Disclamer: Antes que nada y como siempre; los personajes y parte de la trama, así como los lugares pertenecen a la prodigiosa mente de Rumiko Takahashi, yo solo los uso para divertirme sin ánimo de lucro ^^
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Aviso: ¡Especial San Valentín! Este es un relato especial para el día de los enamorados y espero que os guste ^^ Consta de 9 capítulos y como se me ha hecho un poco largo, iré publicando uno al día a partir del día 14. ¡Disfrutar de este fic dulce y romanticón!
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#1cada15días.
Aquí inicio un nuevo y rocambolesco proyecto que me tiene muy emocionada a la par que angustiada, jajaja. Publicar una historia sobre Ranma y Akane cada quince días durante todo un año. Fanfics largos, más cortos, Oneshot o lo que surja. ¡Espero poder lograrlo y que disfrutéis de ello!
Relato 11: 10/02—24/02
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Corazones Distraídos
(Relato especial de San Valentín)
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7.
(Akane)
—Huyamos Juntos Siempre—
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El helado empezaba a derretirse.
El "especial para parejas" por San Valentín había resultado ser unas siete bolas de helados unidas entre sí por la escarcha del congelador formando un armatoste colorido con nata y chocolate derretido por encima. Todo ello se ofrecía sobre un cuenco alargado y marrón que simulaba una especie de barca en miniatura con dos diminutas cucharillas clavadas en la parte más congelada.
"Porque el amor es un viaje… para dos" rezaba el eslogan de la tienda.
Akane había puesto los ojos en blanco al leer esas palabras. ¿Era ella o no tenían ningún sentido? ¿El amor era un viaje?
¿En serio?
Porque entonces ella llevaba casi un año de travesía y sin embargo no se había movido un milímetro del punto inicial.
Las bolas de la parte de abajo ya se habían convertido en un curioso caldo que, para mayor desagrado, había adoptado un tono pardo muy poco suculento. Las de la parte de arriba aún resistían pero la debacle era inminente. La pequeña barca brillaba por la condensación del aire y empezaba a dejar un cerco sobre la mesa.
Akane resopló con el estómago cerrado.
Miró hacia su derecha y comprobó que Ranma seguía quieto, con los brazos caídos a ambos lados de su cuerpo y sin la menor intención (aparentemente) de atacar el helado. Volvió a desviar la mirada, apretando ligeramente los labios.
Cada vez se sentía más frustrada.
Cualquier otro día, esa enorme mole de helado medio derretido y medio congelado no le habría durado ni diez minutos al glotón de su prometido, pero hoy apenas había engullido, y con dificultad, un par de cucharadas antes de llevarse una mano al estómago y desistir. Akane le había mirado de soslayo, sabiendo lo que le ocurría. Estaba tan nervioso que ni comer podía.
Esa era la auténtica razón de que, cuanto más miraba como ese helado se deshacía, más frustración se adueñaba de ella. No era la intimidante visión de la montaña de helado, el extraño color que estaba adquiriendo o ese estúpido eslogan que veía escrito con enormes letras por todas partes del abarrotado local; era por él, por Ranma. Y porque llevaba ya más de media hora aguantándose las ganas de coger a su prometido de la camisa y zarandearle con todas sus fuerzas mientras le gritaba: ¡¿Quieres calmarte de una maldita vez?!
No, no, no Akane sacudió la cabeza hundiendo sus manos en su regazo. En seguida dejó de hacerlo, no quería arrugar el vestido. ¡No! Ese día mantendría la calma y no dejaría que su carácter tomara el control de sus actos.
Estaba decidida a ser paciente hasta el final.
¡Cómo si no estuviera acostumbrada a la frustración después de tanto tiempo! Aunque quizás fuera ese justamente el problema…
Volvió a mirarle de reojo. ¿Cuánto rato llevaban en silencio como un par de tontos?
¡Tengo que hacer algo! Se dijo.
Bajó los ojos por el cuerpo de su prometido y se percató de que una de sus manos reposaba sobre el banco en el que estaban sentados, muy cerca de ella.
Bien se animó.
Acercó su mano a la de él rozándola primero por el dorso. Casi al instante, Akane sintió el temblor sobre el banco cuando el chico se tensó con estrépito y ella frunció el ceño.
¿En serio? Se preguntó, molesta. Pero no iba a desistir tan pronto.
Colocó su mano sobre la de él con suavidad y lentamente comenzó a cerrar los dedos para estrecharla. Pero en el último segundo, Ranma se libró del agarre y, por alguna razón, levantó ambas manos y dio una sonora palmada en el aire que la cogió totalmente por sorpresa.
—¡Vaya! ¡Este especial es enorme, ¿eh?! —exclamó, como si acabara de fijarse en él. Con cierta rigidez volvió el rostro hacia la chica—. ¿N-no quieres un p-poco más, Akane?
Ella entornó los parpados.
—Creo que no…
—¡Es un montón de helado! —siguió diciendo él, nervioso—. ¡Pero a muy buen precio!
