Disclamer: Antes que nada y como siempre; los personajes y parte de la trama, así como los lugares pertenecen a la prodigiosa mente de Rumiko Takahashi, yo solo los uso para divertirme sin ánimo de lucro ^^

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Aviso: ¡Especial San Valentín! Este es un relato especial para el día de los enamorados y espero que os guste ^^ Consta de 9 capítulos y como se me ha hecho un poco largo, iré publicando uno al día a partir del día 14. ¡Disfrutar de este fic dulce y romanticón!

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#1cada15días.

Aquí inicio un nuevo y rocambolesco proyecto que me tiene muy emocionada a la par que angustiada, jajaja. Publicar una historia sobre Ranma y Akane cada quince días durante todo un año. Fanfics largos, más cortos, Oneshot o lo que surja. ¡Espero poder lograrlo y que disfrutéis de ello!

Relato 11: 10/02—24/02

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Corazones Distraídos

(Relato especial de San Valentín)

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5.

(Shampoo)

—No Tengo Rival—

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Si había algo que Shampoo no soportaba, era que intentaran tomarla por tonta.

Desde bien pequeña había sido la amazona más prometedora de su tribu, estaba acostumbrada a inspirar temor y respecto allá a donde fuera; en ese terreno, muy pocos eran los que no quedaban intimidados al verla. Y a ella le gustaba que su reputación de poderosa guerrera la precediera.

No obstante, desde su llegada a Japón le había ocurrido que, ciertas personas, no solo no tenían en cuenta su fuerza debido a su pequeño tamaño o a la delgadez de su esbelto cuerpo. Sino que en ciertas ocasiones tomaban su belleza como un indicativo de que esta iba adornando una cabeza hueca. ¡Tenía que tener mucha paciencia con algunos comentarios que los clientes hacían sobre ella en su cara! Esos hombres eran tan soberbios que probablemente pensaban que podían decir esas cosas sin preocuparse porque ella ni siquiera los entendía.

Pero Shampoo lo entendía todo perfectamente.

De haberse dado esta situación dentro de las fronteras de su tribu, esos tipos habrían recibido un severo castigo por su atrevimiento. Shampoo solía fantasear con esas cosas mientras les seguía sirviendo copas; cortarles la lengua, por ejemplo, era uno de sus castigos favoritos.

Pero estaba en Japón, no en China. Y vivía en el Neko Hanten, un restaurante que pertenecía a su bisabuela a la que, por tanto, debía obedecer en todo. Su subsistencia en ese condenado país dependía de esos groseros y patéticos hombres que iban a llenarse la barriga y a bañarse la garganta en sus licores chinos. No podía ser desagradable con ellos, aunque merecieran una buena lección sobre cómo tratar a las mujeres.

Y más a una mujer como ella.

Así que Shampoo callaba, servía la comida y se contentaba con fantasear. No era suficiente para aplacar su instinto vengativo pero no tenía muchas más opciones. Si se esforzaba en pensar en su Airen, y en que era por él y su futura felicidad marital por lo que soportaba tantas humillaciones, conseguía soportar los días malos.

Torturar al idiota de Mousse le servía para aligerar su mal humor los días peores. O solía hacerlo…

A pesar de los insulsos esfuerzos de Mousse por disimular, Shampoo se había percatado de que algo estaba cambiando. Y no es que le importara, exactamente, saber qué. Solo se había sentido indignada ante el hecho de que ese pato estúpido creyera que podía engañarla.

¡A ella! ¡A una amazona de su nivel!

A mí nadie me toma por tonta.

Desde hacía algún tiempo Mousse parecía ligeramente inmune a sus desprecios y desplantes. Él simulaba apenarse exagerando aún más su, ya de por sí histérico, comportamiento pero era evidente que Shampoo estaba perdiendo influencia sobre él.

O su poder.

