Si era completamente honesta, la idea de estar cerca de cualquier cosa relacionada con el Vacío me era nauseabunda. Pero no cualquiera me lo había pedido: Estábamos hablando de Azir, quien siempre se había preocupado por mí.

—¿Hacia dónde tengo que ir?—Pregunté dándole a entender que estaba dispuesta a marchar sin que ni siquiera me lo hubiese pedido aun.

—Eres muy fuerte, Drachenblut. Mucho más de lo que te imaginas—Dijo Azir y lo vi negar con la cabeza—Pero no te estoy pidiendo que vayas. Ya hemos trabajado en un plan—

—¿Qué?—Abrí los ojos sorprendida ante la respuesta del Emperador.

—Pensé que…—

—No malentiendas el propósito de mi visita. He venido aquí para asegurarme de que estés bien y que sepas lo que ocurrirá dentro de los próximos días—Azir comenzó a moverse en la habitación mientras movía sus manos para explicar mejor—Hemos entrenado a un grupo de élite para que acaben con todo esto—

—Bien—Dije sintiendo cierto alivio; Azir tenía la habilidad para convencerte de que las cosas no eran tan malas como parecían y que habían soluciones para cada problema, por más difícil que este pareciera—¿Grupo de élite?—

—Son varias personas de diferentes lugares. Ksathra y Nouri, dos mercenarios que pertenecían a una tribu nómada que fue brutalmente asesinada por los monstruos del Vacío, son los dos únicos sobrevivientes de aquella masacre. Shahdi es una herrera que ha diseñado armas especializadas para esta guerra, ella los mantendrá bien equipados. Luego están Azara, Xenres y Farid; Azara es la hermana mayor y los otros son mellizos, los tres trabajaban como centinelas. Tienen una visión y puntería con el arco excepcional...—

Recuerdo que después de un rato, dejé de escucharlo. Eran demasiados nombres e historias, y lo más probable era que no conversaría con ninguno de ellos nunca.

—Y finalmente...—Dijo Azir y me dio una palmadita en el hombro para que le volviese a prestar atención—Nasus los acompañará también, junto con uno de sus aprendices nuevos—

"Nuevo aprendiz"

Me mordí el labio inferior y mis manos se empuñaron. Sentí una inexplicable molestia en el pecho, que luego fue subiendo poco a poco hasta formar un nudo en la garganta que me hizo quedar sin palabras.

—Drachen... ¿Sucede algo?—Preguntó el Emperador ante mi silencio y negué con la cabeza—¡Oh ya veo! ¡Estás ansiosa por mostrarle tu nuevo corte de cabello a Nasus! ¿O acaso es que estás…?—

"No lo digas, Azir. No te atrevas a decirlo"

—¿Celosa?—

Me tapé las mejillas con el antebrazo y quise enterrarme en las arenas del Desierto Shurimano al asentir lentamente. Pero estaba furiosa y al mismo tiempo apenada, era injusto después de absolutamente de todo lo que habíamos pasado juntos él simplemente hubiese encontrado otro aprendiz. Quizás había sido mi culpa por haberlo evitado tanto tiempo o… No, no, no. Ya era tiempo de dejar de lamentarse.

—Gracias, Azir—Dije levantándome lista para comenzar a cambiar las cosas. El Emperador salió del cuarto despidiéndose de mí con un abrazo y ofreciéndome su apoyo incondicional para todo lo que necesitase.

El problema sin embargo fue cuando al quitarme el pijama, me di cuenta de un pequeño gran detalle.


—A ver si lo entendí bien ¿Quieres que te ponga a dieta?—Preguntó Sivir soltando una risa y luego señalando mi abdomen. El mes sin hacer nada me había afectado también de otras formas.

—Preferiría llamarlo entrenamiento—Respondí sintiendo algo de vergüenza.

—¿Puedo saber el porqué?—

—Creo que...Me sentaría bien algo de actividad física—Dije. Sería feliz solo con volver a como estaba antes.

