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Reiter respiró por primera vez en mucho tiempo. Hubiese preferido estar en el cuerpo de un hombre, pero el candidato que tenía en mente había terminado por traicionarlo en el último momento. Sin embargo nada de eso importaba, el espectáculo debía continuar incluso con el cambio en el reparto. No podía negar que admiraba la resistencia que había presentado la contraria. Normalmente cuando se poseía a una persona, esta ni siquiera lo notaba. Sin embargo la pequeña Drachenblut había luchado durante unos minutos, incluso antes de perder la consciencia por completo le había dedicado una serie de insultos.

—¿Cual es tu propósito?—Preguntó Shen mientras notaba como el ojo derecho de la invocadora se tornaba rojo y su aura era envuelta por la de otro.

—Es una pregunta demasiado obvia—Respondió Reiter soltando una risa despectiva—Tan obvia que no me daré la molestia de responderla—

Nasus se quedó en silencio observando cada movimiento y maldiciéndose a sí mismo por haber bajado la guardia ¿Acaso no era él quien estaba al cuidado de ella? Intentó hablarle a través de su mente, pero era inútil alcanzarla.

—Oh no, tú ya has interferido demasiado, Nasus. Es hora de colocarte la correa, perro malo—Dijo Reiter de forma burlesca utilizando una vez más la voz de Drachen. El Curador de las Arenas omitió cualquier comentario posible, sabía que aquel sujeto seguía escondiendo trucos bajo la manga; tenía que actuar con cautela mientras no supiese de lo que era capaz. Su prioridad era traer de vuelta a la invocadora.

—Exijo tu rendición inmediata, invocador Reiter—Dijo Kayle golpeando el piso con su espada y acercándose un paso a la chica que se encontraba inmovilizada por el Ojo del Crepúsculo—Tus crímenes serán expuestos ante el Tribunal. Se te perdonará la vida si aceptas cooperar. No te favorece enfrentarte a los campeones de la Liga de Leyendas—

—Me rindo entonces—Respondió alzándose de hombros y luego esbozó una sonrisa de oreja a oreja. Shen estaba en silencio observando la expresión del rostro contrario, su instinto le decía que algo definitivamente no iba bien. Cerró los ojos un momento y luego volvió a abrirlos, ahora claramente veía al ser que había tomado posesión del cuerpo de Drachenblut; un invocador joven de cabellera albina y ojos dorados.

—Como lo supuse, el único capaz verme es el Ojo del Crepúsculo—Dijo y Shen pudo escuchar claramente su voz. El aura de Reiter estaba llena de odio y resentimiento, sin embargo lo que lo hacía aún más espeluznante era que su rostro estuviese tan tranquilo y sereno. Shen desenfundó la espada espiritual heredada de su padre y apuntó directamente al cuello del necesario acabar con esa presencia para que el balance fuese restaurado. Sin embargo algo lo detuvo. Por unos momentos, Shen pensó que se trataba de alguien sosteniéndolo, mas al mirar hacia sus manos se dio cuenta de que su cuerpo estaba completamente paralizado.

—¿...Que?—Murmuró el Ojo del Crepúsculo mientras sus ojos volvían a fijarse en los dorados. Reiter se encontraba aún sonriendo, como si hubiese sabido desde un inicio que atacarle era inútil. El campeón de pronto sintió que su cuerpo se movía solo, como si alguien más hubiese dictado que tenía que ser así, volvió a enfundar su espada espiritual y se levantó del piso dejando libre a la invocadora.

