? Empezabas a sudar, mirabas en busca de algún otro desgraciado al que endosar esas risas pero… al final te descubrías solo.

Volvías la cabeza y veías los ojos femeninos clavados en ti.

¿Qué quedaba después? Intentar huir sin que fuera evidente tu disgusto. Al menos eso era lo que Ranma había hecho. Aunque tenía que reconocer que, quizás, su apreciación del comportamiento de sus compañeras de escuela no fuera del todo compartido por el resto de chicos del Furinkan. Él mismo había sido testigo del modo curioso en que otros respondían a tanta atención; sonrojándose con gusto e incluso devolviendo sonrisas ansiosas a las chicas.

No obstante Ranma siguió inquieto; y eso le hacía estar alerta, vigilante.

Cuando ya no pudo más con tanta expectación y angustia, acudió a la persona a la que siempre buscaba cuando se sentía inseguro. La única a la cual permitía verle en ese estado porque sabía que no se lo echaría en cara después.

Ranma le contó a Akane lo que había estado observando en el instituto y la chica, tras sonreír brevemente, sacudió la cabeza y le explicó.

—Es por San Valentín, tonto.

Los dos estaban en el cuarto de la joven. Ella, sentada sobre su cama aún con el libro que leía entre las manos, antes de que él se colara por su ventana; él, con las piernas dobladas, sobre la silla de escritorio.

—¿Y qué, con San Valentín?

Akane desvió la mirada un instante, pero rápidamente volvió a mirarle armándose de paciencia.

—Ya conoces la tradición, ¿no? Lo del chocolate… ¡Todo el mundo se emociona con eso! —Ranma arrugó la nariz. Pues claro que conocía la tradición, pero ignoraba por qué era causa de tanto revuelo—. A ver cómo te lo explico… La mayoría de estudiantes de secundaria sueña con vivir un amor romántico durante sus años de instituto —El chico frunció el ceño y se rascó la cabeza sin decir nada—. Es como un ideal, ¿entiendes? Y San Valentín es la ocasión perfecta para cumplirlo. Todo el mundo se emociona en esas fechas, es más fácil confesarse a la persona que te gusta en ese momento porque todos están más receptivos al amor.

Ranma meditó sobre ello echándose hacia atrás. Se apoyó en el respaldo de la silla hasta que este crujió y desvió su mirada al techo, parpadeando ante el foco de la lámpara. Trató de traducir lo que su prometida le había dicho a un idioma que él pudiera entender.

—¿Es como… que San Valentín hace más vulnerable a la gente a los sentimientos de los demás? —preguntó—. ¡Y por eso es el momento de atacarles! ¡Porque están con la guardia baja!

Akane resopló.

—¡Qué poco romántico eres!

—Pero es eso, ¿no?

La chica se encogió de hombros.

—Algo así…

Ranma golpeó su mano con el puño, satisfecho consigo mismo. Y también más aliviado por haber descubierto el secreto. Aunque seguía poniéndole los pelos de punta el comportamiento extraño de sus compañeras de clase; una cosa era observar a una solitaria chica mirando de lejos y con aire nostálgico al chico que le gustaba mientras, quizás, fantaseaba con darle su chocolate y otra muy distinta verlas en grupo acorralando a un pobre incauto que acababa de salir del baño.

A veces las mujeres son terroríficas… pensó de soslayo.

Entonces se preguntó si Akane habría participado en ese curioso (y atemorizante) ritual pre San Valentín que se reproducía una y otra vez en su escuela. Lo cierto es que no se había fijado.

¿Habría tomado parte en uno de esos corros del terror? ¿Habría soltado una de esas risitas agudas cuando un chico pasaba por su lado para ayudar a otra chica en ese estrambótico cortejo? O peor aún… ¿Y si ella lo había hecho porque había algún chico que…?

A Ranma se le secó la garganta.

¡No, no es posible! Se dijo. Y se atrevió a mirarla de reojo. Akane deslizaba el dedo sobre la portada del libro que sostenía sin levantar la mirada, ensimismada. No me haría algo así, y menos ahora…

—Ranma —Le llamó ella, de repente. El chico dio un respingo.

