Disclaimer: League of Legends es propiedad de Riot Games.
Soraka había intentado salvarme de forma desesperada, incluso al coste de su propia vida. Lo único que deseaba era llorar hasta que las lágrimas se me acabasen, sin embargo no estaba en condiciones de hacerlo. Estábamos en una carrera contra el tiempo y no podía desperdiciar la oportunidad que ella me había dado. Me tragué las lágrimas restantes y me levanté del piso limpiándome la nariz con la punta de mi camisa de dormir.
Había olvidado que al haber sido atacados de noche, ni siquiera había tenido tiempo de cambiarme de ropa o algo tan simple como colocarme zapatos. Miré mis pies y noté que estaban llenos de heridas y tierra debido al terreno boscoso.
—¿Te duele mucho?—Preguntó Nasus al verme incómoda y negué con la cabeza. Hablaba de forma tranquila, pero e era imposible ignorar la herida en el abdomen que le había causado Renekton. Y aunque él insistía que estaba bien, no podía creerle considerando el dolor que sus ojos reflejaban.
—Tenemos que seguir avanzando—Dije y sentí una extraña nostalgia al oírme decir eso. Él me observó unos momentos antes de soltar un suspiro cansado—¿Cómo está tu ojo?—
Incluso cuando él estaba en peores condiciones que yo, se seguía preocupando más por mí que por él.
—Estoy bien. Solo duele un poco, nada de qué preocuparse...—Sonreí levemente para darle seguridad a mis palabras—¿Estás seguro que puedes caminar con esa herida?—
—No te preocupes por mí—Respondió pasando su mano por mi cabeza y emprendimos la marcha—Encontraremos una aldea antes de adentrarnos al desierto y luego lo cruzaremos—
—Por favor, que no sea a pie—
—Tranquila, buscaré un camello o algo para ti...Sino, podría llevarte en mi espalda—
—Oh por los Dioses, me daría demasiada vergüenza—
Ambos nos reímos al imaginar la escena. El Guardián Ascendido de la Antigua Shurima cargando a una humana con un ojo menos por todo el desierto.
El problema era que ninguno de los dos podía dar un paso sin soltar un quejido de dolor. Cada cierto teníamos que detenernos para que pudiésemos tomar aire y luego seguíamos caminando a un ritmo más pausado. Pese a que intentaba seguir adelante, el efecto de la adrenalina había desaparecido por completo y apenas podía apoyarme en mis propios pies. Cada paso que daba era el equivalente a sentir piedras incrustándose casi como si fuesen espinas.
—¿Te duele mucho?—Preguntó y negué con la cabeza—Drachen, no mientas. Te llevaré en mi espalda—
—Ni se te ocurra—Dije frunciendo el ceño—Estás en peores condiciones que yo. Lo mejor sería que paremos un momento—
Para mi sorpresa, Nasus asintió.
—Solo un momento—Respondió sentándose en el suelo y respirando con dificultad. Lo abracé por los hombros teniendo cuidado de no rozar alguno de los cortes que tenía intentando reconfortarlo.
Ya había amanecido y los primeros rayos de sol se estaban filtrando entre las hojas de los árboles. Si no hubiésemos estado huyendo por nuestras vidas malheridos, quizás hubiésemos estado toda la tarde ahí disfrutando del paisaje.
—Nasus... ¿Lo de Soraka fue mi culpa?—Pregunté sin poder evitar el tema. Llevaba horas sin poder conciliar la idea de que la campeona ya no estaba con nosotros—Yo...No pude hacer nada—
—No es como si hubieses podido hacer algo, Drachen—Respondió casi de forma inmediata—Esto no es culpa tuya, nada de lo que está pasando lo es. Solo eres quien estuvo en el lugar y momento equivocados, podría haber sido cualquier invocador. Si dejas que la culpa te consuma, terminarás muriendo por dentro y eso es el equivalente a que no respetes la oportunidad que te ha dado Soraka—
—Siempre me das los mejores consejos—
—Soy mejor dándolos que llevándolos a la práctica—
—Nasus...—
—¿Drachen?—
—Me alegra que estés aqui, conmigo...Quiero decir...Han pasado muchas cosas malas y...me hace feliz que sigamos...j-juntos—
"¿¡Qué acabo de decir!?" Quise golpearme la cabeza contra un árbol y perder el conocimiento para siempre. O despertar en una realidad paralela donde mi lengua no me traicionaba y no terminaba diciendo cosas sin sentido.
