-Llámame Edith- Y volvi a besarlo.
Sus caricias eras firmes pero tiernas, masajeaba mis músculos rendidos y la suavidad resbaladiza del sus manos jabonosas era deliciosa. Nunca me había sentido así. Tras enjabonarme bien, cogió de la repisa de la bañera una cuchilla de afeitar. De color rosa y formas suaves. Diosa, o algo así. ¿Por qué tenía tantas cosas femeninas en su casa?
La idea de otra mujer acá hizo que mi estomago se retorciera con una desagradable sensación de celos. Los empuje al fondo de mi mente y volví mi atención al hombre frente a mí.
Con cuidado fue pasando la cuchilla por mis piernas, mi vientre, mi pecho, mis axilas, mi pubis, mi pene. El peligro que tenía un artefacto tan afilado por mi piel me hacía temblar, pero me sentía segura en sus manos. Si hubiese decidido romperme el cuello, partirme por la mitad, toda mi fuerza por diez no hubiera podido detenerle. Pero sabía que en sus manos grandes, fuertes, suaves y masculinas estaba segura. Fue repasando mi cuerpo milímetro a milímetro, sin dejar un rincón con vello.
Una vez limpia y depilada me sacó de la ducha, me secó y me ofreció una crema hidratante que usé en todo mi cuerpo. La sensación de mi piel desnuda y limpia de vello era increíble, tan nueva como todas las "sufridas" hoy, y tan placentera y satisfactoria. Ya hidratada me puso una bata de raso de color dorado y me llevó de la mano al dormitorio. Se acostó y yo lo hice a su lado. Sus manos se posaron sobre mí y me acarició hasta quedarme dormida. Antes de caer en el sueño más profundo de mi vida le oía decirme lo bien que había estado esta noche. Lo orgulloso que estaba de mí. Lo bien que lo iba a pasar con el y la cantidad de cosas que iba a descubrir y experimentar a su lado. Que yo era su nena, que él era mi hombre, y que no me preocupara y confiara en él. Que todo lo que pasaría a partir de entonces me haría mucho más fuerte, y mucho mas realizada. Y me dormí escuchando mi nombre. "Edith".
Al despertarme estaba completamente confundida. La cama enorme, el cuarto desconocido. La bata de raso. De pronto todo vino a mi memoria. De golpe, De sopetón, una oleada de recuerdos y experiencias intensísimas y completamente nuevas que sacudieron todo mi ser. Nauseas, vergüenza, ganas de llorar y un miedo horrible. ¿Que dirán mis padres, mis amigos, mis compañeros, los vecinos, el panadero y mi portero...?
Sin pensarlo bien salí corriendo a medio vestir con mi bolsa del gimnasio que seguía en la misma silla donde se quedó. Casi ni miré el sofá donde anoche me... No! No pasó nada anoche. Lo olvidaré, nuca le diré nada a nadie, esto no ha pasado.
Imágenes de todo lo que hicimos anoche se repitieron en mi cabeza todo el trayecto a mi casa. "Llámame Edith" "No necesitas fortalecerte para conseguir chicas" "Estás hecha para ser una nena"
Llegué a casa y caí como peso muerto en mi cama. Las imágenes no se iban de mi cabeza y mi cuerpo sin vellos era un recordatorio constante.
El sonido de una llamada entrante en mi celular me sacó de mis pensamientos y por un momento temí que fuera Emmett. Pero no era él. Deslice mi dedo por la pantalla y contesté.
-Hola.
-Hola, hermanito- Chilló al celular.
-Demonios, Alice. Me dejarás sordo.
-Lo siento.
-esta bien, pixie. ¿Que se te ofrece en esta ocasión?
-¿Acaso no puede una hermana mayor llamar a su hermano para saber de él?- Dijo Alice. Alice es mi hermana gemela, y la persona mas cercana a mí. Tengo otro hermano. Jacob, de 26 años casado con Bella Cullen- Bien, bien. Iré a visitarte
-¿Enserio?- Esa si fue una noticia emocionante. La extraño demasiado.
-Si llegaré mañana, y me contarás que te está pasando- Eso me congeló un un instante. Alice siempre a tenido una extraña facilidad para descubrir mis emociones y sentimientos. Cosas de gemelos, supongo.
-De.. ¿De que hablas?
-Te escucho extraño, Edward.
-No me pasa nada.
-Mientes. hablamos mañana- Y sin dejarme decir nada colgó.
Genial. Ahora ella sabe que me pasa algo. Alice siempre a sido mi confidente, y yo el de ella. Se que si le cuento lo de anoche ella no me juzgará, todo lo contrario.
Suspiré y dejé caer el tema.
Todo el día siguiente continuaron los mismos recuerdos "Edith".
Fui a recibir a Alice al atardecer, y conduje de regreso mientras ella hablaba sobre su vida, sus amigos, sobre su novio Jasper.
Algunas horas después, ambos sentados en él sillón, llegó el momento de tanto temía.
-Entonces- Comenzó Alice- ¿Me contarás que es lo que sucede?
-...-
-¿Es una chica?
-No-Respondí.
-Entonces... Es un chico- Esta vez no fue una pregunta. Mis ojos se abrieron de sorpresa, algo que ella no pasó por alto.- Lo sabía.
-¿Como...?
-Cariño, soy tu hermana gemela, debo estar atenta a mi hermanito. Entonces, por fin descubriste que te gustan los hombres, lo he sabido desde hace mucho tiempo.
Hice una mueca ante eso:
-No me gustan los hombres.
-Veo que aún lo sigues negando- Dijo y me sonrojé por la implicación.
-No importa si me gustan o no. Lo que sucedió va mucho mas allá de eso.
-Entonces. Cuentame. Habla conmigo.