Si bien Mousse seguía obedeciendo todas y cada una de sus órdenes y de vez en cuando aún la miraba con deseo, Shampoo había notado que el pato se pasaba más tiempo del normal ensimismado en pensamientos a los que ella no podía llegar. Sus incontables y repetitivos halagos para con la amazona se habían vuelto forzados, vacíos… Y había algo más.

Lo del fuego.

Unas semanas atrás, Shampoo había apartado de mala manera a Mousse de los fogones para preparar una receta especial con la que pensaba impresionar a su Airen. Mousse apenas protestó, y con gran docilidad se parapetó en la mesa de la cocina enfrascado en sus libros de recetas. Aunque la chica no fue totalmente consciente del significado que podía tener un cambio de actitud como ese, sí que se sintió ligeramente molesta por su desapego tan gratuito.

—Bisabuela y yo decidir platos del menú —Le recordó con severidad. No se molestó en volver el rostro hacia el chico, debía estar concentrada en la preparación especial que tenía entre manos—. No saber por qué Mousse estudiar tanto… Tú cocinas, nosotras decimos.

Mousse no respondió. Shampoo sonrió maliciosa, imaginándose al chico asintiendo con la cabeza sobre los libros pero entonces le oyó sisear por lo bajo los nombres de varios ingredientes.

¿Por qué sigue? ¡¿Acaso no oírme?!

—¡Mousse! ¡Pato sordo! —Ahora sí se volvió hacia él y al chico no le quedó más remedio que alzar la cara para mirarla. Tenía un semblante confuso… pero no podía ser que la hubiera estado ignorando—. ¡Tú solo cocinar lo que Shampoo decir!

Mousse se ajustó las gafas que, curiosamente, llevaba puestas. Murmuró un "Sí" y esperó a que la amazona dejara de mirarle. La chica regresó a sus fogones con un regusto de insatisfacción. Sí, Mousse obedecía pero… Algo había cambiado.

Ya no respondía con la misma rapidez, ni del modo complaciente de antes.

A los pocos segundos, Shampoo captó el susurrante sonido del lápiz rasgando la hoja de nuevo y una cólera súbita estalló en ella.

—¡¿No escuchar lo que digo cuando…?! —Shampoo fue a apartar el cazo del fuego para poder regañar a Mousse con toda su atención, pero sin darse cuenta lo tomó con la mano desprotegida y se quemó. El dolor lacerante del fuego le partió la mano en dos e hizo temblar su brazo, pero por supuesto ella no gritó. Apretó los dientes y soportó las primeras oleadas de dolor, las peores, hasta que fueron pasando.

Parpadeó tratando de aguantar. ¡Todo era culpa de Mousse!

¡Se va a enterar!

—¡Mousse, rápido! —Pero no obtuvo respuesta. Shampoo se giró, confusa y descubrió que el chico volvía a estar inmerso en sus libros de recetas—. ¡Mousse!

—¡Ah! ¿Qué…? —Por fin la miró. Primero su expresión colérica, después el modo en que se sujetaba la mano—. ¿Qué te ha pasado?

¡Ni siquiera lo había visto! Shampoo quiso estamparle el cazo hirviendo en su cabezota pero vaciló porque… Aunque Mousse se había puesto en pie y fruncía las cejas, se percató de que su expresión no era de horror o miedo. Ahí fue que Shampoo terminó de darse cuenta de que algo raro estaba ocurriéndole.

En otro tiempo, Mousse ya habría salido corriendo a por el botiquín. En otro tiempo él habría estado revoloteando a su alrededor, sin quitarle los ojos de encima de modo que ella no habría tenido ni que pedir su ayuda.

Pato tonto… ¿qué estás ocultando?

—Te traeré el botiquín…

—¡No necesario ser! ¡Estúpido Mousse! —Le respondió enfadada. Se irguió con la cabeza muy alta y añadió—. Sola, puedo.

—Pero Shampoo…

—¡¿Sordo ser, además de estúpido?! ¡No querer tu ayuda!

Mousse entreabrió la boca, pero la cerró en seguida. Sus ojos se desviaron al tiempo que apretaba un puño, pero finalmente fue solo cansancio lo que despunto en su mirada.

