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Lo primero que sentí fue una molestia en mi estómago, no era buena disimulando y Malzahar pareció notarlo. Volví a negarle con la cabeza y él alzó una ceja mientras lanzaba una risa despectiva.

Nuestra conversación fue interrumpida cuando la neblina que estaba circundando a la Academia había comenzado a expandirse. Escuché los gritos de los guardias indicando que debíamos evacuar rápidamente y entonces mi ojo derecho comenzó a arder. Me encogí sobre mí misma y me lo cubrí, como si con eso pudiese evitar que el dolor aumentara. Al mirar a Malzahar, pude ver como su expresión cambiaba e incluso parecía estar a punto de caerse en su flote.

—Ha comenzado—Susurró aquello y un inexplicable terror me invadió, no sabía si era por sus palabras o por mi ojo. Malzahar cerró los ojos, llevándose las manos al rostro y luego se sentó en el piso, en una especie de trance. Escuché como recitaba unas oraciones en una lengua extraña y justo debajo de nosotros apareció una especie de agujero morado—Es ahora o nunca, invocadora. El portal está abierto—

Sin previo aviso, algo parecido a unos lazos de color púrpura emergieron desde el portal y me envolvieron. Quise gritar, pero mi voz simplemente no salía; miré a mi alrededor y de pronto algo me arrastró con fuerza hacia el interior del portal. Simplemente ya no podía controlar mis acciones y fui arrastrada hacia la oscuridad.

Al abrir los ojos, me di cuenta que el dolor de mi ojo derecho había desaparecido. Pero había algo extraño: no estaba en el lugar donde tenía que estar. Mi mente se sentía cansada y confundida, como si no hubiese dormido hace semanas.

Estaba sentada en un salón de clases junto a varios niños que no pasaban los ocho años. Todos estaban vestidos con uniforme escolar y pude notar que algunos de sus rostros me eran familiares, demasiado.

—¿Qué?—Pregunté en voz alta y me sorprendí al notar que uno de ellos estaba mirándome fijamente. Yo lo conocía, de algún lado. Intenté fijar mejor mi vista para distinguir mejor sus rasgos, tenía el cabello oscuro y los ojos de color ámbar.

—¿Como hiciste para entrar a esta Escuela?—Me preguntó el chico, que estaba justo delante mío, y tomó un papel que estaba sobre mi mesa. El papel en realidad parecía ser un examen a juzgar por la calificación que estaba escrita en la parte superior—¿No te da vergüenza sacar estos puntajes?—

De pronto sentí una punzada de dolor en el estómago. Esto ya lo había vivido una vez y era una memoria enterrada en lo más profundo de mi mente, pero en ese momento no podía pensar algo así. Todo me era extraño y confuso, como una foto difuminada olvidada en un cajón viejo.

—No puedo creer que una basura como tú esté en esta Escuela—Giré mi cabeza en dirección hacia una voz femenina y pude ver que se había colocado al lado del otro chico—De seguro creyeron que eras como tu hermana ¿No?—

"Palos y rocas romperán mis huesos, pero las palabras se las lleva el viento" Me repetí a mí misma y algo me golpeó en la cabeza. Desvié la mirada al piso al sentir como una bola de papel caía y tragué saliva mientras me revolvía incómoda en mi asiento. El mundo parecía demasiado para mí.

Era la Escuela de Piltover para talentos jóvenes. En otras palabras, en aquel salón se encontraban los genios del progreso, todos aquellos que en el futuro diseñarían los mejores inventos jamás creados. Para entrar a la Escuela era necesario pasar un examen de admisión y una entrevista especial. Mi hermana mayor había sido una estudiante destacada desde su primer año y mis padres creyendo que el talento estaba en los genes, me inscribieron para rendir examen.

La Escuela comenzaba a partir de los siete años y para ese entonces, mi único talento era secarme los mocos y atarme los cordones de los zapatos mejor que el resto de los niños. En el examen de admisión no había obtenido una buena calificación, pero mis padres habían insistido que era tan inteligente como mi hermana mayor (por ese entonces ella tenía doce años) y que no se arrepentirían. Finalmente, tras muchas conversaciones y ruegos, me habían aceptado en la Escuela de Piltover para talentos jóvenes.

Mis padres creyendo que era lo mejor, me habían condenado a un infierno. Era más lenta que los demás niños a la hora de aprender y por esa razón, los profesores se veían en la obligación de explicarme todo de forma personalizada en los descansos o bien al finalizar las clases. Sin embargo, mis compañeros ya me habían coronado como su espectáculo favorito, las burlas iban desde mi poca capacidad para aprender hasta mi forma física. Durante el almuerzo me era normal esconderme en el baño a comer o a llorar. Hasta que un día descubrí que existía un lugar donde podía esconderme: la Biblioteca. Era un lugar sagrado dónde nadie podía hablarme y entonces, me encerré en las letras para huir de la realidad.