—Déjame adivinar—Y luego de observarme un par de minutos, agregó—No te cruzan los pantalones—

—¿Era necesario que lo dijeras en voz alta?—Reclamé frunciendo el ceño y cubriéndome con ambas manos el hecho de que mi ropa no alcanzase a cerrarse—No todas podemos usar el vientre descubierto como tú—

—Bien…¿Cuánto ofreces?—

—¿¡Qué!?—

—Nada es gratis en la vida, Drachenblut—

—No tengo dinero—

—Hmmm…Podría encontrar otra forma de que me pagues—

Los labios de Sivir esbozaron una sonrisa tan maliciosa que incluso me arrepentí por unos segundos de haberle pedido auxilio a una mercenaria amante del oro.

—Tú puedes cerrar esos portales ¿No?—Preguntó acercándose a mí.

—Creo que puedo. Pero no tengo idea de cómo—

—Hay un pueblo a kilómetros de aquí que hace muy poco fue atacado por criaturas del Vacío. Un hombre de clase alta dejó el anillo que había comprado para la chica que le gusta en aquel lugar, y ofrece una recompensa de una bolsa de cristales ancestrales a quien lo recupere. No iba a ir a un sitio donde no tenía posibilidades de ganar, pero considerando que te tengo a ti…Podría ser diferente—Explicó a Sivir de forma tan relajada y despreocupada que incluso me sentí intimidada.

—Estás loca—Dije sin poder encontrar una descripción mejor. Ella asintió, como si mi respuesta hubiese sido la que ella esperaba.

—Créeme. Esa bolsa podría venderla a los zaunitas a un precio inimaginable. Mi trabajo es conseguir dinero. Pero robar la bolsa no sería tan divertido—

—No—Me negué rotundamente a su idea. Buscaría otros pares de pantalones, no lograría convencerme de hacer algo tan estúpido.

—Te daré un diez por ciento de las ganancias—

—No—

—Veinte por ciento y un entrenamiento rápido especial mercenario—

—¿…Qué?—

—Como clavar un cuchillo, técnicas de defensa personal, primeros auxilios, camuflaje, supervivencia básica. No podré enseñarte absolutamente todo lo que sé…Pero al menos serás un poco más independiente—

—Espera… ¿E-es en serio?—

—La cosa es simple. Quiero esos cristales y te necesito para ello; una vez los traigamos a Shurima, me aseguraré de guardarlos y venderlos cuando sea el momento indicado. En ese transcurso de tiempo te enseñaré algunas cosas y cuando Xerath no sea un dolor en el trasero…Nos iremos a Zaun por nuestro dinero. Vacaciones a Ionia ¿Fácil, no?—

Sivir era definitivamente descendiente de Azir. Tenía un carisma absurdo para convencer a las persona.

—¿Cuándo nos ponemos en marcha?—Pregunté dando un suspiro cansado.

Sivir ni siquiera se molestó en disimular su alegría.

—En la noche apenas el sol se ponga—

Apenas se estaba oscureciendo y Sivir y yo ya estábamos fuera de los muros de la ciudad. El plan era simple, teníamos que volver antes del mediodía. El lugar estaba a unas seis horas a caballo, por lo que debíamos tener tiempo de ir, cerrar el portal, matar a todos los que estorben, recuperar el anillo y volver antes del almuerzo.

La mercenaria había conseguido un caballo para viajar más rápido y durante toda la jornada habíamos hablado de lo que había sucedido durante el mes. Sivir tenía una visión muchísimo más realistas de las cosas y estaba convencida que lo peor estaba por venir aún. Ella pensaba que los grupos rebeldes debían ser callados por la fuerza.

—Sivir ¿Cómo quieres que cierre eso?—Pregunté intentando cambiar el tema.

—No tengo ni la más mínima idea—Dijo.

—¡Es tu plan!—Reclamé casi cayéndome del caballo y tuve que aferrarme a ella.

—¿Quién es la invocadora que altera la realidad aquí?—

—¡No he utilizado magia en semanas!—

—Bien, entonces ponte a pensar en algo. Tienes un par de horas antes de que lleguemos—

En el desierto hacia bastante frío, pero gracias a que el cielo estaba despejado, era posible ver todas las constelaciones y sus estrellas. Cerré los ojos y me perdí en los recuerdos de hace meses atrás, cuando el cielo nocturno era un libro lleno de historias maravillosas que Nasus compartía conmigo. Definitivamente, le diría lo que sentía por él apenas lo peor hubiese pasado.