—Querido Shen, ustedes siguen siendo campeones—Comentó Reiter poniéndose de pie—Y nosotros invocadores—

"Nosotros" El uso de aquella palabra hizo que Nasus se diese media vuelta y observase la enfermería, en las camillas ya no había nadie recostado

Todo había sido una trampa desde el inicio, no todos los invocadores habían estado enfermos. De pronto Kayle desenvainó su espada dispuesta a atacar a Reiter que yacía en medio de la sala contemplando todo el espectáculo con una imborrable sonrisa en los labios. La distancia entre ambos se acortó en tan solo un segundo, la campeona no era capaz de volar, pero su capacidad para correr seguía siendo asombrosa. Profirió un grito anunciando el fin de la vida de ambos invocadores, no le importaba si con ello lograba salvar lo poco que quedaba de la Liga de Leyendas. Blandió su espada, dispuesta a cortarle el cuello, no le daría ni siquiera la oportunidad de curarse. Sin embargo comenzó a sentir como su cuerpo se volvía más y más pesado. Volteó a observar y notó que el Curador de las Arenas había utilizado lo poco y nada que le quedaba de magia para relentizarla. Su cuerpo se detuvo en medio del ataque y el filo de su espada quedó a centímetros del cuello de la invocadora.

—¡¿Qué diablos estás haciendo, Nasus?!—Gritó Kayle enfurecida e intentó moverse una vez más, siempre había detestado la maldita habilidad de Marchitar del Curador de las Arenas.

—No dejaré que ensucies tus manos con la sangre de una inocente—Dijo Nasus sintiendo el peso de sus palabras. Estaba rechazando el veredicto de la encargada del Tribunal de Justicia—Drachen no tiene la culpa de lo ocurrido—

—¿No ibas a encargarte de mí, Kayle?—Preguntó Reiter ladeando la cabeza y miró al Curador de las Arenas, su relación con la pequeña Drachenblut era muchísimo más cercana de lo que imaginaba—Te debo una, Nasus

—¡Maldita sea!—Exclamó el ángel moviéndose una vez más para intentar alcanzar el cuello de la invocadora. Nasus nuevamente intentó utilizar su magia, pero la neblina había mermado sus habilidades.

—No funcionará el mismo truco dos veces—Dijo el invocador chasqueando los dedos. Al instante el ataque de Kayle se detuvo, aunque esta vez si había logrado hacerle un pequeño corte en el cuello con el filo de su espada.

—No puedo moverme—Dijo el ángel sintiendo como la ira se apoderada de ella y cayó de rodillas al piso aún sosteniendo su arma de batalla ¿Como era posible que un humano estuviese riéndose de ellos de esa forma? ¿Como era posible que un campeón hubiese privilegiado una vida a cambio de toda la Liga de Leyendas?

—La mayoría de las personas creen que un campeón solo puede ser invocado en los Campos de Justicia—Comenzó a explicar Reiter mientras se paseaba por la enfermería—Pero los campeones no son más que marionetas en nuestras manos—

—Hablas demasiado Reiter—Los presentes escucharon una voz femenina hablar desde un extremo de la habitación, caminó tranquilamente hasta quedar a la vista de los presentes. Lo más destacable de sus rasgos era su cabellera negra atada en una coleta. Soraka la reconoció como una de las invocadoras que había estado en camilla. La pelinegra movió una de sus manos y Kayle se levantó del piso como si se tratase de una muñeca.

—No puedo creer que hayas tenido que recurrir al plan B ¿Qué se siente ser mujer?—Preguntó otro invocador que al parecer había sido el responsable de mover a Shen para que dejase de aprisionar a Reiter. Era uno de los invocadores más jóvenes de la Liga, de baja estatura y pelirrojo.

—Es un gusto volver a verlos, Bondevik, Fiame—Saludó Reiter mientras el resto de sus seguidores se mostraban a los campeones y tomaban el control de sus acciones. Al principio comenzaba como una descarga eléctrica que recorría sus cuerpos y luego unos hilos invisibles parecían obligarlos a moverse, al intentar resistirse, terminaban siendo víctimas de una terrible fatiga—Será mucho mejor si aceptan cooperar. Esta neblina fue especialmente diseñada para ustedes—

Cada campeón libraba su propia batalla intentando librarse de los invocadores. Nasus y Azir eran los únicos que seguían parcialmente en el control de sus acciones, pero sabían que cada segundo que pasaba era el equivalente a estar un paso más cerca de perderse a sí mismos.

