Disclamer: Antes que nada y como siempre; los personajes y parte de la trama, así como los lugares pertenecen a la prodigiosa mente de Rumiko Takahashi, yo solo los uso para divertirme sin ánimo de lucro ^^

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Aviso: ¡Especial San Valentín! Este es un relato especial para el día de los enamorados y espero que os guste ^^ Consta de 9 capítulos y como se me ha hecho un poco largo, iré publicando uno al día a partir del día 14. ¡Disfrutar de este fic dulce y romanticón!

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#1cada15días.

Aquí inicio un nuevo y rocambolesco proyecto que me tiene muy emocionada a la par que angustiada, jajaja. Publicar una historia sobre Ranma y Akane cada quince días durante todo un año. Fanfics largos, más cortos, Oneshot o lo que surja. ¡Espero poder lograrlo y que disfrutéis de ello!

Relato 11: 10/02—24/02

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Corazones Distraídos

(Relato especial de San Valentín)

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6.

(Kasumi)

—Con Todo Lo Que Tengo—

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Kasumi Tendo nunca había tenido novio.

Era una joven sumamente hermosa, con un alma cándida y un gusto natural por ayudar y complacer a los demás pues, ella misma, disfrutaba infinitamente viendo a otras personas siendo felices. Y aunque a lo largo de su vida tuvo diversos pretendientes que se acercaron a ella atraídos por su belleza y su dulzura natural, la realidad era que ninguno de ellos se atrevió finalmente a dar el paso de declararle su amor.

De entre todos ellos Kasumi solía recordar con más melancolía que al resto al bueno del doctor Tofú. Un hombre encantador, aunque muy nervioso y particular, que había cuidado de la salud de su hermanita pequeña por años y con el que Kasumi se sentía en deuda por ello. A veces le visitaba para llevarle galletas horneadas por ella misma como agradecimiento y si tenía la oportunidad de ayudarle en algo, lo hacía sin dudar. Kasumi pensaba que ser agradecida es de las cosas más importantes de la vida.

También pensaba que no estaba bien juzgar a nadie, por lo que veía con diversión el errático comportamiento que dominaba al doctor cada vez que ella aparecía por su consulta sin preguntarse el motivo. Y posiblemente no lo habría adivinado nunca si Akane no lo hubiese revelado.

—Es porque le gustas a Tofú —Le dijo un día. Charlaban de cosas sin importancia cuando el nombre del médico surgió sin más—. Está enamorado de ti.

Enamorado.

Kasumi había oído antes esas palabras: está enamorado de ti. Por lo que a esas alturas de la vida, se le hizo difícil aceptarlas sin más; era lógico para ella dudar. Otras veces creyó ver signos de amor en otros chicos que la rondaban y había albergado esperanzas para después descubrir que esos mismos chicos que tanto la halagaban y se acercaban a ella, terminaban por alejarse cuando ella al fin respondía a sus gestos.

No obstante, esta vez, parecía ser cierto. Tofú se ponía de los nervios al verla y eso era un síntoma muy claro de enamoramiento. Balbuceaba, temblaba, se reía sin parar; llegaba incluso a manejarse como un verdadero lunático por horas mientras ella anduviera cerca.

Tal vez sí… pensó ella, permitiéndose creer una vez más. Quizás esta vez sí sea…

Se sintió halagada. Incluso, ilusionada y emocionada. Y pensó en corresponder a las buenas actitudes del doctor aumentando sus visitas a la consulta, interesándose por su día y añadiendo algún que otro comentario halagador en sus charlas con él. Kasumi quiso, con todo ello, alentar ese amor, esperando así que por una vez, este culminara en una declaración romántica que ella aceptaría.

Sin embargo…

—¿Qué? —Kasumi estaba fregando los platos cuando Akane apareció por la puerta de la cocina para darle la noticia—. Pero… ¿a qué te refieres con que Tofú… se ha ido? ¿De… viaje?