Sivir y yo logramos llegar al lugar donde se encontraba el portal en la mañana del día siguiente. Era el primer pueblo donde se había tenido registro del ataque. En el camino pudimos ver poblados completamente destruidos y diversas caravanas hechas pedazos. De pronto el caballo se detuvo pese a los reclamos de Sivir y fue imposible continuar con el, la mercenaria le dio un cubo de azúcar y ni siquiera le amarró.

—Hey, si no volvemos, tienes que regresar a Shurima ¿Entendido?—Le dijo al corcel y este relinchó—En marcha, Drachen—

Ambas comenzamos el recorrido a pie, la tierra era de un color púrpura que me recordaba al que estaba en el Vacío. Al parecer, era la tonalidad favorita de la Muerte. El pueblo estaba completamente abandonado, algunas construcciones habían comenzado a ser tragadas por la arena y era posible ver las manchas de sangre en las paredes. Me mordí el labio inferior al recordar el escenario en la Academia de Guerra.

Caminamos en silencio y lo único que se escuchaban eran nuestras pisadas en la arena junto al movimiento del arma de Sivir en su mano. Mientras más nos adentrábamos en el pueblo, el aire se volvía más y más helado. Tenía la sensación de que mil ojos estaban detrás de mi espalda, esperando el momento oportuno para enterrar sus garras en nuestros cuellos. Mi corazón latía de forma desesperada y mi mandíbula dolía al estar tan apretada, era como estar en el Vacío nuevamente…Solo que ahora no tenía la Intervención de Kayle sobre mí.

Al cabo de unos segundos, pudimos divisar una enorme grieta en el piso de color púrpura en el centro de lo que alguna vez había sido la plaza principal. Lo más aterrador era el que se movía como si fuese una criatura viviente respirando.

—Ese es el portal—Dijo Sivir y asentí mientras tragaba saliva—Es igual a como lo describían. Si cierras, esta mierda…El resto será pan comido—

Tomé una gran bocanada de aire, pero me arrepentí al instante al toser. Esa cosa definitivamente no solo mataba con las criaturas del Vacío, también lo hacía a través de algo más.

—Tenemos visitas—Dijo Sivir repentinamente y grité espantada cuando pequeñas criaturas se comenzaron a acercar, la mercenaria de un solo lanzamiento de su arma había logrado repelerlos; sin embargo no tardaron en aparecer más. Una de ellas era aún más grande, un perro malformado con dientes afilados se lanzó sobre Sivir, ella tan solo una patada logró alejarlo.

—¡Piensa en algo, ya!—Gritó.

Miré el portal ante mí y tragué saliva sin poder evitar el temblor de mis manos. Estaba sudando de pies a cabeza y no podía ni siquiera en pensar en algo coherente. Solo podía recordar el cómo Malzahar hablaba del Vacío casi como si fuese un ser con vida propia.

Un ser.

La idea no se escuchaba tan loca dentro de mi cabeza. Quizás no podía crear atrocidades o demidioses como las que Dolcetto decía. Pero de algo estaba segura: yo era una invocadora y podía conectar mi mente con los campeones de la Liga de Leyendas ¿Podría hacerlo con el Vacío también?

Extendí mi mano e intenté sincronizarme con aquella cosa. Era extraño, como si estuviese hablándole a un objeto de mi cuarto, pasaron los segundos y de a poco el sonido de la batalla que tenía Sivir en el exterior se volvió un simple susurro.

Mi respiración se hizo tan lenta que por un momento creí que estaba muriendo. Pero no, definitivamente seguía viva…Pero en otro lugar. Una especie de intermedio entre nuestro mundo y el Vacío.

Escuché el rugido de una bestia y contemplé con horror a los monstruos que se habían reunido para celebrar el inicio de lo que parecía ser una guerra.

Mi estómago se sentía vacío, como si no hubiese comido en meses. Fue en ese momento cuando lo entendí: Para ellos nuestro mundo era un aperitivo más, Shurima tan solo había sido el inicio de algo mucho mayor. Ningún rincón de Runaterra estaba a salvo de la invasión de aquellas horribles criaturas.

"Papá…Enciende la luz, me da mucho miedo" La voz de una niña pequeña resonó en mis oídos y comencé a buscar de dónde provenía "No eres papá"

Intenté alcanzar su silueta, pero al extender mis manos, noté que no estaban allí, al igual que el resto de mi cuerpo. No tenía una voz para gritar y lo único que había quedado de mí, era la idea de que existía. Era como si el Vacío estuviese carcomiéndose mi consciencia. Mi cuerpo seguía en el mundo real, sin embargo si no me apresuraba, terminaría perdida en aquel lugar para siempre.

