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—Buenos días— Saludé a Nasus mientras me restregaba los ojos y por alguna razón, mi ojo derecho parecía haberse calmado.
—Buenas tardes— Corrigió de manera amigable, aunque fue inevitable sentirme avergonzada por haberme dormido durante tanto tiempo. —He pensado que sería prudente dejarte dormir un poco más considerando los últimos acontecimientos—
Pedí disculpas y él me dijo que no eran necesarias. Se levantó de su asiento y luego salió de la habitación, no sin antes indicarme que me dirigiera al comedor para desayunar y luego a la biblioteca. Asentí a todo lo que decía y me arreglé lo más rápido que pude, tenía un largo día por delante.
Durante el desayuno, Azir me acompañó diciendo que era el deber de un emperador hacer que sus invitados se sintiesen en casa. Y aunque él no comió ningún bocado, me insistía en que debía probar los diversos tipos de comida que habían en la mesa. Solo por curiosidad, me había abalanzado sobre las galletas que Nasus había mencionado la noche anterior. Eran dulces y crujientes, no eran las mejores del mundo; pero eran mejores que las que yo hacía.
Por primera vez en mi vida agradecí ser una adicta a comer, de lo contrario me hubiese sido imposible rechazar todo lo que amablemente el emperador me ofrecía. Ante el entusiasmo que mostraba mientras me explicaba en qué consistía la comida shurimana, yo sonreía y le hacía preguntas para demostrarle mi interés; incluso cuando hablaba de escorpiones acaramelados. Incluso ya me estaba haciendo la idea de que en algún momento Azir me haría probarlos.
—Es hora de que vayas a tu encuentro con Nasus.— Dijo apenas vio que había terminado de comer y se levantó del asiento.
—Tengo una pregunta antes de eso— Murmuré en voz baja y él asintió —¿De qué están hechas las galletas de Shurima?—
Él se rió, con esa particular risa que parecían compartir los Ascendidos.
—Es un secreto de las arenas, mortal.—
Por alguna extraña razón, yo también me reí. Me despedí de él inclinando la cabeza y me dirigí hacia la biblioteca.
Al entrar al lugar, me sentí nuevamente perdida entre tantos libros y pergaminos. Caminé buscando a Nasus y lo encontré leyendo completamente absorto; en silencio me acerqué y no supe qué hacer, no me sentía capaz de interrumpirlo, al igual como me pasaba cuando Azir hablaba sin parar.
—Estaba buscando información sobre la magia de sangre.— Comentó levantando la vista y dejando a un lado lo que leía (algo escrito en letras que ni siquiera pude reconocer) se acercó a mi. —Por el momento no estoy lo suficientemente informado en el tema, así que procederé a estudiarlo en las próximas semanas. Ahora nos dedicaremos a practicar la invocación.—
Asentí y procedí a prepararme para conectar mi mente con la del invocador de las arenas. El proceso era bastante sencillo, los campeones (al estar inscritos como tal en el registro de la Liga) aceptaban que un invocador utilizara magia para controlarlos y "prestarles" sus poderes. Era un proceso que solo podía realizarse en las prácticas y en lugares autorizados.
Un círculo apareció debajo de mis pies, miré a Nasus y él se veía tan calmado como siempre. Cerré los ojos y aún sintiendo las dudas de que si aquello funcionaría, logré sincronizarme con su mente. Los campeones en aquel estado podían hablar, mas sus movimientos dependían exclusivamente del invocador. En este caso, al ser solo una práctica pequeña, Nasus aún tenía control de su cuerpo por sí solo. Pero él insistía en que intentaríamos hacerlo lo más parecido a una partida normal.
—Comenzaremos con lo básico— Dijo haciendo una señal y de pronto dos oleadas de minions aparecieron justo en frente de nosotros. —Farm. Mata a los de color rojo que representan al equipo enemigo—
—¿Qué?— Pregunté, sintiéndome como una novata. El arte del "Last Hit" (o Último golpe) consistía en matar a los minions de un solo ataque para llevarse el oro y la experiencia. En el caso de Nasus, si matabas a un enemigo con su habilidad 'Golpe Absorbente' ganabas algo llamado stack si el enemigo era un minion pequeño se te sumaban 3 stacks y si era un minion grande, un monstruo de la jungla o un campeón, el premio eran 6 stacks. Nasus era reconocido en la Liga por ser el campeón con el peor juego temprano y ser al mismo tiempo, uno de los más horrendos rivales si es que lograba acumular más de 500 stacks en su 'Golpe Absorvente'.