—Como quieras.

Recogió sus libros y sus cosas de la mesa y se marchó de la cocina sin más.

¿Cómo… quieras? Shampoo permaneció tan perpleja que el dolor se anestesió lo suficiente como para soportarlo. ¡¿Cómo quieras?! ¡Jamás había recibido una respuesta tan grosera de ese idiota! ¡¿Cómo se atrevía?!

Aun así, Shampoo resopló y dejó ir una sonrisa. Entendió que Mousse no iba en serio, no podía; y esperó un rato, sin moverse, convencida de que él regresaría con el botiquín disculpándose y suplicándole que le dejara curarla.

Estaba segura… No cabía esperar nada distinto.

Mas aquel día, Mousse no regresó. Y Shampoo, más confusa todavía, tuvo que subir las escaleras hasta el baño y curarse sola la mano. Para cuando quiso vendarse los dedos quemados volvía a estar tan enfadada que incluso se hizo daño.

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Si no hubiese sido imposible, Shampoo se habría planteado que el absoluto y enfermizo amor que Mousse le prodigaba se estaba agotando. Ese iba a ser siempre un amor no correspondido, claro; pero Shampoo sabía que ahí residía la fuente de su poder sobre el chico y solo por eso no estaba dispuesta a perderlo.

Mousse como hombre era del todo inservible y por tanto, su destino era acabar solo.

Lástima ser pensaba Shampoo a veces sin un atisbo de compasión. No lo decía ella, así eran las leyes de su tribu. Mousse había tenido mala suerte, en cambio ella había sido afortunada. Y justamente por eso tenía el total convencimiento de que, como amazona, merecía mucho más. Merecía un marido fuerte y apuesto como Ranma; lo que no quitaba que, igualmente se merecía la adoración y servidumbre de alguien inferior como Mousse.

Por eso las cosas no debían cambiar.

Lo que ocurre pensó Shampoo aquel día de San Valentín. Yo querer saber.

De modo que, después de observar la torpeza que gobernaba el ánimo de Mousse ese día y la forma tan poco sutil en que había intentado librarse de ella, Shampoo cogió su bicicleta y pedaleó alrededor de la calle en círculos para después regresar al Neko Hanten.

Oculta tras una esquina fue testigo de la rapidez con que Mousse colocó el cartel de cerrado en la puerta y después, recogía el comedor. El chico desapareció en el interior del edificio y Shampoo, con el ceño fruncido, dejó la bicicleta en su lugar para después registrar los alrededores. No encontró nada sospechoso, así que buscó un buen lugar para vigilar las entradas del restaurante y esperó pacientemente.

En realidad, no muy pacientemente. Lo que más deseaba era descubrir lo que ese pato se traía entre manos cuanto antes y después salir en busca de su Airen.

A los pocos minutos, una figura solitaria que cargaba una cesta en su brazo derecho llegó caminando tranquilamente por la calle para dirigirse, no a la puerta principal, sino a la entrada que se encontraba oculta en el callejón.

Shampoo arrugó la nariz y de un grácil salto se acercó más.

Se trataba de Kasumi Tendo, una de las hermanas de la violenta Akane. Contempló, todavía confusa, como la joven recién llegada llamaba a la puerta de atrás de su casa. Mousse apareció poco después, con una sonrisa extraña y el pelo recogido de un modo que a Shampoo le llamó aún más la atención. La dejó entrar y ambos desaparecieron en el interior del restaurante.

Extraño ser se dijo ella.

Se rozó la barbilla con una mano y trató de imaginar alguna razón por la cual esos dos hubiesen quedado para verse en una actitud, cuanto menos, sospechosa. Miró al cielo, repasó lo que había visto y lo que sabía… Pero no tardó demasiado en decidir que no tenía ninguna importancia.

Kasumi Tendo no suponía una amenaza de ningún tipo.