Y así lo hice. Le conté todo. Mis motivos para entrar al gimnasio, le conté sobre la vez que conocí a Emmet y como me sentí con el desde el inicio, con vergüenza y un intenso sonrojo le conté todo lo que pasó ayer, el beso en el sauna y como él comenzó a hablarme en femenino, le conté como le regalé mi virginidad a otro hombre mientras vestía de mujer como lo disfruté, le hable sobre el nombre que elegí para mí, y seguí contando lo de esta mañana. Cuando terminé dirigí mi mirada al suelo, rojo de vergüenza, pasaron unos segundos y ella no habló, empecé a preocuparme.
-Parece que tenias las cosas claras ayer- Dijo por fin- ¿Porque te niegas a reconocerlo hoy? Solo te lastimas a ti mismo... O a ti misma mejor dicho- Terminó con una dulce sonrisa, Mi sonrojo se intensificó y aparté la vista.
-Tengo miedo- Dije sin verla- ¿Qué dirán todos? ¿Qué dirá el resto de la familia?
-¿Es eso lo que te preocupa? Sabes lo que dirán, Edith.
-No me llames así, Alice
-Bien, Bien. Pero sabes lo que dirán. Nuestra familia es de mente muy abierta. Papá y mamá estarán feliz siempre que tu lo estés, Jake te fastidiará como siempre lo ha hecho tu relación con el no cambiará, Bella ya lo sospechaba- Eso me sorprendió otra vez, mi relación con Bella siempre fue muy buena, y todos decían que después de Jake yo era su favorito- Y yo seré la más contenta, podremos ir de compras y te compraré millones de vestidos, te enseñaré a maquillarte y...
-Alice, para- La detuve- No me gustan los hombres, lo de ayer solo fue un desliz, me gustan las mujeres, solo las mujeres- Dije como si me intentara convencer a mí mismo.
-Si lo dices varias veces, probablemente te lo creas- Dijo con una sonrisa- Esta bien lo dejaré, pero solo porque se que mas temprano que tarde lo vas a reconocer y asumir. Buenas noches, hasta mañana- beso mi mejilla y se fue a dormir, yo me quedé unos momentos más y como cada vez que estaba solo hoy los recuerdos de anoche volvieron a mí. Cubrí mi cara con mis manos con frustración y me fui a dormir.
Durante todo el fin de semana, Alice me arrastro por todo el centro comercial. No pasó desapercibido para mi que muchos de la ropa y zapatos que compro eran demasiado grandes para ella. Hice como que no ví nada y continué mi camino.
Pero las imágenes y recuerdos nunca se fueron. "Llámame Edith".
El lunes volvieron los recuerdos, poco a poco, luchando por dominar mi cabeza.
El martes la imagen de su pecho duro, musculozo, brillante, masculino mientras le frotaba con aceite me produjo una erección. "Princesa." mi mente recreaba su voz en mi oido y su aliento en mi cuello "Muñeca".
Alice y sus comentarios no ayudaban en nada:
-Te ves agitado- Habló ella. Claro que lo estaba, acababa de salir de la habitación, después de un considerable rato intentando masturbarme con una revista playboy en la mano. Digo intentaba porque apenas y conseguí una erección y correrme ni por asomo- ¿Estás haciendo ejercicio en casa? ¿Seguro no quieres ir al gimnasio?- Preguntó con ironia. Debi suponer que sabía el motivo de mi estado actual.
-Alice, Para ya.
-Esta bien, Estas bien- Dijo y murmuró:- Dios, necesitas que Emmett te dé una buena follada para que se te quite lo depresiva y agresiva.
-ALICE.
El miércoles me masturbé pensando y recordando su pecho en mi espalda y la frase que dijo en mi oído: "Esta noche te voy a arrancar la poca hombría que te queda. Y voy a llenar tu culo con mi semen.- "Princesa". "Muñeca". "Preciosa". "Nena". "Edith". Tuve un orgasmo increíblemente fuerte.
-Mañana es jueves. ¿Irás al gimnasio?- Pregunto Alice mientras cenábamos. No respondí
El jueves estuve todo el día pensando en ir al gimnasio, y en volverme a casa de mis padres, dejar la carrera y la ciudad y devolver mi vida a donde estaba. Al final, otra de sus frases se impuso en mi cabeza:"Sabes que va a pasar".
Cogí mi bolsa, billetera, celular y llaves del auto y volví al gimnasio, Alice me despidió a sabiendas con una sonrisa: -"Diviértete". Tardé bastante más de lo habitual en decidirme a llegar, vagando por la calle, dando un rodeo enorme al final llegué. No vi su coche en los alrededores. Ese BMW azul que me llevó al infierno más celestial que existía. Dudé una vez más. Pero bueno, ¿había ido a verle a él o hacer ejercicio?
Entré, me cambié y me fui a la sala de musculación. Directo hacia una de las máquinas de pesas. Me subí en una máquina elíptica de aeróbico. No ha venido. Esto nunca ha pasado. Nunca lo sabrá nadie. Un dedo recorrió mi espalda de la nuca al culo.
-¿Has vuelto eh, princesa? – sonó su voz en mi espalda.
Casi me caigo de la máquina del susto pero sus enormes y musculosos brazos me sostuvieron. Me agarré a él instintivamente y dije:
-Aquí no, que nos pueden ver.
-Jajaja! ¿Y qué? Aquí no le importará a nadie nena. – Respondió.- Espera, no me digas que… No, no, no puedes ser tan boba.
-¿Por qué?¿Que pasa? – le pregunté recibiendo una mirada divertida y tierna de sus brillantes ojos azules.
-A ver, mi reina, ¿dónde está el servicio de señoras? –preguntó.
