Capítulo 20: Toma mi mano
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Shen
Apoyó su espalda en el árbol más cercano y pese a que reunió todas sus fuerzas para no desplomarse, su cuerpo le traicionó. Cerró los ojos un momento sintiendo como el dolor en el costado aumentaba cada vez que respiraba. Tanteó la herida con una de sus manos y se dio cuenta de que había algo incrustado. Chasqueó la lengua, conteniendo las ganas de lanzar una maldición. Un gesto tan humano que incluso a él le había sorprendido el haberlo pensado. Contó hasta tres y simplemente extrajo lo que había en su cuerpo teniendo cuidado de no dañar los tejidos. Esperó un momento mientras presionaba la herida, calmando su respiración y concentrándose en cualquier otra cosa que no fuera aquel dolor punzante.
Pocos días después de la caída de la Liga de Leyendas, se habían llevado a cabo diversas reuniones que solo habían terminado en lo que él ya suponía que sucedería: Total y completo exterminio de los invocadores restantes. La Orden de las Sombras estaba oficialmente apoyando a los restantes Altos Mandos de la Academia de Guerra. Había algo inherentemente sospechoso en aquel movimiento. Sobretodo si Zed estaba involucrado.
El Ojo del Crepúsculo solo tenía una misión, y esa era proteger el balance. Sin embargo, los últimos acontecimientos hacían que pareciese casi imposible. Su deber no era proteger la vida de los invocadores restantes, y aun así había interferido con el asesinato de una. Ella era la única pista que tenían para encontrar a Reiter.
Shen caminó unos momentos en silencio a través de la oscuridad. Ni siquiera tenía energía para teletransportarse hacia el lugar donde estaban Akali y Kennen. La batalla contra Zed le había agotado más de lo pensado. El enfrentamiento había sido lo suficientemente largo como para dejar a ambos heridos. La pelea solo se detuvo cuando el Maestro de las Sombras había abandonado el combate.
Siguió su camino y notó como el aire del ambiente cambiaba, haciéndose cada vez más pesado. El equilibrio había sido perturbado por alguien más. Sintió un fuerte aroma a sangre y sin pensarlo dos veces se preparó para un posible combate. Ignorando el dolor de su abdomen, comenzó a correr en dirección al lugar donde aquello provenía. Pero aun siendo el Ojo del Crepúsculo y habiendo prometido dejar todas sus emociones humanas, se quedó sin aliento al ver el cadáver de Soraka. La imagen de inmediato le trajo los recuerdos que hace tantos años había enterrado. Negó con la cabeza, evitando que los sentimientos le distrajeran y fijó su vida en el cuerpo sin vida. Estaba completamente bañada en sangre, llena de heridas y lo más notorio era el agujero que había en su pecho. Le habían arrancado el corazón.
Shen se agachó y cerró los ojos de la Hija de las Estrellas mientras recitaba una pequeña oración en ionio antiguo para que su alma descansara en paz. Improvisó una pequeña tumba con la ayuda de algunas rocas y al colocarse de pie, se prometió a sí mismo que el balance sería recuperado.
Warwick
Después de tanto tiempo, Warwick al fin había logrado obtener el corazón que tanto buscaba. Pero su cordura no había vuelto con el. Solo sentía... Dolor.
Pero no aquella clase de dolor al que estaba acostumbrado. Sentía como si en su pecho estuviese encogiéndose con cada latido, con cada recuerdo y emoción que venía a su mente. Aulló intentando espantar aquello que sentía, pero lo que llevaba dentro de sí era algo de lo que jamás podría huir. Atravesó el bosque a toda prisa, tenía recuerdos borrosos de lo que le habían encomendado hacer: Asesinar a los invocadores traidores. Su boca llena de sangre y sus garras buscando la carne de su siguiente presa. Quizás...si seguía matando el dolor dejaría de sentir.
Pero había fracasado y solo había terminado siendo arrojado por el acantilado. Cayó al río y gruñó furioso al ser arrastrado por la corriente. En vano intentaba alcanzar la orilla y el río sólo parecía ensancharse más. Con el paso de los minutos sus fuerzas comenzaron a agotarse y tuvo que utilizarlas solo para mantenerse a flote.
Finalmente, cerró los ojos. Ya era demasiado tarde para él.
—¿Es el desayuno, Zac?—Escuchó una voz lejana. Olfateó el ambiente y sintió una pestilencia que lo dejó maldiciendo entre dientes.
—¡No!—Gritó otra voz diferente.