—¡¿Eh?!

—Nosotros… —comenzó, aunque vaciló un poco—; creo que nosotros… deberíamos hacer algo… y-ya sabes, por San Valentín.

El chico sufrió un espasmo.

—No irás a prepararme un chocolate, ¿verdad?

Akane alzó la mirada, furiosa y el chico retrocedió en la silla haciendo que las ruedas chirriaran de forma lastimosa. Ella apretó el libro con sus dedos, pero se detuvo antes de romperlo y él la miró, impresionado.

—Deberíamos tener una cita ese día —anunció ella. Lo hizo con auténtica firmeza y valentía, pero ocurrió que en cuanto pronunció la palabra cita, el rostro de su prometido se puso totalmente rojo, y eso causó que el de ella se encendiera también. Parpadeó y sus ojos quisieron huir, pero apretó los párpados y los mantuvo en alto—. Es decir… Que sería un buen día para tener nuestra… nuestra… p-primera… ¡Cita!

Levantó la voz para obligar a la palabra salir, tanto que casi chilló y, sorprendida, se llevó las manos a la boca. Ranma, alarmado, miró en todas direcciones como si pensara que alguien oculto se les echaría encima tan solo por haber pronunciado esa palabra. Por supuesto, nada de eso pasó.

Ambos callaron durante unos minutos, sin mirarse, hasta que parte de la tensión se diluyó. Y finalmente, Ranma carraspeó.

—Ah… bueno, s-si quieres… por mí está bien…

—¡Si yo quiero, no! O sea… ¿tú quieres?

—Sí… y-yo quiero, si tú… quieres…

Y volvieron a callar. Ranma se abofeteó por dentro por ponerse tan nervioso, incluso se sintió ridículo porque al sentir la brisa que se colaba por la ventana abierta le entraron ganas de huir. ¡Diablos! ¿Por qué tenía que ser así?

Entonces, oyó los muelles de la cama chirriar y sintió la sombra de Akane frente a él. Se había puesto de pie y le miraba desde arriba con el rostro coloreado de un adorable tono rosado y una luz en su mirada que le robó el aliento.

—Es una tontería, ¿verdad? Al fin y al cabo ya nos hemos dicho lo que sentimos —Comentó con evidente timidez y él asintió. Su mano se movió hacia el rostro del chico y le rozó la sien con suavidad, bajando después hacia la mejilla. Ranma sintió el latigazo más poderoso de su vida; viajó por su cuerpo, agitándolo de gozo e hizo que su corazón se pusiera del revés. La sonrisa de Akane era lo más bonito que había visto nunca y la suavidad de su mano lo más dulce que había sentido—. No está mal que nos comportemos de este modo…

. No voy a preparar nada de comer para ese día, lo prometo. Pero… quiero que tengamos una cita, Ranma. Que estemos juntos… Lejos de esta casa, ¿está bien?

—Sí… claro…

—Además, quiero pedirte un favor —El chico ladeó la cabeza, interrogante… o para acercar más el rostro a la mano de la chica que aún lo acariciaba—. Ese día… ¿podemos quedar en otro lugar? En vez de salir juntos de casa, quiero decir.

—¿Eh? ¿Y eso…?

—¡Por favor! —dijo ella—. Tú puedes salir primero y me esperas en otro sitio como… no sé, la estación, por ejemplo. Y luego yo me reúno contigo.

Ranma no entendió tal extraña petición pero supo enseguida que era algo importante para ella por el modo en que le miraba y fue natural, dadas las circunstancias, que él no dudara en complacerla. Akane sonrió en cuanto él asintió con la cabeza y se inclinó para besarle en la mejilla.

Entonces pasó algo.

Ranma sintió un súbito e inesperado calor invadirle en el mismo instante en que los labios de la chica rozaron su piel. Fue algo que nunca había sentido antes y que le afectó de un modo tan perturbador e intenso que, sin que él fuera consciente del por qué, tuvo que apartarse casi de un salto. Akane retrocedió confusa y con expresión de alarma en su rostro.

