Si mi cabeza aún funcionaba bien, el mundo se había vuelto así: Zed y Renekton eran los chicos buenos. Shen y Nasus los traidores que estaban protegiendo a una convicta.

—Invocadora, intenta mantenerte al margen de la situación—Dijo Shen al mismo tiempo que desenvainaba la espada que normalmente utilizaba contra los enemigos con forma material—Probablemente hayan más buscando tu cabeza

Asentí mientras sentía como el lado derecho de mi rostro había comenzado a arder, como si algo estuviese quemándome por dentro. Durante días no había hecho ningún movimiento brusco y ahora lo único que deseaba era volver a recostarme. Mi rango de visión era muchísimo más limitado y me parecía que en cualquier momento algo saltaría de la oscuridad para cortarme el cuello.

En la Grieta del Invocador, siempre me había fascinado el como los campeones se enfrentaban unos a otros. Sin embargo, verlos en el mundo real era completamente diferente. No estaban restringidos a usar solo un número de habilidades y tampoco dependían de sus invocadores.

Me moví con dificultad hacia mi izquierda para evitar que un shuriken lanzado por Zed me hiriese, y solo gracias a que Shen había logrado desviarlo en el último segundo no me encontraba sangrando. El segundo ataque no se hizo esperar y con la misma agilidad de antes, el Ojo del Crepúsculo nuevamente lo desvió.

—¿Cuanto tiempo vas a resistir cuidándote a ti y a la invocadora?—Preguntó Zed mientras reía y una de sus sombras aparecía por detrás de Shen y buscaba atacarlo en su punto ciego. Pero Shen se había percatado de la intenciones contrarias y había terminado abalanzándose sobre él.

Mi mirada se desvió rápidamente al escuchar un estallido, el polvo me hizo toser y tuve que cubrirme el rostro con las manos para evitar que los pequeños escombros me hiciesen daño. La posada había sido derrumbada al ser el escenario de batalla de dos Ascendidos de Shurima.

Tosí debido a la nube de polvo y en vano busqué dentro de mi limitado rango de visión la figura del Curador de las Arenas. De pronto algo me cubrió la boca, evitando que pudiese gritar y lancé golpes al aire intentando alcanzar su cara. Sin embargo me detuve al sentir como sus manos pasaban por sobre los vendajes y lentamente el dolor empezaba a aliviarse.

—Soy yo, invocadora—Dijo con voz calmada y pude reconocer a Soraka aún sin verla. Murmuré una disculpa en voz baja y ella le restó importancia al asunto—Tenemos que movernos ¿Puedes caminar?—

—Me es difícil—Respondí y rápidamente me ayudó a colocarme de pie mientras cruzaba su brazo por mi cintura para que no perdiese el equilibrio—Espera...Nasus, tenemos que...—

—Él puede encargarse solo de su hermano—Dijo Soraka poniéndose en marcha.

—P-pero...—

—Drachen, Nasus te alcanzará pronto. Si te quedas aquí lo único que conseguirás es que te maten—

Iba a preguntar hacia dónde tenía que ir, cuando noté que Soraka me estaba guiando a través de la espesura de un bosque. Gracias a su magia, me sentía muchísimo mejor e incluso me daba la sensación que había recuperado mi equilibrio. También aprovecho la distancia para colocar vendas en las heridas que me habían provocado los ataques de Zed.

Caminamos durante varios minutos y aún al estar lejos del campo de batalla, podía sentir como la tierra temblaba ante el combate de los Ascendidos y el choque entre las espadas de ambos ninjas.

—Soraka...¿Hacia dónde vamos?—Pregunté.

—Tú irás de regreso a Shurima. Ahí Nasus y Azir pueden protegerte—Dijo Soraka y a juzgar por la seguridad con la que lo había dicho, ya había discutido el tema con Nasus antes.

—¿Irás con nosotros también?—

—No puedo acompañarlos. Con esto de la Liga de Leyendas fuera de control...Seré más útil si me mantengo en movimiento y ayudo a quienes no tengan donde regresar—Respondió y esbocé una sonrisa triste al darme cuenta de que incluso alguien tan buena como ella seguramente se encontraba en la lista negra de campeones—Además, el clima shurimano solo es para algunos pocos valientes—

—Sé que quizás ya lo he dicho antes...Pero muchas gracias por cuidarme—

—No tienes nada que agradecer, Drachen—Habló Soraka mientras seguíamos caminando—Mantenerte con vida es lo menos que podemos hacer después de lo ocurrido en la Academia—

—No pensé...Que las cosas terminarían así—Había perdido el único lugar que podía llamar "hogar", la mayoría de los que conocía estaban muertos y había terminado con un ojo menos.

—Esto solo está comenzando—Me advirtió y noté que estaba apresurando el paso, con torpeza logré seguirle el ritmo—Vendrán batallas aún peores, Drachenblut. Pero, al igual que Nasus, confío en que podrás hacerlo—

—¿Qué debería hacer?—Pregunté y una punzada de culpabilidad pareció golpearme al pensar que había dejado atrás al Curador de las Arenas. Si no podía volver a verlo...No, no, no; él no era débil y de seguro no tardaría en alcanzarnos.