Respiré profundamente y sin saber muy bien lo que hacía, posé mis labios sobre su mejilla derecha y le besé de forma suave. Definitivamente era el beso más extraño que había dado en toda mi vida considerando que su piel era bastante diferente a la de un humano.
"¿¡Qué acabo de hacer!?" Me grité a mí misma sintiendo que el rojo se me estaba subiendo a la cara. Ni siquiera había pensado en lo que había hecho, ni en las consecuencias que algo así podía traer. Sentí como si me hubiesen apretado el corazón con un puño y estuve a punto de alejarme cuando sentí la mano de Nasus sobre mi cabeza, acariciando mi cabello con cuidado.
—Drachen...—Dijo colocándose de pie nuevamente y me pregunté si acaso se había sentido incómodo o algo, pero estaba mirando fijamente el lado derecho de mi rostro. Me mordí el interior de la mejilla nerviosa y jugueteé con mis dedos sin poder despegar mi vista de él. El silencio se había hecho demasiado largo ¿Qué era lo que tenía que hacer?
—Perdón—Murmuré recurriendo a la única palabra que sabía perfectamente de memoria.
—No pidas perdón. No es necesario—
—Perdón—
—¿Estás pidiendo perdón por decir perdón?—
Asentí.
—Eso fue inesperadamente agradable—Soltó repentinamente y estuve a punto de gritar otra disculpa—Lamento no poder retribuirlo de la misma forma—
"¿R-retri...buirlo...?"
¿Por qué diablos cada vez que Nasus quería confundirme le era tan sencillo? Quise preguntarle qué significaba eso, sin embargo mis palabras quedaron en la punta de mi lengua al escuchar los pasos de alguien acercándose. Inmediatamente me preparé para un posible enfrentamiento y al fijar mi vista en la persona cercana a nosotros, me fue imposible no soltar un suspiro de alivio al reconocer aquella larga caballera negra.
—¿Qué clase de extraña relación están teniendo ustedes dos?—Preguntó Sivir alzando una ceja y sentí como los colores se me estaban subiendo a la cara, de un salto me alejé de Nasus. Él se río suavemente—No me lo digan, no quiero saber—
—N-nosotros...Eh...Quiero decir yo...eh...—Comencé a hablar moviendo mis brazos de manera exagerada intentando conectar la lluvia de ideas que tenía en mi cabeza. Solo había estado abrazando a Nasus para que se sintiese mejor.
—Sivir. Es un agrado volver a verte—Saludó Nasus con un leve asentimiento de cabeza y luego sentí un leve escalofrío al sentir que su aura cambiaba levemente al seguir hablando—No quiero ser grosero, pero me gustaría saber cual es tu posición actual considerando los últimos acontecimientos—
Era verdad. Ya no sabíamos quienes eran nuestros amigos o enemigos. Incluso si ella había sido mi "niñera" en el pasado, no sabíamos cual sería su posición ahora que los invocadores habíamos pasado a la lista negra de los asesinos.
Pero yo confiaba en ella.
—Por favor Nasus, no es necesaria tanta palabrería—Respondió la doncella de la batalla bostezando—Simplemente pregunta si los vengo a matar o no—
Nasus asintió a sus palabras y los miré a ambos sin entender muy bien lo que ocurría. Sivir era nuestra amiga ¿No? Puede que a veces la desesperara un poco, pero...Nos llevábamos bien.
—Sivir no haría eso...¿Cierto?—Titubeé.
—¿Sabes cuanto vale tu cabeza?—Preguntó Sivir con una sonrisa radiante y negué sintiéndome repentinamente asustada de su amor por el dinero—Y si llevo la del perro probablemente aumenten la recompensa al doble—
De forma instintiva di un paso atrás. Nasus estaba débil y yo no podía utilizar magia aún, si Sivir quería asesinarnos había encontrado probablemente el momento perfecto. Se acercó a nosotros con paso decidido mientras alzaba su Chalicar y sus ojos parecían brillar ante la idea de conseguir oro fácil. Nasus rápidamente me tomó de un brazo y me colocó detrás de sí.
