Disclamer: Antes que nada y como siempre; los personajes y parte de la trama, así como los lugares pertenecen a la prodigiosa mente de Rumiko Takahashi, yo solo los uso para divertirme sin ánimo de lucro ^^

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Aviso: ¡Especial San Valentín! Este es un relato especial para el día de los enamorados y espero que os guste ^^ Consta de 9 capítulos y como se me ha hecho un poco largo, iré publicando uno al día a partir del día 14. ¡Disfrutar de este fic dulce y romanticón!

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#1cada15días.

Aquí inicio un nuevo y rocambolesco proyecto que me tiene muy emocionada a la par que angustiada, jajaja. Publicar una historia sobre Ranma y Akane cada quince días durante todo un año. Fanfics largos, más cortos, Oneshot o lo que surja. ¡Espero poder lograrlo y que disfrutéis de ello!

Relato 11: 10/02—24/02

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Corazones Distraídos

(Relato especial de San Valentín)

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4.

(Mousse)

—Un Nuevo Calor En El Corazón—

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Había un reloj en la cocina del Neko Hanten. Era redondo, con una cubierta de plástico azul claro y el fondo blanco. Los números eran grandes, redondeados y negros y las manecillas que revoleteaban sobre estos eran de un color rojo apagado.

Lo más importante era que el reloj hacía tic tac de un modo bastante estridente.

Al otro lado de la pared donde estaba ese reloj, se extendía el comedor del restaurante. A esa hora, las mesas estaban ya prácticamente vacías pero daba la casualidad de que los clientes más ruidosos eran siempre los últimos en irse, así que el eco de sus conversaciones agitadas por el alcohol ingerido en la comida todavía resonaba por todo el establecimiento como si este continuara lleno.

Siempre había sido molesto escuchar los berridos de los clientes parcial (o quizás totalmente) borrachos, amén de todo tipo de sonidos más desagradables que tenían que ver con una adecuada y feliz digestión. No obstante, ese día no le resultaba tan malo.

Para Mousse era como oír un lejano zumbido al que se había habituado. No entendía las palabras, ni siquiera podía distinguir la voz firme y chillona de Shampoo tratando de poner orden en la sala. Era curioso, pero él solo podía oír el reloj.

Tic Tac.

Sonriendo, colocó bajo el grifo un nuevo plato cubierto de jabón para aclararlo y después lo amontonó con el resto. En el último momento, se le resbaló de la mano húmeda y cayó al suelo con estrépito haciéndose añicos.

—¡Mousse! —El chico volvió la cabeza hacia la puerta para toparse con un borrón morado que se acercó a él balanceándose—. ¡Pato tonto, romper plato otra vez!

—¡Oh! —murmuró él, arqueando las cejas. Bajó la vista pero en ese suelo demasiado claro apenas sí distinguió los pedazos del plato—. Lo siento, Shampoo.

—¡Tú, inútil! ¡No sentirlo, esforzarte más!

La voz, junto al borrón morado, llegó hasta él. Mousse sintió un coscorrón en la cabeza que casi le hizo doblarse sobre la encimera. Aprovechó ese momento para colocarse las gafas en los ojos y por fin pudo ver con claridad el bonito, aunque ahora furioso, rostro de la amazona.

—¡Oh, Shampoo! —exclamó, contento de verla como siempre.

La susodicha entornó los ojos con aburrimiento y casi le arrojó a la cabeza una nueva tanda de platos sucios y malolientes.

—¡Limpiar! —Le ordenó, al tiempo que tomaba un vaso de agua.

—¡Por supuesto! —Mousse colocó los platos en la pila y los roció con una gran cantidad de agua y jabón. De inmediato, recibió un nuevo coscorrón—. ¡Ay!

—¡Si tú usar tanto jabón, resbalar y romper platos! —Le indicó la joven. Por un instante Shampoo contempló a su amigo de la infancia con el más ardiente desprecio en su mirada, pero Mousse estaba acostumbrado y no se amedrentó. La chica acabó por suspirar, sus rasgos se suavizaron y le dirigió una mueca distinta, más cercana a la lástima que a la ira—. No servir para nada…

Mousse se quedó mirándola y tras digerir esas palabras, hundió los hombros y retomó su tarea en silencio.

