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Apenas escuche aquella voz, hice lo posible por despertarme. Mas mi cuerpo parecía haberse sumergido en un trance, como si dormir se hubiese vuelto su prioridad; bueno en realidad yo siempre había amado dormir ¡Pero no era el momento! ¡No cuando había recibido una amenaza como aquella!

De un momento a otro me encontré a mi misma en lo que parecía ser la Academia de Guerra. Una niebla oscura rodeaba toda la construcción y parecía que todo el lugar estaba absolutamente desierto. Solo las antorchas de la entrada estaban encendidas, dándole un aspecto aún más tétrico al edificio. Para mi sorpresa, me encontraba vestida con la usual (y horrenda) túnica de invocador, en teoría aquello solo se usaba en combates oficiales.

—No va a pasar nada. Nocturne tiende a jugarle bromas a la gente y solo estoy soñando y nada malo puede pasarme, nadie conoce mi nombre y no pueden hechizarme— Me tranquilicé a mi misma hablando en voz alta acomodándome mejor la ropa y dando otro vistazo a mi entorno. En efecto, estaba en la parte exterior de la Academia justo al inicio de las escaleras. Tenía dos opciones, la primera era caminar hacia el interior del edificio (lo que un protagonista valiente haría) y la otra era esperar afuera hasta que me despertaran (lo cual alguien cobarde haría) Opté por la segunda opción al ser la más cómoda.

Me senté en el primer peldaño de la escalera y suspiré cansada, estaba atrapada hasta las nueve de la mañana. Cuando seguramente Nasus me despertaría y me diría que era hora de entrenar. Cerré los ojos e intenté desconectar mi mente, quizás si lograba recuperar el control de mi sueño podría imaginar algo más agradable; como una cita con el invocador Faker.

—¡Drachen!— Me sobresalté al escuchar una voz familia llamarme y levanté la vista para encontrarme con la sonrisa de un viejo amigo mío.

—¡Gio!— Me levanté de mi asiento y sin pensarlo dos veces me acerqué a él. Aunque ahora que lo pensaba bien, estaba soñando y seguramente no era buena idea confiar tanto en quien tenía la cara de uno de mis amigos. Oh diablos ¡Nasus tenía razón cuando decía que era demasiado confiada! Giovanni era uno de los pocos amigos que tenía en la Academia de Guerra, a él también le habían obligado a asistir a las clases extra en Demacia y estaría bajo la tutoría de Sona.

—No sabes lo feliz que me hace verte aquí— Me di cuenta de que también estaba vestido con la capa de invocador y aunque sabía que estaba mal, me sentía un poco más tranquila con una persona conocida en este lugar.

—Es extraño estar soñando lo mismo— Ladeé la cabeza y tragué saliva un poco nerviosa. —Sé que estoy durmiendo—

—Yo también lo sé. Pero siento como si estuviese despierto— Gio se rascó la mejilla nervioso y luego se sentó en la escalera, éramos dos vagos que ni siquiera se iban a tomar la molestia de entrar a descubrir el misterio de aquel sueño.

—¿Como va tu entrenamiento?— Pregunté estirándome en mi improvisado asiento e intentando relajarme.

—Verás, Demacia está mucho más cerca de la Academia que Shurima, por lo que hace una semana inicié mi entrenamiento. Sona ha dicho (bueno, me lo ha hecho saber telepáticamente) que tengo un problema preocupándome demasiado por los demás y que debo aprender a darle importancia a mi rol. Es muy agradable, nos gusta tomar el té juntos e incluso me ha dejado escucharla tocar el etwahl ¡Es maravillosa!— Gio comenzó a hablar en voz alta, entusiasmándose con cada nuevo hecho que contaba e incluso pude ver como sus ojos parecían ir brillando más y más. —¿Y que tal la vida en el desierto?—

—Llegué hoy— Dije soltando una risita nerviosa, no tenía mucho que contar. —Pero Nasus y Azir son muy agradables, sobretodo Nasus—

—Supongo que ambos podrían entretenerse leyendo libros. Por algo en su trabajo a medio tiempo es el bibliotecario de la Academia de Guerra—

La verdad es que esperaba con ansías que Nasus me diera permiso de curiosear los estantes de Shurima. Pero el entrenamiento era primero y si no me esforzaba terminaría en la cale. Para entrar a la Academia de Guerra era necesario renunciar a nuestros nombres y familias, debíamos mantenernos absolutamente imparciales ante todo conflicto. No importaba si Noxus había acribillado a toda tu familia en el pasado, tú aceptabas jugar con campeones noxianos e incluso representar a la ciudad en los Campos de Justicia si se te ordenaba.

De pronto comenzó a temblar y ambos nos levantamos al ver que el piso comenzaba a agrietarse. Se me escapó una maldición entre dientes mientras inciabamos una loca carrera hacia la Academia de Guerra, intentando no ser tragados por la oscuridad que comenzaba a avanzar.