"Nuestra forma Ascendida es lo que nos permite resistir, sin embargo no pasará mucho tiempo antes de que también caigamos" Pensó Nasus mientras estudiaba la habitación buscando una posible salida, la única opción que tenían era retirarse y pensar en una solución lejos del alcance de Reiter. El Curador de las Arenas miró de reojo al Emperador y este asintió con la cabeza, al parecer él ya había encontrado una vía de escape.

—¡Gloria a Shurima!—Exclamó Azir utilizando las últimas fuerzas que le quedaban para darle vida una vez más a sus soldados. La enfermería fue cubierta por un torbellino de arena, como si el mismísimo desierto se hubiese materializado en aquel lugar para salvarlos. Nasus golpeó el piso con su bastón, provocando que el piso bajo sus pies se derrumbase.

Los hijos de Shurima no se dejarían vencer tan fácilmente.


Campeones e invocadores cayeron a pisos inferiores debido al derrumbe provocado por el Curador de las Arenas. Azir y Nasus habían aprovechado la confusión generada por la arena y habían logrado escapar de la enfermería. Si había algo de lo que estaban seguros era que el pésimo estado físico de los invocadores les ayudaría a moverse dentro de la Academia de Guerra sin ser detectados.

—La única esperanza de la Liga de Leyendas yace en los Ascendidos de Shurima—Dijo Azir con orgullo, el amor hacia su imperio siempre salía a lucir incluso en las peores situaciones—No planeo convertirme en un esclavo de los invocadores—

—Nuestra única posibilidad es cortar el vínculo que une a Reiter a este mundo—Explicó Nasus y se pasó una mano por el rostro—En conclusión, debo sacarle el ojo derecho a Drachen. No hay otra forma, a menos que la mate—

El emperador negó con la cabeza ante la segunda opción. A él tampoco le agradaba la idea de acabar con la vida de una invitada de Shurima.

—El problema es como te acercarás a ella—Señaló.

—Reiter está controlando a Drachen, por lo tanto no puede concentrarse en nosotros. Además de eso, noté que un invocador solo puede con un campeón a la vez, pero no sabemos cuantos hay aún. Somos Ascendidos, un humano no puede tomar posesión de nuestros actos tan fácilmente—Dijo Nasus—Para acercarnos necesitamos la ayuda del único ser que puede brindarnos un escudo anti-magia—

Azir asintió al entender a lo que se refería el Curador de las Arenas.

—El Escudo Negro de Morgana—

Caminaron en silencio durante horas, enfrentándose a las abominaciones que de vez en cuando, aunque la mayor parte del tiempo las evitaban. Preferían guardar sus fuerzas para el enfrentamiento que tendrían más adelante. Los pasillos de la Academia de Guerra estaban cubiertos de sangre, los cadáveres ya comenzaban a mostrar los primeros signos de descomposición.

—Debemos suponer que solo los invocadores que siguen las ideas de Ritter siguen con vida—Comentó Azir rompiendo el silencio—Y aquellos que estaban en clases recuperativas—

—Fue una estrategia muy inteligente hacerse pasar por enfermos—Dijo Nasus sintiendo como si se hubiesen burlado de ellos—Lo poco que sabemos de nuestro enemigo es que es un invocador sin un cuerpo físico, con conocimientos sobre la magia de sangre y con mucha a su disposición—

—El poder de Reiter se basa en ella, él necesitaba esta masacre para poder ejercer control sobre los campeones y crear la neblina—Comentó Azir y Nasus asintió. En los días donde Azir caminaba en el mundo como un humano había sido un alumno del Curador de las Arenas. Quizás por esa razón tenían una forma similar de planificar estrategias y sacar conclusiones.

—Ahora que lo pienso, los invocadores hablaban sobre alguien en sus sueños, Drachen también fue atacada mientras dormía. Eso explicaría como fue capaz de preparar todo este ataque sin que nadie pudiese saberlo, las pesadillas solo eran una excusa para alejarme de Drachen, él sabía que tarde o temprano podríamos descubrirlo con el entrenamiento adecuado

—Probablemente los invocadores que sí estaban mal fueron influenciados por Reiter, controlar a alguien desesperado es mucho más fácil—Dijo Azir sintiendo que al fin habían logrado descubrir gran parte de la verdad. Todo hubiese sido más fácil si el invocador albino hubiese dado un discurso detrás de sus motivos o algún tipo de monólogo. Pero no, el arma de aquel sujeto era mover los hilos en la oscuridad.