Shampoo chasqueó la lengua y salió de vuelta a la sala cargando con su bandeja. Antes de dejar la cocina le gruñó un par de órdenes más al chico, se estiró, formó una adorable sonrisa y regresó con los clientes.

Mousse mantuvo su rostro inclinado, dejando que sus largos cabellos sueltos ocultaran parte de su cara hasta que oyó la cantarina voz de la chica hablando a los hombres que seguían pidiendo sake y brindando. Sus ojos azul verdoso se dirigieron como rayos de nuevo al reloj.

Tic Tac

Mousse sonrió. Pero esta vez lo hizo abiertamente, levantando su barbilla sin temor y dejó que una amplia y varonil sonrisa curvara sus labios; en su pecho, notaba una calidez que empezaba a expandirse, recorriéndole por completo con suavidad. Y también notó una deliciosa expectación que agitaba sus entrañas.

Estuvo a punto de ponerse a tararear una vieja canción de su niñez, pero se contuvo para no ser cogido por sorpresa con dicha melodía en los labios. Era de lo poco feliz que había traído consigo de la aldea de las amazonas donde se crio.

Meneó la cabeza, a Mousse no le gustaba pensar en ese lugar ni en los años que pasó allí, pero a veces le resultaba inevitable. Y tampoco quería huir de esos recuerdos para compadecerse de sí mismo. Era un hecho que su vida allí, siendo un hombre, no había sido fácil, como no lo era para ningún varón que naciera entre las amazonas. Sí, él había tenido que soportar un trato mucho peor por nacer con una deficiencia física, como lo eran sus problemas de visión; pero tampoco usaba eso para alentar la lástima sobre sí mismo.

¿Qué podía hacer? Era lo que le había tocado.

En la tribu de las amazonas las cosas eran muy claras; las mujeres mandaban, los hombres obedecían. Ellas decidían con quien se casaban para perpetuar su estirpe de mujeres fuertes y valientes y desde luego, aquellos que no nacían con una salud perfecta no estaban entre los primeros puestos para ser elegidos.

Mousse lo sabía muy bien.

Como si fuera un inoportuno recordatorio, tuvo que subirse las gafas por el puente de la nariz antes de que estas se descolgaran de su rostro. Incluso ahora, libre de la tiranía de esas mujeres, sentía una amarga vergüenza por sus problemas de visión; era por eso que se resistía a ponerse las gafas aunque las necesitaba.

¡¿Qué diablos?!

No estoy liberado en absoluto.

Vivía y trabajaba en el Neko Hanten, a la sombra de dos de las amazonas más fuertes y faltas de tacto de toda la tribu. Y, si lo pensaba bien, su situación de servidumbre y obediencia para con ellas seguía siendo la misma. ¿No era por eso que se encontraba desterrado a la cocina?

Shampoo y su bisabuela le habían prohibido servir en el comedor, alegando que siempre derramaba los platos sobre los clientes por su natural torpeza pero él sabía la verdad. Lo que habían hecho era ocultarle del público porque alguien tan débil como él las avergonzaba; aun cuando se beneficiaran de su habilidad para la cocina, ellas preferían que nadie más le viera.

En fin, lo de la cocina le daba igual. Y más ese día.

Mousse se concentró en su tarea, imaginando los compases de esa melodía en su cabeza. La voz que escuchaba en sus recuerdos era la de su madre pues ella era quien se la había enseñado. Pensar en su madre sí le gustaba; era la otra cosa buena de su infancia. Y por eso, se permitió sonreír de nuevo al evocar su rostro entre las hebras de jabón que se balanceaban en el agua de la pila.

Su madre había sido un ave extraño en la aldea.

Nunca se avergonzó de él por sus problemas de visión, así como otras madres hacían con sus hijos varones. Fue sincera; jamás le ocultó las dificultades a las que se enfrentaría en la tribu, pero nunca dejó de animarle, de consolarle y le ofreció un amor sincero, puro e incondicional que Mousse había podido sentir más allá de sus debilidades y problemas. Era algo que siempre supo que le pertenecía por el mero hecho de haber nacido, algo sólido y real que jamás podrían arrebatarle. Su madre se encargó de cultivar ese mismo amor propio en el joven. Mousse sabía que podría haber sido un chico seguro y fuerte gracias a ese amor toda su vida, si sus ojos defectuosos no se hubiesen cruzado con Shampoo.