—Primero tendrás que pasar sobre mí, Doncella de la Batalla—
—Como si fuese muy difícil—Comentó la pelinegra haciendo girar su arma—Sé un buen perrito y no interfieras. Te daré una galleta después—
—Sivir, por favor...—Dije y antes de terminar con la oración, mi cuerpo fue empujado al suelo repentinamente. Nasus se había abalanzado sobre mí mientras Sivir gritaba que nos agachásemos.
Woosh.
El chalicar salió volando por encima de nuestras cabezas con tanta maestría y fuerza, que parecía casi como si hubiese sido solo una extensión del brazo de Sivir moviéndose.
"¿¡Qué!?" Pregunté al escuchar el grito agónico de otra persona que definitivamente, no había esperado el ataque. Levanté la vista solo para ver como esta caía desde las ramas de los árboles y antes de contemplar como se estrellaba como el piso, Nasus me cubrió los ojos. Sin embargo, no había evitado que escuchase el como sus huesos se habían roto ante la fuerza del impacto.
—Te daría un premio por tu actuación, Nasus—Se río Sivir acercándose a quién había caído, este aún se encontraba con vida al parecer—Dime, hijo de puta ¿Quién te contrató?—
—Zorra—Escupió este y escuché claramente como Sivir le profería una patada.
—Lávate la boca, basura—Nasus me seguía cubriendo la vista y me impedía ver lo que estaba ocurriendo, no insistí en mirar al escuchar el grito agónico del sujeto en cuestión.
—Escúchame bien, basura. Tú eliges: Te dejo amarrado al árbol para que las aves rapaces se coman tus malditos intestinos o bien, si cooperas te dejo en una aldea y nada de esto ocurrió. Si yo fuera tú, comenzaría a hablar...Hoy me siento piadosa—
Acto seguido, fue perfectamente audible el como Sivir le pisaba las manos y ni siquiera se molestaba en disimular su risa al escuchar el sufrimiento del hombre.
—Me contrató una familia demaciana—Confesó este soltando un aullido de dolor—¡Detente por favor!—
—Quiero nombres y apellidos—Al parecer Sivir estaba dispuesta a romperle todo el cuerpo con tal de conseguir la información que buscaba—Me estoy comenzando a cansar de ti—
—¡La familia Lionhart! ¡Solo tenía que matar a la invocadora, llevar su cadáver a Demacia y entregárselo para que ellos tuviesen la recompensa!—Gritó el asesino y escuché a Sivir reír ante la respuesta.
—Una puja de poder entre familias con esto de la caída de la Liga de Leyendas—Comentó satisfecha al haber descubierto el motivo detrás del intento de asesinato—Era todo lo que necesitaba saber. Gracias—
Por alguna razón cuando escuché la última plegaria del asesino por su vida. Ni siquiera me había molestado en detener a Sivir o recriminarle su actuar. Solo cerré los ojos (bueno, ojo) y rogué para que todo terminase rápido ¿Me estaba volviendo insensible o algo por el estilo?
—¿Era necesario matarlo?—Preguntó Nasus soltando un pesado suspiro y dejó de cubrirme los ojos, no sin antes advertirme que no mirase en esa dirección para evitar...pesadillas. Obedecí levantándome después de él y desviando la vista del cadáver.
—Mientras menos personas nos vean, mejor. Además no sabemos si hay más de ellos merodeando por aquí. Lo utilizaremos de advertencia—
—Entiendo—
—¿Todo fue una actuación?—Pregunté algo confundida debido a las acciones de Sivir, por un segundo de verdad había creído que ella y Nasus se enfrentarían.
—Oh por los dioses, Drachen ¿En serio crees que traicionaría a mi mina de oro personal?—Dijo la Doncella de la Batalla mientras comenzaba a saquear el cuerpo sin vida del asesino—Azir dijo que me pagaría una fortuna si te llevaba sana y salva a Shurima. Nada personal. Negocios son negocios—
—He de suponer que tienes un plan, Sivir—Señaló Nasus cambiando de tema, claramente todos los tesoros de Shurima ya estaban en la cuenta bancaria de Sivir.