Siguió parloteando cosas sin sentido unos minutos más hasta que su voz se fue extinguiendo y ambos regresaron al silencio paralizante de unos minutos antes. Akane se contuvo antes de resoplar con enojo, pero se cruzó de brazos ya sin preocuparse de su vestido. Se echó hacia atrás y su espalda se reclinó contra el asiento al tiempo que giraba la cabeza hacia otro lado. Sabía que no era la postura más adecuada para una chica y casi podía oír la voz de Kasumi recordándoselo en su cabeza, pero le dio igual.
No debo agobiarle se repitió una vez más. Era lo que Akane se había estado diciendo toda la tarde para no perder los nervios, pero cada vez le resultaba más difícil hacer caso. No debo agobiarle… Ya sé cómo es.
Porque conocía a su prometido, sabía que lo más inteligente era ser paciente con él, ir poco a poco pero…
¡Vaya! ¡Esperaba que a estas alturas ya hubiese reaccionado!
Por lo visto había sido demasiado optimista.
¡Ya no sabía qué más hacer! Había sido paciente, delicada, comprensiva… Llevaba todo el día simulando no darse cuenta de que cada vez que intentaba acercarse a Ranma, este daba un bote para dejar distancia entre ellos. Y aun así ella continuaba de buen humor, como si nada pasara…
Y en San Valentín.
Pero… ¡Demonios! ¡¿No había esperado ya bastante?!
Akane se removió sobre su asiento chistando por lo bajo. Si Ranma se percató de ello, apenas movió un pelo. Akane alargó sus brazos para abrazarse; repentinamente se vio invadida de nuevo por esa sensación de rechazo tan desagradable que la obligaba a rodearse a sí misma con sus brazos para no sentirse tan expuesta.
Yo… realmente pensé que todo sería distinto una vez que reconociéramos nuestros sentimientos.
Hacía meses que la joven no podía pensar en otra cosa. Y por difícil y vergonzoso que fue, se atrevió a dar ese paso. Ignorar su orgullo, olvidar los desplantes e insultos para así abrazar lo que sentía realmente por su prometido y poder decírselo. ¡Por supuesto tuvo que lidiar con el miedo a no ser correspondida! Pero cuando todo salió bien, Akane pensó que había logrado lo más duro y que a partir de ahí todo mejoraría.
Toda la culpa es de esa chica se dijo, enfurruñada. La chica de los setos.
Hacía unos meses que Akane, por casualidad, había visto a una chica en su instituto que llevaba a un chico a través de los setos altos que había en la parte trasera del edificio. No la conocía, ni siquiera de vista, aunque llevaba el uniforme del Furinkan.
Akane estaba, simplemente, llevando el equipamiento deportivo que habían usado en la clase de gimnasia de vuelta a los almacenes que había en esa zona. Escuchó un ruido extraño y, alerta, decidió descubrir qué era.
Se adentró entre los arbustos y, ocultos tras un enorme árbol, se topó con la pareja en actitud cariñosa. Al principio era cariñosa. Refugiados por el grueso tronco del árbol, los jóvenes se miraban profundamente a los ojos mientras intercambiaban susurros. De vez en cuando el chico apartaba algún mechón rebelde del rostro de ella, o la chica le acariciaba la cara como si nada en juguetones toques. Akane sabía que lo correcto era que se fuera; a fin de cuentas ella nunca había sentido un particular interés por ser testigo de actitudes románticas de ese tipo.
¿Para qué? Se preguntó en ese momento.
Ni ella iba a ser receptora de tales gestos, ni estaba dispuesta a proporcionarlos. Siempre había sentido una extraña vergüenza ajena cuando veía esas muestras de amor en público y le picaba el cuerpo de incomodidad de tan solo pensar en participar en ellas alguna vez.
Pero entonces, el chico se inclinó y besó a la chica.
Fue un beso ligero, breve; como el que depositas sobre la mejilla de un familiar al que hace tiempo que no ves o al menos eso le pareció a ella.
No sé por qué arman tanto escándalo por algo así pensó. Sus amigas de clase siempre andaban suspirando por recibir su primer beso. Ahora que lo había visto, Akane no pensó que fuera la gran cosa.
Aunque la chica desconocida se ruborizó entera. Y con un adorable halo de timidez, deslizó su mano desde el hombro del chico hasta su pecho, acariciándole. El chico entrecerró sus ojos en una mirada intensa, cargada de emoción.
Vaya… Eso sí que la llamó la atención. Había visto a actores en películas simular con mayor o menor acierto esa mirada, pero Akane no recordaba haberla visto en alguien real.
El joven se inclinó de nuevo y besó con suavidad la frente de la chica. Ella suspiró, enternecida. Él respiró profundo, como si se deleitara con el aroma de su compañera y movió los labios para besar su sien derecha, y después la izquierda. Bajó para besar la punta de su nariz y después su mejilla, donde se detuvo unos instantes. La chica cerró los ojos, con una sonrisa resplandeciente. Se aferró a los antebrazos del chico como si no confiara en sus piernas y tembló cuando el chico la besó en la comisura izquierda de su boca.