—Tíralo a la basura entonces—
Warwick abrió los ojos cuando sintió algo pegajoso en su espalda. Iba a protestar y a mover sus patas cuando sintió la fatiga de haber estado horas en el agua. Y solo se limitó a observar fijamente a la masa verde sonriente que lo levantaba y miraba con curiosidad.
—¡Es Warwick! Algo raro...pero es Warwick—Dijo Zac dejando en el piso al hombre lobo y dirigiéndose a la rata que estaba a su lado.
—Con mayor razón entonces, tíralo a la basura—Respondió Twitch tomando su ballesta por preocupación.
— Pero Twitch, tenemos que ayudarlo—
—¿En serio es Warwick?—
Warwick quiso rugir, sin embargo al intentarlo, solo comenzó a escupir agua. Tosió varias veces mientras se colocaba en sus patas y movía el cuello intentando acomodar las vértebras que parecían haberse desencajado.
—Tiene las orejas más largas que la última vez—Comentó Zac en voz baja y Twitch asintió.
—Y la cola—Agregó.
Warwick se acercó con curiosidad al río al escuchar los comentarios. Vio su reflejo en el agua y se dio cuenta de que había cambiado. Su aspecto era muchísimo más amenazante que antes y notaba que el largo de sus garras parecía haberse duplicado. Se levantó en dos patas y pudo sentir que su espalda no estaba tan encorvada como antes.
¿Era el corazón de Soraka quién le había aquella apariencia? De pronto, sus pensamientos fueron repentinamente interrumpidos por una picazón en todo su cuerpo.
—¡¿Pero qué...?!—Masculló furioso rascándose la espalda.
—Mis pulguitas te están dando la bienvenida—Dijo Twitch sonriente, como si aquello fuese algo de lo que sentirse orgulloso.
—¿Estás aquí para ayudarnos, cierto?—Dijo Zac acercándose repentinamente y el hombre lobo dio un rugido amenazante a forma de advertencia. El mutante de color verde ni siquiera se inmutó—¡Zaun necesita toda la ayuda posible!—
—¿De qué...diablos...hablas?—Preguntó de forma entrecortada mientras seguía rascándose.
—El Vacío está atacándonos—Respondió Zac y le dio una palmadita en la espalda—¡Es tiempo que se enfrenten a algo de su tamaño!—
Warwick se preparó para protestar, sin embargo sus sentidos se pusieron alerta apenas escuchó chillidos lejanos aproximándose hacia ellos. Se colocó en cuatro patas nuevamente y pese a que la fatiga aun le jugaba en contra, sus instintos de cazador parecían haber despertado. Su sangre hervía ante la idea de probar sus nuevas y filosas garras.
Drachen
Me había preparado mentalmente para todas las respuestas posibles para cuando Nasus me rechazara formalmente. Mis opciones iban desde pedirle disculpas por haberlo puesto en una situación incómoda hasta la opción de huir a través de la ventana. La última opción era la más arriesgada considerando mi historial de accidentes.
Pero contra todos mis pronósticos...Él me estaba correspondiendo.
—Estás mintiendo—Dije mirándolo de forma acusadora. O quizás estaba desmayada de nuevo. El Curador de las Arenas ladeó la cabeza, como si no hubiese terminado de entender lo que le decía. Me tapé la cara sin saber qué responder. La situación no era justa, de ninguna u otra forma ¿Por que él no lo había dicho primero? De seguro lo estaba diciendo para no hacerme sentir mal. No sabía cómo rechazarme y era por eso que prefería no decirme la verdad.
De pronto sentí que uno de sus brazos pasaba por detrás de mi espalda con cuidado, tanto cuidado que parecía tener miedo de que fuese a desvanecerme con el gesto. Moví un poco el cuello y este crujió, delatando lo tensa que estaba. Mis manos sudaban debido a los nervios y en cualquier momento iba a gritar pidiendo disculpas. Alcé un poco la cabeza para verlo y Nasus rehuyó mi mirada.
Me encogí sobre mí misma sin saber muy bien qué decir. Su brazo seguía en mi espalda y noté que lentamente me estaba acercando a él. No podía entender sus acciones y eso estaba complicando aun más la situación. De pronto sentí su mano sobre la mía y casi di un salto que me dejó en el techo. Él se revolvió algo incómodo, mas no se alejó y de un movimiento un tanto brusco terminó por envolverme en sus brazos.
Apoyé mi cabeza en su pecho y no logré saber si lo que zumbaba en mis oídos eran los latidos de mi corazón o los suyos ¿Quizás eran ambos? Le abracé por la espalda de forma casi desesperada, aferrándome a él y deseando desde lo más profundo de mi ser que sus palabras fuesen ciertas.
