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No sabía qué sentir o qué pensar ¿Debía sentirme triste por la muerte de mis compañeros? ¿O feliz? Varias veces había pensado en que todos eran pedazos de mierda que merecían arder en el infierno. Pero no era como si lo hubiese deseado al punto de quererlos a todos brutalmente asesinados. Nadie lo merecía ¿Cierto? De un momento los nombres de mis amigos aparecieron en mi mente, mi hermana estaba en la ciudad de Bandle, Gio en Demacia, Safre en Piltover, Blackranger en Freljord. Pero habían otros que estaban en la Academia de Guerra como Kye o Skystrike...Me abracé a mí misma y volví a repasar los nombres de mis conocidos, incluso de aquellos que solo trabajaban y no eran invocadores.

Mi corazón comenzó a latir de manera desenfrenada y el aire se me hacía insuficiente, intenté respirar pero me había dado la sensación que la habitación se había hecho muy, muy pequeña. Dejé a un lado la lata de frutas controlando las ganas de vomitar, mis manos estaban sudorosas y temblorosas. Había estado tan feliz en Shurima que me había olvidado de lo demás ¿Podría haber hecho yo algo si me hubiese quedado allí?

Los temblores comenzaron a expandirse por todo mi cuerpo pero ni siquiera tenía frío o calor. Simplemente no sabía qué sentir. Todo mi ser se había vuelto un completo caos y solo podía mirar fijamente el piso, no podía llorar, ni siquiera gritar. Cada vez me costaba más respirar, tomaba pequeñas bocanadas de aire intentando llenarlos de aire, pero me parecía que este se había vuelto tan nauseabundo como el del exterior.

"Drachen" Escuché la voz de Nasus dentro de mi cabeza y ni siquiera pude levantar la vista, así que me limité a abrir la boca para decirle que estaba bien. Pero algo se atoró en mi garganta impidiéndome hablar o quizás las palabras simplemente no salieron al ser una mala mentira. Intenté tomar aire una vez más y mi pecho comenzó a ser oprimido por la angustia.

No sé si él fue quién se movió o yo fui quién lo buscó. De un momento a otro estaba lo suficientemente cerca de él como para apoyar mi frente en su brazo, escondiéndome de la mirada de los demás; solo quería despertarme de la pesadilla para encontrarme con otro día en Shurima.

"No me siento bien" Susurré de vuelta, incapaz de mentirle. Ese era el problema. Yo era una inseguridad caminante, un fantasma que se escondía detrás de todos los demás para evitar convertirse en una molestia. Pero me era imposible con Nasus, de alguna forma u otra siempre terminaba diciéndole lo que pensaba, sentía o bien, lo llenaba de preguntas. Quizás era porque habíamos pasado mucho tiempo juntos. Demasiado tiempo juntos.

"La muerte es parte de un ciclo" Dijo y me pareció una respuesta digna de él. No se había tomado la molestia de mentirme o decirme que todo estaría bien, no se había molestado en crearme un mundo de fantasía con esperanzas de que aún podían estar vivos "La Muerte no reclamó tu vida porque ha de tener otros planes para ti, en otro momento, en otro lugar. Si tú estás aquí es porque tienes un propósito que cumplir. Debes seguir caminando aunque sientas que miles de espinas se clavan en tus pies. No puedes rendirte, no ahora"

De pronto sentí que algo me empujaba hacia otro lugar y miles de imágenes comenzaron a pasar por mi cabeza. Y como ya era costumbre, mi ojo derecho comenzó a arder, anunciando que ya era demasiado tarde para impedirlo. Pese a que sentía que no era el momento de tener una visión, el recuerdo me había arrastrado hacia allí.

Estaba en Shurima una vez más, pero en esta ocasión se encontraba completamente destruida y las arenas del desierto poco a poco comenzaban a tragarse lo que quedaba de ciudad. Justo en medio del caos estaba Nasus arrodillado mirando hacia el piso.

"Perdóname, hermano" Lo escuché decir y su voz se quebró. De pronto lo escuché gritar y maldecir. Maldijo el ser inmortal, maldijo el no poder acabar con su vida, maldijo con una ira incontrolable que me hizo temerle. Me quedé a su lado incluso cuando no podía verme y toqué suavemente su hombro, como era de esperarse, solo lo había traspasado. Pero él había fijado sus ojos en mí. Tal y como había ocurrido en la visión de cuando había Ascendido. En esos instantes tuve la necesidad de abrazarlo y decirle que él era mucho más fuerte que eso, que no se diera por vencido, no mientras yo estuviese ahí para sostenerlo.

—¡No puedes rendirte, no ahora!—Grité con todas mis fuerzas incluso si no podía escucharme y él se quedó unos segundos en silencio sumergido en una especie de reflexión ¿Me habría escuchado? Anhelaba tanto estar junto a él que incluso me aterró la idea. El pasado era el pasado. El presente era el presente y yo no debía confundirlos o terminaría perdiéndome en el mundo de las visiones. Habíamos practicado aquello con Nasus y no podía olvidar que aún era una novata cuando se traba de usar la magia.