Akane parpadeó, súbitamente nerviosa. De pronto el corazón le palpitaba a toda marcha y no sabía por qué. No lograba apartar los ojos de la pareja, algo cálido había nacido en su pecho y le estaba robando el aliento.
La sonrisa de esa chica, el modo suave en que el chico recorría el rostro de ella con sus labios, besándola con tanta devoción… La impresionó sobremanera. Parecían tan… felices.
Akane se llevó una mano al pecho y retiró la mirada cuando el joven se puso a acariciar los cabellos de la chica.
Mientras Akane se alejaba de vuelta a su clase no pudo quitarse de la cabeza lo que había visto. Esos dos parecían tan felices solo por el hecho de estar uno en los brazos del otro; por estar juntos y poder demostrarse su amor.
Amor… se dijo, sorprendida y llevándose un dedo a la barbilla. Eso es… ¿el verdadero amor?
Tenía sentido que el amor fuera algo sencillo como disfrutar de la cercanía de la persona que amas, ¿verdad? Tenía que ser así; algo delicado, divertido, que te hiciera sonreír y suspirar. Ella ya sabía, aunque su familia tratara de convencerla de lo contrario, que el amor nada tenía que ver con matrimonios pactados o convivencias forzosas con un desconocido.
Y quizás… solo quizás, tampoco tenía que ver con competir con escandalosas prometidas salidas de la nada, con preparar platos deliciosos o retener los sentimientos dentro hasta casi reventar de impaciencia a la espera de que la otra persona se decida a dar un paso adelante.
Akane se dio cuenta entonces; ella no tenía amor.
Tenía un prometido, pero… nada más. Y aunque eso era algo que su cabeza ya sabía, simultáneamente no pudo evitar sentir como algo helado se extendía por su pecho. Todo lo contrario a lo que había sentido observando a esa pareja. Fue una revelación tan imprevista, tan inesperada que se vio desolada. Tanto así que, cuando por fin retornó a su clase, estuvo a punto de morir.
Abrió la puerta y entró sin percatarse del jaleo que reinaba dentro. Avanzó sin mirar en ninguna dirección, encaminándose hacia su asiento por pura inercia, cuando un desgarrador grito logró penetrar en el embotamiento que se había adueñado de su mente.
—¡Akane, cuidado!
Una de sus amigas gritó, no llegó a saber cuál. Alzó la mirada y vio precipitarse sobre ella uno de los pupitres de la clase. Pudo haberlo esquivado, de no haber estado tan ensimismada en su tristeza. Por suerte, alguien acudió como un rayo para interponerse en la trayectoria del letal mueble y la salvó de un golpe de lo más aparatoso.
Akane se sintió atrapada en un abrazo firme y oyó, directamente en sus oídos, un chillido ahogado de dolor. Cerró los ojos por impulso y oyó el estruendo del mueble golpear el cuerpo y después caer al suelo. La chica miró y se encontró con su prometido sobre ella, escudo protector, tembloroso y a punto de venirse abajo. Su espalda había recibido de lleno el impacto.
—¡Ranma! —exclamo asustada. El chico gruñó y sus piernas se tambalearon. Ella le rodeó con sus brazos para sostenerle y se temió lo peor cuando él dejó caer casi todo su peso sobre ella—. No… ¿estás bien?
—Ah… —No fue capaz de decir más. Su cabeza cayó sobre el hombro de la chica y Akane sintió su respiración sofocada—. ¿P-por qué… s-siempre andas p-por medio?
La chica frunció el ceño.
—¡¿Quién te pidió que…?! —Pero calló. ¡Por los cielos japoneses, ¿qué hacía?! ¿Iba a regañarle por haberla librado de semejante golpe? Meneó la cabeza—. Lo siento… ¿qué es lo que ha pasado?
—El idiota de Kuno, como siempre —comentó Ukyo que también se acercó a ellos con cara de preocupación. Akane echó un vistazo por encima del hombro del chico pero no había rastro del otro. Kuno había desaparecido. Ukyo extendió los brazos hacia ellos—. ¡Oh, Ran-chan! ¡Vaya golpe más tonto!
¿Tonto? Pensó Akane, fastidiada.
—¡Deja que te ayude!
—No hace falta —replicó Akane lanzándole una mirada para que retrocediera—. Está bien. Yo puedo…
—¡Yo soy más fuerte que tú! —Le espetó la cocinera. Tocó con una mano la cabeza de Ranma, que aún no se había movido, haciendo un mohín—. Ran-chan, ven conmigo. Te llevaré a la enfermería…
—Te estoy diciendo que yo… —En ese momento, Ranma evocó las pocas fuerzas que le quedaban para levantar un brazo y pasarlo por los hombros de Akane. Al intentar enderezarse hubo un cortísimo instante en que su mejilla rozó la de Akane y su aliento le acarició la nariz. El corazón de la chica se aceleró y algo cálido aleteo en su pecho; se le vino a la mente la imagen de los chicos ocultos entre los setos.