—Mi opinión es que primero debes terminar de recuperarte en Shurima, adaptarte a tu nuevo estilo de vida—Respondió—Es probable que muchas guerras comiencen a desatarse al no tener a la Liga de Leyendas para evitarlas...Sin embargo, tú no puedes hacer mucho por eso—

—Lo sé—Dije agachando la mirada.

—Pero incluso si no puedes salvar al mundo entero, si puedes volverte lo suficientemente fuerte como para proteger a quienes quieres—De pronto se detuvo solo para mirarme y ladear levemente la cabeza—Sobretodo a él ¿No?—

Por alguna razón mi cara estalló en rojo. Sabía tan bien a quién se refería que incluso me estaba comenzando a asustar el reconocer que él se había vuelto tan importante para mí.

—Yo...Lo intentaré—Logré decir con mucha dificultad y agaché la mirada mientras el corazón me latía a toda velocidad. Soraka soltó una risa ante mi reacción y de pronto, como el cielo nocturno pareció resquebrajarse ante el aullido de un lobo.

Mi cuerpo se paralizó ante el miedo y al ver la mirada de horror que tenía la campeona en sus ojos, la situación no parecía alentadora. Volvimos a escuchar el mismo sonido una vez más y mi corazón comenzó a latir de forma desenfrenada ante la inquietud. Aquellos aullidos le pertenecían a uno de los depredadores más siniestros de la Liga de Leyendas.

Warwick también se había unido a la cacería.

Soraka se separó de mí y me tomó de los hombros mientras volvía a pasar su mano por sobre mi ojo, como si con eso se cerciorase de que el dolor no volviese. Tragué saliva y mis piernas temblaron ligeramente.

—Vamos a tener que separarnos—Dijo Soraka e inevitablemente me mordí los labios ante la idea de tener a un lobo persiguiéndonos—Escúchame bien, voy a ganar tiempo para ti—

—Te va a matar—Respondí al borde de un ataque de histeria. Primero Nasus, luego Shen y ahora Soraka se iba a quedar atrás solo para ayudarme a escapar.

—No lo hará—Había tanta seguridad y determinación en sus palabras que me sentí como una niña pequeña—Si sigues caminando hacia adelante, te encontrarás con una hilera de montañas. Ahí solo debes encontrar un pueblo donde podrás alquilar algún medio de transporte para regresar a Shurima en caso de que Nasus no haya podido alcanzarte—

—Pero...—

—Drachen...—Dijo acomodándose su largo cabello mientras me sonreía amigablemente—Confía en el poder de las bananas ¿De acuerdo?—

Me revolvió en el cabello por última vez antes de darme la espalda y aún sin desearlo, comencé a caminar lo más rápido que podía hacia el río. Miré hacia atrás y la despedí con una mano, aún si ella no podía verme.

Pensé en utilizar mi vínculo mental con Nasus para saber si se encontraba bien, sin embargo él me había advertido de que no intentase usar magia hasta haberme recuperado por completo. No sabíamos el cómo reaccionaría mi cuerpo y prefería que todas mis heridas se encontrasen sanas.

A mi parecer habían pasado horas desde la última vez que había visto a los demás. Sin embargo sabía que seguramente no había pasado más de una hora a juzgar por la oscuridad en el cielo. Lo único que hacía era seguir el camino hacia las montañas esperando que los demás estuviesen ilesos. Logré llegar hasta un claro en el bosque y aproveché de recuperar un poco el aire, agradecía haber recuperado mi equilibrio y el que la herida no se hubiese abierto.

—Sigue adelante—Dijo una voz que me pareció ser la de Soraka y sonriendo me di media vuelta. Pero ahí no había absolutamente nadie. Me mordí el interior de la mejilla con frustración y sentí una agradable corriente de viento acariciar mis mejillas. Miré hacia el cielo y me pareció que las estrellas lucían diferentes.

"Es tu imaginación" Me dije a mí misma volviendo a encaminarme hacia las montañas y me llevé una mano al pecho, teniendo el presentimiento de que algo iba mal, muy mal.

"Sigue caminando, no desperdicies el tiempo que te han dado los demás" Volví a repetirme ante mis deseos de regresar para saber el como se encontraban. Tampoco era como si en mi condición pudiese ser de ayuda.

Las estrellas me seguían pareciendo extrañas, incluso me estaba dando la sensación de que la noche estaba más iluminada, como si hubiesen deseado guiar mi camino. Una y mil veces me decía que todos estaban bien, que en cualquier momento me alcanzarían y mis temores habrían sido solo alucinaciones.

Estaba tan equivocada.

Lo supe apenas escuché el aullido del hombre lobo anunciando que venía por su otra presa. Comencé a apresurar el paso, intentando imaginar alguna ruta de escape y al mismo tiempo, con la pregunta en mi cabeza de qué le habría ocurrido a Soraka.

"¡No, no, no, no puede ser!"Las lágrimas comenzaron a fluir de mi ojo y aunque sabía que era una pésima idea considerando lo malo que era mi rango de visión, me era imposible contener el flujo de emociones que estaban inundando mi ser. Ella seguramente estaba bien, después de todo no era como si ella pudiese morir de aquella forma.