De pronto ambos Ascendidos se detuvieron al escuchar una risa maniática. Se miraron entre sí y asintieron, no tenían ninguna duda de que se trataba de Thresh. Quizás él sabía donde encontrar al Angel Caído. Siguieron el sonido que provenía desde una de las salas de estar de y para su sorpresa, el Carcelero Implacable se encontraba junto a Morgana. Los dos sonreían mientras parecían deleitarse con el sufrimiento de alguien más.

—No pensé que tendríamos la oportunidad de vernos—Dijo Nasus mirando a ambos campeones. El Carcelero Implacable soltó una risa y levantó la linterna que resplandecía.

—No podías pedir que me quedase en ese lugar cuando tantas almas perdidas vagaban por estos pasillos—Respondió Thresh acariciando la parte superior de la linterna.

—¿Capturaste las almas de los invocadores asesinados?—Preguntó Azir.

—Solo las de algunos invocadores vanidosos. Ah, no hay nada como destruir las mentes de aquellos que se creen superiores—Respondió el espectro de la Isla de las Sombras.

—¿Qué hacen aquí?—Morgana alzó una ceja, claramente molesta por la interrupción—¿Ya se aburrieron de cuidar enfermos?

—Los necesitamos—Nasus sentía una extraña incomodidad al solicitar ayuda de dos seres que estaban abiertamente en contra de todo lo que era correcto.

—¿Ah si?—Morgana sonrió maliciosamente—Te escucho

—Nunca pensé que escucharía eso de ti fuera de la Grieta del Invocador, Curador de las Arenas—Respondió el Carcelero Implacable—¿Como puedo servirte?—

Nasus dio un pesado suspiro y comenzó a narrarles lo ocurrido después de su partida de ambos. Desde el como habían aparecido Malzahar, Drachen y Kayle, Morgana al solo escuchar la mención de su hermana hizo un gesto de asco, hasta el derrumbe que había provocado Nasus para escapar de Reiter.

—¿Quieres que use mis últimas fuerzas para protegerte con mi escudo?—Preguntó Morgana divertida por el rumbo que habían tomado las cosas—Te ayudaría solo por haberte opuesto abiertamente a las ideas de mi hermana

—Me vi en la obligación de hacerlo—Repuso Nasus—Thresh ¿Puedes sacar a aquel espíritu del cuerpo de Drachen apenas la libere de él?

—Si—Respondió el espectro soltando una risa—Dos almas por el precio de una—

—La de ella no—Dijo Nasus rápidamente y vio como Thresh parecía divertido—No tiene la culpa de lo que ha ocurrido—

—Es una lástima. Estoy seguro de que hubiésemos pasado un tiempo muy agradable juntos—Comentó Thresh y se alzó de hombros—Sin embargo torturar a la mente maestra de todo este plan, destruir su consciencia pieza por pieza y deleitarme con cada segundo de su agonía es una oportunidad que no puedo dejar pasar—

—¿Qué hay de ti Morgana?—Preguntó Azir dirigiendo su mirada al Ángel Caído.

—Nada me fascinaría más que Kayle me debiese un favor, oh, que manera tan maravillosa de manchar su orgullo y reputación por el resto de su inmortalidad—Dijo esbozando una radiante sonrisa.

—Tengo una idea de donde podría ir Reiter—Señaló Nasus y emprendieron la marcha al nivel más bajo de la Academia de Guerra.


Reiter caminó tranquilamente por los pasillos de la Academia de Guerra, durante el derrumbe había visto como la mayoría de sus seguidores terminaban separados. Bondevik era la única que había logrado quedarse a su lado, y por consecuencia Kayle también.

