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"Más de lo que debería" Las palabras de Nasus inevitablemente hicieron eco en mi mente. Me estaba asustando el que algo así me hubiese hecho tan feliz.

Ninguno de los dos se atrevió a decir algo más. Como si tuviésemos miedo de arruinar el ambiente. Simplemente nos quedamos el uno al lado del otro disfrutando del momento.

—Tengo que decirte algo—Dije rompiendo el silencio y aún cuando no tenía ganas de separarme de él, lo hice—Es sobre Reiter y otro invocador que conocí mientras estaba inconsciente—

Nasus me miraba atentamente y en silencio mientras le narraba mi encuentro con Dolcetto. Me esforzaba en no dejar que ningún detalle se me escapase, lo más probable es que él pudiese sacar más ideas de las que ya teníamos.

—El primer objetivo de Reiter era la Liga de Leyendas. Y lo ha conseguido—Comentó Nasus mientras miraba hacia la ventana—Solo es cuestión de tiempo para que comiencen las guerras y las disputas entre los diferentes estados. No existe forma de recuperar la Liga de Leyendas en nuestra situación actual, la mayoría de los invocadores están muertos o bien, son fieles seguidores de Reiter—

—Mi hermana aún está viva—Dije mirándole fijamente—Y algunos de mis amigos también—

—Por el momento deberías mantenerte al margen de la situación—

—¿¡Qué!? ¡No puedes pedirme que me quede aquí sentada mientras los pocos que aprecio podrían estar en peligro!—Exclamé sintiéndome inútil ante la situación, sabía que el perder un ojo no era como una uña o algo así, pero tampoco podía dejar que eso me limitase.

—Solo te estoy pidiendo que pienses las cosas un poco, Drachen—Me interrumpió Nasus antes de que siguiese bramando—¿Estás completamente segura de que tus seres queridos no eran seguidores de Reiter? No podemos confiar en nadie, ni siquiera en tu hermana por el momento—

—¿Qué estás insinuando?—Pregunté un tanto ofendida.

—Tú misma me has dicho que Reiter envió una sombra a atacarte. Si se entera de que estás viva probablemente vuelva para cobrar venganza. Ya sabemos que se mueve a través del mundo de los sueños y que está vinculado a sus seguidores. Si uno de tus amigos fuese uno de ellos, estaríamos enviándole una invitación para matarte—

—Mis amigos nunca harían eso—

—¿Y si puede poseer a uno de ellos tal y como lo hizo contigo? ¿Has asumido lo que significa perder un ojo? Necesitas un tiempo para recuperarte, no puedes actuar de manera impulsiva deseando salvar a los demás si no te cuidas a ti primero—

Me crucé de brazos y agaché la vista, no sabía si sentirme bien por el hecho de que se estaba preocupando por mí o una inútil que no podía hacer nada sin salir herida en el proceso.

—Has crecido mucho—Continuó hablando el Ascendido al ver que no decía una palabra—Nunca pensé que irías hasta la Academia de Guerra solo por nosotros, ni siquiera Reiter. Y eso es lo que nos ha dado una pequeña victoria, así que te mereces un descanso para recuperar tus fuerzas—

—Tienes razón—Dije dando un pesado suspiro—Aún ni siquiera me he puesto de pie... No tengo idea de como serán las cosas a partir de ahora—

—Descansaremos unos días aquí y luego verás en donde realizar tu recuperación—

—¿No puedo volver a Shurima contigo?—Pregunté algo asustada. Sin la Academia de Guerra me había quedado prácticamente en la calle.

—Tienes otras opciones como Ionia. Tienen santuarios o cosas por el estilo en donde podrían ayudarte. También está la Ciudad de Bandle, pese a que solo habitan yordles, siempre están dispuestos a prestar auxilio a alguien que lo necesite—Me explicó Nasus de forma muy calmada mientras miraba hacia la ventana—Pero si quieres regresar a Shurima, sería un placer tenerte de vuelta con nosotros. Azir me lo ha dicho también—

—Lo único que deseo es regresar con ustedes—Dije y Nasus asintió esbozando una débil sonrisa. O al menos era lo que a mí me había parecido.

—Entonces apenas puedas adaptarte a tu condición emprenderemos la marcha de vuelta a Shurima—Nasus se levantó de su asiento—Te traeré algo de comer antes de que Soraka te cambie los vendajes—

Tragué saliva al pensar en que aún no podía ver el estado de mi rostro. Por lo que me había narrado el Ascendido sabía que seguramente nunca podría volver a mirarme a un espejo de la misma forma.

Nasus regresó con una bandeja con un plato de sopa y se ofreció a ayudarme. Sin embargo rechacé su oferta al sentir que ya estaba excediéndose con sus atenciones. Tomé la cuchara y tranquilamente me la llevé a la boca, pero al intentarlo terminé golpeándome en los dientes ¿Como era posible que algo tan simple se hubiese vuelto tan complicado? Lo intenté una vez más y se me cayó la mitad del contenido en la cama.

—Mierda—Dije ante la frustración y dejé a un lado la cena. Mi primera comida de verdad en días y no podía utilizar un estúpido utensilio.