El plato que limpiaba se tambaleó entre sus dedos y se hundió hasta el fondo. Suspiró echando la cabeza hacía atrás. Borró el rostro de Shampoo y se forzó a rescatar el de su madre de nuevo.

Ese día quería que todos esos sentimientos positivos y tiernos que aquella buena mujer le había regalado en su niñez le llenaran por completo. Que limpiaran su interior, que hicieran florecer en él solo cosas buenas. Mousse quería sentir felicidad, esperanza, ternura y aferrarse a todo ello lo más que pudiera.

Tic Tac.

Sonrió y siguió fregando porque las manecillas del reloj seguían avanzando y ese placentero sentimiento que Mousse mantenía a buen recaudo en su interior parecía hacerse más real, más grande, más… especial. Pero no cantaría su canción; no quería que nadie en ese restaurante escuchara la canción de su madre.

Pero ella… pensó, indeciso. ¿O solo fingía estarlo? Sentía un furioso cosquilleo al pensar en entonar esa querida melodía frente a ella y regocijo al imaginar la deslumbrante sonrisa que recibiría a cambio.

Oh…

Entonces los pasos de Shampoo resonaron de nuevo en el pasillo y Mousse se aseguró de borrar la sonrisa cuando la joven apareció por la puerta. Dejó más platos sucios al lado de la pila y vigiló al chico con los ojos entrecerrados. Asintió con la cabeza al ver que aún llevaba las gafas puestas.

—Los últimos clientes, ya irse —Le informó.

Mousse no dijo nada aunque sí la miró. Shampoo puso los ojos en blanco y se apartó. Cuando su cabeza desapareció del campo visual de Mousse el reloj volvió a quedar al descubierto.

Tic tac

Esta vez reprimió la sonrisa, a sabiendas de que no era buena idea mostrar abiertamente su felicidad. Aun estando arrinconado en la cocina, sabía que su alegría no sería bien recibida por las mujeres con las que vivía.

Era algo absurdo se mirara como se mirara; solo que él no lo juzgaría de ese modo, pues formaba parte de las tradiciones de su tribu y, a pesar de todo, él debía lealtad a esa tribu y a todo lo que suponía.

Mousse había aceptado desde muy pequeño ser considerado inferior en su tribu por ser hombre. Luego tuvo que aceptar ser aún más inferior entre los hombres, por sus problemas de visión y que lo más probable es que ninguna amazona lo eligiera como marido debido a este hecho. ¡Ninguna de ellas querría tener hijos que heredaran algo así! La vida de Mousse, que nunca fue fácil, todavía pudo ser peor al enamorarse de Shampoo y hacérselo saber.

Nada es considerado más patético por una amazona que la demostración genuina de sentimientos románticos por parte de un hombre.

Pero Mousse no se rindió y por eso siguió a su amiga hasta Japón y se quedó a su lado incluso cuando ella lo rechazaba, lo despreciaba y hacía de todo por conquistar a Ranma, su auténtico Airen. Por más ciego que estuviera, Mousse entendió que la chica jamás había estado (ni estaría) interesada en él.

Y este hecho indiscutible debería haber sido suficiente para que Mousse hiciera las maletas y regresara a China. O mejor aún, se marchara en busca de un lugar donde pudiera encontrar su propia felicidad. Pero por desgracia, para cuando se dio cuenta de esto, la deuda que había contraído con la bisabuela de Shampoo no le permitía irse. Debía seguir trabajando en el restaurante hasta que la pagara por completo.

Y por desgracia, Mousse sabía (porque conocía muy bien el retorcido pensamiento egoísta que guía el razonamiento de las amazonas) que esa deuda que le reclamaban no se limitaba solo a trabajar.

Por supuesto.

Restregó el estropajo con más ímpetu contra una cacerola y disimuló. Pero sus oídos seguían atentos y la ansiedad empezaba a crecer en él.

Tic tac… tic tac…

—¿Saldrás hoy, Shampoo? —preguntó Mousse.