—No esperaba verlos a ambos en tan malas condiciones, sobretodo a ti Nasus. Así que he cambiado un poco mis planes... Debemos curar tus heridas y cambiar los vendajes de Drachen. Tengo un caballo que puede llevarnos a ambas ¿Tú podrás caminar si descansas una hora?—
—Solo necesito un par de hierbas medicinales y unas vendas—
—A la orden—Dijo Sivir llevándose una mano a la boca y haciendo un extraño silbido. A los pocos segundos, un caballo apareció y Sivir lo recibió acariciándole la espalda—Buen chico. Tengo vendas y un par de ungüentos que compré en el pueblo, no pidan más—
Nasus sonrió mientras tomaba todos los objetos que Sivir le había entregado y los estudiaba con la mirada.
—Esto es más que suficiente. Muchísimas gracias, Sivir—
—No hay de qué. Mientras tanto bajaré a un pueblo cercano a comprar provisiones, volveré en una hora. No se muevan de aquí—
Nasus se había preocupado de cambiar los vendajes de mi ojo primero. Se notaba demasiado que se sentía incómodo al observar la herida y al parecer, aún se sentía culpable por lo ocurrido. Por más que le insistía que siguiese su consejo y no se preocupase por eso, él me insistía que era malo llevándolo a la práctica.
Nasus había vendado también mis pies y había insistido que evitase caminar mientras las medicinas hacían efecto.
Cuando terminó conmigo, comenzó a tratar sus heridas. De pronto noté que el Curador de las Arenas estaba quitándose la parte superior de su armadura e inevitablemente lo miré. Lo miré sintiéndome el ser humano más extraño de toda Runaterra al fijar mis ojos (ojo) en un Ascendido shurimano antropomórfico de dos metros.
"¿¡Qué diablos te está pasando, Drachenblut!? ¡No es humano, no es humano, no es humano!" Me grité a mí misma y quité cualquier pensamiento extraño de mi cabeza, sin embargo la idea había pasado por mi cabeza y se había quedado revoloteando ahí. Por dos segundos había pensado en lo bien formadas que estaban sus abdominales.
De pronto noté que Nasus estaba observándome con una ceja alzada ¿Se había dado cuenta? ¿¡Qué mierda iba a decirle!?
—Drachenblut...—Me llamó por el nombre completo y sentí como los pelos se me ponían de punta.
—¿...Si?—Pregunté soltando una risa incómoda.
—¿Algo que te sea agradable a la vista?—
Qué.
De todas las reacciones del mundo, de todas las cosas que Nasus podría haberme dicho esa era definitivamente la única que nunca había estado dentro de las posibles opciones. Sentí como mi garganta se secaba y mi cara estallaba en rojo. Me cubrí con ambas manos y lo escuché reírse suavemente, casi como si hubiese disfrutado mi reacción.
—Era solo una broma, Drachen. No es necesario que te pongas así—
Negué con la cabeza. No era posible que algo así me estuviese ocurriendo a mí: era normal estar confundida si habían dos atractivos invocadores intentando salir contigo o bien, al menos si mirabas a alguien de tu misma...raza.
—Lamento si dije algo que te incomodó—
—No es nada—Logré susurrar a duras penas juntando toda la dignidad que me quedaba—En serio—
—Intenta tomar una siesta antes de que llegue Sivir—Dijo cambiando el tema radicalmente y asentí agradecida por haber dejado en el olvido lo que había pasado minutos atrás.
—Lo haré, gracias—
La primera noche en el desierto fue la más difícil, habíamos alcanzado la primera parte del vasto territorio de Shurima y habíamos montado un pequeño campamento. Hacía frío y pese a que Sivir me había entregado un saco de dormir, mis dientes castañeaban y no podía conciliar el sueño debido a las pesadillas. Cada vez que cerraba el ojo (se escuchaba tan horrible cuando lo pensaba de esa manera) podía escuchar los pasos de Warwick persiguiéndome o me despertaba gritando el nombre de Soraka diciéndole que no me dejase sola.
La cuarta vez que desperté, mi grito había sido tan fuerte que incluso Nasus se había asustado. Nasus se encontraba haciendo guardia al ser el único que no necesitaba dormir, me miró por un momento con tristeza. Estaba a punto de acercarse cuando Sivir se levantó del piso dejando a un lado su manta y le hizo un gesto con la cabeza para que no se moviese.