—Ayúdame —murmuró Ranma, con dificultad. Debía dolerle mucho para pedirle algo así; desde luego su rostro estaba pálido y ligeramente cubierto de sudor—. No puedo… yo solo…
Akane asintió a toda prisa y le agarró con cuidado de la cintura.
—Pero… —Ukyo se adelantó un paso, pero Akane afianzó su agarre del chico y la encaró con seguridad.
—¿Nos abres la puerta, por favor?
La cocinera apretó los dientes pero no le quedó otra que obedecer.
Akane salió del aula y enfiló el camino hacia la enfermería del instituto muy despacio y con cuidado, prácticamente cargando sobre ella todo el peso de su prometido. Mientras avanzaban, era consciente del modo en que él se contenía para no quejarse y de cómo temblaba su cuerpo cada vez que plantaba el pie para dar un nuevo paso.
Lo cierto es que ella sintió miedo. Las lesiones en la espalda podían ser muy peligrosas. ¿Y si se había dañado una vértebra o algo peor? Intentó no pensar en ello y recordarse que Ranma era la persona más fuerte que conocía, pero aun así la angustia debió dibujarse en su cara porque en un momento dado, cuando sus miradas se cruzaron, el chico forzó una sonrisa solo para tranquilizarla.
Akane deseó abrazarle con fuerza en ese momento pero solo le habría hecho más daño.
Tonto pensó, presa de un desbordante cariño hacia él.
Por suerte a Ranma no le pasó nada grave. Tuvo que guardar reposo un par de días, pero su espalda se recuperó totalmente y en cuanto volvió al instituto, fue a la caza de Kuno para vengarse. Su prometida se alegró de verle recuperado y de que todo volviera a la normalidad; sin embargo, ya no pudo quitarse de encima la sensación de que algo había cambiado dentro de ella.
Si bien hasta ese día, Akane había sido más o menos consciente de que Ranma le gustaba, fue entonces cuando se hizo consciente de que sus sentimientos iban mucho más allá. Le dio miedo admitirlo ante sí misma, pero la única verdad era que estaba enamorada de ese bobo, testarudo y atolondrado chico.
No solo se moría de miedo cada vez que le herían o el corazón parecía que fuera a estallarle cuando él acudía en su ayuda para librarla de hasta el más mínimo peligro. Desde ese día, no sabía si debido a lo que había visto entre los árboles, Akane empezó a percibir cambios muy intensos en su cuerpo cuando Ranma andaba cerca de ella. Las ocasiones en que ambos se tocaban eran, más bien escasas, pero tremendamente significativas. Y en los, aún más escasos momentos en que podían estar juntos sin discutir, simplemente pasando tiempo de forma agradable y relajada, descubrió que eran los más felices para ella.
Sí, estar al lado de Ranma la hacía feliz. Y también le echaba de menos cuando no estaba con ella.
Descubrir todo esto le permitió disfrutar más esos momentos, pero también se volvió fuente de una acuciante frustración que aumentaba cada día que pasaba.
Era cierto que ella nunca fue una de esas jovencitas soñadoras que suspiran por el romance, los besos o las caricias. Alguna vez, incluso, se había sentido un bicho raro por no sentir más curiosidad por ese tipo de cosas pero… desde que vio a esa pareja entre los árboles, no pensaba en otra cosa.
Y ahora que estaba enamorada, era lógico que ansiara experimentar esas cosas ¿no? Quizás era vergonzoso o ridículo, pero tenía que ser sincera consigo misma; quería que Ranma la abrazara, que la tocara, que la besara… y que la mirara como si fuera lo que más deseara en el mundo. Esos pensamientos hacían que su rostro se encendiera durante horas, pero cada vez eran más reales en su mente. Su deseo se iba haciendo más firme, tanto así que a veces sentía un cosquilleo que la torturaba todo el cuerpo y no lograba alivio de ningún modo.
Empezó a inventarse excusas absurdas para probar acercamientos con su prometido pero casi siempre fracasaba; no era de mucha ayuda que Ranma fuera el chico más tímido e inseguro de todo Japón. Pero si alguna vez sí lograba salirse con la suya, aunque fuera un contacto de solo unos instantes, Akane sentía que su cuerpo ronroneaba de satisfacción y el cosquilleo tormentoso se apaciguaba. Una felicidad tan intensa la embargaba que temía que sus sentimientos se le escaparan sin su permiso y quedaran al descubierto de todos.
Y fue justamente por eso fue que Akane decidió dar el paso y ser sincera.
Fue una decisión motivada más por la desesperación y la necesidad que por otra cosa pero, ¿cómo podía seguir resistiéndose? Vivía veinticuatro horas al día junto al chico al que amaba y no podía tocarle… ¡Acabaría por volverse loca! Su deseo por estar cerca de él era cada vez más insoportable.
Y aunque todo salió bien y Ranma, dudoso, vacilante, histérico y más rojo que un tomate, declaró corresponder sus sentimientos… Las cosas no cambiaron tanto entre ellos como a ella le habría gustado.
