Desde la caída de la Liga de Leyendas, el caos se había apoderado de todo Runaterra. Los Altos Mandos que habían sobrevivido a la masacre habían buscado rápidamente refugio en las diferentes ciudades del continente, ofreciendo sus servicios como magos y consejeros.
En un principio, Kayle había hecho todo lo posible por aclarar las cosas en las diferentes reuniones, que se habían tenido junto a los líderes de diversas naciones alrededor de las capitales de Runaterra, para evitar que se juzgaran injustamente a los invocadores restantes y por supuesto, buscar a los responsables. Pero había fallado e incluso algunos habían cuestionado su lealtad a la Academia, diciendo que quizás su comportamiento no era tan intachable como muchos creían.
Finalmente, la gota que había rebalsado el vaso había sido en Demacia. Kayle siempre había considerado Demacia como uno de los pocos lugares mortales donde existía un vago concepto de justicia, pero en la última reunión se dio cuenta de lo podrido que estaba aquel sistema. Antes había tenido la impresión de que varios querían que la Academia desapareciera, solamente por los beneficios que una guerra podría tener para ciertos países expansionistas. Y ahora, se daba cuenta que era mucho más que eso: Había algo que los Altos Mandos ocultaban y ella lo sabía.
—Ustedes son invocadores también. Deberíamos partir dando el ejemplo con sus cabezas-Dijo en medio de la reunión al ver como todos concordaban en que la mejor opción para acabar con la amenaza de Reiter era una matanza sin procedentes—¿Algún voluntario?—
—Nosotros podemos controlar nuestra magia a diferencia de ellos, señorita-Respondió una de las pertenecientes al grupo de los Altos Mandos—Es por eso que no es necesaria su propuesta—
Kayle hizo rechinar sus dientes al mismo tiempo que sus dedos tocaban el mandoble de su espada. No, definitivamente algo no estaba bien. La atmósfera poco amigable de aquel lugar le estaba dando escalofríos.
—¿Cuál es la información que posees sobre Reiter, Kayle?—Preguntó otro de los Altos Mandos.
—Ya dije todo lo que sabía—
—¿Y qué hay sobre la invocadora Drachenblut que estaba bajo el supuesto control de Reiter?—
—¿Supuesto?—Preguntó haciendo énfasis en la palabra utilizada por aquel hombre de ya avanzada edad.
—Podría ser que ella estuviese involucrada también—
—Claro, tanto como para perder un ojo y la mitad de su rostro voluntariamente—
—Por favor Kayle, estamos hablando del futuro de Runaterra. Necesitamos toda la información posible—Volvió a insistir el viejo y la rubia sintió un ligero dolor de cabeza. Ese truco ya era conocido por ella, aquel estúpido estaba intentando entrar en su mente para conseguir la información que tanto deseaba sacarle, o quizás algo peor, como controlarla.
—¿¡Quién te crees que eres!?—Exclamó levantándose de la mesa y sin dudarlo ni un segundo, abrió sus alas lista para enfrentar cualquier amenaza que se avecinara sobre ella. Los Altos Mandos soltaron una risa desdeñosa, lo que hizo hervir la sangre de la mujer aún más.
—Es una pena, Kayle—Habló nuevamente la mujer que hace minutos atrás lo había hecho—Pero tendremos que colocarte en la lista de problemáticos—
Kayle se elevó hacia el techo de la habitación adivinando el siguiente movimiento de sus oponentes. Sacó su espada del cinto y rápidamente la utilizó para protegerse de un posible ataque frontal. Su intuición no le había fallado y en frente de sus ojos, una sombra materializada desde las murallas se abalanzó sobre ella con un grito.
El acero de su espada se encontró con el filo de una guadaña. Kayle profirió una maldición entre dientes y lanzó una patada hacia el abdomen de su adversario. Pero este solo soltó una risa y volvió a esconderse entre las sombras. Acto seguido, Kayle sintió como la guadaña se enterraba en una de sus alas y se mordió los labios para no dejar escapar el alarido de dolor. Le había herido, aunque no lo suficiente como para doblegar su voluntad. Ni siquiera su hermana lo había logrado ¿Cómo siquiera un mocoso podría? Alguien tenía que enseñarle modales.
Aprovechó la oportunidad y logró asestarle una patada en la mandíbula al contrario. Kayn sintió crujir su cuello y en ese preciso instante, su guadaña soltó una risa despectiva, burlándose de su portador. Al parecer la dama alada de la Liga de Leyendas proporcionaría algo de diversión.