La expresión de su hermanita no podía ser más desoladora.

—No creo… La consulta está cerrada y a través de la ventana se ve que… bueno, parece vacía.

—¿Vacía?

Akane la miró angustiada.

—Yo creí que… al menos se habría despedido de ti —Bajó el rostro y apretó los labios—. Lo siento, Kasumi. Lo siento mucho.

—¡Oh! —La mayor se forzó a sonreír y sacudió la cabeza. Lo último del mundo que haría sería preocupar a Akane más de lo necesario—. Estoy segura de que quiso despedirse de todos pero… debió surgirle algo inesperado.

—Pero Kasumi…

—¡Todo está bien! La vida de los médicos es así, ¿no crees?

Tofú se fue.

Kasumi se acercó a la consulta un par de días más tarde, aprovechando una salida para hacer recados y acercó el rostro al cristal de la puerta para escrutar el interior. No había nada allí; ni muebles, ni los viejos carteles de Tofú con sus proverbios, ni siquiera su simpático esqueleto… Se lo había llevado todo dejando atrás ese lugar hueco.

Y a ella, por supuesto.

No fue hasta que estuvo de vuelta en su casa, sentada a la mesa de su cocina, que percibió la profunda inquietud que se había apoderado de ella. Era distinto a las otras veces; con Tofú había estado tan segura de que las cosas serían distintas que ahora se encontraba demasiado perpleja, impresionada, confusa…

¿Acaso hice algo mal? ¿O pude haber hecho algo más? ¿No fui lo bastante amable, atenta…?

Reflexionó un buen rato, recordando todas las conversaciones, el modo en que Tofú la sonreía… y pensó también en todos los otros chicos. Lo mismo se repetía una y otra vez sin que ella entendiera que era lo que hacía mal. Empezó a sentirse triste y no le gustó. De modo que, echando la cabeza hacia atrás, se obligó a sonreír.

—Será que no estoy hecha para el amor —Entendió al fin. Logró decirlo sin la más leve nota de dolor o amargura en su voz. Pero necesitó decirlo en voz alta—. No pasa nada, no todos estamos hechos para que nos amen de esa forma —No debía caer en la resignación, sino en la aceptación—. He hecho todo lo que he podido, pero… —Los hombres no la querían de esa forma. Era tan simple como inevitable—. Está bien. Aún puedo ser feliz…

Pensó, entonces, en su familia que sí la amaba y Kasumi aprendió que no estaba en su ánimo dejarse abatir por algo que no tenía solución.

Sí, así puedo ser feliz se convenció.

Sí, ella sabía cómo. En verdad era una persona muy afortunada con la vida que llevaba y era, también, más inteligente centrar su pensamiento y sus energías en todo lo bueno que tenía a su alcance en lugar de lamentarse por lo que no.

Por eso, cuando otros hombres se acercaron mostrando ese mismo interés por ella, Kasumi cambió su proceder. Reprimió sus esperanzas y aunque fue amable y agradable como siempre, siguió su camino sin intentar complicarse. Los chicos desistían mucho más rápido y se iban, pero era mucho menos desconcertante y doloroso para ella, por lo que Kasumi se convenció de que hacía lo correcto.

Hasta que conoció a Mousse.

Desde el inicio, Kasumi sentía que la amistad de Mousse era un maravilloso regalo que la vida le había hecho sin que se lo esperara. Había conocido, al fin a alguien con quien compartir su amor por la cocina y significaba aún más para ella porque ambos tenían en común muchas cosas. Por ejemplo, ambos habían aprendido a cocinar de sus madres, atesoraban con esmero sus libros de recetas caseras y las recordaban con amor al cocinar.

Esto hacía que Mousse lograra entenderla de un modo desconocido para ella. Kasumi, en su humildad, no solía dar su opinión, se mantenía en un segundo plano y estaba acostumbrada a que todos vieran su dedicación en la cocina como algo simple únicamente destinado a alimentar a otros. Nadie entendía la importancia que tenía para ella y a menudo se burlaban si trataba de expresarlo.