-Pues. Esta, no sé.
-¿Y no te has fijado que no entran mujeres a este gimnasio?
¿Cómo, que no entran mujeres?¿Que estaba diciendo?
-Sí! Si he visto mujeres. Hace un par de semanas había una rubia en esta misma máquina. – Le respondí confiada y orgullosa de corregirle.
-¿Rubia? – dijo Emmett.- ¿En esta máquina?... Ah! Sí, ya. – respondió rascando con su dedo una de sus sienes. - No es una mujer del todo. Es Rosalie. Rose para los amigos, es una buena amiga. Es alguien como tú. Bueno, como tú no. Al menos todavía, no sé.
Entonces llevó su mano a mi barbilla, elevó mi cara mirándome a los ojos y me preguntó:
- ¿Lo has descubierto ya, preciosa?
No! No me lo podía creer. ¿Cómo he sido tan tonta? Me apunté a un gimnasio de hombres. ¡Un gimnasio para Gays!
Mi boca abierta fue toda mi respuesta.
-No me lo puedo creer. Y yo pensando que habías venido buscando guerra. No lo sabía, perdona. – me dijo desviando la mirada.
Eso no lo podía creer, estaba descolocada. ¿Me estaba pidiendo disculpas? ¿Se había equivocado conmigo? ¡Claro! Eso es. Estaba equivocado, yo no podía ser gay, ni una nena como él me decía. Todo había sido un malentendido. El caso es que las piernas me temblaron cuando volvió a dirigir su mirada hacia mí y me beso con firmeza. Restregando sus suaves y húmedos labios por los míos, y su lengua fuerte y jugosa recorriendo mi boca, haciéndola suya una vez más.
Yo sonreí avergonzada y sonrojada. Él me soltó.
-bueno Edith, déjate de jugarretas y dame 45 minutos más de elíptica. Después te duchas y me esperas fuera, nena- y se fue dándome una palmadita en el culo no sin antes decirme:
- Y deja ese sueter tan horrible ya. Tienes que aprender a venir guapa, que no eres una camionera.
Y se marchó a entrenar guiñándome un ojo. Terminé mis 45 minutos de elíptica sin poder dejar de mirar sus músculos brillantes, masculinos, enormes y fuertes trabajar. Inconscientemente entendí la extraña manera en la que quería que hiciese mis ejercicios, fortaleciendo y moldeando las partes mas femeninas de mi cuerpo, como gluteos y piernas. Así que terminé mi bicicleta elíptica bamboleando las caderas de la misma forma que vi hacer a esa chica Rosalie unos días atrás. Y me sentí genial dando caderazos al ritmo de la música sin importarme las miradas de los otros dos hombres de la sala.
Ya duchada y en la puerta apareció Emmett en su auto turquesa indicándome que entrara.
-No podré quedarme contigo hoy, preciosa, lo siento mucho pero que no podía ser de otra manera. Tengo que ir a casa de mis padres por un problema familiar. Nada grave, aunque molesto.
-Oh- Dije un poco decepcionada en realidad.
Así que fuimos a su casa. De vuelta en ese piso me estremecí por completo. Las piernas me temblaban y tuve que poner mi bolsa delante de mi cintura para ocultar la erección que me produjo visualizarme en ése sofá, follada a lo bestia y la lujuria desatada que sentía al chupar una polla por primera vez. Me llevó otra vez al cuarto y allí me entregó una maleta.
-Puedes llevartela y usar todo lo que puedas y quieras, cuidado que no te vean tus compañeros de piso.- Él aún no sabía que vivía sola ni que mi hermana estaba en la ciudad. La posición acomodada de mis padres, sin pasarme, me permitían un apartamento cómodo en una buena zona sin tener que compartirlo y algo más para mis gastos. Así que por eso no había problema. También me fijé en la marca del paquete de cigarrillos que me ofreció la última vez. Y mientras él hacía su propia maleta no pude contener mi lujuria. Me fui al baño, me desnudé, me engominé el pelo hacia atrás, me perfumé con un frasco de "Versace Woman" que tenía en el tocador. Con andar femenino fui al dormitorio y me puse a su espalda de pie.
Cuando se dio la vuelta soltó: -Mierda.
Con la boca abierta y sin palabras me miraba tomar su pantalón y abrir su cremallera despacio, tomándome mi tiempo, me arrodillé y saqué su polla del pantalón y metérmela despacio en la boca. La chupé despacio pero firme, saboreándola, tocando mi propia polla, era ridícula al lado de la suya. Chupé como una auténtica puta. Recordando todas las mamadas que vi en las porno y en Internet, sin saber que un día estaría yo en esa posición. Solo que no en el rol que había imaginado. Y no se si era guay que te la chuparan, pero chupársela a alguien, mas hombre que yo, era la experiencia más satisfactoria, excitante y perversa que había sentido.
Seguí chupando un rato, escuchando sus palabras de ánimo y frases de excitación. Adoraba oír como me llamaba princesa, preciosa o muñeca. Tenía su polla en mi boca por decisión propia. Seguí chupando hasta que se corrió, de golpe, llenando mi boca de semen cálido y viscoso. Sabroso, salado y ácido en mi boca.
No pude tragarlo, me daba cosa aún. Pero rebosaba de mi boca y mi barbilla. Avergonzada y sorprendida le miraba indefensa y… arrepentida, creo
-Mierda, muñeca. Sabía que eras la mejor. – Me dijo terminando de ordeñar su polla, y restregando su glande brillante, suave y grueso por mis labios húmedos de semen y saliva.
Me ayudó a incorporarme con su enorme y masculina mano y me llevó al baño a limpiarme y vestirme.
-Vámonos amor que tengo prisa. – me apuró mientras salía del baño.