Hacía tanto frío en aquel lugar que era imposible respirar sin sentir como la nariz se congelaba debido al esfuerzo realizado. Sin embargo, para alguien como Sejuani aquello no era más que una brisa de verano. Ni siquiera se había molestado en colocarse alguna capa de ropa adicional, después de todo, ella había nacido en los brazos del invierno.
—Escuchadme con atención—Con aquellas palabras había comenzado su discurso. Para ella ni siquiera era necesario el colocarse una corona para que todos los ojos estuviesen sobre su cabeza. El tono de su voz era más que suficiente para saber que no repetiría las cosas dos veces, y si es que algún idiota preguntaba, le esperaba aun puñetazo en la cara—Nosotros no formamos alianzas con nadie. No tenemos a nadie a quién responderle por nuestros actos—
Sus labios se curvaron en una sonrisa, la nieve bajo sus pies no les permitía cultivar como a los freljordianos del sur y a su vez, les entregaba su identidad como los verdaderos hijos de Freljord. Aquellos que nacían luchando contra el hielo.
Es por eso que las órdenes de Demacia me importan una reverenda mierda-Dijo sacando la carta estampada que hace unas horas había recibido.
Desde hace unas semanas atrás, la Academia de Guerra había caído debido a una especie de rebelión por parte de los invocadores. Las cosas eran tan confusas como las declaraciones que se daban del asunto, se hablaba de un invocador llamado Reiter que había planeado todo, pero a la vez se mencionaba una chica que había sido poseída y tantas; pero tantas versiones que Sejuani no podía creer en ninguna. Por lo que haría lo que su instinto le decía: Hacer lo que se le diera la reverenda gana.
En la carta decía que todos los invocadores debían ser enviados a Demacia para un interrogatorio, debido al riesgo que representaba Reiter. Pero Sejuani sabía muy bien que aquellas palabras significaban dejar que mueran en el camino, y si es que de alguna forma milagrosa lograban sobrevivir al viaje; en Demacia les esperaría solo la muerte luego del interrogatorio.
—¡Si los demacianos quieren algo, entonces que vengan a buscarlo!-Gritó la líder de los norteños rompiendo la carta sellada para luego pisotearla. Se escucharon los rugidos de guerra, como si de pronto la sola idea de la batalla hubiese encendido los corazones de todos los presentes-¡Los estaremos esperando con los brazos abiertos!—
Los invocadores que habían debido viajar hasta Freljord para las clases recuperativas se miraron entre sí y les fue inevitable sentir una especie de alivio. Los últimos meses habían sido un infierno. Habían pasado hambre y frío con la esperanza que podrían volver a su hogar para convertirse en los mejores invocadores debido a su riguroso entrenamiento en las tierras gélidas de Freljord. Sin embargo nada de eso ocurriría. El único lugar que conocían como hogar había sido destruido y ahora, eran fugitivos con un precio muy alto por sus cabezas.
Viktor sonrió al ver su última creación realizada. Definitivamente era uno de sus mayores éxitos, y creado en tiempo récord. Solo le había tomado 15 horas completar aquella máquina que advertía de las amenazas que habían aparecido en las alcantarillas hace aproximadamente cinco días atrás.
Viktor las conocía debido a sus días en la Liga de Leyendas. Eran criaturas del Vacío que comían y destruían todo a su alrededor. No eran tan grandes como ChoGath o Reksai, sin embargo la cantidad en la cual aparecían y proliferaban eran una amenaza constante.
Zaun en un principio había solicitado ayuda a Piltover, pero Viktor sabía muy bien que la única respuesta posible de sus vecinos sería una servilleta diciendo que no contaban con los recursos necesarios para asistirlos. Solo se había equivocado en lo de la servilleta, había sido una hoja de cuaderno.
Qué considerados Pensó con cierta ironía. Luego de aquel mensaje, los accesos que comunicaban Piltover con Zaun habían sido cortados debido a fallas técnicas. Incluso el elevador, algo sospechosamente conveniente.
Los primeros ataques habían en las alcantarillas, pero luego de un par de horas las criaturas habían subido hasta las calles. Sin embargo se habían topado con resistencia.
—¡Paum! ¿¡Quién sigue, quién sigue!?—Gritó Jinx mientras lanzaba otra granada a las criaturas que huían despavoridas ante el ataque explosivo de la chica. Pero ella ni siquiera les había dado tiempo de retirarse. Había cierto placer en ver sus tripas volando por los aires mientras aun chillaban soltando aquella baba púrpura de olor nauseabundo.