—¿Alguna vez pensaste que formarías parte de la destrucción de la Liga?—Preguntó Reiter a la contraria y esta solo escupió al piso en respuesta.

Reiter y Bondevik recorrieron la Academia de Guerra eliminando a las abominaciones que quedaban aún. Estas habían cumplido el objetivo de sembrar el caos y ya no eran necesarias. También habían aprovechado la oportunidad para reunir a sus seguidores, ya estaban completamente bajo su mando Shen, Braum, Soraka, Ezreal, Kog'maw e incluso el mismísimo Malzahar. Ocuparían la Academia de Guerra como centro de operaciones e intentarían hablar con los invocadores en clases recuperativas, podían convertirse en potenciales aliados o bien, los eliminarían rápidamente.

Solo quedaba algo pendiente: Sus nombres. Reiter sabía que en el subterráneo de la Academia de Guerra yacía la bodega donde todos los nombres de los invocadores eran escritos por última vez. Había logrado estar en aquel lugar solo una vez, pero sabía perfectamente como llegar hasta allí. Sin embargo su sorpresa no fue grata al notar que Nasus, Azir, Morgana y Thresh lo estaban esperando.

Nasus había predicho que Reiter buscaría ese lugar. La única debilidad que podía tener aquel sujeto era su nombre. Antes de que los invocadores pudiesen reaccionar, Morgana se aseguró de brindarles a cada integrante de su equipo el Escudo Negro. El plan era simple, Nasus intentaría alcanzar a Reiter y los demás se asegurarían de que los invocadores y campeones controlados por ellos no interfirieran.

—Pero qué sorpresa—Dijo Reiter sonriendo amigablemente—¿Vas a encerrarme como lo hiciste con tu hermano?—

Nasus sintió la carga de aquellas palabras sobre sus hombros, la culpa lo había consumido durante milenios y era imposible deshacerse de ella por completo. Sin embargo no permitiría que Reiter se saliese con la suya.

Las primeras en enfrentarse fueron las hermanas. Kayle no sabía qué era peor, el saber que de una u otra forma Morgana estaba ayudándola o que estaba a merced de las órdenes de un humano. Azir, Nasus y Thresh luchaban contra los demás campeones. El Emperador de las Arenas se encargaba de atacarlos directamente, mientras que el Carcelero Implacable se aseguraba de que nadie se acercase al shurimano. Por su lado Nasus intentaba abrirse paso entre los invocadores y los campeones, tenía que llegar a Reiter de algún modo.

Sin embargo era muchísimo más fácil planearlo, que hacerlo. Al solo intentar acercarse era atacado por Kog'maw o Ezreal desde la distancia. O cada vez que estaba a punto de alcanzarle, Shen se encargaba de aparecer y desviar su atención. De pronto, Nasus vio como Shen era arrojado hacia atrás por el gancho de Thresh y los soldados de arena aparecían por detrás de Reiter formando una muralla.

—¡Gloria a Shurima!—Gritó el Emperador haciendo que sus soldados se moviesen y lograsen romper la formación que protegía a Reiter. Nasus no esperó ni un segundo más y se abalanzó sobre este, inmovilizándolo al colocar sus manos alrededor del cuello de Drachen.

—Solo eres un mortal—Dijo el Ascendido respondiendo a la burlesca sonrisa del contrario y apretó el cuello de la invocadora, no quería escuchar ninguna palabra más hasta que volviesen a ser las que estaba acostumbrado a oír—Uno que ha despertado la ira de un Ascendido—

—¿Qué vas a hacer, entonces? ¿Me vas a matar y luego a exiliarte durante cinco milenios más?

"Devuélvemela" Susurró en la consciencia del invocador y enterró sus garras en el ojo derecho de la chica. Reiter profirió un grito agónico. No podía creerlo, su plan era un éxito de principio a fin, cada detalle estaba perfectamente calculado, todas las piezas de su juego de ajedrez habían estado cuidadosamente colocadas para aquel glorioso momento.