La amazona, que no había dejado de dar vueltas por la cocina simulando hacer algo, se detuvo apoyando los riñones en el borde de la mesa. No necesitaba mirarla para saber que la chica le observaba fingiendo indiferencia, pero que en realidad husmeaba a su alrededor como si sospechara (acertadamente) que algo no era como siempre.

—¡¿Y a ti qué importar?!

Mousse acabó de fregar y se llevó las manos a la espalda. Se estiró con fuerza dejando salir un suspiro dolorido. Pero aún no había terminado así que alcanzó un trapo y se dispuso a secar todo lo que había fregado. Aún tenía que colocarlo todo en su lugar y barrer el suelo.

De reojo miró el reloj. Y se aclaró la voz.

—Solo preguntaba por si querías que cerrara yo el restaurante —comentó él.

Shampoo se acercó hasta apoyar la cadera en la encimera.

—¿Y por qué tener Shampoo que salir hoy?

Cuidado se dijo él.

Shampoo actuaba con ligereza y tenía esa forma de hablar que daba una imagen de ella equivocadamente atolondrada y dispersa a veces; pero él la conocía de toda la vida. Era astuta y desconfiada. Se percataba de todo cuanto ocurría a su alrededor y sospechaba; oh sí, Shampoo siempre andaba sospechando.

Tic tac.

—¡Ah! No sé… como es San Valentín… —Mousse cogió aire y dibujó una sonrisa nerviosa—. ¡¿O es qué quieres celebrarlo conmigo, mi querida Shampoo?! —La chica dio un respingo, horrorizada, pero Mousse extendió sus manos hacia ella—. ¡¿Es eso?! ¡Qué feliz soy!

La amazona le pegó un buen golpe con lo primero que encontró sobre la encimera y que resultó ser la tapa de la cacerola. Mousse retrocedió con la mano en la frente, ocultando una sonrisa.

—¡Pato estúpido! ¡Aprovechado! ¡Shampoo no salir contigo nunca! —Le gritó ella, alterada. Le amenazó otra vez con la tapa, pero el chico retrocedió—. ¡Y menos en San Valentín!

—Oh… ¿es que ya tienes planes?

En ese momento, la joven esbozó una grandiosa sonrisa. Alzó su mano para enterrarla entre sus cabellos brillantes y los peinó en un gesto presumido.

—¡Por supuesto! —respondió con el rostro brillante—. ¡Airen y yo tener cita especial!

—Ahm…

Mousse sabía que era mentira, pero trató de mostrarse apenado por ello. Pasó por alto la mirada de triunfo que le dirigió su amiga y siguió secando platos.

Ese tic tac sonaba cada vez más alto en sus oídos.

Airen suplicar a Shampoo por cita hoy —Le siguió explicando ella. Era evidente su gozo al regodearse en sus palabras y en el aparente dolor que estas causaban en Mousse—. Y yo decir sí, claro está —Soltó una risita al tiempo que arqueaba su cuerpo embutido en uno de sus coloridos y (extremadamente) ceñidos vestidos. Sus pechos se irguieron, su cintura se balanceó con descaro y el chico deslizó sus ojos por tal evidentes atractivos así como sabía que se esperaba de él. Por desgracia, no pudo ruborizarse—. Pero, torpe chico pato como tú no entender…

. Mousse jamás tener cita de San Valentín, ni con Shampoo ni con nadie…

Mousse la miró de soslayo.

—Deberías tener cuidado con Ranma Saotome, Shampoo —Le indicó, aunque sabía que sus palabras serían inútiles aún había algo dentro de él que le impulsaba a tratar de proteger a esa chica—. ¿Estás segura de que Ranma no está pasando este día con Akane?

Desde luego, decir eso no fue una buena idea.

Shampoo le fulminó con la mirada justo antes de propinarle un nuevo golpe, demasiado certero esta vez. Mousse quiso apartarse, pero acabó con un dolor lacerante en su mejilla y un rasguño del que salió un hilillo de sangre.

—¡Estúpido, Mousse! ¡Decir cosas estúpidas, porque ser estúpido! —Le chilló fuera de sí. En los últimos tiempos Shampoo se ponía histérica si alguien mencionaba a Akane; debería haber previsto una reacción como aquella. Mousse se sintió un poco culpable—. ¡Airen amar solo a Shampoo! ¡Estar esperando por mí! —Se arrancó el delantal con furia y tras hacerlo una pelota lo arrojó al suelo—. Pato tonto, patético… ¡Acabar de limpiar y cerrar restaurante!