Ranma estaba constantemente nervioso. Y eso Akane podía comprenderlo, a ella también le pasaba. Y sabía que el chico cargaba con el hándicap de no ser muy diestro en las relaciones sociales debido a su peculiar crianza. ¡Lo sabía, lo sabía, lo sabía! Pero…
¿Acaso él no siente la misma necesidad que yo de estar conmigo? ¿No desea que nuestra intimidad crezca?
Con el pasar de los días, la ansiedad de Akane crecía aunque ella disimulaba. Tristemente recordaba la escena de los chicos entre los árboles y empezó a parecerle algo irreal para ella, fuera de su alcance a pesar de todo lo conseguido. Como una especie de sueño demasiado bello para que ella pudiera aspirar a él.
Como último recurso, solo se le ocurrió que Ranma podría sentirse más seguro lejos del dojo y de todas las personas que constantemente se entrometían en su relación. Por eso justamente le insistió en tener una cita en San Valentín lejos de allí, incluso pensó que si quedaban en otro lugar, como haría cualquier otra pareja, él tomaría conciencia de que, de hecho, podían ser como cualquier otra pareja.
Pero nada estaba saliendo según lo planeado.
Akane era muy testaruda pero… su ánimo estaba por los suelos y la idea de rendirse y volver a lo de antes comenzaba a planear entre sus pensamientos. Ella quería seguir luchando por sus sentimientos pero… ¿y si acababa descubriendo que no valía la pena?
Volvió a mirar a su prometido, sentado a su lado. Sus hombros estaban hundidos y tenía cierta expresión compungida. Ella sabía que Ranma era sincero y que también a él le dolía no ser más demostrativo, pero ya no sabía que más hacer.
Suspiró.
Venga, una última vez se dijo.
Acercó su cuerpo al de él y apoyó la cabeza en su hombro. Inmediatamente Ranma se tensó, como era esperable; incluso sintió que sus manos se movían en un espasmo y que tragaba con dificultad.
¿De verdad tiene que ser así? Se preguntó ella, cerrando un momento los párpados. Si nos queremos… no debería ser tan difícil.
Se sintió un poco triste, pero entonces el cuerpo del chico se relajó, cediendo sobre el asiento. Y su cabeza se acomodó con suavidad sobre la de ella. Esperó unos segundos y sorprendida, Akane sintió que ahora era Ranma quien buscada su mano para acariciarla. El corazón se le aceleró y sonrió.
Ahora… se dijo.
Irguió la cabeza para mirarle y se encontró con que el rostro, ruborizado de él también la miraba. Akane alzó el suyo a tan poco distancia que sus narices se rozaron y sintió un estremecimiento que la recorrió de arriba abajo. Por fin, Ranma parecía dispuesto a no huir más, estaba segura. Así, envalentonada, ladeó el rostro decidida a besarle pero…
—Ejem, disculpen —Un camarero con mala cara apareció ante ellos de repente. Los chicos, nerviosos se apartaron el uno del otro—. Me gustaría pedirles que dejaran la mesa libre… es para poder limpiar este estropicio —Señaló el helado que, convertido ahora sí en un grumoso caldo marrón, había rebasado la barca en miniatura y había ensuciado toda la mesa.
Akane se encogió, avergonzada.
—Lo siento mucho —Agarró su abrigo y el bolso con una mano y la manga de Ranma con la otra—. ¡Perdón! —Tiró del chico para que se levantara y, avergonzados abandonaron el local.
El camarero no dejó de mirarles mal hasta que salieron.
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Akane no sabía si era por la reprimenda del camarero o por todo lo demás, pero salió presurosa a la calle y agradeció enormemente la brisa fría que la recibió. Tenía las mejillas ardiendo y el deseo aun hirviendo en su vientre.
Ranma salió antes que ella y le dio la espalda unos segundos; ella notó que el chico respiraba profundamente. Cuando se volvió su rostro estaba encendido también.
—Akane… yo… lo del helado…
No, no se dijo ella.
No podía dejar pasar la oportunidad ahora que había estado tan cerca. Se acercó a él hasta que estuvieron pegados y le pasó un brazo por el cuello, posando su otra mano en su mejilla. Ranma se quedó paralizado.
—Ah… ¿Akane?
Ella sacudió la cabeza.
Concentró su mirada en los labios del chico y se acercó a su rostro sin mostrar dudas. Entrecerró los ojos y…
—Akane, no —Las manos de Ranma la cogieron por la cintura y ella echó la cabeza hacia atrás, decepcionada. ¿No? Escrutó el rostro repentinamente serio del chico y sintió que el mundo se le hundía bajo los pies. ¿La estaba rechazando?
Entonces, un silbido cortó el aire y los brazos de Ranma la levantaron.
—¡Cuidado! —Dijo él al tiempo que daba un salto.
Akane chilló por la impresión y se agarró a él como pudo. Sintió el vértigo en su estómago y cuando volvió a abrir los ojos, ambos estaban saltando de coche en coche, alejándose a toda velocidad de la heladería.
¡¿Qué pasa?! Se preguntó, desorientada.