Por su parte, Ekko no disfrutaba tanto de la carnicería. Sentía cierto asco cada vez que alguna de las babas le ensuciaba. Pero no lo suficiente como para hacerlo flaquear en su decisión. A diferencia de Jinx, la cual estaba sumida en una especie de trance, su prioridad era mantener a salvo a los zaunitas.
—¡Yaaahoooooo!—Ekko de forma instintiva retrocedió el tiempo antes de que una masa sin forma de color verde saltase desde los cielos. Zac se impactó en el suelo mientras sus grandes, poderosos y ¿elásticos? brazos arrasaban con una nueva ola de criaturas que huían hacía las alcantarillas.
Zac alzó su mano de forma victoriosa y sonriendo le levantó la mano a Ekko, en un gesto que el chico interpretó como ¡Dame esos cinco!. No tardó en saltar hasta él para responderle el saludo heroico, heroicamente pegajoso.
—Twitch está buscando el origen de las criaturas junto a sus pulgas—Comentó Zac sonriendo. Estaba demasiado orgulloso de sí mismo por haber salvado nuevamente a Zaun—Warwick está rastreando el otro lado—
—Bien—Respondió Ekko inflando el pecho de la misma forma en que lo hacía el contrario. Eran el mejor equipo de guardianes que su ciudad podía tener. Ni siquiera necesitaban la ayuda de los otros.
—¡¿No queda ninguno?!—Gritó Jinx y ambos se voltearon para mirar a la chica que parecía discutir con sus armas—Arma mala, te los comiste a todos. Eso no se hace ¡Escúpelos!—
Ekko y Zac se alzaron de hombros y miraron hacia otro lado. De pronto, notaron que el sistema de seguridad que Viktor había creado estaba funcionando. Se trataba de una torre que lanzaba una señal de alerta para que los zaunitas buscasen refugio. Y a la vez, utilizaba un sistema de cebo para que las criaturas se acercaran a ella, facilitando la limpieza de las calles.
Jinx, Ekko y Zac eran el equipo explosivo. Mientras que Twitch y Warwick eran los rastreadores de las alcantarillas que buscaban la fuente del origen debido a su olfato excepcional. Ambos habían destruido nidos pequeños, pero no lograban dar con el lugar indicado.
Y Viktor erael encargado de operaciones. Pese a su extraña forma de hacer las cosas, su amor por Zaun era innegable. De alguna forma, las diferencias habían sido dejadas de lado tan solo para combatir una amenaza mayor.
Sivir había decidido descansar en su habitación y antes que yo pudiese escaparme con ella, Nasus me había dicho amablemente que teníamos que hablar. En un principio me había dado algo de miedo. Pero resultó que ser que solo se trataba de las noticias de la actualidad.
Mientras yo había pasado un mes encerrada en mi cuarto sin noticias, el mundo había continuado girando. Nasus se había tomado el tiempo de relatarme lo que él sabía sobre el caos de Runaterra. La región norte de Freljord se había puesto en contra de las medidas contra los invocadores y Sejuani había enviado el mensaje de que cualquiera que quisiera mandar en sus tierras podía ir personalmente a intentarlo.
Kayle estaba desaparecida. Uno de los espías de Shurima había estado presente en aquella reunión (debido a que oficialmente, Azir y Nasus eran considerados traidores de la Liga de Leyendas) y solo había narrado el como ella se había lanzado por la ventana junto a Kayn.
—Necesitan algo más que eso para acabar con ella—Dije intentando apartar cualquier pensamiento pesimista.
—Otra facción ha sido atacada aparte de Shurima—Comentó Nasus—Zaun. La ciudad ha quedado aislada, los piltoverianos se han negado a prestarles ayuda e incluso han cerrado el paso—
—Oh dioses, noPero...—De alguna forma u otra, no me esperaba otra reacción por parte de mi ciudad natal.
—Mientras tú y Sivir se encontraban afuera, recibimos un cuervo mensajero bastante peculiar por parte de Zaun—Continuó el Curador de las Arenas posando sus ojos sobre mí—Viktor solicitó toda la información que podamos brindarle sobre el Vacío—
—¿Cuervo mensajero peculiar?—Alcé una ceja sin entender a lo que se refería.
—Era un cuervocon partes robóticas que funcionaba como comunicador. Volviendo al asunto principalLe proporcioné todo el material que podía ser de utilidad para defenderse del Vacío—
Tenía lógica considerando que Shurima a través de la historia siempre se había defendido de aquellos monstruos. La mayoría de sus nombres estaban en la lengua shurimana antigua.