Pasaron los años y me convertí en un fantasma. Un fantasma que no hablaba nunca y solo deseaba esconderse de los demás; mis calificaciones eran aprobatorias y con eso podía mantener felices a mis padres. Quizás si les hubiese dicho que era infeliz, podría haberme ahorrado los problemas al estómago y de ansiedad.

—Tengo que volver—Dije y me levanté de mi asiento. Tenía ocho años e iba vestida con el uniforme que tanto detestaba, mi cabello era largo y mamá me había hecho coletas porque decía que me veía adorable con ellas.

—¿A tu otra Escuela?—Preguntó uno de los niños que habían estado riéndose de mí y negué con la cabeza.

—Debo irme—Volví a repetir y me acerqué a la puerta de salida. La abrí y el escenario volvió a cambiar; estaba sentada en una elegante sala. Un desagradable aroma a vainilla inundaba la habitación y las paredes estaban decorados con diferentes retratos de personas: Era la oficina del Director de la Escuela. A mi lado estaban mis padres y un invocador de la Liga de Leyendas.

—Su hija es compatible con la magia—Dijo el señor de la horrenda capucha y pude ver que me sonreía.

—Pensamos que solo su hermana podía...—Comenzó a decir mi padre y pude ver en su rostro su desaprobación—¿Se llevaron a nuestra hija mayor y ahora también a la menor?—

—Al parecer, ella tiene mucha menos compatibilidad. Pero de todas formas es necesario que tenga el entrenamiento adecuado—Volvió a decir el invocador y yo solo me mordí el labio inferior—Las leyes son muy estrictas con respecto a la magia, sobretodo en Piltóver... Es para evitar futuras guerras, señor—

Todos aquellos seres compatibles con la magia debíamos tener una "licencia" por así decirlo. Debíamos estar bajo nuestra facción o bien, la Liga de Leyendas si es que nunca habíamos logrado ser especialmente amantes de nuestra ciudad. Mi hermana hace unos años había aceptado convertirse en invocadora y con eso, también renunciaba a sus estudios y a la posibilidad de llevar una vida normal. Pero ella nunca había deseado aquello, solo lo había hecho porque tenía demasiado poder corriendo en sus venas y solo en la Liga podían controlarla.

Mis padres comenzaron a discutir con el invocador y yo solo jugueteaba con mis pies, esperando que decidieran mi futuro. Me daba igual lo que sucediese conmigo, si querían podía seguir en la Escuela, irme a la Liga de Leyendas o incluso irme a vivir a otro país si era necesario.

—¿Qué quieres hacer tú?—De pronto levanté la vista y me encontré con los ojos del invocador mirándome fijamente. Yo solo me reí, como si hubiese estado bromeando y de pronto las lágrimas me nublaron la vista.

—Desaparecer—Dije y él esbozó una sonrisa mientras me extendía un papel para que escribiera mi nuevo nombre.

En la Academia de Guerra, mi vida no había cambiado mucho comparada con la Escuela. Seguía siendo objetivo de burlas debido a mi personalidad retraída, sin embargo había logrado hacer un puñado de amigos. Era extraño que mis decisiones fueran tan importantes, estaba tan acostumbrada a que los demás hicieran todo en mi nombre, que cuando me había visto obligada a depender de mí...Todo se había derrumbado.

"Existe un gran potencial en ti, mortal" Recordé las palabras que alguien me había dicho hace algún tiempo atrás y quise aferrarme a aquel recuerdo. No me importaba si había gente más talentosa que yo o con mejores capacidades, alguien muy importante para mí me necesitaba y aún cuando estaba llena de dudas, quería avanzar.


Me desperté en un lugar oscuro y frío, mi cuerpo se sentía pesado y al respirar, sentí que mis pulmones eran quemados, como si estuviese respirando fuego. Me llevé las manos a la garganta y de pronto escuché un grito.

—¡Que la luz te proteja!—Mi cuerpo fue envuelto por una luz y pude respirar con normalidad. Tomé una gran bocanada de aire y me levanté del piso para acercarme a Kayle que se encontraba empuñando su espada—¿Estás bien, invocadora? Intenté entrar al portal antes que tú, sin embargo no pude utilizar mi Intervención antes de que cayeras en el Vacío—

—Estoy bien, gracias, solo tuve un mal sueño con respecto a cosas que no quiero recordar... ¿Qué pasó?—Pregunté observando a mi alrededor y me di cuenta de que estábamos en el lugar conocido como el Vacío. Había leído y escuchado con respecto a aquel lugar que inspiraba canciones e historias de terror; lo más aterrador era la desolación de aquel sitio. Era un terreno completamente desértico con algunas decoraciones rocosas, la oscuridad le daba un tinte aún más tétrico a todo aquel escenario. Pese a que no se podía ver a ningún ser viviente cerca, podía sentir como si algo estuviese acechándome.