Pero Mousse no, él era como ella. La comprendía, la animaba… solo con ver la enorme concentración con que su amigo estudiaba las recetas, preparaba los ingredientes o armaba los platos hacía que Kasumi supiera cuán importante era para él. Se quedaba como tonta mirando la destreza con que organizaba todo; a veces incluso se ruborizaba cuando el chico se remangaba e inclinaba su rostro sobre la tabla de cortar, entrecerrando sus ojos claros, atento a cualquier detalle.

Era como contemplar a un artista creando una obra de arte.

Y al mismo tiempo, el chico era tan generoso y amable con ella. El día en que Mousse le habló de su madre y se empeñó en prestarle su querido libro de recetas Kasumi se quedó hasta altas horas de la madrugada repasándolo con sumo cuidado, siendo consciente de la confianza que Mousse había puesto en ella. Cuando releía las notas de la madre del chico que le había dirigido expresamente a él, Kasumi sintió un nudo en la garganta y un par de lágrimas escaparon de sus ojos.

¿No era maravilloso haber encontrado a alguien con quien compartir tanto?

Antes de darse cuenta, Kasumi esperaba con verdadera emoción los días en que se encontraría con él, en que intercambiarían recetas y anécdotas de su vida. Su amistad creció rápidamente, volviéndose más y más profunda hasta el día en que Kasumi descubrió, con cierto desasosiego, que los sentimientos de Mousse por ella podían estar tomando un nuevo rumbo.

Uno peligroso que podía poner fin a esa amistad que tanto significaba para ella.

Para cuando aquello ocurrió, Mousse y ella habían adquirido tal pericia cocinando juntos que apenas necesitaban palabras para comunicarse. Después de interpretar juntos la receta y establecer las tareas, solían maniobrar en silencio y solo necesitaban de miradas y sonrisas para indicar al otro lo que precisaban en cada momento.

A Kasumi le agradaba tanto haber llegado a semejante nivel de entendimiento con alguien que no era capaz de borrar su sonrisa. Se balanceaba entre esa emoción contenida y la calma que le producía aquel silencio mágico amenizado con el suave chup chup de la olla al fuego.

Si bien era cierto que Mousse llevaba unos días algo nervioso, ella no había reparado realmente en ello. El chico tenía una torpeza natural que a veces era más evidente que otras, pero a ella le resultaba de algún modo encantadora.

Cuando el guiso estuvo en su punto, Kasumi recogió un poco y lo acercó al rostro de su amigo. Mousse se tensó ante el gesto y su semblante se ruborizó con intensidad.

—Pruébalo —Le animó ella sin dar mayor importancia a ese hecho. Mousse, tan rígido estaba, que apenas pudo hacer un leve asentimiento. Por desgracia, cuando la chica acercó aún más la mano a su boca, él se echó a temblar y acabó derramando el guiso.

—¡Ah! —Kasumi dejó escapar una exclamación cuando el guiso caliente le quemó los dedos.

Menos mal que no lo ha probado se dijo ella. No me había dado cuenta de lo caliente que estaba.

Mousse reaccionó casi saltando sobre el suelo, agitado.

—¡Oh, cuánto lo siento! ¡Lo siento, lo siento! —Le dijo una y otra vez, muy preocupado. Miró a todas partes y se precipitó a la pila en busca de un paño empapado en agua fría—. Lo siento, lo siento mucho…

—No es nada, Mousse —dijo ella, afable como siempre—. Cuando se cocina, ya se sabe…

Pero Mousse sacudía la cabeza una y otra vez. Tomó la mano de la joven y se la llevó a los ojos; después aplicó el paño con sumo cuidado a los dedos quemados arrancando un suspiro de alivio en ella. Se ruborizó de nuevo al oírla, pero no apartó los ojos de la mano.