Y la vio. Por encima del hombro de Ranma y a muy corta distancia, Shampoo les perseguía lanzando sus bomboris intentando derribarlos.
—¡¿Shampoo?! —gritó, totalmente confusa—. ¡Pero, ¿qué hace esa loca aquí?!
Ranma saltó aún más alto, pero maldijo por lo bajo cuando tuvo que aterrizar a muy pocos metros. No iban todo lo deprisa que su prometido podía correr y la amazona les daría alcance rápidamente si no conseguían dejar entre ellos mayor distancia.
Es mi culpa pensó Akane.
Ranma la sujetaba por la cintura en una postura demasiado incómoda y sus piernas daban con las de él en cada salto, por eso él no podía moverse con toda su agilidad. La había agarrado tan deprisa para evitar que Shampoo le estampara una de sus armas en la cabeza que no había podido cogerla correctamente.
¡Maldita Shampoo, siempre por medio!
Akane trató, como pudo, de estirarse y trepar por el torso de su prometido. Alcanzó sus hombros y enganchó sus brazos a ellos para después hacer lo mismo con sus piernas a la altura de la cadera de él. Ciertamente, la posición era de lo más vergonzosa (más aun llevando un vestido) pero el efecto fue inmediato; Ranma se vio más libre y pudo aumentar su velocidad.
—¡No te sueltes! —Le indicó él.
—¡No tenía pensando hacerlo!
Akane echó un vistazo y comprobó, aliviada, que la amazona empezaba a quedarse atrás.
—¡La perdemos!
Ranma dio un salto aún más alto y alcanzó el techo de un edificio. Solo se paró unos pocos segundos pero con un magistral y certero movimiento de brazos, giró el cuerpo de la chica para tomarla en volandas. Akane chilló por la sorpresa, otra vez y le echó los brazos al cuello.
Le fulminó con la mirada justo cuando él suspiraba.
—¡¿Cómo se te ocurre…?!
Un nuevo bombori se estampó a sus pies, con tal fuerza que quedó incrustado en la piedra. Ranma no perdió ni medio segundo en mirar atrás; dio un nuevo salto y retomó la huida en una dirección distinta.
Akane se apretó contra él y asomó los ojos por su hombro. Shampoo se había acercado tanto que podía ver con claridad la expresión enloquecida de su semblante y no pudo evitar un escalofrío; parecía totalmente desquiciada.
¿Qué le ocurre? Se preguntó entonces. Shampoo siempre aparecía como salida de la nada para molestar, pero no se mostraba tan violenta a no ser que se la provocara.
—¡Akane Tendo, morir! —Chilló la amazona fuera de sí. Pero, ¿qué pretende? Pensó con fastidio. ¿Se cree que a estas alturas sus amenazas aún me asustan?—. ¡Tú, meterte en mi cita con Airen!
—¿Qué?
Ranma se desestabilizó en pleno vuelo y tuvo que apoyarse sobre una farola y hacer todo tipo de equilibrios para no caer. Ambos suspiraron aliviados cuando logró erguirse sobre una pierna.
—¡Airen prometer cita romántica a Shampoo!
Ranma sacudió la cabeza y saltó de nuevo.
—¡¿De qué está hablando, Ranma?!
—¡Te juro que no lo sé! —dijo el chico.
—¡Nosotros quedar en heladería para tomar especial de parejas! —insistió Shampoo. Akane entrecerró los ojos mirando al chico. Un bombori les pasó por encima de la cabeza, peligrosamente cerca.
—¡Que no! ¡Que yo no le he dicho nada! —Trató de excusarse él.
—¡Akane, tú morir por meterte en mi cita con mi Airen!
Ranma volvió a saltar, mucho más alto, con los ojos clavados en la altísima cornisa de un edificio. Sus brazos apretaron el cuerpo menudo de su prometida contra el suyo y Akane se echó a temblar.
Justo cuando los pies del chico rozaron suelo de nuevo, este se agachó, como encogiéndose sobre ella y Akane sintió que los labios de Ranma se apretaban contra su cuello.
—No sé de qué está hablando, pero no voy a dejar que te haga nada —Le soltó de carrerilla. Akane jadeó sin querer porque los labios ajenos ardieron sobre su piel cortándole la respiración.
Ranma se irguió con ella en brazos y echó a correr por la superficie de la azotea, llegó al borde y volvió a saltar. Volaron formando un amplio arco sobre una avenida atestada de coches y viandantes; algunos de ellos los miraron, incluso los señalaron impresionados. Y por supuesto tuvieron que ponerse a cubierto cuando la peligrosa amazona les siguió sin dejar de lanzar sus armas.
Pero para ese entonces, Akane se olvidó de la persecución, de Shampoo y sus amenazas terribles de muerte contra ella y de todo cuanto la rodeaba. Estaba en shock.
Quizás no era el momento más adecuado para el tipo de elucubraciones que poblaron su pensamiento pero no pudo evitar que así fuera. Porque era ahora, justo en ese momento, que podía sentir real y absolutamente la cercanía de su prometido. Y no se trataba solo de una cercanía física porque no podían estar más juntos; sino de algo mucho más importante.
