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Luego de que Nasus me contase sobre el cómo había Ascendido me quedé en silencio por unos minutos, intentando ordenar la avalancha de preguntas que tenía. Ahora no tenía duda alguna de que lo que había visto había sido un acontecimiento ocurrido en Shurima hace miles de años atrás.
—Lamento lo que sucedió entre tú y Renekton. Sé que es inútil decirlo ahora, pero espero que puedas traer de vuelta a tu hermano... A como era antes— Dije intentando romper el incómodo silencio que había dejado su historia. Aunque de verdad me hubiese gustado conocer al antiguo Renekton, me lo imaginaba como alguien con el cual te la pasarías horas hablando sobre sus batallas y guerras.
—La única forma de liberarlo de su locura es conducirlo a los brazos de la Muerte— Nasus hablaba con tanta naturalidad sobre ello, que me daba escalofríos. A veces olvidaba que estaba hablando con alguien que podía acabar con incontables vidas humanas con solo desearlo.—Sé que de seguro la visión que tuviste no fue muy agradable. Sin embargo ahora sabemos que la magia de sangre te ha concedido una habilidad que antes no tenías—
Nasus miró hacia la estantería cercana a él de tres metros de alto (como mínimo) llena de pergaminos y libros antiguos y negó con la cabeza. Alguien normal hubiese tardado un mes en leer todo aquello, al parecer esa era toda la información que poseía sobre la magia de sangre.
—Había pensando en que mi ojo tenía algo que ver, dolía muchísimo— Agradecí mentalmente que hubiésemos cambiado el tema y sobretodo, el poder tener más respuestas de lo que me estaba sucediendo.
—A veces la magia hace que te puedas conectar a un nivel más allá del plano físico y puedas "ver" cosas que los demás no— Nasus pasó una mano por su barbilla y luego continuó hablando.—He de suponer que te encuentras al tanto de lo que sucedió con Malzahar. Él desde muy temprana edad tuvo afinidad con la magia y era capaz de "ver" cosas que los humanos no debían. Terminó convirtiéndose en el profeta del Vacío debido a ello—
—¿Qué? ¿Voy a terminar volviéndome una profeta del Vacío también?— Mi futuro no se veía muy prometedor, no quería terminar hablando de las criaturas que algún día nos devorarían y conducirían el mundo a su destrucción.
—Mientras mantengas tu distancia de los portales del Vacío, no creo que eso suceda. Tienes que entender que la tierra bajo nuestros pies está tan llena de vida como tú o como yo; esta guarda recuerdos al igual que un ser viviente. Cada rincón de esta ciudad está influenciado por la magia de una u otra manera. Shurima te ha mostrado una de sus memorias al entrar en contacto contigo, pero ten cuidado...Esta tierra no quiso causarte daño, pero no puedo decir lo mismo de otros lugares—
En mi lista de preocupaciones debía agregar el que no debía acercarme a las Islas de las Sombras o Portales del Vacío.
—Actualmente no eres una maga de sangre, pero el tener aquella magia corriendo por tus venas ha traído consecuencias.—Nasus volvió a hablar y de inmediato comencé a prestarle atención.—Los magos de sangre poseían habilidades como levantar objetos con la mente, encender fuego a voluntad, levitar, entre muchas otras. Pero como el costo de aquello era su vida, utilizaban a otros para pagar el precio de su ambición—
—Intento no pensar en que estoy muriendo más rápido de lo que debería— Susurré en voz baja, pero Nasus me escuchó y colocó una de sus manos sobre mi hombro intentando reconfortarme, o al menos eso creí.
—No te des por vencida aún, Drachenblut— Coloqué mi mano sobre la de él, era tan pequeña en comparación a él y esbocé una sonrisa ¿Como un ser tan diferente a mí me hacía sentir segura de que pronto las cosas iban a mejorar?
—Gracias por contarme sobre tu vida y explicarme todo siempre, Nasus — Dije sintiéndome con una extraña y renovada energía de que todo iba a ir bien.
—Soy yo quién te está agradecido por escuchar, Drachen— Me sorprendió que de pronto hubiese acortado mi nombre, pero al mismo tiempo sentí como si nos hubiésemos vuelto oficialmente amigos.—¿No te molesta?—
—Para nada, los nombres largos no son apropiados para vivir Shurima—
El Curador de las Arenas dejó escapar una pequeña risita y por unos segundos su imagen humana apareció en mi mente. Deseché el pensamiento rápidamente y quité mi mano de la suya. Momentos después él se levantó de su asiento para que comenzaramos con el entrenamiento. En aquel instante, mientras caminaba detrás de Nasus, decidí que ante la incertidumbre de mi tiempo de vida iba a disfrutar cada segundo que tenía como si fuese el último.