—¡Qué desastre! —siguió lamentándose él—. Lo siento tanto…

—Está bien, Mousse. En parte fue mi culpa…

—No, no; ni hablar. Soy yo… —Un resoplido lastimero le silenció y tuvo que ajustarse las gafas a la nariz con pesar—. Soy muy torpe. Siempre es mi culpa.

Kasumi entornó los ojos. De algún modo supo que aquella idea había sido implantada en la mente de Mousse hasta el punto de que parecía creerla con todas sus fuerzas y se lamentó por haber provocado esa situación tan incómoda.

Ella era tan feliz cocinando con él, que solo ansiaba compartir ese sentimiento con él.

—No vale la pena buscar culpables cuando se produce un accidente así —Le dijo, sonriéndole con comprensión—. Eres muy amable por curarme.

Mousse, que justamente estaba vendándole los dedos afectados con unas vendas y gasas que se sacó de un bolsillo, no pudo evitar ruborizarse de nuevo ante esas palabras. Pero esta vez, una tímida sonrisa asomó en sus labios.

—Tú… siempre me curas —Le recordó.

Sí, era cierto. Kasumi se había autoimpuesto la tarea de curar a Mousse cuando este la recibía con la terrible huella de Shampoo en su piel. Al principio había sido demasiado orgulloso como para permitirlo, pero con el tiempo Mousse había dejado que ella se acercara lo suficiente y aunque la chica se horrorizaba con cada nueva herida, solía atenderle con ternura y calma para no preocuparle.

Kasumi no entendía por qué Shampoo era tan cruel con alguien tan noble como Mousse, pero sabía de los sentimientos del chico por la amazona y se dijo que no debía inmiscuirse.

—Para eso están los amigos, ¿verdad? —comentó Kasumi con sencillez.

El chico alzó la mirada y algo titiló en ella, pero rápidamente se apagó. Formó una sonrisa un poco triste y asintió con la cabeza sosteniendo aún la mano de la chica entre las suyas. Tras una leve vacilación, se inclinó y besó con suavidad los dedos heridos sobre las vendas, aun así Kasumi sintió que aquel contacto le ardió sobre la piel por un segundo.

—Por supuesto —afirmó él. Le apartó una silla para que se sentara en la mesa y añadió—. Limpiaré esto, tú descansa, ¿de acuerdo?

Kasumi asintió en silencio y retiró la mirada.

Le observó recogerlo todo en silencio y, poniendo como excusa el dolor de su mano, Kasumi se retiró antes, declinando con amabilidad el ofrecimiento que Mousse le hacía siempre de tomar un té con dulces tras terminar la receta. Aunque sí dejó que el chico la acompañara a su casa.

Fue un trayecto silencioso en el que caminaron el uno al lado del otro. Kasumi había entendido por fin la naturaleza auténtica de los sentimientos de Mousse por ella y sabía lo que tenía que hacer; aunque en esta ocasión lo sentía en el alma. Por nada del mundo quería renunciar a esa amistad, la compañía del chico era muy importante para ella pero…

Cuando se detuvieron cara a cara frente al portón, Kasumi miró a los ojos de su amigo y por su expresión desolada, supo que él se sabía descubierto. Le causó una gran impresión que él no dijera nada; le había observado perseguir hasta la locura a Shampoo proclamando su amor de una y mil maneras. Pero esa noche simplemente la miró expresando su amor sin artificios ni adornos. El corazón de Kasumi se estremeció como si acabara de nacer y todas las palabras que pensaba decirle se desvanecieron de su cabeza.

Enmudeció ante esa mirada y hasta tembló cuando él le tendió la mano para despedirse.

—Como siempre, ha sido un placer —Dijo él al estrechar su mano sana. Apretó con firmeza y la acarició con el pulgar. Kasumi entreabrió los labios pero en verdad las palabras habían huido y no salió nada.