—¿Qué… pasa? —preguntó, nerviosa.

—¡Nada! ¡No ha sido…!

La chica se llevó los dedos a los labios y enrojeció violentamente.

—¡Lo siento! ¡No quería molestarte!

—¡No, no! ¡No me has molestado! ¡No es… eso!

Ranma buscó la razón para el modo en que había reaccionado su cuerpo ante ese contacto, pero su cerebro estaba en blanco, todavía en llamas por esas sensaciones tan raras que lo habían invadido. El pecho parecía que fuera a explotarle de un momento a otro pero hubo algo peor; lo miserable que se sintió cuando vio la desolación en el rostro de su prometida.

—¡No ha sido nada! ¡No sé…! —Trató de decir pero empezó a ponerse aún más nervioso y llegaron los ridículos balbuceos y las palabras ininteligibles. Finalmente, respiró hondo y bajó la cabeza—. Lo siento, Akane. Es que no estoy… acostumbrado y…

—Está bien —declaró ella. Dobló los brazos para cruzarlos sobre su pecho, pero acabó abrazándose con ellos como si se sintiera desprotegida—. Ah… pero… ¿Lo de la cita en San Valentín sigue en pie o…?

—¡Pues claro que sigue en pie! ¡Por supuesto!

—Vale, bien —Intentó esbozar una sonrisa pero esta no llegó a brotar del todo. Ranma se sintió aún peor y farfulló una estúpida y nerviosa excusa para salir de la habitación lo antes posible.

Una vez que estuvo en su cuarto, Ranma se dio de cabezazos contra el suelo hasta hacerse un chichón pero eso no borró los remordimientos que sentía.

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San Valentín había llegado, después de todo.

—Mmmprf —Murmuró Ranma pasando una mano por el lugar del chichón. Casi había desaparecido, pero aún le dolía si lo tocaba.

—¿Estás bien? —preguntó Akane, caminando a su lado, al oírle hacer ese ruido. El chico se puso firme y asintió con la cabeza.

—Sí…

Bueno bien… no estaba bien del todo. Pero se había propuesto a sí mismo no hacer, ni decir nada que pudiera estropear la cita de ese día. Así que sonrió con confianza hasta que ella se convenció.

Pero no, no estaba bien.

Después de días de reflexión y cabezazos, Ranma seguía sin saber por qué había reaccionado de esa forma ante el beso de Akane. ¡Es que no tenía ni idea! Y lo peor no era eso, porque él podría haberlo dejado en el olvido y esforzarse por compensar a su prometida por semejante agravio; el problema era que, debido a aquello, Ranma había experimentado un peligroso aumento de sus nervios y timidez con respecto a ella y, más especialmente, de cara a esa cita.

Su primera cita desde que ambos admitieran sus sentimientos.

El día de San Valentín.

Cada vez que lo pensaba Ranma sentía una presión sobre sí mismo peor y más pesada que la que hubiera sentido en cualquier duelo o pelea anteriores; se ponía a sudar, le entraba un hormigueo insoportable que no le dejaba estarse quieto, incluso le costaba respirar y acababa asomado a cualquier ventana que encontraba abierta por la casa para que el aire frío entrara a sus pulmones.

¡¿Qué le estaba pasando?!

El orgulloso chico no quería admitirlo, porque si lo hacía sabía que estaría perdido pero… ¿Acaso estaba tan aterrorizado? ¿Por Akane? ¿Por San Valentín?

O… ¡cielos! ¿Temía que ella intentara besarle de nuevo?

¡Era absurdo! Porque él deseaba besar a Akane. Deseaba besarla, abrazarla, tocarla… pero después de aquella extraña reacción de su cuerpo se sentía inseguro porque no quería que volviera a pasarle algo parecido.

Pero, ¿y si pasaba? ¿Y si no podía controlarlo y…?

Oh no… pensó él.