Para mi sorpresa, el Ascendido soltó una risa forzada como si no hubiese podido hacer otro gesto más que ese para romper el silencio.

—Tienes razón—No sabía como, pero me había escuchado, y entonces, el Curador de las Arenas se levantó del piso y comenzó a caminar hacia la biblioteca sepultada bajo los escombros. Nasus había perdido todo en la caída de Shurima, desde la ciudad que había jurado proteger hasta su amado hermano habían desaparecido en las arenas del desierto. Él había sido condenado a la soledad y ni siquiera la Muerte podía darle un consuelo ofreciéndole el eterno descansar entre sus brazos.

Y de pronto, la realidad me golpeó cuando abrí los ojos nuevamente. Estaba aún sentada y Nasus me miraba fijamente sosteniéndome por los hombros. Ya no sabía si era el del pasado, el del futuro o simplemente el humano que se había quedado grabado en mi memoria lo que siempre me hacía levantarme. Me era imposible entender lo que me ocurría cuando estábamos juntos.

"Estoy mejor...creo" Dije sintiéndome extraña. Demasiado extraña. La visión me había afectado más de la cuenta, quería abrazarlo y decirle que nunca iba a permitir que volviese a estar solo, pero no tenía sentido. Había hecho lo imposible por volver a verlo, solo para asegurarme de que estuviese bien aunque él era un Ascendido ¿Y qué clase de ayuda podía darle yo si solo era una humana?

Él se movió y colocó su mano sobre mi cabeza, por unos segundos me imaginé que iba a darme unas palmaditas como era su costumbre, mas su mano se deslizó por mi rostro y me acomodó el cabello detrás de la oreja. Inevitablemente me sonrojé y solté una risa nerviosa por el gesto tan cariñoso que había tenido. Cerré mis ojos y toqué su mano con las mías, eran tan pequeñas en comparación a la de él. Nos quedamos en silencio disfrutando de la compañía del otro, a veces podíamos hablar durante horas y otras simplemente nos quedábamos así: entendiéndonos sin palabras.

Los demás se habían repartido por la habitación, Nasus les había dicho que se encargaría de mí mientras ellos revisaban las pistas que teníamos. A veces las visiones podían tomarme varios minutos dependiendo de cuan fuertes eran. Finalmente, el Curador de las Arenas y yo nos separamos para unirnos al grupo que se encontraba en la otra habitación junto a los invocadores que seguían con vida.

Al entrar contabilicé un total de veinte camillas y todas estaban utilizadas. Tragué saliva al ver que la mayoría se encontraba inmovilizado con correas o trozos de tela, también habían algunos con la mirada perdida en el techo que parecían ajenos a lo que sucedía alrededor. Busqué en sus rostros a mis amigos, pero solo me encontré con conocidos de la Grieta del Invocador. Nuevamente sentí una punzada en el estómago al recordar que probablemente todos estaban muertos.

Alguien me tocó el hombro y di un pequeño salto asustada, al voltearme me encontré con Shen observándome fijamente.

—Requiero hablar contigo en privado, invocadora—Dijo y solamente pude asentir mientras él caminaba delante de mí hacia un extremo de la habitación. Lo seguí en silencio evitando mirar a los invocadores que yacían en las camillas restantes.

Shen se detuvo y se cruzó de brazos, su semblante era tranquilo y aún así me intimidaba. No era tan alto como Nasus, pero de todas formas me sentía una enana.

—¿Con qué clase de magia oscura estás involucrada, invocadora?—Preguntó y me fue imposible disimular mi asombro. Sivir había dicho que solo Nasus podía ver lo que me había sucedido.

"El Ojo del Crepúsculo" Me dije a mí misma y supe que era inútil engañar a la visión de Shen.

—No sé quién lo hizo, lo prometo—Dije sin tomarme la molestia de inventar una mentira. Le conté sobre mi sueño, el chico albino y el como me habían dejado prácticamente sin un ojo evitando dar muchos detalles.

—He de suponer que el Curador de las Arenas está al tanto de lo que te ocurre—Shen comenzó a enfocar toda su atención en mi ojo derecho y la sola mención de Nasus me hizo sentir nerviosa ¿Lo iba a meter en problemas? La magia de sangre era peligrosa y no sabía si decir que Nasus me había ayudado a controlarla era prudente. Podía negarme o...—Tu silencio es un sí—

Mierda. Mentir nunca había sido una de mis especialidades.

—Al principio tenía mis dudas sobre ti. Pensé que quizás eras la responsable de este ataque debido a que tu aura está siendo rodeada por algo oscuro y es muy similar a lo que puedo ver en la neblina—Explicó Shen tranquilamente y en cambio yo estaba comenzando a sentir que en cualquier momento me lanzaría a llorar diciendo que era inocente—Pero al verte tan consternada por la muerte de tus compañeros no pude confirmar mis suposiciones iniciales. Ahora al hablar contigo me he dado cuenta de que en realidad nuestro enemigo es común: Quién ha hecho eso en tu ojo es el mismo causante de la neblina y del ataque a la Academia de Guerra—

Tenía sentido. Asentí a las palabras de Shen y le sonreí sintiendo que al fin teníamos una pista de verdad. El rompecabezas que estaba en frente de nosotros estaba siendo descifrado.