—¡Déjame!—Exclamó e intentó moverse para librarse de su agarre, pero no había forma de que la fuerza física de un humano pudiese combatir a la de un Ascendido. Posiblemente su magia lo podría haber salvado, pero Nasus había atacado el único punto débil que tenía, y al parecer no le importaba dejar con un ojo menos a su querida estudiante.

Los invocadores al escuchar a su líder atrapado se dieron media vuelta para dirigir el ataque directamente hacia el Curador de las Arenas. Pero el Escudo Negro de Morgana era la única cosa que podía evitar el control de los invocadores.

Reiter no había previsto que Drachenblut iría a la Academia de Guerra para ir a salvar al estúpido perro, por lo que se había visto obligado a mostrarse antes de tiempo, a revelar su carta maestra antes de que la chica fuese completamente consumida por la magia de sangre. Tampoco había predicho que Nasus le enseñaría a controlar el avance de esta. Los había subestimado demasiado.

—¡Hijo de perra!—Exclamó Reiter colocando sus manos en el rostro del contrario e intentó patearlo.

Nasus soltó una risa al escuchar aquel insulto, por alguna razón le había causado algo de gracia. Volvió a enterrar sus garras y esta vez lo hizo con mayor profundidad, sin ninguna clase de piedad. Siempre había odiado la violencia, pero ahora encontraba una extraña satisfacción al ver el sufrimiento de aquel mortal que le había obligado a herir a Drachen y a dejarla con cicatrices de por vida.

Y entonces sus gritos fueron lo único que pudo ser oído en la habitación. El miedo paralizó al resto de los invocadores que yacían allí, la mayoría había perdido el control sobre los campeones. Reiter se aferró con toda sus fuerzas a la realidad, mas cuando el ojo terminó por ser desgarrado fue imposible mantenerse en el cuerpo de la invocadora, era demasiado doloroso estar vivo. Pero la peor parte no terminaba allí.

Su espíritu aún no se recuperaba del ataque cuando escuchó el sonido de las cadenas acercándose. Reiter comenzó a reírse de forma histérica sabiendo que el Carcelero Implacable había venido por su alma. Divisó la linterna a lo lejos y rápidamente utilizó las últimas fuerzas que le quedaban para escapar nuevamente. Thresh soltó una risa al percatarse de que ahora tenía a una víctima pendiente.

Reiter volvió al lugar donde yacía su encierro. El mundo de los sueños, aquel lugar donde los seres humanos escapaban de la realidad al cerrar los ojos. Por orden de la Liga de Leyendas, él había sido condenado a pasar el resto de sus días encerrado. Ya había perdido la cuenta de cuantos años había pasado ahí.

"Me aseguraré que tu maldito perro no te vuelva a ver" Masculló sintiendo como su odio cobraba forma. La pequeña Drachenblut seguía atrapada dentro de aquel mundo y dudaba mucho que esta supiese como salir de allí. Mucho menos el como enfrentarse a una abominación.

Recuperó la calma al recordar que había dado un golpe muy fuerte. Había perdido la oportunidad de caminar en el mundo real, pero al menos no se vería obligado a estar en el cuerpo de una mujer. Soltó una risa al darse cuenta de ello y preparó nuevamente su tablero de ajedrez.

Era hora de buscar piezas nuevas.


Por otra parte, la batalla entre campeones había terminado. Morgana y Kayle se miraban entre sí, como si hubiesen lamentado no tener una excusa para seguir golpeándose mutuamente. Los invocadores habían logrado escapar utilizando los trucos que aún les quedaban bajo la manga. Nadie tenía ánimos para perseguirlos, la mayoría de los presentes se encontraba herido debido a los últimos conflictos.

—La neblina debería comenzar a dispersarse en cualquier momento—Señaló Morgana y se alzó de hombros—Me debes una, hermana

Kayle se mordió los labios, sin saber qué responder. Finalmente optó por ayudar a los invocadores en peores condiciones que ella a caminar hacia el exterior.