Devolvió el apretón sintiendo cada una de las terminaciones nerviosas de su mano despertando ante ese contacto.

—Adiós —Le dijo al soltarla. Se volvió y echó andar con tranquilidad, guardando sus manos entre los pliegues de su túnica.

Kasumi parpadeó y se apretó las manos con cuidado.

—Hasta pronto —murmuró. Porque acababa de darse cuenta de que, esta vez, no podía alejarse sin más. Y aunque el pensamiento le produjo una cierta calidez, también se sintió angustiada.

No quería que las cosas siguieran el mismo curso de siempre y perder a Mousse. Quería seguir viéndole, cocinando con él, compartiendo conversaciones tras tazas humeantes de té dulce… pero, ¿y si acababa pasando como con los otros? Kasumi siempre lo estropeaba, aunque no supiera como… ¿Lo haría esta vez sin darse cuenta y el resultado final sería el mismo?

¿Qué podía hacer distinto para evitarlo?

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Kasumi se quedó mirando fijamente la cesta de mimbre que ese día había llevado consigo. La piel de su rostro se encendió al sentir un cosquilleo alojado en su estómago, así que dejó de mirarla. Seguía sobre la mesa, junto al libro de Mousse.

Ella estaba frente a la olla donde se calentaba el guiso. La superficie lisa aún no había empezado a hervir, pero debía remover con cuidado el contenido. Era importante para la elaboración que no se distrajera; mas no podía dejar de mirar su cestita cada pocos minutos.

Respiró hondo y giró el rostro para mirar a su amigo. Este fregaba en silencio unos cuencos, relajado y aparentemente satisfecho. Aunque el hinchazón en su mejilla seguía creciendo y la chica apretó los labios al verlo de nuevo.

—¿Te duele? —le preguntó, sin poder contenerse.

Mousse le respondió con una sincera sonrisa.

—Ahora ya no.

Kasumi se sintió mejor, aunque aún se reprochaba por haber pensado que el maltrato de Shampoo había terminado. Hacía semanas que no se encontraba a Mousse con marcas… algo debía haber alterado a la cruel chica para hacerle una herida semejante.

¿No habrá sido por mí? Se le ocurrió de repente y a punto estuvo de dejar caer la cuchara. Quizás se ha enterado de mi presencia aquí y eso la ha enfurecido…

Siendo así, sabía que Mousse jamás se lo diría. En todo ese tiempo nunca le había oído hablar mal de su amiga de la infancia a pesar de sus actos; al contrario él siempre le restaba importancia y lo trataba como si no fuera nada importante. Kasumi pensó que lo hacía por su amor por la amazona, más tarde entendió que lo que no quería era preocuparla a ella.

Oh, Mousse…

Por eso, si Shampoo le había pegado por su causa, él no lo diría.

Sin poder contenerse, miró la cestita una vez más. Sintió un latigazo en el vientre que la hizo estremecerse. Estaba nerviosa, expectante… Pero había tomado una decisión y la llevaría a cabo.

Porque Kasumi quería creer que esta vez las cosas no serían como siempre. Quería creer que no tenía por qué resignarse a que los acontecimientos se repitieran una y otra vez en su vida sin que ella pudiera hacer nada; porque ella sí podía hacer algo. Podía tomar el control y actuar diferente.

Y lo haría.

Porque también ella era distinta esta vez.

Kasumi había descubierto que, en el pasado, aunque se había sentido siempre halagada y feliz de las atenciones de los chicos, la única razón por la que había querido corresponderlos era porque le parecía lo correcto. Le parecía lo más lógico, nunca se preguntó realmente si ella también sentía ese amor que ansiaba recibir de ellos.

Probablemente no, no lo sentía. Quizás por Tofú sí había sentido algo parecido al amor y si no hubiese desaparecido, Kasumi habría intentado luchar más. En cambio las otras veces… lo había aceptado todo sin más. Con desencanto, pero no con verdadero dolor.