Que Mousse se reuniera con alguien a sus espaldas, podría haber sido indicativo de que estuviera planeando algo contra ella. Pero si la persona en cuestión era Kasumi Tendo…

Si la mediana ser… quizás reflexionó Shampoo. Nabiki Tendo, con sus chantajes y maquinaciones malévolas sí podía dar problemas, pero la mayor no. Kasumi tenía un temperamento parecido al de un animalillo cualquiera; era sumisa y complaciente como una mascota y ni siquiera creía que fuera capaz de atacar a nadie en caso de verse en problemas.

No importar a mí.

Si el tonto de Mousse tramaba algo contra ella no podía haber buscado una aliada más inútil.

Quizás… ¿Plan ser de chica violenta contra Shampoo?

¿Podía ser que Akane estuviera usando a su hermana para contactar con Mousse y trazar un plan contra ella?

Aquello era algo demasiado retorcido para la mente tan simple de Mousse, y decididamente, también para la de Akane. ¡No había por qué preocuparse! De modo que Shampoo decidió olvidarlo y centrarse en sus planes de San Valentín.

¡Airen! Pensó, repentinamente ilusionada.

De su bolsillo sacó un paquetito perfectamente envuelto. Aunque no pensaba doblegarse a aprender las estúpidas tradiciones de ese país, pues cuando Ranma y ella se casaran, se marcharían a China y por tanto, no tenía sentido molestarse. Por ser una ocasión especial, la amazona había investigado un poco y había preparado chocolates de San Valentín para él.

Sabía que cualquier cosa que pudiera hacer a través de la cocina tendría un valor añadido para Ranma, puesto que Akane era inútil en esa disciplina. Estaba segura de que en cuanto el chico probara sus deliciosos bombones le declararía su amor eterno.

Sonrió feliz y volvió a guardarlos en su bolsillo.

Bien, ahora… Colocó las manos en su cintura… ¿Dónde quedar con Airen?

Era San Valentín, luego debían haber quedado en algún lugar porque para eso estaban enamorados y…

¿Estás segura de que Ranma no está pasando este día con Akane?

Las insidiosas palabras de Mousse regresaron a su mente y Shampoo chilló de frustración, maldiciendo a ese celoso pato que no era capaz de mantener su pico cerrado.

¡¿Cómo iba a estar su Airen pasando el día con otra mujer?! ¡Y con esa violenta y nada atractiva chica! Era ridículo… ¡Ella había quedado con Ranma! Estaba segura, porque era lo más lógico. Solo que no se acordaba del sitio donde el chico le había dicho que se reunirían.

Solo necesitaba pensar un poco.

¡Aiya, claro ser! ¡Nosotros en el dojo, quedar!

¡Por supuesto! ¡Ahora sí que se acordaba! Perfectamente… Ranma y ella habían acordado reunirse en su casa para después ir juntos en una cita. ¡Allí la estaba esperando! Y Shampoo podría darle sus chocolates, Ranma los comería delante de Akane y así le dejaría claro de una vez quien era su auténtica esposa. Después saldrían de la mano para pasar juntos ese día tan especial.

San Valentín… día de los enamorados ser, después de todo.

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Shampoo cayó en el jardín trasero de los Tendo, con la misma ferocidad que un halcón lo hace sobre algún diminuto animal indefenso. Flexionó sus rodillas y se apoyó con una mano para no perder el equilibrio, pero se incorporó con un gracioso salto y esbozó su sonrisa más deslumbrante en dirección a las puertas abiertas del comedor.

—¡Ni hao! —exclamó con alegría.

Pero nadie respondió pues el comedor estaba vacío.

¿Eh?

Era ciertamente extraño llegar a esa casa y encontrársela tan vacía y silenciosa. Especialmente esa habitación que era como el corazón de la propiedad; los patriarcas acostumbraban a estar siempre echados sobre la mesa viendo la televisión o en el pasillo de madera que daba al jardín jugando a la luz del sol. O si no ese viejo maestro pervertido que andaba siempre armando jaleo.