Su cita romántica se había estropeado, era un hecho. Una vez más por culpa de una de las perturbadas prometidas de Ranma ante cuyo salvaje ataque, no les había quedado más remedio que huir. Huir juntos. Y es que Ranma no había dudado un instante; la había cogido en brazos y había salido corriendo.
¿Podría haber negado que aquello fuera una cita y razonar con Shampoo?
¿Podría haber intentado apaciguar a la amazona prometiéndole una cita otro día?
De hecho, esas eran opciones que Ranma ya había agotado en el pasado. Pero ahora no; porque ahora era distinto. Y lo era para él también, y así lo demostraba. Akane se sintió una tonta por haber olvidado que su prometido era un chico peculiar, como peculiares eran las maneras en que demostraba sus sentimientos.
Pero eso no significaba que le importara menos. Ahora mismo… ¿No la estaba abrazando, apretando contra él con todas sus fuerzas? ¿No pensaba en ella, en salvarla a toda costa, más que en cualquier otra cosa?
Ranma y ella aterrizaron en una nueva azotea pero un certero bombori (el primero que daba en el blanco) impactó contra una de las piernas del chico. Trastabilló soportando el dolor pero perdió el equilibrio y se precipitó al suelo; en el último momento, Ranma giró sobre sí mismo y fue su espalda la que impactó contra la roca. Akane quedó tendida encima de él, con el enorme cielo sobre sus ojos.
—¡Ranma! ¿Estás bien?
No tuvo tiempo ni de moverse, pues un nuevo proyectil fue lanzado contra ellos y Ranma la agarró por la espalda para girar con ella, esquivándolo en el último minuto.
Akane quedó atrapada bajo el peso del chico. Cuando Ranma alzó el rostro sobre el de ella estaba contraído por el dolor.
—¿Te has hecho daño? —le preguntó él, a pesar de que la había protegido de hasta el más mínimo roce. Akane abrió la boca para quejarse pero se quedó sin voz al darse cuenta del modo en que él la miraba.
No era la misma mirada de devoción y embelesamiento que había visto en el chico de los arbustos, sino algo mucho más intenso, más profundo; la contemplaba preocupado, sí, pero también como si ella fuera el ser más importante del universo.
Perpleja, solo atinó a negar con la cabeza.
A lo lejos oyeron nuevos gritos que se acercaban y Ranma resopló.
—¿Es que no va a cansarse nunca?
Cogió a Akane de nuevo, con increíble agilidad, y emprendió la marcha una vez más.
Ella se aferró a él, con el corazón palpitante y ocultó el rostro en su hombro. Tenía ganas de llorar, aunque no se sentía triste.
—¡Tenemos que encontrar un sitio donde escondernos! —dijo él.
Cambió de dirección, alejándose de los edificios y husmeó por todas partes hasta dar con un parque. Se dirigió hacia allí y se hundió en una pequeña arboleda. Consiguió aterrizar en la rama de un árbol, dejó a Akane sobre ella y ambos se ocultaron entre las hojas, en silencio, pegados el uno al otro. Akane apoyó la cabeza en el pecho de él y sintió lo rápidos que eran sus latidos.
Los brazos de Ranma la rodearon, apretándola contra el tronco. Aguantaron la respiración hasta que vieron a Shampoo pasar de largo como una exhalación. Se alejó maldiciendo en chino, pero sin mirar atrás.
Entonces, los dos suspiraron y se miraron.
—Menos mal… —murmuró ella. Pudo sonreír un poco, pero Ranma siguió muy serio.
—De verdad que no sé por qué se ha puesto así —Le dijo a toda prisa—. Yo no le dije nada. Ni mucho menos quedé con ella para una cita hoy. ¡Hace semanas que ni la veo! —Agobiado, se inclinó sobre ella para mirarla fijamente—. No tengo ni idea de cómo nos ha encontrado.
—Está bien, no pasa nada… —Se encogió de hombros—. Así son las cosas.
—¡Pero…!
—Está bien…
No era la situación ideal pero Akane cayó en la cuenta de que, repentinamente, estaban en una posición muy similar en la que ella había sorprendido a esos chicos desconocidos en el instituto y que, de algún modo, eso había sido lo que lo había propiciado todo.
Los dos tan juntos, escondidos del resto mundo por los árboles. Se ruborizó al pensarlo. Deslizó la mano desde el hombro de Ranma hasta su pecho, como había hecho la chica pero, por supuesto, no suscitó la misma reacción en él que en ese otro chico.
Claro, porque Ranma no era ese chico.
No, es mucho mejor pensó ella dibujando una sonrisa. Es mi prometido. El chico al que más quiero… y el único dispuesto a recibir tal cantidad de golpes por mí.
No pudo contenerse más. No importaba si él retrocedía o huía presa de su pánico, ella necesitaba expresarle su amor, su gratitud; todo lo que sentía por él.