—Es normal—Dijo Nasus tranquilamente y tomó la cuchara—Tienes que acostumbrarte a ver las cosas de nuevo, de otra forma—

De pronto miré que estaba extendiéndome una cucharada de sopa. No sabía qué era lo peor, si estar en esa situación o el cómo alguien tan enorme manejaba algo tan pequeño con tanta facilidad.

"Que vergüenza" Pensé mientras sentía como el rojo se me subía a la cara.

—No me hagas recurrir a los métodos que utilizaba con Renekton cuando era un bebé—Comentó y negué con la cabeza intentando conservar mi dignidad. Él me miró por unos segundos y volvió a insistir—Por favor Drachen, tienes que recuperarte. Hazlo por mí—

Golpe bajo. Eso era manipulación sentimental en todas sus letras. Sin embargo había logrado su cometido y me había hecho aceptar su ayuda de mala gana.

—Siempre funciona—

—No es justo. Hiciste trampa—

Ambos soltamos una risa.

Al terminar de comer, Soraka entró a la habitación con una gran cantidad de vendas y diferentes hierbas medicinales. Nasus se despidió de mí e insistió en que apenas Soraka terminase, debía dormir.

—Se ve que te quiere mucho—Dijo Soraka mientras comenzaba a quitarme los vendajes de la cara con cuidado—Y tú también ¿No?—

—Sí—Respondí sintiendo algo muy cálido dentro de mí al pensar en él. No sabía exactamente lo que era, pero me hacía sentir estúpidamente feliz el saber que éramos importantes el uno para el otro.

Tragué saliva al ver las vendas ensangrentadas que Soraka había removido y por un momento me pregunté que clase de heridas tendría mi rostro.

—Soraka... ¿Tienes un espejo?—Pregunté y la campeona me miró con una expresión de incomodidad en el rostro.

—No es buena idea que te veas aún, Drachenblut. Deberías esperar a que las heridas se cierren primero—Respondió.

—Pero... ¿De verdad están tan mal?—

—No solo perdiste el ojo. También tienes muchos cortes provocados por las garras de Nasus en tu mejilla. Las heridas provocadas por un Ascendido no se pueden sanar de forma rápida, incluso usando magia curativa es muy difícil que se cierren—

—Soraka...Por favor—Supliqué y ella volvió a negar con la cabeza.

—Entiendo como te sientes, Drachenblut. Pero tu curiosidad solo hará que te sientas más angustiada, te prometo que apenas vea una mejoría yo misma te traeré un espejo—

Comprendí que era inútil seguir discutiendo y asentí a sus palabras. Tranquilamente esperé que me cambiase los vendajes y colocara hierbas para reducir el dolor. Todo lo hacía de forma tan lenta y cuidadosa que me era imposible emitir queja alguna. Finalmente me dio a beber un té de hierbas para que pudiese dormir tranquila, pese a que me era difícil llevarme la taza a la boca, con un poco de ayuda de parte de la campeona pude terminar con el brebaje.


Estábamos en una posada ubicada a unos kilómetros de la Academia de Guerra. Según me había explicado Nasus, había estado durmiendo durante un par de horas antes de volver al mundo real. Soraka había decidido acompañarlo debido a que le preocupaba el estado de mi herida. Por otro lado, Azir había regresado a Shurima para asegurarse de que todo estuviese en orden. Y como siempre, no sabíamos nada de Sivir.

Me sentía agotada y adolorida, según Nasus era normal considerando las experiencias vividas en el último tiempo. Prueba de ello eran las vendas que me cubrían prácticamente todo el lado derecho de la cara. Me era inevitable sentir que mi ojo estaba ahí y Soraka amablemente me explicaba que eso era normal, que aquello se llamaba "Dolor del miembro fantasma" y que mi cuerpo aún no asimilaba la realidad. Podía ponerme de pie, sin embargo me era horrible intentar abrir una puerta o acercar algo a mi rostro. Todo parecía estar a una distancia equivocada y me requería el doble de esfuerzo el intentar leer o buscar cosas pequeñas.

Al tercer día logré cenar sin la ayuda del Curador de las Arenas, a él le parecía divertido ayudarme, sin embargo a mí me causaba un poco de incomodidad el depender tanto de alguien más. Nasus soltó una risa al ver que poco a poco parecía estarme recuperando. La mayor parte del tiempo se la pasaba contándome historias o ayudándome a realizar acciones básicas como abrir las puertas o caminar, incluso se había tomado la molestia de explicarme qué hierbas medicinales me ayudarían con el dolor y cuales eran las que debía colocar en las vendas. Algo me decía que él le pedía a Soraka que cambiase mis vendajes solo porque no era capaz de ver mi rostro sin sentirse culpable.

Sin embargo durante la cuarta noche en la posada, algo extraño ocurrió. Me desperté al sentir ruido.