Pero ese día el lugar parecía desierto.

No obstante, la amazona atravesó las puertas y se asomó para asegurarse mejor. Sí, esa habitación estaba vacía. Y no, no se oía ni un sonido… Pero eso no significaba que no hubiera nadie.

Airen estar se dijo, convencida. Por mí, esperar.

Salió del comedor y subió las escaleras con sigilo. No es que a los habitantes de esa casa pareciera importarles mucho que otras personas ajenas entraran sin preguntar, pero tampoco quería llamar la atención de nadie. Solo le interesaba encontrar a Ranma, de modo que se dirigió a su habitación en primer lugar.

Entró de un saltito y sonriente de nuevo.

¡Airen! —Canturreó tontamente, pero también la encontró vacía.

¡Maldición!

El cuarto estaba revuelto, como si Ranma hubiera salido a toda prisa. Sus ropas estaban esparcidas por el suelo, el futón no había sido recogido. Shampoo sonrió y se dejó caer sobre las sabanas hundiendo la nariz en la almohada. El inconfundible aroma de su Airen le acarició la nariz.

Recordó esas veces en que se había escabullido en plena noche del restaurante para dormir con él. Le apetecía volver a hacerlo; estar en los brazos de su Airen, sintiendo sus latidos a través de la unión de sus cuerpos y su respiración sosegada acariciándola la frente.

Shampoo soltó una risita, ruborizada. Todo su cuerpo respondió palpitando, excitado ante esa posibilidad.

—¿Dónde estar?—se preguntó, abrazando la almohada contra su pecho.

De pronto, escuchó un sonido en el pasillo y su corazón dio un brinco, exaltado.

—¡Airen!—exclamó y se precipitó a la puerta.

Por suerte se detuvo antes de salir de golpe, porque no se trataba de Ranma.

Shampoo observó a la mediana de los Tendo salir del cuarto de baño con una sonrisa triunfal y el pelo mojado. Tiraba de la mano de una segunda persona que caminaba como a trompicones tras ella, con el rostro totalmente rojo y una expresión agitada. Se pararon en mitad del pasillo y la chica se giró hacia Ryoga que dio un respingo. Nabiki estiró un dedo, le susurró algo que Shampoo fue incapaz de entender y le dio un toquecito con el dedo sobre la nariz.

Ryoga, aunque parecía imposible, logró sonrojarse más aún.

¿Eh? Shampoo ladeó la cabeza, dubitativa. Observó la escena sin sentirse avergonzada aunque la clara intimidad que emanaba de ella debió hacerla retroceder. En cualquier caso, la chica se sintió ligeramente desconcertada

¿Juntos… estar? No es que fuera de su incumbencia, pero le llamó la atención. Nabiki Tendo no era una mujer atractiva, en su opinión. Tenía el rostro afilado, las facciones duras, un cuerpo esmirriado y larguirucho. Y sin embargo, a Shampoo le sorprendió la mirada de adoración que le dirigió el chico. ¿En serio… guapa parecer?

Por lo general, no había ninguna mujer que Shampoo encontrara más hermosa que ella misma, pero… Algo verle, pensó encogiéndose de hombros.

No todos hombres, aspirar a alguien como Shampoo pueden.

Las manos de Ryoga temblaron justo antes de agarrar a la castaña por la cintura y atraerla hacia él. La chica soltó una risotada divertida y recibió con evidente gusto el beso ansioso que el chico le dio. Avanzaron, tambaleantes, por el pasillo sin separarse hasta que la espalda de la chica dio contra la puerta de su habitación. Entonces ella le detuvo para abrir la puerta y ambos se precipitaron dentro.

Oh…

Shampoo, con el rostro colorado, sintió que la sangre de todo su cuerpo ardía con ansias. También experimentó un repentino acceso de envidia y ella realmente odiaba esa sensación. Volvió a pensar en su Airen.

