Disclamer: Antes que nada y como siempre; los personajes y parte de la trama, así como los lugares pertenecen a la prodigiosa mente de Rumiko Takahashi, yo solo los uso para divertirme sin ánimo de lucro ^^

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Aviso: ¡Especial San Valentín! Este es un relato especial para el día de los enamorados y espero que os guste ^^ Consta de 9 capítulos y como se me ha hecho un poco largo, iré publicando uno al día a partir del día 14. ¡Disfrutar de este fic dulce y romanticón!

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#1cada15días.

Aquí inicio un nuevo y rocambolesco proyecto que me tiene muy emocionada a la par que angustiada, jajaja. Publicar una historia sobre Ranma y Akane cada quince días durante todo un año. Fanfics largos, más cortos, Oneshot o lo que surja. ¡Espero poder lograrlo y que disfrutéis de ello!

Relato 11: 10/02—24/02

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Corazones Distraídos

(Relato especial de San Valentín)

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8.

(Ukyo)

—Siento Su Ausencia—

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El día de San Valentín estaba por terminar y… había sido un fiasco.

Con los festivos, nunca se sabe rezongó Ukyo soltando un bostezo interminable, con medio cuerpo apoyado sobre la plancha. Estaba fría. Apenas la había usado en todo el día porque casi nadie había entrado en busca de comida.

Al parecer, la mayoría de parejas enamoradas habrían elegido los elegantes y caros restaurantes del centro de Nerima para sus encuentros románticos.

¿Acaso los okonomiyakis no son románticos? Se preguntó, chasqueando la lengua con altanería al tiempo que hacía girar su pequeña espátula en la mano. A su alrededor solo había silencio y acabó dejando ir un suspiro.

Había pasado las últimas semanas perfeccionando su técnica para cocinarlos con forma de corazón. ¡Le pareció una idea maravillosa cuando se le ocurrió! Creyó que a la gente le encantaría (perfecto para las parejas) y que se pasaría el día entero preparándolos sin parar. Auguraba que ese día de San Valentín ganaría mucho dinero pero…

¡Qué desastre! Pensó dejándose caer sobre sus brazos. Apretó los párpados y miró, tristemente, hacia la puerta. ¿Qué ha ido mal?

Últimamente, Ukyo se percataba con más frecuencia de la habitual, de que las cosas que en su mente parecían seguras, en la realidad no solían ser así. A ella podía parecerle lo más lógico, lo más esperable… Pero luego, de algún modo imprevisible, todo se daba la vuelta y el resultado era el contrario. Le estaba pasando, no solo con respecto a su negocio, sino en otros aspectos de su vida y eso… empezaba a preocuparla.

¿Por qué ha salido tan mal?

Ella lo había hecho todo bien. Tenía los ingredientes preparados y se había molestado en coserse un precioso delantal rojo para la ocasión. Era verdad que no había perdido el tiempo decorando el restaurante con temática de San Valentín (le parecía muy hortera), pero lo del delantal le pareció un simpático guiño a la fiesta.

Se había pasado todo el día allí metida, detrás la plancha, dispuesta a atender a cualquiera que se dignara a entrar.

Pero nada de nada.

Faltaba apenas media hora para el cierre y ya no pudo soportarlo más. Se arrancó el estúpido delantal, lo hizo una bola y lo metió con furia en el cubo de basura que tenía junto a la plancha.

Estúpido día de San Valentín pensó, cruzándose de brazos.

Había sido decisión suya permanecer allí todo el día porque Ukyo era una persona muy responsable. ¡Ni se le habría pasado por la cabeza cerrar su negocio durante todo un día solo por esa tonta fiesta! No, ella debía estar al pie del cañón, ofrecer su servicio, ser una buena cocinera. Y no, no tenía nada que ver el hecho de que tampoco tuviera otro plan.

Porque, de hecho, no… no lo tenía.

Sus brazos cayeron de nuevo. Entornó los ojos y acercó su silla a la plancha para tomar asiento. De soslayo, estos se deslizaron hacia la puerta que tenía tras ella, la que daba a la cocina. Allí dentro había un teléfono; pidió que se lo instalaran allí y no en el piso superior porque sabía que la mayor parte del día estaría trabajando y así podría atender mejor las llamadas.

A principios de mes, Ukyo recibió la habitual llamada de su padre. Desde que dejara Kansai para vivir sola en Nerima su padre solía llamarla para saber cómo le iban las cosas. Las primeras veces, el hombre solo trataba de convencerla para que regresara con su familia. Le pedía, por favor, que olvidara todo el asunto del carro de comida robado, el compromiso y demás; ellos eran los mejores cocineros de Okonomiyakis de Kansai, no necesitaban enredarse en conflictos del pasado para seguir adelante.