Una vez en su coche me alcanzó su móvil y me dijo que le apuntara el mío, que me llamaría cuando volviera. Me volvió a recordar que practicara con las cosas de la maleta. Que me moldeara y encontrara mi propio estilo.
Ya en mi casa me besó con fuerza en la boca y me echó del coche. Repitiéndome que practicara y que me llamaría pronto. Yo cogí mi bolsa del gimnasio, la maleta que me dio y me subí a mi piso colorada como un tomate, sonriendo como una colegiala.
Cuando me repuse y solté la maleta frente a la puerta de mi apartamento y me dispuse a abrirla, pero ésta se abrió primero, apenas tuve tiempo de agarrar la maleta cuando Alice me arrastro dentro hasta sentarme en el sofá.
-Cuenta- Dijo sentandose frente a mi.
-¿Que cuente qué?
-Como te fue, por supuesto, tonta.
-Me fue bien- Me sonrojé y aparte la mirada. Escuche un jadeo y ví a Alice, quien tenía una expresión de sorpresa.
-¿Qué?- Pregunté
-Te dije tonta y no te molestaste.
Me sonrojé aún más:- Bueno.
Su mandíbula cayó, chilló y se arrojó sobre mí, abrazándome.
-¿Admites por fín que te gustan los hombres?
-No me gustan los hombres, Alice- Dije, la emoción de Alice empezó a disminuir ante eso- Solo me gusta un hombre- Ella volvió a chillar y a abrazarme, emocionada.
-¿Cuando puedo conocerlo?
-Está saliendo de la ciudad hoy. Cuando vuelva. Hm Alice. No le puedes decir a nadie sobre esto.
-¿QUE? Pero, Edith- que me llamara por ese nombre se sentía extraño- No puedes mantenerte escondida por siempre ocultando quien eres.
-No lo hare, Alice. Pero quiero decírselo a la familia yo personalmente.
-Bien, pero no te tardes mucho. ¿Tuvieron sexo?
-ALICE, NO EMPIECES.
-Pero quiero saber.
-No lo hicimos- Ella me miró desconfiara. Me sonrojé y mire hacia otro lado- Solo le di una mamada.- Alice sonrió, pero sabiendo que me avergonzaría no dijo nada
-¿Que tienes en la maleta?
-No sé- Me miro estraño- Me la regalo Em.
-Revisemos entonces.
Abrí la maleta y surgió toda una gama de olores, colores, texturas, cada cual más femenina, más suave, más brillante. Raso, lentejuelas, nylon, encaje, charol. Bragas, tangas, sostenes, bodys, tacones, bisutería, un maletín con cosméticos, un par de frascos de perfume, un par de tops, blusas, leggins, faldas, un vestido plateado de vinillo. Nada de algodón, nada de hilo. Solo satén, seda, lentejuelas. Las texturas más femeninas que conocía. Y otras, como ese vestido, completamente nuevas y sugerentes.
Estaba en shok, Alice estaba en shok.
Casi todo era de mi talla. Lo cierto es que nos sorprendió, pero ya el otro día me fijé en lo delgada que estaba después de seguir la dieta y los ejercicios que Emmet me puso al llegar al gimnasio. Había funcionado. No como yo le pedí, claro. Pero estaba supercontenta de verme tan estilizada. Encontré también ropa de deporte para chicas. No sabía si me atrevería a usarlas en el gimnasio, pero las guardé por si acaso en el cajón de mi ropa de deporte.
-Wow- Dijo Alice y yo la imite con lo mismo.- Vamos, tienes que probartela.- Me arrastro con todo y maleta a mi habitación. Dejé mi maleta y me arrastró al baño de la sala, buscó en un mueblecito que estaba abajo del lavamanos, y saco una cuchilla de afeitar y una especie de crema o jabon humectante. Y me los dio en la mano. Diciendome:
-Supongo que ya sabes como se usa, no es la gran ciencia, ponte el jabón primero así no te irritas, te espero en tu habitación.- Y salio, cerrando la puerta.
En mi mente no podía creer lo que estaba pasando, nunca me había quitado rasurado, aquella vez Emmett lo hizo por mi, era algo totalmente nuevo, comencé por las axilas, y fui bajando hasta terminar por las piernas, mi piel estaba suave, me gustaba sentirla así. Me enrollé en una toalla y salí a mi habitación.
Sentía una extraña mezcla entre vergüenza y excitación, entre a la habitación y allí estaba Alice, acomodando ropa sobre la cama.
-Ya era hora, pensaba que no ibas a salir nunca.
-Perdón, es que es la primera vez que lo hago.
-Ya te vas a acostumbrar. Ponte la ropa que dejo en la cama, te espero afuera.
Era un top sin mangas color verde agua, un short de jeans, de esos que están estratégicamente rotos, bastante corto por cierto, de ropa interior una tanga de hilo negra de encaje muy pequeña, internamente me pregunté como escondería mi pene dentro de algo tan pequeño, y un sujetador a juego con relleno suficiente para hacerme ver unos generosos senos. Me lo puse y me puse la tanga con dificultad, estirando mi pene hacia atrás, me vi en el espejo en lencería, se me veía un trasero enorme, redondo y femenino, no sabía si era por el ejercicio o siempre lo tuve, pero me gustó. La ropa era bastante suave y cómoda, y sumado a que mi piel estaba suave la textura era exquisita. El short era a la cadera y para poder ponerlo tenia que subirlo bastante, por lo que se metía, inevitablemente, muy adentro de mi cola, y aparte sentía como la apretaba y mantenía aún más levantada.