—No quiero que pierdas ninguno de los minions que he invocado. — Tomó su bastón y se quedó quieto esperando mis órdenes. —Es importante que los mates para que mi Golpe Absorbente gane fuerzas.—
Aquello se veía fácil, pero calcular el daño y en qué lugar moriría el minion era complicado. Y cada vez que perdía uno, Nasus se encargaba de hacermelo saber en un ligero tono de reproche. Había escuchado de diversos entrenamientos, algunos practicaban movimientos rápidos y letales, otros creaban químicos y nuevas máquinas para la guerra...Y yo...to estaba matando minions controlando a un chacal gigante de casi dos metros.
Luego de una hora de práctica, él volvió a convocar otra oleada de minions y esta vez, una imagen fantasma de un campeón. La dificultad había cambiado y ahora tenía que asegurarme de no recibir daño al intentar conseguir el farm.
—Ahora lo haremos con tiempo. Necesitas juntar 300 stacks al minuto veinte.— Él se rió en voz baja y de pronto supe que el curador de las arenas no era tan bueno como aparentaba —No nos detendremos hasta que lo consigas. El fantasma que he invocado tiene las habilidades de Riven, un enfrentamiento difícil, pero no imposible. Como sabrás ella es un campeón de juego temprano, por lo que durante los diez primeros minutos atacará cada vez que intentes matar un minion...Como esto es un combate simulado, si los golpes del fantasma hacen que mi vida se agote; de inmediato se reiniciará la simulación y perderás todos los stacks. Así hasta el fin de los tiempos.—
Fin de los tiempos. Escuchar aquello de los labios de un ser inmortal era el equivalente a la muerte.
Pasó el tiempo y concluí que Nasus era un demonio. Un demonio cruel y despiadado que no entendía mis limitaciones humanas. Seis horas donde Riven me asesinó cruelmente y barrió el piso conmigo (e incluso Nasus se había tomado la molestia de hacer que se riera tal y como la campeona) concluí que la odiaba. La detestaba cada vez que el simulador de vida llegaba a cero y comenzaba a bailar. Pero no iba a reconocer mi derrota, ni iba a pedirle piedad a Nasus; iba a seguir hasta que se me cayeran los dedos si era necesario. Jamás había entendido la importancia de matar minions, de hecho ahora entendía que el oro podía sacarse así y no necesariamente matando al otro.
De pronto sentí que mi mente se separaba de la suya. Nasus se dio media vuelta y caminó hacia donde estaba parada, dando por finalizado el entrenamiento.
—Aún no alcanzas ni siquiera los 200 stacks, Drachenblut.— Dijo Nasus de forma tranquila, ni siquiera se veía agotado.
—Lo siento, pero aún puedo seguir, solo...—Respondí y antes de poder continuar, acercó una de sus manos para colocarla encima de mi cabeza y darle suaves golpecitos.
—Ha sido un buen calentamiento.—Volvió a hablar mientras palmeaba mi cabeza y me sentí como una niña pequeña a la cual estaban felicitando por haber hecho todos los deberes.—Al principio acumulaste un total de diez muertes en los primeros veinte minutos, en una partida normal eso le traería la desgracia a tu equipo. Sin embargo en las cuatro últimas simulaciones las redujiste a dos y aumentaste la cantidad de minions de manera progresiva. Buen trabajo.—
Sentí que las mejillas me ardían, era la primera vez que me habían dicho que hacía algo bien desde que había ingresado a la Academia de Guerra. Agradecí varias veces y sonreí de forma estúpida al pensar en que incluso yo podía convertirme en una invocadora. Él soltó una suave risa y quitó su mano para invitarme a tomar asiento en la mesa donde él solía leer.
Conversamos sobre lo que había hecho bien y lo que debía mejorar. Existía una gran diferencia entre escuchar aquello de forma relajada y constructiva, a diferencia de la lluvia de insultos que recibía en la Grieta del Invocador. De pronto, recorde la pregunta de la noche anterior y me quedé mirando fijamente a Nasus, sin saber si era prudente decírselo o no y para mi sorpresa, él fue quien habló primero .