—¿Nasus?—Si ya me era difícil ver en la oscuridad, con un ojo la situación era mucho peor. Logré levantar mi espalda de la cama y solo pude ver una sombra correr desde un extremo a otro. Era imposible que Nasus se moviese a esa velocidad y mucho menos quedándose en silencio. Me puse de pie lo más rápido que pude y de pronto vi como la puerta de la habitación se venía abajo junto con dos figuras peleando. Pero mi sorpresa más grande no fue esa, sino que el descubrir que una de ellas era Nasus y que la otra era la de un enorme cocodrilo.

—¡Ahora no puedes escapar de mí, hermano!—Exclamó la bestia colocándose sobre él e intentando cortar su cuello con su arma.

Renekton.

—¡Drachen, agáchate!—Gritó el Curador de las Arenas y de forma instintiva le obedecí. Justo por encima de mi cabeza había pasado un enorme y afilado shuriken.

—¡Ah!—Grité moviéndome hacia el lado contrario y intenté levantarme. Pero a mi cuerpo se le había olvidado lo que era la actividad física y solo pude dar dos pasos antes de volver a caer al piso. Comencé a gatear esquivando las armas de mi atacante, sin embargo algunas de ellas habían logrado dejarme algunos rasguños en los brazos.

Nasus golpeó a Renekton en el abdomen y este se retorció sobre sí mismo. Aprovechando el momento, el Curador de las Arenas se lo quitó de encima y al colocarse de pie le lanzó hacia el lugar donde yacía el atacante en las sombras. El Carnicero de las Arenas terminó estampado en una pared.

—Eso estuvo cerca—Dijo repentinamente la persona que aún se mantenía oculta e inevitablemente un escalofrío me recorrió la espalda al reconocer la voz del Maestro de las Sombras, Zed—Sería mucho mejor si aceptasen cooperar, Nasus—

—¿Mi cabeza...?—Pregunté y el Curador de las Arenas se acercó para ayudarme.

—Así es, invocadora—Respondió Zed soltando una risa burlona—La Liga de Leyendas ha ordenado la completa aniquilación de los invocadores que aún se encuentren vivos. Y eso incluye a los campeones que les presten ayuda. Todos ustedes son considerados traidores—

—Pero...—Intentaba entender lo que estaba ocurriendo. Zed siempre había sido considerado uno de los campeones más oscuros y crueles de la Liga. Sobretodo después de haber asesinado a quién había sido su padre ¿Y él nos hablaba sobre traición?—No hemos hecho nada malo... ¡Nosotros evitamos que algo peor ocurriera!—

Zed volvió a reírse y esta vez me dio la sensación de que estaba justo detrás de mí. Intenté moverme, sin embargo había sido demasiado lenta y la sombra de Zed me había atrapado tomándome del cuello e inmovilizándome con su brazo. Nasus estuvo a punto de moverse, pero justo en ese instante Renekton se abalanzó sobre él rugiendo de ira, ambos se enfrascaron en un combate colosal en la cual intercambiaban golpes e intentaban arrojar al otro al piso.

—¡Déjalo!—Exclamé pataleando y sentí el frío del arma de Zed en mi mejilla—¡Él no ha hecho nada!—

—¿No lo sabías, eh? Nasus ya no es un campeón de la Liga de Leyendas. Ha sido considerado un traidor al igual que tú—

Con horror me di cuenta de que ese era el final del camino ¿Todo lo que habíamos conseguido terminaría así sin más? Sentí la impotencia y la ira crecer dentro de mí, pero el patalear e intentar librarme de su agarre era imposible. Zed soltó otra risa burlona y movió su brazo, listo para acabar con mi vida. Me mordí los labios y de pronto vi que un aura extraña rodeaba mi cuerpo.

—Hijo de puta—Exclamó el Maestro de las Sombras y se apresuró a clavar su arma en mi cuello, mas esta ni siquiera me había tocado y se había desviado hacia una extraña figura que se había materializado de la nada justo en frente de nosotros. La sombra de Zed desapareció y la figura que se había materializado me tomó entre sus brazos mientras corría a toda velocidad hacia el exterior de la posada.

Nunca en mi vida había pensado que algún día la habilidad especial de Shen me salvaría de verdad.

—Nasus necesita ayuda—Le comenté al Ojo del Crepúsculo mientras este me dejaba en el piso cerca de un árbol.

—El Curador de las Arenas puede vencer a su hermano—Respondió el ninja y me dio la espalda dejando que su mirada se clavase en el oponente que estaba acercándose peligrosamente hacia nosotros.

—¿Quién es el traidor ahora?—Preguntó Zed.

—El balance debe ser restaurado—Respondió el ninja y desenvainó su espada—Y la muerte de la invocadora solo lo perturbará aún más—


Notas de la autora: ¡Mi primera actualización en Rusia! Desde principio de años estuve postulando a una beca para estudiar en Rusia y pues después de muchos problemas al fin me encuentro instalada en Moscú. Lamento muchísimo la demora, sin embargo estuve un mes casi sin tocar el computador debido a todos los cambios. Pero me encuentro muy feliz de estar cumpliendo uno de mis sueños de toda mi vida.

Muchísimas gracias por leer y espero poder traerles pronto el siguiente capítulo.