Estaba empezando a notar los sudores de nuevo. Y los temblores. Su atención viajó, directamente, a su mano derecha que sostenía la de Akane mientras caminaban por las calles de Nerima. El cosquilleo insoportable se concentró en su palma, en sus dedos… ¿le temblaban? ¿Ella lo notaría? ¡Lo que sin duda debía estar notando era el sudor que estaba naciendo en la palma del chico!

¡Qué horror! Pensó él, desviando la mirada. ¡Seguro que está asqueada! ¡¿Qué puedo hacer?!

Sin embargo, Akane caminaba tan tranquila a su lado sin dar muestras de estar incómoda, pero Ranma se dijo que disimulaba para no hacerle sentir mal. Su mano estaba totalmente empapada, pronto resbalaría y…

No pudo evitarlo, tuvo que soltarla.

Akane se paró de golpe, aún con su mano en alto y le miró. Ranma, aterrado, fingió un tardío (y muy falso) estornudo para tener una excusa. Se llevó ambas manos a la nariz y después las hundió en sus bolsillos, como si buscara un pañuelo.

—¿Te… has resfriado? —preguntó Akane, descolocada—. ¿Te encuentras bien o…?

—¡Sí, sí muy bien! —Encontró un pañuelo de papel en uno de los bolsillos y Ranma lo agradeció al cielo. Se lo llevó a la nariz y fingió que se sonaba—. No te preocupes, no es nada —Le dijo y sin apartar el pañuelo de su nariz, reinició la marcha—. Venga, sigamos.

Akane parpadeó y volvió a colocarse a su lado.

Ranma se aseguró de mantener sus manos en su nariz el tiempo suficiente como para que la mirada de la chica se perdiera frente a ellos y después, con bastante disimulo, se guardó las manos en los bolsillos. Suspiró lo más bajito que pudo y desvió la mirada justo cuando ella giraba la cabeza hacia él.

Nadie dijo nada, solo siguieron caminando el uno junto al otro.

Aunque Ranma degustó el alivio fue algo demasiado fugaz. Atropelladamente llegaron una vez más los remordimientos y las ganas de empotrar su cabeza hueca contra el muro que tuviera más cerca.

Otra vez estaba nervioso. Otra vez desconocía la razón por la que había actuado así. Y empezaba a dudar de poder ofrecer una agradable cita a su prometida.

Aunque no tuviera del todo claro lo que le estaba pasando, Ranma intuía que tenía que ver directamente con el dichoso día de San Valentín. ¡San Valentín! ¿Por qué tenía que ser ese día?

Desde que Akane mencionó que la cita sería ese día, Ranma no había podido pensar en otra cosa. Y ese asunto de quedar lejos de casa… ¿Por qué? ¿Qué sentido tenía en realidad? ¡No lo sabía! Pero mientras esperaba en la estación, viendo como muchas otras parejas se encontraban allí y siendo testigo de los nervios y la expectación de otros, los suyos habían alcanzado niveles insospechados.

¡Eso no habría pasado si los dos hubiésemos salido juntos de casa! Se dijo, bastante convencido.

Y claro… por si no estaba lo bastante histérico y confuso, Akane había aparecido más guapa que nunca. ¡Ni siquiera había sido capaz de saludarla convenientemente! Se había quedado embobado mirándola, igual que si fuera una aparición mágica.

La ropa que llevaba, el peinado… ¡incluso llevaba maquillaje! Pero no era eso; solo esos detalles no habrían significado nada de no ser por la expresión que traía consigo. Esa mirada tan dulce e ilusionada, como si nada la hiciera más feliz que verle a él. ¡Era demasiado! Después de eso… ¡¿cómo iba a calmarse?!

Ni siquiera puedo meterme con ella como siempre porque… ¡¿Cómo podría decirle marimacho después de esto?! Se preguntó. No es que quisiera molestarla a propósito, pero Ranma no dejaba de buscar algo, lo que fuera, que le permitiera calmarse un poco.