—¿Qué es lo que te inquieta, Drachenblut?—
—¿Cómo lo...?—
—Los mortales curiosos que se quedan en silencio solo están dudando de la pregunta que desean hacer.—
—¿Que sucede cuando...?— Por un segundo la pregunta quedó en el aire, por alguna razón no sabía si aquello estaba bien. Tomé aire y continué: —¿...Los invocadores fallan?—
—Ningún invocador bajo mi tutela ha fallado.— Respondió luego de unos segundos y apenas abrí la boca para decirle que esa no era mi pregunta, él continuó. —La información que poseo es algo limitada, sin embargo te la diré: La Academia de Guerra se encarga de que solo los mejores sean los que queden. Sería complicado tener invocadores de bajo desempeño, porque estos estarían peleando bajo el nombre de una nación y además sus mentes si no son fuertes podrían ser consumidas por la oscuridad de algunos campeones. La Academia no puede dejar libres a aquellos que no han podido completar el entrenamiento, debido a que tienen experiencia con la magia y ya no son simples mortales.—
Nasus siempre tenía una forma amigable y respetuosa de decir las cosas, incluso en las peores situaciones. Cada pausa que tomaba me hacía pensar que efectivamente estaba buscando las palabras adecuadas.
—Para evitar los problemas se crearon las 'clases extra' (como las llaman ustedes) y estás han mostrado ser de mucha utilidad para que la mayoría de los invocadores resulten victoriosos. Sin embargo... ¿No te parece extraño que no los dejen usar la teletransportación para viajar considerando los riesgos?—
Negué con la cabeza, a mí me parecía que solo era un castigo por ser miserables, aunque ahora que lo pensaba un poco más; el Desierto de Shurima era un lugar horrendo y me podrían haber matado en cualquier segundo si no hubiese sido porque tenía suerte y no me había cruzado con ningún monstruo en el camino.
—Nos envían a sitios alejados para ver si pueden deshacerse de nosotros.— Concluí en voz alta y de pronto me sentí como un cadáver ambulante, como si vivir no hubiese estado dentro de las expectativas de la Academia.—Todo depende de que tan malos seamos.—
—Esa es la realidad.— Dijo Nasus y como siempre su tono de voz no me permitía saber como se sentía al respecto. —Si te han enviado a Shurima, quiere decir que aún puedes convertirte en un invocador. Es un viaje difícil, pero no imposible... A diferencia de otros, como las Islas de las Sombras.—
— ¿¡Qué!?— Exclamé al escuchar el nombre de aquel temido lugar. No tenía idea de que podían enviar a personas allá, había escuchado sobre Demacia, Noxus, Piltover, Zaun, Ionia, etc. Pero no sobre la residencia de los espectros.
—Prácticamente es sentenciar a muerte al invocador. Pero sobrevivir a ello te concedería una fortaleza mental que nunca podrías adquirir en un entrenamiento normal.—
—No sabía que los residentes de las Islas de las Sombras podían ser tutores.—
—Según tengo entendido Mordekaiser y a Thresh les fascina.— Por alguna razón, escuché sus risas en mi cabeza y se me pusieron los pelos de punta. Prefería mil veces estar seis horas matando minions antes que estar cerca del gancho de Thresh.
—¿No sería mejor escapar?— Pregunté y negué con la cabeza al darme cuenta de lo estúpida que era mi pregunta. —Sería inútil, porque la Academia tiene mi nombre y pueden saber donde estoy.—
—Exactamente— Confirmó Nasus. — He trabajado en la Gran Biblioteca de la Academia y he tenido acceso a algunos registros. También he podido escuchar algunas conversaciones, pero todo lo que acabo de decirte es confidencial. —
—Después de este entrenamiento debo volver a la Academia, al igual que todos los Invocadores que sobrevivieron al viaje... ¿Pero y si no lograron mejorar incluso después de ello?—
Nasus se reclinó en su asiento y negó con la cabeza. Aunque en mi interior, yo sentía que ya sabía lo que iba a decirme.
—No conozco la respuesta a esa pregunta, Drachenblut.—
Eso era lo que más me temía, el que el curador de las arenas no supiese algo.