A veces nuestra mente ansía tanto experimentar el amor que nos precipitamos en buscarlo donde creemos que lo encontraremos, aunque no esté ahí de verdad.

Pero ahora… el amor sí estaba en ella.

Su corazón palpitaba como nunca cuando estaba con Mousse, era increíblemente feliz cada vez que él abría la puerta y la invitaba a entrar y cuando sus manos se rozaban Kasumi creía que su cuerpo entero ardía de amor.

Amor… Esta vez no pensaba dejarlo ir. Esta vez lo atraparía y lo haría suyo.

Kasumi soltó la cuchara y se giró totalmente para mirar a Mousse. Sus mejillas se encendieron, pero separó los labios dispuesta a hablar por fin.

—Mousse, yo…

Pero de repente Mousse se puso a tararear una curiosa melodía y ella se calló.

El tarareo se convirtió rápidamente en una entonación en toda regla y poco a poco las palabras en su idioma comenzaron a fluir como el arrullo del agua que fluye en calma en la naturaleza. Kasumi no entendía la letra, por supuesto, pero la belleza de la melodía le robó el aliento. Y fue consciente de que Mousse lo estaba haciendo sin ser consciente en realidad, imbuido en su tarea de fregar la melodía había escapado sola de su pecho. Pero debía ser importante para él, era obvio por la intensidad que reflejaba su rostro.

En un momento dado, Mousse se dio cuenta de lo que hacía y calló, más rojo que un pimiento pero Kasumi le puso una mano en el hombro.

—Es una canción preciosa —Le aseguró—. No te detengas.

Los ojos de él se agrandaron y con gran timidez la retomó, sin apartar su mirada de la chica quien le apretó el hombro, extasiada, hasta que la música se agotó por sí misma. El chico desvió la mirada, avergonzado pero ella le sonrió.

—Nunca había oído nada igual; es tan… tan…

—Es una vieja nana de mi aldea —Le explicó—. Mi madre solía cantármela cuando tenía… un día duro.

—Era muy reconfortante.

—Y es muy… especial para mí por eso. Jamás la había cantado delante de nadie —reveló. Se secó las manos para retirar el jabón y se volvió hacia la chica, nervioso—. Pero, la verdad es que… me gusta que tú la hayas oído.

—¿Ah sí?

Mousse tomó la mano de la chica que seguía en su hombro y la estrechó con cuidado.

—Porque tú también eres muy especial para mí.

Alzó la mano de ella y la besó, cerrando los ojos tras las gafas. Kasumi le observó con un resplandeciente brillo en la mirada. Se desvió un instante, de nuevo buscó la cestita, pero rápidamente regresó.

—Oh, Mousse…

—Los momentos que compartimos, Kasumi, son los más importantes para mí —continuó él—. Son los únicos en los que me siento realmente feliz. Estoy muy agradecido de que me hayas ofrecido tu amistad sincera… A pesar de que yo no soy… no soy… —Tomó aire y lo dejó ir—. No soy suficiente.

—No hables así, Mousse, no está bien —Le cortó ella con un tono más severo del que estaba acostumbrada a usar. De hecho se sentía indignada, aunque sabía que no era culpa del chico pensar así. Meneó la cabeza—. Yo me siento bendecida por tenerte en mi vida…

El joven jadeó por la impresión.

—¿Ah… sí? —Balbuceó, conmocionado—. Pero, ¿cómo es…? No sé… ¿Es posible que sea así?

—Pues claro que lo es.

Adelante se dio ánimos. La cestita parecía susurrarle desde la mesa que había llegado el momento.

—Mi vida ha cambiado tanto desde que te conozco —prosiguió Mousse, adelantándose—. Ahora es… más luminosa, ¿entiendes? Tú eres la luz de mi vida —La garganta se le trababa por lo que decía, pero era evidente que luchaba contra ello con todas sus fuerzas—. Yo no sé qué haría sin ti ahora…

Adelante, adelante…

—No hace falte que lo sepas —replicó ella. Los colores también se estaban arremolinando en torno a sus mejillas. Su corazón palpitaba con estrépito—. Porque no me iré a ningún lado; si tú quieres…

—¡Yo haré cualquier cosa por hacerte feliz!