Simplemente estaba paseando con Akane, como había hecho cada día desde que se conocieron. Sin embargo se sentía extraño, como si fuera una situación totalmente nueva y necesitaba algo familiar que le concediera un poco de seguridad. Pensó que una Akane enfadada le haría sentir como siempre, pero…

No, prometí que no haría nada que le estropeara esta cita se recordó, terco.

Suspiró y siguió adelante.

—¿A dónde te apetece ir? —preguntó Akane, de repente.

—Eh… bueno, yo había pensado… —Su lengua se trabó y tuvo que hacer una pausa demasiado larga—. ¡¿A dónde te apetece ir a ti?!

Akane arqueó una ceja.

—No sé… ¿Habías pensado un sitio?

—Eh, bueno… yo…

—Venga, dímelo.

Lo cierto es que Ranma no había sido muy original planeando aquella cita, pero hasta él mismo sabía que no podía exigirle más a su cerebro después del estrés y la angustia que lo habían azotado esos días. Eso no quería decir que no se sintiera, igualmente, avergonzado por su falta de creatividad, claro.

—Pensé… a lo mejor podríamos… ir a tomar un helado —Vigiló la reacción de la chica que, claramente, no fue muy entusiasta y añadió—. Lo sé, no es nada genial. Hemos ido muchas veces antes. Es que no se me ocurría…

—No, está bien —Y le sonrió sinceramente, girando la cabeza hacia él—. ¡Es una buena idea!

—¿Ah sí?

—Además hoy tendrán una zona apartada para las parejas y servirán el especial de San Valentín —Le relató algo más animada. Ranma, perplejo, no tenía ni idea de nada de todo eso, aunque le hizo sentir un poco mejor—. ¡Será muy divertido!

Llegaron a un cruce y Ranma dejó escapar el aire atorado en su pecho mientras esperaban a que el semáforo cambiara de color.

Había tenido un golpe de suerte con el helado, pero aún no podía relajarse. Sentía que tenía que esforzarse más, no era suficiente con aquello.

¡Sí, pero ¿qué hago?!

Miró de reojo la mano de Akane, se balanceaba suavemente muy cerca de su cuerpo. Ranma apretó el puño en el interior de su bolsillo. Quería volver a cogerla y estrecharla con fuerza pero, seguro que empezaría a sudar de nuevo y...

Miró al frente. Como no, en la acera que tenían delante había varias parejas entre el gentío cogidas de la mano, incluso de la cintura. Hablaban en voz baja entre sí, acercando sus rostros y reían encantados.

¿Por qué me resulta tan difícil? Se preguntó, desesperado. Para los demás parecía tan fácil.

No era a causa de sus sentimientos; Ranma tenía claro que su corazón solo latía por Akane. Entonces… ¿qué era?

Venga… ¡al menos, inténtalo!

Sacó la mano del bolsillo y la movió hasta la de ella. De reojo vio como sus dedos estuvieron a punto de atrapar los de ella pero Akane echó a andar repentinamente y lo esquivó.

El semáforo había cambiado por fin.

Dio un respingo y salió tras ella, maldiciéndose por ser tan lento. Logró alcanzarla en el punto donde las personas de ambos extremos de la calle se encontraban intentando alcanzar el otro lado.

Justamente, una de las parejas que Ranma había visto se metió entre ellos, separándolos unos metros. Akane volvió la cabeza, buscándole y colisionó contra un señor mayor que ya iba con prisas por la vida. Fue un golpe tan firme que la chica retrocedió, tambaleante, un par de pasos.

De repente, un niño que maniobraba un triciclo sin mirar hacia delante sino a un bicho aplastado en el manillar se precipitó con todo hacia las piernas de Akane.

—¡Akane! —exclamó Ranma.

La chica intentó apartarse pero quedó atrapada en la marabunta. El niño la vio, pero inconscientemente sus manitas sobre el manillar siguieron la dirección de sus ojos, dirigiéndose aún más directamente contra ella.

Ranma se removió, haciendo a un lado a las personas que le estorbaban. Se deslizó entre los cuerpos que venían en contra y logró alcanzar la muñeca de Akane. Tiró de ella hasta que el cuerpo de la chica chocó con el suyo y le pasó un brazo por los hombros. Así pudo conducirla hasta el otro lado sin que nadie más los separara.