—La neblina en la Academia de Guerra se ha comenzado a expandir. Malzahar abrió el portal al Vacío antes de que fuese demasiado tarde—Me explicó mientras me señalaba con la barbilla al Profeta del Vacío que se encontraba sentado a unos metros de nosotras—Solo Malzahar, tú y yo hemos logrado cruzar el portal antes de que se cerrase. Pero no debemos preocuparnos por los demás, ahora nuestra prioridad es otra—

Mi expresión cambió al saber que Sivir no estaba allí, ahora tendría que arreglármelas sola. Malzahar se puso de pie y se acercó flotando hasta nosotras.

—¿Que te mostró el Vacío, invocadora?—Preguntó Malzahar y pude ver que en sus ojos había una expresión cansada—¿La destrucción del mundo como lo conoces?—

—No exactamente...—Dije sintiendo que no era el lugar, ni el momento para discutirlo—¿Qué pasó cuando estabas abriendo el Portal?—

—Tú lo sentiste al igual que yo. La neblina quería consumirnos a todos, yo solo me encargué de abrir el Portal antes de que fuese demasiado tarde...Al estar cerca de mí, el Vacío te absorbió, sin embargo hace poco te has materializado en este lugar—

—¿Podrían conversar en el camino?—Preguntó Kayle y vi como tenía empuñada su espada, lista para atacar—No somos bienvenidas en este lugar—

El Vacío era un lugar aún más oscuro del que pensaba. Podía sentir como si miles de ojos estuviesen observándome a cada segundo, estudiando cada uno de mis movimientos y esperando que diese un paso en falso para abalanzarse sobre mi espalda. Malzahar estaba unos pasos delante de nosotras, guiándonos por un sendero.

—¿Malzahar?—Le llamé rompiendo el silencio sepulcral que se había instalado entre nosotros.

—¿Hm?—

—¿Pudiste ver algo...en la neblina?—

—Si—Respondió luego de un rato—Pero aquella visión no puede ser cierta debido a que el Vacío será lo que consumirá el mundo entero ¿Que fue lo que te mostró el Vacío, invocadora?—

Era mi turno de responder sus preguntas y algo me decía, que esa era toda la información que me daría.

—Mi pasado. Quiero decir, las memorias de cuando no era una invocadora aún—

—Interesante. Si te hubieses quedado en tus recuerdos, podrías haber visto más cosas...Pero supongo que estabas preocupada por volver a la realidad. Una pena que te lo hayas perdido—

Ahora entendía que el entrenamiento junto a Nasus me había servido para controlar las visiones. Quizás hace unas semanas no hubiese sido capaz de hacer algo como eso. En parte estaba ansiosa por contarle de lo que ya era capaz y que todo era gracias a él. El viaje continuó en silencio y con cada paso que daba, me sentía aún más vulnerable, aún cuando era técnicamente "inmortal" gracias a Kayle.

De pronto una sombra nos cubrió y una risa burlona hizo que me voltease a mirar.

—¿Desde cuando ayudas a los humanos, Malzahar?—Dijo una voz siniestra que yo había podido reconocer. Era lo más grande que había visto en toda mi vida, era quizás incluso más grande que el Disco Solar de Shurima o el edificio gigante de la policía de Piltóver. Justo detrás de nosotros se encontraba Cho'gath, el terror del Vacío.

—Kog'maw está atrapado en la Academia de Guerra—Malzahar le hablaba como si hubiesen sido amigos de toda la vida. Cho'gath movió sus extremidades de un lado a otro y yo solo pude saltar hacia a un lado como un gato asustado. Mis piernas temblaban y me mordí los labios intentando no pensar en lo horrible que podía llegar a ser mi muerte si él decidía comerme viva—Además pensé que sería una buena oportunidad para que los humanos contemplaran lo que les espera—

—¿Un invocador?—Preguntó el monstruo y me escondí detrás de Kayle, ella lanzó un suspiro cansado—Puedo oler tu miedo desde aquí ¿Nos hemos visto antes, humana?—

—En un ARAM—Respondí con voz débil y recordé que en esa partida había terminado con una muy mala puntuación.