Kasumi lo contempló anonadada para después dejar ir una ligera risa ante ese arranque de entusiasmo. La chica alzó sus manos para tomar el rostro masculino y se acercó para decir en voz muy baja.

—Estando a tu lado, cocinando, es suficiente para que mi corazón rebose alegría…

—Kasumi…

Mousse parecía tan conmovido que Kasumi se estremeció al adivinar que debía ser ella quien tomara la iniciativa. No quería que Mousse se contentara con amarla en la distancia a causa de su inseguridad, ya habían llegado muy lejos pero todavía debía ser más valiente.

Sin embargo, aún sintió algo de inquietud cuando comenzó a acercarse a él. Mousse había sufrido los devastadores rechazos de Shampoo, pero ella se las había visto con un rechazo silencioso, sin explicaciones ni razones que había hecho crecer en ella un agudo temor.

Pero… ella quería ser valiente y decidida como lo eran sus hermanas.

Así que besó a Mousse con suavidad, sin apresurarse y sintió que él se paralizaba todavía más. De modo que deslizó sus manos en una dulce caricia y movió sus labios despacio sobre los de él. Por fin, a Mousse se le escapó un suspiro y sus tímidas manos rozaron la cintura de la chica con la misma delicadeza que si se tratara de una pompa de jabón que pudiera romperse y desaparecer. Pero ella le rodeó el cuello con los brazos para darle seguridad.

El beso se deshizo con la misma suavidad y Kasumi sonrió al sentir la frente de Mousse sobre la suya, su respiración apresurada y nerviosa le hizo cosquillas en la piel.

Ahora es el momento.

—Tengo algo para ti —Le susurró.

El chico abrió los ojos, parpadeó un par de veces, aún un poco confuso y desorientado. Kasumi sintió la necesidad de decirle: No es un sueño, tal parecía el pensamiento que albergaba su mente dada su expresión.

Se separó de él y se giró hacia la mesa para coger, ahora sí, la cestita.

—¡Kasumi! ¡Te amo!

Mousse lo soltó con urgencia y la joven se ruborizó. Durante unos instantes permaneció quieta, saboreando esas palabras y sintiendo henchido su corazón. Supo que si algún otro se las hubiera dicho antes no habría experimentado la felicidad que ahora le atoraba el pecho.

La espera ha sido dura… pero ha sido cómo debía ser.

Tuvo que pasarse el dorso de la mano por los ojos para retirar las lágrimas y respirar hondo.

Con la cesta entre sus brazos se giró hacia él con una encantadora sonrisa y le mostró el contenido. Mousse se ajustó las gafas inclinando la cabeza.

—¿C-chocolate? —preguntó él.

Ella asintió.

—Es la tradición de San Valentín —Le explicó y como esperaba él no pareció conocerla—. En Japón, durante el día de San Valentín, las chicas preparan chocolates caseros para declarar su amor al chico que aman y… si él corresponde esos sentimientos, tiene que comérselo —La voz se le trabó un poco al hablar y sintió una repentina vergüenza que casi le hace bajar los ojos—. En realidad es algo que hacen las chicas de instituto... Sé que yo ya soy mayor para eso, pero me hacía ilusión.

Mousse la observó con los ojos empañados de amor.

—¿Para mí? —Necesitó asegurarse y ella asintió con la cabeza—. Es que son tan bonitos… —Ciertamente Kasumi se había empleado a fondo, no solo en su elaboración, sino también en que tuvieran una forma bonita e inscripciones especiales con chocolate blanco—. ¡Pero si esa es la tradición! —Mousse cogió un puñado de chocolates y se los llevó a la boca.