Ukyo le aseguró a su padre que si estaba allí, no era por el asunto del carro, sino porque amaba a Ranma y él la había aceptado como su prometida. Por supuesto, su padre se mostró incrédulo (¿En serio? ¿Después de tanto tiempo sin veros? ¿Estás segura?). Ella tuvo que mostrarse implacable, pero finalmente su padre entendió y se rindió a aceptar la decisión de su hija. A veces incluso trataba de apoyarla, aunque Ukyo aún percibía malestar en su voz.

Al menos en su última llamada había sido muy evidente.

—¿Por qué no vuelves, hija? Aunque sea a pasar unos días con tu familia, te echamos de menos…

La chica, que a pesar del tiempo transcurrido, aún acusaba la falta de sus seres queridos cerca, tenía que sujetarse con fuerza al auricular y respirar hondo para que sus respuestas sonaran claras al otro lado. En los últimos tiempos, la voz de su padre le producía una intensa emoción.

—Pero no puedo… —Le decía siempre, jugando al mismo tiempo con el cable del teléfono—. ¡El negocio va mejor que nunca! Y tú ya sabes lo importante que es perseverar; si un día faltas, los clientes podrían buscarse otro sitio. ¡Siempre hay que estar disponible!

Su padre rio, feliz. Y eso estremeció el corazón de Ukyo; la risa de su padre le hizo sentir más cercano, y a la vez mucho más lejano.

—¡Qué bien te he enseñado! No tendrás rival si mantienes esa actitud.

—Gracias, papá.

Se hizo el silencio. Ukyo sonrió algo más tranquila. Solo cuando hablaba con su padre se hacía consciente de lo mucho que echaba en falta ese tipo de palabras amables. En su día a día, lo más parecido era algún comentario halagador de un cliente por sus okonomiyakis pero… no era lo mismo.

No había muchas personas a su lado que le recordaran que era alguien valioso, y resultaba reconfortante saber que había personas, aunque estuvieran lejos, a las que importaba de verdad.

—Bueno… ¿y cómo van las cosas con ese prometido tuyo?

La sonrisa de Ukyo vaciló.

—Ahm… bien, como siempre.

—¿Se porta bien contigo? ¡Más le vale que así sea!

—¡Pues claro que sí, papá! Ran-chan me quiere mucho…

Y como siempre, Ukyo pasó los siguientes minutos recitándole a su padre un sinfín de medias-verdades sobre su relación con Ranma. A Ukyo no le gustaba mentir, menos a su propio padre, pero sabía que había cosas de su relación con Ranma que él no entendería; lo de las otras prometidas, que viviera en la casa de una de ellas o que siguiera fingiendo que solo la veía como a su amiga de la infancia… ¡No, era mejor que esas cosas no salieran a la luz! Por eso, prefería contarle una versión de cómo le gustaría que fuesen las cosas; sobre todo porque Ukyo estaba plenamente convencida de que sus medias-verdades acabarían por hacerse reales pronto.

¿Cómo no sería así?

—Bueno, me alegra lo que me cuentas, hija. Supongo que después de todo fue una buena idea quedarte en Nerima —Le respondió el hombre—. Si eres feliz…

—Sí…

Siempre había estado segura de que acabaría siendo muy feliz. Siempre…

—¿Y por qué no invitas a tu prometido a venir a casa contigo? —Le saltó su padre aquel día—. ¡Sería genial volver a verle! Podríais venir por San Valentín…

—¡Oh! Vaya, no sé…

—¡Nos haría mucha ilusión!

—Es que… no sé, cerrar el restaurante un día como ese…

—¿Pensabas trabajar ese día… —Su padre sonó confuso—; en lugar de salir con tu prometido?

—¡Ah! No, no… yo…

—Ukyo… No deberías esforzarte tanto —Le dijo—. La vida también está para disfrutarla, ¿no crees?

Sí, por supuesto.

¿Podría disfrutar más de algo que de una cita romántica por San Valentín con su Ran-chan? ¡No, por supuesto que no! Eso sería como un sueño…

Sin ser consciente de ello, el padre de Ukyo la alentó.

En realidad, tenía lógica que Ranma pasara con ella ese día. Incluso tenía sentido que realizaran ese viaje a Kansai; a fin de cuentas, ¿Ranma no conocía a la familia de Akane? Si ambas eran sus prometidas por igual, lo justo sería que también se molestara en acompañarla y conocer a la suya. ¡Sería un día tan especial!

Además de una maravillosa oportunidad para avanzar en su relación.