—Tu muerte llegará otro día, invocadora—Soltó una risa y se agachó mostrando sus colmillos, sus ojos eran tan grandes que incluso pude verme reflejada en ellos como si se tratara de un espejo de cuerpo entero—Cuando el Vacío consuma tu mundo, me encargaré de hacer realidad tus peores pesadillas—

Cho'gath nos dejó pasar y luego de caminar unos segundos más pudimos divisar un portal. Malzahar nos indicó que ahí estaba el final del camino y cruzamos a toda prisa mientras intentaba borrar de mi cabeza las palabras de la tenebrosa criatura del Vacío, prácticamente me había prometido que cuando nos invadieran; me daría una tortura personalizada.

Al llegar al portal que nos llevaría a la Academia de Guerra, me pareció extraño que ninguna criatura nos atacara o mordiera en el trayecto. Sin embargo al pensar un poco en ello, me sentí una idiota, Kayle prácticamente me había vuelto un ser inmortal con la ayuda de su Intervención, aunque me hubiesen mordido, ni siquiera me habría dado cuenta.

Al cruzar el portal, no tuve ninguna visión. Simplemente aparecimos en uno de los pasillos de la Academia de Guerra, supuse que debido a la magia de Kayle, esta vez no había sido influenciada por el Vacío. Me sentía aliviada al no estar siendo observada por criaturas extrañas que solo imaginaban que clase de sabor tenía. Estábamos cerca de los campos de entrenamiento y el edificio se encontraba a oscuras.

Dejé de emitir el aura de luz que Kayle había puesto en mi y noté que su rostro se veía un poco cansado, sin embargo decidí guardar mi comentario. Concederle la inmortalidad a un humano durante tanto tiempo de seguro había consumido sus fuerzas; pero ella no iba a reconocerlo.

—Está demasiado oscuro—Dije sintiéndome completamente perdida en la oscuridad de la Academia de Guerra. Nunca había visto el edificio de aquella forma y aún cuando había vivido allí durante meses, me era difícil moverme. Una sensación muy parecida a la de la pesadilla de mi primera noche en Shurima había comenzado a invadir mi cuerpo.

Extraños gruñidos se escuchan desde el otro extremo del salón y me tapé la boca para no gritar. No podía ver lo que estaba pasando con claridad, sin embargo podía distinguir algo parecido a luces rojas que se aproximaban a nosotros.

—Invocadora, mantente detrás de mí. No puedo utilizar mi Intervención aún—Kayle dio un paso adelante y de forma obediente me quedé esperando sus órdenes—¿Puedes usar Ignición?—

Asentí y extendí mi mano, imaginando la llama que normalmente usábamos en la Grieta y una pequeña luz emergió. El hechizo era bastante fácil y no requería mayor habilidad, dependiendo del invocador se podía mantener encendido el fuego durante varios minutos. De pronto un chillido hizo que nuestros tímpanos se estremecieran y las luces rojas se acercaron a nosotros. La débil luz que emitía la llama me permitió distinguir a una extraña criatura deforme de ojos rojos, era casi tan alta como Nasus, pero ni siquiera podía decirse que era humana.

—¡Apaga esa cosa!—Gritó Malzahar e invocó a sus criaturas del Vacío. Sin dudarlo cerré mi mano y la criatura se abalanzó sobre mí. Kayle se interpuso y clavó su espada justo en uno de los ojos rojos de la criatura, esta emitió un chillido agonizante y retrocedió, momento en el cuál Kayle aprovechó de cortarle la cabeza con un rápido movimiento. El cadáver se desplomó en el suelo y su sangre formó un charco en el piso mientras sus extremidades seguían retorciéndose. Kayle movió su espada para limpiarla y luego hizo lo mismo con la mancha que tenía en el rostro.

—¿Qué...fue eso? ¿Una criatura del Vacío?—Pregunté asqueada y desvié la mirada hacia Malzahar.

—No—Respondió el Profeta a secas, como si le hubiese ofendido por insinuar aquello—No tiene la presencia de uno—

Más gruñidos emergieron de la oscuridad y sentí que el verdadero peligro estaba ahí. El Vacío había sido el menor de nuestros problemas.

—Tenemos que movernos hacia la Enfermería, ahora—Dijo Kayle y comenzamos a correr.


Notas de la autora: Este capítulo me fue un poco más complicado de escribir. Principalmente porque estaba con bloqueo de escritor y no podía decidirme en lo qué quería que pasara...En fin, creí que era un buen momento para contar el pasado de Drachen. Pronto Nasus volverá a aparecer en el fic, aunque no lo crean yo también lo extraño muchísimo.

Saludos y nos vemos en el próximo capítulo.