Masticó y tragó a toda velocidad, casi sin respirar, hasta que la cesta quedó vacía. Fue tan rápido que Kasumi apenas tuvo tiempo de explicarle que la tradición no dictaba que tuviese que comérselos todos de golpe en el mismo instante de recibirlos.

Aun así, fue muy divertido observar el entusiasmo con que se los comió todos.

—Espero que no te sienten mal —Dijo ella, impresionada.

—Imposible —declaró él, muy convencido—. Nada de lo que tú cocines podría sentarme mal.

Mousse le cogió la cesta de las manos y volvió a dejarla en la mesa. Se acercó y ya sin rastro de dudas, la tomó en sus brazos para estrecharla con ternura y suspiró nuevamente cuando los brazos de Kasumi rodearon su cintura. El joven cerró los ojos, extasiado, apoyando la barbilla sobre la cabeza de ella. El retumbar de su corazón era obstinado, casi ensordecedor.

Wo ai ni… —Susurró cerca de su oreja.

Por suerte Kasumi sabía a la perfección el significado de esas palabras.

—Yo también te amo.

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¡Hola a todos y a todas!

Aquí está el nuevo capítulo por fin ^^ Y casi no llego porque justo cuando lo releí para preparar el documento que iba a subir a la página me pareció que no me encaja nada y he tenido que reescribirlo casi entero. Menudo locura…

¡Pero aquí está ya! Y espero que de verdad os haya gustado.

—Al principio creo que caí en la trampa fácil de, como es habitual, considerar a Kasumi como un personaje más simple que al resto. Me pareció adecuada para Mousse por lo que todos sabemos de ella; que es buena, dulce, cariñosa… pero, ni siquiera me paré a pensar en si ella tendría una historia propia o que le habría pasado. En el manga no se muestra mucho de ella, parece un personaje que está ahí simplemente para cocinar, limpiar y poco más… Es tan guapa, tan dulce, tan simpática, el doctor Tofú estaba enajenado con ella, pero curiosamente nunca hizo ni el intento por declarársele. Y pensándolo bien… es bastante curioso. Así que me puse a pensar en ello; lo más esperable con un personaje así habría sido que hubiese tenido miles de pretendientes, miles de novios… Pero, ¿y si no fuera así? Y de ahí se me ocurrió una historia interesante para ella y creo que gracias a eso el capítulo mejoró mucho.

—Pensándolo bien… ¿Acaso Tofú y ella tenían algo en común? Y comportándose como lo hacía el doctor, que era lo único que Kasumi veía de él, ¿realmente le habría gustado? Pero creo que el punto de unión entre ella y Mousse, la cocina y los buenos sentimientos que ambos relacionan con eso, podría unirles. Y la ternura, no solo de Kasumi, sino también la que le inspira Mousse podría ser el sentimiento que da origen a todo. La ternura de la amistad que surge entre ellos y que acaba transformándose en algo mucho más profundo.

En fin, no sé… ¿Qué os parece a vosotros? A mí, pese a lo que me ha costado, me ha gustado mucho escribirlo ^^ Me da la sensación de que ambos hacen una bonita pareja.

Bueno, pues procedo a agradecer a todos vuestro apoyo infinito y vuestros geniales comentarios del capítulo anterior. El odio hacia Shampoo se ha avivado un poco, jejeje. Gracias: Benani0125, Luna Gitana, Saotomedgo, Rj45, BTaisho, Kariiim, Tear Hidden, Frida-chan, Juany Rdz, Graceurglsq, Ranma84. Me ha parecido muy interesante vuestra opinión sobre mi análisis sobre Shampoo. Hice lo que pude, pero al fin y al cabo, cada uno interpretamos a los personajes como nos parece. Ojala en el manga se hubiera profundizado un poco más en sus personalidades.

¡Bueno! Pues mañana regreso con el siguiente. ¡Ya va faltando menos!

¡Besotes para todos y todas!

EroLady—