De repente, Ukyo se los imaginó a ambas regresando al pueblo donde vivieron su infancia y rememorando todos esos momentos felices. Ranma se vería arropado no solo por la nostalgia, sino por el calor de toda su familia en un entorno idílico. ¡Cuánto más lo pensaba, más se convencía de que eso era justo lo que Ranma necesitaba para decidirse por ella definitivamente!

Con tales felices ideas, Ukyo tomó la determinación de, al menos, intentarlo. Y se plantó en el instituto al día siguiente espoleada por la franca insistencia de su padre y también por esa creencia tan sólida en ella de que, si podía verlo con tanta claridad en su mente, tenía que salir como ella creía.

Intentó a acercarse a Ranma un par de veces durante la mañana del día siguiente, pero el chico parecía moverse de un lado para el otro, como nervioso. Ukyo sabía que le incomodaban los repetitivos numeritos de sus compañeras a causa del día de San Valentín y no podía estar más de acuerdo con él.

Todo ese asunto de las risitas y las miradas arrebatadoras le parecían absurdas. Ella era más práctica, no se andaría con bobadas de ese estilo; estaba determinada a ir al grano. Por eso le molestó un poco que la actitud de su prometido (que en ningún caso, entendió que tenía que ver con ella) la obligara a perseguirle por todo el edificio.

Pero finalmente le encontró en uno de los recesos, apoyado en una pared del pasillo mientras leía lo que parecía ser un manga. Ukyo respiró hondo, sonrió y se plantó ante él, consiguiendo que el chico diera un respingo.

—Ah… Hola, Ucchan… —La saludó. Ella parpadeó feliz y le tendió un bento amorosamente envuelto en un paño. El chico arrugó la nariz—. ¿Y eso?

—Por si tienes hambre, Ran-chan —Por supuesto, él siempre tenía hambre y ello lo sabía. Aunque en las últimas semanas Ranma no se había dejado ver mucho por su restaurante y eso que ella le había tentado más de una vez con promesas de comida gratis.

El chico se rascó la nuca.

—Lo cierto es que ya he comido.

—Bueno, pero esto está delicioso —replicó ella, acercando la caja a su cara. Estaba cerrado y envuelto pero ella confió en que algún resquicio del aroma de la comida escapara para que Ranma la oliera. Debió hacerlo, pues su estómago insaciable rugió pero aun así no hizo el intento de tomarlo.

—Deberías comértelo tú, entonces…

—Yo ya he comido, gracias por preocuparte —Ukyo sonrió de un modo más amplio y agitó la caja nuevamente—. Anda Ran-chan… tómalo.

El chico frunció las cejas pero acabó cogiéndolo.

—Gracias —dijo. Curiosamente, no corrió a abrirlo y empezar a comer como había hecho otras veces y eso hizo que la chica se preocupara.

—¿Estás bien, Ran-chan? —Le preguntó—. No me digas que aún no estás recuperado de aquel golpe que te llevaste en la espalda por culpa de Akane.

—No fue culpa de Akane —corrigió él a toda velocidad. Desvió la mirada y añadió—. Han pasado un par de meses. ¡Pues claro que estoy recuperado!

—¿Y qué te pasa?

—¡Nada! —El chico se movió incómodo y dejó el bento sobre el poyete de la ventana junto a la que estaban. Su rostro se ruborizó ligeramente mientras su mirada se perdía a lo lejos—. Tengo cosas… en las que pensar.

—Oh…

A Ukyo no le interesó preguntar. Fuera como fuera estaba decidida a conseguir su cita por San Valentín. Esperó unos instantes, preparando las palabras y controlando los nervios.

Todo irá bien, se dijo.

Dio un paso para acercarse más al chico y este la miró de reojo.

—Ran-chan… —murmuró. Volvió a coger aire—. Me gustaría comentarte algo sobre… San Valentín.

Ranma se tensó, abriendo mucho los ojos. Se apartó de la ventana como si está quemara e incluso sus manos se alzaron ante él en una curiosa postura.

—¿S-san Valentín…? —preguntó—. ¡Ah! S-sí… Va a ser pronto, ¿no?... Vaya…

—¡Sí, va a ser muy pronto! —confirmó ella—. Me estaba preguntando qué vamos a hacer ese día.

—¿N-nosotros… dos…?

—Sí.

—¿Juntos… dices?

—¡Pues claro, Ran-chan! Estamos prometidos, ¿recuerdas? —El chico entreabrió la boca un instante, pero Ukyo estaba cada vez más emocionada y siguió hablando—. ¡¿Qué te parecería irnos de viaje a Kansai para ese día?! Mi familia tiene ganas de verte de nuevo y sería genial pasar juntos el día en el pueblo donde nos criamos, ¿no?