Una vez vestida, volvió a aparecer la vergüenza, mientras tomaba valor para salir, la puerta se abrió repentinamente, y apareció Alice, inmediatamente apareció una sonrisa en su rostro, y me dijo:
-Pero que hermosa estas, Te traje zapatos- Realmente estaba inmóvil, no sabia que decir, sentía tanta vergüenza.
Tome los zapatos, y me senté en la cama para ponerlos, no sentía ninguna parte del cuerpo, termine de ponermelos y me levante, a lo que ella se avalanzó sobre mi y me abrazo, casi hizo que me cayera a la cama, pude corresponder ese abrazo, y me dijo:
-Por fin voy a tener una hermanita.
Mientras me abrazaba, volví a caer en la realidad, me encontraba vestida de mujer, Alice me abrazaba, ya no sentía vergüenza, de hecho, me sentía protegida y querida en los brazos de ella. Ella seguia prendida a mi. Luego de estar como 5 minutos asi, se fue soltando de a poco, para verme directamente a los ojos. Nos miramos fijamente, su cara era mas dulce que lo normal, pude sentir su cariño incondicional.
- A partir de ahora, vas a ser mi hermanita, Edith.
Me hizo caminar por todo el departamento, asegurándome de acostumbrarme a los tacones
-Vamos, tienes mucha mas ropa que probarte. He comprado mucho para tí también.- Lo sabía.
Durante esa noche y todo el fin de semana estuve en casa llevando la ropa, andando y moviéndome por todo el departamento. Navegando en Internet, buscando información sobre maquillaje y maquillarme. Encontré mucho más de lo que imaginaba.
Recordaba la frase de Emmett, "ya encontrarás tu estilo, tu fuerza y tu ser". Así que seguí soltando ademanes femeninas. Vistiéndome y maquillándome mil veces. Andando con tacones, cada vez mejor, más suelta. Adorando el delicioso sonido del tacón contra el suelo. Masturbándome como una loca frente al espejo repitiendo las palabras de Emmett.
"Esta noche te voy a arrancar la poca hombría que te queda. Y voy a llenar tu culo con mi semen".
Una y otra vez hasta morir de placer y lujuria.
El domingo por la tarde, recién levantada debo admitir, pues me dormí cerca de las cinco rendida. Llamaron al celular de un número que no conocía. Al no estar segura, pero loca de deseo por escuchar a mi hombre, puse mi voz más grave de lo habitual.
-¿Nena? ¿Eres tú? ¿Que le pasa a tu voz?
Era él! Carraspeé para aclararme la garganta y respondí, con la voz suave y melodiosa.
-Sí, sí, soy yo. Perdona es que no sabía si eras tú o no.
-Tranquila. Espérame en la puerta en media hora, paso a buscarte. Y Coge la maleta, ¿vale?.
-Vale.
Alice no estaba en casa hoy, y solo le queda una semana conmigo antes de volver. Con Emmett de regreso, espero presentarselo pronto.
Nerviosa fuí al baño y volví a repasar mi depilación. Ya había comprado crema hidratante y cuchillas el viernes para estar preparada. Además de otras muchas tonterías de higiene femenina. Y digo tonterías, porque no sé si alguna vez le daría uso real, o fue sólo el capricho. Pero tampoco pensé que usase voluntariamente un pintalabios rosa chillón, y aquí estoy.
Ya en la puerta llegó el carruaje azul turquesa con mi masa de músculos dentro. Pero alguien estaba en mi sitio. La rubia del gimnasio, Rosalie. Una rubia perfectamente maquillada que olía a Diosa estaba en el asiento del copiloto con mi hombre. O no. ¿Acaso no era mi hombre? ¿Acaso era SU hombre y yo solo una ilusa?
Cuando subí a la parte de atrás estaba roja de vergüenza, celosa y humillada. Su sonrisa divinamente femenina y su saludo extremadamente cariñoso me confundían. Su apariencia de mujer sofisticada y segura, hermosa, Diosa femenina del sexo y la lujuria, me hizo sentir pequeña, débil, andrógina, asexuada, fea y torpe. En el mismo coche azul turquesa que me levó al infierno celestial de mi transformación, y en el que no sabía que pintaba yo allí. Una vez más, pensando en si no debería huir y olvidarlo todo, despues de varios dias mis inseguridades volvieron con mayores fuerzas.
Mientras llegábamos a su casa mis oídos pitaban de vergüenza y solo podía responder con monosílabos a las preguntas o comentarios de Emmet o Rosalie. Él le comentaba como me conoció, la anécdota de la equivocación de gimnasio, no demasiados detalles sobre nuestros encuentros, genial.
Ya en la casa el piso no parecía igual con ella allí. Emmett salió diciendo:
-Bueno chicas, las dejo en lo suyo. Luego vuelvo, tengo que recoger a Liam en media hora y a este paso no llego.
¿Liam? ¿Y éste quién es ahora? ¿Y yo que hago aquí? Solté mi maleta y a punto de romper a llorar y salir huyendo cuando Rose me cogió de la mano y me llevó al baño. Ella era todo cordialidad, un torrente de feminidad exagerada de pelo rubio platino y olor a Versace. El perfume que use cuando le chupé la polla a Emmett, era suyo. Eso me hizo sentir aún peor. Pero algo cambió, tan de repente como todo sucedía en mi cabeza en las últimas horas, cuando ella empezó a hablar.