Nosotros… ¿no? Trató de recordar con todas sus fuerzas alguna ocasión en la que Ranma y ella se hubieran dejado llevar por la pasión que sentían el uno por el otro. Pero nada acudió a su mente. Hundió más la cabeza en la almohada y se forzó a recordar pero… nada. ¡Yo no recordar! Y sin embargo, algo en su cabeza la decía que eso debía haber pasado entre ellos. Al fin y al cabo, era su Airen.

¿Por qué no recordar?

Soltó aire y, aún un tanto confusa, se dijo que no importaba. Le esperaba una cita romántica ese día y Ranma y ella podrían hacer lo que quisieran para demostrarse su amor.

Soltó la almohada y salió al pasillo. Intentó ignorar los sonidos que huían por debajo de la puerta de Nabiki cuando pasó por delante rumbo a las escaleras y también el hecho, aún más sospechoso e hiriente, de haber visto la habitación de Akane vacía a través de su puerta entreabierta.

Shampoo sintió una punzada en el pecho.

Akane no estaba en casa. Su Airen tampoco.

¿Estás segura de que Ranma no está pasando este día con Akane?

¡No, no! ¡Imposible!

Ni siquiera iba a considerar esa idea tan absurda. Pero… seguía sin poder recordar ninguna ocasión en la que Ranma y ella hubieran…

Sintió una nueva punzada, pero la ignoró.

Bajó los escalones pensando que simplemente había equivocado el lugar de encuentro con Ranma. Sería que él le había dicho otro sitio y ella se había olvidado, nada más. Últimamente olvidaba algunas cosas.

Además aquella casa tan enorme pero tan silenciosa comenzó a agobiarla. ¿Cómo era posible que no hubiera nadie? ¡¿Todo el mundo había salido por San Valentín?!

Pasó por delante de la cocina pero ningún sonido u olor escapó por la puerta. Por supuesto, Kasumi tampoco estaba allí porque… estaba con Mousse. En su restaurante.

Sintió, entonces, un molesto picor que acechó sus brazos y su cara cuando el aire del exterior la recibió al salir nuevamente al jardín. Lo ignoró también y saltó el muro para aterrizar sobre el tejado más próximo. Y siguió saltando hasta alejarse de esa casa, pero el picor no se desvaneció. Tenía que encontrar a Ranma, seguro que la estaba esperando en algún sitio. Debía encontrarle y darle el chocolate para que supiera que le amaba con todas sus fuerzas y que algún día se casarían.

Tenía que hacerlo.

¿Por qué pato tonto y chica Tendo reunirse? Se preguntó repentinamente. ¿Qué tener que hablar? ¡Ellos planear algo contra Shampoo!

Aunque no se le ocurría qué podía ser por más que pensaba y eso la molestaba porque… ¡Como amazona que era debía estar alerta siempre!

Sin embargo, mientras Shampoo saltaba prácticamente volando sobre los cielos de Nerima sin que ninguna idea apareciera en su cabecita, lo que sí volvieron fueron los detalles a los que, un rato antes, no había prestado atención pero que su cerebro sí había registrado.

La imagen se representó ante sus ojos como si se tratara de una fotografía. Podía ver ahora, con gran nitidez, la actitud nerviosa de Mousse al abrir la puerta trasera del restaurante para recibir a Kasumi. Nervioso sí, y eso cuando era evidente que la esperaba. También estaba esa sonrisa embobada con que la había saludado o el gesto entre torpe y galante con que la invitó a entrar.

¿Por qué? ¿Qué hacer quieren en mi restaurante?

Era obvio que habían quedado en reunirse allí una vez que el lugar estuviera vacío, a espaldas del resto del mundo. ¿Quién hace eso? Solo los conspiradores que traman algo.