Nos quedamos en silencio por un tiempo, hasta que Nasus me recordó que debíamos ir a encontrarnos con Azir. Nos dirigimos hacia la parte Oeste de Shurima, donde nos encontraríamos con el emperador para comenzar con los arreglos de la ciudad. Al llegar, vimos como un ejército de soldados de arena movía escombros de un lugar a otro.
—No sabía que podía usar así a sus súbditos.— Comenté maravillada mientras miraba a aquellos seres coordinarse a la perfección.
—Azir utiliza la magia para darle forma a las arenas y controlarlas a voluntad. En los campos de batalla tenemos un número limitado de habilidades permitidas, sin embargo fuera de este podemos hacer lo que deseemos.— Dijo Nasus y me dio la sensación de que se estaba haciendo el hábito de explicarlo todo antes de que le acribillara con mis preguntas.
—Nasus, Drachenblut.— La voz del emperador llegó hasta nuestros oídos y lo vimos haciendo una seña para que nos acercáramos a su lado. —¿Qué tal su entrenamiento?—
No supe como clasificar las seis horas matando minions. En parte sentía que aún me faltaba mucho por aprender, pero por otra estaba orgullosa de haber mejorado tanto.
—Drachenblut está progresando muy rápido.— Respondió el chacal y antes de que el contrario pudiese hacer más preguntas, continuó con el tema que nos convocaba. —¿Para que requerías nuestra ayuda?—
—Necesitamos crear planos nuevos de la ciudad basándonos en como son las construcciones de hoy. Es por eso que necesito de tus conocimientos sobre Arquitectura, Nasus.— Azir miraba fijamente al curador de las arenas y luego se dirigió hacia a mi. —Y también requiero el consejo de un mortal que ha nacido en esta era y conoce otras ciudades.—
Le respondí a Azir que con gusto le ayudaría y nos dedicamos tranquilamente a discutir qué cosas necesitaba Shurima. Yo había nacido en Piltover, la ciudad del progreso y siempre me había parecido que era el mejor lugar para vivir; sobretodo por la seguridad y la tecnología. Aunque por culpa de Jinx, ya no se vivía tan tranquilamente.
Me dediqué durante varios minutos a explicar lo que amaba de Piltover, sin embargo se me había olvidado que Azir no conocía casi ningún invento de este siglo. Me tomó un buen tiempo el explicarle lo que era la electricidad, los globos aeroestáticos, los explosivos hextech... El emperador asentía y parecía tomar nota mental de cada una de mis palabras. Luego Nasus sugirió que quizás era necesario levantar los viejos muros de la ciudad para reducir la cantidad de polvo proveniente de las tormentas de arena. Los soldados de Azir seguían en su labor y nosotros ni siquiera nos habíamos dado cuenta de cuando las estrellas ya estaban en lo más alto.
—Es suficiente por hoy.— Ordenó Azir al notar que ya había concluido el día. —Es hora de retirarnos al palacio.—
—Con tu permiso Azir, me gustaría mostrarle algo a Drachenblut primero.—
Azir asintió y Nasus comenzó a caminar hacia las afueras de la ciudad. Lo seguí en silencio y muy de cerca para evitar tropezarme con los escombros, él de vez en cuando me miraba de reojo para asegurarse de que no me perdiese. De pronto nos detuvimos en un terreno baldío alejado de todo.
—Mira hacia arriba.— Dijo Nasus y al levantar mi vista, sentí como si el cielo se hubiese caído sobre mí. Miles de estrellas vestían a la oscura noche, como si fueran diamantes. Alejada de la ciudad, podía apreciar mucho mejor las constelaciones e incluso la iluminación artificial de Piltover me parecía nada en comparación al espectáculo que ofrecía el cielo estrellado.
—Es hermoso.— Me senté en el suelo y para mi sorpresa, Nasus se tendió en este. No tardé ni un segundo en imitar su actuar y me sentí pequeña, tan pequeña en comparación al universo que me rodeaba y al ser Ascendido que durante milenios había caminado por las arenas del desierto.
—¿Conoces la historia de la constelación de Bell'Tre?—
—No, pero por favor cuéntame.—
No sé cuanto tiempo pasó, yo ya me había perdido en las historias que Nasus narraba. Cada vez que señalaba un conjunto de estrellas, me parecía que estas brillaban más, como si quisieran que notara que ellas eran las protagonistas del cuento del curador de las arenas.