-No te imaginas lo feliz que me sentí cuando Emmet me llamó para contarme sobre su chica- Dijo toda cordial y cariñosa, mientras me desnudaba para desnudarse ella también, mi ánimo se infló de nuevo. Volví a sonreír. A sentirme segura y femenina. Me había llamado "su chica". Y estando desnuda, duchándonos, mi figura no tenía mucho que envidiar a la de Rose. No era una Diosa transexual de curvas imposibles y pechos descomunales como parecía. Objetivamente era un cuerpo de chico estilizado y grácil. Sus pezones algo más grandes que los míos, y empujando sus tersas aureolas hacia fuera, por las hormonas, eran lo único que destacaba. Mi piel era tan tersa y suave como la suya, mis caderas tan anchas y mi espalda tan poco masculina como la suya. Su pelo si, largo, ondulado, rubio. Pero el mío crecería. O no, ya lo decidiría. Su maquillaje era solo maquillaje, por muy perfecto y precioso que quedara. No tendría nada que envidiarle... en un futuro.
Fuera del baño, perfumadas y limpias, mientras nos secábamos me dijo que insistió en conocerme, que había sido amiga de Emmet hace mucho tiempo, desde cuando aún vivía como chico. Que quería ayudarme y aconsejarme, tener una amiga común. Como ella, como yo. Todo esto lo decía desparramando de manera casi organizada y militar un compendio de parafernalia femenina que me desbordaba. Cosméticos, cremas, polvos, sombras, lápices, perfumes, uñas, pestañas, de mil brillos y colores, de mil olores a cada cual más excitante y embriagador, mas femenino.
En el tocador me ayudó a maquillarme, y mientras ella lo hacía también me enseñó algunos trucos para practicar por mi cuenta en casa. Me puso unas uñas postizas que pintamos de color rojo nacarado. Y unas pestañas que triplicaban las mías propias. Respecto a mi pelo:
-Aún no lo tienes lo bastante largo para cortarlo bien. – me gustaba su voz. No era de mujer, pero definitivamente no era de hombre. Intentando imitarla respondí:
-Ya bueno, la última vez engominado quedaba muy guay.
-Bueno, sí. Como estilo no está mal, pero hazme caso – respondió poniéndome una capa sedosa y ligera sobre los hombros y sentándome en un banquillo.- Verás que cambio y que bien, tú hazme caso tía.
Antes de poder decir ni pío tenía el pelo cubierto de una crema viscosa y de olor penetrante. Y Rose estaba enfrente de mí con unas pinzas de depilar apuntando a mis cejas.
-Oye, eso igual… Ay! – chillé al sentir mis cejas maltratadas.
-Calla! Si no tienes apenas, si tu vieras lo que yo tenía que sufrir día si día no. Lo que hubiera dado por una cejas como éstas. – iba diciendo mientras seguía ensañándose con ellas.
Cuando me vi maquillada el resultado fue espectacular. No sabia si podría repetirlo por mi cuenta, pero estaba segura de que lo intentaría todas las veces que hiciese falta. Si el día que estuve aquí con Emmett parecía una puta pintada y lujuriosa, ese día parecía una puta... de las caras. Preciosa, sexy, femenina. Mis mejillas resaltadas por el colorete ocre y el brillo de los pómulos. Mis ojos delineados a la perfección, enmarcados en sombras ocres y doradas, brillantes rematados en unas pestañas de vértigo. Resultaban felinos, femeninos, seductores y mucho más amplios. ¿De verdad eran mis ojos? Mi piel tersa y suave, aterciopelada. Y el olor. Ya acostumbrada al olor del potingue de mi pelo, el olor del maquillaje me mareaba de placer y excitación. Mis labios perfilados en marrón oscuro, mates y simples quedaron voluminosos, perfectos. Gruesos y si, femeninos. Mi pecho sería plano, a mi entrepierna por más depilada que estuviera le colgaba una polla y dos pelotas. Pero mi cara, en el espejo, era una mujer.
Mientras enjuagaba mi pelo, con la cabeza volcada hacia atrás en el lavabo me comentó sus conversaciones con Emmett:
-¿Sabes? Estoy encantadísima de que te haya encontrado. Quedó fatal cuando lo dejó kate. – imagino que Kate era esa última amiguita, la dueña de MI ropa.- Nosotros hablamos mucho, y bueno, me ha contado vuestra cita…-continuó guiñándome el ojo y acariciándome el brazo.- También me ha contado un poco que planes tiene para ti, no se… - para entonces la noté algo más insegura mientras me colocaba una toalla en la cabeza y la enrollaba. Pero siguió, y dijo cogiéndome de las manos y mirándome a los ojos:
-Tú, pase lo que pase aguanta. Si no puedes con ello simplemente no lo harás, igual que la última vez. Por mucho que se pase espero que no te rindas. Ya verás que al final encuentras tu fuerza. Mucha más fuerza y seguridad de lo que pensaste nunca como hombre. Ya lo verás, Edith va a ser una mujer increíble.
-Bueno! Ese pelo ya está. – cambió de tema como quitó mi toalla y secó mi pelo, de golpe y sin avisar. Lo revolvió con una mano, le puso un pegote de gomina enorme y lo peinó fuerte, pegado al cuero cabelludo con la raya en diagonal a un lado. Ver mi pelo así peinado, castaño rojizo y mi cara maquilladísima fue otro shock. Casi pierdo el equilibrio del mareo que me produjo verme. En el salón el sonido de alguien entrando y charlando me devolvió a la realidad.
-Otras, ya están aquí y nosotras con estos pelos. Salimos del baño de la mano riendo y corriendo al dormitorio para evitar que nos vieran y nos vestimos. Ella se puso un vestido rojo superceñido y unos tacones rojo charol de vértigo. A mi me dio una tanguita de satén roja y negra con un body a juego, de satén rojo y encaje negro, con ligas para las medias de nylon, negras con costura atrás. Unos leggins de lak negro con efecto de brillantina que ceñían mis piernas hasta la cadera y un corsé en oro y negro, que costó cerrarlo horrores, y entendí a la perfección de que se quejaba Escarlata O'hara cuando mami le hacía lo mismo que Rose a mi. Pero cuando pude volver a respirar y vi mi cintura en el espejo. Increíble mi cinturita. Me puse unos pendientes de pinzas que dejaban caer de mis orejas tres discos de "oro" a cada cual más grande, anillos y pulseras doradas, marrones y negras. Y unos tacones de11 cm. Con algo de plataforma dorados también, con un lazo al lado. Una vez terminada me ofreció un pintalabios y me dijo:
-El último toque te lo das tú. – y me volvió a guiñar.