Claro que, si se trataba de urdir un plan en contra suya, Shampoo no entendía que Kasumi se hubiera presentado allí con un bonito vestido y con el pelo arreglado y brillante. Aunque como amazona Shampoo sabía las ventajas de usar la belleza para distraer al enemigo, Kasumi Tendo no parecía preparada para ningún tipo de enfrentamiento. Aunque…

¡Cesta! ¿No llevar cesta sospechosa? Shampoo se preguntó entonces qué llevaba ahí dentro. ¿Algún tipo de arma? Pero seguía sin tener ningún sentido. La mayor de los Tendo era la menos dada a la violencia; ni siquiera parecía interesarse nunca lo suficiente como para intervenir en los líos en los que sus hermanas se metían.

Ella siempre se quedaba al margen. En un segundo plano.

Entonces… ¿Por qué había ido a encontrarse con Mousse? ¡Tenía que ser algo contra ella! No era posible que esa mujer y el estúpido pato medio ciego se hubiesen hecho amigos y…

Shampoo soltó una risotada ante esa idea que ni siquiera permitió que llegara a formarse del todo en su mente. Se deshizo en carcajadas muy a gusto hasta que sus pulmones se quedaron sin aire y después se frotó los ojos llenos de lágrimas. Había tenido que detener su avance y se encontraba en lo alto de un edifico. Se dejó caer sobre el suelo con las piernas cruzadas y resopló.

No, no, no pensó, recobrando la respiración. Mousse tonto, él no tener amigos.

¿Cómo se le podía haber ocurrido una idea tan rematadamente absurda?

Perder más tiempo con esto, no puedo se dijo. Y se puso en pie, asomándose al borde del edificio en el que estaba para otear el horizonte. Rápidamente su ánimo se ensombreció y acabó dejando salir un pequeño suspiro.

Airen… ¿dónde estar?

Aunque aún le molestaba no saber qué se traían Mousse y Kasumi entre manos, era mucho peor imaginarse a su pobre Airen solo, esperándola en algún lugar de la ciudad a que ella le encontrara para celebrar juntos ese día tan especial. Ranma debía estar deseoso por probar su chocolate.

¡¿Airen?!

De pronto, lo vio.

En su errático viaje por los tejados de la ciudad pensando en Mousse, Shampoo había llegado sin darse cuenta al centro de Nerima. Un lugar muy transitado por los habitantes porque allí se concentraban el mayor número de tiendas y establecimientos. Y justamente, frente al edificio donde ella se había detenido a descansar, había una preciosa heladería cuyo escaparate estaba decorado con la más llamativa y exagerada parafernalia de San Valentín.

Había un anuncio enorme que decía: ¡Venid a probar nuestro especial de San Valentín! ¡Precios exclusivos para las parejas de enamorados!

Cuando Shampoo vio a Ranma salir por la puerta, estuvo segura de que esa heladería era el lugar donde el chico le había propuesto quedar. ¡Sí, ahora sí que se acordaba y estaba segura! Tomarían juntos un helado, cogidos de la mano y después…

—¿Qué?

Akane Tendo salió justo detrás de Ranma.

¡¿Qué hacer chica violenta aquí?! Se preguntó Shampoo, furiosa. ¡Seguir Airen, estropear nuestra cita romántica!

Y no solo se había atrevido a perseguir a su Airen hasta allí, sino que además lo había hecho vestida de un modo ridículo.

Ella no poder compararse con Shampoo.

Era evidente que Akane había intentado arreglarse un poco más de lo habitual, pero el resultado había sido patético. La amazona sonrió burlona observándola; incluso en la distancia podía ver que ella era mucho más hermosa llevando uno de sus simples vestidos chinos que la joven Tendo emperifollada de arriba abajo.

Airen despacharla en cuanto ver a Shampoo.

Por un instante, esos pensamientos y el increíble convencimiento de que eran reales, lograron apaciguar el ánimo de la amazona. No es que le hiciera gracia ver a otra chica junto a su Airen; tampoco le gustaba la idea (descubrió justo en ese instante) de que hubiera otra mujer en su restaurante. Pero Shampoo no dudaba, no se ponía celosa, no sentía inseguridad. La habían inculcado una férrea determinación y el convencimiento de que gracias a su superior belleza y fuerza podía obtener todo lo que quería.