—Debemos informar esto al resto de los campeones—Dijo y se dio media vuelta para volver a integrarse al equipo. Quise caminar tras él y algo pareció detenerme, como si de pronto mis piernas se hubiesen adormecido.

—Uh...—Me tambaleé y mi visión comenzó a nublarse. Me apoyé en una pared intentando no perder el equilibrio del todo, quise gritar, mas parecía que mi cuerpo no respondía a ninguna de mis acciones. De pronto sentí algo extraño, mis labios se comenzaron a mover solos y mi voz escapó de mi garganta sin que yo lo quisiera.

—Engañar al Ojo del Crepúsculo es bastante difícil, es una pena que haya tenido que salir de mi escondite—Dije.

Quise taparme la boca, pero solo pude sentir como mis labios se curvaban en una amplia sonrisa.

"¿¡Qué está pasando!?" Grité, pero solo fue dentro de mi propia cabeza y mi cuerpo comenzó a moverse hacia donde se encontraban los campeones. Intenté llamar a Nasus utilizando nuestro vínculo, pero rápidamente algo me lo impidió.

—Oh no pequeña Drachenblut, nada de comunicarte con el perro. Ya nos ha jodido bastante que aprendieras a controlar la magia de sangre por tu cuenta—Volví a hablar y comprendí con aquel "pequeña" quién estaba detrás de todo. La cabellera albina y los ojos dorados de mis pesadillas ahora venían a mi mente como un recuerdo fugaz. El inicio de un extraño viaje que nunca había querido tener.

Intenté volver a tomar el control de mis acciones, pero me era imposible. Podía ver todo lo que ocurría a través de mis ojos; me había convertido en un espectador sin derecho a hablar, solo a pensar.

Shen se abalanzó sobre mí sin previo aviso e hizo que ambos cayésemos al piso. Sentí el dolor del golpe, sin embargo seguía sin poder realizar ninguna acción por mi cuenta. Los ojos de Shen ahora me miraban de una manera completamente diferente, como si de pronto me hubiese convertido en una de las criaturas que rondaban por la Academia.

—Tu aura es distinta a la de la invocadora—Dijo Shen y colocó su antebrazo en mi cuello, reduciéndome completamente.

—Te pedí que guardaras algo muy importante para mí, pequeña Drachenblut... Has cumplido con tu propósito de mantenerme con vida ¿No deberías sentirte orgullosa?—Dije y me sentí asqueada de escucharlo hablar con mi voz. Quise gritar ante la desesperación de no poder hacer nada, mas todos mis intentos se convertían en simples ecos dentro de mi cabeza.

Pude ver el rostro de Nasus mirarme desde arriba y quise abrazarlo, tenía miedo...Había sentido tanto terror corriendo por la Academia de Guerra o el Vacío, pero nunca a los niveles que sentía ahora. El verdadero enemigo había estado conmigo durante todo aquel tiempo.

—¿Quién eres tú?—Preguntó Nasus mientras se agachaba para verme más de cerca y le hacía un gesto al Ojo del Crepúsculo para que no me estrangulase.

—Mi nombre es un secreto hasta para mí ¿Acaso esa no es nuestra frase favorita como invocadores?—Respondió mientras sentía como Shen dejaba de presionar mi cuello para permitirme respirar.

El culpable de todo esto era un invocador. El albino de ojos dorados no poseía un nombre al igual que muchos de nosotros.

—Pueden llamarme Reiter o...Drachenreiter si se les hace nostálgico. Sobretodo todo tú, Nasus—

Y soltó una risa. Una risa que no le pertenecía.


Notas de la autora: Mi fic "Rapsodias del Desierto" ya está disponible en todos los sitios de fanfiction en Narnia, la Tierra Media y Los Siete Reinos. Léelo. Sé que te va a encantar.

No me resistí, todos aquellos que conozcan a Dross se habrán reído con lo anterior (?)

Supongo que muchos estarán preguntándose qué clase de relación Nasus y Drachen están desarrollando. Para su (in)tranquilidad: Yo también me lo estoy preguntando.

Al fin el albino de ojos dorados hace su aparición. Un pequeño juego de palabras es que Drachenblut significa "Sangre de Dragón", mientras que Drachenreiter significa "Jinete de Dragón". Básicamente está diciendo que tiene control sobre el dragón.

Estuve enferma dos semanas y no pude escribir debido a eso ¡Lamento mucho la demora! Gracias por sus hermosos comentarios y sus mensajes. Día a día me esfuerzo para sacar lo mejor de mi pluma y traerles este fic.

Saludos y galletitas shurimanas para todos.