—Está bien… Siento haber dicho que…

Pero Shampoo salió de la cocina sin dedicarle una sola mirada más y Mousse escuchó sus pasos subir por la escalera. Después los oyó sobre su cabeza, justo antes de un portazo que hizo temblar toda la estructura.

El chico suspiró cerrando los ojos. Se apoyó en la encimera, aún le dolía la mejilla pero su corazón latía desbocado. Miró al reloj y sonrió.

—Tic tac… —canturreó.

Pero lo cortó, aún debía ser precavido.

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Esperó, mientras acababa con sus tareas pendientes, oír a Shampoo salir. Sabía que después de lo furiosa que la había puesto no pasaría por la cocina para despedirse de él, por eso debía estar atento para oírla.

Sus pasos sonaron mucho más ágiles cuando bajaron las escaleras, parecían flotar al recorrer el pasillo para salir de nuevo al comedor. Mousse la siguió, con sigilo, y desde la barra la vio salir por la puerta principal a la calle. Cruzó el comedor con un par de saltos y se asomó a la cristalera para verla partir calle abajo en su bicicleta. Mousse sintió una pequeña punzada de anhelo al verla pedaleando con esa sincera sonrisa, su gloriosa melena al viento y las mejillas coloradas.

Diablos, Shampoo era muy hermosa.

Pero lo cierto es que mayor fue el alivio que sintió al perderla, por fin, de vista.

Pobre pensó Mousse. Realmente cree que ha quedado con Ranma. Sacudió la cabeza, ajustándose más las gafas. Y pobre Ranma, reflexionó también. Ojala que sus caminos no se crucen hoy.

Shampoo se había ido y no volvería al restaurante en unas cuantas horas. Eso era lo más importante.

Mousse se apresuró a colocar el cartel de cerrado y a echar los cerrojos para que ningún cliente despistado se colara a exigir comida. Rápidamente recogió la sala, colocó las sillas sobre las mesas y barrió el suelo hasta dejarlo impoluto.

Regresó a la cocina y consultó el reloj.

¡Tic tac! ¡Tic tac!

—Ya casi es la hora —se sorprendió. Sus mejillas se encendieron y casi se cae rodando por las escaleras al intentar subir los peldaños de dos en dos.

Llegó a su pequeña habitación y se cambió a toda prisa. Se metió por la cabeza una nueva túnica tras desprenderse de sus múltiples armas ocultas.

No me hacen falta se dijo. Después se enfrentó al espejo.

Lo primero fue limpiar la sangre de su piel, eso podría asustarla. Lo logró, pero la piel seguía enrojecida y sabía que en breve se hincharía irremediablemente. Pensó que, tal vez, sería mejor llevar su cabello suelto como siempre para que este disimulara el golpe.

Creo que… ¿a ella le gusta más si me recojo el pelo?

Las otras veces que se habían visto lo había llevado recogido; era más práctico. Aunque nunca se había parado a pensar en cómo le gustaría más a ella; Mousse descubrió que le encantaba no tener que pensar en ese tipo de cosas para agradarla. No obstante…

Me lo recogeré decidió. Y se anudó la larga cabellera negra en un moño tirante que, para desgracia suya, también hacía que sus gafas parecieran más grandes. Diablos… Mousse estaba a punto de quitárselas cuando escuchó que alguien llamaba a la puerta trasera.

El corazón le saltó de tal modo que tuvo que llevarse una mano al pecho.

Ya está aquí pensó emocionado. Mi ángel…

Se le escapó una sonrisa de ternura, por suerte recordó que ya no tenía que fingir porque estaba solo. Vaciló antes de moverse y entonces recordó algo.

¡El libro! Se volvió hacia su cama y levantó el colchón para sacar de su escondite un bonito libro, muy bien cuidado, que apretó contra el pecho.