Pasé el cilindro cremoso por mis labios, siguiendo las líneas marrones que había marcado. Una crema brillante y golosa entre dorada y marrón, muy brillante y espesa quedaba en mis labios al paso del delicioso cosmético. Cuando terminé y recibí su aprobación, se puso a mi lado, me rodeó la cintura con su brazo y nos miramos al espejo juntas. Ella parecía una actriz porno. Una mujer de bandera sexual y arrebatadora. Yo una figura andrógina, femenina y terriblemente atractiva. Ya no veía nada del chico que llegó a estudiar a esa ciudad. Veía a Edith, una mujer castaña y con un atractivo sexual poderoso y rompedor. Y riendo y taconeando nos fuimos al salón.
Allí estaban Emmett y Liam. Poniendo copas, riendo y poniendo música. Callaron de repente al vernos entrar y sus bocas se abrieron de par en par, tanto o más que sus ojos.
-A ver si se van a poner a babear ahora! – dijo Rose
Allí fue cuando me enteré que Liam era el novio de Rose.
Si bien no era capaz de decir que no a Emmett en ninguna faceta, ya lo tenía comprobado, Rose era un apoyo y una confianza distinta, Alice también lo era, pero Rose pasó por las mismas dudas e inseguridades. Ella era una amiga. Y tan solo en dos horas ya la consideraba mi mejor amiga.
Así que me presentaron a Liam, otra bestia de gimnasio algo mayor que Em, igual de alto y muy sexy, aunque no tanto como mi hombre. Su masculinidad era igual o más potente, pero su belleza residía en ello, no en los finos y dulces, aunque fuertes, rasgos de mi hombre.
Estuve un poco recatada al principio, pero una copa súper cargada de Vodka y licor de manzana y la sugerencia de Em al oído después de cogerme el culo y decirme lo hermosa que estaba, de relajarme hicieron el efecto buscado. Estaba cómoda.
Poco después Liam y Rose se marcharon.
Estaba genial agarrada a los brazos de mi chico.
Emmett me besó en los labios como le gustaba, marcando su territorio en mi boca, sobando mi muslo y mi entrepierna. Agarrada como me tenía por la cintura, con su enorme brazo rodeándome estaba como le gustaba tenerme, sin salida, encantada.
-¿Porque todo esto? Pregunté cuando nos separamos.
-¿Todo que?
-Esto, todo lo que me estás consintiendo hoy, la cena, los regalos.
-Ah, bueno.- Empezó, se notaba nervioso- Llevamos un tiempo en esto y me di cuenta que no te he preguntado algo importante, algo que realmente quiero.
-¿Que?
-Hmm, eeh. ¿Te gustaría se mi novia?- Pregunto. Mi corazón se aceleró y las manos me sudaban.
-Si, si quiero ser tu novia.
Su sonrisa fue radiante, al compás de la mía.
-Genial- Dijo.- Estaba nervioso de que no quisie...- siguió diciendo, pero yo no lo dejé terminar, incapaz de aguantarme, echándomele encima, besándolo y acariciándolo.
Él me besó, me abrazó, me agarró el trasero, comenzando a ponerse duro.
-¿Vamos a la habitación?- Pregunté, estaba super excitada, y solo quería que me hiciera el amor.
El no respondió, solo me levanto en sus brazos y me llevo por el pasillo.
Jadeando, sin dejar de besarlo, me dejé llevar por él.
Nos echamos en la cama, manoseándonos, besándonos por todas partes, yo tenía tantas ganas, con ansia busqué su polla sobre el pantalón, la acaricié, la deseé, él entonces comenzó a quitarme mi ropa.
-eres jodidamente sexy. – dije nerviosa e incómoda.
-Voy a follarte hasta el cansancio– me susurró al oído, apretándome la polla sobre los leggins negros con brillantina que llevaba puestos.. El momento me recordó tanto a nuestra primera vez juntos. Las palabras tan parecidas que me dijo. Pero a diferencia de aquella vez, en esta ocasión no me asustó, al contrario solo me excito más.
Acercó su mano a mi barbilla para girar mi cara hacia la suya y su boca acercarse a la mía. Que la recibió abriendo los labios y los dientes y dejando pasar su lengua en mí. Me besaba tomando posesión de mi boca, y yo dejaba poseer mi boca sin resistencia. Notando como me perdía y me anulaba. Mi pene se puso erecto y mi excitación subió.
El seguía sobándome la entrepierna y acariciándome la espalda.
Mis labios se frotaban contra los de mi hombre. Mi lengua acariciaba y dejaba invadir mi boca en un festival de saliva y gemidos. Mi mano fue instintivamente a su entrepierna y encontró lo que buscaba. Algo dura y grueso, caliente, masculino. Dejo un rastro de besos por mi mandíbula y llegó a mi oído.
-chúpamela. – me dijo Em al oído.
De nuevo en el estado en que no podía negarme. Mis manos abrieron su pantalón. Él me ayudó incorporándose y quitándoselos del todo, después vi un festival de músculos tensándose y moviéndose al quitarse la camiseta. Un pecho masculino, poderoso, musculoso, pero que acaricié sumisa. Le miré a los ojos bajando mis manos por su pecho hasta su polla, semierecta, gruesa, venosa. La polla enorme de mi hombre. La mía luchaba por crecer encerrada en mis leggins con brillantina y unas braguitas de satén rojo. De pronto sentí un ligero golpe en mi cara. Emmett, agarrando su polla y golpeaba con ella mi carita.