—¡Mierda!— Grité al tropezarme con la túnica y Gio me tomó de un brazo abriendo la puerta del edificio con un empujón. Sin pensarlo entramos y la cerramos rápidamente a ver si con ello lográbamos estar a salvo. Por muy sueño que esto fuera, a mi me había parecido horriblemente aterrador permanecer afuera.

—Esto es real— Gio apoyó la espalda en la pared e intentó recuperar el aire al igual que yo. Ninguno de los dos se destacaba por ser un atleta. —Drachen, esto es algo más que un sueño—

—Ni que me lo digas. No puedo esperar a que me despierten—

—Oh pequeña Drachenblut, nadie podrá despertarte— Era la misma voz que me había susurrado antes de caer dormida y sentí como los nervios se me crispaban.

—¿Escuchaste eso?— Pregunté a Gio mientras mis ojos se acostumbraban a la oscuridad del recinto e intentaba vislumbrar algo que nos diera una pista de lo que nos pasaba.

—¿Uh? No he escuchado nada ¿Te sientes bien?—

—Estoy bien.— Mentí intentando sacarme la voz de la cabeza. Habían cosas que odiaba y que la gente me llamara pequeña, sobretodo cuando mi hermana menor era mucho más alta que yo. —Solo escuché a alguien llamarme y aquella voz es la misma que susurró antes de que me durmiera—

—¿Era algún campeón? ¿Nocturne? Dicen que le gusta jugar bromas a los invocadores... O también podría haber sido Thresh...— Sugirió y negué con la cabeza.

—No era ninguno de los dos. — Respondí y sentí un dolor muy agudo en mi ojo derecho, como si alguien estuviese intentando arrancarlo. Lo cubrí con una mano como si con ello pudiese evitar la fuerza invisible que me atacaba. —¡Ojo de ...!—

—Ya extrañaba tus palabrotas— Dijo Gio intentando sonar amigable, pero solo logró que yo lanzara otra maldición en voz alta. Se acercó a mi y quitó mi mano solo para examinar que era lo que tanto me molestaba. —No tienes absolutamente nada. Ni siquiera una pestaña.—

—¡Alguien está jugando con nosotros!— Grité olvidándome de todos los modales que había aprendido. Sí, con Nasus y Azir tenía que ser una dama respetable, pero con Gio siempre podía mostrar la bestia que podía llegar a ser y escondía la mayoría del tiempo. —¡Tus juegos me enferman!—

—Cálmate— Gio colocó sus manos por sobre mis hombros. —No conseguirás na- Oh...—

Y de pronto, Gio comenzó a desaparecer como un fantasma dejando su frase a medio terminar. En vano le pedí que no se le ocurriera despertarse ¡¿Que iba a hacer yo ahora!? Gio susurró una disculpa cuando terminó por desvanecerse y dejarme sola. Se me había olvidado que en Demacia amanecía primero que en Shurima, estúpido horario.

Me abracé a mí misma en la oscuridad de aquel sitio y sin rumbo alguno comencé a caminar. Si el juego de la Voz era llevarme por un recorrido nocturno por la Academia de Guerra, pues solo me quedaba hacerlo. Estaba sola y mi ojo derecho se había nublado por completo, el dolor se había desvanecido, pero no podía ver absolutamente nada. Eso era lo que más me asustaba.

Una y otra vez me mentía a mi misma que aquello solo era una pesadilla y que todo estaría bien cuando despertase en Shurima.

—¡Vale, estoy jugando lo que quieres, Voz!— Exclamé sintiendo un nudo en el estómago y comencé a preguntarme cuanto faltaría para que fueran las nueve de la mañana.
Una risa estrepitosa llenó la habitación. Una risa que me hizo detenerme en seco. Me mordí los labios y las malas palabras quedaron atascadas en mi garganta mientras el entorno a mi alrededor volvía a cambiar. Ahora estaba en lo que parecía ser una mazmorra y esta estaba levemente iluminada por una antorcha, las paredes de piedra tenían diversas manchas de sangre y los barrotes detrás de mí se alzaban impidiéndome escapar.

Oh, santos poros alados.

Me abalancé sobre la puerta y con mis dos manos intenté mover la reja, mas estaba atrapada y en un abrir y cerrar de ojos mis pies se encontraban encadenados.

Genial, absolutamente genial. Pensé con espanto y decidí que lo mejor era no apoyarme en las paredes de momento.

—Incluso a mi me ha dado miedo luego de escucharte maldecir— Al otro lado de los barrotes, desde la oscuridad una figura humana surgió justo en frente de mi. Di un paso hacia atrás como un gato asustado y temblando me preparé para cualquier enfrentamiento. —Incluso te traje a un amigo para que no estuvieras tan asustada, pero al parecer lo han despertado.—

Me era difícil distinguirlo, considerando que solo veía con un ojo y todo me era borroso. Solo había podido divisar a un chico de cabello blanco y ojos dorados. Un poco más alto que yo y que iba vestido con una de las túnicas de invocador.