Pasaron dos semanas. Al estar en período de clases extra, las batallas en la Grieta del Invocador no se llevaban a cabo; por lo tanto Azir, Nasus y Sivir tenían más tiempo de lo usual. Sivir se la pasaba viajando a distintos lugares y prácticamente no la veíamos en la ciudad, al parecer incluso después del incidente en la Tumba que casi le había costado la vida, seguía siendo tan temeraria como siempre.
Por otro lado, yo ya era una experta en el arte del Last Hit y era prácticamente invencible cuando juntaba los suficientes stacks. Incluso Azir a veces se unía a nuestras prácticas y terminaba explicándome como pelear contra los personajes de rango. En una ocasión me había dejado sincronizar mi mente con la suya solo para simular una invocación y había sido un completo desastre. Por poco y había hecho que los soldados de arena se mataran entre sí.
Pese a los riesgos de la magia de sangre, estaba aprendiendo a ocupar la habilidad que esta me había otorgado. Aunque no podía dominarla la perfección, ya podía ver acontecimientos del pasado sin despertar sintiéndome miserable. Sin embargo aún no podía encontrarle la utilidad en un combate.
Si ignoraba el hecho de que mi ojo tenía una especie de maldición y que una magia extraña estaba matándome lentamente todo era perfecto. También el pequeño detalle que tenía que tarde o temprano volver a la Academia y enfrentarme posiblemente a quien me había utilizado de saco para guardar algo.
Todas aquellas ideas quedaban atrás cuando me preguntaba si realmente quería volver. Una parte de mí insistía en que debía regresar y demostrarles a todos lo que había aprendido entrenando con el Curador de las Arenas, luego plantarles un Golpe Absorbente con más de mil stacks en los dientes y bailarles encima. Pero por otro lado, y pese a que odiaba el calor del desierto y el frío que caía por las noches, amaba el despertarme todos los días sintiendo que estaba ansiosa por vivirlo. Dar paseos por la ciudad mientras Azir contaba las antiguas glorias de Shurima era una de mis tantas aficiones. Al anochecer, disfrutaba del paisaje nocturno tendiéndome en el suelo mientras veía las estrellas y Nasus me narraba las historias detrás de cada constelación.
Me sentía como si estuviera en mi hogar, aunque no lo era y probablemente, nunca lo sería. Quizás todo mi amor por el desierto era producto de la fascinación que me provocaba lo nuevo y exótico que todo era para mí.
Un día, al levantarme para tomar desayuno con Azir, me sorprendí de ver a Sivir sentada en la mesa, pero no al Emperador. La saludé y ella me devolvió el gesto con una sonrisa.
—Nasus ha dejado un mensaje para ti— Sivir me extendió una canasta con pan y al escucharla decir aquello, imaginé que él no estaba en Shurima.— La Academia de Guerra lo han llamado a él y a Azir de manera urgente hoy, por lo que han usado la teletransportación para llegar. Dijeron que volverían en la noche o mañana antes del atardecer, eres libre de ambos por un día—
—Uh...—No me agradaba la idea de que Nasus estuviese lejos. Ni siquiera Azir estaba en la ciudad.
—Hoy me toca ser tu niñera— Dijo llevándose una manzana a la boca y comiéndosela de manera despreocupada.
—Supongo que...Gracias—
—No me des las gracias. Me han pagado por ello, así que eres mi trabajo hasta que vuelvan los otros dos—
Me lo imaginaba. No esperaba otra cosa de Sivir, solo deseaba que Shurima no cayera en una crisis financiera por lo que había cobrado.
—¿Sabes algo gracioso?— Sivir terminó de comer la manzana y jugueteó con los restos de esta.—Los otros dos son los animales, pero me da la impresión de que tú eres su mascota—
—Tienes razón, espero no hartarlos con mis preguntas, sobretodo a Nasus— Respondí mientras me llevaba un trozo de pan a lo boca. No podía negar la realidad de que me la pasaba todo el día revoloteando cerca de Nasus y Azir.
—Todo sobre el perro es paciencia, desde su estilo de estrategias hasta su existencia. Tardarás unos diez mil años en agotarlo—Sivir tenía un modo particular de iniciar conversaciones, sobretodo por su humor. Seguimos conversando mientras comíamos, ella me contó sobre su vida y las aventuras que había tenido en el desierto. Sivir pertenecía a una de las tribus nómadas de Shurima y se había especializado en el saqueo de tumbas, era conocida como una de las mejores mercenarias de todo Valoran. —Nunca he estado atada a ningún lugar. Por eso necesito mantenerme en movimiento, no puedo vivir como los otros dos—
—Si tu sangre despertó a Azir porque son del mismo linaje ¿Eso no te hace su heredera?—
La expresión de la doncella de la batalla cambió drásticamente. Me miró a los ojos y tragué saliva sintiendo que había dicho algo indebido, negué con la cabeza y me mordí los labios sin saber qué decir.