—¿Kansai? ¡¿Irnos juntos a Kansai?! —Ranma la contempló anonadado hasta que sacudió la cabeza. Después se pasó una mano por la cara y volvió a mirarla—. Ucchan… esto no puede seguir así. Mira, yo… tengo que decirte algo…

—¿Qué ocurre?

—Esto no está bien porque… yo…

—Tú eres mi prometido… ¡¿Cómo no va a estar bien que pasemos San Valentín juntos?! —Ukyo vigiló su expresión y, aún a sabiendas de que algo no iba bien, decidió insistir—. ¿No te apetece el plan de Kansai?

—¡De ningún modo puedo irme ahora a Kansai!

Ukyo parpadeó, confusa. ¿Había ido demasiado lejos? Quizás proponer un viaje de ese tipo había sido demasiado para él, Ranma era tan tímido. No debería haberse dejado convencer por su padre.

—Bueno, está bien… podemos celebrar el día aquí, más tranquilos…

—Ukyo —Ranma la miró fijamente, con el rostro un poco encendido—. Tengo que decirte algo, es muy importante…

—No, no, no te preocupes —Le cortó ella y sonrió de la manera más sincera posible. Incluso sintió la necesidad de reír por los nervios—. ¡Lo de Kansai era una locura! Además, yo tampoco puedo cerrar el restaurante todo el día.

—Bueno, vale —Ranma respiró hondo y volvió a intentarlo—. De todos modos, lo que intento decirte es que yo…

—Vendrás a verme, ¿verdad?

—¿Qué?

—En San Valentín —Ukyo se dio cuenta de que las palabras se le escapaban sin control. Y que no podía dejar de sonreír aunque quisiera—. Estaré trabajando todo el día. ¡A la gente le encantarán mis okonomiyakis especiales de San Valentín! Pero podemos pasar juntos el día, igualmente.

—Ukyo, estoy tratando de decirte…

—¡Al menos te pasarás a saludar, ¿no?! Es el día de los enamorados…

—Lo sé y por eso yo…

—Venga, Ran-chan… —Se balanceó sobre sus pies y tras humedecerse los labios, añadió—. ¿Acaso no somos amigos?

El chico la miró largamente y soltó un resoplido. Se veía muy cansado de repente y la chica se preguntó qué le pasaría. Finalmente, Ranma asintió.

—Tengo que irme —Le dijo justo después—. Adiós, Ucchan.

—¡Adiós, Ran-chan! ¡No olvides pasarte!

El chico cabeceó, ya de espaldas y se alejó por el pasillo en silencio. Ukyo sonrió feliz, casi se sintió satisfecha con lo que había conseguido. Casi pudo… hasta que reparó en que el bento que con tanto amor le había preparado a su prometido se había quedado olvidado sobre el poyete de la ventana.

Lo cogió con la intención de ir tras él para dárselo pero, en ese instante, Ukyo sintió un pinchazo agudo en el pecho que la hizo detenerse. Una oleada de frío la recorrió entera. Miró hacia la ventana pero esta estaba cerrada…

Suspiró apretando el bento contra su pecho. Y no pudo dar ni un paso.

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Ranma no había parecido por el restaurante en todo el día.

Supongo que no fui lo bastante insistente se dijo ella, rememorando esos momentos. Con Ran-chan hay que ser muy directa, por eso perdí mi oportunidad.

Además, ella debía trabajar ¿no? Puede que una cita ese día hubiese sido un engorro en cualquier caso.

Quizás el año que viene…

No obstante, no pudo evitar preguntarse qué estaría haciendo él. Conociéndole, lo más probable es que estuviera en el dojo entrenando o pasando el rato de cualquier forma absurda, siendo totalmente ajeno al día que era.

Sin embargo, cuando pensaba en esa conversación, en la actitud del chico… Ukyo sentía que lo que pensaba no encajaba del todo. Era muy inquietante para ella porque, a pesar de que cada vez que una figura se había acercado a la puerta de cristal ella había levantado la vista esperando que fuera Ranma, no sentía realmente sorpresa, ni decepción al descubrir que nunca era él.

Como si, en el fondo, se lo esperase. Quizás así era; solo otra de las muchas cosas que no salían como ella las había imaginado. Resultaba angustioso al principio pero ahora… lo sentía cada vez más como un desencanto familiar, algo a lo que se estaba acostumbrando. Y sí, el dolor era menor… pero había algo muy triste en estar acomodándose a esa sensación.

Súbitamente se preguntó si ese malestar realmente se debía solo a la ausencia de Ranma. Fue un pensamiento inusual y que no halló respuesta porque en ese momento, la campanilla de su puerta se agitó haciendo que su corazón se acelerará.