Sin darme cuenta, me encontraba al final del bosque. Solo tenía que cruzar un puente y me encontraría en las montañas que me había dicho Soraka. Si las estrellas no hubiesen iluminado mi camino, seguramente habría tardado horas en encontrar aquel lugar.

—Se terminó el juego—Dijo una voz detrás de mí y me di media vuelta para encontrarme con la imagen de un hombre lobo cubierto de sangre con una expresión macabra—Se acabó tu tiempo para correr, invocadora—

De forma instintiva me hice a un lado al ver como Warwick se abalanzaba sobre mí, intentando clavarme sus garras. Logré esquivar el ataque apenas unos centímetros y decidí que aún en contra de las indicaciones de Nasus, tenía que utilizar la magia.

—¡Ignite!—Grité apuntando en dirección hacia él, esperé que el usual cosquilleo en mis manos me diese la señal de que había funcionado. Sin embargo no había ocurrido absolutamente nada.

"¡Es un hechizo simple, debería haber funcionado!"Pensé y Warwick logró derribarme al mismo tiempo que se colocaba sobre mí impidiéndome escapar. Forcejeé intentando mantener las fauces del hombre lobo lejos de mi cuello. Su saliva caía en mi rostro, provocándome nauseas a solo pensar que el aroma metálico provenía de la sangre de Soraka.

Al no poder usar magia, solo podía patearlo buscando algún punto débil. Sin embargo para Warwick aquello tan solo era un juego que hacía más divertida su cacería. Clavó una de sus garras en mi hombro y grité de dolor, pero sin dejar de resistirme. Mi fuerza era minúscula en comparación a la de él, pero me aferraba a la esperanza de que algo podía hacer para evitar mi muerte.

—¡Vas a terminar igual que esa maldita perra de las estrellas!—Gritó clavando sus garras y en el último instante cerré mis ojos, pidiéndole disculpas a todos a quienes habían intentando protegerme.

De pronto dejé de sentir el peso del hombre lobo sobre mí. Las garras dejaron de hacerme daño y abrí los ojos solamente para ver el como este era arrojado hacia el acantilado de donde pendía el puente.

Asustada y adolorida intenté ponerme de pie para encontrarme con la figura de Nasus a mi lado, jadeando como si hubiese utilizado sus últimas fuerzas en lanzar a Warwick.

—¿Estás bien, Drachen?—Preguntó Nasus y aunque me había alegrado de una forma inimaginable el verlo ahí, el horror me invadió al notar que su cuerpo estaba lleno de heridas y su armadura dorada estaba llena de manchas de sangre.

—Estás muy mal herido...Oh Dioses...—Dije tapándome la boca y él le restó importancia negando con la cabeza. Me acerqué para ver si podía ayudarlo y él respondió acariciándome la mejilla.

—Solo necesito un momento para recuperarme—Respondió sentándose en el piso y dejando a un lado su báculo—Estuve a punto de matar a Renekton y librarlo de su sufrimiento. Pero no tuve tiempo suficiente—

La sangre parecía habérseme helado por un segundo al escuchar que luego de tanto tiempo, la batalla entre los dos hermanos llegaría a un fin.

—¿Y qué sucedió?—Pregunté.

—Me detuve en plena batalla al ver lo que le sucedía a las estrellas—Dijo elevando su mirada hacia el cielo. Aquello había confirmado mis temores.

—No, por favor no—Dije sintiendo que las lágrimas nuevamente me nublaban la visión. Era mi culpa, era mi culpa lo que le había ocurrido.

—Drachen...Tú lo sabes tan bien como yo—Suspiró Nasus mientras me abrazaba por la espalda atrayéndome hacia él—Soraka ha regresado a su lugar con las estrellas—

Y entonces, me lancé a llorar.


Notas de la autora: No puedo creer que el fic haya cumplido un año ya -Trae un pastel y le canta el cumpleaños feliz a su pequeña creación-

Muchísimas gracias por todos sus reviews y por los mensajitos que he visto que me dejan preguntando como va Rusia. La verdad es que tuve mi primera gripe y me morí casi por una semana, también me quemé el pie y pues; muchos accidentes que me han hecho darme cuenta que tengo una facilidad increíble de atraer problemas. Pero aquí seguimos, caminando hacia adelante y actualizando el fic.

Yo sé que la pregunta ahora es: ¿¡Qué!? ¿¡En serio has matado a Soraka!? La respuesta es, tal y como leyeron en el fic, efectivamente sí. Warwick la mató. Pese a que mis amigos me odien y me estén enviando amenazas de muerte, sin la Liga de Leyendas, muchos campeones dejarán la tregua y comenzaran a enfrentarse entre sí. Obviamente habrán muchos afectados, muertos, heridos y cosas así.

Así que como diría mi amigo Reiter, este es solo el comienzo del final. Espero que les haya gustado, nos vemos en el próximo capítulo.

Desde Rusia con amor,

GeminixSyndrome.