—Cuando Azir resucitó, decidió que iba a unificar a Shurima bajo su mandato y volver a convertirla en un Imperio. Actualmente, Shurima se divide en pequeños poblados que funcionan de manera independiente, en la antigüedad eran señores feudales los que le rendían cuenta al Emperador y así mantenían una especie de unión. Como te imaginarás, oponerse a un Ascendido es una completa estupidez. Pero Azir desea que lo reconozcan como tal, esa es la gran diferencia. Por eso el pájaro no va de tribu en tribu amenazándolos de que deben seguirlo o morir enterrados en la arena; es un idiota de buen corazón, demasiado para mi gusto. El punto es que si acepto que soy su heredera, perdería mi libertad y debería cumplir con obligaciones que no deseo cargar. Matrimonio, por ejemplo—
—¿Tendrías que casarte con un hombre de algún poblado mayor o una tribu con influencias?—
—Ese sería el menor de mis problemas. Puedo matarlo, quedarme viuda y tomar el mando; el problema sería si tuviese que ser alguien más cercano y que fuera inmortal—
—¿¡Azir!?— Grité casi cayéndome de mi asiento por la impresión.
—En la Antigua Shurima no era extraño que se casaran entre familiares—Sivir bebió un poco de agua antes de seguir, me daba la impresión de que hubiese preferido una botella de alcohol para esta clase de conversaciones. Imité su actuar y tomé una copa para refrescarme la garganta. Sivir soltó un suspiró y continuó hablando—Una opción es el pájaro, la otra es tu novio, el perro—
Escupí el agua y me tapé la cara cuando Sivir comenzó a estallar en risas. Me había tomado toda la conversación de manera seria y ella me había salido con una mala broma al final. Sentía como el rojo de mis mejillas solo iba aumentando y se me subía hasta las orejas. Sivir no paraba de reír mientras insistía que solo estaba tomándome el pelo.
Luego de varios minutos, en los cuales enterraba mi rostro entre mis manos y rogaba para que Sivir dejara de reírse, terminé por juntar el valor suficiente para mirarla a los ojos. Ella se llevó la mano al estómago y terminó por controlarse.
—Eres demasiado transparente, Drachenblut— Dijo y se pasó una mano por el cabello en un gesto despreocupado.— Lo dije solo por decirlo y mira que has reaccionado mal. Cualquiera podía haberte asesinado mientras tenías tu pataleta. Siempre debes estar preparada para esas situaciones, me imagino que apenas alguien te dice algo en la Grieta del Invocador empiezas a dudar de ti o bien, te dedicas a llorar en vez de continuar. Tu oponente siempre buscará que pierdas el control. Ten eso en mente dentro y fuera de la Grieta del Invocador—
A su manera, Sivir me estaba dando una lección. Ella tenía razón, no tenía sentido el haberme sentido tan avergonzada cuando solo estaba haciendo una broma. Agradecí su consejo y le sonreí, de ahora en adelante tendría más cuidado con mostrar mis emociones y debilidades de manera tan fácil.
Durante el transcurso del día nos dedicamos a conversar sobre nuestras vidas, pese a que yo no tenía mucho que contar; si podía sentirme fascinada por la forma en la cual Sivir había sobrevivido desde pequeña.
No hubo señales de Nasus, ni de Azir en la noche, así que asumimos que al despertarnos al día siguiente estarían dando vueltas por el palacio. El problema es que pasaron tres días más y no podíamos contactarnos con la Academia de Guerra para saber que había sucedido, hasta la plataforma de teletransportación había fallado. Sin embargo, la noche del tercer día Sivir entró a mi cuarto con su arma lista y una mochila al hombro.
—Trae lo necesario. Vamos a cruzar el desierto a pie, esto me huele muy mal— Ordenó y sin dudarlo me puse de pie para emprender el viaje de regreso a la Academia de Guerra.
Notas del autor: Ya ni siquiera sé como disculparme por haber tardado casi un mes. Estoy a punto de licenciarme y han sido unas semanas llenas de locura. Espero que hayan disfrutado del capítulo, dado que este fue el último del arco introductorio. Ahora podemos comenzar con el segundo arco.
¡Muchísimas gracias por los reviews que me han dejado! Escribir este fic es de las pocas actividades que puedo hacer en mi tiempo libre, realmente aprecio que les guste y la comenten.
Nos vemos en el próximo capítulo.