Ukyo esbozó una amplia sonrisa.

—¡Bienvenid…! ¡Oh! Eres tú…

Ni hao…

Fue Shampoo quien apareció por su puerta y lo hizo con un aspecto lamentable, impropio en ella. Traía, para empezar, una expresión aterradora; entre cansada y furiosa. Su piel estaba llena de manchas en las que se marcaban churretones de sudor que habían corrido por ella. Su vestido ceñido estaba lleno de rasguños, los zapatitos llenos de polvo y su bonita melena estaba llena de nudos entre los que sobresalían todo tipo de ramitas con hojas y todo. Al avanzar, Ukyo notó que se tambaleaba un poco, arrastrando cansinamente su bombori por el suelo.

Estupendo pensó Ukyo, fastidiada.

Nunca era una alegría, precisamente, que esa chica apareciera pero… ¡Bonita imagen iba a ser para el resto de clientes que se acercaran! Sintió el impulso de echarla pero se contuvo cuando la vio dejarse caer sobre el taburete agotada y desanimada.

Bueno… a fin de cuentas solo falta media hora para el cierre.

—¿Qué diantres te ha pasado? —le preguntó, poniendo los brazos en jarra. Shampoo resopló para apartar el flequillo de sus ojos.

—Perseguir a Airen y a chica violenta por toda la ciudad; ellos escaparse —Le dijo, como siempre, sin esforzarse porque sus palabras fueran claras—. Nosotros tener cita romántica hoy, Akane meterse por medio. ¡Yo perseguir para matar pero…! Ellos huir.

Se encogió de hombros y distraída, se puso a peinar su cabello con los dedos.

Así que… Ranma y Akane tenían una cita hoy, entendió Ukyo con increíble facilidad.

No es que Shampoo y ella fueran precisamente amigas. Simplemente se dejaban caer la una en el restaurante de la otra para intercambiar información sobre Ranma o para quejarse con una igual cada vez que alguno de sus estrafalarios planes de conquista salía mal. Eso había hecho que Ukyo aprendiera a leer entre líneas cuando la amazona le contaba sus historias.

Era imposible que Shampoo y Ranma hubiesen quedado en San Valentín y Akane era demasiado orgullosa, aunque eso hubiese pasado, como para intentar meterse por medio. Pero por el aspecto malogrado que traía, sí había habido una confrontación y una persecución, de modo que solo podía deducir que Shampoo había interrumpido la cita de los prometidos y los había perseguido hasta que estos lograron escapar.

Vaya…

Ukyo perdió fuerzas y se poyó de nuevo en la barra. Por eso Ranma parecía escaparse de ella cuando le sacaba el tema de San Valentín, porque él ya tenía sus propios planes.

Con Akane…

Se separó unos pasos de la plancha y sus ojos buscaron el paquete que había, oculto, debajo de esta. A pesar de todo, Ukyo se había molestado en preparar un chocolate especial para su Ran-chan. Se había esforzado mucho en que fuera un corazón enorme y perfectamente simétrico en el que había escrito sus nombres con letras preciosas.

Tenía pensado entregárselo cuando aún conservaba esperanzas de que él apareciera por allí durante el día. Algo en su interior había intentado advertirla de que lo que hacía no tenía sentido pero igualmente no había podido evitarlo. Y ahí estaba el resultado que tanto temía; un dulce maravilloso que probablemente acabaría en la basura porque nadie lo quería.

Entonces, sus pupilas se deslizaron hasta otro paquete más pequeño que había colocado al lado del primero. Otro tipo de malestar hizo mella en su ánimo al verlo y se mordió el labio inferior, angustiada. Lentamente, observó el solitario taburete del lado izquierdo de la plancha. Su pesar se revolvió al caer en la cuenta de lo vacío que estaba.

Ryoga, pensó entonces. Porque ese era el lugar que el chico solía ocupar cuando pasaba por allí. No es como si no hubiera reparado antes en su ausencia sino que… hasta ese instante no había pensado verdaderamente en ello.

—Ey —Shampoo llamó su atención, al ver que la cocinera se había quedado ensimismada. Ukyo dio un respingo y la miró—. ¿Tú bien estar?

—Pues… —No, lo cierto es que no lo estaba. Pero no quería compartir algo así con esa chica. No somos amigas—. Sí, es que… hoy no ha entrado casi ningún cliente.

—Ya, mala fecha ser.

Ahora que Ukyo se permitía pensar en Ryoga, reconoció para sí misma que en alguna ocasión, especialmente en las últimas horas del día, era su rostro el que había esperado encontrar al otro lado del cristal de su puerta.