—¿Es en serio?—Pregunté en un susurro y él acarició mi cabeza en respuesta. Por primera vez lo había dejado sin palabras.
Me desperté horas después aun entre sus brazos. Estábamos recostados en la camilla de la enfermería y me di cuenta que me había envuelto en una manta luego de haber caído dormida debido al cansancio.
—¿Dormiste bien?—Preguntó acomodando uno de mis mechones de cabello y bostecé en respuesta. Me acurruqué en él y noté lo reducido que era el espacio, considerando que aquel lugar estaba pensado para humanos y no para un Ascendido.
Me restregué el ojo que me quedaba con una mano, mientras Nasus me acariciaba la espalda lentamente. Levanté la vista y me encontré con su mirada; nos sonreímos y soltamos una risa un tanto boba, pero cómplice al mismo tiempo.
—Mi señor Nasus, señorita Drachen; el Emperador desea verlo de forma urgente—Al escuchar una voz desde la puerta me sobresalté y por impulso me separé de Nasus. Él se apresuró a sostenerme del brazo para que no me cayera de la camilla y a duras penas logré sostenerme de él.
—En seguida—Respondió el Curador de las Arenas mientras me acomodaba en la cama para luego levantarse, como si absolutamente nada hubiese ocurrido. Abrí la boca para reclamar y él se dio media vuelta. Por un momento nos miramos fijamente y mis mejillas se tornaron tan rojas que me las tapé con el brazo. Nasus tosió intentando aclararse la garganta y luego me extendió la mano—¿Vamos?—
"Nada puede arruinar este momento" Pensé aceptando su propuesta, entrelacé mis dedos con los de él y se me dibujó la sonrisa más boba de todo Runaterra. Cada vez que él caminaba, me veía en la obligación de apresurar el paso para no quedarme atrás. Él se percató y sin decir una palabra, comenzó a ir un poco más lento.
Al llegar a la sala del Trono dejamos de tomarnos las manos y solté una risita entre dientes.
Entré en la habitación en aquel estado de ensoñación donde todo me parecía tan perfecto que la sonrisa boba de los labios no se me borraba. Azir nos saludó a ambos y como pude intenté volver a la realidad.
—Sivir ya me lo ha dicho todo...¿¡Drachen, es verdad que pudiste cerrar un portal del Vacío!?—Preguntó el Emperador y de forma instintiva asentí a su pregunta. Él no disimuló su entusiasmo y golpeó con su bastón el piso—¡Quiero más los detalles, esta hazaña será recordada por todos en esta tierra! ¡Gloria a Shurima!—
Volví a relatar la historia, explicando con detalle lo que había hecho para cerrar el Portal. Azir prestó un énfasis especial a mi encuentro con la hija de Kassadin e incluso parecía deseoso de preguntar algo, pero estaba dispuesto a esperar que terminase.
—Eso es todo, Emperador—Concluí haciendo una leve reverencia y miré a ambos Ascendidos.
Ellos intercambiaron una mirada y Azir hizo un ademán con su mano para llamar la atención de uno de los sirvientes. Ladeé la cabeza sin comprender lo que sucedía, al verme Nasus se acercó para tranquilizarme.
—Es hora, Drachen, Nasus—Dijo el Emperador y nos indicó que debíamos salir al balcón.
Una gran multitud se había atiborrado a las afueras del palacio. Todos vitoreaban el nombre de Azir; él simplemente alzó una mano pidiendo silencio y la multitud a los pocos segundos obedeció.
—¡Habitantes de Shurima! ¡Regocíjense! ¡Los rumores que habéis escuchado son ciertos: Los portales del Vacío pueden ser cerrados!—Exclamó Azir alzando sus brazos con euforia hacia el cielo—¡Y todo es gracias a una maga de tierras lejanas que ha decidido ayudarnos, Drachenblut!—
Mi estómago se retorció sobre sí mismo ante la mención de mi persona. Mi mandíbula comenzó a tiritar ante la presión y lo único que pedí en silencio fue que no me presentara.
Y eso fue exactamente lo que Azir hizo.
Temblé de pies a cabeza sintiendo el pánico más grande de toda mi existencia, apenas podía respirar. Me mordí el interior de la mejilla y entonces, ocurrió. Nasus me tomó de la mano y me dio la sensación de que él también se sentía nervioso.
Notas de la autora: Nunca había escrito tanto fluff en mi vida xD Espero les haya gustado :D Lamento la demora, pero estuve sin internet :(
¡Cuídense mucho y gracias por leer!
Saludos,
GeminixSyndrome.