Nasus tendría tiempo de hundirse en la culpa más tarde. Ahora Drachen lo necesitaba más que nunca. Lo primero que hizo fue asegurarse de que seguía respirando, suspiró aliviado al notar que aún parecía estar viva. Rasgó parte de las ropas de la invocadora para usarlas como trapos. Su prioridad era detener la hemorragia para que la chica no muriese desangrada antes de que pudiesen volver a usar la magia curativa. Ejerció presión en la herida y recurrió a todas las técnicas que conocía para vendarla. Agradecía que todo el dolor lo hubiese sentido Reiter y no ella, sin embargo sabía que nunca podría borrar de su memoria los gritos de Drachen.

—Vas a estar bien—Dijo levantándose y tomándola entre sus brazos para llevarla hacia el exterior del edificio.


Nasus me contó lo que había sucedido mientras Reiter había tomado control de mi cuerpo. Me era imposible creer que gracias a Thresh y a Morgana me encontraba en el mundo real.

Tuve que volver a pasar mi mano por encima de la venda para convencerme de que mi ojo ya no estaba allí, me iba a ser muy difícil aceptar que tendría que acostumbrarme a vivir con ello de por vida.

—Cualquier conexión que tengas con Reiter ha desaparecido también. Estás a salvo ahora—Dijo Soraka como si intentase reconfortarme—Les daré un tiempo a solas, lo necesitan—

La campeona nos miró con una sonrisa en los labios y se levantó de su asiento. Al cerrar la puerta tras de sí, Nasus y yo nos miramos, como si no supiésemos por primera vez qué decirnos.

—Deberías descansar, Drachen—Recomendó y noté que extendía una de sus manos para acariciarme la cabeza, sin embargo la apartó como si hubiese sentido miedo repentinamente—Lo siento—

—Estoy a salvo gracias a ti—Dije y coloqué mi mano sobre la suya para demostrarle que no era necesario que se alejara. Le sonreí—Gracias—

—No deberías darme las gracias considerando tu estado actual—Respondió moviendo sus dedos con torpeza, como si hubiese querido entrelazarlos con los míos. De pronto sentí como el rojo se me subía a la cara, al menos aún me quedaba suficiente sangre como para eso.

—Me salvaste. Podrías haber dejado que me mataran, era el camino más fácil—Insistí ante su manía de culparse por todas las cosas malas que ocurrían.

—No quería perderte—

Sonreí inevitablemente al escucharlo decir algo así. Levanté mi espalda de la camilla y con la ayuda de un par de almohadas, logré quedar en posición vertical nuevamente. El mundo se veía extraño con tan solo un ojo que me tomaría un tiempo aprender a sobrevivir.

—¿Nasus?—Le llamé volteando levemente mi cabeza para poder mirarlo.

—¿Hm?—

—Te quiero—Dije simplemente, sin siquiera haberlo pensado mucho. No sabía si era el efecto de tanta magia curativa en mis venas o el estar tan cerca de no volver a verlo me había dado la idea de decírselo. Nasus me miró por unos segundos y como siempre, era imposible saber lo que estaba pensando.

—Yo también Drachen—Respondió y para mi sorpresa me rodeó con su brazo atrayéndome hacia él con cuidado—Mucho más de lo que debería—


Notas de la autora: No iba a publicar lo que había sucedido mientras Reiter destruía el mundo, sin embargo me pareció muy divertido narrar a Nasus enfurecido. Gracias a mi amiga veterinaria Keiji por su asesoría, pese a que no conoce nada del juego, si me ayudó a imaginarme las consecuencias de que un animal te saque un ojo.

No me deja de parecer gracioso que al final los chicos malos son quienes ayudan a salvar el día. Personalmente shippeo mucho a Morgana con Thresh (no me juzguen, siempre he pensado que harían una linda y mortal pareja)

Además de eso...¡Capítulo extra largo! Pero no quería dejarlos sin el momento adorable de Nasus y Drachen. Son muy buenos amigos ¿No?

Gracias por sus comentarios y apoyo durante todo este tiempo. Este fic no sería nada sin ustedes.

Saludos y hasta el próximo capítulo.