Es raro que aún no haya aparecido se dijo, confundida.

Ryoga, pese a sus problemas de orientación, llevaba un tiempo apareciendo por su restaurante cerca de la hora de la cena. Solía entrar con un resoplido pegado a los labios después de llevar todo el día andando de aquí para allá. Se sentaba siempre a la izquierda y pedía un okonomiyaki sencillo que devoraba sin mucho ánimo.

Al principio no hablaban de nada. Ryoga comía en silencio y ella se ponía a recoger las mesas de igual modo. Al cabo de unos minutos, él se levantaba y se iba con una simple despedida y Ukyo apenas si le hacía un gesto mudo a cambio. Pero como era algo que se repetía todos los días, la chica empezó a darle conversación, únicamente para alejar al aburrimiento y resultó agradable, puesto que ambos tenían problemas similares en el ámbito amoroso. Porque sus conversaciones solían girar siempre en torno al mismo tema: Ranma y Akane.

Mientras Ryoga se lamentaba por no ser lo bastante valiente para desvelarle a Akane su terrible secreto (y quizás, también sus sentimientos), Ukyo se despachaba a gusto sobre su infinito amor por Ranma. Si alguna vez, aburrido, Ryoga trataba de desviar la conversación hacia otros temas, ella se encargaba de encauzarlo de nuevo. ¡Necesitaba hablar de ello con alguien! Y Ryoga era un buen oyente. Incluso había veces que se quedaba hasta que ella terminaba de limpiar y cerraba el restaurante. Entonces se despedían en la puerta y… alguna vez Ukyo se había preguntado a dónde iría él después.

¿Tenía casa? ¿O simplemente buscaba un parque cualquiera o un descampado donde acampar? ¿Regresaba al dojo como P-chan para acurrucarse entre los brazos de Akane, quizás?

Lo cierto era que nunca le preguntó; no era asunto suyo.

Pero de un modo un tanto extraño se podría decir que ambos habían trabado un tipo de amistad que resultaba reconfortante para la chica. Era justamente la seguridad de que él siempre aparecía al final del día lo que le agradaba de esa relación. Pero justo hoy, Ryoga había roto el acuerdo silencioso que tenían y no había aparecido.

Ukyo chasqueó la lengua, fastidiada. También había preparado chocolates para él aunque… no eran tan grandes ni tan bonitos como los que había hecho para su Ran-chan, por supuesto. Eran para celebrar su amistad, claro.

¡Bah! No quiero pensar en eso se dijo, moviendo la cabeza.

—¿Tienes hambre? —Le preguntó a Shampoo. Solo quería entretenerse con algo y cocinar siempre la ayudaba. La otra se encogió de hombros y Ukyo lo tomó como un sí.

Rápidamente sacó los ingredientes y se puso a preparar la masa en un cuenco. Puso a calentar la plancha y después vertió la masa; no pudo contenerse y puso en práctica su nueva técnica. Con gran cuidado dibujó un corazón que después rellenó y alisó hasta dejarlo como una superficie uniforme y liso.

Shampoo arrugó la nariz al verlo.

—¿En serio ser? —replicó.

—¿Qué pasa? Es San Valentín después de todo…

—Fiesta estúpida ser…

—¿Y por qué querías tener una cita hoy con Ran-chan, entonces?

Shampoo no respondió.

Ella también tenía una actitud extraña hoy. Después de lo que le había contado, Ukyo esperaba que la amazona se mostrara furiosa pero apenas había dicho nada contra Akane tras relatarle lo ocurrido. Quizás fuera solo el cansancio pero de algún modo se veía melancólica y eso era raro en ella.

Quizás ha pasado algo más que no me ha contado…

—¿Tú estás bien? —preguntó la cocinera. Al menos debía tener esa deferencia con ella puesto que Shampoo se había interesado antes.

—¿Eh? ¿A qué referirte tú? ¡Shampoo siempre estar bien!

¿Para qué me molestaré? Se preguntó Ukyo, añadiendo los ingredientes al okonomiyaki. Cogió una de sus palas y empezó a darle vueltas.

¿Por qué no habrá venido hoy?

Su pensamiento la traicionó volviendo a la extraña ausencia de Ryoga. Era como un molesto insecto revoloteando en su cabeza. ¡No tenía sentido que justo eligiera ese día para faltar!

¿Le habrá pasado algo?

Sabía que no era tan fuerte como su imbatible Ran-chan, pero aun así el chico del colmillo tenía muchas habilidades en el combate. Si se hubiese tropezado con alguien que buscara problemas seguro que habría salido airoso. A no ser que primero le hubiese caído un poco de agua encima.

¿Por qué le interesaba tanto, en cualquier caso?