Así ser se dijo muy segura.

El amor de Ranma y también el de Mousse le pertenecían por derecho, y ninguna Tendo era rival para ella.

Airen querer huir adivinó ella. Los dos jóvenes se habían detenido frente a la puerta de la heladería y Ranma parecía balbucear algo de forma nerviosa. Yo librar de ella cuando…

Los ojos de Shampoo se abrieron de par en par y sus labios se separaron de pura incredulidad. Fue consciente, entonces, de un único y débil pensamiento que quiso resonar entre las paredes de su cerebro justo antes de que todo se desconectara ahí dentro.

Parpadeó, incrédula y al volver a mirar lo vio todo rojo ante ella.

En sus manos, agarrotadas, aparecieron sus bomboris. Resopló con fuerza, como una bestia que se dispone a atacar y sin más, echó a correr. Dio un fuerte salto y flexionó las rodillas para aterrizar a unos pocos metros de la heladería.

Ante sus ojos estaba su presa y como amazona que era, debía darla caza y destruirla.

Levantó un brazo sintiendo como un grito de guerra desgarraba su pecho, abriéndose paso a través de su garganta. Lanzó su bombori y oyó el estrépito que ocasionó al fallar.

Entonces, dio un nuevo salto y comenzó la pelea.

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¡Hola! ¡Un día más, un capítulo más! ¿Qué os ha parecido? Bueno, no todo el mundo iba a ser feliz este día de San Valentín (cof, cof y menos la perturbada de Shampoo, cof cof) ^^

—Creo que este ha sido el capítulo más difícil de escribir del relato. Incluso me ha costado ponerle título y de hecho no sé la de veces que lo he cambiado. Para Shampoo, había pensado escribir sobre la incertidumbre; ella ve algo sobre Mousse que la inquieta, pero no sabe qué es… Pero en seguida me dije que esta chica es demasiado egoísta como para preocuparse así. Y según escribía descubrí que de lo que más hablaba este capítulo era de la negación. Se niega a ver la realidad (lo sé, os recuerda un poco a Ukyo); se niega a creer que Mousse haya dejado de amarla y prefiere pensar que planea algo contra ella con Kasumi (¬¬), se niega a aceptar que Ranma no la ha invitado a salir por San Valentín y prefiere pensar que ella ha olvidado dónde… He intentado ir más allá de lo que fui con Ukyo en el fic "Perdedora" porque considero que Shampoo está mucho peor de la cabeza… Allá donde Ukyo fantaseaba con un futuro improbable a causa de detalles ambiguos que veía, Shampoo directamente se inventa incluso cosas que no han pasado para que todo sea como ella quiere.

—Además siempre he visto a Shampoo, entre otras cosas, increíblemente egocéntrica. Igual que creo que Mousse tuvo una vida dura en la tribu, creo que Shampoo era, poco menos, que la estrella del lugar y por eso tiene ese ego. Al final creo que acerté con el título; ella cree que no tiene rival, es la más fuerte, la más guapa, la más… ¡Todo! Y eso egocentrismo es justamente una de las razones por las que es incapaz de ver la realidad.

Bueno, espero que os haya gustado aunque esta vez la protagonista haya sido Shampoo ¬¬ ¿Qué os va pareciendo el fic? ¡Espero que lo estéis disfrutando y aunque haya metido aquí muchas de las locuras que se me pasan por la cabeza os siga pareciendo coherente!

No me canso de agradeceros todos vuestros comentarios: Juany Rdz, Graceurglsq, Cynthiagurud, Gwen Olvera, Rj45, Zaneziana, Tear Hidden, Luna Gitana, Benani0125, James Birdsong, Saotomedgo, Kariiiim, Frida-chan, Ranma84, BTaisho. ¡Muchas gracias a todos una vez más! ^^

Nos vemos mañana con un nuevo capítulo, una nueva protagonista… ¡Besotes a todos y a todas!

EroLady—