De pronto sentí un sonido agudo y dejé de escuchar su voz. De forma instintiva me tapé los oídos y me detuve apenas noté que el sonido no se iba. Cerré los ojos y al abrirlos, me volteé para pedirle ayuda a Nasus, pero al hacerlo él ya no estaba a mi lado. El ruido se detuvo, pero había comenzado a sentir el dolor que solo anunciaba problemas: mi ojo derecho. Me levanté del piso y mi cabeza daba vueltas, aunque al menos no veía nublado.
—¡Nasus!— Grité y en respuesta escuché algo parecido al estruendo de un campo de batalla. Vale, eso no me lo había esperado. Sin pensarlo dos veces, corrí hacia la ciudad y el paisaje era completamente diferente al que había visto hace unas horas atrás ¿Como era posible que los soldados de arena limpiasen tan rápido? Escuché otro ruido y esta vez pude distinguir los gritos desesperados de personas.
"Supongo que solo me queda caminar hacia el Disco Solar" Pensé y me dirigí hacia el centro. Al irme adentrando a la ciudad, vi a más personas refugiándose en sus casas y cerrando las puertas. Llantos de niños y personas orando de forma desesperada en medio de la calle. Un estallido pareció romper el cielo y luego miles de flechas parecieron oscurecerlo. En un acto reflejo me cubrí la cabeza con las manos, pero las flechas ni siquiera me habían hecho daño, al parecer algo de suerte tenía. Sin embargo, no había sido así para las personas que se encontraban allí.
Alaridos de dolor y gritos desesperados pidiendo ayuda. Me acerqué para ayudar a un niño que tenía una flecha incrustada en la pierna, le prometí que todo iba a estar bien y al colocar mis manos sobre él...Lo traspasé, como si yo hubiese sido un fantasma. Por un lado de la ciudad aparecieron soldados que tenían grabado un símbolo desconocido en el pecho. Exclamaron algo en una lengua desconocida para mí y desenvainando sus espadas, comenzaron a asesinar a todas las personas que encontraban a su paso, desatando una carnicería. Me tapé los ojos, pero los gritos fueron imposibles de evitar y rápidamente emprendí una loca carrera para escapar de aquel sitio.
Sin embargo, los ojos de aquel infante suplicando por una ayuda serían motivo de muchas pesadillas en el futuro.
Logré llegar al inicio del Camino del Emperador, donde soldados con el emblema de Shurima ofrecían resistencia y evitaban que los invasores lograran derribarlos. Los ciudadanos corrían con baldes de agua intentando apagar las casas que eran consumidas por las llamas. Hombres y mujeres se enfrentaban a los invasores, cuchillos, palos, absolutamente todo parecía ser un arma en aquella situación y aunque no eran soldados, no temían en abalanzarse sobre los enemigos para defender lo último que quedaba de Shurima.
Subí por las escaleras para alcanzar el Disco Solar y las preguntas bailaban en mi cabeza ¿Dónde estaban Nasus y Azir? ¿De dónde habían salido tantas personas? Algo me decía que definitivamente estaba en otro tiempo, pero seguía estando en Shurima. Al llegar a la cima tomé aire e intenté entender lo que pasaba, pero mis dudas solo aumentaron cuando me di cuenta que habían dos personas de pie cercanos al Disco Solar. Caminé hacia ellos solo para verlos un poco más de cerca y uno de ellos giró levemente la cabeza en dirección hacia mi.
Al hacerlo, me encontré con un par de ojos azules que me observaban fijamente, como si él supiese que había alguien allí.
Yo conocía muy bien aquellos ojos azules que me habían recibido en mi primer día en Shurima, pero ahora estaban en el rostro de un humano.
—¿Nasus?—
Al parecer tenía razón, estaba aún en Shurima, pero reviviendo una memoria de cuando Nasus aún no era un Ascendido.
Notas del autor: ¡Capítulo muy, muy largo! Lamento haberme demorado en actualizar, pero cuando me di cuenta...Ya llevaba mucho escrito y si lo cortaba a la mitad sentía que dejaba todo muy en el aire y tampoco quería tardar más en subir el capítulo.
Oh, no puedo creer que me hayan dejado tantos lindos reviews, todos se han ganado galletitas shurimanas en muestra de agradecimiento. De verdad no saben lo feliz que me hacen ¡Espero que tengan una muy buena semana!