Ukyo simplemente se había habituado a tenerle allí todos los días, nada más. Sus charlas no eran las más interesantes, pero al menos hacían que las horas pasaran más rápido. Las horas antes de cerrar el restaurante y subir a su casa, sola; esas eran las peores del día. Por eso es que había aprendido a valorar la compañía de Ryoga pero…

Eso es todo.

No había otra explicación de índole más especial. Ni podía haberla. Ella amaba a Ranma y si era leal a sus sentimientos por él, jamás consideraría si quiera sentir algo parecido por otro chico.

El okonomiyaki empezó a chisporrotear.

—Eso ya estar —Le indicó Shampoo con desinterés. Ukyo corrió a sacarlo de la plancha. ¡Ella nunca quemaba la comida! ¿Qué me pasa hoy? Lo partió en dos trozos iguales y los colocó en dos platos. Se quedó mirándolos un instantes… eran las dos mitades de un corazón roto. Levantó la vista hacia Shampoo, la miró y volvió a mirar la comida.

Sacudió la cabeza y pinchó los palillos en ambos. Le puso uno delante a la otra y ambas comenzaron a comer en silencio.

No está quemado comprobó enseguida, más tranquila. Aunque el regusto que le produjo en el paladar fue más bien amargo. Pero seguramente no era tanto la comida sino el tono de los pensamientos que no paraban de surgir en su mente, como en un remolino imparable.

En un momento dado incluso reflexionó sobre lo que podría haber pasado si ella se hubiese mostrado más… disponible ante Ryoga. Si él hubiese creído que ella ya no albergaba sentimientos por Ranma, ¿habría dado un paso? Ukyo cayó en que no sabía realmente lo que ese chico sentía por ella, por más amigables que fueran sus charlas al anochecer.

¿Por qué pienso en esto? ¿Acaso yo quería que Ryoga…?

Es que la idea de Ranma y Akane en una cita romántica no se le iba de la cabeza. Era algo demasiado serio como para obviarlo. Por más que quisiera, por más que le ordenara a su mente que buscara una explicación alternativa que pudiera tranquilizarla esta vez no se le ocurría nada. Solo se sentía mal. Se sentía triste y harta por seguir esperando algo que quizás nunca pasaría.

Y si ella se aferraba así a sus sentimientos, si jamás los dejaba ir… ¿qué futuro le esperaba? ¿Podría haber sido distinto si no le hubiese hablado a Ryoga, una y mil veces, de lo mucho que amaba a Ranma?

Si él se hubiese presentado ese día, como los anteriores y ella le hubiese dado sus chocolates… ¿qué habría pasado?

No deberías esforzarte tanto… La vida también está para disfrutarla, ¿no crees?

Ukyo abrió los ojos al recordar las palabras de su padre. Casi se atragantó al intentar comprenderlas… Quizás si hubiese sido más sincera con él, su padre la habría alentado a soltar a Ranma y disfrutar de la vida.

—Shampoo… —La amazona levantó la mirada con la boca llena—. ¿Alguna vez piensas en las oportunidades perdidas?

—¿Eh?

—A causa de nuestros sentimientos por Ranma…

—¿Qué decir? —Shampoo se mostró perpleja, hasta confusa.

—No sé… —Ukyo no estaba segura de cómo expresar sus ideas, y de algún modo sentía que la otra podía entender a qué se refería a pesar de todo pero que se negaba a hacerlo todavía—. Por ejemplo… ¿qué me dices de Mousse?

Shampoo frunció el ceño y llenó sus pulmones, seguramente soltaría una larga lista de insultos para dejar muy claro lo que pensaba del pato, pero en el último momento dejó escapar el aire y siguió comiendo. Simplemente dijo:

—Mousse… ocupado en sus cosas estar.

A Ukyo le extrañó una respuesta como esa, pero decidió no preguntar más al respecto.

No somos amigas… se repitió una vez más.

Esa era otra cosa que ambas se habían perdido por culpa de sus sentimientos por Ranma, comprendió apesadumbrada. Quizás estaba empezando a ver las cosas con claridad por primera vez en mucho tiempo y no le estaba gustando nada lo que había en el fondo, así que siguió comiendo.

Supongo que Ryoga también estará ocupado con sus cosas se dijo, apoyando su barbilla en su mano. Sino, habría venido.

¿Era tarde, entonces?

Al otro lado de la puerta de cristal el sol empezaba a ocultarse chorreando una luz rojiza y triste. Pronto las temperaturas caerían y haría demasiado frío para que nadie deambulara por las calles de Nerima.

Shampoo se marchó poco después, sin un gracias u cualquier otro gesto que pudiera hacer sentir a Ukyo menos sola. La chica tiró los chocolates a la basura, recogió todo y se dispuso a cerrar su restaurante.