Una avalancha de dulces sensaciones le colmó el alma. Eso era algo que pocas veces había sentido en su vida; la deliciosa anticipación cuando sabes que algo bueno está a punto de pasarte. Mousse era, tristemente, un experto en todo lo contrario; conocía esa presión que te devora el estómago cuando sabes que el sufrimiento te ronda.

Pero ahora no. Ahora era distinto. Con ella todo era distinto.

Cogió aire y bajó las escaleras.

A medio camino, volvió a oír que llamaban.

—¡Y-ya… voy! —La voz se le atascó un instante. Estaba tan emocionado que se notaba ligero. Como si pudiera echar a volar. Ni siquiera ese desafortunado pensamiento (que le recordó a su maldición) pudo empañar un momento tan maravilloso como aquel.

¡Y es que se sentía tan pletórico! Tanto que al llegar a la puerta necesitó respirar hondo. Su rostro se acaloró pero mostró una sonrisa ilusionada al abrirla.

—¡Hola Mousse! —Saludó la persona que estaba al otro lado. Ella también sonreía de un modo genuino y especial—. ¡Me alegra verte de nuevo!

—A mí también me alegra verte…

Mi ángel recitó en su pensamiento. No podía evitar llamarla así en su cabeza, en eso se había convertido para él esa dulce persona que había llegado a su vida, sin previo aviso, para iluminarla.

Se apartó al instante y con el brazo, le indicó que pasara.

—Adelante, por favor — La joven asintió respetuosa y se adentró en el edificio. Naturalmente se dirigió a la cocina, pues ahí era donde siempre se reunían. Mousse la siguió con los ojos brillantes y sintiendo que le faltaba el aliento.

—No me he retrasado, ¿verdad? —preguntó ella, volviendo el rostro justo antes de entrar al cuarto.

—Por supuesto que no —dijo él, entrando después—. Siempre eres muy puntual…

—Oh, Mousse… —La chica le miró, agrandando sus bellos ojos—. Pero, ¿qué te ha pasado en la cara? —Se acercó a él y le miró mejor—. Se te está hinchando…

—¡Oh! Es… ¡No es nada! Solo…

La chica, que a esas alturas se movía por esa cocina con casi la misma soltura que él, se apresuró a coger un paño y empaparlo en agua fría. Lo estrujó entre sus manos para después doblarlo con cuidado y lo acercó al rostro del chico. Lo colocó con suavidad sobre la zona herida. Su expresión seguía siendo de consternación, cosa que hizo que el corazón de él se estremeciera conmovido.

—¿Ha sido Shampoo? —le preguntó.

—Me temo que dije algo que no le gustó…

—No es excusa para esto.

—¡Está bien! Yo t-te agradezco tu preocupación… —Mousse se atrevió a levantar la mano y rozar con la que ella sujetaba el trapo. Sintió que una descarga eléctrica le adormecía todo el brazo, pero ella dibujó una lenta y tierna sonrisa que le causó aún más impacto y le hizo tartamudear—. G-gracias, K-kasumi…

—No, gracias a ti por enseñarme tus recetas —Le dijo ella a su vez. Apartó la mano para extraer un pequeño librito de la cesta que llevaba y se lo tendió—. A mí familia le encantan. Estoy mejorando mucho desde que cocinamos juntos, Mousse.

—Para mí es un placer.

Intercambiaron libros de recetas y Mousse creyó ver algo más en el interior de la cesta, pero cuando Kasumi la dejó a un lado con el libro sobre ella no se le ocurrió preguntar.

—¿Tienes algo pensado para hoy? —Kasumi se sacó del bolso el delantal y se lo colocó con alegría—. ¿Algo especial?

Mousse tragó saliva, desconcertado.

—¿Especial?

—Por San Valentín, digo.

El chico se ajustó las gafas de nuevo y recuperó su libro de recetas. El libro que su madre le había dejado y que jamás se habría atrevido a prestar a nadie salvo a ese adorable ángel que le había salvado del abismo oscuro en el que había estado viviendo desde su llegada a Japón.

Los ratos que ambos compartían cocinando eran los más felices para él. Cada segundo que pasaba en presencia de esa criatura dulce y maravillosa era como un tesoro que Mousse no se creía aún merecedor de poseer.

Porque hasta que la conoció a ella, Mousse solo había soportado el dolor y el rechazo y no le había quedado más remedio que resignarse a él hasta aceptarlo como algo inevitable, casi propio de su persona.