—¿Te has quedado callada de pronto? Es raro en ti, pequeña Drachenblut— Dijo soltando una risa y aquello me hizo enojar. Sabía que él era la Voz y que probablemente todo este juego era suyo.

— ¿Qué hago aquí? ¿Y quien te crees tú para tratarme de pequeña?—

—Tienes una lengua muy afilada, oh gran Drachenblut— Volvió a reírse y esta vez golpeé los barrotes de la celda. Él se detuvo y su sonrisa se ensanchó, como si de pronto alguien le hubiese pintado una mueca demente. Tragué saliva y de forma instintiva retrocedí. —Así está mejor—

Chasqueó sus dedos y las cadenas cobraron vida. Como si se tratasen de serpientes se deslizaron por el suelo y una de ellas subió hasta mi cuello, luego sentí como mi cuerpo era inmovilizado y tendido en el aire sin posibilidad de escapar. Forcejeé y pateé en el aire, pero aquello solo logró hacer que me faltara el aire y que el metal se incrustase en mi piel haciéndome daño.

—Si sigues moviéndote vas a terminar asfixiada. Y te encontrarán muerta en tu habitación sin explicación.— No sé qué era peor, su forma relajada de hablar o su manía por tratarme como si lo supiese todo y yo fuese alguna especie de animal incivilizado. —¿Drachenblut significa 'sangre de dragón', no? Ahora me vas a dejar hablar y te comportarás como una dragoncita que obedece a su maestro y se queda callada—
Se llevó el dedo índice a los labios y luego continúo hablando.

—¿Que pasa cuando los invocadores reprueban?— Preguntó como si fuese un examen y yo simplemente lo miré sin entender. Nunca hablábamos de aquel tema en la Academia, simplemente es algo que todos queríamos evitar y por eso aceptábamos tener clases extra. —Vamos, respóndeme—

—No lo sé— Fue lo primero que se me ocurrió decir, lo único que sabía era que no quería fallar y ser expulsada.

—¿En serio no se te ocurre?— Volvió a insistir y rodó los ojos soltando un pesado suspiro. —Se nota que eres una niña aún y confías mucho en los adultos... Vale, voy a contarte un secreto porque te estás comportando bien. —

¿Nunca te has preguntado lo que sucede cuando los invocadores no pueden completar su entrenamiento debido a que no son lo suficientemente hábiles con la magia? Piénsalo un poco, si un invocador tiene un desempeño bajo y juega en representación de alguna facción, puede ocasionar muchos problemas. ¿Pero qué haces con ellos? No puedes dejarlos por ahí libres, incluso si son idiotas, saben usar magia y como entrar a la mente de un campeón. Existe una razón por la cual no se habla de los que han fallado y es quizás el secreto más grande de la Academia de Guerra. Se avecinan tiempos difíciles. Necesito que guardes algo muy valioso, eres una invocadora sin habilidades prácticamente y eres el escondite perfecto ¿Me ayudarás, cierto?

Mi corazón pareció detenerse por un segundo. No, no quería pensar en eso. Negué con la cabeza y él se río de manera suave, como si le hubiese divertido mi reacción. Sin salir de la conmoción emocional aún, él colocó una de sus manos sobre mi ojo derecho y sonrió mientras una luz me enceguecía. Un dolor paralizó por completo mi cuerpo y mi garganta se desgarró en gritos desesperados. Toda la ira se convirtió en desesperación y esta había dado rienda suelta a un lloriqueo sin control mientras intentaba soltarme.

—Eres el escondite perfecto— Volvió a repetir y sentí como si un cuchillo se estuviese enterrando en mi ojo con cada vez más profundidad. —Solo asegúrate de no fallar o quizás ... —

—¡Despierta!—

Algo frío bañó mi cara y abrí los ojos de inmediato, levantándome de mi cama en el acto y sintiendo que mi cuerpo volvía a ser mío. Me toqué el rostro y estaba húmedo, volteé hacia un lado y mi cuello crujió. Parpadeé varias veces sin poder acostumbrarme a la luz de las velas y finalmente logré divisar que al lado mío estaban Nasus y Azir mirándome fijamente. Giré mi cabeza hacia el otro lado y noté que una mujer estaba sosteniendo una copa vacía y observando a los otros dos con desaprobación.

—Había que tirarle agua fría, se los dije desde un principio— Dijo ella tranquilamente y colocó la copa en el velador.

—Gracias por tu ayuda, Sivir— Dijo Azir cruzándose de brazos y de pronto noté que la chica estaba en pijamas y tenía cierta cara de hastío. —¿Estás bien, Drachenblut? Escuchamos tus gritos por todo el palacio y era imposible despertarte—

Me tapé la cara y murmuré una disculpa.
Había sido la peor pesadilla de mi vida.


Notas del autor: No puedo expresar en palabras mi gratitud por el review que me han dejado y las visitas que tiene este fic. Al principio tenía mucho miedo de publicarlo (pero un amigo insistió en que lo intentara) y bueno, me alegro mucho que os guste.
¡Saludos!