Pero antes se asomó una última vez a la calle desde el umbral. Las farolas se habían encendido y el silencio hablaba de una ciudad desierta, los amantes de San Valentín se habían retirado hacía ya tiempo. Nadie caminaba por allí. Ni siquiera un chico perdido en busca de alimento y aun así… Ukyo permaneció unos minutos parada mirando primero a un lado, luego hacia el otro. Sintió una pesadumbre tal que creyó hundirse en el suelo.

Solo es un día más trató de recordarse. No tenía tanta importancia y sentía que no debía caer en esas emociones porque ella había elegido estar allí, sola. Y no tenía nada malo porque esa había sido su elección. Mañana será mejor, estoy segura. Apretó un puño y asintió con la cabeza. Es probable…

Quizás vería a Ranma en la escuela y comprobaría que todo estaba bien, que seguía como siempre. Y por la tarde, a última hora quizás Ryoga aparecería para charlar y le contaría que llevaba días perdido. Sí, ¿por qué no? Era posible.

Y posiblemente ella volvería a sentirse bien, como siempre.

Pero eso sería mañana. Esa noche, Ukyo subió las escaleras de su casa cargando con una pesada ausencia sobre sus hombros. Y sabía muy bien que esa sería su única compañía.

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¡Hola a todos y todas, un día más!

Aquí está el penúltimo capítulo de nuestra historia de San Valentín. Se ha hecho más largo de lo que esperaba… Y eso que no quería alargarme tanto porque después de escribir "perdedora" creí que no tenía mucho más que decir sobre Ukyo pero…

—Lo cierto es que, tenía pensado que este capítulo fuera más breve y siguiera la misma ruta que el otro fic. En un principio era así, pero después de escribir el capítulo de Shampoo y centrarlo en el modo en que ella se autoengaña, pensé que si este iba por el mismo camino resultaría muy repetitivo. Es verdad que el capítulo comienza así, Ukyo sigue engañándose pero no solo a ella, sino incluso a su padre. Y que mantiene esa postura incluso mientras habla con Ranma a pesar de lo obvio que resulta que el chico está intentado decirle algo importante. Pero, al final he decidido dar un cambio de rumbo para ella. Sé que no hay una gran revelación, pero aquí Ukyo sí que comienza a darse cuenta de que las cosas no son como ella las piensa, ve evidencias que ya no puede seguir negando e incluso llega a plantearse otras opciones que puede estar dejando a un lado por sus obstinados sentimientos por Ranma. Para eso creo que Shampoo (que sigue en negación absoluta) le viene bien; como un espejo en el que mirarse. De hecho, aunque Ukyo no logra ver sus autoengaños, rápidamente descubre los de Shampoo.

—La idea era ese desencanto, cuando empieza a aceptar que Ranma no siente lo mismo que ella, cuando cae en que Ryoga no ha aparecido justo ese día y eso le duele… No tanto la pena o la tristeza, sino esa sensación que tenemos a veces cuando nos pasa algo malo y es como… "Esto era la gota que colma el vaso, estoy harta de todo". Pero creo que está bien porque cuando tomas consciencia de esos momentos, es que tomas la iniciativa para cambiar lo que no está bien. Si bien ella intenta consolarse… "mañana será mejor, veré a Ranma, volverá a Ryoga…" Porque a todos, y más a ella, nos cuesta cambiar. Preferimos lo malo conocido que lo bueno por conocer, ¿no?

—Por último, he intentado no mostrarla tan insufrible como en "Perdedora" para que el odio que desperté con ese fic se relaje un poco, jajaja. No sé si lo he conseguido pero era mi intención

Bueno, pues solo queda el último capítulo Será un epílogo más bien cortito, para terminar de cerrar esta historia. Espero que os guste ^^

Gracias, como siempre a todos los que me habéis escrito por el último capítulo. Cada mensaje me anima más, así que me pongo a revisar el siguiente capítulo súper motivada y empiezo a cambiar cosas para que este mejor para vosotros y casi no llego a tiempo para publicar, jajaja. Zaneziana, Tear Hidden (espero que te mejores pronto, un besote ^^), Emiilu, Luna Gitana, Benani0125, Saritanimelove, 1Andrea11, Saotomedgo, Rj45, Frida-chan, Heather Ran, BTaisho, Ranma84, Graceurglsq, Juany Rdz. ¡Muchas gracias por vuestro apoyo!

Y mañana el final… Estoy incluso un poco triste, esta historia entre revisiones y demás se ha alargado tanto… ^^

¡Besotes para todos y todas!

EroLady—