Akane tenía el rostro rojo cuando se pararon sobre la acera de nuevo.

—Uff… —murmuró ella, acurrucada contra su pecho—. Gracias.

Ranma se sonrojó.

—D-de nada —respondió. Y ella le sonrió antes de echar a andar.

Ranma respiró aliviado, aunque frunció el ceño al pensar en ese crío del triciclo. Sabía que no le habría hecho mucho daño a Akane, pero le habría aplastado los pies y eso habría arruinado la cita.

Y no pienso consentirlo.

Eso le hizo darse cuenta de algo.

Se había sentido tan incómodo a causa de los nervios que no solo había pensado en huir, anular la cita o había deseado (tontamente) que las cosas volvieran a ser cómo eran antes. Sí, sin duda todo eso le habría hecho sentir más seguro, puesto que era algo que conocía y sabía manejar.

Pero… ¿Y ese nuevo sentimiento?

Esa calidez que sentía ahora que Akane caminaba pegada a él, que podía rodearla con su brazo sin temer un castigo, que era destinatario de todas esas miradas intensas cargadas de amor o se veía deslumbrado por una sonrisa especial que solo él recibía. Todo eso era increíblemente agradable, jamás había creído poder sentirse tan importante para otra persona con tan poco.

Si las cosas volvían a la comodidad de antes, Ranma perdería ese sentimiento.

Salvarla del triciclo le había gustado y había vuelto a ser él mismo pero… ¿podía compararse a la ternura que le oprimía el pecho ahora al abrazarla?

Claro que no. Él quería todo eso, aunque fuera difícil. Aunque diera miedo. Porque quería a Akane hasta con la última y más insignificante fibra que componía su cuerpo.

No puedo estropearle esta cita se repitió.

Así Ranma siguió caminando, paso a paso, con el brazo en torno a los hombros de la chica y sintiendo la cercanía de su cuerpo. Sí, le ponía nervioso. Pero apretaría los dientes y lo soportaría porque en realidad no quería volver a lo de antes.

Así era exactamente cómo quería estar para el resto de su vida. Aunque supusiera vivir con un poco de miedo.

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¡Hola de nuevo!

¿Qué tal el nuevo capítulo? ¡Le ha tocado a Ranma! Evidentemente el ship RanmaXAkane era el único que iba a mantener para San Valentín (no puedo imaginarme verdaderamente escribiendo sobre ellos con otras parejas, al menos de momento).

—Como no podía ser de otro modo, el sentimiento que más le pegaba al tontorrón de Ranma era la inseguridad. En el manga se ve claro y en esta historia se me ocurrió que, quizás su inseguridad legendaria podría ir más allá, incluso después de que ambos prometidos hubieran reconocidos sus sentimientos y más en una fecha como es San Valentín. En ese caso se me ocurrió la aparición de ese conflicto; ¿es más fuerte el malestar que le provoca esa inseguridad o ese nuevo sentimiento que Akane hace aflorar en él? Por el momento parece que Ranma se ha decidido, aunque queda historia por delante.

—Sobre la parte del instituto y San Valentín… ¿me he pasado? Estoy un poco influida por todos los mangas shojo que he leído a lo largo de mi vida, jajaja.

Bueno, pues espero que os haya gustado ^^ Gracias por vuestras reviews a: Juany Rdz, Graceurglsq, BTaisho, HHK09, Frida-chan, Nikita Shinoda, Benani0125, Llek BM, Luna Gitana, Saotomedgo, Kariiiim. Muchas gracias por hacerme llegar vuestras opiniones sobre lo que os pareció el ship RyogaXNabiki. Sé que algunos habéis echado en falta a Akari, pero me alegro que en general le hayáis dado una oportunidad a esta extraña pareja, jaja.

Y mañana nos vemos con un nuevo capítulo… me pregunto a quién le tocará…

¡Besotes para todos y todas!

EroLady—