—Oh joder, Drachen—Me sorprendí al escuchar a Sivir hablar y de pronto sentí como se recostaba a mi lado y me abrazaba de forma algo brusca—Si quieres llorar, solo hazlo. Está bien, pero déjame dormir—
En ese momento entendí que Azir no era el único idiota de buen corazón. Me abracé a la doncella de la batalla y en silencio las lágrimas comenzaron a brotar, como si al fin hubiese tenido permiso de llorar.
Cruzar por el Desierto de Shurima por tercera vez fue extrañamente más fácil de lo que esperaba. Nasus conocía de memoria el desierto y sabía perfectamente por los lugares que debíamos ir para evitar encontrarnos con mercaderes o ladrones. Incluso sabía de los oasis donde solo habían pequeñas tribus nómadas que solo hablaban shurimano. La mayor parte del tiempo me la pasaba en el caballo junto a Sivir y a unos metros delante de nosotras caminaba Nasus guiándonos.
En parte estaba ansiosa por regresar a Shurima. No me agradaba el calor, sin embargo el poder ver las estrellas durante la noche o simplemente sentarme en la gran biblioteca a leer me mantenían con la suficiente motivación para resistir el calor.
Al ver el Disco Solar de Shurima, sonreí pensando en que al fin el largo viaje había llegado a su fin. Lo único que deseaba era descansar en una cama, tomar una ducha y luego comer todas las galletitas shurimanas que Azir tuviese en su despensa.
Mi idea inicial era encontrarme con las calles vacías que el Emperador de las Arenas se esforzaba en arreglar. Sin embargo nos encontramos con la sorpresa de que habían...personas. Y no se trataban de simples tribus nómadas o mercaderes que habían aceptado quedarse un tiempo mientras pasaba alguna tormenta de arena.
Las calles estaban...vivas. Incluso habían un par de tiendas abiertas ofreciendo diferentes productos. Incluso habían niños revoloteando con algunos juguetes de madera. Fijé mejor mi vista en las personas que nos miraban con cierta desconfianza y tragué saliva al notar que muchos de ellos estaban vendados. Algo había ocurrido en nuestra ausencia.
No tardamos en llegar al Palacio del Emperador y este nos recibió alzando los brazos mientras abrazaba a Sivir, pese a que esta hacía una mueca de asco e intentaba alejarlo.
—Me alegra que estén de vuelta en Shurima—Dijo dándonos la bienvenida oficialmente.
—¿Azir, qué mierda está pasando aquí?—Preguntó la Doncella de la Batalla mirando con cierto reproche al Emperador mientras se cruzaba de brazos.
—Es bueno verte una vez más, Azir...Sin embargo me inquieta la presencia de tantos desconocidos en Shurima—Habló Nasus con tranquilidad pidiendo explicaciones a su modo.
—La gente de Shurima ha recurrido a su Emperador para pedir auxilio—Respondió el Ascendido lleno de orgullo—Debido a que los portales del Vacío han comenzado a aparecer en nuestro mundo y han arrasado con diferentes poblados—
—¿¡Qué!?—Exclamé al mismo tiempo que Sivir.
—Sin la Liga de Leyendas, el pacto de no agresión con el Vacío han desaparecido, por lo que se han liberado portales en pequeños pueblos—Explicó Azir moviendo sus manos y soltando un suspiro.
—Espera...Eso quiere decir que...—Comencé a decir mientras me mordía el labio inferior recordando mi viaje por el Vacío.
—Debemos prepararnos para enfrentar una posible invasión del Vacío—Dijo Nasus confirmando mis temores.
Nota de la autora: No estaba muerta, solo estaba...llena de exámenes y sufriendo con ruso. Pero hey, buenas noticias ¡Aprobé mi primer semestre! *Saca confeti*
¿Soy solo yo o Drachen está viendo a su querido Nasus con otro ojo? (lo sé, es un mal chiste. Perdóname Drachen por dejarte con solo uno) Y ya comenzamos con el otro arco de la historia. Espero que les haya gustado el capítulo, yo disfruté mucho el escribirlo. Tengo que confesar que con una amiga siempre tenemos charlas sobre las abdominales de Nasus, después de todo están muy bien trabajadas *Huye*
Gracias a todos por su apoyo, reviews y mensajitos. Son los mejores lectores del mundo y si pudiera, les daría galletitas shurimanas a cada uno de ustedes por permitirme compartir esta historia con ustedes.
Saludos a todos y nos vemos en el próximo capítulo.
GeminixSyndrome.