"¿Quién…es tu papá?" Pregunté en mi mente rogando que me escuchase, pero eso parecía imposible.

Intenté alcanzarla, pero a mí alrededor todo se hacía mucho más difuso. Habían veces en que la sincronización podía causar malestares en los invocadores, aunque esta era la primera vez que sentía algo así de fuerte.

"Te sacaré de aquí" Dije y ella negó con la cabeza.

"Tienes que irte o vas a desaparecer. Como los demás" Respondió dibujando una sonrisa triste en su rostro.

"¿Q-qué?"

"¡Vete y dile a papá donde estoy!" Y entonces comenzó a gritar "¡Cierra la puerta! ¡Cierra la puerta! ¡Cierra la puerta! ¡Cierra la puerta! ¡El monstruo viene por ti!"

De pronto imágenes comenzaron a pasar por mi cabeza. Una niña pequeña de siete años gritando el nombre de su padre mientras era arrojada al Vacío como una ofrenda. Los ojos desesperados de su padre llenos de lágrimas, sus manos intentando alcanzarla y de pronto oscuridad. Una oscuridad que carcomía la consciencia. No tenía idea de cómo, pero al parecer la pequeña de Kassadin seguía viva.

"¡Volveré por ti! ¡Traeré a tu papá, te lo juro!" Grité y entonces tuve una idea de lo que tenía que hacer: Cerrar la puerta. Comencé a desear aquello con todas mis fuerzas, como si el alma se me fuese en ello.

Ciérrate. Ciérrate. Ciérrate. Era en lo único que podía pensar mientras la imagen del rostro de la hija de Kassadin se quedaba en mi mente grabada a fuego vivo. Lo último que escuché fue el rugido de una criatura.

Y desperté.

—¡Drachen!—Gritó Sivir sosteniéndome con una mano y con la otra se aferró a una piedra, intentando frenar mi arrastre. Mis oídos se ensordecieron ante el ruido del exterior—¡Aguanta!—

Al recuperarme me di cuenta que algo parecido a un tentáculo estaba enrollado en mi pie e intentaba llevarme hacia la grieta que había comenzado a cerrarse por sí sola. Asustada, apreté la mano de Sivir.

El viento era tormentoso y el portal del Vacío había comenzado a tragarse todo a su alrededor, rocas, edificios, incluso a sus criaturas que con un chillido volvían a su dimensión.

—Confía en mí—Dijo la mercenaria y supe que aquello no significaba nada bueno.

Grité con horror al ver que Sivir se soltaba y en un abrir y cerrar de ojos éramos arrastradas. Ella me abrazó y pude ver el cómo su escudo anti-hechizos nos rodeaba a ambas. Al estar con una mano libre, lanzó su Chalicar en dirección hacia el ojo de la criatura y esta emitió un chillido de dolor, el arrastre se detuvo por unos segundos…Pero no había logrado zafarme. El arma volvió hasta su dueña y Sivir con una destreza impecable lo atrapó con su mano derecha.

—¡Hijo de la gran puta!—Gritó y con sus últimas fuerzas volvió a lanzar el chalicar por los aires, pero esta vez la criatura al recibir el ataque fue partido en dos. Algo parecido a una sustancia viscosa explotó por los aires y el escudo de Sivir nos protegió. El portal terminó de cerrarse llevándose consigo los restos de aquel monstruo y por un momento, la mercenaria y yo nos quedamos tendidas en el piso recuperándonos.

—¿Estás bien?—Le pregunté a Sivir y esta asintió mostrándome su mano izquierda. Me horroricé al notar que sus dedos no se veían para nada bien. La piel estaba quemada, con heridas de rasmillones al haberse sostenido de las piedras en la arena durante el arrastre.

—Me rompí una uña—Bromeó y le miré con reproche—No puedo moverlos. Creo que están fracturados, oh mierda—

—¿Duelen mucho?—

—Estaré bien. Ya le inventaré algo a Nasus para que se encargue de esto—

No tardamos mucho en regresar a casa. La sortija estaba en el lugar indicado y Sivir, pese a todo el dolor que sentía, lo primero que hizo fue ir a reclamar la recompensa a la casa del hombre. Este no dudó en salir a la calle a gritar dando las gracias. No tardo en aparecerse en frente de mí y darme un abrazo.