—Tenemos que hablar, Drachen. Sobre un tema que nos concierne a ambos—Nasus habló de pronto, sacándome de mis pensamientos. Si existía una frase universalmente odiada por todos, seguramente era la de Tenemos que hablar.
—¿En que condiciones se encuentra tu herida?—Preguntó acercando sus manos para revisar los vendajes. Por alguna extraña razón, me sentí nerviosa.
—Bien—Respondí y podía sentir como sus palabras estaban siendo cuidadosamente elegidas.
—¿Necesitas mi ayuda?—
—Me vendría bien—
Asintió en silencio y comenzó a quitar los vendajes de a poco, sin embargo, al igual que siempreSu expresión era indescifrable para mí. Y es que al menos en el rostro de un humano era perfectamente visible el ver las emociones, pero con Nasus era otra historia.
—¡Ay!—Se me escapó al sentirlo intentar quitar uno de los vendajes que se había pegado a las heridas.
—Lo lamento—Se disculpó rápidamente y se detuvo un momento para mirarme y acto seguido, me acarició la mejilla con uno de sus dedos. Aquel gesto causó estragos en mí; dentro de mi cabeza escuchaba mis propios gritos de felicidad y la sonrisa estúpida se dibujaba en mi cara. Pero por otro lado, la poca y nada razón que me quedaba me recordaba la realidad: ¡Es un Ascendido, ni siquiera tiene cara de humano! ¿¡Qué clase de gustos tienes, Drachenblut!?
—No es tu culpa—Volví a repetirle como tantas veces lo había hecho—Debí haber cambiado los vendajes antes—
—No estoy hablando de eso—
—¿Es por lo de mi ojo? Ya te he dicho mil veces que—
—Tampoco es eso a lo que me refiero—
Aquello me estaba comenzando a confundir más de lo que ya estaba. Si el tema que quería hablar era el que presentía...Eso no iba a terminar bien.
—Yo debería ser la que se disculpe. Estuve encerrada un mes en mi habitación e ignoré lo que ocurría en Runaterra...Porque no puedo...entenderme del todo ¿Sabes? —Le acaricié la mano que estaba en mi mejilla y le sonreí de la forma más radiante que podía, sabiendo que posiblemente eso lo haría sentir un poco mejor. Pero lo que de verdad necesitaba era saber lo que yo significaba para Nasus—Me escondí un mes porque...Sentí celos de que estuvieses con tantas personas y yo...No estaba a la altura, me sentía tan perdida. Sigo sintiéndome perdida porque bueno...Tengo s-sentimientos confusos hacia ti—
Silencio. Un largo e incómodo silencio que pareció durar eones. Abría la boca para hablar, sin embargo las palabras no salían. Había hecho la peor declaración de sentimientos de toda la historia seguramente.
—¿Confusos?—Preguntó y yo sentí como rojo en mis mejillas debía de ser tan evidente, que de seguro no había podido disimular que me estaba haciendo la ilusión de que aquello tendría una reacción en él. Sin embargo a juzgar por la forma en la cual sus labios permanecieron cerrados, no iba a decírmelo. O iba a tardar un par de milenios.
—Confusos...Así como...—Comencé a balbucear y me dio la sensación que la lengua se me había caído al piso junto con el resto de mi dignidad—Perdón—
Me cubrí la mirada con la mano y sentí repentinas ganas de llorar. Había jodido absolutamente cualquier intento por ser valiente con aquella horrible confesión. No era como si una humana fuese algo que un Ascendido pudiese mirar.
No era como si pudiese ser correspondida.
—¿Por que pides disculpas?—Preguntó Nasus obligándome a levantar la cabeza mientras me tomaba del mentón y mi corazón dio un vuelco con esa simple acción.
—Yo no debería...No debería...Perdón—
Quería lanzarme a llorar de nuevo, pero contuve las lágrimas y entonces pude ver algo parecido a una sonrisa en aquel rostro de Ascendido.
—Yo también tengo sentimientos "confusos" hacia ti, Drachen—Dijo con tanta seguridad que me provocó escalofríos—Tan confusos que me haces sentir como si fuese un humano enamorado de nuevo—
Notas de la autora: Ustedes no saben como he gritado escribiendo este capítulo. Espero les haya gustado porque me esforcé muchísimo ;;
Muchas gracias a todos por sus lindos reviews. Recuerden que tienen una autora que siempre los lee y grita de felicidad cuando los ve uvu
Btw, ZAUN RLZ. Después de Shurima, claro.
Saludos a todos y cuídense mucho,
Con cariño,
Su impuntual e irresponsable escritora,
GeminixSyndrome.