Akane se hincó sobre sus pies y depositó un tierno beso sobre sus labios que, tan esperado había sido que pareció durar una eternidad, aunque en realidad fueron unos pocos segundos. Satisfecha, se separó para observarle pero Ranma movió su cuerpo hacia ella y no la dejó alejarse.
Acercó su rostro y después vaciló. Su nariz se frotó con la de Akane, incluso entreabrió los labios como si deseara decir algo pero todas sus acciones quedaron incompletas y él se vio, indudablemente, frustrado ante su falta de recursos.
—Akane… —Fue un susurro rasgado, casi como suplicando ayuda. La chica le miró enternecida y se adelantó para besarle de nuevo.
Le echó los brazos al cuello al tiempo que él la rodeaba por la cintura, apretándola contra la madera. Por fin Ranma respondió; poco a poco, con dudas y torpeza (por supuesto) pero, como también era habitual en él, su confianza en sí mismo creció rápidamente volviéndole más osado.
Ahora sí Akane dejó salir sus sentimientos sin miedo, ya no había razón para reprimirlos… nunca más.
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¡Hola a todos y a todas!
¿Cómo vais? ¡Capítulo 7 arriba! Por fin, la parte de Akane. Sé que muchos lo esperabais, más después de cómo quedó el capítulo de Shampoo; espero que os haya gustado ^^ Quizás ha sido más movido y accidentado de lo que esperabais pero… ¿Cómo sería una cita entre estos dos en la que no hubiera ningún problema? Jajaja.
—Con este capítulo me pasó algo raro. Obviamente, a estas alturas, me resulta mucho más fácil escribir desde la perspectiva de Akane o Ranma que de cualquier otro; sin embargo, he escrito ya tanto sobre ellos que a veces tengo la sensación de que me repito. Especialmente cuando intento ahondar en lo que sienten. Con Akane me pasa que a menudo se me viene esa idea de que para ella debe ser muy frustrante no tener más acercamiento físico, emocional o de cualquier tipo con el chico al que ama, precisamente por vivir juntos. Y creo que es algo que ya he tocado en otros fics. Aquí quería ir un poco más allá y no centrarme tanto en la frustración, sino en el deseo que hay detrás. En cómo pudo haber nacido ese deseo o esa curiosidad por experimentar todo lo que implica una relación romántica. Nunca he visto a Akane como la típica chica fantasiosa, soñadora que se muere por vivir un romance… Con Ranma al menos no es así en el manga, por mucho que le quiera, no me da esa sensación. Y cuando estaba tan enamorada de Tofú, pues tampoco parecía que tuviera esos impulsos… En mi mente la veo más como una persona que no ha llegado a preocuparse nunca por esas cosas, vergonzosa o que tiene una idea equivocada de lo que significa esa intimidad. Como que necesitaba verlo con sus ojos para empezar a pensar en ello… ¡No sé, me pongo a darle vueltas a la cabeza y me aturullo! Jajaja.
—Finalmente no quería retratar una cita perfecta, donde todo fuera bien y Ranma, mágicamente, se convirtiera en un chico romántico y maravilloso como el que Akane vio, solo para que ella se quedara satisfecha al final. El punto estaba en que Akane se diera cuenta de que todas las relaciones son distintas y de que la suya con Ranma es como es (con problemas, huidas, prometidas locas) y se reafirmara en que, a pesar de todo, quiere a Ranma y eso es suficiente para soportar lo demás (o no, pero eso ya es cosa suya). Por eso, precisamente no incluí mucho dialogo entre ellos, que quería que todo fueran gestos que ella viera y eso la convenciera. Al final lo que cuenta es lo que tú misma pienses, no sirve de nada que tomes una decisión porque otro te haya convencido por medio de palabras.
Bueno, pues… qué poquito queda ya para finalizar esta historia, ¿no? Jajaja. ¿Tenéis ya vuestra pareja favorita?
Me ha hecho mucho ilusión que el ship MousseXKasumi os haya gustado tanto; era la pareja más "romanticona" de las que me había propuesto y no sabía qué tal caería. Sé que es raro; yo no he leído ningún fic donde se dé esta pareja… Mousse siempre va tras Shampoo y Kasumi parece destinada a casarse con Tofú (aunque no sé por qué) o cosas más extrañas. Pero bueno, he aquí algo distinto ^^
Muchas gracias por todos vuestros comentarios y vuestro apoyo. Me encanta leeros a todos, me hace muy feliz cuando me escribís diciéndome que mis ideas locas os resultan coherentes, pero también me gusta leer si pensáis distinto o tenéis una opinión diferente porque considero que también es interesante ver otros puntos de vista. Todo este apoyo significa mucho para mí y solo espero que esta historia os siga gustando en los poquitos capítulos que nos quedan por delante.
Gracias y besotes para: Zaneziana, Luna Gitana, Vanesa112, Ivarodsan, Frida-chan, Rj45, Kariiim, Graceurglsq, 1Andrea11, Tear Hidden, Ranma84, Benani0125, BTaisho, Saotomedgo, Juany Rdz,
Y mañana nos vemos con el penúltimo capítulo ^^
¡Besotes para todos y todas!
—EroLady—