—¡Larga vida al Imperio de Azir!—Exclamó y los transeúntes comenzaron a acercarse curiosos de la escena. Sin embargo, él solo tenía ojos para una muchacha de cabello castaño claro que estaba mirando todo desde su ventana—¡Catria, amor mío! ¿Aceptarías casarte conmigo?—

Sivir soltó una risa.

—Apuesto a que le dice que no—Dijo y le di un codazo.

—¡Por el amor a los Dioses, Alex! ¿¡De dónde sacaste ese anillo!?—Respondió la chica visiblemente fastidiada—¡Ya te dije que me iba a casar contigo, no tenías porqué ir por el!—

Al llegar al palacio, Nasus y Azir estaban esperándonos tranquilamente sentados en el comedor. Sivir y yo intentamos pasar desapercibidas hacia nuestras habitaciones, pero un soldado de arena nos había impedido el paso.

—¿Hacia dónde van con tanta prisa?—Preguntó Azir.

—Al baño—Dijo la mercenaria como si fuese lo más lógico del mundo y se alzó de hombros.

—Muéstrame tu mano, Sivir—Exigió el emperador al ver que esta estaba cubierta con un par de harapos que habíamos utilizado como vendas—Es una orden—

Ella chasqueó la lengua en señal de fastidio mientras se desvendaba la mano y ambos Ascendidos se acercaron para observar con detalle.

—No hiciste esto por solo un puñado de monedas, claramente—Dijo Nasus de forma solemne y sus dedos tocaron los de la chica—Vamos a la enfermería. Tú también, Drachen—

Tragué saliva al oír mi nombre y asentí mientras caminaba detrás del Ascendido. Azir se había quedado en el comedor. Miré a Sivir buscando apoyo, pero ella solo me había negado con la cabeza. Como un simple: "No digas nada"

Al llegar a la enfermería, Sivir se recostó en una de las camillas y Nasus le entregó una toalla para que se la pusiera en la boca. Ella simplemente asintió y dejó la toalla a un lado.

—He tenido peores—Dijo.

—Esto no será agradable, Drachen. Mira hacia otro lado—Me advirtió el Curador de las Arenas.

Y entonces, Nasus tomó la mano herida de Sivir y comenzó a estirar uno de sus dedos para acomodar sus huesos. Miré hacia otro lado y pude escuchar el quejido de Sivir y el cómo daba una patada del dolor.

—Una bolsa de cristales que no valen más que cinco bolsas de oro—Comenzó a decir Nasus a medida que seguía con cada uno de sus dedos—El dinero no valía el riesgo. Sin embargo…Es interesante el notar que ya nos han llegado las noticias de que uno de los portales del Vacío ha sido cerrado. En menos de un par de horas toda la ciudad celebrará una pequeña victoria. La moral ha subido, las personas están felices y alguien ha sacrificado su mano izquierda por su Imperio—

Volví a mirar a Sivir y noté que se cubría los ojos con su mano derecha.

—Maldita sea—Farfulló.

—Ser un idiota de buen corazón es de familia, Sivir—Dijo Nasus y dejó su mano sobre una mesa—Es una pesada herencia—


Notas de la autora: Y bueno...La autora ya no sabe como pedir disculpas siquiera. Solo mil perdones luego de una actualización tan...tardía.

Empecé el año en Septiembre y pues, tengo clases en ruso y jamás me había sentido tan estúpida en toda mi vida. Eso me afectó a niveles emocionales hasta para escribir, pero ¡Hey! Ya estoy bien. Gracias por todos su reviews, ánimos y genkidamas. Los mensajitos de apoyo siempre son apreciados y me ayudan muchísimo.

Aclaraciones de trama, pues sí. Malzahar arrojó a la hija de Kassadin al Vacío. Algunos dicen que está muerta, otros viva y yo...Pues digo que está viva también.

Un saludo muy grande para todos, espero poder traerles otro capítulo antes que termine el año. Las Rapsodias ya cumplieron dos añitos, este es probablemente el fanfic más largo que he hecho en mi vida. Pero tiene todo mi amor.

Saludos para todos, gracias nuevamente por su apoyo y espero que disfruten el capítulo.

Con cariño,

GeminixSyndrome.