¿Hasta qué punto, pues, podía pensar que merecía algo mejor de lo que conocía?

Kasumi, su ángel¸ le estaba haciendo creer que él merecía más, que él podía ser más que un cegatón ridículo. Y por eso le estaría eternamente agradecido.

—Encontraré algo especial para ti —Le aseguró. Kasumi parpadeó, su semblante se ruborizó un instante y Mousse sintió el desesperado deseo de abrazarla con todas sus fuerzas y para siempre—. S-seguro que a-aquí hay algo…

—Bien —Kasumi agarró una cuchara y sonrió, ladeando la cabeza hacia él—. Lo preparemos juntos.

Juntos…

Mousse jamás había oído una palabra tan bella, tan cargada de felicidad y esperanza. Le sonó preciosa incluso en ese odioso idioma que se había visto obligado a aprender por seguir a Shampoo hasta allí. Pero no importaba, ¡ahora incluso se alegraba! Todo sonaba estupendo si era la voz de ese ángel quien lo decía.

Se colocó a su lado y empezó a pasar las páginas. No le costó dar con una receta adecuada. Se la mostró a la joven y esta asintió, conforme.

—¿Prefieres cortar los ingredientes para la salsa o…?

—Decídelo tú —Le dijo Mousse—. Será como tú quieras.

Kasumi soltó una risita y asintió una vez más con la cabeza.

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¡Hola a todos un día más!

¿Qué? ¿Sorprendidos con el nuevo capítulo? ¡Me muero por saber qué os ha parecido! ^^

—Ante todo diré que no tengo idea de cómo se me ocurrió este ship. Apareció en mi cabeza un día sin más y tras pensarlo un poco, me pareció bastante correcto. ¿Mousse y Kasumi? ¿Por qué no? Cierto es que en el manga solo lo insinúan, pero yo realmente creo que la vida de Mousse en su tribu debió ser muy dura. Por el modo en que se aferra a su amor enfermizo por Shampoo, persiguiéndola sin importar sus desprecios, casi encajándolos como si fuera algo normal… No sé, me pareció que alguien dulce y bondadosa como lo es Kasumi sería justo el tipo de persona de la que Mousse se enamoraría locamente si llegaba a darse la oportunidad de conocerla (puede que solo me lo parezca a mí). Algo distinto a Shampoo (lo más distinto posible, de hecho) que fuera una nueva ilusión para él, al creer ser correspondido… cosa que ya se verá, jajaja.

—Me he inventado mucho sobre el pasado de Mousse, de hecho, se me ocurrieron muchas más cosas para añadir al capítulo pero finalmente resumí para no cargarlo. Y es que con Mousse me pasa algo raro… en la serie no me decía nada, pero cuando me pongo a escribir sobre él es como que se me hace mucho más interesante, jajaja. (No sé si siempre es coherente con lo que sabemos de él).

—Este es el único fic donde he mostrado a un Mousse que ha superado sus sentimientos por Shampoo y parece listo para amar a otra chica. En mis otras historias donde él aparece suele seguir igual de obsesionado por su amiga de la infancia, a pesar de sus desprecios y rechazos porque me parece lo más coherente con su personalidad original, pero… ¡Dejemos que sea felíz por San Valentín!

Espero que el nuevo capítulo os haya gustado ^^ Y que vayáis decidiendo cuál será vuestra pareja favorita. ¡Me encantaría saber cuál os ha gustado más al final de la historia! Aunque aún queda mucho para eso

Como siempre gracias por vuestras reviews ^^: Kariiim, Llek BM, Zaneziana, Luna Gitana, Ranma84, Juany RDZ, Rj45, BTaisho, Tear Hidden, Azucena Osuna1, Benani0125, Saotomedgo, Frida-chan, Akanita87, Graceurglsq. ¡Y espero no dejarme a nadie! ^^ De verdad que os agradezco un montón todos vuestros comentarios, aún más ahora que no puedo responderos como merecéis. Solo espero que la historia os siga gustando y compense mi silencio, jajaja.

Nos vemos mañana con un nuevo capítulo de San Valentín.

¡Besos para todos y todas!

EroLady—