Golpeaba mis mejillas maquilladas, mis labios pintados. La lujuria de sus ojos me decían como debían verse mis ojos tambien, llenos de deseo. Dios. Me encantaba.
Yo cerraba los ojos y gemía a cada golpe. Mezcla de humillación y excitación. Cada golpe en mi carita maquillada provocaba otro golpecito de mi polla en mis bragas luchando por crecer. Al fin puse mis manos decorada con anillos y uñas nacaradas sobre la polla de Em, abrí mis labios pintados y me la metí en la boca para lamerla y mamarla dulcemente. Apretando con mis labios, deslizando mi lengua por su carne dura y húmeda de mi saliva. Besando y lamiendo su glande con ternura y pasión. Gimiendo al penetrar mi boca con su polla. Moviendo mi cabeza adelante y atrás, oyendo tan solo sus gemidos, mis chupadas y el alegre tintineo de mis pendientes al moverse y entrechocar. Disfrutando como una loca de una polla mas grande que la mía. De una polla más masculina que la mía.
-Oooh. Que bien, sigue amor sigue. Así. – gemía y me animaba, agarraba mi nuca y la acercaba más hacia su pubis.
Yo intentaba tragar, chupar, mamar. Con dulzura, con ternura, con pasión. Quería provocarle placer, quería que me mirara con ternura y orgullo. Su polla salió de mi boca, el aire entró, la saliva salió. Hilos de saliva chorreaban de mis labios recorriendo mi barbilla mientras respiraba a bocanadas, tosía.
Volvió a golpearme con la polla en mi carita y apretó mi entrepierna. Busqué su polla.
-¿quieres más polla, amor?. –Preguntó.
-Si cariño, más.- Respondí.
Em me levantó de un brazo y me llevó bruscamente hacia la mesa del comedor. La brusquedad y los tacones me hacían perder el equilibrio, agarrada a su cintura conseguí llegar con pasos torpes y zafios a donde me llevaba. Apoyada en la mesa del comedor, con equilibrio al fin, se puso a mi espalda y pegó su fuerte cuerpo al mío.
Nos besamos con pasión. Pegó su frente a la mía y mirandome a los ojos me dijo:
-Te amo, nena.
Mis ojos se abrieron ligeramente y mi boca formó una enorme sonrisa.
-También te amo, Em.
Yo busqué su beso. Apartó su cara y me bajó los leggins de golpe junto con las braguitas de satén rojo que encerraban mi polla. Un gritito de sorpresa salió de mis labios y algunas risitas enamoradas le siguieron, sus fuertes brazos me subieron a la mesa y me colocaron boca arriba. Abrí mis piernas esperando recibirlo, él me contempló durante un instante en el que me hizo sentir la mujer mas deseada del mundo.
-¿Ves algo que te guste?- Pregunté mientras acariciaba mi cuerpo.
-Toda tu me gustas- Respondió y yo le sonreí.
-Entonces.- Dijo, rodeé su cintura con mis piernas y lo acerqué más- ¿Que esperas para follarme?
Sentí un fluido frío y viscoso inundó la raja de mi culo. Apoyo su glande en mi entrada y empujó. Un dolor frío entró en mí y comenzó a moverse en un hipnotico mete-saca. El dolor duró poco, las envestidas de mi invasor me distraían y me excitaban.
-MmmmHHmmm! – la polla de mi novio entraba y salia de mi a un ritmo sorprendente llevandome al cielo.- Sí! Sí sí sí, fóllame entera! – fueron las palabras que salieron de mi boca. Mi mano izquierda pellizcaba mis pezones con los dedos mojados de mi propia saliva. Mi mano derecho se deleitaba acariciando el pecho definido de Em.
Cada penetración era una oleada de placer. Deseaba que nunca terminara este momento. Que me siguiera follando por siempre. Dándome más placer.
Desde mi posición vi los ojos excitados de Emmett mientras empujaba dentro de mí. Vi lujuria, vi placer, vi orgullo, vi excitación, vi cariño y ternura, sobre todo vi amor. Mis ojos se volvían hacia atrás a cada embestida, a cada explosión de placer en mi culo. Em me tomó en brazos. Agarrada a su enorme espalda su polla me empalaba hasta el fondo. Gritaba de placer y pedía más. Me tumbó en el suelo boca arriba y siguió penetrándome sin piedad. Yo pedía más y más. Y el me daba más.
Cogió mi cabeza y me beso con fuerza en la boca, restregando su lengua por mis labios brillantes, llenándome la cara con su saliva. Yo respondí a su beso con fuerza.
Em apartó sus labios mojados de los míos y siguió follandome aún más fuerte. Mi pequeña polla explotó en un mar de semen caliente y viscoso.
Em empezó a convulsionar más fuerte y su polla explotó en mi culo llenándolo de semen caliente, viscoso y cremoso. Sacó su polla y su chorro de semen continuó sobre mi vientre.
Recién eyaculada, me incorporé. Goteando semen por mi culo, recorriendo mis muslos. Goteando semen de mi polla temblorosa. Me levanté del todo y moví mis caderas sinuosamente mientras el sonido de mis tacones que hasta ahora me daba cuenta que nunca me los quité, anunciaban mi paso firme y femenino. Fui hacia el hombre que me había regalado tanto amor y placer, le pasé una uña por el pecho sonriendo mientras agarraba a mi hombre por la cintura y hundía mi cara en su pecho. Levanté mi cara hacia él y esperé su beso.
-Eres la mejor.
-Soy tuya.
